miércoles, 29 de febrero de 2012
Jugada sustanciosa
No quiero ser una pesada, que lo soy, volviendo a hablar del expresidente alemán Christian Wulff, pero la noticia de hoy me hace teclear esto, porque estoy indignada. La oficina federal de la Presidencia ha decidido hoy que Wulff recibirá el sueldo vitalicio que les corresponde a los presidentes cuando dejan el cargo. Hablamos nada menos que de 200.000 euros anuales de por vida... Teniendo en cuenta que el presidente gorrón ha dimitido porque nadie le quería en el cargo, tras hacer alarde de "buenos amigos" que le daban favores que el no quería reconocer como tales, y que por todo eso ha estado 20 meses en el cargo, es para clamar al cielo. La comisión que ha estudiado el caso ha llegado a la conclusión de que ha dimitido por causas políticas. El pago de esa pensión está reservada a todo presidente que cumpla todo el mandato, o a los que dimitan por enfermedad o "causas políticas". Ahora todos se preguntan si cuando en sus palabras cuando dimitió dijo que se retiraba por causas políticas, sabía muy bien lo que se hacía. Merkel reiteró lo mismo ante la dimisión, y el resultado "casual" es ahora éste. Pero el debate ha estallado y supongo que seguirá en los próximos días. Si a Wulff le queda algo de vergüenza y respeto debería renunciar a los 200.000 euros anuales, pero ni la tiene ni lo va a hacer, pues quién renuncia a tal jugosa suma, si además estás convencido de que te la mereces. Pero dejémonos sorprender y que renuncie a ella, que actúe en consecuecia y siente un precedente. Creo que sería lo mínimo, tras haberse ido, no por razones políticas, sino por haberse dejado agasajar con jugosas ventajas en su época de presidente de Baja Sajonia, y haber pensado que era lo normal. Proporcionalmente además a los 20 meses que ha estado en el cargo, le sale salen los 200.000 mucho mejor que a los que han estado los 5 años completos. La jugada le ha salido redonda. Pero no olvidemos que todavía la fiscalía de Hannover le va a investigar, pues por eso pidieron que le levantaran la inmunidad, y que por eso acabó dimitiendo, porque no se ha ido voluntariamente. Que haga un gesto voluntario ahora y renuncie, o que done esos 200.000 € anualmente a colegios con falta de medios, o a instituciones como la que mencioné el otro día que atiende a niños con enfermedades terminales, o a muchos de los centros que no reciben ninguna ayuda estatal y luchan cada día por gente que lo necesita de verdad. Wulff no.
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martes, 28 de febrero de 2012
Opinando
A veces no doy crédito a mis ojos, cuando leo correos como el que he recibido antes: una de las profesoras de mi hija pequeña nos ha escrito a los padres de toda la clase para pedirnos, dada la situación de tantas profesoras enfermas esta semana, si podríamos recoger a nuestros hijos el jueves y el viernes a las 11.30 de la mañana en vez de a la una. A la mayor en el instituto (a esa edad ya no preguntan), la han mandado también hoy dos horas antes a casa. Tal cual. El sistema escolar alemán es un pitorreo, y las que pagamos el pato somos las madres, que debemos compensar que no tienen plan B en la mayoría de los casos para estas situaciones. Así que como el e-mail trataba de hacer cosquillas a nuestra "obligación moral" frente al colegio, tras consultar conmigo misma, acabo de responder que el viernes sí, pero que el jueves de ninguna de las maneras, que no puedo (lo cual no es cierto: no quiero poder). Como la semana que viene y la otra tenemos vacaciones otra vez, todavía el viernes lo veo, como un precomienzo vacacional. Pero sigo sin entender que no tengan más alternativas o que no quieran tenerlas. Lo malo es que ya estoy oyendo a muchas madres que dirán que qué bien, que los niños están muy cansados (¿de qué?) y que les viene bien quitarse esas horas (salen a la una, recuerdo).
En realidad iba a escribir de los Oscars, recien otorgados, así que tomen el párrafo anterior como un excurso, como mi vida en Alemania lo es desde que me dejaron claro que no puedo hacer lo que yo quiera ni lo que quiera poder, sino las migajas que me dejen, mismamente en mi hilo de pensamientos, siempre interrumpidos por correítos como el anterior o similares. A los Oscars iba, y allá voy. The Artist ha sido la ganadora, al llevarse los premios importantes. La vi hace poco y me gustó mucho. La idea es simple como genial y la película no lleva nada nuevo. Me tuve que motivar ante la idea de que sería una película muda, con lo que me gustan a mí los diálogos, pero entre Juan del Jardín (con ese nombre en francés, como para no ser galán de Hollywood, Jean Dujardin), y la actriz tan picarona y simpática, como para no caer bien, y el perrito se merecería un Oscar por su actuación. Como mis hijas vean la película, no se conformarán ya más con el encantador perrito de los vecinos, y exigiran uno hollywoodiense. La película encandila desde el primer momento, con la expresividad de los personajes, también un John Goodman que hace de productor de películas. No inventa nada nuevo sino que celebra el cine en la esencia de sus orígenes, saltándose todo lo que ha venido después, efectos especiales y lo que sea. Sin embargo, y aunque no puedo opinar por no haber visto las otras, me da la sensación que podrían merecer igual o más la pena la de Brad Pitt concretamente, aunque parece dura, y la de George Clooney, que parece muy humana. Pero no ha habido sorpresas, como es lo habitual, al repartir los premios.
Mi hija, mientras hace deberes a mi lado, me acaba de preguntar si me gusta Obama. Y ahora me pregunta que quién es el presidente de Alemania (Wulff no ha dejado mella). Por suerte se le ha pasado el cabreo, pues al decirle yo antes que el jueves no la recojo a las once y media pero el viernes sí, en vez de agradecérmelo me ha dicho que soy "malísima" y que la mayoría se irá antes ambos días y que como puedo ser tan cruel. Pues porque yo, a diferencia de muchas otras, tengo cosas que hacer, aunque sea escribir mi blog (que no solo escribo eso, por cierto), y poner la lavadora, amén de prepararme mis clases y darlas. Pero desde que por las tragedias cercanas o menos cercanas sé que la vida es breve, he decidido no cabrearme innecesariamente por cosas que ni tienen importancia ni puedo cambiar, solo opinar, como de los Oscars, o sobre los vestidos en la alfombra roja (me quedo con el de Gwyneth Paltrow), sobre la actual novia de Clooney, que nadie recordará en la próxima edición de los Oscars, sobre la pierna de la Jolie, o sobre la cara de funeral de la mujer de Alberto de Mónaco (chica, que estabas en los Oscars).
Por cierto, mi hija me acaba de preguntar si los 7 enanitos de Blancanieves son hermanos o amigos. A mis risas a carcajadas me ha dicho que le parece raro que duerman todos en la misma habitación. Razón no le falta. Se admiten opiniones, como de todo.
En realidad iba a escribir de los Oscars, recien otorgados, así que tomen el párrafo anterior como un excurso, como mi vida en Alemania lo es desde que me dejaron claro que no puedo hacer lo que yo quiera ni lo que quiera poder, sino las migajas que me dejen, mismamente en mi hilo de pensamientos, siempre interrumpidos por correítos como el anterior o similares. A los Oscars iba, y allá voy. The Artist ha sido la ganadora, al llevarse los premios importantes. La vi hace poco y me gustó mucho. La idea es simple como genial y la película no lleva nada nuevo. Me tuve que motivar ante la idea de que sería una película muda, con lo que me gustan a mí los diálogos, pero entre Juan del Jardín (con ese nombre en francés, como para no ser galán de Hollywood, Jean Dujardin), y la actriz tan picarona y simpática, como para no caer bien, y el perrito se merecería un Oscar por su actuación. Como mis hijas vean la película, no se conformarán ya más con el encantador perrito de los vecinos, y exigiran uno hollywoodiense. La película encandila desde el primer momento, con la expresividad de los personajes, también un John Goodman que hace de productor de películas. No inventa nada nuevo sino que celebra el cine en la esencia de sus orígenes, saltándose todo lo que ha venido después, efectos especiales y lo que sea. Sin embargo, y aunque no puedo opinar por no haber visto las otras, me da la sensación que podrían merecer igual o más la pena la de Brad Pitt concretamente, aunque parece dura, y la de George Clooney, que parece muy humana. Pero no ha habido sorpresas, como es lo habitual, al repartir los premios.
Mi hija, mientras hace deberes a mi lado, me acaba de preguntar si me gusta Obama. Y ahora me pregunta que quién es el presidente de Alemania (Wulff no ha dejado mella). Por suerte se le ha pasado el cabreo, pues al decirle yo antes que el jueves no la recojo a las once y media pero el viernes sí, en vez de agradecérmelo me ha dicho que soy "malísima" y que la mayoría se irá antes ambos días y que como puedo ser tan cruel. Pues porque yo, a diferencia de muchas otras, tengo cosas que hacer, aunque sea escribir mi blog (que no solo escribo eso, por cierto), y poner la lavadora, amén de prepararme mis clases y darlas. Pero desde que por las tragedias cercanas o menos cercanas sé que la vida es breve, he decidido no cabrearme innecesariamente por cosas que ni tienen importancia ni puedo cambiar, solo opinar, como de los Oscars, o sobre los vestidos en la alfombra roja (me quedo con el de Gwyneth Paltrow), sobre la actual novia de Clooney, que nadie recordará en la próxima edición de los Oscars, sobre la pierna de la Jolie, o sobre la cara de funeral de la mujer de Alberto de Mónaco (chica, que estabas en los Oscars).
Por cierto, mi hija me acaba de preguntar si los 7 enanitos de Blancanieves son hermanos o amigos. A mis risas a carcajadas me ha dicho que le parece raro que duerman todos en la misma habitación. Razón no le falta. Se admiten opiniones, como de todo.
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lunes, 27 de febrero de 2012
¿Se puede soportar tanto dolor? Me temo que no. Quién soporta que se muera tu hijo de 18 años, tal cual, que se vaya de fiesta un sábado de noche, y te lo encuentres en la UCI, con el cráneo destrozado, y perdiendo su vida por instantes. La tragedia, que se inició el sábado por la noche, ha terminado esta tarde, cuando ha fallecido. Atrás quedan unos padres y una hermana, destrozados, y nada volverá a ser como era antes. Y la pena será eterna, como ponían en el correo en el que anunciaban que todo ha terminado. Para él, y para ellos.
Si ayer escribí el post con lágrimas al relatar sobre el centro de cuidados paliativos para niños, y el dolor para sus padres, y la emoción de que haya vida en el mismo sitio, hoy escribo desde el desgarro que sentirá esa familia que conozco bien, y que por más que trate de imaginármelo, no sabré lo que es. He visto a ese chaval, si no a menudo, sí que una vez al año, desde que era un niño. Trabajé con el padre un tiempo, una bellísima persona, muy querido entre los compañeros. Él se ha encargado durante años de hacer lo que se llama aquí zusammentrommeln, tocar los tambores para convocarnos a todos, excompañeros, para que no nos perdamos la pista, y en esa casa se han celebrado estupendas barbacoas de verano. La última fue el año pasado y relaté de ella porque estuvo pasada por agua. No lo estuvieron los ánimos y el buen humor que teníamos todos cuando íbamos por allí. También recuerdo hace dos años, cuando celebraron una fiesta justo el día antes de mi cumpleaños y cuando dieron las 12, sacaron un cava para brindar.
Y hoy llegó el e-mail con la noticia, primero de que el chico estaba entre la vida y la muerte, y que se esperaban lo peor, incluyendo un enlace con el Bild-Zeitung, con una foto del chico en la camilla. Y la noticia era la siguiente: unos chavales alquilan una limusina (de esas largas de fiesta) para celebrar el 18 cumpleaños (¿de todos, alguno? no me queda claro), le piden al chófer que pare en medio de una calle porque quieren orinar, se bajan del coche, pero al cruzar la calle saliendo por la parte delantera del coche, el chico no ve a un Mercedes que se lo lleva por delante. Se da contra el parabrisas, sale disparado por los aires, y cae sobre el asfalto, donde queda con el cráneo destrozado. La conductora del Mercedes, de 23 años, no pudo hacer nada para evitarlo.
Desde el mediodía no se me va de la cabeza la tragedia, y me vienen miles de pensamientos y de por qués, siento ganas de enfadarme con una juventud que vive tan ensimismada que no se dan cuenta de lo que les rodea, por no hablar del estado en el que se encontrasen. Pero no quiero ni juzgar ni analizar. No es justo. El dolor de esos padres no se merece ni moralinas, ni juicios de valor, ni condicionales, porque era su hijo, único e irreplazable. Y a sus 18 años, se les ha ido para siempre.
[este post se queda sin título e etiquetas, porque no puede ser de otra manera]
Si ayer escribí el post con lágrimas al relatar sobre el centro de cuidados paliativos para niños, y el dolor para sus padres, y la emoción de que haya vida en el mismo sitio, hoy escribo desde el desgarro que sentirá esa familia que conozco bien, y que por más que trate de imaginármelo, no sabré lo que es. He visto a ese chaval, si no a menudo, sí que una vez al año, desde que era un niño. Trabajé con el padre un tiempo, una bellísima persona, muy querido entre los compañeros. Él se ha encargado durante años de hacer lo que se llama aquí zusammentrommeln, tocar los tambores para convocarnos a todos, excompañeros, para que no nos perdamos la pista, y en esa casa se han celebrado estupendas barbacoas de verano. La última fue el año pasado y relaté de ella porque estuvo pasada por agua. No lo estuvieron los ánimos y el buen humor que teníamos todos cuando íbamos por allí. También recuerdo hace dos años, cuando celebraron una fiesta justo el día antes de mi cumpleaños y cuando dieron las 12, sacaron un cava para brindar.
Y hoy llegó el e-mail con la noticia, primero de que el chico estaba entre la vida y la muerte, y que se esperaban lo peor, incluyendo un enlace con el Bild-Zeitung, con una foto del chico en la camilla. Y la noticia era la siguiente: unos chavales alquilan una limusina (de esas largas de fiesta) para celebrar el 18 cumpleaños (¿de todos, alguno? no me queda claro), le piden al chófer que pare en medio de una calle porque quieren orinar, se bajan del coche, pero al cruzar la calle saliendo por la parte delantera del coche, el chico no ve a un Mercedes que se lo lleva por delante. Se da contra el parabrisas, sale disparado por los aires, y cae sobre el asfalto, donde queda con el cráneo destrozado. La conductora del Mercedes, de 23 años, no pudo hacer nada para evitarlo.
Desde el mediodía no se me va de la cabeza la tragedia, y me vienen miles de pensamientos y de por qués, siento ganas de enfadarme con una juventud que vive tan ensimismada que no se dan cuenta de lo que les rodea, por no hablar del estado en el que se encontrasen. Pero no quiero ni juzgar ni analizar. No es justo. El dolor de esos padres no se merece ni moralinas, ni juicios de valor, ni condicionales, porque era su hijo, único e irreplazable. Y a sus 18 años, se les ha ido para siempre.
[este post se queda sin título e etiquetas, porque no puede ser de otra manera]
domingo, 26 de febrero de 2012
Puente de estrellas
Antes, leía en el periódico sobre dos nacimientos muy distintos: por una parte el de la hija de la heredera al trono de Suecia, y los cuatro nombres que le han caído, y la alegría que ha dado a todo sus súbditos; pero cuando he leído de otro nacimiento que ha habido estos días de atrás en Hamburgo, me he imaginado que la alegría habrá sido mucho mayor. En Hamburgo existe un lugar del dolor en el que ya no cabe la esperanza: el centro de cuidados paliativos para niños, en el que éstos pasan sus últimas semanas de vida acompañados de sus familias. En este lugar de muerte y de despedida nació el otro día un niño. La madre de una niña que se está muriendo dio a luz en ese centro, en el que se encuentran estos días para despedirse de su hija de año y medio. Jamás había nacido nadie en este lugar, y al anunciar la noticia, la directora del centro dijo que habían notado de una manera muy distinta lo cerca que pueden estar la vida y la muerte. Este centro abrió en 2003, para acompañar en su último viaje a niños y jóvenes. Han apoyado a 400 familias, y más de 100 niños han muerto en esta casa; pueden acoger a 8 a la vez. Siempre tienen una habitación libre para algún niño cuya muerte sea inminente. Se mantienen a base de donativos y necesitan al año 1,7 millones de euros.
El nacimiento fue una experiencia única para los trabajadores del centro, y me lo puedo imaginar. Acostumbrados a ver cómo vidas tan jóvenes se apagan y lo que supone para sus familias, el ver nacer a un crío allí, debe haber sido mágico. Y la misma madre que da a luz a un bebé, está a punto de perder a otro. Qué irónica es la vida a veces, y cómo juega con uno.
Hace poco supe de un caso que me llegó a lo más hondo. La profesora de violín de mi hija, de la que hablé en el último post, me contó que acababa de fallecer una de sus alumnas. Era la niña que iba a clase antes de la mía, y yo la veía cada lunes. En el concierto de verano, en casa de la profesora, tocó junto a su hermana. La niña empezó a sentirse mal la Semana Santa pasada. Tenía un tumor en el cerebro. Parecía haberlo superado, cuando en verano recayó. Ya no volvió al colegio, y en diciembre falleció, con 8 años. La profesora me contó que los padres le pidieron tocar en el funeral, y dice que fue el concierto más doloroso de toda su vida. Todavía veo a esa niña saliendo con su violín cada lunes. Por mucho que lo intente, ni me imagino el dolor que estarán pasando esos padres, que tienen que seguir viviendo por esa otra hija que tienen, y hacer de tripas corazón.
Por cierto, el centro de paliativos al que acuden las familias con sus hijos con enfermedades terminales se llama Sternenbrücke, y ahora pienso en la traducción y estoy convencida de que es el mejor puente al que podré rendir homenaje en este blog: se llama "puente de estrellas". Menudo puente, y esta vez no ha sido hacia la muerte, sino también a la vida, y esta estrella que ha nacido será el mejor puente para sus padres y para todos los que han presenciado ese milagro de la vida entre tanto sufrimiento.
El nacimiento fue una experiencia única para los trabajadores del centro, y me lo puedo imaginar. Acostumbrados a ver cómo vidas tan jóvenes se apagan y lo que supone para sus familias, el ver nacer a un crío allí, debe haber sido mágico. Y la misma madre que da a luz a un bebé, está a punto de perder a otro. Qué irónica es la vida a veces, y cómo juega con uno.
Hace poco supe de un caso que me llegó a lo más hondo. La profesora de violín de mi hija, de la que hablé en el último post, me contó que acababa de fallecer una de sus alumnas. Era la niña que iba a clase antes de la mía, y yo la veía cada lunes. En el concierto de verano, en casa de la profesora, tocó junto a su hermana. La niña empezó a sentirse mal la Semana Santa pasada. Tenía un tumor en el cerebro. Parecía haberlo superado, cuando en verano recayó. Ya no volvió al colegio, y en diciembre falleció, con 8 años. La profesora me contó que los padres le pidieron tocar en el funeral, y dice que fue el concierto más doloroso de toda su vida. Todavía veo a esa niña saliendo con su violín cada lunes. Por mucho que lo intente, ni me imagino el dolor que estarán pasando esos padres, que tienen que seguir viviendo por esa otra hija que tienen, y hacer de tripas corazón.
Por cierto, el centro de paliativos al que acuden las familias con sus hijos con enfermedades terminales se llama Sternenbrücke, y ahora pienso en la traducción y estoy convencida de que es el mejor puente al que podré rendir homenaje en este blog: se llama "puente de estrellas". Menudo puente, y esta vez no ha sido hacia la muerte, sino también a la vida, y esta estrella que ha nacido será el mejor puente para sus padres y para todos los que han presenciado ese milagro de la vida entre tanto sufrimiento.
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viernes, 24 de febrero de 2012
Una maleta llena de violines
Si tuvieran que comprar un violín, ¿cuál comprarían? Parecen todos iguales, ¿no? Y un violín es un violín, y produce la misma música. Pues no es nada fácil, como he podido comprobar yo estas semanas. El tema violín ha sido un asunto dominante en mi casa durante tres semanas, y tras unos cuantos paseos, ayer di por concluida la "operación violín!, y ésta es la definitiva.
Como mi hija ha crecido ya lo suficiente como para necesitar el violín definitivo, el de tamaño normal, es el momento de dejar de alquilarlos y comprar uno. Como aprovecho los viajes y los kilómetros que le echo al coche, también cambié el violonchelo de alquiler de la pequeña, que también ha crecido, y el violonchelo ha pasado de un cuarto a medio. No es que te den medio violonchelo, ni que vayan al peso, pero los instrumentos crecen en tamaño como tus hijos, a los que se les quedan pequeños, como cortos los pantalones, como escribí aquí en otra ocasión. A la hora de alquilar, no miras los instrumentos con lupa, pero para comprar uno sí. Y yo, que no tengo ni idea, ni tampoco oído para distinguir finezas entre unos y otros, me he visto con el papelón de tener una maleta llena de violines en casa y tener que ayudar a elegir uno.
La preselección no fue fácil: el lutier y mi hija probaron unos 12 violines, de los que quedó esta selección de cinco. Normalmente, me dijo el buen hombre, no deja llevarse a la gente a su casa más de tres. Me dijo que si podía confiar en mí, y le dije que si tengo yo pinta de querer robar una maleta llena de violines. Pero aquí había un valor mayor de 5.000 €, así que es para confiar o no... ¿Y qué hace uno con una maleta llena de violines? Dejarla reposar, y esperar a que mi hija, probando uno a uno, le cogiese cariño a alguno. .JPG)
Como mi hija ha crecido ya lo suficiente como para necesitar el violín definitivo, el de tamaño normal, es el momento de dejar de alquilarlos y comprar uno. Como aprovecho los viajes y los kilómetros que le echo al coche, también cambié el violonchelo de alquiler de la pequeña, que también ha crecido, y el violonchelo ha pasado de un cuarto a medio. No es que te den medio violonchelo, ni que vayan al peso, pero los instrumentos crecen en tamaño como tus hijos, a los que se les quedan pequeños, como cortos los pantalones, como escribí aquí en otra ocasión. A la hora de alquilar, no miras los instrumentos con lupa, pero para comprar uno sí. Y yo, que no tengo ni idea, ni tampoco oído para distinguir finezas entre unos y otros, me he visto con el papelón de tener una maleta llena de violines en casa y tener que ayudar a elegir uno.
Pero como necesitábamos asesoramiento profesional, le cayó el marrón a la profe de violín. Esta mujer y pedazo de profesora de mi hija se merece un monumento: es otro ejemplo de la idiosincrasia de este país en temas de conciliación. Es sueca y conoció a su marido estudiando violín en el Conservatorio de Hamburgo. Ambos, violinistas profesionales, han seguido carreras muy distintas: él es violinista en la Ópera de Hamburgo, y ella se ha ocupado de críar a tres hijas, y ha dado siempre clases privadas en su casa, pues más no podía hacer, pero con tal profesionalidad y ahínco, que ya quisiesen muchas escuelas tener a alguien así, si no alguna de las mejores orquestas del mundo. Tiene tres hijas musicales, ya mayores: la mayor acaba de sacarse la plaza en la Filarmónica de Düsseldorf, con su contrabajo; la segunda toca la tuba, pero estudia biología, y la tercera toca también el contrabajo, pero en la variante de jazz. Mi hija va feliz todas las semanas a la clase de esta mujer, y llevan cuatro años y medio juntas. Y cuando la recojo de clase, mi hija sale siempre contenta, y me dice que le encanta la clase de esta mujer.
Pues dicho todo esto, que cada cual se merece sus flores de vez en cuando, vuelvo a nuestro violín. La profesora se quedó con la maleta varios días en su casa, y me la devolvió con notas sobre cada violín, como si fuese una cata de vinos, que si éste tiene toques afrutados, éste tiene más cuerpo, etc., pero con otros matices, por supuesto, pero a mí me sonaban a algo parecido a eso. Y luego los probó uno a uno con niña incluida, probando el sonido y el porte juntos, y vio cuál es el que le va mejor a mi hija. Y es que, me explicó, ha de ser como enamorarse a primera vista, y que hay violines que los coges y no te imaginas hacerlos tuyos, y otros los tocas, y caes rendido a sus pies. Pero incluso el que ella y mi hija eligieron juntas, ha habido que ajustarlo un poco, para que esté perfecto, como una relación, más o menos. Eso supuso otro viaje más el otro día al lutier, y la profesora se empeñó en venir conmigo. Ella le expuso lo que tenía que apretar, ajustar, bajar o subir, y reconozco que en esa conversación me sentí fuera de lugar, y cuando trataban de que yo les entendiese, les dije que daba igual, que hicieran con el violín lo que considerasen absolutamente necesario, que yo solo tenía que pagar. Y allí lo dejamos, y ayer volví a por él, y me lo dieron ya en su estuche individual, que está forrado por dentro con terciopelo rojo, para cuidar tal beldad musical. Que sea para bien, me queda decir, y que lo toque muchos años. Ahora solo queda asegurarlo, pues como lo lleva en el metro y al instituto hay que prevenir que cualquier ceporro se siente encima o lo dé un balonazo, pero como es una clase musical en la que todos tienen un instrumento, confío en las musas, pues por lo demás, a mí no me queda más que hacer en este asunto.
miércoles, 22 de febrero de 2012
Mi especialista favorito
Lo bueno de tener un blog es que uno puede escribir tanto del presidente alemán como de hemorroides y quedarse tan ancho. Hoy tocan las hemorroides. Admito que me encantan los temas tabú y si en este blog no me salgo a materias espinosas, es por pudor de cara hacia los que me conocen, pues hace tiempo que me vengo diciendo que yo me lo quiero montar tan bien como la gente que escribe por ejemplo de su vida sexual y encima gana dinero con ese blog. Yo no espero ganar dinero escribiendo de hemorroides, pero hablar de ese tema del que nadie habla me tienta tanto que hasta a punto de dormir ya, me apetece contar mis aventuras de hoy en el proctólogo. De los especialistas, creo que son los que más simpáticos me caen. He llegado a la conclusión de que los traumatólogos y los dermatólogos son los que más antipáticos me parecen: que te averigüen qué hueso exacto o qué problema es por el que te duele un hombro o una rodilla es tan jorobado como que te acierten con la pomada para la dermatitis u otras alergias de las que tampoco te encuentran la causa. Pero un proctólogo tiene siempre éxito.
No sé cómo aterricé en esta consulta en pleno centro de Hamburgo. Creo que fue porque me mandó una médica de cabecera, tras quedar yo hecha un cromo en temas de venas y varices tras mi segundo parto. Y desde entonces vuelvo al proctólogo cada dos años o así. Supongo que será la mejor manera de evitar operaciones y el uso indefinido de pomadas y más pomadas. A mí, mi visita en esta consulta me parece mágica: con unos toquecitos, y no es broma, salgo nueva. Cuando comencé a tratarme allí, había otro médico, muy amable y ya mayor, y el mobiliario de la consulta era de época antediluviana. Lo mejor era la silla, que parecía de Frankenstein, y eso tampoco es broma. Me decía que me bajase un poco lo necesario para dejar el "lugar" de tratamiento al aire, y volcaba la silla hacia atrás dejándome patas arriba. Unos toquecitos, y hasta otra. Un tiempo, por no ir hasta allí, tan lejos, cambié de médico, pero cuando me mandaron una pomada que no me hizo nada volví a la silla de Frankenstein como un corderito. Hace dos años este médico se había jubilado y apareció un médico joven. La silla era la misma. Yo casi le compadecí, pues pensé que qué mal estudiar tantos años medicina, para acabar viendo culos todo el día, y curando anos y rectos. Pero hoy, al ver a entrar de nuevo al juvenil médico, con flequillo a lo beach boy, todo moreno, y que me saludó tan amablemente, me di cuenta de que probablemente esté tan contento porque su trabajo es necesario y hace feliz a la gente. La consulta se ha modernizado: ya no está la silla de película de terror, sino una moderna camilla; hay biombos de cristal diáfano y una vitrina mostraba fósiles y herramientas que parecías prehistóricas: no olvidemos que las hemorroides lo son también. Y tras mis toques mágicos, esta vez tumbada sobre el lateral, y que esta vez se hicieron notar más que otras veces aunque duraron como siempre, como mucho unos 15 segundos, me dijo, "ya está, vuelva en un año". Y me fui toda contenta, tras coger el abrigo de la sala de espera, y ver que todos esos que estaban allí esperando, saldrían como yo, con la sensación de haber logrado algo grande de nuevo.
Lo sorprendente es que cuando cuento de esto a españoles la mayoría no sabe que las hemorroides se pueden cauterizar, y que en muchos casos no hay ni que operar, y pues si se tratasen debidamente, no se llegaría a esos extremos. Y pensando después en toda la gente que pasará día a día por esa consulta a una o dos veces al año cada una, he llegado a la conclusión de que debe padecer toda la población de Hamburgo estas molestias. Por supuesto que un proctólogo trata más cosas que hemorroides (acabo de mirar y aparecen cosas tan feas como fisuras anales, estreñimiento crónico y cosas así), pero solo con eso se tienen ganado el cielo. Y sin embargo nadie habla de esto. En mi casa, cuando era niña, yo siempre oí hablar de almorranas, y si bien la palabra hemorroides suena más "fina", sigue costando pronunciarla. ¡Quién admite tenerlas!, no es como contar que te duele la cabeza. Pero si por hablar de estos temas sabemos que existen estos especialistas en traseros, a lo mejor nos ahorramos más de algún susto. Yo me lo he dado ya al escribir de todo esto con toda naturalidad, y sin pestañear, eso sí, eligiendo muy cuidadosamente el tono y el vocabulario, pues estoy hablando de "mi más querido", como se dice en alemán para referirse también al trasero, mein Allerwerteste. Así que por qué no iba a poder escribir de esto.
No sé cómo aterricé en esta consulta en pleno centro de Hamburgo. Creo que fue porque me mandó una médica de cabecera, tras quedar yo hecha un cromo en temas de venas y varices tras mi segundo parto. Y desde entonces vuelvo al proctólogo cada dos años o así. Supongo que será la mejor manera de evitar operaciones y el uso indefinido de pomadas y más pomadas. A mí, mi visita en esta consulta me parece mágica: con unos toquecitos, y no es broma, salgo nueva. Cuando comencé a tratarme allí, había otro médico, muy amable y ya mayor, y el mobiliario de la consulta era de época antediluviana. Lo mejor era la silla, que parecía de Frankenstein, y eso tampoco es broma. Me decía que me bajase un poco lo necesario para dejar el "lugar" de tratamiento al aire, y volcaba la silla hacia atrás dejándome patas arriba. Unos toquecitos, y hasta otra. Un tiempo, por no ir hasta allí, tan lejos, cambié de médico, pero cuando me mandaron una pomada que no me hizo nada volví a la silla de Frankenstein como un corderito. Hace dos años este médico se había jubilado y apareció un médico joven. La silla era la misma. Yo casi le compadecí, pues pensé que qué mal estudiar tantos años medicina, para acabar viendo culos todo el día, y curando anos y rectos. Pero hoy, al ver a entrar de nuevo al juvenil médico, con flequillo a lo beach boy, todo moreno, y que me saludó tan amablemente, me di cuenta de que probablemente esté tan contento porque su trabajo es necesario y hace feliz a la gente. La consulta se ha modernizado: ya no está la silla de película de terror, sino una moderna camilla; hay biombos de cristal diáfano y una vitrina mostraba fósiles y herramientas que parecías prehistóricas: no olvidemos que las hemorroides lo son también. Y tras mis toques mágicos, esta vez tumbada sobre el lateral, y que esta vez se hicieron notar más que otras veces aunque duraron como siempre, como mucho unos 15 segundos, me dijo, "ya está, vuelva en un año". Y me fui toda contenta, tras coger el abrigo de la sala de espera, y ver que todos esos que estaban allí esperando, saldrían como yo, con la sensación de haber logrado algo grande de nuevo.
Lo sorprendente es que cuando cuento de esto a españoles la mayoría no sabe que las hemorroides se pueden cauterizar, y que en muchos casos no hay ni que operar, y pues si se tratasen debidamente, no se llegaría a esos extremos. Y pensando después en toda la gente que pasará día a día por esa consulta a una o dos veces al año cada una, he llegado a la conclusión de que debe padecer toda la población de Hamburgo estas molestias. Por supuesto que un proctólogo trata más cosas que hemorroides (acabo de mirar y aparecen cosas tan feas como fisuras anales, estreñimiento crónico y cosas así), pero solo con eso se tienen ganado el cielo. Y sin embargo nadie habla de esto. En mi casa, cuando era niña, yo siempre oí hablar de almorranas, y si bien la palabra hemorroides suena más "fina", sigue costando pronunciarla. ¡Quién admite tenerlas!, no es como contar que te duele la cabeza. Pero si por hablar de estos temas sabemos que existen estos especialistas en traseros, a lo mejor nos ahorramos más de algún susto. Yo me lo he dado ya al escribir de todo esto con toda naturalidad, y sin pestañear, eso sí, eligiendo muy cuidadosamente el tono y el vocabulario, pues estoy hablando de "mi más querido", como se dice en alemán para referirse también al trasero, mein Allerwerteste. Así que por qué no iba a poder escribir de esto.
martes, 21 de febrero de 2012
Hasta Wulff dimite
Si Christian Wulff ha tardado más de dos meses en convertirse en expresidente alemán, pese al goteo de informaciones que le debieron hacer irse hace ya semanas, yo puedo tardar cuatro días en escribir este post. Al final no sabemos si fue el crédito, o las vacaciones en Sylt, el coche, o todo lo demás, o todo junto, pero hasta que la Fiscalía de Hannover no solicitó que se levantase la inmunidad de Wulff, éste no dimitió. Cuando nos levantamos el viernes con esa solicitud, sabíamos que eso era el fin ya, aleluya. Y Alemania ha vivido la dimisión como una liberación. Más de tres cuartas partes de los alemanes están de acuerdo con su dimisión. Al goteo continuo de informaciones de actividades dudosas de su época como presidente del Estado Federal de Baja Sajonia se le sumó una actitud de "a mí no me echa nadie", algo que no suele tener éxito en Alemania, donde los escándalos no llegan a los extremos de España, por poner un ejemplo. Pero sorprendentemente, lo que parecía terminar de manera diferente a lo habitual, ha concluido con lo que ocurre y se espera en Alemania en estos casos: dimisión. Estos días se ha hablado de la higiene política que hay en Alemania, y puedo confirmar que es cierto. Se producen con frecuencia dimisiones de cargos altos por cosas que se les escaparon de las manos no solo a ellos sino a instancias inferiores, pero los de arriba asumen las consecuencias. Un caso así ha ocurrido hace apenas dos semanas en Hamburgo, cuando el Jefe del Distrito Norte de dimitió por un caso que conmocionó a la ciudad: una niña de 11 años que vivía con sus padres de acogida murió por una sobredosis de metadona. Los padres de la niña eran drogadictos, y por eso la niña vivia con esta familia de acogida y estaba "a salvo". Resultó que éstos últimos eran drogodependientes, y seguían un tratamiento de metadona. Por supuesto que el jefe del distrito no fue el que comprobó los formularios y se ocupó del caso personalmente, pero con la dimisión se asumen los fallos de la oficina de protección de menores de la que él estaba a cargo. Y si muchos dimiten por cosas más o menos serias en los últimos años, no cabía en la cabeza de este país que Wulff no lo hiciera, ya que el cargo del Presidente Federal es un mero adorno: no toma decisiones políticas, sino que representa al país, y representar solo puede hacerlo alguien de integridad moral suficiente como para hacerse respetar y dar una buena imagen.
A Merkel le salió muy mal la jugada cuando impuso a la fuerza a este candidato en 2010 y fue nombrado presidente tras una agónica sesión, en la que fue elegido en la tercera ronda. El candidato "moral" o "de los corazones" era Joachim Gauck. Y el domingo ardió no Troya sino la coalición de Gobierno de la CDU de Merkel, y los liberales, el FDP. Rösler, el niño travieso del FDP dejó a Merkel sola en su oposición frente a Gauck y apoyó a Los Verdes, y a los socialdemócratas, el SPD. Así que Merkel acabó por ceder y dar paso libre a la elección de Gauck, que será en el Parlamento Alemán cuando se cumpla el plazo de 28 días entre presidencias. Se dice que de Gauck se espera demasiado, tras lo vivido con los últimos dos presidentes. Recordemos que el anterior, Horst Kohler, dimitió también por unas declaraciones que hizo sobre la intervención alemana en Afganistán, por decir que ésta tenía intereses económicos...
De los presidentes alemanes no se esperan opiniones, pero que sí dejen una estela de algo grande o concreto, que no se entrometan donde no les manden, pero que den buena imagen. En ese sentido Wulff perdió desde el momento de ser elegido: demasiado glamour para el puesto, esposa tatuada y moderna incluida, donde se esperan más bien esposas tipo Barbara Bush, y no Michelle Obama. Y hablando de esposas, hoy ha salido una información curiosa a los medios: el futuro presidente, Gauck, no está casado (ya lo estuvo), y vive con una mujer. Los conservadores de la CSU ya están diciendo que se case, pero a alguien como Gauck debe importarle un bledo. Como datos de su vida cabe destacar que nadó contra corriente en la Alemania Democrática: jamás se afilió al partido, e hizo oposición frente a un estado totalitario. A su padre se lo llevaron a un campo de trabajo en Siberia cuando Gauck era niño. Estudió teología y fue pastor protestante, hasta la caída del muro. Apoyó el movimiento que llevó a la caída del mismo, y terminó al frente del lo más doloroso de la antigua Alemania Democrática: las actas de la Stasi, lo más ignominioso del régimen. La película "La vida de los otros" muestra muy bien cómo funcionaba ese entramado de escuchas, denuncias y tragedias humanas. Fue el encargado de estas actas durante diez años, de 1990 a 2000, y a estas oficinas, donde cualquiera podía ir a mirar sus actas de la Stasi, se las acabó denominando la "administración Gauck". Desde entonces sigue involucrado en la política sin tener afiliación a ningún partido.
Tras la euforia de su nominación, hoy salen críticas sobre declaraciones que ha hecho en los últimos años, en el programa de televisión que tuvo, en conferencias, y apariciones públicas, pero los mismos tres cuartos de la población que respiraron aliviados con la dimisión de Wulff, aprueba la nominación de Gauck. Y absurda resulta la discusión sobre si está casado o no. Gracioso me pareció a mí hoy un comentario en la radio que decía que la "esposa del presidente" está en su casa, mientras que la First Lady vivirá con él en Bellevue, el palacete de Berlín domicilio de los presidentes alemanes. Pero lo que nadie puede negar, y aprovechando la analogía al martes de carnaval, es que Gauck no se ha disfrazado nunca de nada ni de nadie que no sea, mientras que Wulff se disfrazó durante casi 20 meses de presidente. Aliviados estamos de que termine el carnaval.
A Merkel le salió muy mal la jugada cuando impuso a la fuerza a este candidato en 2010 y fue nombrado presidente tras una agónica sesión, en la que fue elegido en la tercera ronda. El candidato "moral" o "de los corazones" era Joachim Gauck. Y el domingo ardió no Troya sino la coalición de Gobierno de la CDU de Merkel, y los liberales, el FDP. Rösler, el niño travieso del FDP dejó a Merkel sola en su oposición frente a Gauck y apoyó a Los Verdes, y a los socialdemócratas, el SPD. Así que Merkel acabó por ceder y dar paso libre a la elección de Gauck, que será en el Parlamento Alemán cuando se cumpla el plazo de 28 días entre presidencias. Se dice que de Gauck se espera demasiado, tras lo vivido con los últimos dos presidentes. Recordemos que el anterior, Horst Kohler, dimitió también por unas declaraciones que hizo sobre la intervención alemana en Afganistán, por decir que ésta tenía intereses económicos...
De los presidentes alemanes no se esperan opiniones, pero que sí dejen una estela de algo grande o concreto, que no se entrometan donde no les manden, pero que den buena imagen. En ese sentido Wulff perdió desde el momento de ser elegido: demasiado glamour para el puesto, esposa tatuada y moderna incluida, donde se esperan más bien esposas tipo Barbara Bush, y no Michelle Obama. Y hablando de esposas, hoy ha salido una información curiosa a los medios: el futuro presidente, Gauck, no está casado (ya lo estuvo), y vive con una mujer. Los conservadores de la CSU ya están diciendo que se case, pero a alguien como Gauck debe importarle un bledo. Como datos de su vida cabe destacar que nadó contra corriente en la Alemania Democrática: jamás se afilió al partido, e hizo oposición frente a un estado totalitario. A su padre se lo llevaron a un campo de trabajo en Siberia cuando Gauck era niño. Estudió teología y fue pastor protestante, hasta la caída del muro. Apoyó el movimiento que llevó a la caída del mismo, y terminó al frente del lo más doloroso de la antigua Alemania Democrática: las actas de la Stasi, lo más ignominioso del régimen. La película "La vida de los otros" muestra muy bien cómo funcionaba ese entramado de escuchas, denuncias y tragedias humanas. Fue el encargado de estas actas durante diez años, de 1990 a 2000, y a estas oficinas, donde cualquiera podía ir a mirar sus actas de la Stasi, se las acabó denominando la "administración Gauck". Desde entonces sigue involucrado en la política sin tener afiliación a ningún partido.
Tras la euforia de su nominación, hoy salen críticas sobre declaraciones que ha hecho en los últimos años, en el programa de televisión que tuvo, en conferencias, y apariciones públicas, pero los mismos tres cuartos de la población que respiraron aliviados con la dimisión de Wulff, aprueba la nominación de Gauck. Y absurda resulta la discusión sobre si está casado o no. Gracioso me pareció a mí hoy un comentario en la radio que decía que la "esposa del presidente" está en su casa, mientras que la First Lady vivirá con él en Bellevue, el palacete de Berlín domicilio de los presidentes alemanes. Pero lo que nadie puede negar, y aprovechando la analogía al martes de carnaval, es que Gauck no se ha disfrazado nunca de nada ni de nadie que no sea, mientras que Wulff se disfrazó durante casi 20 meses de presidente. Aliviados estamos de que termine el carnaval.
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