Seguro que vuelvo. Sabía que la Acrópolis era visita obligatoria, uno de esos sitios que hay que ver, como la Torre Eiffel, el Big Ben o la Puerta de Brandemburgo. Pero mis sensaciones de la ciudad ponen a Atenas en el olimpo de los viajes a realizar. Suelo no creerme los comentarios negativos que oigo de otros turistas: muy sucia, peligrosa, el hotel está en muy mala zona, tened cuidado. Sí, todo cierto, pero dos mujeres que han crecido en Madrid, y no en esa zona escaparte que tienen todas las ciudades del mundo, no juzgan a una ciudad por esos aspectos. La gente es muy amable, la comida muy rica, y el ir paseando por las calles y ver un templo aquí, una columna rota allá, otros descabezados en cualquier templo, pedruscos con inscripciones muy antiguas, y esa Acropolis dominando la ciudad, le hacen a uno sentirse poca cosa en la "posteridad" en la que vivimos, pues aquello debió ser un mundo fantástico de cultura y orden. Que los griegos odien a los ingleses lo entiendo ahora. Se llevaron el Partenón a cachitos. Yo he visto en el British las figuras del Partenón, pero ahora, si vuelvo a verlas en aquel museo, las veré con recelo, al igual que la Nefertiti está tan fuera de lugar en Berlín, o el altar de Pérgamo en la isla de los museos berlinense.
Febrero no es la mejor época para hacer turismo, como nos ha demostrado el tiempo. Yo iba ávida de sol, y no he visto más que un cielo gris, y el aire era demasiado frío para latitudes tan sureñas, pero hacer turismo en febrero te permite ver las ciudades sin mareas humanas de turismo borreguil. Y aún así había turistas. Si nos costó tirar alguna foto sin otras personas más que nosotras, en julio o agosto será imposible.
Al llegar, la primera palabra griega que vi fue απεργία, 'huelga', algo tan liviano, pero que anoté con placer, para volver a escribir con letras griegas como hacía en el instituto, aunque esta vez no eran textos de Tucídides. Los autobuses al centro no circulaban, pero el metro por suerte sí. Se respira crisis en la ciudad: el impresionante Museo Arqueológico Nacional, de visita gratuita los domingos, estaba abierto ayer solo en parte, obviamente por ahorrar empleados en un día sin beneficios. Se ven muchos perros callejeros por la ciudad, y hay, algo que nos resultó espantoso, muchos niños pidiendo, algo que en España no se ve desde hace muchos años. Sin embargo, como en todas partes, la crisis es para el que la tiene, pues la ciudad tiene también su barrio residencial, como el de la colina de Lykavittós, y su zona fashion para salir en Gázi. Por allí aterrizamos el sábado noche, y comprobamos que en todas las ciudades está ocurriendo lo mismo: zonas abandonadas se reconvierten en barrios de moda, con galerías de arte, bares para ver y ser visto. Los precios son "europeos", y los de las zonas turísticas algo abusivos, pero entiendo que quieran sablar al turista que se tomar un café donde no se lo toman los atenienses de a pie, igual que yo no me lo tomo en la Plaza Mayor de Madrid.
El idioma resulta tan extraño como accesible al oído, con esas jotas y eses sordas y la sensación de que te hablan de epopeyas, mitologías, o personajes importantes. La salida del metro está señalizada en todas partes como "Exodos", palabra tan bíblica como para darle tintes dramáticos al mero hecho de dirigirte a la calle. Pero por las zonas turísticas, no hay problema con el inglés, e incluso con el español, y como te entienden, es difícil no comprar nada entre los montones de objetos artesanales que tienen, joyería de filigrana o artículos de piel. Yo he vuelto cargada de un baglamas en el bolso, un instrumento tradicional griego, más pequeño que la mandolina y que defendí a capa y espada en el avión de pisotones o algún maltrato. Tiene un sonido alto, que tiene que ver con el tamaño, como me explicó mi hija pequeña anoche: cuanto más pequeño el instrumento de cuerda, más alto el sonido, y "por eso un violonchelo suena tan grave", dijo. Mi hija mayor hoy, en un lunes de lo más rutinario, frío y gris, ha hecho sonar a las siete de la mañana las cuerdas del baglamas antes de irse al instituto, y al oír el sonido típico griego he saboreado lo mucho que hay descubrir por el mundo, pero ante todo que lo que queda de los viajes es lo que te llevas en tu interior, ya sea la maraña de impresiones maravillosas que te quedarán siempre de los lugares visitados como el tesoro que ya tenías antes de ir: el poder disfrutar de la compañía de una amiga, sin prisas, y retomando en el tiempo y el espacio lo que te une. Da igual el sitio, y las circunstancias.
lunes, 28 de febrero de 2011
viernes, 25 de febrero de 2011
Por Zeus y Afrodita ...
... sin darme cuenta tengo el viaje encima. Dos mujeres de la misma edad, amigas de la adolescencia, tras 20 años sin verse deciden hacer un viajecito juntas para celebrar su 40 cumpleaños en 2009. Sin maridos y sin hijos, esa es la premisa. Y la experiencia en Estocolomo resultó tan gratificante que deciden realizarlo una vez al año, como si fuese por indicación médica. El último día de cada viaje se elige el destino del siguiente, así que en Estocolmo dedicieron que el siguiente sería en Florencia, de lo que ha hecho justo ahora un año ya, y en el vuelo de vuelta juntas hasta Zúrich, donde sus domicilios en dos países diferentes les separaron tras la escala, se decantaron por Atenas como destino para este año. Este fin de semana se resolverá el misterio de adónde irán el que viene, pero no hay que ser avariciosos.
El caso es que cuando hace un año íbamos del hotel al aeropuerto de Florencia en un taxi, para coger el avión de regreso, en una mañana de domingo muy soleada, traté de capturar alguna instantánea con mi mirada, mientras pensaba que en un año estaríamos en Atenas. Y recuerdo esa imagen que quedó en mi memoria, de barrios florentinos que tanto me recordaban a los barrios de Madrid, pero con las fachadas en colores ocre, típicos de la zona, y con aspecto de ser de gentes tan normales como los de cualquier barrio obrero, nada de Palazzos florentinos.
Ahora que el viaje es inminente, pienso en todo lo que ha pasado este año: demasiadas cosas, unas buenas y muchas no tanto. Y por eso veo este viaje como algo muy positivo, pues además de permitirme disfrutar de dos días con mi amiga, a la que veo tan poco pero con la que tengo una relación casi diaria (benditos sean los medios de comunicación de hoy día), el viaje nos abrirá a ambas otro país que no hemos pisado hasta ahora. Ahora mismo recuerdo mi lectura de La Eneida, que si bien es una epopeya romana, narra a imagen de La Odisea, que sí es una epopeya griega, la historia del griego Eneas, que sale huyendo de la Troya devastada para meterse en un periplo por el Mediterráneo sin saber por dónde tirarían para acabar años después fundando Roma y siguiendo con luchas y batallas contra cualquier pueblo enemigo. Me fascinó la obra, a pesar de que fue lectura impuesta para la clase de latín del instituto; pero esos años estuve inmersa en la época más clásica de Europa, con griego y latín, y voluntariamente. Ahora siento curiosidad por ver si soy capaz de reconocer alguna letra griega, tras tantos años, y si me suenan muchos personajes o dioses de aquellos años. Me atrae ver templos medio derruídos, estatuas descabezadas, y las imágenes que uno tiene de Grecia, que no son las que vi anoche en televisión de revueltas tras una jornada de huelga por los recortes de la crisis.
Pero ante todo, además de mi maleta tengo preparada la premisa número tres del viaje: lograr desconectar y no pensar más que en el propio instante. El año pasado no lo conseguí, pero estoy segura de que éste lo cumpliré, salvo alguna que otra cosilla que me quede en la mente, pero hasta eso me recuerda que la vida es una odisea y un divagar por tierras cercanas o lejanas donde lo que cuenta no es el objetivo, ni adónde te diriges, pues el lema de cada viaje, incluso en el que realizas cada día desde que te levantas hasta que te acuestas, ha de ser TÚ mismo, y nada ni nadie más. Por ti mismo haces las cosas y por nadie más.
El caso es que cuando hace un año íbamos del hotel al aeropuerto de Florencia en un taxi, para coger el avión de regreso, en una mañana de domingo muy soleada, traté de capturar alguna instantánea con mi mirada, mientras pensaba que en un año estaríamos en Atenas. Y recuerdo esa imagen que quedó en mi memoria, de barrios florentinos que tanto me recordaban a los barrios de Madrid, pero con las fachadas en colores ocre, típicos de la zona, y con aspecto de ser de gentes tan normales como los de cualquier barrio obrero, nada de Palazzos florentinos.
Ahora que el viaje es inminente, pienso en todo lo que ha pasado este año: demasiadas cosas, unas buenas y muchas no tanto. Y por eso veo este viaje como algo muy positivo, pues además de permitirme disfrutar de dos días con mi amiga, a la que veo tan poco pero con la que tengo una relación casi diaria (benditos sean los medios de comunicación de hoy día), el viaje nos abrirá a ambas otro país que no hemos pisado hasta ahora. Ahora mismo recuerdo mi lectura de La Eneida, que si bien es una epopeya romana, narra a imagen de La Odisea, que sí es una epopeya griega, la historia del griego Eneas, que sale huyendo de la Troya devastada para meterse en un periplo por el Mediterráneo sin saber por dónde tirarían para acabar años después fundando Roma y siguiendo con luchas y batallas contra cualquier pueblo enemigo. Me fascinó la obra, a pesar de que fue lectura impuesta para la clase de latín del instituto; pero esos años estuve inmersa en la época más clásica de Europa, con griego y latín, y voluntariamente. Ahora siento curiosidad por ver si soy capaz de reconocer alguna letra griega, tras tantos años, y si me suenan muchos personajes o dioses de aquellos años. Me atrae ver templos medio derruídos, estatuas descabezadas, y las imágenes que uno tiene de Grecia, que no son las que vi anoche en televisión de revueltas tras una jornada de huelga por los recortes de la crisis.
Pero ante todo, además de mi maleta tengo preparada la premisa número tres del viaje: lograr desconectar y no pensar más que en el propio instante. El año pasado no lo conseguí, pero estoy segura de que éste lo cumpliré, salvo alguna que otra cosilla que me quede en la mente, pero hasta eso me recuerda que la vida es una odisea y un divagar por tierras cercanas o lejanas donde lo que cuenta no es el objetivo, ni adónde te diriges, pues el lema de cada viaje, incluso en el que realizas cada día desde que te levantas hasta que te acuestas, ha de ser TÚ mismo, y nada ni nadie más. Por ti mismo haces las cosas y por nadie más.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Somos la leche
Traten de explicarle a un extranjero lo que significa "la leche" en expresiones más allá de su significado normal, y se darán cuenta de que somos la leche. No hace tanto, en una cena con uno de mis grupos de alumnos, un hombre volvió a sacarme el tema que ya tocamos un día en clase: "¿Qué significa me cago en la leche?", así tal cual, me preguntó. Si en clase fue divertida la explicación, y más cuándo él me dijo que había oído también "Me cago en la puta", y yo ya sonrojé, pues aunque me parece de lo más normal del mundo que la gente diga estas expresiones, a mí no me salen mucho. Aquel día liquidé el tema como pude, y de manera ligerita, pues teníamos la lección sin terminar... solo por eso, por supuesto. Pero en una cena de tapitas, yo con una San Miguel en la mano, la respuesta toma otro cáriz. "Vamos a ver", expliqué, "en español, desde en la leche hasta en Dios, te puedes cagar en todo lo que te dé la gana". Me miraron con estupor. "Así que la leche no es nada", les dije,"pues además de en Dios, puedes hacer lo mismo además en la madre que te parió". A ver cómo explica una eso. "¿Y todo eso en un país tan familiar y tan católico?", preguntaron. Y yo les dije que precisamente por eso, que le perdemos el respeto a todo, mismo hasta a la leche.
Pero hace unos días, una prima mía me mandó una explicación de la palabra "cojones" en castellano, añadiendo que había pensado en mis alumnos al oírla. Y tanto. Tras escucharlo todo pensé que si les tuviese que explicar las muchísimas acepciones de esta palabra, además de no enterarse, sería no solo un curso de "palabrotas para el nivel avanzado", sino una prueba de la destreza en la lengua, pues una expresión mal usada y quedas en evidencia: no puedes decir por ejemplo "Yo cago en leche", o "cago leche", y encima como profesora te tocaría decir "A ver, repite por favor: ME cago en LA leche". Así, o les encantaría la lengua más aún o tirarían la toalla directamente. Yo no valdría para dar ese curso, de la risa que me producen estos fenómenos lingüísticos, pues habría que explicarlo con el rigor científico que merece. Tras volver a escuchar la explicación, me río ante expresiones como "valía un cojón, tiene dos cojones, me importa tres cojones, mil pares de cojones, tener cojones (valentía), ¡tiene cojones! (sorpresa), puso los cojones encima de la mesa, te corto los cojones, me toca los cojones, se toca los cojones, tócate los cojones, acojonado, descojonado, cojonudo, cojonazo, de cojones (como el frío que hace estos días aquí), lo haré por cojones, estoy hasta los cojones, cojones grandes y bien plantados, ¡Cojones!, ¡Manda cojones!, ¡Me sale de los cojones!", y más...
Cómo lo más difícil de una lengua es dominar todas estas acepciones de una palabra tan rica en su uso, me imagino que si tuviese que explicar todo esto no me valdría una cervecita sino que necestaría un whisky doble. Y mucha paciencia...
Pero hace unos días, una prima mía me mandó una explicación de la palabra "cojones" en castellano, añadiendo que había pensado en mis alumnos al oírla. Y tanto. Tras escucharlo todo pensé que si les tuviese que explicar las muchísimas acepciones de esta palabra, además de no enterarse, sería no solo un curso de "palabrotas para el nivel avanzado", sino una prueba de la destreza en la lengua, pues una expresión mal usada y quedas en evidencia: no puedes decir por ejemplo "Yo cago en leche", o "cago leche", y encima como profesora te tocaría decir "A ver, repite por favor: ME cago en LA leche". Así, o les encantaría la lengua más aún o tirarían la toalla directamente. Yo no valdría para dar ese curso, de la risa que me producen estos fenómenos lingüísticos, pues habría que explicarlo con el rigor científico que merece. Tras volver a escuchar la explicación, me río ante expresiones como "valía un cojón, tiene dos cojones, me importa tres cojones, mil pares de cojones, tener cojones (valentía), ¡tiene cojones! (sorpresa), puso los cojones encima de la mesa, te corto los cojones, me toca los cojones, se toca los cojones, tócate los cojones, acojonado, descojonado, cojonudo, cojonazo, de cojones (como el frío que hace estos días aquí), lo haré por cojones, estoy hasta los cojones, cojones grandes y bien plantados, ¡Cojones!, ¡Manda cojones!, ¡Me sale de los cojones!", y más...
Cómo lo más difícil de una lengua es dominar todas estas acepciones de una palabra tan rica en su uso, me imagino que si tuviese que explicar todo esto no me valdría una cervecita sino que necestaría un whisky doble. Y mucha paciencia...
lunes, 21 de febrero de 2011
Mayoría absoluta
La primera cita con las urnas en Alemania este año ha dado como resultado un cambio político en la ciudad-estado de Hamburgo, y una mayoría absoluta para el SPD. Que el SPD iba a ganar, parecía muy claro, pero la mayoría absoluta ha sorprendido a todos. Tras varios gobiernos en coalición en Hamburgo, al igual que en la mayoría de los estados federales, o mismo en el gobierno del país, un resultado así en una época en la que se aceptan las coaliciones de lo más raras, hace pensar que los votantes tenían decidido el cambio. En Hamburgo, ciudad bastión del SPD durante décadas, los 10 años de la CDU acabaron en un desastre: la reforma escolar exigida por Los Verdes para formar parte de la coalición con la CDU fue parada en el último momento por un referéndum tras haber invertido un montón de dinero en ella, eso sumado a que Los Verdes dejaran la coalición empantanada de un día para otro, y que el alcalde dimitiera el verano pasado, más candidato de poco perfil, Ahlhaus, le han devuelto el ayuntamiento al SPD y a su candidato Olaf Scholz. Ahora Merkel culpa al antiguo alcalde, Ole von Beust, del fracaso. Es fácil echarle la culpa al que se ha ido ya, y no criticar una falta de proyecto, y sobre todo una incomunicación con los ciudadanos y un candidato que no atraía nada. Y como conozco bien a mis Mitbürger, mis conciudadanos, aquí los cabreos se solucionan así.
Yo fui a votar, ... o lo que me dejaron se entiende. Al mediodía quedé con mi amiga española para ir a ver una exposición de un pintor del romanticisimo alemán, que trabajó y murió en Hamburgo, Otto Runge, y que en los 33 años que vivió, le cundió mucho más que a bastantes políticos. Tentada estuve de no ir a votar, y más cuando mi amiga resumió lo que yo siento: "Después de llevar mil años aquí, lo que podemos votar es como si nada", pero mi pleno convencimiento de que el derecho al voto es un privilegio del que hay que hacer uso, pues hay países en los que la gente muere por instaurar una democracia, me hizo pasarme por el colegio electoral a ejercer mi deber de ciudadana extranjera una hora antes de que cerraran los colegios electorales, que aquí es a las seis de la tarde: con mi condición de extranjera, lo único que podía votar eran dos listas a la junta del distrito, con nombres tan desconocidos para mí que tener que elegir entre ellos fue un capricho como cualquier otro: en cada una podía hacer cinco crucecitas, y en una de ellas les di las cinco a la lista del partido que voté, y en la otra elegí en plan "pinto pinto gorgorito", pero con un método más sofisticado: como ponía la edad y las profesiones de la gente, me decanté por los que más simpáticos me parecían a primera vista. En fin, qué más quisiera yo que poder votar a los importantes, pero para eso tendría que renunciar a mi nacionalidad española, y no me atrae la idea.
Pero tras haber criticado a Ole von Beust por la imagen que dejó en la ciudad, Merkel ha alabado la labor del ministro zu Guttenberg, y eso que cada vez está más claro que pagó para que le escribieran su tesis doctoral, escritores fantasmas los llaman. Para fantasmas él. El plagio no empaña su labor como ministro, dice Merkel. Yo creo que sí, y él mismo le ha pedido hoy a la Universidad de Bayreuth que le retiren el título de doctorado, ya que dimitir no quiere. Si no hubiese salido a la luz el escándalo, seguiría llevando el título de doctor. Curiosa costumbre en Alemania de que los doctores no son solo los médicos. Todo aquel que haya realizado una tesis doctoral, tiene derecho a que le llamen Doktor delante de su nombre. Rarísimo se me hizo durante años que mi jefe era un doctor, pero no como yo los entendía sino en economía; aquí el título de doctorado es mucho.
De momento Merkel ha perdido un estado federal y un doctor. Y el año, que se le avecina difícil, acaba de empezar.
Yo fui a votar, ... o lo que me dejaron se entiende. Al mediodía quedé con mi amiga española para ir a ver una exposición de un pintor del romanticisimo alemán, que trabajó y murió en Hamburgo, Otto Runge, y que en los 33 años que vivió, le cundió mucho más que a bastantes políticos. Tentada estuve de no ir a votar, y más cuando mi amiga resumió lo que yo siento: "Después de llevar mil años aquí, lo que podemos votar es como si nada", pero mi pleno convencimiento de que el derecho al voto es un privilegio del que hay que hacer uso, pues hay países en los que la gente muere por instaurar una democracia, me hizo pasarme por el colegio electoral a ejercer mi deber de ciudadana extranjera una hora antes de que cerraran los colegios electorales, que aquí es a las seis de la tarde: con mi condición de extranjera, lo único que podía votar eran dos listas a la junta del distrito, con nombres tan desconocidos para mí que tener que elegir entre ellos fue un capricho como cualquier otro: en cada una podía hacer cinco crucecitas, y en una de ellas les di las cinco a la lista del partido que voté, y en la otra elegí en plan "pinto pinto gorgorito", pero con un método más sofisticado: como ponía la edad y las profesiones de la gente, me decanté por los que más simpáticos me parecían a primera vista. En fin, qué más quisiera yo que poder votar a los importantes, pero para eso tendría que renunciar a mi nacionalidad española, y no me atrae la idea.
Pero tras haber criticado a Ole von Beust por la imagen que dejó en la ciudad, Merkel ha alabado la labor del ministro zu Guttenberg, y eso que cada vez está más claro que pagó para que le escribieran su tesis doctoral, escritores fantasmas los llaman. Para fantasmas él. El plagio no empaña su labor como ministro, dice Merkel. Yo creo que sí, y él mismo le ha pedido hoy a la Universidad de Bayreuth que le retiren el título de doctorado, ya que dimitir no quiere. Si no hubiese salido a la luz el escándalo, seguiría llevando el título de doctor. Curiosa costumbre en Alemania de que los doctores no son solo los médicos. Todo aquel que haya realizado una tesis doctoral, tiene derecho a que le llamen Doktor delante de su nombre. Rarísimo se me hizo durante años que mi jefe era un doctor, pero no como yo los entendía sino en economía; aquí el título de doctorado es mucho.
De momento Merkel ha perdido un estado federal y un doctor. Y el año, que se le avecina difícil, acaba de empezar.
domingo, 20 de febrero de 2011
A las Palomas
Ayer hablaba de las gaviotas, pero hoy hablo de las Palomas, con mayúscula. No me refiero a las llamadas "ratas del aire", que en esta tierra, como en otras, son tan poco apreciadas por ensuciar tanto, sino que hablo de otras de carne y hueso. En mi familia hay una muy especial y hoy cumple 50 años. A mí me sorprende la cifra, que es muy seria, pues ella sigue pareciendo una chavala. Podría salir de copas en cualquier momento con sus hijos, que además están muy orgullosos de ella, como le demostraron en el Día del Padre. Sí, digo del padre, porque ese mismo día le regalaron una orquídea, ojo al detalle, porque ella es padre y madre, y me pareció que la ocurrencia hablaba mundos. Ha sacado adelante a sus hijos, y es una luchadora nata, algo que le viene de cepa.
Algo difícil de explicar en Alemania es la relación que tenemos en España con los primos. Aquí conozco a poca gente que la tenga tan buena con los suyos. Cuando yo hablo de mis primos, me miran sorprendidos, y los que entienden algo del tema me dicen que en España tenemos muchos primos. No es que tengamos más, pero es que existen en nuestras vidas. Es un parentesco que en Alemania no se cuida de la misma manera. Incluso mis hijas han constatado ya en plena infancia que tienen primas a media hora de casa con las que no se ven nunca, algo que a mí me parece tristísimo, pero por lo que dejé de luchar hace mucho al darme cuenta que no era deseado el trato por la otra parte. Pero si me pusiese a contar aquí que la prima que cumple hoy sus 50 es prima de segundo grado, que las que son primas hermanas son las madres, hablaría de una relación que aquí ya ni cuenta.
Lo que se pierden. Con un primo segundo puedes crecer y tener una relación como de hermanos, y así ha sido siempre con las Palomas, y con eso me refiero a sus hermanos también, por habernos criado juntos ellos y mis hermanos y yo. Y como siempre que estoy en Madrid nos vemos mucho, y además me deja el ordenador (desde su casa he escrito alguna que otra entrada de blog a horas en las que en Alemania no puedes ni llamar por teléfono), le felicito en primer lugar por blog, y espero, con mi publicación de madrugada, ser una de las primeras que le felicita. Es algo búho, como yo, así que es más bien un ave nocturna, y a lo mejor hasta hay suerte.
Disfruta de tu dia, Palomita, y sigue planeando sobre todos los que formamos parte de tu familia, grandes y pequeños.
Algo difícil de explicar en Alemania es la relación que tenemos en España con los primos. Aquí conozco a poca gente que la tenga tan buena con los suyos. Cuando yo hablo de mis primos, me miran sorprendidos, y los que entienden algo del tema me dicen que en España tenemos muchos primos. No es que tengamos más, pero es que existen en nuestras vidas. Es un parentesco que en Alemania no se cuida de la misma manera. Incluso mis hijas han constatado ya en plena infancia que tienen primas a media hora de casa con las que no se ven nunca, algo que a mí me parece tristísimo, pero por lo que dejé de luchar hace mucho al darme cuenta que no era deseado el trato por la otra parte. Pero si me pusiese a contar aquí que la prima que cumple hoy sus 50 es prima de segundo grado, que las que son primas hermanas son las madres, hablaría de una relación que aquí ya ni cuenta.
Lo que se pierden. Con un primo segundo puedes crecer y tener una relación como de hermanos, y así ha sido siempre con las Palomas, y con eso me refiero a sus hermanos también, por habernos criado juntos ellos y mis hermanos y yo. Y como siempre que estoy en Madrid nos vemos mucho, y además me deja el ordenador (desde su casa he escrito alguna que otra entrada de blog a horas en las que en Alemania no puedes ni llamar por teléfono), le felicito en primer lugar por blog, y espero, con mi publicación de madrugada, ser una de las primeras que le felicita. Es algo búho, como yo, así que es más bien un ave nocturna, y a lo mejor hasta hay suerte.
Disfruta de tu dia, Palomita, y sigue planeando sobre todos los que formamos parte de tu familia, grandes y pequeños.
sábado, 19 de febrero de 2011
Puentes de sábado
Si llamo a estos puentes "de sábado" es porque por ellos pasa mucha gente los sábados al ir al centro de compras, o a pasear. Por supuesto que cualquier otro día cumplen su función, al estar en pleno centro de Hamburgo, pero un sábado los pisotea más gente. Se trata del puente en Jungfernstieg, en pleno centro, que separa el Alster pequeño del canal que luego, con esclusa incluida para compesar los diferentes niveles, lleva a las barcazas del Alster al mismo río Elba.
Las tres imágenes corresponden a la vista al canal. Desde esta zona se divisan más puentes al fondo, y hoy me sorprendió la cantidad de gaviotas que volaban por encima y el ruido que metían, en una ciudad silenciosa como Hamburgo. No sé si habrá más gaviotas o puentes, y desde que elegí el tema puentes como hilo conductor de este blog, los veo con otros ojos, maravillada de la perspectiva que le dan a esta ciudad tan marítima aún siendo del interior, y sin los que no seríamos nadie en ella. Continuará.
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| Puente de Jungfernstieg |
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| Vista desde el mismo: al fondo el Bucerius Kunstforum, un museo de pintura en la antigua sede de un banco. |
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| Ayuntamiento de Hamburgo |
viernes, 18 de febrero de 2011
Niños malos
¿Ha copiado o no ha copiado el actual ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg en su tesis doctoral? El tema abre las noticias de los telediarios en sus últimas ediciones, y es portada de periódicos. Se han abierto páginas de internet donde gente con mucho tiempo y ganas descubre los párrafos de la obra que al parecer están plagiados, por formar parte de "su" obra sin nombrar su procedencia. Y eso está muy muy muy mal... a niveles académicos por su puesto, pero no solo. Mejor reconocer haberte fumado un porrito, o ser gay o muchas cosas más tolerables hoy día. ¿Pero copiar alguien de brillante carrera, cuya tesis doctoral en derecho recibió una matrícula de honor? De momento la Universidad de Bayreuth le ha pedido explicaciones para dentro de los próximos 14 días, y le podrían hasta quitar el título.
Verdaderamente el tan popular ministro no gana para sustos, y su probabilidad de ser un futuro canciller alemán aviva la energía de remover en su vida para parar lo que parece imparable. A todo esto pienso en una obra de teatro de Bertolt Brecht que me fascinó: Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui; como no me gusta la traducción que encuentro con la palabra "resistible" lo traduzco en "El ascenso 'parable' de Arturo Ui". Se trata de una parodia de la subida al poder de Hitler, y de ahí lo chocante de la elección del adjetivo, que yo traduzco con una acepción que no existe en nuestra lengua, pero sí en alemán y que destaca por su contrapunto de algo que parecía imparable pero que no lo fue. Y lo mismo ocurre con el ministro, cuya carrera podría ser parada por unos o por otros. Si las acusaciones son ciertas, desde luego que su imagen quedaría tan dañada como para tener que retirarse o no llegar a canciller. Pero zu Guttenberg tiene aguante, o si no al tiempo.
Aguante tiene también el St. Pauli, los chicos gamberros del fúbol alemán. Han tenido que esperar 33 años para volver a ganar un derbi contra el HSV, y antes de ayer, con un gol de Asamoah, lo lograron. Ahora celebran y celebran, y el HSV ya no vive de ninguna gloria desde hace mucho, y los malos, que tampoco van bien, se conforman con poco y con criticar cuando pueden, y en cualquier caso de hacerse notar y celebrar sus méritos propios.
Y el domingo se celebran elecciones en Hamburgo. De bueno va un candidato que no es que sea malo, pero no es hanseático, y eso es ser malo para gobernar esta ciudad-estado llena de una casta llamada "hanseática", los hamburgueses de pura cepa o los que se sienten como tales, herederos de los comerciantes del puerto, o con la vena de que "Hamburgo es el paraíso terrenal". El candidato de la CDU, Christoph Ahlhaus, que ocupó el cargo cuando Ole von Beust salió huyendo del puesto ("desgaste" lo llamaron), no parece tener opciones de ganar y en las encuestas los motivos que alega la gente para no votarle es que no es hamburgués, aparte de no tener ningún carisma, y tener mi edad, 41 años, y parecer tener 58 lo menos (esto último lo alego yo, que encima no voto, y no me podré presentar a alcaldesa de Hamburgo por no ser de aquí y encima criticar).
Y como siempre es mi hija pequeña la que me da las soluciones fundamentales de la vida. Lleva una temporada oyendo con teson CDs con los cuentos clásicos de toda la vida. Y como se los sabe de memoria, le da tiempo a filosofar sobre ellos, y en la comida, en el coche o en cualquier momento, me lanza sus preguntas, o mejor dicho, últimamente no me consulta nada, sino que me explica sus conclusiones. Las de esta semana: "Mamá, no entiendo por qué las madrastras en los cuentos son todas malas", o "Me parece injusto que en los cuentos los feos sean los malos, y los buenos los guapos. Vamos que un guapo puede ser malo también, solo faltaba, y un feo buenísimo". Verdades como puños. Veremos por dónde sale el ministro zu Guttenberg ahora para explicar el entuerto, quién gana las elecciones el domingo (Olaf Scholz, el candidato del SPD tampoco es hanseántico -curioso que a él no se lo echen en cara-, tampoco es bello pero tiene una imagen más carismática), y de la liga... veremos. Otro noble de corazón, Raúl, metió el otro día el gol que le sigue llevando al olimpo de los dioses pacientes y amables. Pero en cuanto a bondades me vuelvo a quedar con otro comentario archifamoso de mis hijas, ambas, hacia mí: "Papá es mucho más bueno que tú", a lo que yo respondo siempre ríendome: "Sí, sin duda alguna".
Verdaderamente el tan popular ministro no gana para sustos, y su probabilidad de ser un futuro canciller alemán aviva la energía de remover en su vida para parar lo que parece imparable. A todo esto pienso en una obra de teatro de Bertolt Brecht que me fascinó: Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui; como no me gusta la traducción que encuentro con la palabra "resistible" lo traduzco en "El ascenso 'parable' de Arturo Ui". Se trata de una parodia de la subida al poder de Hitler, y de ahí lo chocante de la elección del adjetivo, que yo traduzco con una acepción que no existe en nuestra lengua, pero sí en alemán y que destaca por su contrapunto de algo que parecía imparable pero que no lo fue. Y lo mismo ocurre con el ministro, cuya carrera podría ser parada por unos o por otros. Si las acusaciones son ciertas, desde luego que su imagen quedaría tan dañada como para tener que retirarse o no llegar a canciller. Pero zu Guttenberg tiene aguante, o si no al tiempo.
Aguante tiene también el St. Pauli, los chicos gamberros del fúbol alemán. Han tenido que esperar 33 años para volver a ganar un derbi contra el HSV, y antes de ayer, con un gol de Asamoah, lo lograron. Ahora celebran y celebran, y el HSV ya no vive de ninguna gloria desde hace mucho, y los malos, que tampoco van bien, se conforman con poco y con criticar cuando pueden, y en cualquier caso de hacerse notar y celebrar sus méritos propios.
Y el domingo se celebran elecciones en Hamburgo. De bueno va un candidato que no es que sea malo, pero no es hanseático, y eso es ser malo para gobernar esta ciudad-estado llena de una casta llamada "hanseática", los hamburgueses de pura cepa o los que se sienten como tales, herederos de los comerciantes del puerto, o con la vena de que "Hamburgo es el paraíso terrenal". El candidato de la CDU, Christoph Ahlhaus, que ocupó el cargo cuando Ole von Beust salió huyendo del puesto ("desgaste" lo llamaron), no parece tener opciones de ganar y en las encuestas los motivos que alega la gente para no votarle es que no es hamburgués, aparte de no tener ningún carisma, y tener mi edad, 41 años, y parecer tener 58 lo menos (esto último lo alego yo, que encima no voto, y no me podré presentar a alcaldesa de Hamburgo por no ser de aquí y encima criticar).
Y como siempre es mi hija pequeña la que me da las soluciones fundamentales de la vida. Lleva una temporada oyendo con teson CDs con los cuentos clásicos de toda la vida. Y como se los sabe de memoria, le da tiempo a filosofar sobre ellos, y en la comida, en el coche o en cualquier momento, me lanza sus preguntas, o mejor dicho, últimamente no me consulta nada, sino que me explica sus conclusiones. Las de esta semana: "Mamá, no entiendo por qué las madrastras en los cuentos son todas malas", o "Me parece injusto que en los cuentos los feos sean los malos, y los buenos los guapos. Vamos que un guapo puede ser malo también, solo faltaba, y un feo buenísimo". Verdades como puños. Veremos por dónde sale el ministro zu Guttenberg ahora para explicar el entuerto, quién gana las elecciones el domingo (Olaf Scholz, el candidato del SPD tampoco es hanseántico -curioso que a él no se lo echen en cara-, tampoco es bello pero tiene una imagen más carismática), y de la liga... veremos. Otro noble de corazón, Raúl, metió el otro día el gol que le sigue llevando al olimpo de los dioses pacientes y amables. Pero en cuanto a bondades me vuelvo a quedar con otro comentario archifamoso de mis hijas, ambas, hacia mí: "Papá es mucho más bueno que tú", a lo que yo respondo siempre ríendome: "Sí, sin duda alguna".
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