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lunes, 22 de diciembre de 2014

Una de cien mil o un millón

Hoy daban 100 % de lluvia para Hamburgo y no ha faltado ni un solo por ciento. Han caído todos, gota a gota, lo certifico. Llevamos unos días en los que no para de llover, y la probabilidad de Navidades blancas, que es lo que aquí desea todo el mundo menos yo, es cero. Otra cifra del día de hoy era la probabilidad de que le toque a uno la lotería, una entre cien mil, por las cien mil bolas del bombo de los números. A mí no me ha tocado y eso que llevaba dos probabilidades. También era mínima la probabilidad de que una infanta de España fuese al banquillo, pues nacen con todos los privilegios, y solo tienen que comportarse decentemente para vivir de la sopa boba toda la vida sin mover ni un dedo, pero ella ha jugado todas las papeletas así que le tenía que tocar. Es como la probabilidad que tengo yo de ponerme mala en vacaciones. Suele ocurrir: estadística demostrada. Es acercarse el asueto, y caigo, justo antes o en ellas. Y no sé por qué pero me parece que se está muriendo este final de año demasiada gente importante. Los otros se mueren también, pero los importantes llaman más la atención, y el número es alto. Ayer se murió de sopetón Udo Jürgens, un cantante alemán que era de lo más conocido, alguien tipo Raphael. Tenía 80 años y seguía en activo. Terminaba siempre sus conciertos al piano con un albornoz puesto, tras haber pasado por el camerino antes de los bises. La probabilidad de morirse con 80 años es mayor que siendo más joven, pero la noticia fue un susto prenavideño ayer para los alemanes, y el periódico Bild titulaba hoy "Merci, Udo Jürgens". Y ahora acabo de ver que se ha muerto Joe Cocker. No es que fuese fan suya, pero tiene canciones legendarias, como el "You can leave your hat on", y se suma a la lista de los que se van antes de que termine el año, como el famosísimo escritor alemán Sigfried Lenz o Ralph Giordano, que sufrió el Holocausto y escribió de ello en una novela muy asociada a Hamburgo.

Y se acerca la Navidad. Los mercadillos alemanes siguen hasta arriba de gente, las tiendas igual. Todos los años pienso estos días en lo invisibles que son en esta época los que no pueden gastar nada. El desenfreno es tal, que supongo que los que lo pasan mal, se retiran, porque en Alemania los que no tienen nada estos días deben sentir que les toman el pelo. Ser pobre y pasarlo mal es siempre horrible. Si encima vives en un país rico debes pensar que por qué te ha tocado a ti. La gente consume estos dás como si se fuese a terminar el mundo cada 24 de diciembre a los pies del árbol de Navidad abriendo regalos. Lo que las estadísticas avalan es que los alemanes prefieren ese día abrir regalos y currar poco en la cocina. Un 36 % toma el plato estrella: salchichas con ensalada de patata. El 27 % toma ave: pato, ganso o pavo. Y lo que come el restante no lo dice la estadística que encontré el otro día. Yo por variar me salgo de la estadística y como cordero, algo nada típico por estas fechas aquí si no en Pascua. Pero es que lo de las probabilidades ya sabemos como funciona. Te las dicta la suerte o lo que tú hagas con ella.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La explicación

Esta semana he mostrado en una de mis clases el anuncio de la lotería de este año. Si me gusta el anuncio es porque juega con toda la psicología de lo que significa para los españoles el sorteo, y el comprar lotería aquí y allá por si toca... Y por supuesto que el de este año toca la fibra sensible, por pensar que alguien pueda hacer eso: guardarle un décimo premiado a alguien que no ha podido comprarlo. A todos nos gusta creer en el género humano aunque la vida nos vapulee y nos muestre lo contrario.

Pues bien, los alemanes me hicieron sudar el otro día explicádoles lo que ocurre en el anuncio. No lo pillaban. No entendían qué hacía toda esa gente celebrando junta ni tampoco tanta lágrima. Uno no hacía más que preguntar que por qué había bajado el hombre que no tenía un décimo premiado. Por cortesía hacia sus conocidos, que han ganado, y a los que probablemente vea casi todos los días, les expliqué, para que no piensen que no se alegra por ellos. Pero por qué ha comprado tanta gente ese número, volvían a preguntar. Porque la psicología de la lotería logra que tras ver un día tras otro los décimos en el bar en el que te tomas siempre un café, acabes por comprar uno, para evitar justamente lo que pasa en el anuncio, les dije. No parecían muy convencidos. Estaban más serios que si verdaderamente Antonio, el del bar, no le hubiese guardado un décimo al pobre apenado.

Pero el colmo de la alemanidad me vino cuando uno me explicó todo convencido que seguramente la mujer sabía que el del bar le había guardado un décimo a su marido, y que por eso demostró tanta insistencia al mandarlo al bar. Tuve que reconocer que no me había parado a pensar en tal posibilidad, pero para eso están los alemanes, para encontrar una explicación para todo. Le dije que sí, que podría ser, pero que el anuncio lo deja en el aire. Él estaba convencidísimo de que así era.

En el aire, pienso ahora. Eso no funciona en Alemania, y por eso aquí sería impensable un sorteo así, y mucho menos televisado y con lágrimas. No, si está claro que tiene que haber una explicación para que todos los españoles se dejen llevar año tras año por todo este rito de la lotería, desde el anuncio, hasta el día después, "el de la salud", como me explicaron hace poco, por la frase aquella de "no nos ha tocado pero que al menos tengamos salud". Y que podramos llegar otro año más a otro sorteo de la lotería, y comprar algún décimo, añado yo ahora. Por cierto, yo no llevo ninguno. Claro, como por aquí en ningún bar ni en ninguna parte se ven décimos...

jueves, 27 de diciembre de 2012

Fiesta superflua

Qué día más absurdo me parece el 26 de diciembre, como festivo. No sé por qué ni para qué se necesita un segundo día de Navidad. Muchos me contradirán, pero los que no tenemos familia cerca, pasamos este día vegetando en casa, pues poco se puede hacer. Todo el mundo se halla reunido con los suyos, y los que no, se sienten algo aislados. Si encima llueve a mares, como lleva haciendo días seguidos, y estás malo, como yo, la sensación es de que el día es eterno y no se acaba nunca. Si además ves en la tele un tostonazo de película como "Come, reza, ama", que tampoco se acababa nunca, acabas algo confundido pues ese libro fue otro bestseller, y la peli un éxito. Julia Roberts está siempre estupenda, no cabe duda, pero ese papel de mujer que se busca así misma tras un doloroso divorcio en un año sabático en tres lugares diferentes del mundo, Roma, India y Bali, resulta uno de esos que quiere mostrar lo que quiere ver la gente. Poca gente puede darse autoterapia viviendo del cuento un año. Eso sí, las imágenes de la peli son una maravilla, aunque me ha parecido un tostón interminable. Gracias a un atracón de pipas he pasado mejor el rato. En Alemania no se comen pipas, salvo en los panes, y si acaso solo los turcos y yo. Por eso y más debo ser la única que está contenta de que sea ya día 27 de diciembre.

martes, 25 de diciembre de 2012

Puentes navideños

El día de Navidad es un buen día para puentes. ¿Qué tal estos? Son de la ciudad almacén del puerto de Hamburgo, la Speicherstadt, un conjunto de edificios de ladrillo que en su momento fueron una revolución para el almacenaje de mercancias. Construido entre 1885 y 1927, los bombardeos de la II Guerra Mundial lo destruyeron al 50% y posteriormente fue reconstruido. Lo que no hicieron las bombas al cien por cien, casi se encarga de hacerlo la "modernidad" de los años 70, queriendo derribar el complejo para construir otros edificios acordes al estilo de la época. Por suerte la protesta ciudadana fue tal, que no lo consiguieron y desde 1991 es monumento protegido. En 2014 Hamburgo quiere solicitar que los almacenes del puerto sean declarados Patrimonio de la Humanidad. Me encanta pasear por la Speicherstadt, y hoy ha estado fenomenal para el único rato del día en el que ha parado de llover. Por cierto, que acabo de enterarme de que hay 20 puentes allí. Tendré que volver y pasar lista.









lunes, 24 de diciembre de 2012

Esta noche es Nochebuena y mañana se verá

Es Nochebuena y en Navidad lo gordo ya ha pasado. Como se cena pronto, ya hemos hecho la digestión y todo está recogido. Los regalos abiertos. Todos contentos. Desde las dos de la tarde no se oye ni una mosca. Si quieren invadir Alemania, hagánlo a las cinco de la tarde en Nochebuena. Todos están en sus casas, y nadie se entera. Ni Merkel.

La nieve que cayó ayer se ha derretido por completo y ahora llueve. Los que desean Navidades blancas se han llevado un chasco, pero la otra noche hubo un choque en cadena en la autopista con 14 vehículos por el hielo. A esos les habrá encantado el "idilio" blanco, seguro.

De todas formas es raro que en Múnich hayan llegado hoy a 20° C y ayer en la zona de Friburgo estaban también con temperaturas primaverales y no de mercadillos de Navidad. No se han registrado nunca estas temperaturas en estas fechas. Aquí no pasamos de los 8°C, y a mí tras el frío de las últimas semanas me parece casi tropical.

Sea como fuere, el sol brilla por su ausencia en Hamburgo, pues aquí lo del calentamiento global es una quimera, y como ya hemos pasado el solsticio de invierno, al menos los días empezarán a ganar luz día a día, y eso ya es mucho.

Pásenlo bien, donde quiera que estén y con quien estén. Aquí hacemos también lo que podemos.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Pasen la hoja del calendario

Al ver estos días el gentío en el supermercado, en el centro comercial, y hoy en el centro de Hamburgo, estaba claro que lo del fin del mundo no era serio, por muy de fiar que fuesen los aztecas. Simplemente dejaron de contar días para después de hoy, porque ya contaron tanto que estarían seguros que para el 21 de diciembre de 2012, ya no habría mundo, y más con todo lo que lograron ellos con sus medios. Y lo mucho que se lo ha cargado todo la humanidad después.

Pero nuestro calendario sigue; ¡cómo que nos íbamos a perder la Navidad y el consumo sin mesura de estas fechas! En Alemania parece que el fin del mundo fuese cada Nochebuena, tan perfectamente planificada semanas antes, con abundantes regalos bajo el árbol. Los pobres son estos días más pobres aún, rodeados de gente cargada de innumerables bolsas, que contienen dádivas y rollos de papel de regalo. A ellos se les acabó el mundo hace mucho.

Así que como no se acaba el mundo, y ya son más de las once y media, no me libro de cocinar en Nochebuena, ni de pasar esos días de fiesta que cada vez me gustan menos otra vez, tras unos años en los que me reconcilié con ellos. Tampoco me libro entonces de seguir cabreándome porque esta semana la OECD haya proclamado en su estudio que Alemania sigue a la cola en temas de conciliación laboral, que las mujeres ganan en muchos casos menos que los hombres en los mismos puestos, que no hay casi mujeres directivas, que la mayoría trabaja jornadas parciales por falta de infraestructura, que muchas quisieran trabajar más pero no pueden. Otro año más termina con otra "buena nueva" para el avance de las mujeres en Alemania. Además este año, para realizar la hecatombe final, han aprovado el Betreuungsgeld, la ayuda que les darán a las madres que cuiden a sus hijos en casa en vez de llevarlos a la guardería, que entrará en vigor al año que viene.

Metamos el cava en la nevera y brindemos porque estamos vivos, que no es poco. Piensen en esos locos de EE.UU. que siguen pensando que cualquier ciudadano "de bien" tiene derecho a tener armas en casa. Lo malo de que no se acabe el mundo es que termina otro año igual o peor, y ahora sin futuro, como predijeron los aztecas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Malas noticias navideñas

Todos los años me vuelvo a preguntar por qué me meto en ese fregado, pero lo vuelvo a hacer, y hasta gustosa. Es la única costumbre alemana que sigo de las muchas que hay para celebrar con los niños a lo largo del año: los calendarios de Adviento. Y me he pasado casi tres horas de mi mañana, que aseguro que es muy breve, envolviendo paquetitos y colgándolos, escribiendo hojitas, y rellenando botita a botita, paquetito a paquetito, día a día. En fin, una tarea que se repite cada año y que muchas madres alemanas realizan estos días. En algunas tiendas hay mesas o espacios preparados en los que pone "ideas para el calendario de Adviento", como he visto yo en las últimas semanas, tan cuco como es el comercio.

Todo esto empezó a mediados del siglo XIX, en la tradición protestante, como una forma de ir contando los días hasta Nochebuena. Se colgaban dibujos en la pared, o se hacían 24 rayas en la misma, y los niños borraban día a día una. En el siglo XX aparecieron otros más sofisticados, en los que se podía ir pegando dibujitos, día a día, o abriendo ventanitas de las que saldría alguna imagen típica de la Navidad. En los años 50 aparecieron los de chocolate, en los que día a día se abre una ventanita, y sale una chocolatina.

La sofisticación (y consumismo) total es tal es que en los últimos años se envuelven 24 regalos y se cuelgan de algún sitio, o se colocan en bolsitas, o en alguna de las diversas posibilidades que ofrece la fantasía. La emoción es tal que, cuando llega Nochebuena, entristecen los niños (y los no tan niños) porque se acaba el calendario de Adviento, en vez de alegrarse de que llega la Nochebuena, y con ello el regalo gordo, ya que el día que se abre el último regalito es cuando se dan aquí los regalos.

Por eso estos días la conmoción ha sido total cuando la Stiftung Warentest, la organización de los consumidores alemanes financiada con dinero público y que desde los años 60 hace tests sobre artículos de toda índole, desde compresas o pañales a estadios de fútbol, ha analizado 24 calendarios de Adviento de chocolate. El resultado ha sido nefasto: los 24 contenían restos de petróleo que procederían del embalaje en el que se encuentran, de los colores de la caja o envoltorio, y tendrían efecto cancerígeno. Interesante la cifra, 24, y que todos ellos hayan dado un mal resultado, parece simbólico, o con tintes arma letal, teniendo en cuenta que en Alemania se venden cada año 50 millones de calendarios de Adviento de chocolate. A mí la cifra me acaba de quitar el hipo, pues yo no he comprado jamás ninguno, y menos los he consumido. El problema es que el chocolate reposa antes de su distribución y venta, y entonces las sustancias nocivas y cancerígenas, afectan al chocolate. Ayer varias personas en mis clases estaban consternadas por la noticia. Varios fabricantes,  algunos de renombre, han retirado sus calendarios del mercado. Empiezan mal las Navidades.

Entre eso y que no había mula ni buey en el portal de Belén, según ha dicho el Papa recientemente, nos van a aguar las fiestas. Menos mal que Benedicto XVI ha confirmado que la Virgen María era vírgen, que si no...

jueves, 5 de enero de 2012

La ilusión

Me encanta el 5 de enero, desde siempre. En Alemania es un día que pasa sin pena ni gloria, pero en España no. Se respira ilusión en el aire, y no solo en las tiendas y en las arcas de los comerciantes. Para los niños es el día de esperar algo que ansían, y los mayores participamos de esa alegría, dándosela a ellos, o entre nosotros, que también nos gusta dar y recibir, por mucho que digamos. Los magos de Oriente ya han recorrido las calles de las ciudades, y ahora los niños ponen sus zapatos, agua para los camellos, y alguna vianda, para que sigan su viaje repartiendo ilusión. Es la noche más mágica del año y recuerdo no haber pegado ojo en muchas de ellas. Qué ilusión. Me alegra que Papá Noel no haya desterrado a nuestros Reyes, que siguen siendo los reyes del regalo.

No solo es difícil afrontar la competencia de Santa Claus, pero también sobrevivir en épocas de crisis. En Madrid se han suprimido cabalgatas este año para ahorrar, y por eso ha sido un lujo ver una hoy en la junta de distrito de Vicálvaro, una señora cabalgata para ser de un barrio normal. El despliegue de carrozas ha sido muy bonito y trabajado, y hemos cumplido con la rutina del día 5 de enero, sin pasar por el suplicio de la cabalgata del centro de Madrid, que es la más impresionante, pero que se ve mejor en televisión.

Tras comer un trozo de roscón, que será el rey mañana en todos los desayunos, y la consabida discusión de si está más rico con o sin nata (para mí "sin", por supuesto, como la tortilla sin cebolla), los reyes repartirán ilusión esta noche. Falta nos hace, en un momento de desilusión y desencanto. No se nota en las tiendas del Barrio de Salamanca, pero sí en las conversaciones de la gente y en las malas noticias que leemos u oímos diariamente. No solo la crisis ha hecho mella, sino los muchísimos casos de corrupción le han robado la ilusión a la gente. La impresión es que aquí el que puede se enriquece robando, y encima sale impune en muchos casos. Yo le pido a los Reyes que se lleven la desilusión y que los chorizos y corruptos sean desenmascarados para siempre, y que nos creamos de una vez que se pueden hacer bien las cosas, pero no porque sea una ilusión sino porque los responsables así lo hagan.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Fin de año

Solazo en Madrid para terminar el año. Hace frío pero el sol compensa y la luz es vida. Semana turística en mi tierra, porque ahora que mis hijas crecen tienen que conocer bien su segunda tierra, que aunque no lo sea de nacimiento sí que de identidad. Madrid en invierno es muy distinto a Hamburgo en estas semanas. El cielo sigue siendo de un azul infinito, y el sol tiene fuerza, en invierno también, tanta, que apetece salir y entrar igual, no como en otras latitudes, en las que salimos pero porque hay que hacerlo. Todo el mundo habla de crisis, pero en muchos lugares no se nota. O será porque los mismos de seimpre no la tienen, y los que la tienen se dicen que ahora es Navidad, y que ya vendrá la cuesta de enero. Y mientras tanto la gente gasta, regala, come como nunca, y enero dirá.

La Navidad madrileña tiene sus clásicos también, como Cortilanda, los belenes por muchos sitios, el mercado de artesanía de Plaza de España, y la luces en tantas calles. La globalización se hace notar en las muchas pistas de patinaje, pero en las que se ve la organización española. Echan a una marabunta de críos y los márgenes de tiempo para patinar son más elásticos de lo que has pagado, pues la media hora, se convierte en casi una hora. En Alemania darían a una cantidad de críos patines naranjas y a otros azules para delimitar el tiempo y que no patine nadie ni un minuto de más. Me llama la atención toda la semana la cantidad de gente que haz por todas partes, y que todos parezcamos hacer lo mismo. Cuando llegas al Vips a comer con tus hijos, y ves la cola que hay y el escándalo dentro, te das cuenta que de original tienes poco, y que estas actividades de relajo para toda la familia son más un agotamiento colectivo. Pero algo hay que hacer.

¿Qué tal una excursión a Segovia? Qué bonito el acueducto, y qué bien puestas las piedras desde hace 2000 años, pues ahí sigue. Seguramente los romanos cuando lo construyeron sabían que a finales del 2011 montones de turistas estaríamos haciendo fotos a sus pies. Había montones de turistas extranjeros por toda la ciudad, las calles, las plazas, el Alcázar. El Palacio de la Granja estaba impresionante con la luz invernal, y en tiempos de crisis ese palacio, por mucho que lleve siglos ahí, parece un despropósito aún mayor. Los tapices bien valen una visita, y yo no los recordaba. Los jardines sí, y sus fuentes. Y ahí sigue todo, aunque el acueducto tiene más mérito, pues con oro casi todo se compra.

No la nieve, pues no hay nada en la sierra, y la minipista con nieve artificial es otro despropósito. El frío era de nieve, pero estaba todo vacío, pues de haber nevado, ayer hubiesen colgado el cartel de "lleno" en el Puerto de Navacerrada, y sin embargo subimos en las telesillas vacías.

Y como no haz nieve, hay que ocupar las ciudades. Madrid también está lleno de turistas guiris, como nosotros, y muchos se comerán las uvas en plena Puerta del Sol, como yo lo haría si fuese una turista en regla. Pero yo soy de esta tierra, por lo que las comeré con los míos. Curiosas estas costumbres de fin de año. Lo de las uvas tiene su gracia, no se crean que no. A los alemanes les divierte que entremos al año nuevo masticando y deseando feliz año nuevo con la boca llena. Ellos se comen sus Berliner, unos bollos típicos, pero no con campanadas, sino a lo largo de la noche; los holandeses sus oliebollen, otros bollos, pero también a lo largo del día. Pero todos haremos algo común, cerrar un año que en general no ha sido muy bueno para la mayoría y entrar en otro que esperamos que sea mejor. Y eso justo les deseo a todos: que sea (aún) mejor, ¡por favor, 2012!

domingo, 25 de diciembre de 2011

Lo que me pido

Curioso. Es la primera vez que he abierto esta plantilla y se me ha quedado la mente en blanco. Como en realidad quería despedirme por unos días, tampoco pasa nada si hoy no analizo ni el discurso del Rey, ni el del Presidente alemán, teniendo ambos tanto que explicar y que han hecho solo alusiones a sus asuntillos. Tampoco he comentado esta semana sobre el nuevo gobierno español, y al que echaré un vistacillo más de cerca a partir de mañana lunes; ni he dicho que ya está claro por qué Soraya Sáez de Santamaría ha renunciado a su baja maternal: pudiéndose ocupar de todo el servicio secreto, como para ocuparse cuatro meses de su hijo a tiempo completo. No he hecho mención a que estas Navidades no ha nevado en Hamburgo, tras las dos pasadas en las que estuvimos congelados. A mí me parece bien así, Navidad a 10°C, pues no soy avariciosa en cuanto a temperaturas bajas, pero sé que a muchos se les ha aguado su idilio navideño. Tampoco voy a relatar detenidamente que ayer se murió Johannes Heesters, un actor y cantante holandés afincado en Alemania, que eligió Nochebuena para morirse a sus 108 años, y que era una figura controvertida por haber actuado y hecho carrera en la época de los nazis, y que ha seguido actuando hasta hace bien poquito.

No, tan solo relato que me he pasado el día de Navidad haciendo maletas, y que la Navidad además de ser la fiesta de la paz y del amor, son los días en los que las madres no podemos ni con el pelo, o yo al menos, pues no me gusta generalizar. Yo he llegado agotada, y sigo agotada, y ahora cambio de aires unos días, yendo a mi pueblo, a Madrid. Como estas navidades las he observado aquí con lupa, ahora haré lo mismo con las de España. Mis alumnos me preguntaron que si me tocase la lotería, que si volvería a mis clases. Les dije que sí, que no lo dudasen. Encima no me ha tocado, por lo que tampoco me lo tengo que plantear. Así que volveré tras revivir el día de Reyes, que es mi favorito de toda la Navidad española. Yo me conformo con volver descansada y llena de ideas. Más no le pido a los Reyes Magos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Hay lo menos 1001 formas de pasar las Navidades, pero cada uno tendrá la suya: su menú, sus costumbres y sus ritos. Mi hija pequeña no hace más que decirme que hagamos todo "como todos los años", la misma hora de cenar, todo, no sea que no sea lo mismo, y se nos fastidien las fiestas. Porque la Navidad es eso. Por eso nos gusta volver a nuestros orígenes esos días, por eso celebramos con nuestros padres, como antaño, por eso repetimos los mismos ritos un año y otro.

En Alemania empiezan a silenciar las calles, pues se comienza a celebrar a las dos o tres de la tarde. Como los horarios de comida aquí son flexibles, unos cenarán a las cinco, otros a las ocho, y los regalos serán lo más importante del día, junto con el árbol, que hasta hoy no lo ponen y decoran. A sus pies la familia, reparte los regalos. Hay varias películas clásicas de la Navidad que la televisión repite año tras año y que yo veré ahora con mis hijas, para sentir que hoy es Nochebuena. La obligatoria es una versión algo diferente de Cenicienta, llamada "Tres avellanas para Cenicienta", Drei Haselnüsse für Aschenbrödel, una versión checa de 1973 que es todo un clásico en Navidad. La veremos ahora, y en cuanto termine, abriremos los regalos. Hoy se terminó el calendario de Adviento, algo que apena a los niños pues se acaba la fiesta al llegar el día, algo extraño en la Navidad alemana, pero hoy darán grandes saltos de emoción, más aún.

La Navidad es esa fiesta de paz y amor y consumo. Hasta ayer me siguieron llegando correos de publicidad de que todavía estaba a tiempo de pedir un vale en Amazon, o sitios así. Anteriormente me llegaron a diario montones de correos diciéndome que hasta hoy puede usted hacer un pedido y llegará todo a tiempo para Nochebuena. El niño alemán medio recibe hasta 250 € en regalos, he visto en varios sitios, y estoy escandalizada. Eso significa que muchos reciben más y muchos ni llegarán . Vivimos en una época en la que sabemos el precio de todo pero no del valor de las cosas. Yo empiezo a pensar que el mejor regalo es el tiempo: hacer cosas con tus hijos. Lo material se les olvidará más adelante, pero las vivencias juntos no. Ayer yo, con todo lo que tenía que hacer, en uno de esos días en los que cuando te levantas dices: "por dónde empiezo" y sin embargo cuando salieron mis hijas del colegio, hicimos unos cuantos recados, para luego ir a patinar sobre hielo, como les prometí el otro día en uno de esos momentos en los que dices cosas sin pensar en todo lo que tendrás que hacer. Pero ayer me dio igual, y pensé que en unos años no me acordaré de si estaba la casa sucia o no y la ropa sin planchar, pero que recordaré siempre que el día antes de Nochebuena las llevé patinar. La rutina no nos llena la vida, ni el estrés, ni las carreras, ni el no llegar. Sino los momentos importantes, ya sean jugar al parchís, o ver una película. Por cierto, ya ha empezado y tengo que dejarles. Que pasen una buena noche, desde donde quiera que me lean, y que se reserven unos minutos de tranquilidad para sí mismos y los suyos. Feliz Navidad a todos y un abrazo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El perfecto brebaje navideño

Como muchos me vienen preguntando (extrañados) sobre el vino caliente tan típico en Alemania en esta época del año, y me acaba de caer en las manos la receta perfecta para hacerlo, según la descripción, la tecleo aquí de inmediato, para que no se me pierda, y así, mis seguidores, podrán hacerse una idea de a qué puede saber ese brebaje, o mejor aún, realizarlo ellos mismos, y dejarse llevar por los sabores del norte de Europa en estas fechas. Los escandinavos beben bebidas parecidas, y la globalización está llevando Glühwein por el mundo a través de los supermercados descuento alemanes. Pero yo no me fiaría y lo haría yo misma, algo que no he hecho jamás, pero ahora tengo la receta y la exporto al mundo:

En una cacerola poner
0,7 litros de vino tino (atención, pone en la receta que uno que se bebería uno también, que no sea demasiado peleón, no hace falta que sea un Ribera del Duero, pero ya me entienden...),
tres clavos,
canela en rama,
anis estrellado
y un par de granos de pimienta.
Calentar con cuidado porque el Glühwein no puede cocer, ya que se evaporaría el alcohol (y eso no se puede permitir) y las especias cambiarían su sabor.
Cortar un limón y una naraja en rodajas (que sean bio; lo pone en la receta y eso es importante), echar,
y dejar reposar 10 minutos. [Luego se sirve sin naraja o limón o ninguna especia]
Al que le guste más dulce, puede echar algo de azúcar. 
Prost!

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Preguntas navideñas

A las ocho de la mañana he luchado por un aparcamiento en el mercado, que estaba ya a tope y montones de coches daban vueltas, como yo, buscando uno. Cuando me fui, a las nueve y pico, había hasta caravana en los alrededores. Colas y más colas, salvo en el puesto del pescado, lo menos consumido aquí estas fechas. La gente se decanta más por pavos y gansos, el menú estrella. Mujeres con listas inmensas comentando que ya habían puesto unas cuantas bolsas en el coche, y que iban a por la segunda ronda. Los comerciantes más sonrientes que nunca. Y algún espontáneo como yo, que decide mientras compra el menú navideño, al tuntún, y sabiendo que me olvido de algo más que seguro.

Todos los años me ocurre lo mismo: días antes me planteo probar algo nuevo, como hacer un ganso por primera vez, por ejemplo, o un pavo relleno de algo. Pero pienso en mis hijas y en la posibilidad de estar trabajando horas en la cocina, para que luego me digan que por qué no he hecho lo de todos los años, el corderito, que es algo seguro. Ayer lo estuvimos hablando, y más o menos me dieron a entender que no me complique: "ah, entonces unos macarrones con tomate y punto", y no se crean que dijeron que no. Pero volvieron a insistir en que haga cordero, que es tradición... Cuando me vienen con las tradiciones, me convencen, no sea que se vayan a aguar las fiestas por saltarnos una costumbre fija, pero siempre me queda la impresión de que comemos lo mismo. Si al rollo del "qué comemos hoy" le sumamos el "qué cenamos en Nochebuena", termino por envidiar a la gente llena de ideas que es capaz de hacer algo distinto cada año. Anoche estuve hojeando alguna revista y libros de cocina. ¿Por qué mi mesa nunca parece como la de las revistas, tan elegantes y perfectas? ¿Por qué mis menús no parecen tan exquisitos? Nos venden por todas partes unas Navidades tan perfectas, con gente engalanada para estar en casa, y mesas tan maravillosas, tanto en películas como en prensa, que todo lo demás parecerán intentos

El qué regalar es otra pregunta peliaguda. El menor problema son los críos, que tienen listas interminables, pero a los que además tendrás que convencer de que todo no va a ser posible. Lo peor es quebrarte la cabeza para gente que lo tiene todo, y yo lo odio. En casos así me sale el sentido práctico: o vales o cosas para comer. El resto son tonterías. Pero la gente compra y compra estos días, como si les fuese en ello la vida. Las tiendas se desbordan estos días, pero el martes, tras los festivos (en Alemania el 26 también es fiesta), las tiendas se vendrán abajo otra vez con gente cambiando regalos, o con los que recibieron vales o dinero, para comprarse lo ansiado. Y ya puestos a quebrarse la cabeza, en la radio, mientras buscaba aparcamiento en el mercado, iba oyendo los consejos para empaquetar los regalos de manera espectacular, con referencias a videos en internet. Por si no fuera suficiente romperte la cabeza sobre el contenido, solo faltaba que te la rompas por el empaquetamiento. Todo show.

Así que voy respondiendo todas estas preguntas a mi manera, tratantado de contentar a todos, pero poniendo mi toque "tradicional", es decir, dándole ese puntito de improvisación que no va nada con el carácter de aquí. Así, en el mercado, recordé una receta que vi anoche, y sin recordar para nada las cantidades, ni todos los ingredientes, he comprado queso de roquefort, que con manzanas y peras, al horno, me servirán para hacer un primer plato nuevo, y allá quien no lo coma, yo al menos me sentiré rompedora y una estrella.

sábado, 17 de diciembre de 2011

El más nuevo

Seguimos de mercados. Este año me falta ir con boli y bloc de notas, pero me llevo la información en la mente. Estoy realizando un estudio de campo de todos los mercados de Hamburgo, y probando los vinitos calientes de unos y otros. Aunque no son los vinitos lo más importante, el de hoy diría que se llevó la palma, o a lo mejor es que yo estaba especialmente helada viendo patinar sobre hielo a mis hijas. La pequeña lo hizo por primera vez, y consiguió aprender. No se parece a su intrépida madre, pero en los últimos años supe de dos mujeres que se rompieron la muñeca un par de días antes de Navidad patinando, y no quiero improvisar algo así estos días y jorobarme la Navidad.

Pero volvamos a los mercadillos. Hoy le ha tocado al más nuevo, el de la HafenCity. En su segunda edición, debe seguir siendo muy desconocido, pues para ser sábado tarde estaba bastante vacío. Se encuentra en uno de los últimos vecindarios construidos en la propia HafenCity, donde todo es nuevo, pero siempre existe la "parte (más) nueva". El mercado de Navidad es básico: un puesto de salchichas, uno de vinito caliente, uno de dulces, uno de sombreros, uno de tapas, un tiovivo y ya está. Pero lo mejor de todo es la pista para patinar sobre hielo, que, dada la falta de gente, han tenido mis hijas para ellas solas casi todo el tiempo. El mercado, como anuncia la página web de la HafenCity, está a 800 m del ayuntamiento, y sin embargo parece quedar muy lejos del mundo. En comparación del gentío del mercadillo de aquél, el de la HafenCity parece íntimo. Resulta minimalista, como el barrio, al que aunque esté quedando precioso le falta vida. Pero se agradece ver un mercado de Navidad en plan tranquilo y sin el gentío del centro. Cabe esperar si irá ganando vida en los próximos años, o se queda así siempre, con el estilo del barrio tan perfecto y reluciente.
Y de camino al coche, descubrí este puente, que lleva ahí mucho tiempo, aunque supongo que menos que los antiguos almacenes del puerto, que se construyeron hace más de cien años. Es un puente que uniría lo nuevo y lo viejo, que se dan la mano aquí como en ningún lugar de la ciudad: en una acera está la Speicherstadt, los antiguos almacenes del puerto que siguen usándose, y en la de enfrente la HafenCity y todo lo nuevo, al ladito, tan cerca pero tan lejos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

La Navidad de Hamburgo en imágenes

Este año veo Navidad por todas partes, y quizá más aún porque además me toca explicar en mis clases cómo se celebra en España, y el contraste no puede ser más obvio. Éste es el mercado de la plaza del Ayuntamiento, el más tradicional y bonito. Es preferible ir de día, porque de noche, cuando está todo iluminado, no se puede andar. Pero los mercados navideños, como hemos sabido estos días, son un lugar peligroso, no vayan a creerse. Concretamente en Berlín hay 10 personas que han sido envenadas por alguien que les ofreció alcohol para brindar con él por el nacimiento de su bebé. Por muy desconocido que fuese el tipo, brindaron con él por ese bebé ficticio, y ya van 10 personas que han terminado en el hospital. Y hoy en Lüneburg, una ciudad muy bonita al sur de Hamburgo, una dependienta del puesto del vinito caliente ha sufrido quemaduras serias, al estar haciendo una Feuerzangenbowle, una especie de queimada. Así que entre tanta luz y fiesta vivimos peligrosamente, no cabe duda. Pero las imágenes son no perjudiciales para la salud. Sigo animando a venir a Alemania en esta época del año, para mí la más bonita para venir en tropel.

El trenecito circula sobre los puestos y las cabezas de los visitantes
El mercado de la Fleetinsel, entre canales.

Cada vez hay más luces, me da la impresión. Éstas no las recuerdo de otros años, o no me fijé.
Este es un centro comercial relativamente nuevo en pleno centro, el Europa Passage. Desde luego que no hay sensación de crisis.
El Alster, el lago de Hamburgo, en todo su esplendor invernal.
Y el mercado más irreverente de la ciudad, el de Santa Pauli, en plena milla del pecado. Éste es uno de los puestos de juguetitos eróticos.

domingo, 11 de diciembre de 2011

El mercado con chispa

No es habitual en mí desaparecer seis días, que tampoco son tantos, de mi blog, sin dejar dicho que lo voy a hacer, como tampoco lo es no escribir "tantos" días cuando no aviso. No me he ido a ninguna parte y mi rutina ha sido más rutinaria que nunca, tanto, que digamos que he tenido la mente en blanco, sin ideas. Se me desvanecieron todas y los muchos temas que tengo siempre en la cabeza, y los borradores de entradas que tengo preparados a medio escribir me parecieron inexistentes. Este fin de semana me he vuelto a encontrar en los mercados de Navidad, que este año estoy estudiando con lupa, y que me hacen más gracia que nunca. Porque he tardado 21 años en darme cuenta de que ésta es la época más bonita del año en Alemania, pues a pesar del frío, salimos y entramos, y disfrutamos de olores, colores, sabores, y nos dejamos llevar por todo eso y más.

De todos los mercadillos, de los que comentaré más, relato la visita al más interesante. Anoche estuve en el más irreverente de la ciudad, el llamado Santa Pauli, por estar en el barrio más gamberro y juerguista de la ciudad, en St. Pauli. El mercadillo ofrece lo que todos: las salchichas, los Schmalzkuchen, una especie de buñuelos pequeñitos con azucar glas, las almendras parecidas a las garrapiñadas, el Glühwein, el vino caliente con especias. Pero pero... teniendo en cuenta que nos encontramos en St. Pauli, algo ha de ser distinto a los demás mercadillos de la ciudad, y lo es. Para empezar cierran más tarde que los otros, más tarde de la una de la mañana, y la oferta de algunos puestos es la típica de la zona. Concretamente había dos de juguetitos eróticos: uno con consoladores, bolas chinas, y más objetos sobre cuyo uso yo hubiese tenido que informarme; y el otro con lo mismo, pero de artesanía. Había un "artesano" de la madera realizando en vivo consoladores de madera de abeto, barnizada después con acabados de diferentes colores, y eran muy bonitos, la verdad sea dicha, y la curiosidad de la gente mucha. Y la carpa de detrás del escenario anunciaba un striptease gratuito, para mayores de 18 años. Por si la gente esperase algún timo, tenían puesta a la entrada la lista de precios de las bebidas, y como eran civilizados, había cola para entrar. Cuando entramos, el espectáculo estaba en marcha: dos chicas en el escenario, que habían cogido a una víctima del público, se estaban desnudando a su lado y le terminaron por meter cubitos en el pantalón. A mí todo esto me lo relataron, pues no veía nada, como suele ocurrirme en todo lo que se presencie de pie en este país, ya sea la comunión de mi hija, o un striptease, la desventaja de ser más baja que la media. Luego vi un baile sobre la barra del bar, que me hizo pensar, como hice otra vez en una sala de table dance, que a los striptease en Alemania les falta chispa; definitivamente les falta algo de gracia. Las de anoche tenían disculpa, pues ante tanta masa dispuesta solo a pagar 2.50 € por un agua mineral o una coca cola, tampoco tienen que sonreír más de la cuenta. Pero fue divertida la experiencia en este mercadillo navideño que ya conocía, pero que inspeccioné más que otras veces. Que no espere nadie fotos del show (ponían que prohibido fotografiar, además), pero mañana, ahora que me he encontrado por los mercadillos navideños, comiendo todo lo arriba mencionado más una buena salchicha anoche, entre puestos de consoladores ecológicos, seguiré con mis reportajes, no solo navideños, aunque parezca que es lo único que me sale últimamente. A lo mejor me falta la chispa, como a las de anoche, pero creo que este fin de semana la he recobrado.

martes, 6 de diciembre de 2011

Nikolaus - Sinterklaas - Papá Noel

En Alemania no se celebra el día de la constitución, ni hoy ni en todo el año, pero menos sería aún, de celebrarse, en estas fechas, en las que solo nos gustan los temas navideños. Hoy es San Nicolás, el Nikolaus alemán, el día que recuerda a San Nicolás de Bari en el que fue el día de su muerte. Era un obispo turco declarado santo por haber ayudado sobre todo a niños y por cuyo "encargo" los padres llenan cada 6 de diciembre las botas de sus hijos de chocolates, nueces, mandarinas y, hoy día, algún que otro regalito más jugoso. Los niños alemanes pusieron sus botas anoche listas para recoger el botín nada más levantarse hoy, y a juzgar por lo que me cuentan mis hijas, algunos exageran con los regalos. Mi hija contaba que a una niña de tercero le han traído una Wii, pues en el cole han intercambiado información, algo imprescindible. Hoy día es normal meter algún regalito más: un libro, un CD, unas pinturas, o algo por el estilo, y yo considero que 15 € por regalo, como mucho, son más que suficientes, al no ser ni festivo y no ser todavía Nochebuena, que vendrá con las dádivas navideñas grandes. Me pregunto qué les traerá el Christkind, o Niño Jesús, y/o el Papá Noel en Nochebuena a esos niños que en un día laborable normal, antes de irse al cole, reciben una Wii por no conformarse el Nikolaus de hoy con dejar chocolates y mandarinas.

Pero lo del Nikolaus es un jaleo, ya que si cambiamos de países, la confusión es total. Al parecer, antes, los regalos se daban el día 6 de diciembre, como sigue siendo la tradición en Holanda, en la noche anterior al día de San Nicolás, pero la reforma protestante cambió el día, y solo quedan esos vestigios en Holanda, y lo de llenar las botas en el día de hoy en Alemania. En Holanda, los regalos gordos se dan en Sinterklaas, que fue ayer por la tarde, y en Navidad no se regalan nada. Así que cada uno hace lo que quiere, y lo de los Reyes, que a mí me parece muy lógico, le choca aquí a la gente, como si fuesen más lógicos estos otros personajes que llenan botas, o el Sinterklaas, que en teoría vive en España, ojo al dato, y que va acompañado de su ayudante negrito, el Zwarte Piet, y llega en barco a Amsterdam unas dos semanas antes y sigue su labor cabalgando su caballo blanco. Curiosas todas estas tradiciones. Los holandeses, además de unas galletitas redondas pequeñas, se comen estos días letras de chocolate gigantes con la letra inicial del nombre, estando los que tienen un nombre que comienza por I claramente perjudicados frente a los que reciben una M. Pero acabo de ver que los fabricantes ha solucionado esta injusticia haciendo la I más gorda y a la M más flaca y el peso sale igual. Así que la discriminación se queda para los que el Nikolaus les trae o una Wii o un CD y unos rotuladores como les he metido yo a una y a otra de mis hijas (una cosa a cada una). Porque las tradiciones están muy bien, y está bien cuidarlas en el país donde vives, pero a colación de esto se me viene la escena a la mente de la maravillosa película Almanya, en la que los niños turcos tratan de que sus padres celebren la Navidad como sus amigos alemanes. Los padres no saben, y ponen un árbol escuchimizado. A mí el Nikolaus me pilla todos los años por sorpresa, y más cuando a la puerta de casa aparecen para mis hijas regalos que colocan los vecinos y yo nunca pongo nada para ellos. Hoy me ha vuelto a pasar.

Pero es que me lío con tanto Nicolás o figuras que traen regalos. El Papá Noel como se conoce en la actualidad no fue más que una de las primeras ocasiones en las que se globalizó el mundo: el anuncio de Coca Cola convirtió al santo Nicolás, el del día de hoy y no a otro, en esa figura vestida de rojo como la conocemos desde entonces. Solo cabe temer que Halloween y sus monstruos acaben por desterrar todas estas tradiciones, que precisamente por lo variadas que son, resultan tan interesantes. Pero en estas cosas, salvo con sumar fiestas que importamos, no desterramos a los personajes que conocemos de toda la vida. Mejor incluimos a otros cuantos más y así sacamos más tajada. A todo esto añado que mis hijas, de doble nacionalidad, y la holandesa, la paterna, por añadidura, suman y añaden tradiciones por donde quiera que vayan, y este mes resulta pero que muy jugoso...

sábado, 3 de diciembre de 2011

La auténtica Navidad

Al final entiendo de qué va esto. Estamos todos hasta arriba de trabajo y cosas que hacer, y la navidad y todo este ceremonial de aquí nos sirve para recuperar cada año sensaciones conocidas mientras nos sentimos máquinas rutinarias. Mis hijas abren sus calendarios de Adviento, día a día, y se levantan con una alegría inusitada en el madrugar habitual, saltan de la cama como cohetes y abren el paquetito o botita correspondiente. No hay niño que no tenga uno, me dicen, y en clase comentan lo que les ha salido esa mañana. Yo llevo días queriendo escribir de temas "serios", pero me lo impiden tanta luz y Navidad anticipada, que copa mi atención en los momentos en los que me detengo a observar. En la línea de lo que escribí aquí el otro día del Adviento, y de los muchos términos navideños que llevan esa palabra, en mis clases he hablado de esto estos días. Les pregunté que si tuviesen que explicarle a un español que de qué va el Adviento en Alemania, que qué le dirían, y salieron las palabras que yo escribí en mi diccionario de Adviento, para al final, con la pizarra llena de las traducciones de estos términos, decirles que no hay nada de eso en España. Me miraron con compasión, y hasta exclamaron "pobres". Pero como les dije que no nos importa, porque de esa manera nos quitamos el estrés mental que tienen aquí todos, y que lo bueno es si somos capaces de disfrutar de lo que nos ofrece este mes aquí, sin llenarnos el calendario como hace la gente.

Por eso quería iniciar una serie de posts este mes sobre los mercadillos de Hamburgo y con más pistas para disfrutar de Alemania en una de las mejores épocas del año para visitarla. Precisamente porque hoy día el mundo se parece cada vez más, cabe más que nunca disfrutar de lo auténtico de cada país, y Alemania se presenta en estos días de oscuridad y de pocas horas de luz en su cara más alegre, colorida y amable. Merece la pena visitar cualquier parte del país, y darse un paseo por cualquiera de los mercados navideños a lo largo de la geografía. Cada vez tengo más claro que aquí la Navidad tiene lugar durante todo este mes, y los tres días de celebraciones navideñas, el 24, 25 y 26, son mera anécdota, pues se vive mucho más las semanas de antes.

Ayer me enteré de que en Gengenbach, en la Selva Negra, ponen el calendario de Adviento más grande del mundo. El evento atrae a visitantes de todo el mundo. El ayuntamiento va abriendo cada día una de las 24 ventanas de su fachada, hasta completar el espectáculo el día 24:  
Cada año el tema es diferente, y obras de conocidos artistas han aparecido en las ventanitas, entre otros Marc Chagall y Tomi. Creo que ése lugar me lo apunto para el futuro, y aquí queda constancia de ello.