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lunes, 27 de mayo de 2013

A pan y agua por el mundo

Muchos días cuando mandas a tu hijo al cole en Alemania, no sabes lo que te vas a encontrar a la salida, ni cómo te lo van a devolver. Yo he tenido y tengo hoy a mis hijas por el mundo. Una anda en la isla de Sylt, desde el sábado, con la clase, y con la que está cayendo. Estamos en invierno en mayo, pues no pasamos de 12°C y llueve y llueve. Va a volver desesperada, pues siempre que ha ido a esa isla del Mar del Norte ha vuelto así, helada y echando pestes de que a todos les parezca tan divertido ir a pasar frío. A la otra me la han mandado hoy por Hamburgo, a una excursión en grupos en el metro, donde la tarea era ir en metro en sí e ir respondiendo preguntas y realizando actividades. Se trata de preparar a los críos de cuarto de primaria para el cambio al instituto, pues en muchos casos irán ya en transporte público solos, con 10 años. En el papel que nos dieron hace unos días ponía que no llegarían antes de las dos al colegio o incluso a las tres. A mí me pareció algo raro tanto tiempo, pero yo acato lo que me dicen, que ya llevo muchos años así. Pues a las doce y diez me ha llamado mi hija toda indignada, para decirme que ya estaban en clase, y que aguantarían hasta la una, pero que luego la recogiese. Lo curioso es que cuando me ha narrado todo al teléfono, muy cabreada, lo ha hecho en español, y muy bien dicho todo. He colgado el teléfono toda contenta de que el español sea su lengua para los rebotes, pues me ha relatado con todo detalle que qué mal pensado estaba todo, y que si se pensaban de verdad que iban a tardar tanto. Así que yo contenta por lo bien que desportrica en español, pero sobre todo porque ha vuelto sana y salva a casa, pues miedo me daba a mí que se perdiesen por el metro de Hamburgo. Y la otra volverá luego, jurando en arameo, es decir, en español también.

Hace un par de días leí que ya habían caído en mi barrio 121 litros por metro cuadrado y que es el mes de mayo más frío y húmedo registrado hasta ahora, por lo que confirmé mis sospechas de nuevo. Ese mismo día leí también que nos recomiendan gastar más agua. Que con todo lo que llueve en Hamburgo, que no es ecológico ahorrar, dicen. Y ya ví hace tiempo en la tele un reportaje en el que decían lo mismo. Que el nivel del agua está de esta manera siempre demasiado alto, lo cual no es ecológico aparte de que más consumo de agua, dicen, que bajaría el precio medio del servicio. Pero a ver quién es el guapo que comienza a gastar más. De momento seguro que subiría la factura un montón, y yo no voy a ser la que cambie de hábitos. Más bien me pregunto que por qué no bajan el precio del agua a priori y así todo el mundo se anima más a consumir más agua por el mismo dinero. Es que no entiendo nada.

Justo ahora me entra un sms de mi hija, que viene ya en el tren de camino. Que por favor le tenga comida preparada, que viene con hambre. Yo me voy a trabajar, pero ya supuse que volvería así, y ya le había dejado comida en la nevera... Pero releo y veo que me lo ha escrito en alemán. Voy a tener que establecer más normas. En esta casa la comida se pide en español. Ya que con el tiempo no puedo ni con el sistema escolar tampoco, a la cocinera se le habla en su idioma.

lunes, 20 de mayo de 2013

Las diferencias entre una madre alemana y una española

Terminamos un fin de semana largo, pues hoy ha sido jornada festiva en Alemania, Pentecostés. El tiempo no ha acompañado nada de nada, pero algo había que hacer, y una amiga española y yo hemos llevado a nuestros hijos a un bosque, a que escalasen en un recorrido que hay entre los árboles, y que parecía, por la frondosidad del bosque, digno del Amazonas. De camino, el hijo de mi amiga resumió claramente las diferencias entre las madres españolas y alemanas. Nosotras estaríamos todo asustadas mientras los críos escalaban enganchados a cuerdas. Cuidado. Ágarrate bien. No te sueltes. Ay, qué alto está. No te caigas. Y una madre alemana diría. Bien. Sigue. Qué bien lo haces. Venga, que no va a pasar nada. Adelante. Estoy muy orgullosa de ti. Y de producirse un accidente, la alemana diría: Venga, levántate y sigue, que no pasa nada. Esto curte. Y la española: ¿Ves? Te lo dije. Sabía que esto iba a pasar. Mira que te lo tengo dicho. ¿A que te doy encima?

Mi amiga y yo nos hemos desternillado de risa, pero razón no le faltaba al muchacho, y mis hijas se reían diciendo que sí, que es cierto, que así somos las españolas. Luego oímos la descripción tras ponerse las cuerdas y arneses de lo que tenían que hacer y lo que no debían hacer durante el circuito sobre redes, troncos, rampas, y todo esto a muchos metros sobre el suelo, y cuando oímos lo que podía pasar con las manos si las metiesen en tal agujero, y tal y tal, nos pusimos en guardia las españolas, y yo casi preferí no escuchar más.

Por suerte no ha ocurrido nada, y todo se ha quedado en risas sobre las diferencias culturales. Pero para eso nosotras nos desvivimos porque coman al mediodía algo caliente, o no les mandamos a las siete y media de la mañana solos siendo bien pequeñitos por la calle o el metro. Ni los dejamos solos siendo demasiado pequeños.

Yo solo sé que mis hijas, la semana pasada, tras no haberme tenido un fin de semana, al volver me pusieron un menú para toda la semana: un día cocido, otro tortilla de patata, otro croquetas. Alguna ventaja tenían que tener, aunque seamos unas histéricas que ven peligros por todos lados...

miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Derechos o torcidos?

Sigo de vacaciones, pero más liada que nunca. Vacaciones en casa con críos no son nunca tales. Estos días están dando para todo, hasta para entrevistas en la radio. No a mí, por suerte, pues no estoy yo ahora para hacer declaraciones de ningún tipo, sino a mi hija. El profe la propuso a ella y a otros dos chicos de la clase para ir a la radio a una entrevista. Como yo soy la madre de la estrella mediática, ejercí de Pantoja y para allá que nos fuimos el lunes. Yo estuve presente durante la entrevista. El tema eran los derechos de los niños y si deben estar incluidos en la constitución de manera explícita y no entre los de todo el mundo. Mi hija le vino a decir a la entrevistadora que ella piensa que aquí en Alemania los niños no tienen problemas y que muy bien si incluyen los derechos en el papel, pero que eso tampoco cambia nada, y que hay que respetar a los niños y a todo ser viviente, aunque no lo ponga en la constitución. Que le pregunten a los niños que trabajan en las fábricas en Bangladesh sobre sus derechos... me dijo ella después.

Aquí los niños tienen otros derechos, como tener los dientes perfectos. Las generaciones de niños de los últimos años no tendrán los dientes torcidos como los de la mía. Entonces nadie llevaba brackets, y hoy todos los llevan. Aunque si me descuido a mí me planta uno el "ortopeda de la mandíbula" como llaman aquí a los del gremio. El susodicho le explicaba a mi hija hace un par de semanas lo que pasaría si no se pusiera el aparato. Y yo mostré mis dientes de abajo. Y entonces me dijo: "eso se lo arreglo yo con un aparato". Le contesté que yo tengo ahora otros problemas... 

Desde ayer mi hija lleva el aparato, y no sé si va a ser mejor el remedio que la enfermedad. Ella, que tiene muy claro cuáles son los derechos de la humanidad, odia ahora a los que le han puesto el aparato: si llega a saber lo que duele y lo mal que lo ha pasado los primeros dos días, y lo que le quede, no se lo pone, asegura. Se siente engañada o desinformada y se queja de que le hayan explicado con pelos y señales todo lo concerniente a los aparatos dentales pero nada de los dolores y de que ahora, salvo cosas blandas, no puede comer nada.

Yo me pregunto por los derechos de las madres, que nos tragamos todo en silencio. Por eso no he ni escrito estos días. Nuestros derechos tampoco están reflejados en la constitución, y el día de la madre lo inventó el comercio, pero la lucha diaria no está reflejada en ninguna parte. Ni siquiera en blogs a veces.




viernes, 22 de marzo de 2013

Los jueves

[Anoche, por caprichos de la Telekom, que me dejó sin internet, no pude publicar esto, y por eso lo hago ahora, viernes.]

Mi hija pequeña, con una de sus filosofías de las siete y cuarto de la mañana que me dejan siempre patidifusa, me ha dicho que considera los jueves completamente superfluos, que el jueves es un día tonto entre el miércoles y el viernes. Estas cosas tan ocurrentes tengo que anotarlas, me digo siempre, y por eso lo cuento en este medio, para que no se me olviden.

El caso es que cuando la recogí a la una del colegio, salió desbordante y toda emocionada por lo que habían hecho. Habían jugado al baloncesto en sillas de ruedas. A mí me sorprenden las cosas que hacen aquí en el colegio. Ha ido al cole un parapléjico que está en silla de ruedas tras haber sido empujado por el amigo de un amigo desde un balcón. Estuvo en coma varias semanas. Era un futbolista con futuro por delante, truncado por el accidente. Ahora juega al baloncesto en silla de ruedas y va por los colegios. No conseguí sacarle a mi hija cuál era el mensaje de la visita: si un "no tengas malas amistades", o "de todo se sale", o qué se yo. Ella le preguntó si se acordaba de cómo era su vida cuando andaba, a lo que él respondió que no piensa en ello pues se conforma con haber vuelto a la vida tras el accidente. Tiene 40 años y desde luego que ha calado mucho en el colegio, o al menos en mi hija.

Como no paraba de contarme le dije que entonces los jueves no son superfluos. Me dijo con su aplastante lógica que eso podía haber ocurrido un martes o un miércoles igualmente y que no cambiaba de opinión. Tampoco hace falta.

Yo sigo pensando que los jueves son un gran día. A mí siempre me han gustado, por el contrario, y no sé por qué. Porque ves al fin de semana llamando a la puerta. O porque como en la tarde de hoy quedas y te lo pasas bien. He tenido una cena muy agradable con uno de mis grupos de clase, y ha sido uno de esos momentos en los que te reconocen tu trabajo y eso siempre es maravilloso. Así que los jueves no son superfluos, sino que hacen mucho bien, mostrándote que tu vida puede cambiar de un día para otro dándote otras cosas, o que tu día a día tiene sentido.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Cribas (anti)naturales

Maratón de días navideños. Mientras que en muchos países no es Navidad, salvo en el comercio, aquí estamos ya en plena temporada navideña de domingos de Adviento y otros eventos. Hoy fue otro día importante, aunque no festivo: San Nicolás. Es ese obispo de Bari, el personaje que les llena las botas a los niños alemanes de chocolates, dulces, cada 6 de diciembre, y hoy día algún regalo más gordo, por si se quedasen cortos entre calendarios de Adviento y regalos de Navidad.

Conmigo se ha portado muy bien hoy el buen señor. No me ha llenado las botas de nada, y hasta mis alumnos me preguntaron que qué me han traido, y al decirles que nada, me han mirado con pena. Una me ha traido galletas hechas por ella, y teniendo en cuenta que es una chavala de 15 años más preocupada de si lleva puesto bien el rímel o no, agradezco muchísimo el detalle. Pero yo no necesito regalos materiales y me conformo con otras cosas.

Tuve que ir al cole de mi hija pequeña, que, al estar en cuarto de primaria, se decide este curso su futuro. Lo curioso además es que está decidido ya, ahora, en diciembre, aunque todavía falte curso hasta junio, pero hoy me han dicho las profesoras que podrá ir al instituto. Aquí en cuarto de primaria, hacen una "recomendación" sobre el futuro del niño y te recomiendan llevarle al instituto o a otra escuela en la que las materias sean menos académicas y más orientadas a la práctica y a otro tipo de profesiones y no a ir a la universidad. Con nueve años te dicen "tú sí, tú no", y en la clase los críos hablan de estas cosas, creando ahora ya diferencias, con lo que queda de curso. A mí me resulta extraño que la criba sea tan pronto, pues hay niños que necesitan un hervor, y a lo mejor en dos años estarían mejor preparados, o incluso en medio año. Pero el plazo de solicitar en los colegios termina a comienzos de febrero. Todo esto es un tema que se intentó cambiar hace tres años, y los padres de Hamburgo, enfadadísimos ante tal desfachatez, organizaron un referéndum y salió que no, así que todo seguirá como en los tiempos decimonónicos, amén.

Es por eso por lo que aquí, ir al instituto es como si fueses ya ingeniero o abogado, y existe, en mi opinión una sobrevaloración del hecho de estar en un tipo de escuela u otra. Si mis hijas no hubiesen valido para estudiar en el instituo, hubiesen valido para otra cosa, y no hubiese tenido ningún problema en mandarles a las otras escuelas, pues a ellas no les hubiera hecho ningún favor metiéndolas allí porque yo quiero. Muchos niños de los que aquí no logran ir al instituto son casos de "vaguitis aguda", o peor aún, hijos de padres sin estudios. Y ahí es donde está la criba principal, pues muchos entran a base de que sus padres están encima o haciendo los deberes con ellos a todas horas. Mi hija pequeña cuenta que las profesoras se desesperan cuando ven que los padres corrigen los deberes, porque así ellas no saben cuál es el nivel verdadero del niño.

Pero esta criba es como la que hay en gimnasio al que voy, pero aquí son los horarios los que separan. Y digo criba porque el público de la mañana debe ser muy diferente al de la tarde. Digo yo. Y creo que supongo bien. Por las mañanas solo veo cuerpos desnudos de gente mayor, y trato de imaginarme la diferencia que habrá con el público que acude por las tardes o los fines de semana. Es por eso por lo que hoy, tras no haber ido dos meses (a ver, excusas: estuve enferma, falta de tiempo, pero por supuesto también, mucha "vaguitis aguda", que se apodera de la gente a la hora de ir al gimnasio), mi sopresa ha sido que ha mejorado mucho el panorama. No obstante, primero volví a sentirme incómoda porque muchos piensen que la toalla está para llevarla colgada del brazo, y pasear sus cuerpos serranos como vinieron al mundo. Lo mejor fue cuando estaba en la piscina haciendo aqua gym, cuando miro a la cúpula de cristal, y veo paseando por la terraza del tejado a un hombre en bolas. Como estábamos a tres grados bajo cero, quiero pensar que era finlandés y que habría salido de la sauna, pero dio dos vueltas y yo desde abajo, haciendo gimnasia, viendo su estética "tripa de cerveza" y el resto colgando también. Toda una visión a las 11.30 de la mañana.

Por eso, la aparición de dos hombres jóvenes, muy bien dotados, ha sido un regalo de San Nicolás. Menos mal que éste no aparece desnudo trayendo los regalos, aunque capaces les creo, por lo que gusta el nudismo en este país. Uno de los que bajaban la edad media de los que pululaban por allí no se quitó el albornoz negro ni para atrás, para mi pesar, pues emocionada estaba yo con tal regalo. Pero otro se paseó por toda la zona spa como un adonis por su casa, con su novia al lado, eso sí.

Cuánta soltura me falta por aprender en este país. Aunque asumo que con eso naces y el resto te lo inculcan. A mí me falta ese gen exhibicionista, y voy dando saltos casi los pasos que tengo que caminar desnuda. Y que no me digan que no miran, pues no es cierto. Hace meses presencié algo que me causó mucha risa. Había una chica con unos pechos espectaculares, y se metió en el jacuzzi en el que yo estaba. Caminó despacio, y como tenía todo muy bien puesto, los tíos de todo el área no dejaron de mirarla ni un segundo. Desde que entró, hasta que se salió. Y ella, no sé si lo hacía adrede, en vez de quedarse dentro del jacuzzi como hacemos todos, y más las vergonzosas como yo, y enseñar solo la cabeza, se sentó al borde al cabo de unos minutos, dejando toda su "pechonalidad" bien visible. A muchos casi se le salen los ojos.

Ahora me pregunto qué tendrá que ver esto con San Nicolás y la criba en la enseñanza alemana. Nada, por supuesto, pero en un día a mí me pasan muchas cosas. Y muchas más que no cuento, para que no me llamen exhibicionista a mí, aunque ya sé que lo soy. Ya van camino de dos años de este blog, por no hablar del otro anterior que tuve. Eso sí que es exhibicionismo puro y duro, no me digan que no. Y esto no hay quien lo pare, como dice siempre mi hermano ante eventos importantes.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Mejor que regresen

Qué ganas tengo de que pase este curso escolar y dejar primaria para siempre. Ayer lo volví a pensar cuando al llegar al cole a llevar a mi hija, había unos 12 niños, carpeta en mano, anotando información vital. Fue parar en zona en la que se puede hacer y señalarnos todos los dedos infantiles con aire inquisitorio, y venir unas cuantas niñas amigas de mi hija y decir: "Natalia, lo sentimos, pero tenemos que tomar nota". Como la semana que viene es el día sin coches, en el que los colegios de Hamburgo compiten por ver en cuál de ellos hay menos pecadores que llevan a sus hijos en coche a clase, ayer era la preparación. Mi hija me contó después que pidieron voluntarios para estar a las 7.30 de la mañana y hacer recuentos de coches, y que casi hubo tortas para tal importante labor. Mi hija se reía de que hubiese niños dispuestos a estar ahí media hora antes del comienzo de clase para eso. Algo va mal en un país si a los niños los vuelven tan inquisitorios que tienen ganas de poner orden en cosas en las que no es necesario. Para empezar, a la puerta del colegio se puede parar, soltar a crío o recogerlo, o incluso dejar el coche 5 minutos, pero no aparcar. Incluso a veces hay un policía que aprueba todo y yo le he llegado a preguntar, por las miradas de odio de niños y padres, si es correcto parar ahí, y me dijo que sí. Así que llevo años haciéndolo. Pero todos los años en septiembre organizan este maravilloso día para odiar a los que van en coche. A veces pienso que es envidia cochina de los que van andando y pasan frío y se mojan, porque si no no me lo explico. Yo también me indigno cuando veo a un crío de 6 años caminando a las 7.30 de la mañana solito en la oscuridad de la noche en invierno, con un frío que pela, o cayendo chuzos de punta. O he visto a niños bastante pequeños caídos en mitad de la calle con su bicicleta por el hielo. Y yo no señalo a esos padres con el dedo. Me repatea la histeria colectiva de la gente que como no tiene problemas serios se pone a criticar cosas que no son les incumben. Si se alteran porque se aparca en zona prohibida, o en doble fila, lo entiendo, pero no es el caso. Por suerte, ya digo, nos queda solo un año del día sin coches.

En la misma clase hablaron el otro día en clase de religión de lo que es el alma. Mi hija me lo contó con todo detalle y que les explicó toda convencida de que la ha visto "en una radiografía". La profesora y todos la miraron sorprendida, pero es que ella pensaba que el alma era la columna vertebral. Me lo contó riéndose, sorprendida de que exista algo tan difuso "dentro" del cuerpo, y luego me contó que había entendido lo que es: el espíritu de una persona, su esencia, o mejor dicho "nada". Nos empeñamos en ponerle nombre a todo, y efectivamente por qué no habría de ser la columna vertebral nuestra alma, pues es el eje que nos sujeta, la cabeza incluida, que es donde se encuentra quizá el "alma". Y sin embargo todos entendemos a la perfección a alguien que nos diga que le duele el alma y hasta le compadecemos. De la misma manera que los individuos tenemos alma, los países o culturas también las tienen.

Ayer, tras la historia con los niños señalándonos con el dedo, vi un espectáculo precioso en el cielo. Yo estaba en un semáforo cuando miré al cielo y vi una bandada de pájaros volando en forma de W dirigiéndose hacia el sur. la parte central de la uve doble cambiaba de forma en cuanto a su pronunciamiento. No me dio tiempo a hacerles una foto, pues el semáforo cambió y yo continué hacia mi casa. Me quedé un rato pensando en ellos, en lo lista que es la naturaleza, pues ellos desaparecen en cuanto la cosa se pone fea. Ayer  hacía bastante frío ya, y hoy, hace un día otoñal. Es el primer día de un viento que hace que se vuelva a oír el silencio. El invierno será duro, pero no va a ser uno más, sino el último de muchas cosas. Y cuando vuelvan los pájaros me alegraré.

Por suerte no nos dejan solos, pues hay muchas almas por aquí que nos alegran el día. Yo disfruto cada vez más de esos momentos en los que notas que la gente te aprecia, y últimamente tengo muchos. En las sociedades ricas se paga un alto precio humano. Mi hija mayor me contaba ayer de nuevo de la antipatía de la gente aquí en el transporte público, que el otro día vino una señora y le dijo que se quitase de ahí, que ese era "su sitio". Ella, por suerte, tiene la suficiente autoestima como para decir ante tal estupidez que no se movía, que solo faltaba que los asientos fuesen en propiedad, cuando además el de enfrente estaba libre. Otra señora intercedió y le pidió a la intransigente que por favor se callara y se sentase en uno de los muchos asientos que había libres. Al menos la otra no se calló, pues no conozco sociedad más antipática hacia los niños que la alemana. Como no soy ave migratoria no me puedo ir, pero me pregunto si ese puntito de prepotencia con el que educan a los niños no les explota en la cara. Aquí a muchos padres sus hijos adultos no los visitan más que en Navidad o el día de la madre, y por compromiso. El otro día precisamente yo le decía a mi hija pequeña que si después de todo lo que estoy haciendo por ellas, me da una patada en el culo y me viene a ver solo en Navidad, que sería para matarla. Ella me miró toda picarona y debió pensar que ésa me la devolvía, por ponerme yo tan melodramática, y me salta: "No, yo vendré a menudo y diré: 'qué hay de comer?'". Le dije que de paso me puede traer también la colada, que solo faltaba.

domingo, 19 de agosto de 2012

A tierras vikingas

Se me va la niña, no de casa pero de viaje. Aquí los llaman Klassenreise, 'viaje con la clase', y no de fin de curso, como se denominan en España, por ser al final del mismo. Aquí podrían llamarse "viajes de comienzo de curso" pues es cuando suelen tener lugar. La idea es unir a la clase con experiencias positivas en ambiente distendido y así beneficiarse el resto del curso. La idea no es mala, pienso.

Así que maleta hecha, mañana saldrá hacia el norte. La nota simpática del día la ha puesto la hermana, que durante la comida, que hoy fue una muy apañadita de domingo le dijo: "Disfruta, pues esta será tu última comida rica en días". Lo mismo le repitió con la cena. Y la otra lo saboreó imaginándose lo que se le viene encima y ya expresó algún deseo de comida para el fin de semana que viene.

Como soy una madre española, me aterra la idea de que me niña pase hambre. Es un decir, aunque como tal debería, pero no es nada de lo que yo me preocupe, ya que así espabila, y mejor aún, así vuelvo a oír cuando regrese que soy la mejor cocinera del mundo, algo que tampoco es cierto, pero que es un gustazo oír. Como soy muy despreocupada con estas cosas, hasta ahora mismo no había mirado siquiera adónde se iba concretamente. Tenía una ligera idea de la zona, pero no del sitio exacto en el que imaginármela estos días haciéndole ascos a las comidas, y en cuanto pase el calorazo que estamos teniendo, que será en dos días, mojándose.

Ya lo tengo localizado en el mapa. El pueblito no lo conozco, pero sí la zona. Van a orillas del Schlei, un fiordo muy bonito que se mete tierra adentro desde el Mar Báltico, en Kappeln, un pueblo que recuerdo con los palos en los que enganchan las redes para pescar arenques cuando vienen para el desove, muy pintoresco todo, con barquitos de pesca y los arenques como protagonistas. Luego el fiordo se adentra hasta Schleswig, una ciudad grande e importante en la región, donde se hace un lago enorme y parece un mar. Me encanta Schleswig, con su pueblecito de pescadores Holm, engullido hoy día por la ciudad, pero que antes era un asentamiento independiente. Ahora es un barrio muy pintoresco, formado por una placita con casitas blancas con su cementerio en el medio, una forma de vivir "en familia" toda la vida. Y detrás de las casas, la zona de trabajo de los pescadores, en pleno Schlei. Pero si por algo es conocida la ciudad de Schleswig, además de dar el nombre al Land de Schleswig-Holstein, es por haber sido un asentamiento vikingo, y a las pruebas se remiten con el museo vikingo Haithabu. A mí me impresionó mucho la primera vez que lo vi. La región fue zona de comercio ya hace muchos siglos, y hoy es zona de recreo, con pueblecitos muy pintorescos terminados en -by, que viene del danés y significaba 'granja' y posteriormente 'asentamiento' o 'pueblo'. Lugares llamados Sieseby, Thumby, Rieseby, suenan tan encantadores como lo son. Me gustó mucho la zona cuando la recorrí y llevo mucho tiempo queriendo volver.

Mi hija lo hace antes que yo, y espero que vuelva contándome historias muy jugosas. Conociéndola, estoy segura de que será el caso.

martes, 14 de agosto de 2012

Menos mal

Hay momentos en los que pienso que con mis hijas no lo estoy haciendo tan mal, y en los que el complejo de mala madre se vuelve a mi favor. Me explico: mi hija mayor tuvo que hacer el otro día como tarea una cartulina con alguna persona que admire o le sirva de inspiración o de ejemplo a seguir. Pensó en la cantante Adele, "que canta con sentimiento de verdad", en Casillas, "por lo bueno que es", pero descartó a ambos porque seguro que otros cogían a cantantes o deportistas. Entonces eligió al autor de los "Diarios de Greg", por haber conseguido esa mezcla de cómic y novela tan original, por ser tan divertidas las historias, "que hasta mi hermana, que no lee nada, las lee con gusto". Todo eso y más aparecía en la cartulina, con dibujitos que hizo, rótulo, y lo normal en estos casos.

Hoy fueron las presentaciones y volvió a casa riéndose a carcajadas, y su hermana y yo lo mismo, cuando nos contó lo que la mayoría de los chavales (de 7° curso) habían elegido. Aparecieron trabajos sobre Adele, Johnny Depp, alguna actriz de moda entre las jovenzuelas, pero lo mejor es que muchos eligieron a su madre. Mi primera reacción tras decir "¿Cómo?" fue decirle con sorna que muy mal, que mira que no ocurrírsele cogerme como "ídolo", que estoy muy decepcionada. Pero cuando dijo que una había puesto que sus ídolos son su madre y Miley Cyrus, la actriz de Hannah Montana, y que en la misma cartulina había puesto a las dos, incluso una foto de cada una cortada a la mitad, haciendo un híbrido con la mitad de su madre y la otra mitad con media Miley Cyrus le dije que estoy muy orgullosa de ella, por sentir respeto hacia mí y no hacer conmigo algo así. Y que además, como su madre que soy, no tiene que admirarme sino obedecerme. ¡Ay lo que nos hemos reído las tres hoy! Pero me pregunto qué hacen todas ésas para ser comparables con Miley Cyrus. Algo debo estar haciendo mal.

miércoles, 20 de junio de 2012

Las plañideras

Sigo sin cogerle el punto a los sentimientos en este país. Aunque soy capaz de llorar a la mínima -los que me conocen lo saben-, hay situaciones que me dejan bastante fría. Hoy fui al cole de mi hija pequeña a las diez de la mañana, pues despedían el curso cantando. Nada nuevo, pues llevo 5 años oyendo las mismas dos canciones, que ya me sé de memoria. Pero no me quejo, pues se trata de ritualizar este acto lo más posible, para que termine el curso, y nos emocionemos y digamos suspirando "ay, si hace un año estuve aquí oyendo lo mismo y ha pasado otro curso sin enterarnos". Pero hoy me coloqué en mal lugar, en concreto al lado de un grupo de mujeres demasiado alteradas, que no hacían más que darme con la cámara en la cabeza para hacer fotos de sus hijos, y que no se daban cuenta de que no eran las únicas en el pabellón de deportes del colegio. Pero lo mejor estuvo por llegar. Cuando los de cuarto, que son los dejan el colegio, cantaron su canción de despedida, las madres se pusieron a llorar, pero no con unas cuantas lagrimitas que se caen en silencio por sus rostros, sino como plañideras, y no exagero nada. Yo me puse malísima, no lo niego, pero no conmovida ni con ganas de llorar, sino con el estómago revuelto. Y es que no cuadro con la media aquí. Esas mismas madres no tienen ningún problema en mandar a sus hijos con las bicis a las siete de la mañana en la oscuridad del invierno, incluso con hielos, nieve o lo que caiga. Yo he visto a algún crío, en mi opinión bastante pequeño, caído con su bici en medio de la calle. O cuando sus hijos cumplen 18 años hablan de ellos como si fuesen una persona en cuya vida ya no se pueden entrometer o ni siquiera opinar. Una amiga mía me decía hace poco: "Es que ya tiene 18 años y no le puedo decir nada", a lo que le respondí yo: "Ya, pero mientras viva en tu casa..." Y por eso aquí es tan normal con 18 años animarles a que se vayan.

Pero que empiecen el colegio es un trance para muchas, que ven en ese paso a los 6 o incluso a los 7 años como el fin de la infancia. Y ya, si dejan el idilio de primaria, donde hacen galletitas, o se pasan a veces semanas enteras con un tema hasta que les aburren (una cierta manualidad o lo que sea), que pasen al instituto o a la escuela secundaria que les recomienden, que aquí es con 10 años, es como si se fuesen a la mili, a Ceuta lo menos, y no les fuesen a ver más. Así lloraban hoy todas, las pobres. Unas cuantas de "mi" clase me dijeron: "Al año que viene lloraremos nosotras", a lo que respondí que yo no lloro por eso, que tengo cosas más importantes por lo que hacerlo, pero no por un paso positivo en la vida de mis hijas. Y me dijeron que es que yo ya lo he pasado una vez. Y les dije que sí, pero que yo me alegré (y cuánto) de que saliese del mundo feliz de primaria.

Pero bueno, mejor que me calle, pues ya me ha recordado mi hija pequeña antes entre risas, que hace poco, a mitad de la noche, vino a mi cama a decirme que había tenido pesadillas y que no se podía dormir otra vez, a lo que yo, tan ancha me quedé cuando le dije que se volviese a su cama, que yo tampoco lo podía solucionar, cuando lo que ella se esperaba es que le dijese que se metiese en mi cama. Ésas no cuelan. También alguna vez, cuando no se puede dormir, se me adelanta diciéndome: "... y ya he contado hasta 200 ovejas, y nada; he hecho de todo y nada". Y le digo que eso es porque ha contado en alemán, que si lo hace en español seguro que se cansa más y se duerme.

Por supuesto que el hacerse mayor y cerrar una etapa es algo importante en la vida de un niño, pero no recuerdo haber visto llorar a mi madre ni a otras, cuando dejamos la E.G.B. de la época, y pasamos al instituto. Pero se me olvidaba que aquí son más madres que nadie, o que las madres de hoy día nos lo creemos más que las de antes. Yo siempre le digo a mis hijas, que a los de mi generación, si nos caíamos, encima nos daban un bofetón por torpes. Y ellas se parten solo con pensar en la situación: "Niño, mira que te lo he dicho", y zas, galleta al canto. Así que nada, adiós a los que se han marchado. Ya nos tocará, por suerte, en un año.

martes, 19 de junio de 2012

Punto y seguido

Esta semana huele a vacaciones, a maletas, a fin de curso, a notas, a preparativos, a aparcar la rutina, a pensar en desquitarme de muchas cosas. Estoy que me desbordo, como un vaso que rebosa en ebullición. Se repiten sensaciones. El final de curso reúne las mismas cada año: una mezcla de un "no somos nadie" por lo rápido que se ha pasado, a mirar a tus hijos porque han crecido con el curso que termina, que pone punto y seguido a la rutina, pero punto final a un ciclo.

Las vacaciones nos tocan este año prontito. Eso significa que el 2 de agosto será la vuelta al cole. Sí, como lo oyen. Algo rancio debe estar este país cuando todo el mes de agosto hay cole en algunos estados federales. El sistema nos escalona las vacaciones, para que no nos juntemos todos de golpe en Mallorca y la armemos buena. Así van pasando unos tras otros, repartiditos, para que quepan todos en la playa del Arenal. Y nosotros y los de Schleswig-Holstein y Berlin somos este años los primeros.

Así que una vez asumido que nos tocan tan pronto, se disponen los niños a venir mañana con las vacaciones y las notas a cuestas. Primaria me sigue desconcertando pues de una hija a otra noto cambios: hace tres años, la mayor trajo notas de primaria como uno espera que sean. Aquí la mejor nota es un 1, y la peor un 6, y si las dan así, sé orientarme. Pero ahora a los de tercero les dan unas "notas" llenas de smilies, las caritas con sonrisas, o, si van mal, señales de obras. Mi hija ha salido contentísima, pues no tiene ninguna "obra", pero como les dan o una o dos sonrisas, yo sé por dónde se anda, aunque me manejo mejor en un sistema en el que las notas quedan bien claritas, pues tanto eufemismo me carga. Como si no supiesen los niños quién de la clase tiene su vida escolar empantanada en obras y quien brilla con dobles sonrisas. Como le dije a mi hija que ya sabe dónde hay potencial, ésta se me enfadó y me dijo que nunca estoy contenta. Será eso, que las madres somos unas exigentes. Pero es que como yo soy la madre de la abeja Maya y de Willi, como dice mi hermano, sé quién vuela con los objetivos claros, y quién revolotea bastante relajada y con vagancia encima. Pero estoy muy contenta con las notas, que conste, pues no hay cascos ni obras por ninguna parte.

Así que que vengan las vacaciones. Yo he venido con el permiso antes también. Curiosa expresion. A mí no me da permiso nadie, pues yo trabajo de autónoma y voy por libre. Pero hoy he dado mi última clase antes de las vacaciones. Se repiten las sensaciones, repito: comienzas un curso con 21 y terminas con 9. O los espanto yo o la lengua, o se espantan solos, cuando ven que un idioma es trabajo, y no solo ir a clase, que también lo es. Yo, por si las moscas, los he despedido cantando "La Camisa Negra", "Bésame mucho" (ésta es la bomba, versión de Los Panchos, claro), y el Waka Waka. Se han ido contentos. A lo mejor a partir del curso que viene pongo en la última clase, o directamente en la primera "Los diez negritos", de Agatha Christie, o mejor aún, jugamos a eso. Cierro las puertas, y de ahí no se escapa nadie con vida, y les va cayendo un tema gramatical tras otro.

Termina el curso. Y llegan las vacaciones. Que sí, que me repito hoy. Pero es que este clima al que no se le puede denominar ni eso siquiera, clima, nos vuelve lentos e insensibles a todos. Llevo diciendo estos días que tengo que cargar todas mis baterías: la de calor, la de la guasa, la de la mala hostia española (que no me abandona, en realidad), la de la ropa de verano, aquí inservible. El otro día quise hacer una barbacoa, y nada, como para atreverse; hace poco alguien me contó de un concierto de verano como el que yo tuve el año pasado con diluvio universal; ayer tuve una cena en un restaurante con un jardín monísimo, pero por el aire que hacía, nos fuimos para dentro. Verano aquí, para qué. He hecho sondeos de adónde se va la gente de vacaciones, y gana Mallorca, muchos se van también al Mar Adriático, y los curtidos de siempre se van por las islas de aquí arriba y a las playas alemanas. Que Dios les ampare, con su forro polar y botas de goma. Yo no corro riesgos inútiles. Ya lo hago todo el año.

No queda nada. Las notas. Las maletas. Citas típicas de una mujer antes de partir. Y muchas ganas de largarme en un par de días. Con sonrisas y con obras.

viernes, 15 de junio de 2012

El plátano

Anoche tuve una tarde interesante. No todos los días veo el partido de la selección española rodeada de alemanes, en un bar. Siempre me parece que las cosas me ocurren para tener que llamar la atención, pero llevo media vida acostumbrada eso, y el resto del tiempo, para llamarla más aún, escribo en un blog para hacerme notar. Pero volviendo a la tarde de fútbol, la razón del encuentro no era ésa, sino que aquí organizan siempre los representantes de los padres de cada clase una reunión informal en un bar para conocerse y hablar sobre el curso y los críos. En Alemania se dice que donde se juntan dos alemanes, forman una asociación. Vinieron los profesores también, y tras marcar Torres el primer gol en el minuto 4 yo me quedé tranquila y pude concentrarme bien en la conversación general que comenzó con la pregunta: "¿Para qué tienen que llevar mañana los niños un plátano a clase?". Como todos sabemos que están terminando el curso con una semana de educación sexual, de miércoles a miércoles, todos agudizamos el oído. Yo, que no me había enterado de lo del plátano, le pregunté al profesor, y me dijo que probablemente mi hija, que tiene todo bajo control, habría ido a la cocina a coger uno, y lo guardaría sin decirme ni mu. Comenté que solo tengo dos en casa, y muy maduros, que es cuando ya no nos gustan. Y dijeron que valen también, pero que por la noche mirase si falta uno... No obstante, por lo feos que están he estado tentada de ir hoy a las siete de la mañana, que es cuando abren, a por plátanos decentes. Pero mi hija anoche me dijo que había cogido uno, y que no me preocupase. Pero es que una madre se preocupa por todo.

Anoche, al llegar a casa le pregunté a mi hija que si había cogido un plátano, y dejé caer que no me había comentado nada, y le pregunté si sabía para qué era. Su respuesta no pudo ser más clara: "No lo sé, pero tengo una ligera sospecha". Más no quiso comentar, pues no eran horas. Pero esta mañana, a las siete, estaba más habladora. Le volví a formular la misma pregunta, y me dijo: "Para qué va a ser? Para ponerle un preservativo." Más claro el agua. Tengo que decir que a mí, mente díscola, se me pasaron otras posibilidades anoche por la cabeza, y no la del condón. Pero es que, como para la prevención antitabaco les llevaron al hospital a presenciar una broncoscopia en vivo, con la claridad alemana, me imaginaba cualquier cosa. Y he aprovechado que estaba habladora para indagar. Todo esto lo contó con su hermana, más pequeña, delante, pero qué más da. La otra ya me dijo hace tiempo que ella sabe de esas cosas, como diciendo que con qué le salía yo en ese momento. La hermana nos dijo lo que los profesores contaron ayer: que han dividido la clase en dos grupos, chicos y chicas, y que las chicas van con la profesora tutora, y los chicos con el profesor de ciencias; que también hablan de sentimientos, de lo que significa ser hombre o ser mujer, que por qué les gusta ser lo que son, y qué características les gusta del sexo opuesto; que ayer hablaron de "la primera vez". Entonces entiendo lo del plátano, pues estas cosas hay que aclararlas cuanto antes.

La profesora comentó ayer cuando los padres comentaron el adelanto que es todo eso hoy día, y eso que todos los que estaban dijeron que habían tenido educiación sexual en su época, y yo era la única que no, pues no la recuerdo, y seguro que de eso me acordaría. Pero también comentó que algo que le daba pena es confrontar de esa manera a los críos a sus 12 años con estos temas sobre los que hasta ahora la mayoría no pierde ni un solo pensamiento o hacia el que mantienen una naturalidad infantil. Que era como si por hablar tan claro de ello, se despertara una cierta sensibilidad que no tenían antes y se hicieran tabús muchas cosas.

A mi hija le parece "o.k." tratar el tema en clase, me ha dicho hoy, pero que es algo "doof" (tonto, estúpido). Pero comentó que al menos a ellos les ha tocado un tema interesante, pues los de la clase de al lado tienen otro aburrido. Yo pensé que era para todos igual, pero no. A eso les habrá tocado ya o les tocará la próxima vez. En Alemania todo tiene su razón de ser y su momento.

Por cierto que ayer, un padre preguntó si de no tener plátanos se podía llevar alguna otra cosa. Yo recordé el pepino que tengo en la nevera, más decente y no tan maduro como el plátano. Pero no dije nada. A ver qué me cuenta luego la del plátano. Los profesores dijeron que en cualquier caso estaban contentos de que lo del plátano sea en viernes, y poder mandar a los críos a casa con un fin de semana por delante. Será el momento de que indaguemos los padres, pero también, y esa es mi idea, de aprovechar el momento y hablar de esos temas. Investigaré. Esa es mi labor.

jueves, 31 de mayo de 2012

Sutil control

¡Lo que es la socialiciación del lugar en el que vives! Yo lo estoy viendo claro estos días. Mi hija pequeña mataría ahora mismo por los cromos de la selección alemana que le faltan para completar su álbum. Un supermercado alemán regala cromos por cada compra, y lo que al comienzo no le interesó lo más mínimo, pues les daba los cromos que me daban a mí en el supermercado a los otros niños o niñas de su clase, se ha convertido en una "pasión". Ahora, cuando ve que he ido a la compra, me pregunta de inmediato por los cromos. Mañana espera terminar la colección cambiando los últimos que le faltan, y así estará preparada para la Eurocopa.

La otra vino ayer contando que en clase de música tienen ahora el tema de los himnos nacionales, sus características, estilos, y que están aprediéndose la letra del himno nacional alemán. Vaya qué casualidad, esto es como coleccionar los cromos justo ahora... Ya veo de qué va el tema... Así que entre los cromos y el himno les recordé que me parece bien que canten lo que quieran y coleccionen los cromos de la selección que les venga en gana, mientras que quieran que gane España. Como me miraron de soslayo les dije que no abusen de mí, que estoy en minoría, y que si va a resultar que tenga que pedir asilo en otro país. "A ver si me toleráis porque os hago la comida", les dije. "Algo de eso hay", me dijeron guasonas. Lo que hay que oír, señor señor.

Pero luego me enteré de todo (lo que aprendo cuando vuelven del cole; hasta de que son solo los pájaros machos los que cantan, para ligar, hablando en plata, pues el que no canta no pilla hembra; y yo sin saberlo): la música es de Haydn, la letra es de un poema de August Heinrich Hoffmann von Fallersleben, "Canción de los alemanes" o "Canción de Alemania", compuesto de tres estrofas. Hoy día solo se canta la tercera estrofa, desde 1991 concretamente, y la letra del himno que yo consideraba la oficial, la primera estrofa, es la que está prohibida, pues aunque cuando la compusieron el que se cantase "Alemania Alemania, sobre todo" vino dado del orgullo de que tras ser un país que hasta la unión de Bismarck estaba dividido en muchas regiones, consiguió ser uno, pero los nazis se apropiaron de esa estrofa para su ideología. Ayer la profe se la cantó, y les contó que lo tenía que hacer bajito, pues te pueden meter en la cárcel, ya que es ilegal cantar esa primera estrofa. Y yo sin enterarme de esto. Menos mal que la canto poco... que si no.

Pero así cualquiera se hace alemán. Me las están haciendo alemanas día a día, que remedio. Esto no hay quien lo pare, ya que me sacan todos ventaja frente a mis hijas y mi socialización al mundo español. Sin embargo hago lo que puedo, en casa y fuera de ella. En mis clases es donde me explayo, que para eso me pagan. Y es que con tal de que mis alumnos aprendan les hago hacer de todo: desde cantar, a jugar al bingo. En cuanto damos los números hasta el 75, llevo el bingo a clase, y les pongo a cantarlos. En Alemania no hay tradición binguera, y les hace gracia. Les llevo fotos de España que comentamos, para ponerles los dientes largos y que vayan para allá (todo turista es necesario ahora mismo, con la crisis). Pero ayer tuve una de mis geniales ideas: la semana que viene vamos a hablar de los piropos. En realidad en el curso hay solo dos hombres, pero no les vendrá mal aprender, y a las chicas les dije que deberían entender lo que les dicen por la calle en España. Les hizo mucha gracia la idea, algo impensable aquí, y ya estoy elucubrando, y algo me montaré para la semana que viene. No se trata de dar un curso de piropos, pues me imagino el poco salero, pero sí que sepan que existen. Al igual que las palabrotas. Ya les esclarecí unas cuantas, y como era todo científico, ni me inmuté al escribir las expresiones malsonantes en la pizarra. Traté de explicarles que en español le puedes decir a alguien "qué cabrón eres" o "hombre, hijo puta, cuánto tiempo", y que lo dices de manera positiva. Creo que les costó coger el concepto.

Por cierto, advierto de que aquí están convencidísimos de que Alemania va a ganar la Eurocopa, incluso tras el patinazo del otro día contra Suiza en el amistoso. No oímos otra cosa, y a lo mejor se piensan que porque lo digan antiguos jugadores o entrenadores, va a ocurrir. Pero en esto Merkel no va a meter mano, así que yo estoy tranquilísima, como con el himno y los cromos. Por suerte no lo controlan todo.

martes, 29 de mayo de 2012

Es cuestión de cómo decirlo

A veces las madres somos unas blandengues, aunque no se nos note. Yo he estado a punto esta noche de acceder a la petición de mi hija. Ella simplemente ha pronunciado un deseo, y mi comprensión ha sido enorme: "Yo quiero estar mala mañana y no ir al cole". El motivo son los juegos juveniles no olímpicos, pero sí en varias disciplinas, que tienen lugar en todo el territorio nacional una vez al año. El colegio se transforma en un torneo deportivo, y los niños tienen que ir al cole ese día con su tarterita, algo de beber, y punto. Puede ser que muchos niños ansíen que llegue ese día durante todo el año, pero mis hijas no. Según se acerca la fecha oigo frases como "jooo, no quiero ir", "no me apetece", "me parece mal que me obliguen a participar", "no me gusta tener que saltar y hacer pruebas delante de todo el mundo y menos hacerlo mal delante de tanta gente". Y cuando antes ha dicho que quiere estar mala, reconozco que por un instante se me ha pasado por la cabeza dejarla en casa e inventarme algo. Pero como le he preguntado "mañana solo tienes esa competición, ¿no?", la mayor, que ya pasó por el suplicio un par de ocasiones, me miró amenazante y dijo ".... no irás a dejarla en casa...? Que vaya, igual que tuve que ir yo siempre". Y entonces, ante la inquisición, me volvió el "deber" de madre, ante otra hija que pide igualdad de trato y justicia. Pues no se hable más, a la competición toca. Por suerte yo no voy a ir, a pesar del llamamiento que hacen siempre a madres que vayan a ayudar, a organizar las competiciones, a animar, a apoyar, a preparar, a recoger. Y mis hijas siempre muestran toda compresión por su parte hacia mí, y me dicen que entienden perfectamente que no quiera ir y que tenga cosas más importantes que hacer. Pero de la misma manera yo entiendo que ellas odien tal evento. A no todos les gusta ponerse en evidencia. Como a mi tampoco mostrando signos de blandura.

De lo que se trata es de cumplir con las expectativas. A mí, mi hija, que prefiere hablar en alemán conmigo a menudo me dice "pesá", tal cual, ni siquiera "pesada", sino apocopado, lo que le debe sonar a lo más que me puede decir para expresar lo que siente cuando les digo las cosas. Y muchas veces me doy cuenta de que en momentos clave utilizan el castellano, para ponerme firme a mí. De vez en cuando también la pequeña cuando la regaño, me dice "¿y qué?", así, en cristiano. Y es que sabe muy bien elegir las frases en todo momento, al igual que analizar lo que decimos los demás. Ella me dice siempre que mi frase favorita es "a mí me va a dar algo...", o siendo bien pequeñita dije yo "Esto es el..." y no me dio tiempo a terminar la frase y ella dijo "... colmo". También dice que la palabra favorita de la abuela es "coño", pero que cuando ella se lo recuerda, la abuela dice "que no, que he dicho coñe". Y el abuelo dice "leche", o "me cago en la leche", apunta mi hija.

Pues a mí me dan ganas de decirle que sí, que y qué, que no pasaría nada si no fuese, nada de nada, pero que como soy una "pesá" tengo que cumplir con mi labor y obligarla a ir, pues coño, para eso estamos en Alemania, y aquí estas competiciones con público multitudinario matutino no son moco de pavo, y que leche, que no se esfuerce si no quiere en esas cosas, pues a mí lo que me interesa es el rendimiento en el cole, porque por lo que a mí me va a dar algo es porque todas estas cosas parecen siempre más importantes que lo mal que escribe la media de los niños de tercero en este país. Es que es el colmo que encima tenga que ocultar siempre mi verdadera opinión.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Michel Teló, Beethoven o los suecos

En la clase de tercero de primaria de mi hija, en música, les pidieron elegir a todos los alumnos personajes de la historia de la música y preparar ponencias en grupo. Mi hija se apuntó a Shakira, junto con otras dos niñas. Ella en realidad quería elegir a un grupo alemán muy famoso en Alemania y que bien merecería un buen trabajo escolar, Die Prinzen, pero su amiga quería Shakira, y la amistad pudo más, aparte de que por el español, la única de la clase que lo habla, le pega. Así que manos a la obra.

Como hoy día es más complicado que antes hacer un trabajo, no por la accesibilidad a la información si no todo lo contrario, que hay demasiada información por todas partes, al final, en esto acaba pringando la madre de turno, a la que la niña pide ayuda ante esa masa de información llamada internet. Mamá buscó información de Shakira, y fotos en distintas poses y atuendos, y luego hubo que empaparse del tema. Ya lo tienen preparado y mañana les toca exponerlo, algo que me libera, pues Shakira ha sido un tema dominante en las últimas semanas, y ya cansa. Antes me ha estado contando que la otra niña está preocupadísima pues no sabe si podrá pronunciar bien el lugar de nacimiento de la cantante, Barranquilla. Yo traquilicé el otro día a la niña cuando estuvo aquí, tras haber practicado con ella y ponerse siempre nerviosa. Hay que tener compasión; traten de pronunciar ustedes Mönchengladbach, por ejemplo. Antes de acostarse, mi hija ha querido ensayar la presentación oral una vez más, y ha empezado diciendo que a Shakira se la encontraron en un hotel. Como estoy puestísima en el asunto le he recordado que la descubrieron cantando canciones de Madonna en un hotel, que no es que se encontrasen a la pobre tirada por ahí. A saber lo que cuentan mañana. Esto es peor que el Hola.

Pero me picaba la curiosidad sobre los otros temas que han elegido los demás niños. Hay de todo: Rihanna, Michael Jackson, Amy Winehouse, el alemán Udo Lindenberg, Lady Gaga, Beethoven o Michel Teló. Yo le pregunté a ella con guasa si no podía haber cogido a Mozart o Vivaldi, pero me dijo que esos son un rollo. Pero al menos entre tanta modernidad se coló un Beethoven, como único representante de la música clásica. Pero que Michel Teló con su "Ai Se Eu Te Pego" se codee con el mismo Beethoven tiene su gracia. Lo que sí que está claro es que los críos de 8 ó 9 años entienden del panorama musical, muertos y leyendas incluidas. Pero me pregunto si en una clase de tercero dentro de 10 años aparecería el brasileño, como hoy día ya nadie haría un trabajo sobre el "dale a tu cuerpo alegría Macarena", por mucho que lo bailara Hillary Clinton.

Y como en esta casa nos movemos a ritmo de música de todo tipo, la mayor está maravillada estos días con el grupo de suecos que ha venido al instituto esta semana. Casi acogemos nosotros a uno, porque buscaban a familias de acogida, y mi hija me removió la conciencia hace dos semanas, porque no había familias suficientes, y nos apuntamos. Pero como los suecos son de 17/18 años, al final no nos ha tocado ninguno, pues han preferido a las familias con hijos de esa edad. Una lástima, pues cantan como los ángeles. Es un grupo de un instituto con el que el de mi hija hace intercambios musicales. Ella cada día de esta semana vuelve a casa dándome información de los suecos cantores. Que si vienen de un instituto en el que la especialidad es canto; que les hacen pruebas muy exigentes de canto antes de entrar; que cantan maravillosamente bien, ya sea gospel, en inglés, en sueco, o lo que les pongan; que el sueco no se entiende una palabra; hoy me ha dicho que son tan rubios como nunca ha visto y que cuando les oye cantar, que podría pararse y escucharles horas, algo que no le ocurre con un concierto de música clásica, que le acaba por aburrir. Qué lástima no haber tenido un sueco que nos despertase cantando esta semana, en la que me está costando horrores levantarme. Mi hija de momento ya ha dicho que ella iría encantada a un intercambio a ese colegio, a cantar lo que le echen. De momento el lunes se irá con toda la clase a un viaje de coro, en el que van a un albergue a cantar tres días seguidos, y está contentísima (recuerdo, a todo esto, que es un instituto estatal y que aquí no existe la enseñanza privada practicamente). Yo me sigo maravillando de estas cosas, aunque no de que en primaria sean todos unos analfabetos incapaces de escribir tres palabras seguidas sin errores. El otro día las tres expertas en Shakira me sacaron de mis casillas, pues la ortografía era un suspenso absoluto, y bajo peligro a que no hubiese ni una sola palabra bien escrita, me puse a deletrearles todo, aunque por lo menos me tranquilizó ver que es la norma, y no solo mi hija la que escribe así. Primaria genera analfabetos en Alemania, que lo digo yo. Pero y la de cosas que aprenden. Hoy estuvo quitando malas hierbas en el huerto del colegio, me ha contado cuando ha salido (a la una, recuerdo también), y de lo perjudiciales que son para las plantas "buenas". Y mañana volverán todos a casa sabiendo sobre Shakira y Piqué, la muerte de Amy Winehouse y de Michael Jackson, y respecto a Beethoven que murió sordo. Y los suecos seguirán cantando mejor aún que los de la película francesa "Los chicos del coro", dijo hoy mi hija. Esos si que van a dejar huella. Ahora caigo que le tengo que explicar a mi hija la expesión "hacerse el sueco". Y eso no tiene nada que ver con la música.

jueves, 3 de mayo de 2012

Una tarde muy original de vacaciones

Semana de vacaciones en casa. Al no haber viajado, repetimos actividades de otras vacaciones en casa, pero ensayamos otras fórmulas. Ayer me cogí a mis padres y a mis hijas y me los llevé por el barrio de St. Pauli de día. Hace poco leí que hay un mercado de comida los miércoles por la tarde, de 16 a 22 h, y había que investigarlo. Pasamos por calles emblemáticas como la Große Freiheit, la "Gran Libertad" y otras, que de día parecían otra cosa. Sin las luces y las masas parece un barrio deteriorado y de lo más convencional, si no fuese por la cantidad de tatuado por metro cuadrado, y gente de lo más "peculiar". Tampoco había muchos niños paseando por allí con su madre o abuelos, como las mías, pese a la buenísima tarde que hacía. Pero era obvio de lo que va ese barrio, pues mis hijas miraban todo a su alrededor con ojos como platos cuando pasábamos por escaparates que exhibían penes de plástico, y todo lo imaginable en un barrio así. Los locales anunciando sexo, objetos y chicas muy sexy, y fotos y dibujos que no dejaban preguntas sin responder de los espectáculos que hay en su interior por las noches. Fuimos al mercado de comida, que podría ser como el de cualquier barrio o pueblo en Alemania. Es pequeñito pero hay de todo: fruta, carne, pescado, y si no fuera por la calle en la que está metido, y el horario, a partir de marzo y todo el verano hasta las once de la noche, parecería de lo más normalito.

Pero seguimos con el paseo, y pasamos por aquí:
Es la Herbertstraße, un lugar muy conocido en Hamburgo. Es una calle de acceso solo a hombres mayores de 18 años. En ella hay unos escaparates en los que se exhiben mujeres. Me tocó explicarles a mis hijas lo que es. La mayor hasta le dijo al abuelo que pasase, que era el único del grupo que podía pasar. Ella parecía entenderlo todo, pero la pequeña necesitaba más explicaciones de ese mundo tan extraño, en el que lo mejor a su parecer fue un lugar "secreto" en la plaza de Hans Albers en el que venden pizza toda la noche que te hacen reciente delante de ti. Son pizzas pequeñitas individuales por 2 € que meten en un horno de leña. A mí me gusta mucho en las noches por la zona. Se fue relamiéndose del lugar por el que por la noche pasan cientos y cientos de personas buscando una base sólida para el alcohol que se están metiendo en el cuerpo.

Pero lo mejor fueron estas zapatillas en un escaparate, que yo ni siquiera vi. Ellas se imaginaban la situación y se partían de risa al contar cómo sería si abres la puerta al vecino con esas zapatillas de estar en casa puestas, con pechos y penes. Se rieron un rato, y mis padres y yo más. De vuelta en el coche les fui diciendo que el lunes, cuando vuelvan al cole tras esta semana de vacaciones que están teniendo y les pregunten que dónde han estado, que cuando los otros cuenten que en París, en Mallorca, en Dinamarca o en Sylt, que por favor a ellas no se les ocurra decir: "Pues a mí mi madre me ha llevado por la Reeperbahn, y hemos visto unas zapatillas graciosísimas de penes y pechos, y muchos penes de plástico en los escaparates, y más cosas interesantes". Les pregunté que cuántas madres de sus amigas se irían de paseo por ese barrio, y se reían, al igual que yo, diciendo que ninguna. Pero lo divertido ha sido esta mañana, cuando al levantarse la mayor vino a mí y me dijo: "Mamá, estuvo muy bien ayer el paseo por St. Pauli. Hamburgo no es solo lo perfecto y lo bonito, sino eso también, y está bien saber de qué habla la gente". "Y lo rica que estaba la pizza", me dijo después la otra.

martes, 20 de marzo de 2012

La sangre alterada

Menos mal que estas cosas me la traen al pairo, pero hoy, comienzo oficial de la primavera es el momento de pararme a pensar que, de los crocus que plantaron mis hijas, que no yo, en otoño, solo han salido dos. No sé si lo botánico se lleva en la sangre, o si la culpa la tiene el perrito de los vecinos, que se ha dedicado a comerse los bulbos tras escarbarlos de la tierra. Pero como dicen mis hijas, "es tan mono" que cualquiera se enfada, y menos si unas florecillas de nada salen o no. Con la que está cayendo además.

Pero hoy es primavera, astronómicamente hablando, pues los meteréologos la cuentan a partir del 1 de marzo. Hoy exactamente a las 6.14 de la mañana ha sido el momento con la misma duración entre el día y la noche, así que ya está liada otra vez, florecillas, hormonas y demás. Aquí además, con inviernos oscurísimos con demasiada nocturnidad, ya lo venimos notando desde hace semanas y con cada minutillo que ganamos, se nos alegra el alma, flores o no. La primavera la sangre altera: ayer trataba de explicar en una de mis clases esta frase, o que la primavera se huele en el aire. Me miraron con cara rara, por variar, porque la gente aquí se deja alterar por pocas cosas o si acaso por otras que a mí me parecen menos importantes.

Aunque para primavera que la sangre altera, la adolescencia. Es esa edad en la que de repente los difíciles son tus padres, en la que te levantas por la mañana y te plantas delante del armario y gritas "mamáaaa, qué me pongo" para luego ignorar cien por cien el consejo que te da tu madre y ponerte otra cosa. Es ese momento en el que los trapitos cobran mucho protagonismo, en el que te crees que todo el mundo te ve ese pelito que te ha salido en la axila, o ese granito de la cara, tus "imperfecciones" se convierten en interés mundial y todos estarán pendientes de ellas. Lo sé porque yo lo he pasado, que conste. Yo también he sido cocinero antes que fraile. Y lo bueno de hacerte mayor es que te das cuenta que nadie te mira ese pelo en las piernas, o en el bigote. Pero en la adolescencia todo es importante.

De repente el armario ajeno, es decir, el de tu madre, cobra interés: "¿mamá, me puedo poner esto?", con algo tuyo en la mano, o incluso ya puesto. O mejor aún es cuando dice: "¿me dejas algo tuyo?", sin concretar, esperando encima tener todo a su disposición. Pero lo bueno de la adolescencia es que todos los demás son los insoportables, y tú no. Tú eres un incomprendido. Y hasta tu hermana, menor que tú, estará pasando por una adolescencia, según tú, a sus 8 años: "está de un adolescente ya... estoy segura", me dice la adolescente sobre su hermana pequeña.

Pero lo mejor es cuando un día me dijo: "Mamá, cuando seas vieja y estés gorda, quiero toda tu ropa". Esto tiene una lectura positiva, vamos a ver, no quiero ser tan negativa: que mi ropa sea tan interesante como para codiciarla, que le parezca molona, pero no deja de tener su doble lectura también. Y la pequeña añadió: "¡yo también quiero!, ¡yo también quiero!". Esto no hay quien lo pare.

viernes, 24 de febrero de 2012

Una maleta llena de violines

Si tuvieran que comprar un violín, ¿cuál comprarían? Parecen todos iguales, ¿no? Y un violín es un violín, y produce la misma música. Pues no es nada fácil, como he podido comprobar yo estas semanas. El tema violín ha sido un asunto dominante en mi casa durante tres semanas, y tras unos cuantos paseos, ayer di por concluida la "operación violín!, y ésta es la definitiva.

Como mi hija ha crecido ya lo suficiente como para necesitar el violín definitivo, el de tamaño normal, es el momento de dejar de alquilarlos y comprar uno. Como aprovecho los viajes y los kilómetros que le echo al coche, también cambié el violonchelo de alquiler de la pequeña, que también ha crecido, y el violonchelo ha pasado de un cuarto a medio. No es que te den medio violonchelo, ni que vayan al peso, pero los instrumentos crecen en tamaño como tus hijos, a los que se les quedan pequeños, como cortos los pantalones, como escribí aquí en otra ocasión. A la hora de alquilar, no miras los instrumentos con lupa, pero para comprar uno sí. Y yo, que no tengo ni idea, ni tampoco oído para distinguir finezas entre unos y otros, me he visto con el papelón de tener una maleta llena de violines en casa y tener que ayudar a elegir uno.

La  preselección no fue fácil: el lutier y mi hija probaron unos 12 violines, de los que quedó esta selección de cinco. Normalmente, me dijo el buen hombre, no deja llevarse a la gente a su casa más de tres. Me dijo que si podía confiar en mí, y le dije que si tengo yo pinta de querer robar una maleta llena de violines. Pero aquí había un valor mayor de 5.000 €, así que es para confiar o no... ¿Y qué hace uno con una maleta llena de violines? Dejarla reposar, y esperar a que mi hija, probando uno a uno, le cogiese cariño a alguno.
Pero como necesitábamos asesoramiento profesional, le cayó el marrón a la profe de violín. Esta mujer y pedazo de profesora de mi hija se merece un monumento: es otro ejemplo de la idiosincrasia de este país en temas de conciliación. Es sueca y conoció a su marido estudiando violín en el Conservatorio de Hamburgo. Ambos, violinistas profesionales, han seguido carreras muy distintas: él es violinista en la Ópera de Hamburgo, y ella se ha ocupado de críar a tres hijas, y ha dado siempre clases privadas en su casa, pues más no podía hacer, pero con tal profesionalidad y ahínco, que ya quisiesen muchas escuelas tener a alguien así, si no alguna de las mejores orquestas del mundo. Tiene tres hijas musicales, ya mayores: la mayor acaba de sacarse la plaza en la Filarmónica de Düsseldorf, con su contrabajo; la segunda toca la tuba, pero estudia biología, y la tercera toca también el contrabajo, pero en la variante de jazz. Mi hija va feliz todas las semanas a la clase de esta mujer, y llevan cuatro años y medio juntas. Y cuando la recojo de clase, mi hija sale siempre contenta, y me dice que le encanta la clase de esta mujer.

Pues dicho todo esto, que cada cual se merece sus flores de vez en cuando, vuelvo a nuestro violín. La profesora se quedó con la maleta varios días en su casa, y me la devolvió con notas sobre cada violín, como si fuese una cata de vinos, que si éste tiene toques afrutados, éste tiene más cuerpo, etc., pero con otros matices, por supuesto, pero a mí me sonaban a algo parecido a eso. Y luego los probó uno a uno con niña incluida, probando el sonido y el porte juntos, y vio cuál es el que le va mejor a mi hija. Y es que, me explicó, ha de ser como enamorarse a primera vista, y que hay violines que los coges y no te imaginas hacerlos tuyos, y otros los tocas, y caes rendido a sus pies. Pero incluso el que ella y mi hija eligieron juntas, ha habido que ajustarlo un poco, para que esté perfecto, como una relación, más o menos. Eso supuso otro viaje más el otro día al lutier, y la profesora se empeñó en venir conmigo. Ella le expuso lo que tenía que apretar, ajustar, bajar o subir, y reconozco que en esa conversación me sentí fuera de lugar, y cuando trataban de que yo les entendiese, les dije que daba igual, que hicieran con el violín lo que considerasen absolutamente necesario, que yo solo tenía que pagar. Y allí lo dejamos, y ayer volví a por él, y me lo dieron ya en su estuche individual, que está forrado por dentro con terciopelo rojo, para cuidar tal beldad musical. Que sea para bien, me queda decir, y que lo toque muchos años. Ahora solo queda asegurarlo, pues como lo lleva en el metro y al instituto hay que prevenir que cualquier ceporro se siente encima o lo dé un balonazo, pero como es una clase musical en la que todos tienen un instrumento, confío en las musas, pues por lo demás, a mí no me queda más que hacer en este asunto.

martes, 6 de diciembre de 2011

Nikolaus - Sinterklaas - Papá Noel

En Alemania no se celebra el día de la constitución, ni hoy ni en todo el año, pero menos sería aún, de celebrarse, en estas fechas, en las que solo nos gustan los temas navideños. Hoy es San Nicolás, el Nikolaus alemán, el día que recuerda a San Nicolás de Bari en el que fue el día de su muerte. Era un obispo turco declarado santo por haber ayudado sobre todo a niños y por cuyo "encargo" los padres llenan cada 6 de diciembre las botas de sus hijos de chocolates, nueces, mandarinas y, hoy día, algún que otro regalito más jugoso. Los niños alemanes pusieron sus botas anoche listas para recoger el botín nada más levantarse hoy, y a juzgar por lo que me cuentan mis hijas, algunos exageran con los regalos. Mi hija contaba que a una niña de tercero le han traído una Wii, pues en el cole han intercambiado información, algo imprescindible. Hoy día es normal meter algún regalito más: un libro, un CD, unas pinturas, o algo por el estilo, y yo considero que 15 € por regalo, como mucho, son más que suficientes, al no ser ni festivo y no ser todavía Nochebuena, que vendrá con las dádivas navideñas grandes. Me pregunto qué les traerá el Christkind, o Niño Jesús, y/o el Papá Noel en Nochebuena a esos niños que en un día laborable normal, antes de irse al cole, reciben una Wii por no conformarse el Nikolaus de hoy con dejar chocolates y mandarinas.

Pero lo del Nikolaus es un jaleo, ya que si cambiamos de países, la confusión es total. Al parecer, antes, los regalos se daban el día 6 de diciembre, como sigue siendo la tradición en Holanda, en la noche anterior al día de San Nicolás, pero la reforma protestante cambió el día, y solo quedan esos vestigios en Holanda, y lo de llenar las botas en el día de hoy en Alemania. En Holanda, los regalos gordos se dan en Sinterklaas, que fue ayer por la tarde, y en Navidad no se regalan nada. Así que cada uno hace lo que quiere, y lo de los Reyes, que a mí me parece muy lógico, le choca aquí a la gente, como si fuesen más lógicos estos otros personajes que llenan botas, o el Sinterklaas, que en teoría vive en España, ojo al dato, y que va acompañado de su ayudante negrito, el Zwarte Piet, y llega en barco a Amsterdam unas dos semanas antes y sigue su labor cabalgando su caballo blanco. Curiosas todas estas tradiciones. Los holandeses, además de unas galletitas redondas pequeñas, se comen estos días letras de chocolate gigantes con la letra inicial del nombre, estando los que tienen un nombre que comienza por I claramente perjudicados frente a los que reciben una M. Pero acabo de ver que los fabricantes ha solucionado esta injusticia haciendo la I más gorda y a la M más flaca y el peso sale igual. Así que la discriminación se queda para los que el Nikolaus les trae o una Wii o un CD y unos rotuladores como les he metido yo a una y a otra de mis hijas (una cosa a cada una). Porque las tradiciones están muy bien, y está bien cuidarlas en el país donde vives, pero a colación de esto se me viene la escena a la mente de la maravillosa película Almanya, en la que los niños turcos tratan de que sus padres celebren la Navidad como sus amigos alemanes. Los padres no saben, y ponen un árbol escuchimizado. A mí el Nikolaus me pilla todos los años por sorpresa, y más cuando a la puerta de casa aparecen para mis hijas regalos que colocan los vecinos y yo nunca pongo nada para ellos. Hoy me ha vuelto a pasar.

Pero es que me lío con tanto Nicolás o figuras que traen regalos. El Papá Noel como se conoce en la actualidad no fue más que una de las primeras ocasiones en las que se globalizó el mundo: el anuncio de Coca Cola convirtió al santo Nicolás, el del día de hoy y no a otro, en esa figura vestida de rojo como la conocemos desde entonces. Solo cabe temer que Halloween y sus monstruos acaben por desterrar todas estas tradiciones, que precisamente por lo variadas que son, resultan tan interesantes. Pero en estas cosas, salvo con sumar fiestas que importamos, no desterramos a los personajes que conocemos de toda la vida. Mejor incluimos a otros cuantos más y así sacamos más tajada. A todo esto añado que mis hijas, de doble nacionalidad, y la holandesa, la paterna, por añadidura, suman y añaden tradiciones por donde quiera que vayan, y este mes resulta pero que muy jugoso...

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Especies protegidas

Cuando pienso en cómo me quitaron a mí unos papilomas allá por el año 1988... Me metieron una especie de pistola en el talón en el lugar dónde los tenía, para congelarlos con frío. Estuve un par de semanas coja, del dolor que me quedó. Pero es que eran papilomas españoles, que no son especie protegida, como la rama alemana. Aquí a los papilomas se los trata muy bien. Se les da tratamiento y se les quita, pero por las buenas, nada de salvajadas. Así lleva mi hija con unos papilomas en los dedos gordos de los pies durante meses, ya he perdido la cuenta cuántos. Se pone unas tiritas que los reblandecen, antes un líquido que al parecer hace algo, y vamos al médico cada semana a que le quite un buen trozo de piel con papiloma, pero los papilomas siguen campando a sus anchas, y empiezo a pensar que, o hacemos algo más radical, o se quedarán en el spa en el que viven para siempre. Aquí hay varias teorías: que se van solos cuando les da la gana, se traten o no, o que se pueden tomar las bolitas de los tratamientos homeopáticos para combatirlos, o como mucho se les quita con mimo y esmero, como hacemos nosotras. Se trata de que no duela, y de que no salga ni una gota de sangre.

Con otras cosas no se andan con chiquitas, por el contrario. Mañana es la famosa excursión de la que hablé ya en este blog en la que la clase de mi hija, de sexto, irá al hospital a que les den un tratamiento de choque para que no fumen. Van a presenciar una broncoscopia a un paciente con cáncer de pulmón en vivo, además de entrevistar a fumadores enfermos (arrepentidos) de cáncer de pulmón. Al final no di mi consentimiento a la visita porque a mi hija le da pánico y es seguro que se desmayaría y montaría el numerito. La semana pasada tuve ocasión de hablar en persona con el profesor, y entendió plenamente mi negativa, pues, según me contó, siempre hay dos o más niños que se desmayan, e incluso para los adultos acompañantes es muy desagradable, me dijo. Por lo visto les enseñan además un pulmón que "era" de un fumador, abierto, para que lo vean bien, y me dijo que en ese caso es mejor que mi hija no vaya. Le aseguré que para él es lo mejor...

Pero ahora resulta que va a ser la única de la clase que no va a ir al hospital, así que por variar, seguimos llamando la atención, por mucho que me empeñe en no hacerlo. Ahora está enfadada mi hija porque no se puede quedar en casa, ya que el profe de ciencias le ha dicho que ha arreglado que vaya mañana a una de las clases de quinto, pues en casa sin cole no se puede quedar, que tiene obligación de estar esas horas en clase, lo cual a mí me parece bien. Ella me ha pedido que llame mañana y diga que está mala, pero entonces si que montaríamos el escándalo, y yo estoy dispuesta a protegerla, pero tiene que apechugar con las consecuencias: yo soy la primera que entiende que no vaya al show del hospital, aunque sea la única, pues me parece bestial lo que tienen previsto, pero no por eso tiene fiesta, que tiene que pagar un precio. ¿Que qué tienen que ver los papilomas con la broncoscopia en vivo delante de niños? Nada, pero pienso que ni tanto cuidado y mimo con las cosas más simples, ni tanta crudeza con la realidad que ya es lo suficientemente cruel. El profesor me aseguró que tras esto no fuma la mayoría, que la "terapia" preventiva funciona, pero también me comentó que hay una niña en la clase, cuyo padre fuma como un carretero, que lo está pasando muy mal estos días, que se toma este asunto como algo personal y que se lleva todas estas preocupaciones a casa y que esto está provocando conflictos con el padre. Ahora pienso que el profesor que imparta la materia tiene que ser no fumador entonces, para predicar con el ejemplo, supongo, si no qué timo. Y ahora me acuerdo de la frase con la que me despidió el profesor: "No se preocupe que el próximo tema es menos crudo: el sexo".  Ni me quiero imaginar que se les ocurra darles explicaciones en vivo...

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vaya vegetarianos

Me llama la atención cuántos niños vegetarianos hay en Alemania. De un tiempo a esta parte vengo observando un incremento, que no puedo ni quiero corroborar con cifras pues se trata de mi impresión personal en base a los críos que pasan por mi casa. Cuando un niño me dice que es vegetariano, en lo primero que pienso es que si los de mi generación o muchos de después les hubiesen dicho eso a sus padres, de la voz que nos hubiesen dado, nos hubiésemos ido a comer un buen asado después solos o en familia. O me imagino a un español de hoy día diciéndoles a los que por su religión no comen cerdo que "venga, prueba, con lo rico que está este ibérico".

Y vienen crías de 11 años a mi casa, y me dicen que no comen carne. De esto, curiosamente, se salvan a veces las salchichas, aunque no siempre. Es por eso por lo que mi hija pequeña me preguntó hace poco: "¿Mamá, a los animales de los que sacan salchichas, los matan de otra manera?" No entendí la filosofía de la pregunta así a primeras, pero le dije que no, que es lo mismo, y entonces me salta: "Ah, pues yo pensé que sí, porque hay niños vegetarianos que comen salchichas, y yo creía que sería porque los matan mejor". La lógica es aplastante, como la incongruencia de lo otro.

Por supuesto que respeto que un niño decida ser vegetariano porque sí; también conozco a padres que cuentan que sus hijos son vegetarianos (porque ellos lo son), y estos niños son los que en las barbacoas dan cuenta de un buen número de salchicas o chuletas, y con avaricia. Sin embargo el caso más respetable que conozco es el de una niña que viene a menudo a mi casa que es vegetariana convencida, sin serlo nadie en su casa. Pero ésta al menos come todo lo demás, y no le hace ascos a ninguna verdura. Yo he acabado por cogerle el tranquillo a esta vegetariana, aunque compadezca a la madre con tres hijas de las que una es vegetariana, otra no come verdura y la tercera de nada. Pero hace poco estuvo aquí una vegetariana que vino de manera improvisada. Yo no sabía que lo era, y tenía la comida lista además cuando mi hija me avisó de que traía a esta amiga. Había judías verdes con patatas cocidas, y trocitos de pavo empanados de segundo. Pues bien, cuando volví y les pregunté que si habían comido bien, se sonríen y me dice: "Es que soy vegetariana...", "ah", dije, tranquila porque había habido verdura. "Ya, pero es que las judías verdes no me gustan". Comió solo patatas cocidas.

Mi explicación para tanto vegetariano de corta edad es que los niños aquí crecen muy unidos al mundo animal. El que no tiene perro tiene conejo, o hamster, o peces, o todo junto a la vez. Y como se pasan el día acariciando a tanta monería animal, como para ponerles luego en el plato un animal muerto, como me dice a mí la vegetariana que más respeto. Ésa se hizo vegetariana con 5 años, cuenta orgullosa, cuando una niña en la guardería le dijo que la carne son animales muertos. Pero en la mayoría de los casos me parece una idealización tal de realidad que estos críos crecen en sus mundos felices tan fomentados aquí en las casas. Como les expliqué yo a mis hijas el otro día, que andan tentadas de hacerse vegetarianas, porque los animales son "tan monos" y que están consternadas de que nos los comamos y los matemos. Les dije que sí, que entiendo sus preocupaciones, y que los animales merecen un trato digno, pero que no piensen que porque no coman carne que no participan del uso de ellos para otros productos, pues de los animales se sacan muchas otras cosas para cosméticos, zapatos o medicinas. Me miraron con estupor. Sí que me rogaron comprar carne "bio" (lo que influye la vida aquí) y que aunque sea más cara, que entonces comamos menos carne, pero con garantía de que han tratado bien a las vacas. Les dije que con eso hay mucho fraude también, que no todo donde pone "bio" lo es. Pero como por cabezonerías similares no comen pescado desde hace mucho, lo peor que me podía pasar a mí, estoy por llevarles a un sitio donde vean lo que hacen con los productos transgénicos, y cómo crecen los vegetales hoy día, en invernaderos en producción en masa, o manipulados igual para que tengan esa forma y color específico. Yo estuve hace años en una feria en Holanda en la que vi cómo crecen los champiñones en una especie de algodón y que el agricultor trabaja con ordenador, y cambió mi concepto sobre todo esto.

Me parece muy bien que los niños crezcan con respeto hacia los animales, que se les inculque que hay que tratarles bien y que no porque nos los comamos, podemos engordarlos o hacer con ellos lo que queramos. Pero veo que está creciendo una generación de sabiondos intolerantes que se acabará por dar un batacazo cuando vean que muchos seres humanos no viven tan bien como sus peces en la pecera o su conejo con su jaula con columpios y que comen la mejor comida "bio" que haya en el mercado para ellos.