Muchos días cuando mandas a tu hijo al cole en Alemania, no sabes lo que te vas a encontrar a la salida, ni cómo te lo van a devolver. Yo he tenido y tengo hoy a mis hijas por el mundo. Una anda en la isla de Sylt, desde el sábado, con la clase, y con la que está cayendo. Estamos en invierno en mayo, pues no pasamos de 12°C y llueve y llueve. Va a volver desesperada, pues siempre que ha ido a esa isla del Mar del Norte ha vuelto así, helada y echando pestes de que a todos les parezca tan divertido ir a pasar frío. A la otra me la han mandado hoy por Hamburgo, a una excursión en grupos en el metro, donde la tarea era ir en metro en sí e ir respondiendo preguntas y realizando actividades. Se trata de preparar a los críos de cuarto de primaria para el cambio al instituto, pues en muchos casos irán ya en transporte público solos, con 10 años. En el papel que nos dieron hace unos días ponía que no llegarían antes de las dos al colegio o incluso a las tres. A mí me pareció algo raro tanto tiempo, pero yo acato lo que me dicen, que ya llevo muchos años así. Pues a las doce y diez me ha llamado mi hija toda indignada, para decirme que ya estaban en clase, y que aguantarían hasta la una, pero que luego la recogiese. Lo curioso es que cuando me ha narrado todo al teléfono, muy cabreada, lo ha hecho en español, y muy bien dicho todo. He colgado el teléfono toda contenta de que el español sea su lengua para los rebotes, pues me ha relatado con todo detalle que qué mal pensado estaba todo, y que si se pensaban de verdad que iban a tardar tanto. Así que yo contenta por lo bien que desportrica en español, pero sobre todo porque ha vuelto sana y salva a casa, pues miedo me daba a mí que se perdiesen por el metro de Hamburgo. Y la otra volverá luego, jurando en arameo, es decir, en español también.
Hace un par de días leí que ya habían caído en mi barrio 121 litros por metro cuadrado y que es el mes de mayo más frío y húmedo registrado hasta ahora, por lo que confirmé mis sospechas de nuevo. Ese mismo día leí también que nos recomiendan gastar más agua. Que con todo lo que llueve en Hamburgo, que no es ecológico ahorrar, dicen. Y ya ví hace tiempo en la tele un reportaje en el que decían lo mismo. Que el nivel del agua está de esta manera siempre demasiado alto, lo cual no es ecológico aparte de que más consumo de agua, dicen, que bajaría el precio medio del servicio. Pero a ver quién es el guapo que comienza a gastar más. De momento seguro que subiría la factura un montón, y yo no voy a ser la que cambie de hábitos. Más bien me pregunto que por qué no bajan el precio del agua a priori y así todo el mundo se anima más a consumir más agua por el mismo dinero. Es que no entiendo nada.
Justo ahora me entra un sms de mi hija, que viene ya en el tren de camino. Que por favor le tenga comida preparada, que viene con hambre. Yo me voy a trabajar, pero ya supuse que volvería así, y ya le había dejado comida en la nevera... Pero releo y veo que me lo ha escrito en alemán. Voy a tener que establecer más normas. En esta casa la comida se pide en español. Ya que con el tiempo no puedo ni con el sistema escolar tampoco, a la cocinera se le habla en su idioma.
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lunes, 27 de mayo de 2013
lunes, 4 de febrero de 2013
Para no olvidar
Lo que vi ayer se puede sumar a mi memoria del terror. Creo que es conveniente visitar algún lugar así alguna vez en la vida, para darse cuenta de lo que es capaz el ser humano. No pienso ir a Auschwitz, pero he visitado otros campos de concentración que ofrecen todo el terror de entonces y hacen insoportable lo inimaginable. El de Hamburgo, Neuengamme, nos dice mucho a todos los que vivimos por aquí, pues de vez en cuando oímos de algún nombre de algún intelectual o político que murió allí. El campo de Neuengamme fue instalado en un primer momento para alemanes, los que se resistieron al ascenso nazi al poder. Luego se les sumaron hombres y mujeres de otros países europeos, sobre todo los de la resistencia en el este o centro de Europa, pero también de Bélgica, Francia, Holanda y Dinamarca. Además de judíos, gitanos, homosexuales, testigos de Jehová, y todo lo considerado "criminal".
El campo de Hamburgo no fue un campo de exterminio, sino de trabajo, pero la idea era clara: que se muriesen trabajando en condiciones infrahumanas. Montaron una fábrica de ladrillos para ello, para que el Nacionalsocialismo construyese sus edificios emblemáticos con los que demostrar su poderío, y en el segundo período de funcionamiento del campo producían armamento. La fábrica de ladrillos es gigante, y produce espanto; uno ve ese edificio tan frío y lúgubre, y comprende los libros que ve antes en otro edificio, y las listas de los nombres de todos los muertos. El cinismo era tal, que en el registro de los fallecimientos ponían nombre y apellidos, y las causas de la defunción: tuberculosis, diarrea o "debilitamiento general", y cosas así. Pero el trabajo era una máquina de matar. En el edificio en memoria de los caidos hay listas interminables de nombres, con los días de fallecimiento. Con el paso del tiempo, las listas de muertos en ciertos días parecen interminables, y el último día que registra nombres es imposible contarlos.
El campo funcionó entre 1938 y 1945, y estuvieron recluidos 80.000 hombres y 13.500 mujeres. Y había más no registrados. Hay por lo menos 42.900 muertes atribuidas a las condiciones de vida y de trabajo. A éstas se les pueden sumar los que fueron llevados a otros campos para ser asesinados allí, y los que murieron tras la liberación por enfermedades contraídas en el campo. Se calcula que más de la mitad de los 100.400 recluidos que hubo allí murió. Dormían hacinados: en el sitio el que cabía una persona, ponían a tres. Hambre, enfermedades, mala comida, olores fecales. Les daban incluso menos de comer de lo que les correspondía, una dieta a base de sopas muy estiradas, sin nada de grasa, y escaso pan solo para los que trabajaban "más duro". Les dejaban a veces luchar entre sí por comida o un lugar de dormir apelando a la ley del más fuerte.
Puedo asegurar que el frío y el aire que corría ayer por la zona me hacía no sentir la cara, pero sí las orejas, de dolor, y yo iba bien abrigada. Los presos llevaban ropa raída y nada de abrigo. Se tapaban con papel y trozos de mantas o lo que podían debajo de la ropa que llevaban, para protegerse del frío. Cuando faltó ropa para tanto preso, les daban las de los asesinados en otros campos de concentración, que llevaban una cruz grande amarilla en la espalda como prueba de ello. Reciclaje puro.
Además de todo esto, me pareció espantoso saber que después de la liberación del campo, éste tuvo varios usos más: primero como prisión para los mismos nazis que fueron juzgados tras la guerra, esto aceptable y justo. Pero después hubo desde 1948 una prisión para reclusos normales, ampliada posteriormente con un correccional juvenil, que estuvieron funcionando hasta 2006. Hubo muchas protestas de supervivientes o familiares de los muertos, por el mal gusto de aprovechar los edificios hasta tal extremo. Por suerte ahora el lugar es solo museo, pues verdaderamente es reciclar demasiado el utilizarlos con otro fin que el que tuvieron, pues tanto sufrimiento debe quedar para siempre suspendido en el aire de esos campos tan fríos, donde se sigue sintiendo el dolor, a cada paso.
El campo de Hamburgo no fue un campo de exterminio, sino de trabajo, pero la idea era clara: que se muriesen trabajando en condiciones infrahumanas. Montaron una fábrica de ladrillos para ello, para que el Nacionalsocialismo construyese sus edificios emblemáticos con los que demostrar su poderío, y en el segundo período de funcionamiento del campo producían armamento. La fábrica de ladrillos es gigante, y produce espanto; uno ve ese edificio tan frío y lúgubre, y comprende los libros que ve antes en otro edificio, y las listas de los nombres de todos los muertos. El cinismo era tal, que en el registro de los fallecimientos ponían nombre y apellidos, y las causas de la defunción: tuberculosis, diarrea o "debilitamiento general", y cosas así. Pero el trabajo era una máquina de matar. En el edificio en memoria de los caidos hay listas interminables de nombres, con los días de fallecimiento. Con el paso del tiempo, las listas de muertos en ciertos días parecen interminables, y el último día que registra nombres es imposible contarlos.
El campo funcionó entre 1938 y 1945, y estuvieron recluidos 80.000 hombres y 13.500 mujeres. Y había más no registrados. Hay por lo menos 42.900 muertes atribuidas a las condiciones de vida y de trabajo. A éstas se les pueden sumar los que fueron llevados a otros campos para ser asesinados allí, y los que murieron tras la liberación por enfermedades contraídas en el campo. Se calcula que más de la mitad de los 100.400 recluidos que hubo allí murió. Dormían hacinados: en el sitio el que cabía una persona, ponían a tres. Hambre, enfermedades, mala comida, olores fecales. Les daban incluso menos de comer de lo que les correspondía, una dieta a base de sopas muy estiradas, sin nada de grasa, y escaso pan solo para los que trabajaban "más duro". Les dejaban a veces luchar entre sí por comida o un lugar de dormir apelando a la ley del más fuerte.
Puedo asegurar que el frío y el aire que corría ayer por la zona me hacía no sentir la cara, pero sí las orejas, de dolor, y yo iba bien abrigada. Los presos llevaban ropa raída y nada de abrigo. Se tapaban con papel y trozos de mantas o lo que podían debajo de la ropa que llevaban, para protegerse del frío. Cuando faltó ropa para tanto preso, les daban las de los asesinados en otros campos de concentración, que llevaban una cruz grande amarilla en la espalda como prueba de ello. Reciclaje puro.
Además de todo esto, me pareció espantoso saber que después de la liberación del campo, éste tuvo varios usos más: primero como prisión para los mismos nazis que fueron juzgados tras la guerra, esto aceptable y justo. Pero después hubo desde 1948 una prisión para reclusos normales, ampliada posteriormente con un correccional juvenil, que estuvieron funcionando hasta 2006. Hubo muchas protestas de supervivientes o familiares de los muertos, por el mal gusto de aprovechar los edificios hasta tal extremo. Por suerte ahora el lugar es solo museo, pues verdaderamente es reciclar demasiado el utilizarlos con otro fin que el que tuvieron, pues tanto sufrimiento debe quedar para siempre suspendido en el aire de esos campos tan fríos, donde se sigue sintiendo el dolor, a cada paso.
sábado, 22 de septiembre de 2012
El dinero que no tenemos
Esta semana la asociación de contribuyentes alemanes ha hecho público su informe anual en el que exponen dónde se ha tirado el dinero un año más, con ejemplos como un puente para que crucen gatos salvajes que ha costado una millonada, o concretamente en Hamburgo, unas palmeras que instalaron en un barrio por 15.000 euros. Las palmeras no sobrevivieron su primer invierno en estas latitudes, y ahora las tienen que arrancar, algo que costará también dinero. El ejemplo más claro de Hamburgo es la futura Filarmónica, que está engullendo millones y millones. Lo que en un principio debía costar 77 millones de euros y estar listo en 2010, costará por lo menos 323 millones de euros y estará lista en 2015. Y mientras que para algunas cosas los que manejan el dinero tienen la manga muy ancha, en otras se corta o se ha cortado el grifo hace mucho tiempo, muchas de ellas necesarias.
Hace meses, cuando en España se armó el revuelo por sugerir la alcaldesa de Madrid que bibliotecas y otras prestaciones municipales podrían ser llevadas por ciudadanos como tareas de voluntariado, yo me reí para mis adentros, pues eso existe en Alemania desde hace décadas. Es triste decirlo, pero si Alemania tiene dinero para muchas cosas, y no solo para malgastar, es porque restringen en otras que consideran "innecesarias". Por otra parte, como los ciudadanos las consideran imprescindibles, sorprendentemente para un país en el que trato diario no es tan cálido como en otros, sí que son capaces de darlo todo y gratis por tareas muy concretas. Hace poco el presidente alemán Joachim Gauck abrió su palacio para recibir a 4.000 de voluntarios para agradecerles su labor, y por supuesto que no fueron todos, pero el acto fue simbólico, como la cifra de los invitados también pues en Alemania son millones los ciudadanos que se involucran en algún voluntariado. Hay de todo: desde gente que asesora a personas que han sido robadas, y reciben para ello incluso las formaciones necesarias. O en uno de mis cursos una señora cuenta siempre que ella lee con niños extranjeros que tienen dificultades con el alemán. Aquí los comedores de los colegios, si es que existen, funcionan a menudo con madres que rotando se ocupan de comprar y cocinar a precio de coste, trabajando gratuitamente, al igual que las bibliotecas de institutos y colegios. A mí en temas de enseñanza me duele que así sea, pues no me cabe en la cabeza que no sea posible organizar un comedor profesional o emplear a alguien para la biblioteca. Pero en Alemania dejó de haber hace muchos años dinero que en otros países ha seguido existiendo para prestaciones básicas.
No quiero negar la necesidad en las sociedades ricas de involucrarse y concienciarse de las necesidades no cubiertas, pero existe el peligro de que el estado relegue demasiadas tareas en sus ciudadanos. Los tiempos que vivimos nos han demostrado que los últimos años no hemos vivido correctamente y el manejo del dinero no ha sido el más adecuado. Aquí se recorta en educación y se invierte en proyectos de prestigio, como en el edificio para la Filarmónica de Hamburgo, un saco sin fondo que se está comiendo el dinero que la ciudad no tiene para otras cosas. Ese es el peligro, y no que la gente se involucre en algo que llenen sus vidas. Pero cuando uno lee del despilfarro innecesario porque algunos tengan "estupendas" ideas como plantar palmeras en el norte de Europa, o estupideces así, dan ganas de ponerse a gritar.
Hace meses, cuando en España se armó el revuelo por sugerir la alcaldesa de Madrid que bibliotecas y otras prestaciones municipales podrían ser llevadas por ciudadanos como tareas de voluntariado, yo me reí para mis adentros, pues eso existe en Alemania desde hace décadas. Es triste decirlo, pero si Alemania tiene dinero para muchas cosas, y no solo para malgastar, es porque restringen en otras que consideran "innecesarias". Por otra parte, como los ciudadanos las consideran imprescindibles, sorprendentemente para un país en el que trato diario no es tan cálido como en otros, sí que son capaces de darlo todo y gratis por tareas muy concretas. Hace poco el presidente alemán Joachim Gauck abrió su palacio para recibir a 4.000 de voluntarios para agradecerles su labor, y por supuesto que no fueron todos, pero el acto fue simbólico, como la cifra de los invitados también pues en Alemania son millones los ciudadanos que se involucran en algún voluntariado. Hay de todo: desde gente que asesora a personas que han sido robadas, y reciben para ello incluso las formaciones necesarias. O en uno de mis cursos una señora cuenta siempre que ella lee con niños extranjeros que tienen dificultades con el alemán. Aquí los comedores de los colegios, si es que existen, funcionan a menudo con madres que rotando se ocupan de comprar y cocinar a precio de coste, trabajando gratuitamente, al igual que las bibliotecas de institutos y colegios. A mí en temas de enseñanza me duele que así sea, pues no me cabe en la cabeza que no sea posible organizar un comedor profesional o emplear a alguien para la biblioteca. Pero en Alemania dejó de haber hace muchos años dinero que en otros países ha seguido existiendo para prestaciones básicas.
No quiero negar la necesidad en las sociedades ricas de involucrarse y concienciarse de las necesidades no cubiertas, pero existe el peligro de que el estado relegue demasiadas tareas en sus ciudadanos. Los tiempos que vivimos nos han demostrado que los últimos años no hemos vivido correctamente y el manejo del dinero no ha sido el más adecuado. Aquí se recorta en educación y se invierte en proyectos de prestigio, como en el edificio para la Filarmónica de Hamburgo, un saco sin fondo que se está comiendo el dinero que la ciudad no tiene para otras cosas. Ese es el peligro, y no que la gente se involucre en algo que llenen sus vidas. Pero cuando uno lee del despilfarro innecesario porque algunos tengan "estupendas" ideas como plantar palmeras en el norte de Europa, o estupideces así, dan ganas de ponerse a gritar.
jueves, 9 de febrero de 2012
Quiero ser un niño alemán
En mi próxima vida quiero ser un niño alemán. Eso les digo a mis hijas a menudo. Hoy por ejemplo, que la mayor no tiene colegio, y la semana que viene un día la otra, lo vuelvo a repetir. Jornadas pedagógicas, o conferencias, las llaman. Si a eso le sumamos en el instituto las horas de clase que se cancelan cuando no viene el profesor (aquí no se pone sustituto o plan alternativo sino que los mandan directamente a casa, o les dicen el día de antes que vengan más tarde), o las horas que en primaria hacen galletitas o actividades absurdas en horas de clase, estoy ya que me ataco otra vez. Seré un niño alemán, sobreprotegido y además "tocagüevos", de esos tan listillos como sus madres. Ayer llamó una niña de 8 años aquí, para prevenirle a mi hija de entrar en una página de internet en la que entra habitualmente. Son unas muñecas a las que colorean y ponen vestidos muy fashion, la versión moderna de los recortables de antes, digamos. Mi hija chatea con sus amigas y se dan puntos por los atuendos que hacen. Se ve que esta niña llegó a casa y dijo que quería chatear con Natalia, y la madre, entró en la página, como hice yo en su día, pero le prohibió terminantemente su uso. Pero una familia perfecta no se conforma con eso, sino que previene al mundo. La niña llamó para contarle a mi hija que su madre había visto que un hombre había amenazado de muerte a una niña y a su madre. Mi hija, al colgar el teléfono, me dijo toda consternada: "Y yo que pensaba que llamaba para quedar conmigo". Yo me reí, y le expliqué que sí que es cierto que hay que tener mucho cuidado en internet, y que por eso yo les digo que solo se hagan amigas de sus amigos, y de nadie más, y que por favor, me enseñen siempre cualquier cosa rara que vean. Y no pude evitar reírme y las tres lo hicimos, y les expliqué que los niños tan marisabidillos me atacan y que la actitud de esos padres que dan lecciones de pedagogía a los otros me molesta mucho. A todo esto cuenta la otra que una de sus amigas, vegetariana convencida, en la cafetería del instituto, en la que comen un día a la semana de manera barata y por cortesía del trabajo gratis que realizan madres que organizan este comedor (aquí no hay comedores en colegios o institutos), que encima pregunta a menudo cuando ve la carne: "¿Y es bio?". Mi hija me explica que con lo poco que cuesta la comida, como mucho será carne del Aldi, y que si ella, vegetariana, ni siquiera la va a comer, por qué se mete. Alguna vez ha recibido como respuesta de las madres, que con un mínimo presupuesto que luego sacan a precio de coste tratan de hacer milagros, que eso es imposible. O alguna vez he tenido yo en mi casa a alguna niña que me ha preguntado si las zanahorias eran bio, a lo que le he dicho que sí, que se las comiese tranquila... (no lo eran). Y luego esa misma otro día me dijo que la tapa del yogur no se chupa, que eso es cancerígeno.
Menos peligroso es lo de hoy, por supuesto, y en realidad ése es el motivo de mi diatriba mañanera. Al llegar al cole a las ocho menos diez, mi hija pequeña grita "Scheiße!!!" (mierda), y me dice que se ha olvidado el casco de la bici. Me comentó ayer que hoy va el señor policía del barrio a enseñarles educación vial, y yo me pregunto, con la que está cayendo, ahora mismo nevando, y en la radio en la información del tráfico no había más que noticias de accidentes y accidentes por hielos, ¿si no es mejor dejar esto para cuando estemos a temperaturas sobre cero...? Así que tengo dos opciones: o acercarle el casco a la hora del recreo (algo que he hecho alguna otra vez con otros olvidos "importantes", o aguantarme la fuerza de la "obligación" moral y que le deje alguno otro niño cuya madre no tenga nunca ningún olvido. Y mientras pasan muchas horas de colegio haciendo galletitas, y educándoles para ir por la calle debidamente, con casco o sin él, luego te dicen que por favor que le revises tú las tareas a tu hijo, que escriba contigo en casa, y cosas por el estilo, porque es evidente que con clase de ocho a una, restándole tanta hora de felicidad plena, que el trabajo real, y el apoyo a los niños soñadores, como la mía, ha de hacerse en casa, pues la diversión y fantasía se hace en primaria en clase.
Una prima mía, cuando lee estos posts míos, me dice que soy una autentica talibana en temas de educación. Y aseguro que sí, que me he vuelto, a base de luchar día a día contra lo incambiable, y por sentirme tan rarita en un mundo más raro que yo. Así que tomo la actitud española en el asunto, y me digo que ya le dejaran algún casco, o si no que la castiguen, que no pasa nada. A todo esto acabo de oír antes en la radio que a partir de ya, por 8 puntos quitarán el carné de conducir en Alemania, así que todo perfecto, que quiten o resten. Y justo ahora me estaba empezando a sentir mejor, tras soltar todo esto, cuando caigo en la cuenta que mi obligación de ciudadana es quitar ahora mismo la nieve que ha caído antes, no sea que se caiga alguna abuela y encima me denuncien. En la radio decían antes también que cada ciudadano con su casa lindante a la acera tiene que quitar la nieve, y una vez pasado todo el temporal, quitar toda la arena que se echa para evitar resbalos. Ahora pienso en mi amiga española que echó sal casera una vez del cabreo que tenía... Y mi hija mayor, que está por aquí en casa, un jueves de diario, sin clase, empieza a organizarme el día... Mal plan llevamos hoy, pues ya ha sonado el teléfono dos veces de otras niñas aburridas como ella en casa que tratan de organizarse(nos) el día.
Menos peligroso es lo de hoy, por supuesto, y en realidad ése es el motivo de mi diatriba mañanera. Al llegar al cole a las ocho menos diez, mi hija pequeña grita "Scheiße!!!" (mierda), y me dice que se ha olvidado el casco de la bici. Me comentó ayer que hoy va el señor policía del barrio a enseñarles educación vial, y yo me pregunto, con la que está cayendo, ahora mismo nevando, y en la radio en la información del tráfico no había más que noticias de accidentes y accidentes por hielos, ¿si no es mejor dejar esto para cuando estemos a temperaturas sobre cero...? Así que tengo dos opciones: o acercarle el casco a la hora del recreo (algo que he hecho alguna otra vez con otros olvidos "importantes", o aguantarme la fuerza de la "obligación" moral y que le deje alguno otro niño cuya madre no tenga nunca ningún olvido. Y mientras pasan muchas horas de colegio haciendo galletitas, y educándoles para ir por la calle debidamente, con casco o sin él, luego te dicen que por favor que le revises tú las tareas a tu hijo, que escriba contigo en casa, y cosas por el estilo, porque es evidente que con clase de ocho a una, restándole tanta hora de felicidad plena, que el trabajo real, y el apoyo a los niños soñadores, como la mía, ha de hacerse en casa, pues la diversión y fantasía se hace en primaria en clase.
Una prima mía, cuando lee estos posts míos, me dice que soy una autentica talibana en temas de educación. Y aseguro que sí, que me he vuelto, a base de luchar día a día contra lo incambiable, y por sentirme tan rarita en un mundo más raro que yo. Así que tomo la actitud española en el asunto, y me digo que ya le dejaran algún casco, o si no que la castiguen, que no pasa nada. A todo esto acabo de oír antes en la radio que a partir de ya, por 8 puntos quitarán el carné de conducir en Alemania, así que todo perfecto, que quiten o resten. Y justo ahora me estaba empezando a sentir mejor, tras soltar todo esto, cuando caigo en la cuenta que mi obligación de ciudadana es quitar ahora mismo la nieve que ha caído antes, no sea que se caiga alguna abuela y encima me denuncien. En la radio decían antes también que cada ciudadano con su casa lindante a la acera tiene que quitar la nieve, y una vez pasado todo el temporal, quitar toda la arena que se echa para evitar resbalos. Ahora pienso en mi amiga española que echó sal casera una vez del cabreo que tenía... Y mi hija mayor, que está por aquí en casa, un jueves de diario, sin clase, empieza a organizarme el día... Mal plan llevamos hoy, pues ya ha sonado el teléfono dos veces de otras niñas aburridas como ella en casa que tratan de organizarse(nos) el día.
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Sinsentidos
jueves, 26 de enero de 2012
¿No?
Camps absuelto, y Garzón en el banquillo. Así de incomprensible es la justicia a veces. Me duele España, utilizando la frase de Unamuno, más de lo que pudiese parecer por mi lejanía, o precisamente por eso. Me duele porque un veredicto así da la razón a la cultura del choriceo, de utilizar ciertos puestos para sacar tajada, y encima salir impune de ello. Un jurado popular (será en el doble sentido de la palabra) le ha absuelto por no considerar probados los hechos. Se trató de no meter la política en el jucio, pero al dirigirse a sus "conciudadanos" miembros del jurado, Camps apeló a que las urnas habían demostrado su inocencia. Ni grabaciones, ni facturas de los trajes, ni que haya dos imputados por el caso, ni un gobierno regional arruinado, ni el vacio que el mismo PP le ha hecho en alguna ocasión, han sido suficientes para condenarle. Las declaraciones chulescas de Cospedal anoche diciendo que ahora hay que rehabilitar el honor de Camps me parecen fuera de lugar. Si se va de rositas, que al menos se callen ahora, y no se regodeen en ello. Eso es España, la chulería de la afrenta y el insulto, y el hacer política dividiendo y atacando. Recuerdo de nuevo que el caso Gürtel no son solo 12 trajes, y que el que la destapó está siendo juzgado ahora en otra causa. Ahora que condenen a Garzón y entonces Camps y sus correligionarios y los que se embolsaron el dinero de la trama Gürtel se reirán a carcajadas de lo justo que es el mundo, pues la memoria histórica que no la toquen tampoco, pues bien histórica es, ¿no?
Pero todo esto podría acabar explotándole en la cara a Rajoy, que dejó caer a Camps cuando hacerle demasiado la corte suponía un obstáculo hacia su meta. La "moral" acecha por todas partes, y de la misma manera ahora mismo los obispos pretenden que el gobierno del PP acate los cánones establecidos y critican, por ejemplo, que Soraya Sáez de Santamaría sea la persona adecuada para echar el pregón por la Semana Santa en Valladolid cuando no está casada por la iglesia, como Cospedal fue criticada anteriormente por su hijo fuera del matrimonio; a lo mejor con la mantilla trató de rehabilitarse. Ahora Camps volverá, y reclamará su lugar en la política, porque es inocente, ¿no? ¿No lo decían las urnas y ahora un jurado popular?
Las urnas no avalan nada, como hemos visto en el caso valenciano, y sigo pensando que la gente tiene lo que se merece como guías y dirigentes morales, pero lo malo de esto es que cualquier corrupto con menos influencias sería juzgado con virulencia y obligado a pagar, moralmente también, frente a los suyos y la sociedad. Pero si la inocencia se gana a pesar de las pruebas en base a un nombre o con guiños a los conciudadanos, y se saca tajada con la aprobación de la sociedad, qué podremos esperar del caso Urdangarín, en el que como supimos ayer no queda demostrado que la infanta supiese de los tejemanejes de su marido (¡pero si estaba registrada en las empresas!, y parece no haberse preguntado de dónde venían tantos millones). Absolver a Camps es como decir que no pasa nada, que cualquiera puede cometer un error, y que probablemente no haya hecho nada "inhumano", pues todos podríamos caer en la tentación dadas las circunstancias, ¿no?
Pero todo esto podría acabar explotándole en la cara a Rajoy, que dejó caer a Camps cuando hacerle demasiado la corte suponía un obstáculo hacia su meta. La "moral" acecha por todas partes, y de la misma manera ahora mismo los obispos pretenden que el gobierno del PP acate los cánones establecidos y critican, por ejemplo, que Soraya Sáez de Santamaría sea la persona adecuada para echar el pregón por la Semana Santa en Valladolid cuando no está casada por la iglesia, como Cospedal fue criticada anteriormente por su hijo fuera del matrimonio; a lo mejor con la mantilla trató de rehabilitarse. Ahora Camps volverá, y reclamará su lugar en la política, porque es inocente, ¿no? ¿No lo decían las urnas y ahora un jurado popular?
Las urnas no avalan nada, como hemos visto en el caso valenciano, y sigo pensando que la gente tiene lo que se merece como guías y dirigentes morales, pero lo malo de esto es que cualquier corrupto con menos influencias sería juzgado con virulencia y obligado a pagar, moralmente también, frente a los suyos y la sociedad. Pero si la inocencia se gana a pesar de las pruebas en base a un nombre o con guiños a los conciudadanos, y se saca tajada con la aprobación de la sociedad, qué podremos esperar del caso Urdangarín, en el que como supimos ayer no queda demostrado que la infanta supiese de los tejemanejes de su marido (¡pero si estaba registrada en las empresas!, y parece no haberse preguntado de dónde venían tantos millones). Absolver a Camps es como decir que no pasa nada, que cualquiera puede cometer un error, y que probablemente no haya hecho nada "inhumano", pues todos podríamos caer en la tentación dadas las circunstancias, ¿no?
martes, 10 de enero de 2012
Cuánta tontuna
Anoche en mi clase defendí el ir de compras como un hobby como otro cualquiera. La lección hablaba de aficiones, que si montar a caballo, esquiar, leer, escuchar música, y aparecía también el ir de compras, lo que muchos leyeron con escepticismo. Pues a mí me encanta ir de compras, les dije, y no me avergüenzo de ello, pero con ciertos matices. No me gusta principalmente ir a cadenas de tiendas o centros comerciales, sino que disfruto de ir de tiendas por la calle, las tiendas pequeñas, especiales, de las que cada vez quedan menos en el centro de las ciudades pero sí en ciertos barrios de todas y cada una de ellas. El centro ha dado paso a H&M, Zara, Massimo Dutti, C&A, etc., convirtiéndose todas las ciudades en las mismas zonas clónicas de tiendas. La diferencia la hacen esas calles con encanto con tiendas en las que es posible encontrar cosas únicas y no de masas.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
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martes, 8 de noviembre de 2011
Paredes contra la intolerancia
Ruido y silencio. Imposible tener ambos. O la pregunta es qué es el silencio y qué el ruido. Que hagan esa pregunta en Hamburgo o en Madrid, y las respuestas serán muy diferentes. Noticia curiosa la que leí el otro día en el periódico local: en un barrio muy residencial cerca de mi casa han puesto hierba artificial nueva en el campo de fútbol del polideportivo y apenas lo han podido disfrutar, pues enseguida ha estallado la guerra porque los vecinos se sienten invadidos en su silencio. Desde que han arreglado el campo con la nueva hierba, ha aumentado el uso del mismo, dicen. El litigio ha llegado a la decisión de la ciudad poner ahora unas paredes antirruido que cuestan más de 300.000 € y que paga el distrito correspondiente, que además es el mío, o sea, yo también. Oficialmente el campo se puede utilizar desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la tarde, y los domingos hay partidos. Es cierto que todo esto produce "ruido" constante, pero también este campo existe desde 1937, y no muchas de las casas de alrededor. Como conozco lo que me rodea, sé que a la mayoría de la gente aquí le gustaría tener silencio absoluto. Hay ruido molesto, pero el producido por niños jugando al aire libre no entra para mí en esta categoría, que al entrar en estos ámbitos debería ser medido no en decibelios sino en intolerancia, que es aquí cero hacia los chavales. Lo malo es que ellos, que crecen con tanta imposición, se vuelven así de intolerantes, pues entonces les toca a ellos que les devuelvan la hipoteca que pagaron en su infancia: ya que yo no he podido hacer ruido y jugar fuera a gusto cuando era crío, ahora que me compro mi casa de 300 m² para mí solo, espero oír el silencio, y nada más. Aseguro que en estos barrios del extrarradio de Hamburgo se oye el silencio, y la pega es que la gente se vuelve muy intolerante. Por supuesto que España, donde el ruido adquiere formas irrespetuosas en todo momento, no me parece el ejemplo ideal. Allí no entiendo que en piscinas al aire libre haya que poner música, o que en algunos bares esté la tele y la música a la vez puestas. En general me parece que hay una necesidad constante de oír algo en España, y si no viene tu vecino y te lo arregla, y en España se aguanta demasiado. Pero lo de aquí es muy grave: si no se va a poder utilizar un polideportivo y tenemos que vallarlo y aislarlo de egoístas huraños con paredes de seis metros de altura, me pregunto si no sería más barato llevar a esta gente a vivir en medio del bosque y regalarles un cachito, ya que tenemos tantos. Unas cabañas en el bosque, y el siguiente vecino a medio kilómetro. El litigio está siendo sonado, con abogados que están ganando dinero con todo esto, cartas para un lado u otro, y lo malo, como ponía en el periódico, es que esto podría poducir "contagio" a otros barrios con polideportivos o lugares parecidos al lado, como ocurrió no hace tanto con una guardería a la que se opusieron los vecino de la calle en la que la iban a abrir. Si esto sienta precedente, como por desgracia ocurre en este país, seguirán más casos similiares. El ruido es gratis y de todos, pero el silencio no es parcela de unos cuantos que se creen es su derecho de vivir solos en el mundo, y más en ciudad. A lo mejor en vez de poner vallas alrededor del polideportivo, deberían poner vallas de seis metros de altura alrededor y aislar a esta gente de los demás en una cuarentena indefinida. Por el peligro que suponen.
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jueves, 8 de septiembre de 2011
Resistiré
Todos los comienzos de curso ocurre lo mismo, y de lo que se trata es de mantener el tipo. Llevamos cuatro semanas exactas de clase, y las primeras semanas es genial sacar de la cartera casi cada día una hojita con todo tipo de actividades extraescolares que puede hacer tu hijo. Gente que ofrece sus servicios al colegio pero por la tarde, para llenar los horarios de tarde, que no existen aquí en primaria. Un día sacas un papelito con cursos de yoga para niños, otro de ajedrez, otro de balonmano, otro de clases de canto, otro de la orquesta de instrumentos de cuerda. El colegio pone a disposición sus aulas, pero son todo clases particulares. Al ser en el colegio, esto implica que unas y otras (madres) te pregunten constantemente: "¿Es que Natalia no participa en la orquesta?". "No, no participa". Además de esta oferta, está la del barrio, a la que niños de la clase van con amiguitos: hockey, saltar a la cuerda (o la versión sofisticada, llamada hoy día rope skipping), a hip hop, a montar a caballo, curso de tenis, fútbol, balonmano. Más preguntas de si mis hijas van o no, o lo que es peor, que ellas pregunten si pueden ir a hip hop porque fulanita va también.
El truco es aguantar el primer mes del curso, y luego todo se establece como ha de ser. Yo resisto y tiro todas esas hojitas a la basura, y hago tan solo las extraescolares de siempre (digo "hago" porque a la que le toca llevarlas es a mí, y por eso no hago uso de tanta oferta), que son violín una y violonchelo la otra. Este año se le ha sumado la catequesis de la pequeña, con lo que son tres cosas (para mí). Y luego si quedan a jugar con amigos, hay que ir a recogerlas o llevarlas, ídem de cumpleaños. Ayer me hice 25 km en ir a recoger a mi hija de una casa y volver. Lo triste es ver que muchas veces, cuando mis hijas quieren quedar, es prácticamente imposible en muchos casos, pues hay críos que tienen todas las tardes de la semana cogidas con extraescolares.
Pero yo aguanto, y salvo lo que tiene razón de ser, la música, y que podría haber sido alguna otra cosa, no me complico con nada más. Es cuestión de aguantar el tiempo que toca hasta que dejan de aparecer esas hojitas con tan maravillosa oferta, igual que ocurre en el supermercado, donde ayer estupefacta me quedé al ver todos los dulces navideños listos para su consumo a comienzos de septiembre. Como las extraescolares están decididas, y el curso y sus extras están más que establecidos, ahora ya nos metemos de lleno en la temporada navideña, y ayer, al ver los montones de dulces me pregunté lo siguiente: a) si los dulces llevan tantos conservantes que se conservan hasta Navidad, y b) si verdaderamente la gente necesita comer todo esto en septiembre, y prolongar el consumo hasta Navidad. Yo desde luego que hasta noviembre no me gasto ni un céntimo en ningún dulce navideño, porque ahora me parecen parte del atontamiento colectivo en el que nos quieren sumir. De que a lo mejor, de tanto verlo...
El truco es aguantar el primer mes del curso, y luego todo se establece como ha de ser. Yo resisto y tiro todas esas hojitas a la basura, y hago tan solo las extraescolares de siempre (digo "hago" porque a la que le toca llevarlas es a mí, y por eso no hago uso de tanta oferta), que son violín una y violonchelo la otra. Este año se le ha sumado la catequesis de la pequeña, con lo que son tres cosas (para mí). Y luego si quedan a jugar con amigos, hay que ir a recogerlas o llevarlas, ídem de cumpleaños. Ayer me hice 25 km en ir a recoger a mi hija de una casa y volver. Lo triste es ver que muchas veces, cuando mis hijas quieren quedar, es prácticamente imposible en muchos casos, pues hay críos que tienen todas las tardes de la semana cogidas con extraescolares.
Pero yo aguanto, y salvo lo que tiene razón de ser, la música, y que podría haber sido alguna otra cosa, no me complico con nada más. Es cuestión de aguantar el tiempo que toca hasta que dejan de aparecer esas hojitas con tan maravillosa oferta, igual que ocurre en el supermercado, donde ayer estupefacta me quedé al ver todos los dulces navideños listos para su consumo a comienzos de septiembre. Como las extraescolares están decididas, y el curso y sus extras están más que establecidos, ahora ya nos metemos de lleno en la temporada navideña, y ayer, al ver los montones de dulces me pregunté lo siguiente: a) si los dulces llevan tantos conservantes que se conservan hasta Navidad, y b) si verdaderamente la gente necesita comer todo esto en septiembre, y prolongar el consumo hasta Navidad. Yo desde luego que hasta noviembre no me gasto ni un céntimo en ningún dulce navideño, porque ahora me parecen parte del atontamiento colectivo en el que nos quieren sumir. De que a lo mejor, de tanto verlo...
sábado, 27 de agosto de 2011
Sin título
El post de hoy no lleva título, pero dejarlo en blanco, me parecería leve. Prefiero dejar constancia de ello, y celebrarlo incluso. Porque los que se me vienen a la mente incluso antes de escribir este post son los siguientes: Con la lluvia no se equivocan. Sin comentarios. Deberían prohibir todo evento al aire libre. La imposibilidad de planear. Como chafar una primera vez. Lo hemos intentado.
Todos y cada uno de ellos irían bien cómo título a una entrada de blog que me había guardado hasta el concierto de ayer. Mi grupo favorito alemán es una banda berlinesa de nombre Wir sind Helden, cuya música es escuchable en todos los estados de ánimo, desde alegre a mustio, de meditativo a seguro. Y la voz de la cantante es siempre como una voz en off, aplicable para todo. Pues bien, ideal hubiese sido hablar hoy, y no otro día, de este grupo y su música, haciendo un repaso al concierto de ayer. Sin embargo, ahora me toca explicar los diferentes títulos:
Todos y cada uno de ellos irían bien cómo título a una entrada de blog que me había guardado hasta el concierto de ayer. Mi grupo favorito alemán es una banda berlinesa de nombre Wir sind Helden, cuya música es escuchable en todos los estados de ánimo, desde alegre a mustio, de meditativo a seguro. Y la voz de la cantante es siempre como una voz en off, aplicable para todo. Pues bien, ideal hubiese sido hablar hoy, y no otro día, de este grupo y su música, haciendo un repaso al concierto de ayer. Sin embargo, ahora me toca explicar los diferentes títulos:
- Con la lluvia no se equivocan. El pronóstico del tiempo de ayer decía que tras un día de 29°C con humedad como en los trópicos, por la tarde/noche tendríamos una tormenta con aires huracanados, granizo, truenos y relámpagos. Aquí se equivocan con pronóstico de sol, que a veces nos anuncian, pero que luego no acaba de salir, pues la "sopa espesa", como se llama aquí a las nubes y niebla, no nos dejan verlo en días en los que debería salir; pero con la lluvia siempre aciertan. Si dan 90% de lluvia, caen todas las gotas anunciadas, e incluso más. Si dan 10% también. Yo a veces me sorprendo por esas cuatro gotas que caen, y me digo "ah, el 10% anunciado". Y qué decir de tormentas y tempestades. Si tocan tocan..., por mucho concierto al aire libre que hayan organizado.
- Sin comentarios. Y sin embargo, cuando tras haber actuado el telonero (ése sí que tuvo suerte) y a punto de salir Wir sind Helden al escenario, se levantó el aire diciéndonos de dónde venían la tormenta y empezamos a oír truenos a lo lejos, todos en el público, empezamos a sacar chubasqueros y paraguas, al unísono. La banda empezó a tocar y durante la primera canción no llovió, pero el resto sí, y a mares. Indescriptible la sensación de estar con un chubasquero, un paraguas, y aún así ponerte pingando en un concierto de "verano" y viendo que no iba a parar.
- Deberían prohibir todo evento al aire libre: cine de verano, conciertos, verbenas, ferias, mercados de artesanía. No tiene sentido organizar nada en VERANO en este país, pues el verano es una ilusión. Les cuesta aceptarlo, pero deberían. Creo que si se aceptase que lo que hay es esto, dejarían de hacernos creer que en verano se pueden hacer muchas cosas al aire libre, porque aquí no hay aire libre, pues le pertenece a la lluvia. Por supuesto algo así es fuerza mayor, pero aceptemos que la fuerza mayor hace imposibles las menores, como la organización de un evento al aire libre, por muy grande que sea.
- La imposibilidad de planear. En marzo, cuando compré las entradas, la idea me pareció muy buena. Mis hijas y yo, en un concierto juntas, en verano, al aire libre, en un parque, en un sitio de conciertos al que no he ido nunca por mi escepticismo ante todo lo que se hace al aire libre aquí en verano, incluso barbacoas o cumpleaños planeados con meses de antelación. Y no digamos de vacaciones en las playas alemanas.
- Cómo chafar una primera vez. Este concierto era el primero de mis hijas. No era para niños, pero que una madre vaya con sus hijas no tan pequeñas ya a un concierto de un grupo pop/rock, no es nada raro. Y a mí me hacía mucha ilusión llevarlas. Su desilusión fue ver que en un concierto de mayores no se ve mucho, y les expliqué que en un concierto con alemanes o nórdicos como público, los bajitos no vemos mucho, y que si tienen suerte y se hacen más altas que yo (algo que no es difícil), a lo mejor tienen más suerte que yo en conciertos futuros. Pero cuando empezó a diluviar, aguantaron el chaparrón y nunca mejor dicho, con una estoicidad impresionante. Cuando a la media hora, la cantante, Judith Holofernes, anunció que tenían que interrumpir el concierto, mis hijas se quedaron tan mudas como yo. La pequeña me dijo que ni siquiera habían cantado sus dos canciones favoritas...
- Lo hemos intentado. Con esa frase se disculpó la cantante del grupo. Que lo sentía, que lo habían intentado, pero que les habían dicho que había que parar, por motivos de seguridad. Me imagino que la reciente muerte en Bélgica de 5 personas y los muchos heridos al venirse abajo una lona en un concierto al aire libre, hizo que se previniese antes de tiempo. Y es que 30 litros por metro cuadrado y vientos con velocidad de 180 km/h era para temer lo peor en una concentración de muchas miles de personas. Así que tras media hora de concierto, y siete canciones, salimos ordenadamente, todos muy calmados, paraguas en mano, camino del metro. Yo iba de muy mala leche pero con mi visión de futuro en los momentos en los que no me puedo reír de nada, y aseguro que el tiempo de Hamburgo me hace perder los estribos, les dije que cuando sean mayores, le podrán contar a sus hijos o hablar entre ellas de que jamás se les olvidará como fue su primer concierto de mayores: "¿Te acuerdas de cuando mamá nos llevó al concierto de Wir sind Helden, la que cayó, y que lo tuvieron que interrumpir?" Les dije que se reirán a carcajadas. A mí ahora mismo no me hace ni pizca de gracia, y no es ya por el dinero que costaron las entradas, sino la rabia que me da que esto no es casual, y que el tiempo en Hamburgo, o Alemania, te arruina tus primeras veces. También yo, como Wir sind Helden, al menos lo intenté.
viernes, 26 de agosto de 2011
Fiscalidad (y moralidad) a conveniencia
Ayer leí un artículo de Javier Cercas publicado un año antes en El País Semanal (sí, con tanto retraso voy a veces) en el que hablaba de que va guardando artículos que lee a lo largo del año porque los considera potenciales del artículo perfecto que quiere escribir, además de los esbozos que tiene preparados y que no salen adelante, y contaba que, antes de irse de vacaciones de verano, hace repaso de todo los recortes y ve la cantidad de buenos artículos que se le quedaron por hacer. Y menciona varias de esas noticias, en un intento a que no pasen al olvido.
Algo así me ocurre a mí a menudo. A mi colección de periódicos y revistas atrasados, que no tiro hasta que no escrutino minuciosamente, se unen los artículos que voy guardando de los periódicos o revistas ya leídos porque los considero aprovechables para mis múltiples ideas. Luego están los que tengo en mente, y a veces me tiro dos semanas con una idea en la cabeza, que no acabo de soltar porque aparecen otras que en ese momento se les cuelan, o que no salen por falta de tiempo.
Y por eso, no quiero dejar sin comentar una noticia que leí en el periódico de ayer, así que reciente, de una sentencia que dice que comerte una salchicha sentado en uno de los típicos Imbiß que las venden y en los que normalmente, si te puedes sentar, no son los lugares más acogedores del mundo, te costará más que si te la comes de pie. Se aplicará otro impuesto: un 7 % para las que te dan en la mano, y te las vas comiendo o de pie o caminando, y un 19 % para las que te comes sentadito, en concepto de restauración. La noticia es graciosa, pues me pregunto que ocurre si una vez que has pagado la salchicha que te ibas a llevar, decides en el último momento sentarte en ese huequito de la mesa que hay libre. ¿Controla Hacienda si el vendedor declara esa salchicha como comida o como restauración? Me parece tan complicado y curioso, como tantas de las normas que hay aquí con excepciones y párrafos determinando todos los posibles.
Pero un tema que tengo desde hace casi en mente es la dimisión de Christian von Boetticher como candidato de la CDU a la presidencia de Schleswig-Holstein. El ahora excandidato presentó su dimisión entre lágrimas por su relación con una chica de 16 años. Al dimitir, dijo ante las cámaras y los micrófonos que fue amor, y aunque esa relación terminó al poco tiempo, y fue durante un tiempo en el que estaba soltero, y que era una chica de 16 años, que para mantener relaciones sexuales es ya la edad legal, o sea que no era delito. Pero la moral de la politica, le ha hecho dimitir. Alguien ha sacado este asunto a la luz ahora, cuando hace más de un año del idilio, y desde luego que este hombre ya no llegará a presidente de su Bundesland. En Alemania nadie se rasga las vestiduras por una relación entre un hombre de 40 años y una chica de 16 años, pero por eso ha surgido un debate nacional sobre la doble moral, y la moral de la política, de si los políticos han de medirse por otra moral que la gente de a pie, si por el hecho de hacer cosas así son susceptibles a crisis internas de partido, como ha sido el caso.
Y el otro día leí que lo del amor "platónico" es un camelo. Digamos que el término de amar a alguien de manera idealizada, secreta y sin llegar a nada, viene de Platón porque esté lo propagó como el ideal a seguir. Bueno, el camelo es que Platón fuese fiel a él. Un investigador británico ha leído entre líneas mensajes codificados en la obra de Platón que probarían lo contrario, que fue una buena pieza y un amante de muchas mujeres de manera no platónica, pero como su maestro, Sócrates, acabó como acabó por "pervertir a la juventud" que era una de las acusaciones entre otras por la que le condenaron a muerte, Platón, por mucha apología que hiciera de su maestro, se anduvo con más cuidado. Incluso que el político de Schleswig-Holstein.
Algo así me ocurre a mí a menudo. A mi colección de periódicos y revistas atrasados, que no tiro hasta que no escrutino minuciosamente, se unen los artículos que voy guardando de los periódicos o revistas ya leídos porque los considero aprovechables para mis múltiples ideas. Luego están los que tengo en mente, y a veces me tiro dos semanas con una idea en la cabeza, que no acabo de soltar porque aparecen otras que en ese momento se les cuelan, o que no salen por falta de tiempo.
Y por eso, no quiero dejar sin comentar una noticia que leí en el periódico de ayer, así que reciente, de una sentencia que dice que comerte una salchicha sentado en uno de los típicos Imbiß que las venden y en los que normalmente, si te puedes sentar, no son los lugares más acogedores del mundo, te costará más que si te la comes de pie. Se aplicará otro impuesto: un 7 % para las que te dan en la mano, y te las vas comiendo o de pie o caminando, y un 19 % para las que te comes sentadito, en concepto de restauración. La noticia es graciosa, pues me pregunto que ocurre si una vez que has pagado la salchicha que te ibas a llevar, decides en el último momento sentarte en ese huequito de la mesa que hay libre. ¿Controla Hacienda si el vendedor declara esa salchicha como comida o como restauración? Me parece tan complicado y curioso, como tantas de las normas que hay aquí con excepciones y párrafos determinando todos los posibles.
Pero un tema que tengo desde hace casi en mente es la dimisión de Christian von Boetticher como candidato de la CDU a la presidencia de Schleswig-Holstein. El ahora excandidato presentó su dimisión entre lágrimas por su relación con una chica de 16 años. Al dimitir, dijo ante las cámaras y los micrófonos que fue amor, y aunque esa relación terminó al poco tiempo, y fue durante un tiempo en el que estaba soltero, y que era una chica de 16 años, que para mantener relaciones sexuales es ya la edad legal, o sea que no era delito. Pero la moral de la politica, le ha hecho dimitir. Alguien ha sacado este asunto a la luz ahora, cuando hace más de un año del idilio, y desde luego que este hombre ya no llegará a presidente de su Bundesland. En Alemania nadie se rasga las vestiduras por una relación entre un hombre de 40 años y una chica de 16 años, pero por eso ha surgido un debate nacional sobre la doble moral, y la moral de la política, de si los políticos han de medirse por otra moral que la gente de a pie, si por el hecho de hacer cosas así son susceptibles a crisis internas de partido, como ha sido el caso.
Y el otro día leí que lo del amor "platónico" es un camelo. Digamos que el término de amar a alguien de manera idealizada, secreta y sin llegar a nada, viene de Platón porque esté lo propagó como el ideal a seguir. Bueno, el camelo es que Platón fuese fiel a él. Un investigador británico ha leído entre líneas mensajes codificados en la obra de Platón que probarían lo contrario, que fue una buena pieza y un amante de muchas mujeres de manera no platónica, pero como su maestro, Sócrates, acabó como acabó por "pervertir a la juventud" que era una de las acusaciones entre otras por la que le condenaron a muerte, Platón, por mucha apología que hiciera de su maestro, se anduvo con más cuidado. Incluso que el político de Schleswig-Holstein.
jueves, 18 de agosto de 2011
Menudo año
Al final las cosas son como han de ser. Ayer ganó el Barça la Eurocopa, y menos mal para los madridistas, pues dónde hubiesen celebrado los pobres su victoria con la Cibeles cortada y preparadita para la visita del Papa. Así que con la victoria del Barça, se les solucionó el problema. Que Mourinho meta el dedo en el ojo al segundo entrenador del equipo adversario es penoso. ¿Hay que idolatrar a ídolos que no lo son? Si uno de nuestros hijos hiciese eso en un partido de fútbol del colegio, le regañaríamos, y le diríamos que eso no se hace. Que lo haga un crío de 8 ó 10 años que no controle su rabia, vale, pero un señor cuya fama de implacable es ya tal que no debería ni pasársele por la cabeza dar este paso tan infantiloide, que hoy día hay cámaras por todos sitios, y que por mucho que quiera ahora ignorar el asunto, está ahí. Se van a cargar el fútbol, la competitividad sana, entre los millones que se pagan por "ídolos" y además el comportamiento de muchos aficionados en los estadios. El sábado en un partido de la liga alemana se tiraron al césped latas llenas de vómito, orina y heces. ¿Va a haber que prohibir el fútbol, ante entrenadores tan agresivos y público tan incontrolado como se corta Sol para evitar cualquier concentración humana tildada de peligrosa o antipapal?
Que se idolatre a Mourinho, al Real Madrid, o al Barça es como el culto al Papa. Hoy tomaron la Cibeles no los acérrimos del Madrid, sino los fanáticos del Papa. Por fin llegó, aleluya, porque lleva llegando demasiado tiempo, y muchos madrileños harán tres cruces, como se dice en Alemania que vas a hacer (santiguarte tres veces, pero un decir, no literalmente) cuando te quedas aliviado de haber sobrevivido algo, buena frase, antipapal, diría yo. Cuando vi hace semanas montar en Cibeles el escenario para la llegada del Papa, comprendí que la cosa era muy seria. Oí críticas de los socialistas al gasto por la visita del Papa en tiempos de crisis, y vergüenza les debería dar abrir la boca, cuando no le han quitado en sus años de gobierno ningún privilegio a la iglesia, ni económico ni en otros ámbitos, como en la enseñanza.
Pero si pienso que estamos en agosto, lo que va de año ha dado ya para mucho. Empezó con esperanza, con los movimientos surgidos en el mundo árabe, esas revoluciones tan necesitadas y que en unos sitios tuvieron más éxito que en otros, donde se han convertido en tragedias cuya magnitud desconocemos, como en Libia o Siria. Palabras y lugares asociados a este año serán Fukushima, crisis y más crisis, Grecia, el euro, ¿su rescate?, la bancarrota del sistema, el 15-M, la isla de Utoya, y ahora el Papa y el atontamiento colectivo. Este año no hay gol de Iniesta que nos salve de todo, sino estamos confrontados a la cruda realidad.
Que se idolatre a Mourinho, al Real Madrid, o al Barça es como el culto al Papa. Hoy tomaron la Cibeles no los acérrimos del Madrid, sino los fanáticos del Papa. Por fin llegó, aleluya, porque lleva llegando demasiado tiempo, y muchos madrileños harán tres cruces, como se dice en Alemania que vas a hacer (santiguarte tres veces, pero un decir, no literalmente) cuando te quedas aliviado de haber sobrevivido algo, buena frase, antipapal, diría yo. Cuando vi hace semanas montar en Cibeles el escenario para la llegada del Papa, comprendí que la cosa era muy seria. Oí críticas de los socialistas al gasto por la visita del Papa en tiempos de crisis, y vergüenza les debería dar abrir la boca, cuando no le han quitado en sus años de gobierno ningún privilegio a la iglesia, ni económico ni en otros ámbitos, como en la enseñanza.
Pero si pienso que estamos en agosto, lo que va de año ha dado ya para mucho. Empezó con esperanza, con los movimientos surgidos en el mundo árabe, esas revoluciones tan necesitadas y que en unos sitios tuvieron más éxito que en otros, donde se han convertido en tragedias cuya magnitud desconocemos, como en Libia o Siria. Palabras y lugares asociados a este año serán Fukushima, crisis y más crisis, Grecia, el euro, ¿su rescate?, la bancarrota del sistema, el 15-M, la isla de Utoya, y ahora el Papa y el atontamiento colectivo. Este año no hay gol de Iniesta que nos salve de todo, sino estamos confrontados a la cruda realidad.
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viernes, 1 de julio de 2011
Falacias "anti"
Qué fácil resulta en Europa declararse antiamericanos, criticarlos en todo, y luego copiarlos. Lo de montar en Madrid un paseo de la fama me parece algo innecesario y supérfluo, por mucho que el dinero venga de Loterías del Estado. Por supuesto que los homenajeados se merecen una estrella y más, pero no entiendo que haya que copiar esta forma de homenajearlos. Me molesta además que sea en la zona mejor de Madrid para ir al cine, con una proliferación de salas tan grande como las que juntan el cine Alphaville, los Renoir, y los Princesa, todo en la zona de Plaza de España. Como suelo ir por ahí, las veré y pisaré aunque no quiera.
Desde años me llevo sorprendiendo de lo bien que se ha copiado en España la estética america de sitios artificiales como Heron City a las afueras de Madrid, o los outlets, o que se introdujese el Starbucks muchísimo antes que, por ejemplo, en Alemania. Aquí dijeron de abrir un Hard Rock Cafe, y no prosperó el proyecto. Y hay menos franquicias americanas que en España.
Pero las hay. Hoy mismo yo he caído en la trampa. Sin saber a dónde me dirigía, mi hija me pidió, dado el estado de gracia de vacaciones en el que nos encontramos, ir a una tienda que hay muy lejos de mi casa, a la otra punta de Hamburgo, y eso significa una hora ida y otra vuelta, a una tienda de la que solo existe ésa, no solo en Hamburgo sino en toda Alemania. Chavales de su insti llevan ropa de esa marca, y le gusta, me lleva diciendo meses. Me dejé convencer, y fuimos. Nada más ver la tienda pensé "¿pero esto qué es?". Entras en un sitio que parece Hawaii, con esa estética, tipo cabaña pija, y te saluda una chavalita joven en chanclas y pantalón corto "Hi..." y una frase en inglés que no entendí pero que debió ser "Bienvenido a ...". La tienda, oscurísima, me hizo sentir ganas de tener las gafas que todavía no necesito, pero que no faltarán en breve, según he visto hoy, si además vas como madre de jovencita por sitios así; la música estaba a todo meter, y chavalitas y chavalitos con dinero en el bolsillo o con madre acompañante con él en el bolso, buscaban la moda para el veranito: todo muy californiano, esa estética de college girl, de surf de fin de semana. Mucha oscuridad, mucho estruendo, pocos probadores (cola), pocas cajas (más cola). Salí espantada tras una hora de oscuridad y ruido, diciéndole a mi hija que no vuelvo, pero gastamos, claro, que para eso habíamos ido hasta allí.
Mi amiga, que vive cerca, me contó que cuando abrieron había colas para entrar. En alguna parte leí que viene gente de toda Alemania a comprar a la tienda. Debe de haber gente que diga "por fin" cuando se entera de que ciertas marcas o franquicias vienen, pero a mí me sigue dando mucho placer ver las cosas genuinas en su país de origen, algunas son trasladables, como el McDonalds, universal ya, pero otras me causan espanto, como este espectáculo californiano en pleno centro comercial cuyo nombre, Elbe, como el río de Hamburgo, resulta tan fuera de lugar como ese paseo de la fama en Madrid, que me parece rancio y hortera en Madrid. Probablemente se llene esa zona de cines tan maravillosos con gente que irá a ver las estrellas, y no a ver películas. No, si tenemos lo que nos merecemos y todos caemos.
Desde años me llevo sorprendiendo de lo bien que se ha copiado en España la estética america de sitios artificiales como Heron City a las afueras de Madrid, o los outlets, o que se introdujese el Starbucks muchísimo antes que, por ejemplo, en Alemania. Aquí dijeron de abrir un Hard Rock Cafe, y no prosperó el proyecto. Y hay menos franquicias americanas que en España.
Pero las hay. Hoy mismo yo he caído en la trampa. Sin saber a dónde me dirigía, mi hija me pidió, dado el estado de gracia de vacaciones en el que nos encontramos, ir a una tienda que hay muy lejos de mi casa, a la otra punta de Hamburgo, y eso significa una hora ida y otra vuelta, a una tienda de la que solo existe ésa, no solo en Hamburgo sino en toda Alemania. Chavales de su insti llevan ropa de esa marca, y le gusta, me lleva diciendo meses. Me dejé convencer, y fuimos. Nada más ver la tienda pensé "¿pero esto qué es?". Entras en un sitio que parece Hawaii, con esa estética, tipo cabaña pija, y te saluda una chavalita joven en chanclas y pantalón corto "Hi..." y una frase en inglés que no entendí pero que debió ser "Bienvenido a ...". La tienda, oscurísima, me hizo sentir ganas de tener las gafas que todavía no necesito, pero que no faltarán en breve, según he visto hoy, si además vas como madre de jovencita por sitios así; la música estaba a todo meter, y chavalitas y chavalitos con dinero en el bolsillo o con madre acompañante con él en el bolso, buscaban la moda para el veranito: todo muy californiano, esa estética de college girl, de surf de fin de semana. Mucha oscuridad, mucho estruendo, pocos probadores (cola), pocas cajas (más cola). Salí espantada tras una hora de oscuridad y ruido, diciéndole a mi hija que no vuelvo, pero gastamos, claro, que para eso habíamos ido hasta allí.
Mi amiga, que vive cerca, me contó que cuando abrieron había colas para entrar. En alguna parte leí que viene gente de toda Alemania a comprar a la tienda. Debe de haber gente que diga "por fin" cuando se entera de que ciertas marcas o franquicias vienen, pero a mí me sigue dando mucho placer ver las cosas genuinas en su país de origen, algunas son trasladables, como el McDonalds, universal ya, pero otras me causan espanto, como este espectáculo californiano en pleno centro comercial cuyo nombre, Elbe, como el río de Hamburgo, resulta tan fuera de lugar como ese paseo de la fama en Madrid, que me parece rancio y hortera en Madrid. Probablemente se llene esa zona de cines tan maravillosos con gente que irá a ver las estrellas, y no a ver películas. No, si tenemos lo que nos merecemos y todos caemos.
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viernes, 1 de abril de 2011
El vacío en la educación
El espacio entre la enseñanza primaria y la secundaria en Alemania es un vacío en el que caen todos los niños cuando pasan del placentero cuarto curso al disciplinado quinto. Lo percibí ayer de lleno, en la reunión de padres del instituto de mi hija. La clase se halla en ese vacío, un espacio que es una adaptación que para muchos no llega, con lo avanzado que ya va el curso, pero que es debido al muchísimo tiempo que se pierde aquí hasta cuarto y que no prepara a los críos para la vida seria futura que se les viene encima un curso después. Pasar al instituto con diez años me parece muy pronto, pero la incongruencia es otra: que de ser todos personitas que van al colegio para fomentar su personalidad, independencia, fantasía, se han de convertir de la noche al día en colegiales serios. Y a muchos se les va un curso en ello, si no más.
Ayer tuvimos que oír quejas y más quejas de los profesores: que vienen demasiado infantiloides, que han estado meses luchando contra costumbres de primaria, como ir a la mesa del profesor antes de empezar la clase, y preguntarle que qué tal y buscar la conversación por cualquier cosa, que no se han dado cuenta que al tocar la campana han de estar sentados en sus pupitre con el material listo para la clase. Todavía se creen muy graciosos, y les cuesta mucho estar en silencio, concentrarse.
Estuve a punto de armar mi revolución particular, pero en una de esas tengo todas las de perder, al ser la única que piensa así, pero me tuve que morder la lengua para no decir que me parece inaudito que el mismo sistema que fomenta en primaria la plena autonomía, y donde a paso de tortuga aprenden a escribir y leer, y luego mucho conocimiento del medio, todo estupendo, pero el "medio" no es aprender una constancia en el estudio, sino una laxitud en todos los aspectos, pues son niños, y ya tendrán tiempo de estudiar y enterarse de lo que vale un peine...
Pero eso es simplemente un año después. Yo estoy de acuerdo con que por fin se ponga seria la cosa, pero no con la dosificación de la seriedad. Porque luego ocurre lo que ocurre... A finales de febrero llegó un correo diciéndonos a los padres que la clase, por colgarse de la pizarra, se la había cargado, y que a la vuelta de las vacaciones de marzo se tomarían medidas. En eso están, tratando de averiguar quién ha sido, pero la clase, por muy inmadura que les parezca a los profesores, forman ahora una piña, y nadie ha soltado prenda de quiénes han sido. Antes de las vacaciones mi hija me dijo "Claro que sabemos quiénes han sido, los mismos de siempre, pero a ver si te crees tú que me voy a chivar". Ahí quedó la cosa, y ayer, más infantiles me parecieron los padres que discutieron una hora sobre la solución a tomar. De confesar uno, dijeron los profesores que el seguro de los padres podría pagar los desperfectos. De ser varios, repartirse. Pero no van a salir los nombres, y seguramente los padres de los que han causado los daños ni estuvieran allí, pues el tema "pizarra" estaba anunciado como un punto del día.
Y nada más levantarnos hoy, saqué el tema de la pizarra, y mi hija me dio la siguiente explicación: "Los mismos salvajes de siempre se han colgado durante un tiempo de la pizarra, la profesora, con lo 'inteligente' que es, arrancó uno de los lados porque estaba algo descolgado, con eso el peso ya no estaba equilibrado, y la profesora de inglés, otra inteligente, al bajar la pizarra hizo que ésta saliera volando al techo, así que en esto tienen todos algo que ver... menos yo, que no me he arrimado a la pizarra". Pues lo mismo digo yo, en esto tenemos todos la culpa: por fomentar que los críos no aprendan normas siendo pequeños, y que tanto decirles que se muevan, que experimenten con el mundo, puede acabar así, con chavales que se suben a cualquier cosa, que se creen muy graciosos y no hacen más que interrumpir en clase, o que, como oímos ayer, en medio de la clase se ponen a pintar, como les decían en primaria que hicieran en los momentos de aburrimiento (mi hija ha pintado blocs de dibujos enteros en clase, animada por la profesora, que no sabía que hacer con ella en clase de lengua, pues iba más avanzada que el resto).
Lo malo de esto, como al final no pude callarme en la reunión, es que hoy es la pizarra y otro día será otra cosa, y que efectivamente mi hija viene a casa diciendo que el ruido en clase es a veces atronador y que es imposible concentrarse, que muchas veces, cuando los profesores proponen algo interesante, enseguida tienen que abandonar en el intento, pues cualquier invitación a algo nuevo y diferente o sugerente, supone que se despendolen un tiempo, por lo que vuelven a lo mismo de siempre, y muchos siguen aburriéndose y no sabiendo como llamar la atención. Que empiecen a sugerir respeto y disciplina en primero y no en quinto. Creo que adelantaríamos más que en dos horas de reunión de padres.
Ayer tuvimos que oír quejas y más quejas de los profesores: que vienen demasiado infantiloides, que han estado meses luchando contra costumbres de primaria, como ir a la mesa del profesor antes de empezar la clase, y preguntarle que qué tal y buscar la conversación por cualquier cosa, que no se han dado cuenta que al tocar la campana han de estar sentados en sus pupitre con el material listo para la clase. Todavía se creen muy graciosos, y les cuesta mucho estar en silencio, concentrarse.
Estuve a punto de armar mi revolución particular, pero en una de esas tengo todas las de perder, al ser la única que piensa así, pero me tuve que morder la lengua para no decir que me parece inaudito que el mismo sistema que fomenta en primaria la plena autonomía, y donde a paso de tortuga aprenden a escribir y leer, y luego mucho conocimiento del medio, todo estupendo, pero el "medio" no es aprender una constancia en el estudio, sino una laxitud en todos los aspectos, pues son niños, y ya tendrán tiempo de estudiar y enterarse de lo que vale un peine...
Pero eso es simplemente un año después. Yo estoy de acuerdo con que por fin se ponga seria la cosa, pero no con la dosificación de la seriedad. Porque luego ocurre lo que ocurre... A finales de febrero llegó un correo diciéndonos a los padres que la clase, por colgarse de la pizarra, se la había cargado, y que a la vuelta de las vacaciones de marzo se tomarían medidas. En eso están, tratando de averiguar quién ha sido, pero la clase, por muy inmadura que les parezca a los profesores, forman ahora una piña, y nadie ha soltado prenda de quiénes han sido. Antes de las vacaciones mi hija me dijo "Claro que sabemos quiénes han sido, los mismos de siempre, pero a ver si te crees tú que me voy a chivar". Ahí quedó la cosa, y ayer, más infantiles me parecieron los padres que discutieron una hora sobre la solución a tomar. De confesar uno, dijeron los profesores que el seguro de los padres podría pagar los desperfectos. De ser varios, repartirse. Pero no van a salir los nombres, y seguramente los padres de los que han causado los daños ni estuvieran allí, pues el tema "pizarra" estaba anunciado como un punto del día.
Y nada más levantarnos hoy, saqué el tema de la pizarra, y mi hija me dio la siguiente explicación: "Los mismos salvajes de siempre se han colgado durante un tiempo de la pizarra, la profesora, con lo 'inteligente' que es, arrancó uno de los lados porque estaba algo descolgado, con eso el peso ya no estaba equilibrado, y la profesora de inglés, otra inteligente, al bajar la pizarra hizo que ésta saliera volando al techo, así que en esto tienen todos algo que ver... menos yo, que no me he arrimado a la pizarra". Pues lo mismo digo yo, en esto tenemos todos la culpa: por fomentar que los críos no aprendan normas siendo pequeños, y que tanto decirles que se muevan, que experimenten con el mundo, puede acabar así, con chavales que se suben a cualquier cosa, que se creen muy graciosos y no hacen más que interrumpir en clase, o que, como oímos ayer, en medio de la clase se ponen a pintar, como les decían en primaria que hicieran en los momentos de aburrimiento (mi hija ha pintado blocs de dibujos enteros en clase, animada por la profesora, que no sabía que hacer con ella en clase de lengua, pues iba más avanzada que el resto).
Lo malo de esto, como al final no pude callarme en la reunión, es que hoy es la pizarra y otro día será otra cosa, y que efectivamente mi hija viene a casa diciendo que el ruido en clase es a veces atronador y que es imposible concentrarse, que muchas veces, cuando los profesores proponen algo interesante, enseguida tienen que abandonar en el intento, pues cualquier invitación a algo nuevo y diferente o sugerente, supone que se despendolen un tiempo, por lo que vuelven a lo mismo de siempre, y muchos siguen aburriéndose y no sabiendo como llamar la atención. Que empiecen a sugerir respeto y disciplina en primero y no en quinto. Creo que adelantaríamos más que en dos horas de reunión de padres.
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domingo, 30 de enero de 2011
Conducir es de vida o muerte
Conducir ebrio debería ser la mayor de las vergüenzas para el que lo realiza. Que pongan en peligro sus vidas no está de más si se ponen al volante en ese estado, pero que acaben con las de otros, es uno de esos desastres humanos que no tienen ni explicación ni sentido. Que le haya tocado a la hija de 18 años de Toni Cantó, da para un titular, porque si no esa muerte sería una de las anónimas debidas al alcohol. Que por ser la hija de un famoso dé para titulares, debería al menos concienciar algo más a la ciudadanía. Ojalá.
Mucho se ha logrado en España en los últimos años, de acuerdo, pero todavía falta mucha concienciación. Sigue sorprendiéndome la facilidad de tomarse unas cuantas copas o cervezas y conducir después. Está plenamente asumido tras fiestas o cumpleaños, bodas o bautizos. Incluso si dices que no puedes cogerlo por haber bebido, mucha gente se reirá de ti.
En Alemania por supuesto que hay accidentes por lo mismo, pero ni muchísimo menos tantos. También tenemos a nuestra obispa beoda, Margot Käßmann, que dimitió tras haberse visto pillada ebria al volante. Ahora se dedica a dar conferencias en EE.UU. entonando el mea culpa que tanto nos gusta oír a todos. Al menos como ex obispa debe. Todo sea por la fe.
Pero el beber y conducir después no te hace nada sexy en Alemania, sino todo lo contrario. Pierdes muchos puntos frente a tus amigos y familiares, que serían capaces de echarte la bronca o retirarte la palabra por eso. Si invitas a una pareja a tu casa y vienen en coche, se pondrán de acuerdo al servir el vinito con la cena sobre quién va a conducir después. Y en las fiestas de empresa, muchos no quieren renunciar al alcohol y es la noche estrella de los taxis.
Mi familia política perdió a un miembro de 8 años en el año 1988, por un conductor borracho que les embistió en Brasil. El niño murió en el acto, por toparse con aquel conductor ebrio en una carretera perdida camino de Salvador de Bahía. Cuántas muertes sin sentido. Y todo por no controlarse un poquito en lo que yo pienso que debería ser posible. Entiendo que la gente beba para pasárselo bien o porque les guste, pero conducir después es ... Ni palabras tengo para expresarlo.
Mucho se ha logrado en España en los últimos años, de acuerdo, pero todavía falta mucha concienciación. Sigue sorprendiéndome la facilidad de tomarse unas cuantas copas o cervezas y conducir después. Está plenamente asumido tras fiestas o cumpleaños, bodas o bautizos. Incluso si dices que no puedes cogerlo por haber bebido, mucha gente se reirá de ti.
En Alemania por supuesto que hay accidentes por lo mismo, pero ni muchísimo menos tantos. También tenemos a nuestra obispa beoda, Margot Käßmann, que dimitió tras haberse visto pillada ebria al volante. Ahora se dedica a dar conferencias en EE.UU. entonando el mea culpa que tanto nos gusta oír a todos. Al menos como ex obispa debe. Todo sea por la fe.
Pero el beber y conducir después no te hace nada sexy en Alemania, sino todo lo contrario. Pierdes muchos puntos frente a tus amigos y familiares, que serían capaces de echarte la bronca o retirarte la palabra por eso. Si invitas a una pareja a tu casa y vienen en coche, se pondrán de acuerdo al servir el vinito con la cena sobre quién va a conducir después. Y en las fiestas de empresa, muchos no quieren renunciar al alcohol y es la noche estrella de los taxis.
Mi familia política perdió a un miembro de 8 años en el año 1988, por un conductor borracho que les embistió en Brasil. El niño murió en el acto, por toparse con aquel conductor ebrio en una carretera perdida camino de Salvador de Bahía. Cuántas muertes sin sentido. Y todo por no controlarse un poquito en lo que yo pienso que debería ser posible. Entiendo que la gente beba para pasárselo bien o porque les guste, pero conducir después es ... Ni palabras tengo para expresarlo.
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