Cuando pasan los días sin que haya escrito ni una línea, pienso, como ya he comentado en alguna ocasión, en las entradas no escritas. Me siento como si se me perdiesen las ideas por el camino, pues las tengo, las hilo en la cabeza, pero ahí se quedan. Y como una de ellas sigue ahí todavía, la tengo que sacar, pues se trata de algo que no se puede olvidar fácilmente.
Aunque haya ocurrido hace una semana, es un hecho horrendo que ocurrió en Hamburgo la semana pasada, y no me quiero quedar sin contarlo. A comienzos de semana nos despertamos con la noticia de que una madre y sus dos hijos murieron por un incendio en su casa. Los niños tenían 6 y 7 años, y la madre 33. El padre no se encontraba en casa. Al ser una familia paquistaní, enseguida se pensó que era un ataque contra extranjeros como los que por desgracia han ocurrido en alguna ocasión en Alemania. Sin embargo, el viernes supimos que fue un niño de 13 años el que lo provocó. No puedo describir el estupor que sentí al leer la noticia y el escalofrío que me recorrió el cuerpo.
Para más inri el chico trabajaba de voluntario con los bomberos, algo muy común en Alemania. Además del cuerpo profesional, en Alemania existen en muchos barrios grupos de bomberos voluntarios, de adultos, y es muy normal que muchos chavales dediquen su tiempo libre a estos grupos. El chico ya ha confesado haber provocado el fuego, aunque dice que su intención no fue matar a nadie: simplemente siguió un impulso de prender fuego a unos papeles y los metió en un portal, pero el fuego se propagó rápidamte a los cables, y toda la casa ardió demasiado rápido. Hubo varios heridos.
Parece un mundo de locos en el que un chico de 13 años haga algo así y acabe con la vida de tres personas. Ahora está en la psiquiatría y como es menor los médicos pretenden hacerle salir del trauma sin que le quede sentimiento de culpa de por vida. Yo pienso que puede y debe quedarle esa culpa, pues con 13 años no se puede jugar con fuego y menos alguien que en su tiempo libre juega a apagar fuegos o por lo menos a comprender la fuerza de los mismos. En casos así pienso en los padres también. Yo no quiero vivir como madre una cosa así. Por supuesto que no podemos evitar lo que hagan nuestros hijos cuando no estamos con ellos, pero a muchos chavales de hoy día no les inculcan ningún tipo de responsabilidad frente a sus actos. Puede que actuase por un impulso, como dice, pero precisamente educar es frenar muchos impulsos, desde que nacen hasta que crecen. No es fácil, yo soy la primera que lo firma. Pero no tomemos la vía cómoda y no produzcamos egocéntricos que actúen a todas horas siguiendo sus impulsos.
Mostrando entradas con la etiqueta Educando. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Educando. Mostrar todas las entradas
miércoles, 12 de febrero de 2014
viernes, 14 de septiembre de 2012
Mejor que regresen
Qué ganas tengo de que pase este curso escolar y dejar primaria para siempre. Ayer lo volví a pensar cuando al llegar al cole a llevar a mi hija, había unos 12 niños, carpeta en mano, anotando información vital. Fue parar en zona en la que se puede hacer y señalarnos todos los dedos infantiles con aire inquisitorio, y venir unas cuantas niñas amigas de mi hija y decir: "Natalia, lo sentimos, pero tenemos que tomar nota". Como la semana que viene es el día sin coches, en el que los colegios de Hamburgo compiten por ver en cuál de ellos hay menos pecadores que llevan a sus hijos en coche a clase, ayer era la preparación. Mi hija me contó después que pidieron voluntarios para estar a las 7.30 de la mañana y hacer recuentos de coches, y que casi hubo tortas para tal importante labor. Mi hija se reía de que hubiese niños dispuestos a estar ahí media hora antes del comienzo de clase para eso. Algo va mal en un país si a los niños los vuelven tan inquisitorios que tienen ganas de poner orden en cosas en las que no es necesario. Para empezar, a la puerta del colegio se puede parar, soltar a crío o recogerlo, o incluso dejar el coche 5 minutos, pero no aparcar. Incluso a veces hay un policía que aprueba todo y yo le he llegado a preguntar, por las miradas de odio de niños y padres, si es correcto parar ahí, y me dijo que sí. Así que llevo años haciéndolo. Pero todos los años en septiembre organizan este maravilloso día para odiar a los que van en coche. A veces pienso que es envidia cochina de los que van andando y pasan frío y se mojan, porque si no no me lo explico. Yo también me indigno cuando veo a un crío de 6 años caminando a las 7.30 de la mañana solito en la oscuridad de la noche en invierno, con un frío que pela, o cayendo chuzos de punta. O he visto a niños bastante pequeños caídos en mitad de la calle con su bicicleta por el hielo. Y yo no señalo a esos padres con el dedo. Me repatea la histeria colectiva de la gente que como no tiene problemas serios se pone a criticar cosas que no son les incumben. Si se alteran porque se aparca en zona prohibida, o en doble fila, lo entiendo, pero no es el caso. Por suerte, ya digo, nos queda solo un año del día sin coches.
En la misma clase hablaron el otro día en clase de religión de lo que es el alma. Mi hija me lo contó con todo detalle y que les explicó toda convencida de que la ha visto "en una radiografía". La profesora y todos la miraron sorprendida, pero es que ella pensaba que el alma era la columna vertebral. Me lo contó riéndose, sorprendida de que exista algo tan difuso "dentro" del cuerpo, y luego me contó que había entendido lo que es: el espíritu de una persona, su esencia, o mejor dicho "nada". Nos empeñamos en ponerle nombre a todo, y efectivamente por qué no habría de ser la columna vertebral nuestra alma, pues es el eje que nos sujeta, la cabeza incluida, que es donde se encuentra quizá el "alma". Y sin embargo todos entendemos a la perfección a alguien que nos diga que le duele el alma y hasta le compadecemos. De la misma manera que los individuos tenemos alma, los países o culturas también las tienen.
Ayer, tras la historia con los niños señalándonos con el dedo, vi un espectáculo precioso en el cielo. Yo estaba en un semáforo cuando miré al cielo y vi una bandada de pájaros volando en forma de W dirigiéndose hacia el sur. la parte central de la uve doble cambiaba de forma en cuanto a su pronunciamiento. No me dio tiempo a hacerles una foto, pues el semáforo cambió y yo continué hacia mi casa. Me quedé un rato pensando en ellos, en lo lista que es la naturaleza, pues ellos desaparecen en cuanto la cosa se pone fea. Ayer hacía bastante frío ya, y hoy, hace un día otoñal. Es el primer día de un viento que hace que se vuelva a oír el silencio. El invierno será duro, pero no va a ser uno más, sino el último de muchas cosas. Y cuando vuelvan los pájaros me alegraré.
Por suerte no nos dejan solos, pues hay muchas almas por aquí que nos alegran el día. Yo disfruto cada vez más de esos momentos en los que notas que la gente te aprecia, y últimamente tengo muchos. En las sociedades ricas se paga un alto precio humano. Mi hija mayor me contaba ayer de nuevo de la antipatía de la gente aquí en el transporte público, que el otro día vino una señora y le dijo que se quitase de ahí, que ese era "su sitio". Ella, por suerte, tiene la suficiente autoestima como para decir ante tal estupidez que no se movía, que solo faltaba que los asientos fuesen en propiedad, cuando además el de enfrente estaba libre. Otra señora intercedió y le pidió a la intransigente que por favor se callara y se sentase en uno de los muchos asientos que había libres. Al menos la otra no se calló, pues no conozco sociedad más antipática hacia los niños que la alemana. Como no soy ave migratoria no me puedo ir, pero me pregunto si ese puntito de prepotencia con el que educan a los niños no les explota en la cara. Aquí a muchos padres sus hijos adultos no los visitan más que en Navidad o el día de la madre, y por compromiso. El otro día precisamente yo le decía a mi hija pequeña que si después de todo lo que estoy haciendo por ellas, me da una patada en el culo y me viene a ver solo en Navidad, que sería para matarla. Ella me miró toda picarona y debió pensar que ésa me la devolvía, por ponerme yo tan melodramática, y me salta: "No, yo vendré a menudo y diré: 'qué hay de comer?'". Le dije que de paso me puede traer también la colada, que solo faltaba.
En la misma clase hablaron el otro día en clase de religión de lo que es el alma. Mi hija me lo contó con todo detalle y que les explicó toda convencida de que la ha visto "en una radiografía". La profesora y todos la miraron sorprendida, pero es que ella pensaba que el alma era la columna vertebral. Me lo contó riéndose, sorprendida de que exista algo tan difuso "dentro" del cuerpo, y luego me contó que había entendido lo que es: el espíritu de una persona, su esencia, o mejor dicho "nada". Nos empeñamos en ponerle nombre a todo, y efectivamente por qué no habría de ser la columna vertebral nuestra alma, pues es el eje que nos sujeta, la cabeza incluida, que es donde se encuentra quizá el "alma". Y sin embargo todos entendemos a la perfección a alguien que nos diga que le duele el alma y hasta le compadecemos. De la misma manera que los individuos tenemos alma, los países o culturas también las tienen.
Ayer, tras la historia con los niños señalándonos con el dedo, vi un espectáculo precioso en el cielo. Yo estaba en un semáforo cuando miré al cielo y vi una bandada de pájaros volando en forma de W dirigiéndose hacia el sur. la parte central de la uve doble cambiaba de forma en cuanto a su pronunciamiento. No me dio tiempo a hacerles una foto, pues el semáforo cambió y yo continué hacia mi casa. Me quedé un rato pensando en ellos, en lo lista que es la naturaleza, pues ellos desaparecen en cuanto la cosa se pone fea. Ayer hacía bastante frío ya, y hoy, hace un día otoñal. Es el primer día de un viento que hace que se vuelva a oír el silencio. El invierno será duro, pero no va a ser uno más, sino el último de muchas cosas. Y cuando vuelvan los pájaros me alegraré.
Por suerte no nos dejan solos, pues hay muchas almas por aquí que nos alegran el día. Yo disfruto cada vez más de esos momentos en los que notas que la gente te aprecia, y últimamente tengo muchos. En las sociedades ricas se paga un alto precio humano. Mi hija mayor me contaba ayer de nuevo de la antipatía de la gente aquí en el transporte público, que el otro día vino una señora y le dijo que se quitase de ahí, que ese era "su sitio". Ella, por suerte, tiene la suficiente autoestima como para decir ante tal estupidez que no se movía, que solo faltaba que los asientos fuesen en propiedad, cuando además el de enfrente estaba libre. Otra señora intercedió y le pidió a la intransigente que por favor se callara y se sentase en uno de los muchos asientos que había libres. Al menos la otra no se calló, pues no conozco sociedad más antipática hacia los niños que la alemana. Como no soy ave migratoria no me puedo ir, pero me pregunto si ese puntito de prepotencia con el que educan a los niños no les explota en la cara. Aquí a muchos padres sus hijos adultos no los visitan más que en Navidad o el día de la madre, y por compromiso. El otro día precisamente yo le decía a mi hija pequeña que si después de todo lo que estoy haciendo por ellas, me da una patada en el culo y me viene a ver solo en Navidad, que sería para matarla. Ella me miró toda picarona y debió pensar que ésa me la devolvía, por ponerme yo tan melodramática, y me salta: "No, yo vendré a menudo y diré: 'qué hay de comer?'". Le dije que de paso me puede traer también la colada, que solo faltaba.
Etiquetas:
Creciendo,
Cuestionando,
Educando,
Energía negativa
viernes, 15 de junio de 2012
El plátano
Anoche tuve una tarde interesante. No todos los días veo el partido de la selección española rodeada de alemanes, en un bar. Siempre me parece que las cosas me ocurren para tener que llamar la atención, pero llevo media vida acostumbrada eso, y el resto del tiempo, para llamarla más aún, escribo en un blog para hacerme notar. Pero volviendo a la tarde de fútbol, la razón del encuentro no era ésa, sino que aquí organizan siempre los representantes de los padres de cada clase una reunión informal en un bar para conocerse y hablar sobre el curso y los críos. En Alemania se dice que donde se juntan dos alemanes, forman una asociación. Vinieron los profesores también, y tras marcar Torres el primer gol en el minuto 4 yo me quedé tranquila y pude concentrarme bien en la conversación general que comenzó con la pregunta: "¿Para qué tienen que llevar mañana los niños un plátano a clase?". Como todos sabemos que están terminando el curso con una semana de educación sexual, de miércoles a miércoles, todos agudizamos el oído. Yo, que no me había enterado de lo del plátano, le pregunté al profesor, y me dijo que probablemente mi hija, que tiene todo bajo control, habría ido a la cocina a coger uno, y lo guardaría sin decirme ni mu. Comenté que solo tengo dos en casa, y muy maduros, que es cuando ya no nos gustan. Y dijeron que valen también, pero que por la noche mirase si falta uno... No obstante, por lo feos que están he estado tentada de ir hoy a las siete de la mañana, que es cuando abren, a por plátanos decentes. Pero mi hija anoche me dijo que había cogido uno, y que no me preocupase. Pero es que una madre se preocupa por todo.
Anoche, al llegar a casa le pregunté a mi hija que si había cogido un plátano, y dejé caer que no me había comentado nada, y le pregunté si sabía para qué era. Su respuesta no pudo ser más clara: "No lo sé, pero tengo una ligera sospecha". Más no quiso comentar, pues no eran horas. Pero esta mañana, a las siete, estaba más habladora. Le volví a formular la misma pregunta, y me dijo: "Para qué va a ser? Para ponerle un preservativo." Más claro el agua. Tengo que decir que a mí, mente díscola, se me pasaron otras posibilidades anoche por la cabeza, y no la del condón. Pero es que, como para la prevención antitabaco les llevaron al hospital a presenciar una broncoscopia en vivo, con la claridad alemana, me imaginaba cualquier cosa. Y he aprovechado que estaba habladora para indagar. Todo esto lo contó con su hermana, más pequeña, delante, pero qué más da. La otra ya me dijo hace tiempo que ella sabe de esas cosas, como diciendo que con qué le salía yo en ese momento. La hermana nos dijo lo que los profesores contaron ayer: que han dividido la clase en dos grupos, chicos y chicas, y que las chicas van con la profesora tutora, y los chicos con el profesor de ciencias; que también hablan de sentimientos, de lo que significa ser hombre o ser mujer, que por qué les gusta ser lo que son, y qué características les gusta del sexo opuesto; que ayer hablaron de "la primera vez". Entonces entiendo lo del plátano, pues estas cosas hay que aclararlas cuanto antes.
La profesora comentó ayer cuando los padres comentaron el adelanto que es todo eso hoy día, y eso que todos los que estaban dijeron que habían tenido educiación sexual en su época, y yo era la única que no, pues no la recuerdo, y seguro que de eso me acordaría. Pero también comentó que algo que le daba pena es confrontar de esa manera a los críos a sus 12 años con estos temas sobre los que hasta ahora la mayoría no pierde ni un solo pensamiento o hacia el que mantienen una naturalidad infantil. Que era como si por hablar tan claro de ello, se despertara una cierta sensibilidad que no tenían antes y se hicieran tabús muchas cosas.
A mi hija le parece "o.k." tratar el tema en clase, me ha dicho hoy, pero que es algo "doof" (tonto, estúpido). Pero comentó que al menos a ellos les ha tocado un tema interesante, pues los de la clase de al lado tienen otro aburrido. Yo pensé que era para todos igual, pero no. A eso les habrá tocado ya o les tocará la próxima vez. En Alemania todo tiene su razón de ser y su momento.
Por cierto que ayer, un padre preguntó si de no tener plátanos se podía llevar alguna otra cosa. Yo recordé el pepino que tengo en la nevera, más decente y no tan maduro como el plátano. Pero no dije nada. A ver qué me cuenta luego la del plátano. Los profesores dijeron que en cualquier caso estaban contentos de que lo del plátano sea en viernes, y poder mandar a los críos a casa con un fin de semana por delante. Será el momento de que indaguemos los padres, pero también, y esa es mi idea, de aprovechar el momento y hablar de esos temas. Investigaré. Esa es mi labor.
Anoche, al llegar a casa le pregunté a mi hija que si había cogido un plátano, y dejé caer que no me había comentado nada, y le pregunté si sabía para qué era. Su respuesta no pudo ser más clara: "No lo sé, pero tengo una ligera sospecha". Más no quiso comentar, pues no eran horas. Pero esta mañana, a las siete, estaba más habladora. Le volví a formular la misma pregunta, y me dijo: "Para qué va a ser? Para ponerle un preservativo." Más claro el agua. Tengo que decir que a mí, mente díscola, se me pasaron otras posibilidades anoche por la cabeza, y no la del condón. Pero es que, como para la prevención antitabaco les llevaron al hospital a presenciar una broncoscopia en vivo, con la claridad alemana, me imaginaba cualquier cosa. Y he aprovechado que estaba habladora para indagar. Todo esto lo contó con su hermana, más pequeña, delante, pero qué más da. La otra ya me dijo hace tiempo que ella sabe de esas cosas, como diciendo que con qué le salía yo en ese momento. La hermana nos dijo lo que los profesores contaron ayer: que han dividido la clase en dos grupos, chicos y chicas, y que las chicas van con la profesora tutora, y los chicos con el profesor de ciencias; que también hablan de sentimientos, de lo que significa ser hombre o ser mujer, que por qué les gusta ser lo que son, y qué características les gusta del sexo opuesto; que ayer hablaron de "la primera vez". Entonces entiendo lo del plátano, pues estas cosas hay que aclararlas cuanto antes.
La profesora comentó ayer cuando los padres comentaron el adelanto que es todo eso hoy día, y eso que todos los que estaban dijeron que habían tenido educiación sexual en su época, y yo era la única que no, pues no la recuerdo, y seguro que de eso me acordaría. Pero también comentó que algo que le daba pena es confrontar de esa manera a los críos a sus 12 años con estos temas sobre los que hasta ahora la mayoría no pierde ni un solo pensamiento o hacia el que mantienen una naturalidad infantil. Que era como si por hablar tan claro de ello, se despertara una cierta sensibilidad que no tenían antes y se hicieran tabús muchas cosas.
A mi hija le parece "o.k." tratar el tema en clase, me ha dicho hoy, pero que es algo "doof" (tonto, estúpido). Pero comentó que al menos a ellos les ha tocado un tema interesante, pues los de la clase de al lado tienen otro aburrido. Yo pensé que era para todos igual, pero no. A eso les habrá tocado ya o les tocará la próxima vez. En Alemania todo tiene su razón de ser y su momento.
Por cierto que ayer, un padre preguntó si de no tener plátanos se podía llevar alguna otra cosa. Yo recordé el pepino que tengo en la nevera, más decente y no tan maduro como el plátano. Pero no dije nada. A ver qué me cuenta luego la del plátano. Los profesores dijeron que en cualquier caso estaban contentos de que lo del plátano sea en viernes, y poder mandar a los críos a casa con un fin de semana por delante. Será el momento de que indaguemos los padres, pero también, y esa es mi idea, de aprovechar el momento y hablar de esos temas. Investigaré. Esa es mi labor.
Etiquetas:
Creciendo,
Educando,
Nuevas experiencias
Suscribirse a:
Entradas (Atom)