¿No lo dije ayer? Parezco bruja, pues hoy he tenido un pequeño contratiempo con el coche. El susto ha sido gordo, y nada proporcional a los desperfectos. Justo ha ocurrido lo que dije ayer que me hacía saltar de "alegría": al frenar, y eso que no iba rápido, mi coche ha patinado en un cruce, por el hielo que había, y habré avanzado unos tres metros lo menos para terminar dándome con el coche de delante. Yo he visto mi coche avanzar en cámara lenta, a pesar de haber echado incluso el freno de mano, parando en intervalos, como dicen que hay que hacer y no de golpe. Y nada. El suelo era una pista de patinaje artístico. El hombre de delante se bajó todo enfadado, y me temí lo peor. A mí me temblaban las piernas del susto, y con todo lo que tengo que hacer estos días y lo desbordada que estoy con todo, me veía ya haciendo papeles para el seguro, etc.
El hombre miró su parachoques de atrás. Había alguna marca, pero era más bien suciedad. Cogió hasta nieve del suelo para utilizarlo como "jabón" de lavar. Y como se tranquilizó y hasta se puso agradable, yo me relajé. La situación no dejó de ser cómica cuando él alabó esos coches robustos que ya no se hacen, como el suyo, un Opel Senator, con un parachoque como Dios manda, y yo le di la razón, por supuesto, ya que ciertamente yo estaba feliz de no haber topado con un parachoques monísimo como los de hoy día, del color del coche. Entonces nos dimos la mano, como despedida, y me dijo, tuteándome, como hizo todo el rato, algo inusual en Alemania: "Y ten cuidado, por favor, con el coche y el hielo, y ahora también al cruzar la calle, no te vayas a resbalar". Eso hice también, aunque por suerte no me caí, pues en la parte donde ocurrió el accidente, el suelo era una pista de hielo. Con las piernas como un flan me volví a subir al coche, acordándome de mi post de ayer. Quién me manda vaticinar sin quererlo algo así. Al menos la situación resultó ser surrealista, con el hombre mayor preocupado por mí y despidiéndonos tan amistosamente, cuando en Alemania, tocar un coche supone que venga la policía y se monte una gorda.
Pero como son masocas, la gente sigue deseando nieve para Navidad. En la radio del coche cambié de emisora cada vez que volvían a hablar de eso hoy, tras el susto. Por eso yo no brindo por la nieve, sino que brindo por Navidades pacíficas, y por mi nueva vida, como conté en clase hoy por primera vez. Les mostré el anuncio de Freixenet de este año, que me parece muy logrado, con los videos que ha enviado la gente. A mí me ha conmovido mucho todo lo que contiene en esos dos minutos y pico. Me alegro si la crisis ha servido para que dejen de darles millones a gente que no lo necesita por hacer un anuncio, y los personajes brindan por cosas tan serias como por la igualdad de oportunidades, el afán de superación, por la vida, y por más cosas bellas, y puedo decir que he logrado mostrar en clase que en nuestro país seguimos produciendo buenas ideas, que somos creativos, a pesar de lo mala que es la situación actual, y más de uno se ha emocionado, como yo. Pienso que de esta crisis actual debería salir un cambio de conducta total y absoluto respecto a todo, una mayor solidaridad de todos con todos, pero me temo que no será así. Hoy leí en algún lugar del ciberespacio que lo que el gobierno pretende sangrando a los de abajo es volver a crear la misma burbuja, y con el excedente de riqueza creado beneficiar de nuevo unos cuantos, y para los que se han sacrificado quedarán las migajas que caen de la mesa. Lo mismo que había antes.
No deberíamos dejar engañarnos por promesas que no se van a cumplir y debemos luchar por nosotros y nuestras convicciones, nuestra felicidad, y no hacerla depender de los demás. Por eso, tras preguntarles a mis alumnos que por qué brindan ellos, les dije que yo lo hago por mi nueva vida, que será en el año nuevo. Mi estado civil va a cambiar, y no ha sido ni es fácil la crisis que dura ya cinco años. La vida nos da muchos palos, como muestra el anuncio también, pero siempre hay momentos de felicidad que nos tenemos que arañar como sea, y porque los otros no tienen más talento que nosotros. De eso no cabe duda.
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miércoles, 12 de diciembre de 2012
domingo, 17 de junio de 2012
Que vuelen lejos, con sus alfombras
Que todavía Carlos Dívar no haya dimitido de su función como presidente del Consejo General del Poder Judicial, me parece, y más con la que sigue cayendo, una vergüenza de las más vergonzosas que existen para España. Que hasta ayer el tipo todavía se creyese impune porque todavía parecía que varios vocales le iban a apoyar, demuestra la falta de respeto hacia las instituciones por la gente que desempeña cargos importantes en ellas. Por suerte no ha sido el caso, pero que todavía el circo se traslade al jueves, y que ese mamarracho se siga aferrando a su silla, es más que una más, tras Urdangarines, Camps, y Correas, que vienen vapuleando al país y produciendo estupor porque enciman se vanaglorian, pagan fianzas, claman inocencias que están más que refutadas, y siguen disfrutando del dinero y privilegios de los que se beneficiaron o apropiaron ilegalmente. Mientras en España no se terminen esas chulerías, ese estilo irreverente de que da igual lo que se haya hecho, que uno tiene derecho divino y de por vida a seguir robando con hidalguía, no se va a respetar el dinero público ni la función que desempeñan.
En Alemania se intenta, por supuesto, y se pilla también a unos cuantos listos que se quieren aprovechar de su puesto y privilegios, pero si comparo los "pecados", son menores, aunque no por ello menos reprobables y vergonzosos. Pongo el ejemplo de esta semana. Al ministro de Ayuda al Desarrollo de la coalición de gobierno actual, Dirk Niebel, una alfombra podría costarle el puesto, y estoy segura de que acabará por dimitir. El político de los Liberales, del FDP, se compró una alfombra en Afganistán en un viaje de trabajo en el més de marzo, por 1.120 euros: 9 metros cuadrados de alfombra de 30 kilos de peso. El problema es que si la hubiese transportado en el vuelo regular que cogió de vuelta a Berlín, por muy enrolladita que fuese, le hubiese costado un buen pellizco. ¿Qué hizo el listillo entonces? La dejó en la Embajada Alemana y aprovechó un vuelo oficial del jefe del Servicio Federal de Inteligencia para que se la trajeran. Eso significa que a pie de pista un vehículo oficial del gobierno, la recogió y la llevó al piso de Niebel, sin pasar por la aduana... El paso por la misma hubiera supuesto un gasto de algo más de 200 €, y ésos se los ahorró el pobre Ministro, que los debe necesitar, y es mejor perder toda su credibilidad por una alfombra.
Tras publicar el semanario Der Spiegel esta semana el escándalo, el ministro se ha justificado diciendo que el trasporte fue un "favor personal", pero que el pago en la aduana falló "por un malentendido", y que por supuesto que ya ha iniciado los trámites necesarios. Los del Servicio de Inteligencia, que no son otros que el servicio secreto, están muy enfadados, pues ellos dicen que Niebel mintió al decir que no negoció nada sobre los pasos pertinentes con ellos por tratarse de un "regalo", y que por eso ellos pensaban que él aclararía todo. Que se la cuelen así al servicio secreto tampoco es prueba de la seriedad del mismo.
De la manera que sea, Merkel, que tiene otras preocupaciones que le deberían quitar más el sueño, y espero que lo hagan, dijo que espera que su ministro pague lo que debe y punto. Pero Alemania es un país en el que no se hacen concesiones de ningún tipo con estas cosas. Si ya la ha liado así, no basta con pagar, sino que ha de irse, y la prensa no dejará de sacar datos hasta que se vaya. No habrá ni que esperar al jueves, como con Dívar, de eso estoy segura. El expresidente alemán Wulff, tardó meses en irse, pero al final se fue. Y como piden muchos, Merkel acabará poniendo a Niebel con su alfombra voladora de patitas en la calle. A Dívar todavía habrá que "convencerle" para que se vaya, y me pregunto que, como este caso ha salido porque un vocal del Consejo Judicial le ha denunciado, cuántos montones de casos más habrá en España encubiertos, por el consentimiento de otros y la chulería del listo de turno. Eso ha de cambiar, y cuanto antes, la forma de ver las instituciones como usufructo propio: viajo gratis porque yo me lo merezco por mi jeta absoluta. En Alemania, el que pillan in fraganti mete de momento el rabo entre las piernas, clama un "lo siento", que no pretendió que fuese así, pero como ni eso se lo cree nadie, se terminan por ir. Y al menos no se jactan y se ríen de todos los demás, en público. Que disfrute de su alfombra. Dívar ya lo ha hecho de su viajes, y lo hubiese seguido haciendo.
En Alemania se intenta, por supuesto, y se pilla también a unos cuantos listos que se quieren aprovechar de su puesto y privilegios, pero si comparo los "pecados", son menores, aunque no por ello menos reprobables y vergonzosos. Pongo el ejemplo de esta semana. Al ministro de Ayuda al Desarrollo de la coalición de gobierno actual, Dirk Niebel, una alfombra podría costarle el puesto, y estoy segura de que acabará por dimitir. El político de los Liberales, del FDP, se compró una alfombra en Afganistán en un viaje de trabajo en el més de marzo, por 1.120 euros: 9 metros cuadrados de alfombra de 30 kilos de peso. El problema es que si la hubiese transportado en el vuelo regular que cogió de vuelta a Berlín, por muy enrolladita que fuese, le hubiese costado un buen pellizco. ¿Qué hizo el listillo entonces? La dejó en la Embajada Alemana y aprovechó un vuelo oficial del jefe del Servicio Federal de Inteligencia para que se la trajeran. Eso significa que a pie de pista un vehículo oficial del gobierno, la recogió y la llevó al piso de Niebel, sin pasar por la aduana... El paso por la misma hubiera supuesto un gasto de algo más de 200 €, y ésos se los ahorró el pobre Ministro, que los debe necesitar, y es mejor perder toda su credibilidad por una alfombra.
Tras publicar el semanario Der Spiegel esta semana el escándalo, el ministro se ha justificado diciendo que el trasporte fue un "favor personal", pero que el pago en la aduana falló "por un malentendido", y que por supuesto que ya ha iniciado los trámites necesarios. Los del Servicio de Inteligencia, que no son otros que el servicio secreto, están muy enfadados, pues ellos dicen que Niebel mintió al decir que no negoció nada sobre los pasos pertinentes con ellos por tratarse de un "regalo", y que por eso ellos pensaban que él aclararía todo. Que se la cuelen así al servicio secreto tampoco es prueba de la seriedad del mismo.
De la manera que sea, Merkel, que tiene otras preocupaciones que le deberían quitar más el sueño, y espero que lo hagan, dijo que espera que su ministro pague lo que debe y punto. Pero Alemania es un país en el que no se hacen concesiones de ningún tipo con estas cosas. Si ya la ha liado así, no basta con pagar, sino que ha de irse, y la prensa no dejará de sacar datos hasta que se vaya. No habrá ni que esperar al jueves, como con Dívar, de eso estoy segura. El expresidente alemán Wulff, tardó meses en irse, pero al final se fue. Y como piden muchos, Merkel acabará poniendo a Niebel con su alfombra voladora de patitas en la calle. A Dívar todavía habrá que "convencerle" para que se vaya, y me pregunto que, como este caso ha salido porque un vocal del Consejo Judicial le ha denunciado, cuántos montones de casos más habrá en España encubiertos, por el consentimiento de otros y la chulería del listo de turno. Eso ha de cambiar, y cuanto antes, la forma de ver las instituciones como usufructo propio: viajo gratis porque yo me lo merezco por mi jeta absoluta. En Alemania, el que pillan in fraganti mete de momento el rabo entre las piernas, clama un "lo siento", que no pretendió que fuese así, pero como ni eso se lo cree nadie, se terminan por ir. Y al menos no se jactan y se ríen de todos los demás, en público. Que disfrute de su alfombra. Dívar ya lo ha hecho de su viajes, y lo hubiese seguido haciendo.
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viernes, 25 de mayo de 2012
Síndrome de hiperactividad previaje
Se trata de una enfermedad que afecta a mujeres el día antes de irse de viaje, aunque sea solo por irse un fin de semana. Además de hacer la maleta, aunque sea para tres personas, lavará toda la ropa sucia que hay en la casa, planchará todo, limpiará los baños, barrerá el suelo, recogerá todo. La paciente presenta un cuadro clínico de pánico que le impide realizar primero lo imprescindible, que es la maleta, y luego hacer lo que dé tiempo, y lo que no, que le den. No, el síndrome es tan agudo que primero se hará todo lo demás, y lo último la maleta. O se hará la maleta a la vez que se colocan armarios y se hacen mil cosas a la vez, causando una irascibilidad tremenda en la paciente. No se conocen afectados masculinos por la enfermedad. Ellos se limitan a hacer su maleta y no piensan en nada más. La mujer, sin embargo, pensará en el ¿qué pasaría que si nos pasa algo y alguien tiene que entrar en casa y se encuentra migas en el suelo? Presa del pánico barrerá entonces. ¿Qué ocurre si el que entre, tiene que ir al baño y se encuentra el lavabo y el baño sucio? Ésos hay que limpiarlos entonces, y si la casa tiene más de un baño, también, pues nunca se sabe si el que hipotéticamente entrase haría pipi en cada váter de la casa. Que se deje toda la ropa de los días antes del viaje toda lavada es algo que nadie notará tanto si se ha hecho como si no, pues habrá ropa suficiente que ponerse, de ahí la gravedad de la enfermedad. Pero la afectada por el síndrome no piensa así. Piensa que le dará un patatús al volver cuando vea la ropa sucia de antes del viaje, y venga a su vez con toda la del viaje para lavar. Así que los nervios posteriores se trasladan al día antes del viaje, que no es que sea mejor, pero cegada por el síndrome, lo hará como una zombi y sin pensar.
La enfermedad tiene varios grados. Las pacientes con grado "síndrome de marujeo extremo", se dejan todo perfecto, hasta ni una mota de polvo, los suelos brillantes, las ventanas, todo reluciente. Mientras se consigue, los síntomas serán mala hostia, perfeccionitis aguda, ansiedad, y miedo de no terminar todo a tiempo. Con el paso de tiempo, se baja al segundo grado de la enfermedad, llamado "ay que me da algo si no hago al menos esto", pero afortunadametne el cuadro clínico acapara menos ámbito de acción a este nivel del síndrome: el polvo dará igual, el suelo con barrerlo será suficiente (nada de fregona), la ropa se dejará toda lista, limpia, planchada y lavada, pero la afectada será capaz de dejarla en un cesto sin recoger. Todo un gran signo de mejoría.
Las causas de la enfermedad siguen siendo desconocidas. Se sospecha de un chip manipulado en la socialización de las mujeres desde su tierna infancia, que les carga de un extremo y absurdo sentido del deber.
El mejor tratamiento es la edad. Cuanto más edad tenga la paciente, más se irá liberando. Se recomiendan un tratamiento crónico con dosis de "amiplín" que irán funcionando cuanto más tiempo se tomen. Al final, la paciente será incluso capaz de dejar cosas sin recoger por ponerse a escribir un post, prueba de que las prioridades van cayendo en su sitio por sí solas.
La enfermedad tiene varios grados. Las pacientes con grado "síndrome de marujeo extremo", se dejan todo perfecto, hasta ni una mota de polvo, los suelos brillantes, las ventanas, todo reluciente. Mientras se consigue, los síntomas serán mala hostia, perfeccionitis aguda, ansiedad, y miedo de no terminar todo a tiempo. Con el paso de tiempo, se baja al segundo grado de la enfermedad, llamado "ay que me da algo si no hago al menos esto", pero afortunadametne el cuadro clínico acapara menos ámbito de acción a este nivel del síndrome: el polvo dará igual, el suelo con barrerlo será suficiente (nada de fregona), la ropa se dejará toda lista, limpia, planchada y lavada, pero la afectada será capaz de dejarla en un cesto sin recoger. Todo un gran signo de mejoría.
Las causas de la enfermedad siguen siendo desconocidas. Se sospecha de un chip manipulado en la socialización de las mujeres desde su tierna infancia, que les carga de un extremo y absurdo sentido del deber.
El mejor tratamiento es la edad. Cuanto más edad tenga la paciente, más se irá liberando. Se recomiendan un tratamiento crónico con dosis de "amiplín" que irán funcionando cuanto más tiempo se tomen. Al final, la paciente será incluso capaz de dejar cosas sin recoger por ponerse a escribir un post, prueba de que las prioridades van cayendo en su sitio por sí solas.
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lunes, 7 de noviembre de 2011
Grandes y pequeñas batallas
Tras tres maravillosos días despiojando la casa y las cabezas, hoy me han certificado una gran destreza quitando piojos. El "certificado" de estar limpia de piojos que mi hija presentará mañana en el cole me lo he ganado con mi esfuerzo y tesón y la médica me ha hecho reír cuando me ha dicho que nunca había tenido a nadie tan eficiente como yo, que normalmente tiene que ver dos o tres veces a los niños hasta certificar que no tienen ni una liendre; y me he sentido "piojinator". Y ni una liendre había, ni en las cabezas de mis hijas ni en la mía. Varias personas me han confirmado que en España los niños con piojos no dejan de ir a clase. Aquí no es el caso, y es muy normal ver cartelitos o recibir información rogando controlar las cabezas porque haya piojos "confesos" en la clase. No suelen dar nombres y apellidos, pero se sabe quiénes son. Concluido el asunto, es el momento de hacer balance: además de haberme hecho experta, la ventaja es que mis hijas ahora saben cómo se llaman desde los piojos a las liendres o las liendreras, vocabulario en español que desconocían, y han aprendido que los piojos no son tan espectaculares como pensaba mi hija pequeña, que se los imaginaba como gusanos-termitas, que se comen todo a dos carrillos.
Y tras un fin de semana sin descansar, he empezado la semana con tal sensación de agotamiento que será dura de combatir, teniendo en cuenta que acaba de empezar. Será el momento de hacer algo que nos encanta hacer a todos, y a las mujeres quizá más, de darnos algún caprichito, como premio. Necesito algo glamuroso, después de ver piojos y liendres por todas partes. Aquí ya ha empezado la temporada navideña en las tiendas, y es fácil comprar cosas con mucho brillo, y ya empiezan a vender atuendos festivos de cara a las fiestas. Las encuestas dicen que los alemanes quieren gastar menos en regalos que la Navidad pasada. No sé si nos animan a ser austeros, porque otros años antes de la temporada daban como resultado a la misma encuesta que los alemanes gastarían más esas Navidades. También el gobierno quiere bajar los impuestos, algo que nadie se cree aquí que sea posible, ni como regalo de Papá Noel. Pero a juzgar por la oferta navideña de las tiendas, tampoco parece que la gente vaya a apretarse el cinturón. Merkel también quiere subir el salario mínimo, algo por lo que la patronal dio gritos de alarma el otro día, y se dijo que la canciller daba un giro a la izquierda. Quizá deba resarcirse internamente de su papel ingrato fuera del país, de llamar constantemente la atención a Papandreus y otros. ¿O es que se acercan jornadas electorales dentro de los partidos, el momento de elegir candidatos, y están todos a ver quién da más? Lo que sí que está claro es que por mucho glamour que pongamos a estas Navidades, el año ha sido pésimo para muchos países, y ahora mismo no nos creemos nada. Y por mucho que yo me orgullezca de haber combatido todos los pijos, vendrán otras batallas, y aquí ni aplica lo de "al séptimo día descansó". No hay que bajar la guardia. Liendres y piojos hay siempre, en algún lugar.
Y tras un fin de semana sin descansar, he empezado la semana con tal sensación de agotamiento que será dura de combatir, teniendo en cuenta que acaba de empezar. Será el momento de hacer algo que nos encanta hacer a todos, y a las mujeres quizá más, de darnos algún caprichito, como premio. Necesito algo glamuroso, después de ver piojos y liendres por todas partes. Aquí ya ha empezado la temporada navideña en las tiendas, y es fácil comprar cosas con mucho brillo, y ya empiezan a vender atuendos festivos de cara a las fiestas. Las encuestas dicen que los alemanes quieren gastar menos en regalos que la Navidad pasada. No sé si nos animan a ser austeros, porque otros años antes de la temporada daban como resultado a la misma encuesta que los alemanes gastarían más esas Navidades. También el gobierno quiere bajar los impuestos, algo que nadie se cree aquí que sea posible, ni como regalo de Papá Noel. Pero a juzgar por la oferta navideña de las tiendas, tampoco parece que la gente vaya a apretarse el cinturón. Merkel también quiere subir el salario mínimo, algo por lo que la patronal dio gritos de alarma el otro día, y se dijo que la canciller daba un giro a la izquierda. Quizá deba resarcirse internamente de su papel ingrato fuera del país, de llamar constantemente la atención a Papandreus y otros. ¿O es que se acercan jornadas electorales dentro de los partidos, el momento de elegir candidatos, y están todos a ver quién da más? Lo que sí que está claro es que por mucho glamour que pongamos a estas Navidades, el año ha sido pésimo para muchos países, y ahora mismo no nos creemos nada. Y por mucho que yo me orgullezca de haber combatido todos los pijos, vendrán otras batallas, y aquí ni aplica lo de "al séptimo día descansó". No hay que bajar la guardia. Liendres y piojos hay siempre, en algún lugar.
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