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miércoles, 26 de noviembre de 2014

La explicación

Esta semana he mostrado en una de mis clases el anuncio de la lotería de este año. Si me gusta el anuncio es porque juega con toda la psicología de lo que significa para los españoles el sorteo, y el comprar lotería aquí y allá por si toca... Y por supuesto que el de este año toca la fibra sensible, por pensar que alguien pueda hacer eso: guardarle un décimo premiado a alguien que no ha podido comprarlo. A todos nos gusta creer en el género humano aunque la vida nos vapulee y nos muestre lo contrario.

Pues bien, los alemanes me hicieron sudar el otro día explicádoles lo que ocurre en el anuncio. No lo pillaban. No entendían qué hacía toda esa gente celebrando junta ni tampoco tanta lágrima. Uno no hacía más que preguntar que por qué había bajado el hombre que no tenía un décimo premiado. Por cortesía hacia sus conocidos, que han ganado, y a los que probablemente vea casi todos los días, les expliqué, para que no piensen que no se alegra por ellos. Pero por qué ha comprado tanta gente ese número, volvían a preguntar. Porque la psicología de la lotería logra que tras ver un día tras otro los décimos en el bar en el que te tomas siempre un café, acabes por comprar uno, para evitar justamente lo que pasa en el anuncio, les dije. No parecían muy convencidos. Estaban más serios que si verdaderamente Antonio, el del bar, no le hubiese guardado un décimo al pobre apenado.

Pero el colmo de la alemanidad me vino cuando uno me explicó todo convencido que seguramente la mujer sabía que el del bar le había guardado un décimo a su marido, y que por eso demostró tanta insistencia al mandarlo al bar. Tuve que reconocer que no me había parado a pensar en tal posibilidad, pero para eso están los alemanes, para encontrar una explicación para todo. Le dije que sí, que podría ser, pero que el anuncio lo deja en el aire. Él estaba convencidísimo de que así era.

En el aire, pienso ahora. Eso no funciona en Alemania, y por eso aquí sería impensable un sorteo así, y mucho menos televisado y con lágrimas. No, si está claro que tiene que haber una explicación para que todos los españoles se dejen llevar año tras año por todo este rito de la lotería, desde el anuncio, hasta el día después, "el de la salud", como me explicaron hace poco, por la frase aquella de "no nos ha tocado pero que al menos tengamos salud". Y que podramos llegar otro año más a otro sorteo de la lotería, y comprar algún décimo, añado yo ahora. Por cierto, yo no llevo ninguno. Claro, como por aquí en ningún bar ni en ninguna parte se ven décimos...

jueves, 9 de mayo de 2013

Rayos y truenos

Hoy ha sido jornada festiva en Alemania. Es la Ascensión, de la que ya he hablado en alguna ocasión, o el "Viaje de Cristo al cielo", como se dice en alemán, idioma siempre tan descriptivo. Es el Día del Padre también, y no he pisado la calle, aunque no por ese motivo. No obstante he visto desde la ventana más jaleo en el día de hoy que otros años. Como vivo al lado del río Alster, la zona se prestaba al paseo típico que dan los padres o los arrimados, todos hombres, tirando de un carrito lleno de cervezas u otras bebidas alcohólicas. Han pasado ya a las once de la mañana botella de cerveza en mano, y muchas otras en el carrito, un grupo que iba ya muy alegre. A lo largo del día el jaleo y la imagen se han repetido. Es un día en el que tienen derecho a emborracharse.

Pero en Alemania el tiempecito se las trae, y en un lugar de Mecklemburgo-Antepomeriania (lo siento, pero se llama así), un Estado Federal en el este de Alemania, estaban unas 500 personas celebrando el Día del Padre, cuando de repente cayó un rayo en un grupo de árboles, y de allí saltó la descarga eléctrica al tendido eléctrico cercano y por eso el efecto ha sido tan grande. Hay 43 heridos, algunos de ellos graves.

Siempre digo que este país es inhóspito debido a su clima. Y así es la gente a veces también. Tienes que luchar con la "simpatía" de la gente demasiado a menudo. Yo llevo una semana pensando que si pudiese emigraba. Ahora que vienen tantos españoles para acá, me pregunto que qué hago yo aquí, que ya he cumplido mi cupo de años y ahora sería buen momento de hacer paso a los que llegan. Cuando yo llegué, los españoles que conocí eran o hijos de inmigrantes españoles de los años cincunta o sesenta, o muchas chicas como yo que vinieron por tener un novio alemán y aquí se quedaron.

Hoy llegan ellos solitos, ellos y ellas, y aquí se quedarán un tiempo o para siempre. No, si aquí se vive muy bien, si no fuese por muchas cosas, como en todas partes. Pero tampoco esto es lo que parece y aquí, hasta para celebrar hay normas, y rayos y truenos que te las fastidian.

No me tomen en serio. Que aquí en teoría hay trabajo, y todavía muchos derechos sociales, pero tampoco eso es lo que parece, repito. Y encima a la gente le falta un hervor emocional. Mañana me voy a Italia por segunda vez en mi vida, y espero contrarrestar un poco a un tiempo en el que dejaría espacio a los que llegan. Pero en la vida no decides tú muchas veces, sino tú mismo sabes qué es lo que tienes que hacer. Y los motivos son más que suficientes.

jueves, 2 de mayo de 2013

Contando el pasado y el presente

Noche de "Cuéntame". Mis hijas se aficionaron a la serie española, en las últimas visitas a Madrid, viéndola en casa de los abuelos. A mí me alegra tanto interés: que se empapen del idioma español y además de historias de la cultura española, ahora de los años 80, que recuerdo perfectamente.

Estamos de vacaciones, es decir, no de viaje pero sin cole. Vacaciones de semana y media, improvisando entretenimiento, en medio de una reciente mudanza de la que queda tarea.

Que qué es un puticlub, me acaba de preguntar mi hija pequeña viendo la serie. Se lo he explicado y dice "Ah". Todo saber es importante, digo yo, pues en el mundo hay de todo.

Hoy han visto a miles de protestantes. Hamburgo está tomado ellos, que no protestan por nada sino que profesan su fe. Lo hemos visto con nuestros propios ojos hoy. Hay escenarios y carpas por todas partes. Lo bueno de los protestantes es que dejan vivir al resto de la gente y no toman la ciudad como los católicos ultras que toman las ciudades españolas, así que no molestaban.

Sigue la serie. Y la historia. Y todo lo que vino después. Y el presente.

viernes, 19 de abril de 2013

Pan, sal y sueños

Los alemanes dicen que lo que sueñas la primera noche que pasas en tu casa nueva, se cumple, así que me esforzaré mucho. Luego también es costumbre que tus nuevos vecinos te traigan pan y sal, que te darán bienestar y riqueza. La sal era antes un bien muy preciado y de ahí el simbolismo, y el pan ha sido siempre símbolo de los dioses. Nos hemos comido el pan con la sal con la cena, al que le pusieron para acompañar también aceite de oliva, y ahora me dispongo a dormirme en mi nueva casa. Mis hijas duermen ya. He pasado un día de muchos nervios, pero ha salido todo bien, por lo que puedo dormir tranquila, y soñar con una vida tranquila, pues eso se va a cumplir sí o sí. Si por añadidura sueño con otras cosas que no voy a desvelar aquí, la jugada me habrá salido redonda. Buenas noches.

sábado, 30 de marzo de 2013

Están majaras

Tengo el tema "clima" bastante abandonado. No es que sea buena señal, sino más bien que trato de ignorarlo. Teniendo en cuenta que estamos casi en abril y que sigue nevando y que desde hace semanas la temperatura máxima es como mucho de 2° C, es para largarse de inmediato. Pero, ¿adónde vamos a ir los más de 80 millones de alemanes? Ni Mallorca nos acoge si vamos todos en tropel.

Y como no tenemos dónde ir, hacemos de tripas corazón y tratamos de creernos que es primavera, Semana Santa, y que no hay nieve. Hoy se veían las humaredas típicas del Sábado Santo, por los fuegos de Pascua, esa tradición pagana de "quemar" el invierno y dar la bienvenida a la primavera. Y yo, viendo la nieve por todas partes, y sintiendo el frío que seguimos teniendo, pensaba que están completamente locos. Con estas temperaturas tan gélidas ni las fogatas calientan, y hay que ser poco flexibles para no cancelar los fuegos con un frío así, como en España se hace con las procesiones cuando llueve, por mucho que les fastidie a muchos.

Este año todavía no han salido ni los crocus, las primeras flores de la primavera. Algunas apuntan algo entre la nieve, o mejor dicho sus tallos. Hasta en Husum, una pequeña ciudad cerca del Mar del Norte, en el Estado Federal de Schleswig-Holstein, han pospuesto la fiesta de los crocus, que celebran cada año alrededor de su castillo, que se llena de esa flor lila y que atrae a muchos visitantes pues es espectacular. Yo estuve una vez hace años. Pero este año, no hay crocus que se atreva a salir, y la reina de la fiesta de los crocus, sigue sin lucir su corona porque no sale ni uno.

Muchos están ya preocupados por lo que este invierno tan terriblemente largo significa: nadie compra ni ropa de verano, ni barbacoas, ni plantas primaverales. Y parece que no se va a terminar nunca.

Aquí se creen que el clima va a la carta. En invierno ha de nevar hasta que ellos se cansen. Ahora mismo no hay nadie que quiera más nieve, pero a mí me molesta igual ahora que en diciembre. Así que hala, que apechuguen, que cuando yo me quejo en los meses de invierno nadie me hace caso; y que busquen los huevos de chocolate como es costumbre, pero bajo la nieve. Porque las costumbres nunca se abandonan, aunque muramos congelados en el mes de marzo más frío que se recuerda.

miércoles, 20 de junio de 2012

Las plañideras

Sigo sin cogerle el punto a los sentimientos en este país. Aunque soy capaz de llorar a la mínima -los que me conocen lo saben-, hay situaciones que me dejan bastante fría. Hoy fui al cole de mi hija pequeña a las diez de la mañana, pues despedían el curso cantando. Nada nuevo, pues llevo 5 años oyendo las mismas dos canciones, que ya me sé de memoria. Pero no me quejo, pues se trata de ritualizar este acto lo más posible, para que termine el curso, y nos emocionemos y digamos suspirando "ay, si hace un año estuve aquí oyendo lo mismo y ha pasado otro curso sin enterarnos". Pero hoy me coloqué en mal lugar, en concreto al lado de un grupo de mujeres demasiado alteradas, que no hacían más que darme con la cámara en la cabeza para hacer fotos de sus hijos, y que no se daban cuenta de que no eran las únicas en el pabellón de deportes del colegio. Pero lo mejor estuvo por llegar. Cuando los de cuarto, que son los dejan el colegio, cantaron su canción de despedida, las madres se pusieron a llorar, pero no con unas cuantas lagrimitas que se caen en silencio por sus rostros, sino como plañideras, y no exagero nada. Yo me puse malísima, no lo niego, pero no conmovida ni con ganas de llorar, sino con el estómago revuelto. Y es que no cuadro con la media aquí. Esas mismas madres no tienen ningún problema en mandar a sus hijos con las bicis a las siete de la mañana en la oscuridad del invierno, incluso con hielos, nieve o lo que caiga. Yo he visto a algún crío, en mi opinión bastante pequeño, caído con su bici en medio de la calle. O cuando sus hijos cumplen 18 años hablan de ellos como si fuesen una persona en cuya vida ya no se pueden entrometer o ni siquiera opinar. Una amiga mía me decía hace poco: "Es que ya tiene 18 años y no le puedo decir nada", a lo que le respondí yo: "Ya, pero mientras viva en tu casa..." Y por eso aquí es tan normal con 18 años animarles a que se vayan.

Pero que empiecen el colegio es un trance para muchas, que ven en ese paso a los 6 o incluso a los 7 años como el fin de la infancia. Y ya, si dejan el idilio de primaria, donde hacen galletitas, o se pasan a veces semanas enteras con un tema hasta que les aburren (una cierta manualidad o lo que sea), que pasen al instituto o a la escuela secundaria que les recomienden, que aquí es con 10 años, es como si se fuesen a la mili, a Ceuta lo menos, y no les fuesen a ver más. Así lloraban hoy todas, las pobres. Unas cuantas de "mi" clase me dijeron: "Al año que viene lloraremos nosotras", a lo que respondí que yo no lloro por eso, que tengo cosas más importantes por lo que hacerlo, pero no por un paso positivo en la vida de mis hijas. Y me dijeron que es que yo ya lo he pasado una vez. Y les dije que sí, pero que yo me alegré (y cuánto) de que saliese del mundo feliz de primaria.

Pero bueno, mejor que me calle, pues ya me ha recordado mi hija pequeña antes entre risas, que hace poco, a mitad de la noche, vino a mi cama a decirme que había tenido pesadillas y que no se podía dormir otra vez, a lo que yo, tan ancha me quedé cuando le dije que se volviese a su cama, que yo tampoco lo podía solucionar, cuando lo que ella se esperaba es que le dijese que se metiese en mi cama. Ésas no cuelan. También alguna vez, cuando no se puede dormir, se me adelanta diciéndome: "... y ya he contado hasta 200 ovejas, y nada; he hecho de todo y nada". Y le digo que eso es porque ha contado en alemán, que si lo hace en español seguro que se cansa más y se duerme.

Por supuesto que el hacerse mayor y cerrar una etapa es algo importante en la vida de un niño, pero no recuerdo haber visto llorar a mi madre ni a otras, cuando dejamos la E.G.B. de la época, y pasamos al instituto. Pero se me olvidaba que aquí son más madres que nadie, o que las madres de hoy día nos lo creemos más que las de antes. Yo siempre le digo a mis hijas, que a los de mi generación, si nos caíamos, encima nos daban un bofetón por torpes. Y ellas se parten solo con pensar en la situación: "Niño, mira que te lo he dicho", y zas, galleta al canto. Así que nada, adiós a los que se han marchado. Ya nos tocará, por suerte, en un año.

viernes, 25 de mayo de 2012

Síndrome de hiperactividad previaje

Se trata de una enfermedad que afecta a mujeres el día antes de irse de viaje, aunque sea solo por irse un fin de semana. Además de hacer la maleta, aunque sea para tres personas, lavará toda la ropa sucia que hay en la casa, planchará todo, limpiará los baños, barrerá el suelo, recogerá todo. La paciente presenta un cuadro clínico de pánico que le impide realizar primero lo imprescindible, que es la maleta, y luego hacer lo que dé tiempo, y lo que no, que le den. No, el síndrome es tan agudo que primero se hará todo lo demás, y lo último la maleta. O se hará la maleta a la vez que se colocan armarios y se hacen mil cosas a la vez, causando una irascibilidad tremenda en la paciente. No se conocen afectados masculinos por la enfermedad. Ellos se limitan a hacer su maleta y no piensan en nada más. La mujer, sin embargo, pensará en el ¿qué pasaría que si nos pasa algo y alguien tiene que entrar en casa y se encuentra migas en el suelo? Presa del pánico barrerá entonces. ¿Qué ocurre si el que entre, tiene que ir al baño y se encuentra el lavabo y el baño sucio? Ésos hay que limpiarlos entonces, y si la casa tiene más de un baño, también, pues nunca se sabe si el que hipotéticamente entrase haría pipi en cada váter de la casa. Que se deje toda la ropa de los días antes del viaje toda lavada es algo que nadie notará tanto si se ha hecho como si no, pues habrá ropa suficiente que ponerse, de ahí la gravedad de la enfermedad. Pero la afectada por el síndrome no piensa así. Piensa que le dará un patatús al volver cuando vea la ropa sucia de antes del viaje, y venga a su vez con toda la del viaje para lavar. Así que los nervios posteriores se trasladan al día antes del viaje, que no es que sea mejor, pero cegada por el síndrome, lo hará como una zombi y sin pensar.

La enfermedad tiene varios grados. Las pacientes con grado "síndrome de marujeo extremo", se dejan todo perfecto, hasta ni una mota de polvo, los suelos brillantes, las ventanas, todo reluciente. Mientras se consigue, los síntomas serán mala hostia, perfeccionitis aguda, ansiedad, y miedo de no terminar todo a tiempo. Con el paso de tiempo, se baja al segundo grado de la enfermedad, llamado "ay que me da algo si no hago al menos esto", pero afortunadametne el cuadro clínico acapara menos ámbito de acción a este nivel del síndrome: el polvo dará igual, el suelo con barrerlo será suficiente (nada de fregona), la ropa se dejará toda lista, limpia, planchada y lavada, pero la afectada será capaz de dejarla en un cesto sin recoger. Todo un gran signo de mejoría. 

Las causas de la enfermedad siguen siendo desconocidas. Se sospecha de un chip manipulado en la socialización de las mujeres desde su tierna infancia, que les carga de un extremo y absurdo sentido del deber.

El mejor tratamiento es la edad. Cuanto más edad tenga la paciente, más se irá liberando. Se recomiendan un tratamiento crónico con dosis de "amiplín" que irán funcionando cuanto más tiempo se tomen. Al final, la paciente será incluso capaz de dejar cosas sin recoger por ponerse a escribir un post, prueba de que las prioridades van cayendo en su sitio por sí solas.

viernes, 9 de marzo de 2012

Duelo infinito

Día duro. Muy duro. Ir a un entierro no es agradable, pero si encima es de un chico de 18 años peor aún. Resulta muy doloroso pensar en esa vida truncada antes de empezarla prácticamente, o al menos a vivirla de forma autónoma, rompe el alma ver a esos padres destrozados, a los abuelos del chico, a los amigos, a todos los que lo conocían a él, o trataban a los padres. Entierro protestante, con una mujer como pastora oficiante. Música moderna. Canciones que le gustaban al chico. Una urna, pues le habían incinerado. Una vida que se acaba, y unos padres cuya vida no volverá a ser jamás como hasta el día en que comenzó su nueva vida, huérfanos de su hijo. Una hermana que ha perdido a su único hermano, y se queda sola. Muchas promesas de la oficiante de que ahora el chico está bien, en otro lugar, más allá, bien acompañado. Duro creérselo cuando ha sido arrancado así de la vida.

El dolor ante la muerte es universal; no los ritos y las formas. En Alemania no se entierra al día siguiente, sino hasta dos semanas después. No hay tanatorios. Los entierros son menos multitudinarios, pues solo va quien se sienta vinculado de verdad con la familia. Suele haber tarjeta de invitación con la fecha y hora del entierro. Suele haber una comida después, costumbre antigua de los pueblos o para dar de comer a los que venían de lejos. Y aquí, al enterrar, cada persona presente, echa algo de tierra sobre el ataúd o la urna, flores o pétalos, uno a uno. Reina un silencio absoluto. En Alemania no se habla del dolor, aunque duele igual. Muchos abrazos, gestos, pero pocas palabras, o ninguna, con la parquitud típica de la cultura. Pero en momentos así se siente igual la cercanía. Me gusta que no se pasa lista por si alguien no va. No se toman en cuenta esas cosas. Pero sí necesitan una cierta solemnidad y sensación de que hasta ese último paso ha sido perfecto: las palabras perfectas en la ceremonia, un libro en el que todos los que han ido firman, para que luego la familia sepa quién ha estado. Y luego en silencio, cada uno a su casa, a nuestros quehaceres, con mal cuerpo, pero pudiendo abrazar a tus propios hijos al llegar a casa, y volver a pensar que para unos padres, eso es lo peor que les puede pasar. En Alemania y en el resto del mundo. Cada ser es irremplazable y en eso no importa la edad. Lo malo de la muerte es que es demasiado definitiva. Perder a las personas que más quieres es una cadena perpetua. Y el duelo en algunos casos infinito.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Fernweh

Hay una lección en el método de español con el que trabajo en la que se les pide a los alumnos que digan sus palabras favoritas del español: como respuesta mencionan palabras como melocotón, alrededor, amor, u otras de lo más peregrinas, pero cuyo sonido les gusta. He hecho el ejercicio con varios grupos, y yo también digo siempre cuáles son mis favoritas. Siempre elijo morriña, chiringuito y sarao. Les tengo que explicar lo que significan las tres, hasta chiringuito, que aunque los conozcan de las playas españolas no conocen la palabra. Pues hace poco un jubilado en una de mis clases me dijo que ese día él me ponía tarea: que me pensase cuáles son las palabras en alemán que más me gustan. A la semana le dije un par de ellas, y hoy, cuando me he acordado de la que titula esta entrada, me da rabia que no se me ocurriese hace dos semanas, pero supongo que no era el momento, como lo es esta semana. Fernweh es la nostalgia de lo lejano, digamos que sería lo contrario de la morriña, que es la nostalgia de tu hogar o tu país. Y el Fernweh es lo que siento yo muy a menudo cualquier día del año si me pongo a pensar, pero muchísimo estos días de vacaciones en casa. Pienso en la gente que conozco que está ahora mismo de viaje y me dan ganas de irme al aeropuerto ahora mismo, pues además de una prima mía que ha vuelto (maravillada) de Japón (lo que me contó el otro día por teléfono debería ser plasmado en un blog), también sé de gente que está ahora en Martinique (en El Caribe; me acuerdo mucho de esa alumna mía cuando veo el cielo gris aquí), en China, en Florida, o en Andalucía. A los que esquían no envidio a ninguno; qué ganas.

Sin embargo transcurre una semana tranquila de vacaciones en casa. Qué mejor momento que hacer aquello que uno debería hacer más a menudo: quitar o tirar cosas no útiles. Mi primera teoría de una época en la que me mudé a menudo es que uno debería mudarse cada dos años. Me volví experta en deshacerme de cosas y guardar mucho menos. Ahora van ya para cinco años en esta casa, y sería el momento de mudarse y tirar. Lo que uno acumula y guarda a veces es absurdo, y eso que no soy tan coleccionista de cosas inservibles. Mi segunda teoría es que de todo lo que no se utilice en un año se puede prescindir. Me agobian las cajas encima de los armarios o debajo de las camas, cuyo contenido olvidé hace mucho, porque ésas son definitivamente cosas que no necesito.

Y tiro y coloco, aprovechando la paz de estos días, y a la vez voy haciendo maletas. Adelanto que me voy el sábado, así que el Fernweh me durará un par de días más. Ya desvelaré adónde. Esta vez un largo viaje en coche a una zona que no conozco nada. Así que me encuentro sumida en otra constumbre muy mía: colocar armarios mientras hago maletas, algo que parecerá paradójico y una manera absurda de complicarse la vida, pero para mí es siempre el momento de inspeccionar a fondo, rescatar piezas olvidadas y de sacar lo inservible, porque cada viaje es un nuevo comienzo de algo. Yo al menos lo veo siempre así. De cada estancia fuera, por muy corta que sea, te llevas algo y vuelves con energías renovadas a tu rutina diaria, para seguir almacenando cosas, y tirando otras, y para estar preparados para hacer las maletas en cualquier momento y salir.

viernes, 10 de febrero de 2012

Mi cocidito hamburgués

Ay lo que me estoy riendo ahora mismo, y no me viene mal. Yo misma me curo en salud, tras mis más bajos momentos, y ayer, antes de meterme en la cama mucho más antes de lo normal, saqué todo lo necesario del congelador para hacerme hoy un buen cocido, puse en remojo los garbanzos, los del alijo, y a descansar la víspera de hacérmelo. Y ya está en marcha, y mientras empieza a cocer la olla, empiezo el post, que es como otro plato de (casi) cada día.

Llevo toda la semana riéndome también con lo que me dijo mi hermana el otro día por teléfono, referente a facebook o blogs. Me dijo muy divertida que ella no tiene experiencias interesantes, ni nada tan curioso que contar como otra gente, y yo me reí, y le dije que eso no es cierto, que a diario vivimos muchas cosas dignas de ser contadas, y que si las ponemos bajo el prisma y la perspectiva adecuada, se convierten en algo especial y gracioso. Lo que unas veces nos hará llorar, otras nos lo tomaremos con guasa y nos reiremos de nosotros mismos. Y a mí hoy, al pensar en mi cocido, se me ha venido a la cabeza la cancion de Manolo Escobar, la del "Cocidito madrileño". Como salvo algo del estribillo, no me sabía la letra, la he buscado, pues todo se puede analizar desde el punto de vista científico, y aquí va tal joya de la cultura española, para los que no se han parado como yo a pensar que nuestro arraigo cultural lo mamamos con las cancioncillas de la radio de nuestra infancia:

No me hable usté
de los banquetes que hubo en Roma.
Ni del menú
del hotel Plaza en Nueva York.
Ni del faisán
ni los foagrases de paloma,
ni me hable usté
de la langosta Thermidor.
Porque es que a mí,
sin discusión, me quita el sueño
y es mi alimento y mi placer
la gracia y sal
que al cocidito madrileño
le echa el amor de una mujer.

Estribillo:
Cocidito madrileño,
repicando en la buhardilla,
que me huele a yerbabuena
y a verbena en las Vistillas.
Cocidito madrileño
del ayer y del mañana.
Pesadumbre y alegría
de la madre y de la hermana.
A mirarte con ternura
yo aprendí desde pequeño.
Porque tú eres gloria pura,
porque tú eres gloria pura,
cocidito madrileño.

Digame usté
dónde hay un cuadro con más gracia
con el color
que da la luz del mes de abril,
cuando son dos
y están debajo de una acacia,
y entre los dos
un cocidito de albañil.
Cuando el querer
de la mujer le dice al dueño
de su hermosura y su pasión:
Toma, mi bien,
tu cocidito madrileño,
que dentro va mi corazón.

Estribillo.
Olé, me cabe decir. Solo conocía lo del "porque tu eres gloria pura" pero el resto nada. Yo no sé lo que es la langosta Thermidor, pero la primera estrofa es antológica. Y el machismo de la canción genial. Ni Arzak ni ná, el cocido lo hace una mujer, y punto, y con amor hacia su hombre, nada de estrés, ni de malas conciliaciones, pues es su labor. Lo de imaginarte la verbena en las Vistillas, con mi mente fantasiosa, todavía se lo acepto, pero lo de la "pesadumbre" me escama. ¿Se refiere a después, por el efecto que todos conocemos de la legumbre? Pero es que encima, en una segunda lectura me doy cuenta de que la "pesadumbre y alegría" son solo las de la madre y la hermana, y él, hombre, mira con ternura al cocido, no a ellas que se lo preparan. Y el final es sublime, la mujer le hace al "dueño" de su hermosura y pasión (no es ella, claro) el cocido con su corazón. Creo que sería motivo de un estudio literario, el analizar las letras de las canciones de Manolo Escobar, y seguro que existen tales, y animo a todos a pararse a pensar en las letras, qué despiporre, como el "Dónde estará mi carro".

A mí me toca ahora echarle los garbanzos, que ya ha cocido la carne, y solo sé que mis hijas, en cuanto entren por la puerta, dirán "huele a casa de la abuela". El único problema de que no hago casi nunca cocido es que cuando me pongo, echo todo el alijo, y me sale cocido para un regimento, y mis hijas acaban protestando cuando se lo saco, tras congelarlo, una vez por semana hasta que se acaba. Pero tienen que mamarlo, como lo hice yo, que por eso me gusta tanto, aunque reconozco que si le ponen a un alemán tal plato, lo mirará con recelo, como yo he hecho a veces con los de más arraigo de aquí, hasta que los he probado y me he acostumbrado a la mezcla. ¡Jo, qué bien huele mi cocido! Benditas las puntas de jamón, imposibles de comprar aquí, que me metió mi madre en algún otro alijo.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Fin de año

Solazo en Madrid para terminar el año. Hace frío pero el sol compensa y la luz es vida. Semana turística en mi tierra, porque ahora que mis hijas crecen tienen que conocer bien su segunda tierra, que aunque no lo sea de nacimiento sí que de identidad. Madrid en invierno es muy distinto a Hamburgo en estas semanas. El cielo sigue siendo de un azul infinito, y el sol tiene fuerza, en invierno también, tanta, que apetece salir y entrar igual, no como en otras latitudes, en las que salimos pero porque hay que hacerlo. Todo el mundo habla de crisis, pero en muchos lugares no se nota. O será porque los mismos de seimpre no la tienen, y los que la tienen se dicen que ahora es Navidad, y que ya vendrá la cuesta de enero. Y mientras tanto la gente gasta, regala, come como nunca, y enero dirá.

La Navidad madrileña tiene sus clásicos también, como Cortilanda, los belenes por muchos sitios, el mercado de artesanía de Plaza de España, y la luces en tantas calles. La globalización se hace notar en las muchas pistas de patinaje, pero en las que se ve la organización española. Echan a una marabunta de críos y los márgenes de tiempo para patinar son más elásticos de lo que has pagado, pues la media hora, se convierte en casi una hora. En Alemania darían a una cantidad de críos patines naranjas y a otros azules para delimitar el tiempo y que no patine nadie ni un minuto de más. Me llama la atención toda la semana la cantidad de gente que haz por todas partes, y que todos parezcamos hacer lo mismo. Cuando llegas al Vips a comer con tus hijos, y ves la cola que hay y el escándalo dentro, te das cuenta que de original tienes poco, y que estas actividades de relajo para toda la familia son más un agotamiento colectivo. Pero algo hay que hacer.

¿Qué tal una excursión a Segovia? Qué bonito el acueducto, y qué bien puestas las piedras desde hace 2000 años, pues ahí sigue. Seguramente los romanos cuando lo construyeron sabían que a finales del 2011 montones de turistas estaríamos haciendo fotos a sus pies. Había montones de turistas extranjeros por toda la ciudad, las calles, las plazas, el Alcázar. El Palacio de la Granja estaba impresionante con la luz invernal, y en tiempos de crisis ese palacio, por mucho que lleve siglos ahí, parece un despropósito aún mayor. Los tapices bien valen una visita, y yo no los recordaba. Los jardines sí, y sus fuentes. Y ahí sigue todo, aunque el acueducto tiene más mérito, pues con oro casi todo se compra.

No la nieve, pues no hay nada en la sierra, y la minipista con nieve artificial es otro despropósito. El frío era de nieve, pero estaba todo vacío, pues de haber nevado, ayer hubiesen colgado el cartel de "lleno" en el Puerto de Navacerrada, y sin embargo subimos en las telesillas vacías.

Y como no haz nieve, hay que ocupar las ciudades. Madrid también está lleno de turistas guiris, como nosotros, y muchos se comerán las uvas en plena Puerta del Sol, como yo lo haría si fuese una turista en regla. Pero yo soy de esta tierra, por lo que las comeré con los míos. Curiosas estas costumbres de fin de año. Lo de las uvas tiene su gracia, no se crean que no. A los alemanes les divierte que entremos al año nuevo masticando y deseando feliz año nuevo con la boca llena. Ellos se comen sus Berliner, unos bollos típicos, pero no con campanadas, sino a lo largo de la noche; los holandeses sus oliebollen, otros bollos, pero también a lo largo del día. Pero todos haremos algo común, cerrar un año que en general no ha sido muy bueno para la mayoría y entrar en otro que esperamos que sea mejor. Y eso justo les deseo a todos: que sea (aún) mejor, ¡por favor, 2012!

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Hay lo menos 1001 formas de pasar las Navidades, pero cada uno tendrá la suya: su menú, sus costumbres y sus ritos. Mi hija pequeña no hace más que decirme que hagamos todo "como todos los años", la misma hora de cenar, todo, no sea que no sea lo mismo, y se nos fastidien las fiestas. Porque la Navidad es eso. Por eso nos gusta volver a nuestros orígenes esos días, por eso celebramos con nuestros padres, como antaño, por eso repetimos los mismos ritos un año y otro.

En Alemania empiezan a silenciar las calles, pues se comienza a celebrar a las dos o tres de la tarde. Como los horarios de comida aquí son flexibles, unos cenarán a las cinco, otros a las ocho, y los regalos serán lo más importante del día, junto con el árbol, que hasta hoy no lo ponen y decoran. A sus pies la familia, reparte los regalos. Hay varias películas clásicas de la Navidad que la televisión repite año tras año y que yo veré ahora con mis hijas, para sentir que hoy es Nochebuena. La obligatoria es una versión algo diferente de Cenicienta, llamada "Tres avellanas para Cenicienta", Drei Haselnüsse für Aschenbrödel, una versión checa de 1973 que es todo un clásico en Navidad. La veremos ahora, y en cuanto termine, abriremos los regalos. Hoy se terminó el calendario de Adviento, algo que apena a los niños pues se acaba la fiesta al llegar el día, algo extraño en la Navidad alemana, pero hoy darán grandes saltos de emoción, más aún.

La Navidad es esa fiesta de paz y amor y consumo. Hasta ayer me siguieron llegando correos de publicidad de que todavía estaba a tiempo de pedir un vale en Amazon, o sitios así. Anteriormente me llegaron a diario montones de correos diciéndome que hasta hoy puede usted hacer un pedido y llegará todo a tiempo para Nochebuena. El niño alemán medio recibe hasta 250 € en regalos, he visto en varios sitios, y estoy escandalizada. Eso significa que muchos reciben más y muchos ni llegarán . Vivimos en una época en la que sabemos el precio de todo pero no del valor de las cosas. Yo empiezo a pensar que el mejor regalo es el tiempo: hacer cosas con tus hijos. Lo material se les olvidará más adelante, pero las vivencias juntos no. Ayer yo, con todo lo que tenía que hacer, en uno de esos días en los que cuando te levantas dices: "por dónde empiezo" y sin embargo cuando salieron mis hijas del colegio, hicimos unos cuantos recados, para luego ir a patinar sobre hielo, como les prometí el otro día en uno de esos momentos en los que dices cosas sin pensar en todo lo que tendrás que hacer. Pero ayer me dio igual, y pensé que en unos años no me acordaré de si estaba la casa sucia o no y la ropa sin planchar, pero que recordaré siempre que el día antes de Nochebuena las llevé patinar. La rutina no nos llena la vida, ni el estrés, ni las carreras, ni el no llegar. Sino los momentos importantes, ya sean jugar al parchís, o ver una película. Por cierto, ya ha empezado y tengo que dejarles. Que pasen una buena noche, desde donde quiera que me lean, y que se reserven unos minutos de tranquilidad para sí mismos y los suyos. Feliz Navidad a todos y un abrazo.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Preguntas navideñas

A las ocho de la mañana he luchado por un aparcamiento en el mercado, que estaba ya a tope y montones de coches daban vueltas, como yo, buscando uno. Cuando me fui, a las nueve y pico, había hasta caravana en los alrededores. Colas y más colas, salvo en el puesto del pescado, lo menos consumido aquí estas fechas. La gente se decanta más por pavos y gansos, el menú estrella. Mujeres con listas inmensas comentando que ya habían puesto unas cuantas bolsas en el coche, y que iban a por la segunda ronda. Los comerciantes más sonrientes que nunca. Y algún espontáneo como yo, que decide mientras compra el menú navideño, al tuntún, y sabiendo que me olvido de algo más que seguro.

Todos los años me ocurre lo mismo: días antes me planteo probar algo nuevo, como hacer un ganso por primera vez, por ejemplo, o un pavo relleno de algo. Pero pienso en mis hijas y en la posibilidad de estar trabajando horas en la cocina, para que luego me digan que por qué no he hecho lo de todos los años, el corderito, que es algo seguro. Ayer lo estuvimos hablando, y más o menos me dieron a entender que no me complique: "ah, entonces unos macarrones con tomate y punto", y no se crean que dijeron que no. Pero volvieron a insistir en que haga cordero, que es tradición... Cuando me vienen con las tradiciones, me convencen, no sea que se vayan a aguar las fiestas por saltarnos una costumbre fija, pero siempre me queda la impresión de que comemos lo mismo. Si al rollo del "qué comemos hoy" le sumamos el "qué cenamos en Nochebuena", termino por envidiar a la gente llena de ideas que es capaz de hacer algo distinto cada año. Anoche estuve hojeando alguna revista y libros de cocina. ¿Por qué mi mesa nunca parece como la de las revistas, tan elegantes y perfectas? ¿Por qué mis menús no parecen tan exquisitos? Nos venden por todas partes unas Navidades tan perfectas, con gente engalanada para estar en casa, y mesas tan maravillosas, tanto en películas como en prensa, que todo lo demás parecerán intentos

El qué regalar es otra pregunta peliaguda. El menor problema son los críos, que tienen listas interminables, pero a los que además tendrás que convencer de que todo no va a ser posible. Lo peor es quebrarte la cabeza para gente que lo tiene todo, y yo lo odio. En casos así me sale el sentido práctico: o vales o cosas para comer. El resto son tonterías. Pero la gente compra y compra estos días, como si les fuese en ello la vida. Las tiendas se desbordan estos días, pero el martes, tras los festivos (en Alemania el 26 también es fiesta), las tiendas se vendrán abajo otra vez con gente cambiando regalos, o con los que recibieron vales o dinero, para comprarse lo ansiado. Y ya puestos a quebrarse la cabeza, en la radio, mientras buscaba aparcamiento en el mercado, iba oyendo los consejos para empaquetar los regalos de manera espectacular, con referencias a videos en internet. Por si no fuera suficiente romperte la cabeza sobre el contenido, solo faltaba que te la rompas por el empaquetamiento. Todo show.

Así que voy respondiendo todas estas preguntas a mi manera, tratantado de contentar a todos, pero poniendo mi toque "tradicional", es decir, dándole ese puntito de improvisación que no va nada con el carácter de aquí. Así, en el mercado, recordé una receta que vi anoche, y sin recordar para nada las cantidades, ni todos los ingredientes, he comprado queso de roquefort, que con manzanas y peras, al horno, me servirán para hacer un primer plato nuevo, y allá quien no lo coma, yo al menos me sentiré rompedora y una estrella.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La auténtica Navidad

Al final entiendo de qué va esto. Estamos todos hasta arriba de trabajo y cosas que hacer, y la navidad y todo este ceremonial de aquí nos sirve para recuperar cada año sensaciones conocidas mientras nos sentimos máquinas rutinarias. Mis hijas abren sus calendarios de Adviento, día a día, y se levantan con una alegría inusitada en el madrugar habitual, saltan de la cama como cohetes y abren el paquetito o botita correspondiente. No hay niño que no tenga uno, me dicen, y en clase comentan lo que les ha salido esa mañana. Yo llevo días queriendo escribir de temas "serios", pero me lo impiden tanta luz y Navidad anticipada, que copa mi atención en los momentos en los que me detengo a observar. En la línea de lo que escribí aquí el otro día del Adviento, y de los muchos términos navideños que llevan esa palabra, en mis clases he hablado de esto estos días. Les pregunté que si tuviesen que explicarle a un español que de qué va el Adviento en Alemania, que qué le dirían, y salieron las palabras que yo escribí en mi diccionario de Adviento, para al final, con la pizarra llena de las traducciones de estos términos, decirles que no hay nada de eso en España. Me miraron con compasión, y hasta exclamaron "pobres". Pero como les dije que no nos importa, porque de esa manera nos quitamos el estrés mental que tienen aquí todos, y que lo bueno es si somos capaces de disfrutar de lo que nos ofrece este mes aquí, sin llenarnos el calendario como hace la gente.

Por eso quería iniciar una serie de posts este mes sobre los mercadillos de Hamburgo y con más pistas para disfrutar de Alemania en una de las mejores épocas del año para visitarla. Precisamente porque hoy día el mundo se parece cada vez más, cabe más que nunca disfrutar de lo auténtico de cada país, y Alemania se presenta en estos días de oscuridad y de pocas horas de luz en su cara más alegre, colorida y amable. Merece la pena visitar cualquier parte del país, y darse un paseo por cualquiera de los mercados navideños a lo largo de la geografía. Cada vez tengo más claro que aquí la Navidad tiene lugar durante todo este mes, y los tres días de celebraciones navideñas, el 24, 25 y 26, son mera anécdota, pues se vive mucho más las semanas de antes.

Ayer me enteré de que en Gengenbach, en la Selva Negra, ponen el calendario de Adviento más grande del mundo. El evento atrae a visitantes de todo el mundo. El ayuntamiento va abriendo cada día una de las 24 ventanas de su fachada, hasta completar el espectáculo el día 24:  
Cada año el tema es diferente, y obras de conocidos artistas han aparecido en las ventanitas, entre otros Marc Chagall y Tomi. Creo que ése lugar me lo apunto para el futuro, y aquí queda constancia de ello.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La "catedral" de los hamburgueses

Hay templos y templos, unos de culto y otros de diversión. En Hamburgo las fronteras entre el culto, lo sagrado y la fiesta son fließend, como se llama aquí a lo que se solapa sin claros límites. Es por eso que no tenemos catedral, como sería lo propio con tantas iglesias importantes como tiene la ciudad, ya que la principal de las protestantes se llama simplemente por su nombre, St. Michaelis, y no es catedral, y la principal de los católicos si que se llama Mariendom, la catedral de Santa María, de la que muchos hamburgueses desconocen su existencia, me atrevería a decir, y su importancia reside en el hecho de ser la sede del arzobispado de Hamburgo, pero nada más.

La verdadera catedral por ser además así llamada es el Hamburger Dom, la catedral hamburguesa. El Dom ocupa la esplanada donde se encontraba la catedral de la ciudad hasta 1805, pero la derribaron, y siguió su función de mercado, que tenía lugar delante de ella, que, con el paso de los años, acabó convirtiéndose en una verbena o parque de atracciones no permanente. Es todo un culto a la diversión, con montañas rusas gigantes, y atracciones para los no miedicas, puestos infinitos de comida, dulce o salada, mezcla de olores, sabores y gente de toda clase. La noria gigante preside la fiesta durante las semanas en las que tiene lugar la fiesta, y se puede acceder al recinto de 1,6 kilómetros de largo desde varias puertas luminosas. Se instala tres veces al año, siempre durante un mes, en primavera, verano y en noviembre/diciembre, la edición que incluye la decoración navideña y un mercado de Navidad.

Nunca me ha gustado especialmente, pero ayer disfruté de la visita como nunca. No sé si fue por el cielo, que estaba precioso con motitas de nubes, en este noviembre de lo más luminoso que he visto aquí jamás, o si porque me fijé en cosas que no había distinguido otras veces en las que todo me pareció más igual. Desde luego que merece la pena pasarse, y ayer me gustó hacerlo de día y noche, es decir, que al ir todavía de día se disfruta del panorama diurno, y al anochecer de las luces. Estaba lleno como nunca, pero la sensación no es nunca de agobio, pues cabemos todos. Los que como yo no se montan en nada, pueden pasear igual, y eso es gratis: no hay que pagar nada para entrar, solo si te montas en algo. Lo difícil es no cunsumir, entre Schmalzkuchen, unos buñuelos pequeñitos deliciosos, las almendras garrapiñadas, salchichas, patatas, fritangas de todo tipo, pescado y comida internacional. Me gusta por ser un escaparate de Hamburgo, de Alemania, y de la sociedad, y porque estos sitios tan maravillosamente horteras y estridentes nos gustan a todos, por mucho que digamos.








domingo, 4 de septiembre de 2011

Fata morgana

Ayer fue un día especial en este barrio en el que vivo, o mejor dicho, en esta calle, concretamente, y más aún, en una parte de ella, en la parte VIP, digamos. Hace unas semanas nos encontramos en el buzón con una invitación a celebrar el día de ayer con toda la vecindad lo que se llama aquí un Straßenfest, una fiesta de la calle. El comité organizador se encargó de pedir los permisos pertinentes al ayuntamiento para cortar la calle y a comienzos de semana instalaron las señales, para anunciar que ayer, de tres a diez, estaría la calle cortada. En la convocatoria ponía que sacásemos mesas, sillas, bebidas y comida para un bufé común. Por supuesto que había un plan B, para el caso de diluvio universal, que es el tiempo habitual este "verano", y era poner una carpa en medio de la calle y poner la comida a resguardo en varios porches de los coches. Pues bien, el viernes salió el sol, milagrosamente, y ayer fue seguramente el último día de verano hasta el año que viene. Tuvimos 29° C y la buena temperatura de la noche, serena, sin aire, hizo que aguantásemos casi todos hasta las diez de la noche, como estaba previsto.

Yo no soy muy dada a estas cosas, pero admito que fue divertido. Teniendo en cuenta que salvo a la vecina de al lado, a una de una casa más allá, y a los dos matrimonios de enfrente, no conozco a nadie, fue interesante saber quién se esconde tras las casas de esta calle tan silenciosa y tranquila. Hay niños, quién lo diría, a juzgar por los que ayer tomaron la calle con bicis y patines durante horas, un lujazo teniendo en cuenta que los coches que pasan no respetan el límite de velocidad de 30 km/h (ahora la que parece alemana soy yo...). Al llegar nos tuvimos que poner unas etiquetas con nuestros nombres y el número de la calle. Y la gente se le acercaba a uno, te miraba la etiqueta, y te decía: "Yo soy del número 28". "Encantado". "Encantada". Pero como una tarde así de tantas horas da para mucho, no tardé en descubrir al pesado pedante de la calle, que no dejaba meter baza a nadie en ninguna conversación (yo salí huyendo), un "soltero de oro", según se cree él (habría que preguntar a las féminas). La más encantadora para mí fue una señora de 90 años, que parecía más joven, y que me contó que se vino a vivir a esta calle en 1922, cuando lo de alrededor de su casa eran campos de maíz. Pasó la guerra en esta calle, y sigue viviendo en su casa, declarada monumento de interés público, y en la que no puede arreglar nada, sin pedir permiso. Un arquitecto famoso la diseñó, al igual que otras del mismo modelo de la calle. Y los más huraños fueron unos que no se dejaron ni ver. Al recibir el papelito en el buzón, como todos los vecinos, se enfadaron y llamaron a los organizadores, a los que insultaron por cortar la calle, porque no les parecía bien. Al oír la historia, me los imaginaba ayer encerrados en su casa, sin atreverse a salir, como protesta, o a lo mejor lejos de aquí, habiendo huido. Y eso que no se dieron cuenta de que pertenecen a la zona VIP de la calle. Nosotros por poco nos salimos, pues aunque la calle continúa, un cruce a la puerta de mi casa, hace que nosotros seamos los últimos incluidos en tal ilustre celebración. El resto de la calle tendrá que organizar su propia fiesta callejera.

Hoy, con la que ha caído toda la tarde, me pregunto si lo de ayer fue un espejismo, ese sol, ese día de verano, esa armonía, a pesar de todo, tanta simpatía. Hoy la calle ha vuelto a estar muerta, no he visto ni un alma. Cada uno está en sus casas. Y ha vuelto a llover.

martes, 16 de agosto de 2011

El analfabetismo mental

Érase una vez un león, que se quiere ligar a la leona de la jungla. Él no sabe leer y escribir, y ella es muy cultivada, pues lee la mayor parte del día. Ella está tumbada, a la sombra de un árbol, leyendo, y él no sabe como acercarse y camelársela. Entonces le pide ayuda a otros animales para que le escriban la carta. Los monos le escriben que están deseando subirse con ella por los árboles y comer plátanos, los escabarabajos que la invitan a meterse en toda la tierra sucia y rebozarse, los hipopótamos que retocen en el agua, los buitres que la invitan a una cena de carroña, riquísima, y el león, cada vez que le lee la carta pertinente con la propuesta, ruge enfadado: "Nooooo, yo no lo hubiese dicho así jamás". Al final, la fina leona se le acerca preguntándole que qué le pasa, y cuando él confiesa que no sabe leer ni escribir, ella le dice que es muy fácil, que vaya con él a la escuela a aprender. Y se van juntos de la mano. Happy end. (si todo se queda en la lectura, no se sabe...).

Así se resume la actuación que habrá tenido lugar hoy en montones de colegios, y estas semanas en cada uno de los Estados Federales alemanes. Es la obra típica para dar la bienvenida a los alumnos de primero de primaria, lo que en Alemania significa el comienzo de la vida escolar, con seis años, pues anteriormente, de los tres a los seis años están en la guardería. Hoy se veía por la calle la imagen típica de todos los años: el padre, la madre, el futuro escolar, todo arregladito, y los hermanos de éste, y los abuelos, como mucho. Parece que van de comunión o de boda, esos grupitos. El crío lleva la Schultüte, ese cucurucho lleno de regalos que define, junto con la cartera sin estrenar, la situación, y que es lo más importante de la jornada. A partir de mañana, dejarán de ser analfabetos, como el león, en un proceso lento, lentísimo, pues aquí se tarda en llegar a escribir de manera rudimentaria, y casi dos años en escribir con caligrafía (y en Hamburgo la han quitado la semana pasada), y en muchos casos, hasta finales de curso no se les oye leer una frase seguida.

Yo he visto hoy esta obra de teatro, por tercera vez, y ya me la sé de memoria, y hoy de nuevo con una hija mía en el escenario que hacía de buitre carroñero, pensaba al ver a los monísimos "animalitos" que hasta al león, por muy rey de la jungla que sea, le pueden manipular los mensajes si no sabe transmitirlos él. Y traté de entender el sistema escolar alemán, algo que por más que trato de comprenderlo, no consigo: en realidad no se trata de lo que aprendes ni de cuándo lo aprendes, si no de que lo aprendas, y que adquieras tú con tu propio trabajo tu entidad como persona (o animal) en el mundo, ya seas el león o el buitre, y que cada uno, dentro de su vida, sepa comunicar lo correcto en el momento adecuado. Porque si no no te ligas a nadie de tu especie. ¿Será eso el mensaje? A lo mejor la tengo que ver una cuarta vez, y ahora caigo que será el martes que viene, en una segunda actuación a la que tengo que llevar a mi hija. O en los tiempos que corren, aplicaría a todos los que "dejan hacer" y no saben ni lo que ocurre a su alrededor. El león lo soluciona y va a la escuela y se liga a la leona. ¿Pero, y los demás?

miércoles, 10 de agosto de 2011

Un momento alemán

Existen momentos alemanes, como existen los españoles. Uno español es que te vociferen bajo tu ventana o en el patio de tu casa, que nunca es particular, por mucho que diga la canción. En España lo particular es a menudo no frenar en nada mi entidad como ser humano, y poner la música a todo meter a la hora que me plazca, o incluso en un pueblo "tranquilo", que unos jóvenes de la casa de al lado a las tres de la mañana estén gritando "hijo de puuuuta" y me despierten con tan agradables palabras a mitad de la noche. Un momento alemán es el que me pasó a mí ayer, en mi primer día tras las vacaciones. Cita en el médico. Toso como una descosida en la sala de espera, de acuerdo, pero tratando de hacerlo hacia mi lado izquierdo, donde no había nadie sentado por ser un rincón de la sala. El señor de mi derecha, habla con su mujer cada vez que toso, y yo prefiero no afinar el oído, pues sé perfectamente lo que le dice, y no me quiero hacer mala sangre, que para eso vengo toda relajada (incluso estando enferma) de las vacaciones. En una de las toses, se levanta, y se va lejos de mí, a una silla que quedó libre, algo muy normal aquí, pues no se cortan nada. A todo esto, yo, como soy española con mucha experiencia alemana, cuando entra una pareja que al ver que no hay dos sitios juntos, se quedan de pie, yo, que tengo mi sitio al lado libre, y al lado del señor que huyó de mí hay uno libre, me levanto y les digo que se sienten en mi sitio y el de al lado. Que yo me muevo sin problema al otro libre. El señor se quedó mudo al tenerme al lado otra vez, y al borde del infarto, pues su mujer no hacía más que decirle "Tranquilo, todo irá bien".

Además de la solemnidad y del silencio de la sala de espera, donde nadie habla con nadie, la lluvia constante fuera (y ya es el tercer día de lluvia seguida, en agosto), la situación era tan típica, que esta vez hasta me reí y lucí "mi experiencia" en este país. Antes esas cosas me amargaban, pero hoy día me ponen en "modo ataque". O como una vez, en la que hablando con una amiga que vino de España a visitarme, en la cola de un bar de zumos, antes de pedirnos uno, la señora delante de nosotros se tapó los oidos y nos miró con desprecio, por no poder soportar lo alto que hablábamos. Aseguro que no chillábamos. A la gente aquí habría que meternas en urnas de cristal y exponerlos como piezas perfectas de museo.

Momentos alemanes, en los que aunque no supieras dónde estás, yo lo sabría, como otras muchas situaciones aquí y allí. Como comer tortilla de patatas o jamoncito en España, o esto hoy aquí:
Una estupenda salchicha al curry con patatas, en el lugar de Hamburgo donde más me gusta comérmela: el mercado en el barrio de al lado del mío. Para allá que me fui hoy, con toda la prole, y ni la tos lo impidió. La mejor Currywurst es la que me como siempre a la vuelta de mis vacaciones, uno de mis ritos. Por mucho que tosa una, o por mucho que llueva en pleno agosto, es una deliciosa manera de reubicarse, y no con esos otros momentos...

miércoles, 29 de junio de 2011

Instrucciones veraniegas

Vacaciones. ¿Adónde vais? Que descanséis. Que lo paséis bien. Qué rápido se ha pasado el curso, increíble. Notas. Cantos. Comida. Y cada uno por su cuenta, seis semanas exactas. Hoy ha sido el último día de curso en Hamburgo, no en toda Alemania, que conste, donde las vacaciones escolares, siempre de seis semanas, se cogen escalonadamente, para que no se atasquen del todo las autopistas, aunque lo hagan de todas formas. Este año nos han tocado pronto, lo que significa que el 11 de agosto estaremos todos metidos en el cole otra vez (me incluyo yo, por lo que me atañe). Y cada año se cumple el rito. Hoy al ver a todos los críos del cole metidos a las diez de la mañana en el gimnasio del mismo, cantando la misma canción al comienzo y al final de la hora de la despedida oficial del curso como todos los años, ver a la secretaria bailando, a las profesoras dando palmas al ritmo de la canción, pensé que no somos nadie, que el curso se ha pasado en un suspiro, y que hemos dejado segundo de primaria y quinto atrás.

Los destinos. A algunos les faltará tiempo para irse ya mismo, y conozco a algunos que salen hoy y mañana. El resto iremos saliendo cuando nos toque. Me encanta preguntarle a la gente adónde va, no por cotillear, sino por imaginarme la de montones de viajes que se pueden hacer, pues yo siempre hago el mismo. Destinos que he oído estos días: Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Italia, España, Grecia, Francia, la costa alemana (Mar Báltico o Mar del Norte), Baviera, Hungría, Escocia, Canadá y EE.UU. A mí me preguntan: "Tú a España, ¿no?", y yo: "por supuesto, yo voy a lo seguro". La gente suele repetir destino: existen los "veraneantes" escandinavos, que se meten con el coche en el ferry que les lleva más arriba aún que Hamburgo. Por supuesto que sé que hay vida más allá... pero sigo considerando muy arriesgado irse tres semanas más al norte aún que esto, pero ha de haber gente para todo. Los del Mar del Norte, van siempre por allí, los del Báltico lo mismo, los de Baviera igual, y respecto al sur, los alemanes suelen tener su país favorito: o España, Italia o Francia, y le son fieles todas las vacaciones. Alemania sigue siendo el país donde más veranean los alemanes, como España lo es para los españoles, pero sí que diría que los alemanes viajan más al extranjero. Por el solecito. Desde hoy el aeropuerto estará desbordado.

Las canciones. Es muy normal comenzar las vacaciones o despedir el curso cantando. He pasado por dos colegios y en ambos era igual. En el colegio alemán de Bruselas, cada clase cantaba una canción, y el show duraba un buen rato. Luego había lágrimas, por ser un colegio de paso, e irse cada verano varias familias y tener que despedirse los críos de sus amigos. Jamás he visto a tanta gente de paso en toda mi vida como en esos dos años y medio en ese colegio. Los niños venían con plazos, como mucho de 4 años la mayoría, y de la gente que conocí en aquella época, solo quedan dos o tres familias allí todavía. En una vida sedentaria, como la de ahora, y que es lo normal, acaba el curso y en el siguiente están los mismos, no se escapa ni uno. Y cantan, y se van tan contentos a casa, sin lágrimas, pues en seis semanas se vuelven a ver. Cantar es un buen rito para irse contento a casa. "En España nos despedimos comiendo", me comentó mi amiga ayer, y me contó que a su hija le tocó llevar aceitunas para la fiesta. Son formas distintas de celebrar. A los españoles nos van más el jamoncito, las aceitunitas, y celebrar comiendo. Aquí cantar es el pan nuestro de cada día, y hoy me leía mi hija mayor de su cuaderno de música sobre un trabajo que han hecho una frase de Nietzsche: "Sin música la vida sería un error". Bueno, podríamos discutir sobre esto... El jamoncito...

Las notas. No me quejo, sino todo lo contrario. Que nos quedemos como estamos. Matemáticas no es lo nuestro, pero eso es de toda la vida. Los idiomas son nuestro fuerte, así que todo normal. Y como aquí siempre tienen la sensación de excederse estudiando, lo cual no es el caso, mandan a casa a los críos con la recomendación de descansar y de no hacer nada. Me río de los libros de vacaciones que hay en España, y que aquí no existen. Me temo que es un invento de las editoriales lo del repaso ... De acuerdo con que en España el intervalo veraniego es más largo, pero no me imagino detrás de mis hijas recordándoles que tienen que hacer un par de páginas cada día, pues aquí no es costumbre. Y justo de ello iba una de las cancioncillas de hoy y con la que se despiden todos los años, en los dos colegios alemanes por los que hemos pasado, y me imagino que en el resto del país, con una letra que se te queda en la cabeza durante días y que traduzco, pues el mensaje está bien claro: "Vacaciones vacaciones, nada que hacer. Tiempo para descansar. Vaguear en la hierba", y más recomendaciones similares. Y con esa cancioncilla se van los críos para casa.

... O a comer o al centro comercial. Llevo años cumpliendo con el rito de ir a comer fuera con mis hijas el día que comienzan las vacaciones, y parece implantarse como costumbre, a juzgar por lo llenos que están los sitios con madres con sus hijos comiendo. Es un buen momento de hablar de las notas, y de saborear las vacaciones. El día de final de curso es un día en el que me siento privilegiada de tener tiempo para pasarlo con mis hijas, verlas cantar, y salir felices con sus notas. Lo que pasa es que luego llegas a casa, y piensas en las seis semanas, y tras tres días veraniegos, ahora mismo se ha puesto a diluviar otra vez. La levedad del ser, del clima en Hamburgo, y de las vacaciones. En una semana estaremos asfixiadas en Madrid. Y menos mal.

domingo, 26 de junio de 2011

De motos, barbacoas, y demás efemérides

Debería ser motera, pero como no sé ni montar en bici, ni se me pasa por la cabeza. Hoy ha sido el día de los moteros en Hamburgo, todo el fin de semana en realidad. La iglesia principal de Hamburgo, St. Michaelis, cuyo cura es muy marchoso, y motero, por supuesto, celebra cada año una misa para los mismos. Moteros de toda Alemania vienen para la ocasión. Normalmente no coincidía con los Harley Days, otra celebración motera, que es el fin de semana de mi cumpleaños, y dejará de serlo cuando vuelva a caer entre semana otra vez. Pero los últimos tres años ha sido así, y me hace gracia. Porque a lo mejor significa algo.

Todo el fin de semana se han visto tipos duros vestidos de cuero negro sobre motos por toda la ciudad. 30.000 moteros han venido para la ocasión. Los Harley Days duran tres días, en los que se asientan con sus Harleys en el Kiez, en toda la Reeperbahn, en St. Pauli, y lucen su preciosas motos, sus tatuajes, y todo lo que la estética motera lleva consigo. Pero como por esos caminos de Dios abundan los peligros, hoy van a misa todos, no solo los de las Harleys. A las 12.30 ha sido la misa motera en la iglesia principal de Hamburgo. Por supuesto que las motos se quedan fuera, los tipos duros (o tipas) ocupan los bancos, y como no caben todos, se transmite por altavoces hacia fuera. El lema de la misa es "La bendición de Dios para todos los caminos", y esto se lleva repitiendo desde hace 28 años. Yo me acerqué hace muchísimo un año por los aledaños de la calle en la que está situado el Michel, la iglesia donde se celebra, con mis padres, que no daban crédito a sus ojos, y menos a sus oídos. El ruido cuando luego arrancaron todos para salir de la ciudad todo ordenaditos, fue atronador - imagínense a miles de motos calentando motores y arrancando a la vez. Pero ponía los pelos como escarpias, y eso sin ser motera ni tener intenciones de serlo. Tras la misa se van a celebrar a 50 kilómetros de la ciudad, hacia el norte, a un aparcamiento de una tienda grande de muebles donde se reúnen, pues necesitan espacio.

Y los que no tenemos motos, hacemos barbacoas. A juzgar por la cola en las carnicerías del mercado ayer, de clientes comprando carne para barbacoas, ninguno nos hemos amedrentado por el pronóstico del tiempo, que no era muy allá. A las 8 de la mañana ha amanecido diluviando, y pensé que se me aguaba mi barbacoa de cumpleaños (en los moteros no pensé nada; ellos deben estar curtidos, no cómo yo, pues me fastidia enormemente que haga mal tiempo el 26 de junio). Y según ha ido avanzando el día, el cielo gris ha pasado a una tarde estupenda, y las chuletitas, salchichas y demás, han caído, como en la casa de los vecinos, que tras terminar nosotros con nuestros amigos con la nuestra y estar reventando, han empezado ellos con sus visitantes con la suya, poniéndonos a nosotros malos con el olor, de lo llenos que estábamos. Mis amigos dijeron, al aroma de la carne vecina, que irían a la de al lado a decir que les diesen algo de carne, que no habían comido bastante...

Día de motos, carne a la parrilla, fiestas en los jardines, y cumpleaños. Hoy hablaba con mi tía al teléfono de las efemérides en nuestra familia el 26 de junio: además de mi cumple, era el día que se casó una tía mía ya fallecida, a la que siempre recordamos, y mucho, mi madrina además; también fue el día que murió hace 21 años una prima de mi madre, que falleció de un cáncer horrible que pudo con ella a sus cuarenta y pocos años, una persona muy querida en la familia y en los círculos que se movía como trabajadora social que era; y luego tenemos la anécdota divertida, un cumpleaños mío de adolescente, en el que estábamos comiendo la tarta después de comer, cuando sonó el teléfono para anunciarnos que había muerto un primo de mi madre. Se nos atragantó la tarta y el café a todos, y las risas pasaron a llantos y el cumpleaños a duelo. Al final resultó que el hospital se equivocó, y se confundió de Pedro, que todavía, por suerte, sigue vivito y coleando, y que todos los años, un 26 de junio, puede celebrar su renacer, y el resto de la familia acordarse y recordarle que le lloraron en vida. Hoy me reía con mi tía al recordar este suceso, y que un mismo día da para mucho, aunque no sea en el mismo año. Ah, también ha empezado hoy el mundial de fútbol femenino en Alemania, pero eso será tema para mañana. Por hoy ya me da, y estoy muy cansada, pero muy contenta. Ha sido un buen día. Pero quiero terminar con la bendición con la que acabó la misa motera: "Fahrt nicht schneller als Eure Schutzengel fliegen können": 'No conduzcáis más rápido de lo que pueden volar vuestros ángeles de la guarda". Por hoy no hay más que decir.