Hoy he jugado en mi clase al "Un, dos, tres". Se puede repasar así muy bien vocabulario, verbos y más contenidos de la lengua. Al hacer las tarjetas con las preguntas pensaba en una posible: "Nombres de corruptos en España, un, dos, tres, responda otra vez". Respuestas: "La infanta Cristina, Urdangarín, Bárcenas, Camps... " La lista ha crecido en los últimos años y faltan muchos por activa y por pasiva. Que se impute a la infanta era muy necesario para salvar la imagen de la justicia, pues es triste cuando los ciudadanos de una democracia dejan de creer en ella. Todavía tiene que explicar el rey lo de su herencia en una cuenta en Suiza. Que de paso expliquen él y los otros todo lo que desconocemos, pues a mí lo que más pavor me da es que estos son los casos de corrupción, abuso de influencias, y jeta impresionate que han salido a la luz, ¿pero y los que no? ¿Y si el rey no se hubiese caído yendo al baño? ¿Y si la infanta que no sabía nada no se hubiese comprado el palacete por 6 millones, qué? ¿Y si Bárcenas hubiese seguido contento, qué? ¿Y si Ana Mato se hubiese dado cuenta de que tenía un Jaguar en el garaje y hubiese ido a la comisaría a denunciar la aparición milagrosa? ¿Y si los políticos fuesen más listos como para hacerse fotos con mafiosos narcotraficantes? Ah, que le quieren hundir al pobre. Todo esto son campañas sucias, y las víctimas son todos ellos. Tanta fantasía no tiene el españolito de a pie, estoy convencida.
La decisión del juez Castro hoy es de lo más sano para una sociedad enferma de sí misma y de unos políticos y gobernantes abusivos y nocivos para todos. No se salva ningún partido, pues parece estar grabada en el ADN una información de tipo "dónde yo esté que chupen todos los míos". Creo que en la Casa Real no duerme hoy nadie a pierna suelta. Que les embarguen a todos y que terminen en la calle, como muchas familias españolas. Si en algo envidio a los alemanes es la intransigencia con la que no se perdona ningún acto de abuso de poder.Nadie se va de rositas, ni el Presidente de la República. Hoy España por fin ha dado un paso en la dirección correcta y con el que hasta los de casta intocable se darán cuenta de que aunque vivan del cuento, una cosa es que se lo pongan en bandeja y otra que encima roben.
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miércoles, 3 de abril de 2013
miércoles, 27 de marzo de 2013
Vuelta a lo básico
Seguimos igual. Mis cambios de ayer en esta página weg en la que publico, como si nada, ya que me sigue ignorando y me mete el catalán. Vale, vale. Será cuestión de principios, como yo con los míos, que he ido hoy a por las llaves de mi piso. Y mira que mucha gente quiere hacerme dudar de lo queyo no dudo en absoluto: que si será la decisión correcta; ... oye, mira que no vas a tener jardín y ahora lo tienes; mira que ni siquiera tienes balcón. Que esa calle es ruidosa, y nada comparable con el oasis de paz en el que todavía vives. Menuda alegría hoy cuando me han dado las llaves de mi piso: sin balcón, sin jardín, en una calle con mucho tráfico. Pero es que todo eso me da igual. La gente se vende por un jardín o un balcón, que lo digo yo. Como si tu vida dependiese de eso.
Por eso ahora me he reído a carcajadas con una viñeta de la revista El Jueves en la que un chico tiene un accidente, y los que le van a salvar, al ver sus calzoncillos sucios, lo comentan, y el otro, moribundo en el suelo, dice que prefiere morirse antes que soportar ese bochorno. Recuerdo de niña frases como que la mejor ropa interior es la que hay que llevar si vas al hospital, o el mejor pijama, y luego el resto te pones los viejos en casa. Es como la idea de la mantelería fina, o la vajilla que solo usas dos días al año, y el resto del año duralex. ¿Por qué no tirar los viejos ya mismo y usar solo los nuevos? ¿Por qué no tener solo dos juegos de sábanas, eso sí, de algodón egipcio, y quita y pon? ¿Por qué no disfrutar de lo bueno a diario, y no usarlo solo por el qué dirán, o que digan que lo hago bien porque ahora en teoría toca usarlo?
Volvamos a lo básico. Ahora que estoy deshaciendo mi hogar y repartiendo todo a la mitad, me doy cuenta de que puedes prescindir como mínimo de la mitad de tus cosas, las que dice la "ley" que hay que repartir. Y de las que te quedan, puedes tirar la otra mitad. Ayer comentaba que las mudanzas son una oportunidad ... Yo quiero reducir mi vida a lo fundamental, y eso tengo muy claro lo que es. Y nada de bragas viejas a diario.
Por eso ahora me he reído a carcajadas con una viñeta de la revista El Jueves en la que un chico tiene un accidente, y los que le van a salvar, al ver sus calzoncillos sucios, lo comentan, y el otro, moribundo en el suelo, dice que prefiere morirse antes que soportar ese bochorno. Recuerdo de niña frases como que la mejor ropa interior es la que hay que llevar si vas al hospital, o el mejor pijama, y luego el resto te pones los viejos en casa. Es como la idea de la mantelería fina, o la vajilla que solo usas dos días al año, y el resto del año duralex. ¿Por qué no tirar los viejos ya mismo y usar solo los nuevos? ¿Por qué no tener solo dos juegos de sábanas, eso sí, de algodón egipcio, y quita y pon? ¿Por qué no disfrutar de lo bueno a diario, y no usarlo solo por el qué dirán, o que digan que lo hago bien porque ahora en teoría toca usarlo?
Volvamos a lo básico. Ahora que estoy deshaciendo mi hogar y repartiendo todo a la mitad, me doy cuenta de que puedes prescindir como mínimo de la mitad de tus cosas, las que dice la "ley" que hay que repartir. Y de las que te quedan, puedes tirar la otra mitad. Ayer comentaba que las mudanzas son una oportunidad ... Yo quiero reducir mi vida a lo fundamental, y eso tengo muy claro lo que es. Y nada de bragas viejas a diario.
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domingo, 10 de febrero de 2013
Por fin una cifra
Un dato: 25.746 horas de clase fueron canceladas en los colegios de Hamburgo en noviembre y diciembre pasados sin que hubiera sustituciones de ningún tipo. Es muy normal que tu hijo te diga que al día siguiente entra una hora más tarde porque el profesor de X está en otro asunto escolar. O que salen antes por lo mismo. O porque es carnaval, o por lo que sea. La cifra no me la invento yo, sino que es la oficial que se ha publicado estos días, haciendo un llamamiento a solucionar el problema.
Mi impresión es que hay bastante pitorreo con los horarios en las escuelas, y se los saltan siempre que les conviene. Si hay tutorías, como fue el caso de mi hija mayor hace un par de semanas, no tienen dos días de clase, tal cual. Estuvo lunes y martes en casa. A los profesores no se les pude recriminar nada, pues ellos estaban en el instituto atendiendo a los padres, pero me pregunto si no hay otra posibilidad mejor de hacerlo. Esos dos días yo tenía que hacer y mi hija no, y así tienes al crío en casa preguntándote: "¿qué hacemos hoy?". El martes celebran el carnaval en el cole de la pequeña y solo irá al cole de 9 a 12. Otro lujo para mí incomprensible. Otros alumnos de otros institutos a los que doy clases particulares me cuentan que uno de los días en los que tienen clase de español, les meten todas las semanas a otro profesor a supervisar esa hora, pero uno que no sabe español, claro.
En primaria, salvo carnavales, excursiones, y extras, que son más de los que deberían en mi opinión, se cumplen más los horarios, pero solo faltaba que te manden a un crío de entre 6 ó 10 años a su albedrío a casa. Pero en los institutos, que cubren la edad de 10 a 18 años es la norma, y si oficialmente tu hijo tiene clase hasta las 15.50 h, terminan dos horas antes sin que tú lo sepas.
Que el gobierno de Hamburgo haya pedido datos a los colegios en una buena señal, pues esto es un tema archiconocido desde hace muchos años, y mi sensación es que luego estudian a trompicones: o están todo relajados en meses en los que porque los profesores están en otras actividades no avanzan nada, y luego les meten de golpe todo lo que hay que recuperar, de cara a exámenes o evaluaciones. Ahora conocemos las cifras de tan solo dos meses. La pregunta es si van a hacer algo en contra
Mi impresión es que hay bastante pitorreo con los horarios en las escuelas, y se los saltan siempre que les conviene. Si hay tutorías, como fue el caso de mi hija mayor hace un par de semanas, no tienen dos días de clase, tal cual. Estuvo lunes y martes en casa. A los profesores no se les pude recriminar nada, pues ellos estaban en el instituto atendiendo a los padres, pero me pregunto si no hay otra posibilidad mejor de hacerlo. Esos dos días yo tenía que hacer y mi hija no, y así tienes al crío en casa preguntándote: "¿qué hacemos hoy?". El martes celebran el carnaval en el cole de la pequeña y solo irá al cole de 9 a 12. Otro lujo para mí incomprensible. Otros alumnos de otros institutos a los que doy clases particulares me cuentan que uno de los días en los que tienen clase de español, les meten todas las semanas a otro profesor a supervisar esa hora, pero uno que no sabe español, claro.
En primaria, salvo carnavales, excursiones, y extras, que son más de los que deberían en mi opinión, se cumplen más los horarios, pero solo faltaba que te manden a un crío de entre 6 ó 10 años a su albedrío a casa. Pero en los institutos, que cubren la edad de 10 a 18 años es la norma, y si oficialmente tu hijo tiene clase hasta las 15.50 h, terminan dos horas antes sin que tú lo sepas.
Que el gobierno de Hamburgo haya pedido datos a los colegios en una buena señal, pues esto es un tema archiconocido desde hace muchos años, y mi sensación es que luego estudian a trompicones: o están todo relajados en meses en los que porque los profesores están en otras actividades no avanzan nada, y luego les meten de golpe todo lo que hay que recuperar, de cara a exámenes o evaluaciones. Ahora conocemos las cifras de tan solo dos meses. La pregunta es si van a hacer algo en contra
domingo, 5 de agosto de 2012
Emociones en el cine
Más de una vez he comentado que mi cine favorito es el francés. Y si no lo he dicho, aquí queda para siempre, pues lo reitero con plena seguridad de que no voy a cambiar de opinión. Para mí, ir a ver películas francesas, es un placer ya de antemano, y no me suelen decepcionar. Este semana me he empapado de cine francés, y he salido ambas veces feliz de la sala, y a la vez muy conmovida y sorprendida positivamente. Y es que las películas francesas suelen tratar de personas y problemas reales, tienen a la vez ese humor fino dialéctico y por contra, ese silencio que tanto me gusta en las películas. No necesito efectos especiales, sino personas, miradas, o diálogos electrizantes, o todo junto.
Ayer vi Le prénom, que no sé cómo la traducirán cuando la estrenen en España, pero sería 'El nombre de pila'. Una vez presentados al comienzo de la película de una manera humorística los personajes principales con su vida actual y cómo llegaron hasta ahí, la trama se desarrolla en casa de un matrimonio, que invita al hermano de la mujer, al mejor amigo de ésta, y en plena pelea desatada luego llega la mujer embarazada del hermano. La bronca viene porque el futuro padre cuenta cuál es el nombre que han elegido: Adolph. La discusión se centra primero en la desgracia que supondrá para el niño tener ese nombre, que está manchado por la historia, pues por mucho que lo escriban con ph, la referecia será a Hitler, por mucho que Adolph sea también el nombre de uno de los personajes clave de la literatura francesa. Lo que empieza con un análisis de todos los nombres que en realidad no se podrían dar por estar manchados por la historia, acaba en ataques personales de todos contra todos, y más de una confesión que acabará en drama. La película sorprende en todo momento, y si no cuento más es precisamente por eso, porque van saliendo cosas inesperadas, y la fuerza reside precisamente en eso. Parece una obra de teatro, y tiene esa dinámica. No la vi en francés, sino en alemán, y si algo me sorprendió es que las discusiones en alemán hablando tan rápido parecían innaturales. La lengua alemana se habla más pausadamente y debió ser toda una ardua tarea para los que la sincronizaron el meter en ese espacio de tiempo tantas palabras alemanas, pero yo observé varias veces las bocas disparando tanto en alemán, y me sonaba raro. Por eso supongo que la traducción al español será mucho más viable y real. Pero aún así de no haberla visto en su versión original (probablemente no hubiese entendido ni la mitad, con tanta rapidez), resulta sorprendente y fresca, y muestra como detrás de toda la fachada que llevamos todos como escaparate, se esconde rabia, frustaciones, dolor, descontento. Lo que parece un tema normal de una tarde en familia, hace terminar la reunión en un gran fiasco.
Y hoy (por fin) he visto Intocable, esa película francesa que ha sido la segunda más taquillera en Francia hasta ahora, después de Bienvenidos al norte, otra joya del cine francés. Hoy por fin fui, y sola, pues todos a los que he preguntado la habían visto ya, por lo mucho que he tardado en ir, y sorprendentemente, o no por lo buena que es, la siguen echando desde enero. Revindico el ir al cine solo. No pasa absolutamente nada, nadie le come a uno, y hay cantidad de gente que lo hace; pruébenlo; es mejor que quedarse sin ver ciertas películas. Volviendo a la película, supongo que muchos la habrán visto ya, por lo que no voy a dar muchos detalles. La mezcla entre ese millonario tetrapléjico y ese improvisado cuidador negro de la banlieue parisina, al que el paciente le da el trabajo porque no le muestra ningún tipo de compasión. A través de él recobrará la alegría de disfrutar de las pequeñas cosas. A mí me parece sublime verle reír en la silla de ruedas tanto a lo largo de la película, y verle lleno de emoción en muchos momentos. De la misma manera, el cuidador se ganará el cariño de todos en la casa, a pesar de los prejucios iniciales de todos y de sus formas bruscas en muchos casos, pero por su sinceridad y frescura en todo momento. Yo me he emocionado varias veces a lo largo de la película, y lo hago ahora mientras escribo esto. Que llore yo en el cine no es nada difícil, pero la película es una reflexión sobre la vida, sobre los que lo tienen todo, pero no tienen nada, y los que no tienen nada, pero pueden darlo todo. Y a su vez es una película que lo tiene todo: humor y tristeza, ternura y dureza, fragilidad y prepotencia. He visto pocas películas en las que las lágrimas y las risas estaban tan cerca las unas de las otras. Como la vida misma.
Por cierto que la de ayer también me emocionó, pero porque me encuentro en una fase de mi vida en la que como dije alguna vez, muchas películas, muchas canciones y muchos libros parecen hablar de mí. No es egocentrismo, lo aseguro. Pero eso es lo bueno del cine, y si es francés, será más fácil aún. No se pierdan ninguna de las dos.
Ayer vi Le prénom, que no sé cómo la traducirán cuando la estrenen en España, pero sería 'El nombre de pila'. Una vez presentados al comienzo de la película de una manera humorística los personajes principales con su vida actual y cómo llegaron hasta ahí, la trama se desarrolla en casa de un matrimonio, que invita al hermano de la mujer, al mejor amigo de ésta, y en plena pelea desatada luego llega la mujer embarazada del hermano. La bronca viene porque el futuro padre cuenta cuál es el nombre que han elegido: Adolph. La discusión se centra primero en la desgracia que supondrá para el niño tener ese nombre, que está manchado por la historia, pues por mucho que lo escriban con ph, la referecia será a Hitler, por mucho que Adolph sea también el nombre de uno de los personajes clave de la literatura francesa. Lo que empieza con un análisis de todos los nombres que en realidad no se podrían dar por estar manchados por la historia, acaba en ataques personales de todos contra todos, y más de una confesión que acabará en drama. La película sorprende en todo momento, y si no cuento más es precisamente por eso, porque van saliendo cosas inesperadas, y la fuerza reside precisamente en eso. Parece una obra de teatro, y tiene esa dinámica. No la vi en francés, sino en alemán, y si algo me sorprendió es que las discusiones en alemán hablando tan rápido parecían innaturales. La lengua alemana se habla más pausadamente y debió ser toda una ardua tarea para los que la sincronizaron el meter en ese espacio de tiempo tantas palabras alemanas, pero yo observé varias veces las bocas disparando tanto en alemán, y me sonaba raro. Por eso supongo que la traducción al español será mucho más viable y real. Pero aún así de no haberla visto en su versión original (probablemente no hubiese entendido ni la mitad, con tanta rapidez), resulta sorprendente y fresca, y muestra como detrás de toda la fachada que llevamos todos como escaparate, se esconde rabia, frustaciones, dolor, descontento. Lo que parece un tema normal de una tarde en familia, hace terminar la reunión en un gran fiasco.
Y hoy (por fin) he visto Intocable, esa película francesa que ha sido la segunda más taquillera en Francia hasta ahora, después de Bienvenidos al norte, otra joya del cine francés. Hoy por fin fui, y sola, pues todos a los que he preguntado la habían visto ya, por lo mucho que he tardado en ir, y sorprendentemente, o no por lo buena que es, la siguen echando desde enero. Revindico el ir al cine solo. No pasa absolutamente nada, nadie le come a uno, y hay cantidad de gente que lo hace; pruébenlo; es mejor que quedarse sin ver ciertas películas. Volviendo a la película, supongo que muchos la habrán visto ya, por lo que no voy a dar muchos detalles. La mezcla entre ese millonario tetrapléjico y ese improvisado cuidador negro de la banlieue parisina, al que el paciente le da el trabajo porque no le muestra ningún tipo de compasión. A través de él recobrará la alegría de disfrutar de las pequeñas cosas. A mí me parece sublime verle reír en la silla de ruedas tanto a lo largo de la película, y verle lleno de emoción en muchos momentos. De la misma manera, el cuidador se ganará el cariño de todos en la casa, a pesar de los prejucios iniciales de todos y de sus formas bruscas en muchos casos, pero por su sinceridad y frescura en todo momento. Yo me he emocionado varias veces a lo largo de la película, y lo hago ahora mientras escribo esto. Que llore yo en el cine no es nada difícil, pero la película es una reflexión sobre la vida, sobre los que lo tienen todo, pero no tienen nada, y los que no tienen nada, pero pueden darlo todo. Y a su vez es una película que lo tiene todo: humor y tristeza, ternura y dureza, fragilidad y prepotencia. He visto pocas películas en las que las lágrimas y las risas estaban tan cerca las unas de las otras. Como la vida misma.
Por cierto que la de ayer también me emocionó, pero porque me encuentro en una fase de mi vida en la que como dije alguna vez, muchas películas, muchas canciones y muchos libros parecen hablar de mí. No es egocentrismo, lo aseguro. Pero eso es lo bueno del cine, y si es francés, será más fácil aún. No se pierdan ninguna de las dos.
jueves, 26 de julio de 2012
A las ricas fresas
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sábado, 7 de abril de 2012
Claro que había que decirlo
Es un poema que no tiene nada de poesía. Son líneas provocativas y así se han entendido en Alemania y en el exterior, pues la intención no era otra. Y desde que se publicó el poema el miércoles, la discusión está en el aire y todos han opinado y opinan, la mayoría para criticar a Günter Grass, y que lo que él cree que tenía que decir, debería habérselo callado.
Yo no opino igual, y pienso que, cogiéndolo con pinzas por un par de aspectos, el poema está muy bien dicho, no por ser una joya literaria, que está lejos de ello, sino por tener las narices de decir algo que no se atreve a decir nadie en Alemania. Günter Grass, por muy premio Nobel que sea, no es, en contra a lo que dicen algunos medios de comunicación extranjeros, una autoridad moral en Alemania. Es más bien un personaje antipático y odiado, porque en sus obras les ha recordado a los alemanes siempre su culpa del pasado, y eso es en lo que se ha convertido su estilo literario, que levanta tantas ampollas. Más odiado aún fue cuando confesó, tras haber callado toda su vida, que con 17 años estuvo enrolado en las SS, habiendo criticado durante años a tanto nazi encubierto en una vida normal.
Que en el poema solo vea Grass a Israel como la amenaza nuclear y no mencione que Irán es igual de peligroso, es lo que hace cojear al alegato; o que el presidente iraní niegue el Holocausto, es una de las cosas que calla. Pero el poema critica acertadamente que Israel está fuera de todo control nuclear. Que todos se callan por miedo a ser llamados antisemitas. Que Alemania por sentir que debe callar siempre por los crímenes cometidos, encima les vende otro submarino nuclear más. Que los alemanes, con la carga del pasado, encima podrían convertirse en proveedores de lo necesario para un crimen. Y que ya no sirven las excusas de siempre. Habla de hipocresía del oeste y que los gobiernos de ambos países han de permitir el control de sus instalaciones nucleares.
Lírica desde luego no es. Es una opinión política. ¿Puede un literato hacer uso de su nombre para levantar la polémica? Claro que puede. La literatura es eso y más. El escritor está estigmatizado por haber alzado la voz, ésta y otras veces. Pero ha provocado un debate muy necesario en este país. Ya declaró Merkel en 2008 en Jerusalén que la seguridad de Israel es asunto de estado para Alemania, y decir esto tiene serias consecuencias para el presente, por mucho que se siga pensando que Alemania debe seguir mirando al pasado respecto a Israel.
Yo no opino igual, y pienso que, cogiéndolo con pinzas por un par de aspectos, el poema está muy bien dicho, no por ser una joya literaria, que está lejos de ello, sino por tener las narices de decir algo que no se atreve a decir nadie en Alemania. Günter Grass, por muy premio Nobel que sea, no es, en contra a lo que dicen algunos medios de comunicación extranjeros, una autoridad moral en Alemania. Es más bien un personaje antipático y odiado, porque en sus obras les ha recordado a los alemanes siempre su culpa del pasado, y eso es en lo que se ha convertido su estilo literario, que levanta tantas ampollas. Más odiado aún fue cuando confesó, tras haber callado toda su vida, que con 17 años estuvo enrolado en las SS, habiendo criticado durante años a tanto nazi encubierto en una vida normal.
Que en el poema solo vea Grass a Israel como la amenaza nuclear y no mencione que Irán es igual de peligroso, es lo que hace cojear al alegato; o que el presidente iraní niegue el Holocausto, es una de las cosas que calla. Pero el poema critica acertadamente que Israel está fuera de todo control nuclear. Que todos se callan por miedo a ser llamados antisemitas. Que Alemania por sentir que debe callar siempre por los crímenes cometidos, encima les vende otro submarino nuclear más. Que los alemanes, con la carga del pasado, encima podrían convertirse en proveedores de lo necesario para un crimen. Y que ya no sirven las excusas de siempre. Habla de hipocresía del oeste y que los gobiernos de ambos países han de permitir el control de sus instalaciones nucleares.
Lírica desde luego no es. Es una opinión política. ¿Puede un literato hacer uso de su nombre para levantar la polémica? Claro que puede. La literatura es eso y más. El escritor está estigmatizado por haber alzado la voz, ésta y otras veces. Pero ha provocado un debate muy necesario en este país. Ya declaró Merkel en 2008 en Jerusalén que la seguridad de Israel es asunto de estado para Alemania, y decir esto tiene serias consecuencias para el presente, por mucho que se siga pensando que Alemania debe seguir mirando al pasado respecto a Israel.
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domingo, 22 de enero de 2012
La norma climática de Hamburgo
Si yo no hablo del tiempo es porque todo va viento en popa. No quiere eso decir que haga buen tiempo, sino simplemente que se cumplen las expectativas. Del invierno aquí no espero nada, y una vez que me mentalizo en noviembre de que empieza lo malo, no me cambio el chip hasta abril, que es cuando espero que empiece la primavera y es ahí, de abril a octubre, cuando me afecta que siga lloviendo y no veamos el sol, o no haya verano, y es cuando me quejo. El resto está asumido.
Por eso, este mes está siendo como marcan los cánones hamburgueses. Alguien me comentó el otro día en una de mis clases, ya no recuerdo ni cuál fue, pues la semana ha sido toda igual y espantosa de lluvia, que solamente ese día estaba lloviendo en Hamburgo más que en cualquier parte de toda Europa. Yo dije que me lo creía, absolutamente, que llevo demasiada experiencia aquí sobre mis hombros, como para dudar del dato.
Y sin embargo hoy toca hablar del tiempo precisamente por eso: porque este año todo es de lo más normal, por mucho que los románticos soñadores de inviernos siberianos se piensen que lo de ahora es lo extraño, y que los dos inviernos pasados, que fueron terroríficos, fueron lo habitual. Justo hace poco lancé la pregunta en mis clases, que utilizo como barómetro sobre la opinión pública alemana, como con el tema de Wulff, el Presidente, que parece que se mantendrá, aunque la mayoría piense que debe dimitir. Les pregunté que cómo era el tiempo ese día y si se correspondía a esta época del año. Y me dijeron lo que yo esperaba: que noooooooooooooo, que eso (lluvia constante durante días) no es lo normal, y que las temperaturas eran relativamente suaves para la época. Pero había dos realistas en la clase, que opinaron que ése es el tiempo de Hamburgo en invierno, frío húmedo, pero no siberiano, nada de nieve, o poquísima, y lluvia, lluvia y lluvia. Bien, dije, es justo eso, no confundamos la realidad con lo que uno desea que ésta sea. Los dos inviernos pasados han hecho mucho mal para los que deberían vivir en los Alpes o en Suiza, y que se creen que ése es el tiempo que le corresponde a Hamburgo: nieve, sol, temperaturas a bajo cero, e idilio invernal, como para rodar Doctor Zhivago por lo menos. Los dos últimos inviernos, de los que yo escribí a menudo escandalizada, pues no era lo que yo conocía aquí de toda la vida (más de media ya) sino algo mucho peor, se acercaron algo a eso en cuanto a la cantidad de nieve, pero como siempre a la gente se le olvida que el sol brilló por su ausencia igualmente y que la nieve en ciudad no es más que un engorro que causa accidentes y que no sirve para nada. Hace dos inviernos, con las calles heladas, hielos por todas partes, hubo montones de fracturas de huesos y los hospitales estaban desbordados, hubo cantidad de accidentes, y aunque no se acuerden ahora, muchos estaban ya en marzo diciendo que ya estaba bien, que tanto no hacía falta, porque aquí lo que la gente quiere es que nieve a la carta, es decir en Nochebuena, y tengamos Navidades blancas, y que luego deje de nevar cuando se cansen de nieve. Como si a mí me hiciese caso el clima en cuanto a mi deseo de tener un verano decente siempre.
Y por eso yo, que sé que esto es lo que hay, es decir, lluvia lluvia y más lluvia, he pasado el fin de semana de diluvio universal que hemos tenido toda tranquila, pues lo tengo plenamente asumido. Incluso salí ayer, sin que la lluvia me impidiese nada, y por supuesto que digo que más asqueroso imposible, pero es lo que hay un mes de enero normal. Qué más podemos pedirle al tiempo en esta época del año, y sin embargo yo estoy feliz de que este invierno no haya caído más que agua nieve que no ha causado ningún estrago, y que todo siga su curso. Si el ciclo es de cada 20 años dos inviernos así, creo que seguiré pudiendo sobrevivir. Por eso no he hablado del tiempo en mucho tiempo, y volveré con la temática en abril, cuando mi cuerpo se prepare para la estación cálida y aquí el clima siga empeñado en seguir siendo Hamburgo, como ahora, pero en meses en los que a mí no me cabe en la cabeza. Ahora sí, porque estamos en la más absoluta normalidad.
Por eso, este mes está siendo como marcan los cánones hamburgueses. Alguien me comentó el otro día en una de mis clases, ya no recuerdo ni cuál fue, pues la semana ha sido toda igual y espantosa de lluvia, que solamente ese día estaba lloviendo en Hamburgo más que en cualquier parte de toda Europa. Yo dije que me lo creía, absolutamente, que llevo demasiada experiencia aquí sobre mis hombros, como para dudar del dato.
Y sin embargo hoy toca hablar del tiempo precisamente por eso: porque este año todo es de lo más normal, por mucho que los románticos soñadores de inviernos siberianos se piensen que lo de ahora es lo extraño, y que los dos inviernos pasados, que fueron terroríficos, fueron lo habitual. Justo hace poco lancé la pregunta en mis clases, que utilizo como barómetro sobre la opinión pública alemana, como con el tema de Wulff, el Presidente, que parece que se mantendrá, aunque la mayoría piense que debe dimitir. Les pregunté que cómo era el tiempo ese día y si se correspondía a esta época del año. Y me dijeron lo que yo esperaba: que noooooooooooooo, que eso (lluvia constante durante días) no es lo normal, y que las temperaturas eran relativamente suaves para la época. Pero había dos realistas en la clase, que opinaron que ése es el tiempo de Hamburgo en invierno, frío húmedo, pero no siberiano, nada de nieve, o poquísima, y lluvia, lluvia y lluvia. Bien, dije, es justo eso, no confundamos la realidad con lo que uno desea que ésta sea. Los dos inviernos pasados han hecho mucho mal para los que deberían vivir en los Alpes o en Suiza, y que se creen que ése es el tiempo que le corresponde a Hamburgo: nieve, sol, temperaturas a bajo cero, e idilio invernal, como para rodar Doctor Zhivago por lo menos. Los dos últimos inviernos, de los que yo escribí a menudo escandalizada, pues no era lo que yo conocía aquí de toda la vida (más de media ya) sino algo mucho peor, se acercaron algo a eso en cuanto a la cantidad de nieve, pero como siempre a la gente se le olvida que el sol brilló por su ausencia igualmente y que la nieve en ciudad no es más que un engorro que causa accidentes y que no sirve para nada. Hace dos inviernos, con las calles heladas, hielos por todas partes, hubo montones de fracturas de huesos y los hospitales estaban desbordados, hubo cantidad de accidentes, y aunque no se acuerden ahora, muchos estaban ya en marzo diciendo que ya estaba bien, que tanto no hacía falta, porque aquí lo que la gente quiere es que nieve a la carta, es decir en Nochebuena, y tengamos Navidades blancas, y que luego deje de nevar cuando se cansen de nieve. Como si a mí me hiciese caso el clima en cuanto a mi deseo de tener un verano decente siempre.
Y por eso yo, que sé que esto es lo que hay, es decir, lluvia lluvia y más lluvia, he pasado el fin de semana de diluvio universal que hemos tenido toda tranquila, pues lo tengo plenamente asumido. Incluso salí ayer, sin que la lluvia me impidiese nada, y por supuesto que digo que más asqueroso imposible, pero es lo que hay un mes de enero normal. Qué más podemos pedirle al tiempo en esta época del año, y sin embargo yo estoy feliz de que este invierno no haya caído más que agua nieve que no ha causado ningún estrago, y que todo siga su curso. Si el ciclo es de cada 20 años dos inviernos así, creo que seguiré pudiendo sobrevivir. Por eso no he hablado del tiempo en mucho tiempo, y volveré con la temática en abril, cuando mi cuerpo se prepare para la estación cálida y aquí el clima siga empeñado en seguir siendo Hamburgo, como ahora, pero en meses en los que a mí no me cabe en la cabeza. Ahora sí, porque estamos en la más absoluta normalidad.
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lunes, 10 de octubre de 2011
Hay que habérselo ganado
Mi reciente visita a Oslo hace que el tema de los premios Nobel, y en concreto el de la Paz, no me pase desapercibido, ni antes ni después de ser otorgado. Hace una semana visité el centro de los premios Nobel de la Paz, y eso que me había propuesto no hacerlo. Me explico: como mi visita a Oslo era breve, había que seleccionar, y cada vez que veía en la guía o algún folleto la reseña a ese centro, me decía que no lo visitaría, pues metieron la pata hasta el fondo al elegir a Obama en 2009 antes de que comenzase su presidencia, solo por el hecho de ganar la elecciones, y en vista a lo que haría (anda que no tuvieron imaginación). Por supuesto que me alegré de que Obama ganase las elecciones y acabase con la nefasta era de Bush, pero no de ese premio, que no presagiaba nada bueno. Y hace un par de semanas, el discurso de Obama en las Naciones Unidas, debería haber sido motivo para que se lo retirasen. Para una oportunidad clara que tiene de ganarse el premio a posteriori, lanza al mundo su NO al estado palestino. Dijo que garantizada la seguridad de Israel, a lo mejor... podría ser, pero dejando bien clarito que hay poco que hacer. A los pocos días, Abbas, el presidente palestino, presentó su solicitud de un asiento en la ONU para Palestina, lo que demuestra que tan "pacífico" no le sonó el discurso de Obama.
Pues bien, delante del Centro de la Paz de Oslo me acordé de ese discursito del que vi un extracto en televisión una semana antes. Al día siguiente entré en el centro, y me alegro de haberlo hecho. Un error (habrá más, seguro, en más de un siglo de galardones) no emborrona la labor de muchas personas que han luchado y luchan por los derechos básicos de la humanidad en países en los que es difícil hacerlo. Y viendo ese bosque de paneles con las caras de los premiados, me alegré de no ver a Obama entre ellos, sino a muchos desconocidos. Como a Nansen, sobre el que había una exposición, uno de los dos noruegos que han logrado el premio hasta ahora. Zoólogo y explorador polar, el premio se lo dieron en 1922 por su trabajo con los refugiados de varias guerras. Es toda una figura histórica en Noruega.
Y este año se lo han dado a tres mujeres africanas. La presidenta de Liberia no es nadie anónimo, ni en su país lo será la periodista premiada, ni la activista yemení en el suyo. En esa manía de reducir todo a lo simple, todos hablan de mujeres que luchan por los derechos de las mujeres, cuando si se lee un poquito sobre sus méritos, está claro que luchan contra las desigualdades sociales en sus países, o por impulsar cambios políticos. La periodista liberiana Gbowee fue aquella que organizó hace años aquella huelga de sexo para obligar a sus hombres a luchar por la paz, y aquel movimiento pacifista logró el fin de la guerra civil en Liberia, y el proceso dio lugar a elecciones de las que salió elegida la primera mujer en África como presidenta de gobierno. Quizá lo del sexo no es una mala opción... Quizá debería hacer algo Michelle Obama...
Y más que merecido parece el premio de la activista yemení, que ha terminado en la cárcel, y que micrófono en mano es una de las figuras de la primavera árabe que ha llegado a su país.
Por todo esto me alegro de haber pisado el Centro de la Paz. Porque los que se lo merecen de verdad están ahí, arriesgando sus vidas en muchos casos por los demás.
Pues bien, delante del Centro de la Paz de Oslo me acordé de ese discursito del que vi un extracto en televisión una semana antes. Al día siguiente entré en el centro, y me alegro de haberlo hecho. Un error (habrá más, seguro, en más de un siglo de galardones) no emborrona la labor de muchas personas que han luchado y luchan por los derechos básicos de la humanidad en países en los que es difícil hacerlo. Y viendo ese bosque de paneles con las caras de los premiados, me alegré de no ver a Obama entre ellos, sino a muchos desconocidos. Como a Nansen, sobre el que había una exposición, uno de los dos noruegos que han logrado el premio hasta ahora. Zoólogo y explorador polar, el premio se lo dieron en 1922 por su trabajo con los refugiados de varias guerras. Es toda una figura histórica en Noruega.
Y este año se lo han dado a tres mujeres africanas. La presidenta de Liberia no es nadie anónimo, ni en su país lo será la periodista premiada, ni la activista yemení en el suyo. En esa manía de reducir todo a lo simple, todos hablan de mujeres que luchan por los derechos de las mujeres, cuando si se lee un poquito sobre sus méritos, está claro que luchan contra las desigualdades sociales en sus países, o por impulsar cambios políticos. La periodista liberiana Gbowee fue aquella que organizó hace años aquella huelga de sexo para obligar a sus hombres a luchar por la paz, y aquel movimiento pacifista logró el fin de la guerra civil en Liberia, y el proceso dio lugar a elecciones de las que salió elegida la primera mujer en África como presidenta de gobierno. Quizá lo del sexo no es una mala opción... Quizá debería hacer algo Michelle Obama...
Y más que merecido parece el premio de la activista yemení, que ha terminado en la cárcel, y que micrófono en mano es una de las figuras de la primavera árabe que ha llegado a su país.
Por todo esto me alegro de haber pisado el Centro de la Paz. Porque los que se lo merecen de verdad están ahí, arriesgando sus vidas en muchos casos por los demás.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Ese país simpático llamado Bélgica
No puedo dejar pasar por alto el acuerdo histórico de anoche en Bélgica, tras año y medio sin gobierno, y todo era por el distrito de Bruselas-Halle-Vilvoorde, pero que era el eje de la discordia que ha tenido al país en jaque mate todo este tiempo. El distrito quedará ahora dividido en seis municipios con privilegios, como poder votar o tener acceso a la enseñanza en francés en zonas flamencas, y 29 municipios bajo jurisdicción flamenca. Tras este primer pero fundamental acuerdo, el Estado Federal traspasará funciones a los municipios en cuestión.
Bélgica ha superado el tiempo sin gobierno jamás habido para un país tras unas elecciones. Uno se pregunta tras todo esto si un país necesita de verdad un gobierno, pues ahí están, pero también si en la Europa actual en crisis y que durante años ha tendido a unirse, euro incluido, al final de lo que se trata es de repartir la tarta en trozos tan pequeños que la idea de algo común se va al carajo. Lo importante es que un municipio minúsculo de Bélgica esté contento, y si no no hay gobierno.
De vez en cuando enciendo en la cocina mi radio de internet, y escucho la Première, emisora que oía durante el tiempo que viví en Bruselas, y el otro día me reía porque ahora o hace 6 años los temas y los problemas son los mismos. Bélgica es un país que vive enclaustrado en los enfrentamientos entre ambas comunidades, la flamenca y la valona. Un flamenco de Amberes lo tiene muy claro, y un valón de Mons también, pero el problema es esa zona céntrica, porque las personas no se atienen a fronteras. Yo soy francófono, pero me compro una de esas casas tan monas que venden en Kraainem o Wezembeek-Oppem, pues son más baratas que en la capital. Están en Flandes, pero tardo apenas 20 minutos en ir a trabajar al centro de Bruselas. Como no soy la única, en mi pueblo acaba por haber colegios de habla francesa, y muchos trámites admistrativos empiezan a realizarse en francés. Eso no les gusta a los flamencos, pues esas localidades están en la provincia de Brabante, en Flandes. Y así fue surgiendo el tinglado. Yo he visto un colegio con una cadena y candado en Wezembeek y con pintadas de "aquí se habla flamenco". En estos distritos se podrá ahora por ejemplo o votar por las listas de Bruselas o por las de esa población.
En cualquier caso el acuerdo es una buena noticia, aunque no se van a acabar los desacuerdos y rencillas. En 6 años o en 20 las noticias seguirán siendo las mismas, porque los problemas surgirán por otras partes. Pero qué encantador país. Vayan a conocerlo. Yo no llegué a comprenderlo, pero sí que me sentí muy a gusto entre tanta anarquía y mezcla de lenguas. En Bélgica, donde entiendes la razón de ser del país es en un restaurante, con lo bien que se come, y en eso quizá es lo único en lo que son todos belgas. Quizá ésa es la clave.
Bélgica ha superado el tiempo sin gobierno jamás habido para un país tras unas elecciones. Uno se pregunta tras todo esto si un país necesita de verdad un gobierno, pues ahí están, pero también si en la Europa actual en crisis y que durante años ha tendido a unirse, euro incluido, al final de lo que se trata es de repartir la tarta en trozos tan pequeños que la idea de algo común se va al carajo. Lo importante es que un municipio minúsculo de Bélgica esté contento, y si no no hay gobierno.
De vez en cuando enciendo en la cocina mi radio de internet, y escucho la Première, emisora que oía durante el tiempo que viví en Bruselas, y el otro día me reía porque ahora o hace 6 años los temas y los problemas son los mismos. Bélgica es un país que vive enclaustrado en los enfrentamientos entre ambas comunidades, la flamenca y la valona. Un flamenco de Amberes lo tiene muy claro, y un valón de Mons también, pero el problema es esa zona céntrica, porque las personas no se atienen a fronteras. Yo soy francófono, pero me compro una de esas casas tan monas que venden en Kraainem o Wezembeek-Oppem, pues son más baratas que en la capital. Están en Flandes, pero tardo apenas 20 minutos en ir a trabajar al centro de Bruselas. Como no soy la única, en mi pueblo acaba por haber colegios de habla francesa, y muchos trámites admistrativos empiezan a realizarse en francés. Eso no les gusta a los flamencos, pues esas localidades están en la provincia de Brabante, en Flandes. Y así fue surgiendo el tinglado. Yo he visto un colegio con una cadena y candado en Wezembeek y con pintadas de "aquí se habla flamenco". En estos distritos se podrá ahora por ejemplo o votar por las listas de Bruselas o por las de esa población.
En cualquier caso el acuerdo es una buena noticia, aunque no se van a acabar los desacuerdos y rencillas. En 6 años o en 20 las noticias seguirán siendo las mismas, porque los problemas surgirán por otras partes. Pero qué encantador país. Vayan a conocerlo. Yo no llegué a comprenderlo, pero sí que me sentí muy a gusto entre tanta anarquía y mezcla de lenguas. En Bélgica, donde entiendes la razón de ser del país es en un restaurante, con lo bien que se come, y en eso quizá es lo único en lo que son todos belgas. Quizá ésa es la clave.
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miércoles, 14 de septiembre de 2011
Los milagros existen
La semana va pasando y yo me alegro, y en dos días estará superado el "trauma" del que vamos saliendo. Mi hija mayor está ahora mismo con su clase en la isla de Sylt, en el viaje que no es de fin de curso, sino de comienzos de curso, algo muy normal aquí. Se realizan al comienzo y no al final, para unir a la clase, y beneficiarse después de la sintonía entre todos tras tanto tiempo juntos. El problema es que hay niños a los que les hacen poca gracia estos viajes, y mi hija es una de ellos. En su vida escolar ha tenido ya dos y de ambos salió traumatizada, y yo también, de los malos nervios que me costó el viaje antes, durante y después. Esta vez, a meses de que se acercara el viaje, se ponía mala de pensarlo, y las dos últimas semanas antes de irse has sido muy duras. Hay niños capaces de irse a campamentos, bien pequeños, durante dos semanas o más, y se quedan tan panchos, y otros pasan un trauma con pasar una sola noche fuera de casa.
El problema es que mi hija va a acabar cogiendo manía a la isla de Sylt, en la que ha pasado dos viajes escolares, con lo bonita e idílica que es. Una de dos, o de mayor no vuelve y acaba por aborrecerla, o querrá volver para ver la isla con una mirada sosegada. Aún así, sus 11 años le permiten contarme con risas, o la seriedad debida, las anécdotas del viaje. Todo empezó el lunes con una huelga de trenes (ella se hubiese alegrado si hubiese sido definitiva para toda la semana), pero salieron un par de horas más tarde, y asunto solucionado. Para hacer más divertido el viaje, al ser una clase musical, iban provistos de sus instrumentos: los de la flauta traversera o el clarinete no tenían problema con el transporte, pero el que toca el contrabajo, o las del violonchelo, sí. La idea de los profesores era, como nos explicaron en la reunión de padres, tocar en cualquier sitio, incluso en la playa; también querían organizar un servicio de "despertadores", es decir, que cada mañana algún crío despierte a los otros tocando su instrumento. Yo me imaginé que me despierten con una flauta como algo agradable, pero con una trompeta ...
Pero las anécdotas no tienen desperdicio, y sinceramente, pienso que los profesores se merecen un monumento a su paciencia y buena voluntad (yo no valdría). El primer día, para estrenarse en la playa, pese al mal tiempo, viento y oleaje, jugaron a orillas del mar. Sylt se encuentra en el Mar del Norte, y eso no es el Mediterráneo en calma chicha. Pues los chicos, haciendo el borrico, tiraron al profesor al agua, con tan mala fortuna que el mar se llevó las gafas de éste. Me imagino lo contento que se puso. Por suerte tenía otras gafas de repuesto, porque si no, como para aguantar toda la semana a los 30 chavales haciéndole perrerías. Esa misma tarde, en la cena, una niña reaccionó alérgicamente a la mousse de chocolate del postre, y se le puso la cara desfigurada, según mi hija. Ayer, dos chicos desaparecieron mientras estaban viendo un centro de información sobre los animalitos de la isla. Los profesores les buscaron durante horas y al borde del infarto, y cuando llegaron todos al albergue en el que se alojan, descubrieron que los dos chicos estaban tan campantes en su habitación. Se les cayó el pelo, y los profesores dijeron de mandarlos de vuelta a sus casas como castigo, pero parece ser que no lo han hecho. Por eso digo lo de la buena voluntad, pues era como poco para matarlos.
Y luego están las otras anécdotas, las de mi hija: que si hace demasiado viento, demasiado frío, que si se te mete la arena en los ojos, que si la comida no está buena... Pero hoy, el tercer día, ha ocurrido un milagro. Hemos hablado brevemente, y se le oía muy contenta, y al poco rato me ha dicho que tenía que colgar, que iban a hacer una cosa todos juntos. Justo antes le había preguntado si hoy ha ocurrido alguna tragedia, y me dijo que no. Y toda relajada, y sin las lágrimas de los últimos dos días, ha colgado contenta y me ha dicho: "hasta mañana, mamá".
El problema es que mi hija va a acabar cogiendo manía a la isla de Sylt, en la que ha pasado dos viajes escolares, con lo bonita e idílica que es. Una de dos, o de mayor no vuelve y acaba por aborrecerla, o querrá volver para ver la isla con una mirada sosegada. Aún así, sus 11 años le permiten contarme con risas, o la seriedad debida, las anécdotas del viaje. Todo empezó el lunes con una huelga de trenes (ella se hubiese alegrado si hubiese sido definitiva para toda la semana), pero salieron un par de horas más tarde, y asunto solucionado. Para hacer más divertido el viaje, al ser una clase musical, iban provistos de sus instrumentos: los de la flauta traversera o el clarinete no tenían problema con el transporte, pero el que toca el contrabajo, o las del violonchelo, sí. La idea de los profesores era, como nos explicaron en la reunión de padres, tocar en cualquier sitio, incluso en la playa; también querían organizar un servicio de "despertadores", es decir, que cada mañana algún crío despierte a los otros tocando su instrumento. Yo me imaginé que me despierten con una flauta como algo agradable, pero con una trompeta ...
Pero las anécdotas no tienen desperdicio, y sinceramente, pienso que los profesores se merecen un monumento a su paciencia y buena voluntad (yo no valdría). El primer día, para estrenarse en la playa, pese al mal tiempo, viento y oleaje, jugaron a orillas del mar. Sylt se encuentra en el Mar del Norte, y eso no es el Mediterráneo en calma chicha. Pues los chicos, haciendo el borrico, tiraron al profesor al agua, con tan mala fortuna que el mar se llevó las gafas de éste. Me imagino lo contento que se puso. Por suerte tenía otras gafas de repuesto, porque si no, como para aguantar toda la semana a los 30 chavales haciéndole perrerías. Esa misma tarde, en la cena, una niña reaccionó alérgicamente a la mousse de chocolate del postre, y se le puso la cara desfigurada, según mi hija. Ayer, dos chicos desaparecieron mientras estaban viendo un centro de información sobre los animalitos de la isla. Los profesores les buscaron durante horas y al borde del infarto, y cuando llegaron todos al albergue en el que se alojan, descubrieron que los dos chicos estaban tan campantes en su habitación. Se les cayó el pelo, y los profesores dijeron de mandarlos de vuelta a sus casas como castigo, pero parece ser que no lo han hecho. Por eso digo lo de la buena voluntad, pues era como poco para matarlos.
Y luego están las otras anécdotas, las de mi hija: que si hace demasiado viento, demasiado frío, que si se te mete la arena en los ojos, que si la comida no está buena... Pero hoy, el tercer día, ha ocurrido un milagro. Hemos hablado brevemente, y se le oía muy contenta, y al poco rato me ha dicho que tenía que colgar, que iban a hacer una cosa todos juntos. Justo antes le había preguntado si hoy ha ocurrido alguna tragedia, y me dijo que no. Y toda relajada, y sin las lágrimas de los últimos dos días, ha colgado contenta y me ha dicho: "hasta mañana, mamá".
martes, 24 de mayo de 2011
Las marujas del Alstertal
Para explicar este título que he elegido para el post de hoy, debo ir por partes. El Alstertal, por mucho que en mi mundo parezca el centro del universo, es desconocido en el mundo entero. Se trata del valle del Alster, situado en la zona nordeste de Hamburgo, por el que fluye el propio Alster, que en realidad es un río que nace en Schleswig-Holstein y desemboca en ese lago del centro de Hamburgo del mismo nombre. Pero además de al valle, el nombre se refiere a la unión de cinco barrios en el norte de Hamburgo, del que forma parte el mío, y ese fluir del Alster une no solo una zona geográfica sino una forma de vida. El nombre Alstertal tiene connotaciones que todos los que vivimos en esta zona conocemos, y evoca no solo a lo verde y al agua, al cantar de los pájaros que oímos a todas horas, al sonido de las hojas meciéndose al viento, pero sobre todo pensamos en una vida tranquila donde todo tiene su sitio y funciona a la perfección. En apariencias al menos, porque eso es también el Alstertal, un sitio donde tanto idilio es engañoso también.
"Die Kinder von Alstertal", es una serie infantil de hace años cuyo nombre conozco, pero de la que no he visto ningún capítulo. Va de niños de esta zona y de las aventuras que viven, y sin haberla visto, me la puedo imaginar. Los niños de Alstertal viven en muchos casos como reyes, con pocas horas de colegios, y las tardes disponibles son o para estresarse con extraescolares o para vivir aventuras en los jardines de sus casas o alrededores. Pero yo ahora haría otra serie, "Las marujas del Alstertal", pues además sé dónde están todas por las mañanas. Si no están en el club de tenis, o en los mercados o supermercados, están todas en el gimnasio donde voy yo ahora un par de veces por semana. Llevo viéndolas desde que me apunté en abril, y lo de hoy me ha roto todos mis cánones: las marujas de esta zona no solo pedalean en las bicis del gimnasio, corren sobre la cinta, hacen bíceps y cuádriceps, pero además hacen step, todas juntas, con un entrenador que parece haberse fumado un canuto antes de hacer subirse y bajarse del escalón que todas teníamos delante a tanta señora con ganas de sudar, a ritmos de "música cañera", ésa que ponen en los gimnasios para hacer bailar incluso a cualquier maruja estirada. A juzgar por las agujetas que me están saliendo tras mi primera sesión de step hoy, lo bien que me lo he pasado, y lo mucho que he sudado, reconozco que las marujas del Alstertal saben lo que se hacen, y no me extraña que muchas estén mejor que yo... Entrenando a ese ritmo son capaces de hacer temblar cualquier discoteca de música electrónica en Ibiza o donde se pongan. Menudas son.
Al salir toda sofocada del curso, en los vestuarios, una, que se dio cuenta de que yo era nueva, me preguntó que qué me había parecido el curso; le dije que me ha gustado mucho, y que el entrenador me pareció todo un personaje. Le pregunté si llevaba mucho tiempo haciendo step, y me dijo que sí, que antes no había ese curso en la oferta del gimnasio, pero que "varias" (marujas, supongo) se movilizaron y juntaron firmas para que pusieran este curso (no digan que la gente no sabe organizarse y reclamar). Contrataron a este profe tan guay de gorra a lo hiphop y con un ritmo que me ha dejado molida hoy, y ahí están todas, cada martes, dándole al step.
"Volveré", le dije al profe al terminar, aunque me disculpase por no dar pie con bola en ocasiones, pues el step es un ejercicio de coordinación, y el tipo, con la marcha que tenía y que entró bailando a lo reggaeton, nos dijo varias veces que la clave del step y de las coreografías es no pensar, y para que nos saliera la tabla de ejercicios nos iba dictando lo que había que hacer consignas como hacer el "Elvis" (me encanta hacerlo), o "volar", "el seis", y qué sé yo, pues un día no me ha dado ni para aprenderme la terminología.
Pero lo mejor del hecho de que haya podido entrenar tres cuartos de hora a ese ritmo de maruja marchosa es que mi lesión en mi rodilla está remitiendo, y que los siete meses que llevo apartada de la pasión que desarrollé hace dos años y medio, el correr, por haber terminado con piernas incapaces de correr o de realizar cualquier actividad física, o incluso diaria, es que esta fase tan larga de sentirme deshauciada para el deporte ha llegado a su fin. Volveré, y no solo al step. Vuelvo a sentir la llamada del bosque y de las zapatillas de correr...
"Die Kinder von Alstertal", es una serie infantil de hace años cuyo nombre conozco, pero de la que no he visto ningún capítulo. Va de niños de esta zona y de las aventuras que viven, y sin haberla visto, me la puedo imaginar. Los niños de Alstertal viven en muchos casos como reyes, con pocas horas de colegios, y las tardes disponibles son o para estresarse con extraescolares o para vivir aventuras en los jardines de sus casas o alrededores. Pero yo ahora haría otra serie, "Las marujas del Alstertal", pues además sé dónde están todas por las mañanas. Si no están en el club de tenis, o en los mercados o supermercados, están todas en el gimnasio donde voy yo ahora un par de veces por semana. Llevo viéndolas desde que me apunté en abril, y lo de hoy me ha roto todos mis cánones: las marujas de esta zona no solo pedalean en las bicis del gimnasio, corren sobre la cinta, hacen bíceps y cuádriceps, pero además hacen step, todas juntas, con un entrenador que parece haberse fumado un canuto antes de hacer subirse y bajarse del escalón que todas teníamos delante a tanta señora con ganas de sudar, a ritmos de "música cañera", ésa que ponen en los gimnasios para hacer bailar incluso a cualquier maruja estirada. A juzgar por las agujetas que me están saliendo tras mi primera sesión de step hoy, lo bien que me lo he pasado, y lo mucho que he sudado, reconozco que las marujas del Alstertal saben lo que se hacen, y no me extraña que muchas estén mejor que yo... Entrenando a ese ritmo son capaces de hacer temblar cualquier discoteca de música electrónica en Ibiza o donde se pongan. Menudas son.
Al salir toda sofocada del curso, en los vestuarios, una, que se dio cuenta de que yo era nueva, me preguntó que qué me había parecido el curso; le dije que me ha gustado mucho, y que el entrenador me pareció todo un personaje. Le pregunté si llevaba mucho tiempo haciendo step, y me dijo que sí, que antes no había ese curso en la oferta del gimnasio, pero que "varias" (marujas, supongo) se movilizaron y juntaron firmas para que pusieran este curso (no digan que la gente no sabe organizarse y reclamar). Contrataron a este profe tan guay de gorra a lo hiphop y con un ritmo que me ha dejado molida hoy, y ahí están todas, cada martes, dándole al step.
"Volveré", le dije al profe al terminar, aunque me disculpase por no dar pie con bola en ocasiones, pues el step es un ejercicio de coordinación, y el tipo, con la marcha que tenía y que entró bailando a lo reggaeton, nos dijo varias veces que la clave del step y de las coreografías es no pensar, y para que nos saliera la tabla de ejercicios nos iba dictando lo que había que hacer consignas como hacer el "Elvis" (me encanta hacerlo), o "volar", "el seis", y qué sé yo, pues un día no me ha dado ni para aprenderme la terminología.
Pero lo mejor del hecho de que haya podido entrenar tres cuartos de hora a ese ritmo de maruja marchosa es que mi lesión en mi rodilla está remitiendo, y que los siete meses que llevo apartada de la pasión que desarrollé hace dos años y medio, el correr, por haber terminado con piernas incapaces de correr o de realizar cualquier actividad física, o incluso diaria, es que esta fase tan larga de sentirme deshauciada para el deporte ha llegado a su fin. Volveré, y no solo al step. Vuelvo a sentir la llamada del bosque y de las zapatillas de correr...
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viernes, 6 de mayo de 2011
Lo que cuesta disfrutar
Los agricultores están muy preocupados por sus cosechas. Llevamos lo menos 5 semanas sin lluvia, y eso es algo que no suele darse aquí, por lo que todos claman al cielo: los agricultores, que temen por las pérdidas; los que se preocupan por el estado de los bosques, ante el peligro de incendios; los alérgicos, ya que coches y ventanas están cubiertos de una capita verde de polvo, el polen que en esta época de explosión vegetal hacen de Alemania una nube de polen, y que debe de ser una tortura para los alérgicos.
Cinco semanas de sol. Yo saboreo esta frase al escribirla, viendo un cielo raso a diario casi y me siento como si me hubiese tocado la lotería pues la primavera del año pasado fue malísima (yo tengo una muy buena memoria histórica para el tiempo). Entiendo las quejas, pero digamos que aquí todo está concebido de acuerdo a las cantidades inmensas de lluvia que caen, que si tenemos tantos bosques y verde, es porque llueve tanto, y no porque esta parte de la tierra sea tan generosa con nosotros. Los productos no son tampoco los más adecuados para tiempos de sequía. Digo yo que si en vez de plantar tantos espárragos (blancos), tantas fresas y manzanas o tantas coles, no podrían dedicarse a otros cultivos e introducir sandías, melocotones, o naranjas, porque así no nos van a dejar alegrarnos nunca de que por fin podemos estar sin paraguas, botas o gabardinas, que la ciudad tiene un aspecto de Costa Azul con el agua tan maravillosa que hay por todas partes y el reflejo del cielo azul tan limpio, que los cafés y las calles están llenos, que la gente pisa la calle y no se traslada con prisas de un lado para otro y que parece disfrutar.
Entendibles son las quejas de los agricultores al tratarse de su existencia, pero me alteran los agonías para los que su jardín es más importante que la vitamina D y la alegría "p'al cuerpo" que da el sol. Como he dicho en más de otra ocasión aquí y en otro lugar del ciberespacio, aquí tienen el tiempo que se merecen: agricultores, bosques y la gente. Yo lo que pido es que me dejen disfrutar sin recordarme todo el tiempo en periódicos y noticias en televisión que debería llover, que esto ya es demasiado, y que muestren continuamente mapitas mostrando el peligro de incendio forestal, con colores rojos fuego. Mucha gente aquí se queda tan ancha al decir que en su vida diaria prefieren el mal tiempo, porque para trabajar es mejor, pues el buen tiempo te quita las ganas (ahí noto siempre un tonillo como diciendo "por eso aquí trabajamos mejor"), pero eso sí, como vayan de vacaciones en febrero a Mallorca, y llueva, vuelven mosqueados y como si les hubiesen engañado, porque si pago para tener buen tiempo, así ha de ser.
Pero no se puede controlar todo, que no... ni aquí ni en Mallorca. Y por eso hagamos de otro fin de semana más una fiesta en nuestro interior. Cerremos los ojos, empapémonos de sol. Que esto no dura. Que no.
Cinco semanas de sol. Yo saboreo esta frase al escribirla, viendo un cielo raso a diario casi y me siento como si me hubiese tocado la lotería pues la primavera del año pasado fue malísima (yo tengo una muy buena memoria histórica para el tiempo). Entiendo las quejas, pero digamos que aquí todo está concebido de acuerdo a las cantidades inmensas de lluvia que caen, que si tenemos tantos bosques y verde, es porque llueve tanto, y no porque esta parte de la tierra sea tan generosa con nosotros. Los productos no son tampoco los más adecuados para tiempos de sequía. Digo yo que si en vez de plantar tantos espárragos (blancos), tantas fresas y manzanas o tantas coles, no podrían dedicarse a otros cultivos e introducir sandías, melocotones, o naranjas, porque así no nos van a dejar alegrarnos nunca de que por fin podemos estar sin paraguas, botas o gabardinas, que la ciudad tiene un aspecto de Costa Azul con el agua tan maravillosa que hay por todas partes y el reflejo del cielo azul tan limpio, que los cafés y las calles están llenos, que la gente pisa la calle y no se traslada con prisas de un lado para otro y que parece disfrutar.
Entendibles son las quejas de los agricultores al tratarse de su existencia, pero me alteran los agonías para los que su jardín es más importante que la vitamina D y la alegría "p'al cuerpo" que da el sol. Como he dicho en más de otra ocasión aquí y en otro lugar del ciberespacio, aquí tienen el tiempo que se merecen: agricultores, bosques y la gente. Yo lo que pido es que me dejen disfrutar sin recordarme todo el tiempo en periódicos y noticias en televisión que debería llover, que esto ya es demasiado, y que muestren continuamente mapitas mostrando el peligro de incendio forestal, con colores rojos fuego. Mucha gente aquí se queda tan ancha al decir que en su vida diaria prefieren el mal tiempo, porque para trabajar es mejor, pues el buen tiempo te quita las ganas (ahí noto siempre un tonillo como diciendo "por eso aquí trabajamos mejor"), pero eso sí, como vayan de vacaciones en febrero a Mallorca, y llueva, vuelven mosqueados y como si les hubiesen engañado, porque si pago para tener buen tiempo, así ha de ser.
Pero no se puede controlar todo, que no... ni aquí ni en Mallorca. Y por eso hagamos de otro fin de semana más una fiesta en nuestro interior. Cerremos los ojos, empapémonos de sol. Que esto no dura. Que no.
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viernes, 22 de abril de 2011
El mundo al revés
Mi impresión hoy ha sido que en Viernes Santo debe de andar media Alemania en la autopista. La otra media come carne: salchichas en cualquier parte, barbacoas en sus casas, o carne y más carne en el Block House, una cadena de restaurantes para los carnívoros y para todos los que no lo sean. Y ambas cosas, viajar o comer carne, se le han ocurrido a media Alemania y a parte de la otra media. Por mi maravillosa idea de hacer una excursión, me he chupado dos buenos atascos, a la ida y a la vuelta. Existen tan solo dos posibilidades de entrar o salir de Hamburgo desde el sur o hacia al sur: a través del túnel del Elba o por los puentes del Elba, es decir, una subterránea, o "sub-río" podría decirse, y otra suspendidos en el aire. Y para entrar en esos túneles, en los que por un fuego de no hace tanto, uno de los túneles sigue cerrado, ocurrió el efecto "embudo": la salida del túnel era una línea contínua de coches , y la entrada eran 5 carriles reducidos a dos en cuestión de unos cuantos kilómetros y que produjo el atasco, aparte de la mayor afluencia de vehículos.
En el parque de animales en el que hemos estado y que bien merece una entrada en este blog, montones de personas hacían cola para comerse su salchicha. En esos momentos pensé de nuevo que era Viernes Santo y me acordé de los potajes de mi niñez, que tanto odiaba. Ahora ya no tengo esa penitencia, sino además del atasco de la mañana, que fue ligerito en comparación, el de la tarde, pues he tardado una hora en un tramo de 4 kms, gracias a los túneles otra vez. Falta de fantasía por mi parte, pues al planear debí caer en la cuenta que era una malísima idea hacer la excursión hoy, comienzo de las vacaciones de Semana Santa, y con un tiempazo que ya quisieran los españoles esta Semana Santa. A la elección de día se le sumó que sin darme cuenta eligiese yo un restaurante de carne a la parrilla para el Viernes Santo. Al final dudé de si el mejor ayuno o contrición es pasarte unas cuantas horas de tu día libre en la autopista, la famosa deutsche Autobahn, sobre la que mi huésped de España me manifestó su escepticismo. Ella me comentaba que un amigo suyo siempre alaba las autopista alemanas, y que viendo la que se había montado, a ella se le rompía ese mito. "Es que hay 40 millones de vehículos, y 80 millones de habitantes", dije. Y algo habrá que hacer, por muy Viernes Santo que sea y que uno no deba hacer nada, añado ahora.
A paso de tortuga hemos continuado hasta el restaurante de carne, y eso en Viernes Santo, ambas hablando de la provocación que supone eso, habiéndonos criado con potaje los viernes. Pero como vimos, el restaurante nos mostró que no somos las únicas a las que el Viernes Santo no amedentra para no comer carne, pues estaba llenito, como las autopistas, en un día en el que uno no debiera moverse para nada. Incluso imaginamos, y nos reímos al hacerlo, que el restaurante abriese solamente en la cuaresma, una auténtica provocación, y cerrase el resto del año.
Es Viernes Santo, y llevamos más de una semana con sol y cielo azul. Los mercados y supermercados nos recuerdan que la temporada de las barbacoas ha comenzado y hoy, en Viernes Santo, se habrán hecho unas cuantas. Lo siento porque en España las vacaciones están siendo pasadas por agua, pero alguna vez nos tenía que tocar a nosotros el buen tiempo, y no solo los atascos, y podernos comer una buena carne en Viernes Santo, sentados fuera o donde sea, pensando que esto parece el mundo al revés: ni la autopista alemana es lo que uno se cree, ni el tiempo alemán lo que uno espera y el norte de Europa en Semana Santa es mejor que la Costa Azul o Matalascañas como dice un amigo mío. En un momento se desmontan todos los mitos. Y en Viernes Santo.
En el parque de animales en el que hemos estado y que bien merece una entrada en este blog, montones de personas hacían cola para comerse su salchicha. En esos momentos pensé de nuevo que era Viernes Santo y me acordé de los potajes de mi niñez, que tanto odiaba. Ahora ya no tengo esa penitencia, sino además del atasco de la mañana, que fue ligerito en comparación, el de la tarde, pues he tardado una hora en un tramo de 4 kms, gracias a los túneles otra vez. Falta de fantasía por mi parte, pues al planear debí caer en la cuenta que era una malísima idea hacer la excursión hoy, comienzo de las vacaciones de Semana Santa, y con un tiempazo que ya quisieran los españoles esta Semana Santa. A la elección de día se le sumó que sin darme cuenta eligiese yo un restaurante de carne a la parrilla para el Viernes Santo. Al final dudé de si el mejor ayuno o contrición es pasarte unas cuantas horas de tu día libre en la autopista, la famosa deutsche Autobahn, sobre la que mi huésped de España me manifestó su escepticismo. Ella me comentaba que un amigo suyo siempre alaba las autopista alemanas, y que viendo la que se había montado, a ella se le rompía ese mito. "Es que hay 40 millones de vehículos, y 80 millones de habitantes", dije. Y algo habrá que hacer, por muy Viernes Santo que sea y que uno no deba hacer nada, añado ahora.
A paso de tortuga hemos continuado hasta el restaurante de carne, y eso en Viernes Santo, ambas hablando de la provocación que supone eso, habiéndonos criado con potaje los viernes. Pero como vimos, el restaurante nos mostró que no somos las únicas a las que el Viernes Santo no amedentra para no comer carne, pues estaba llenito, como las autopistas, en un día en el que uno no debiera moverse para nada. Incluso imaginamos, y nos reímos al hacerlo, que el restaurante abriese solamente en la cuaresma, una auténtica provocación, y cerrase el resto del año.
Es Viernes Santo, y llevamos más de una semana con sol y cielo azul. Los mercados y supermercados nos recuerdan que la temporada de las barbacoas ha comenzado y hoy, en Viernes Santo, se habrán hecho unas cuantas. Lo siento porque en España las vacaciones están siendo pasadas por agua, pero alguna vez nos tenía que tocar a nosotros el buen tiempo, y no solo los atascos, y podernos comer una buena carne en Viernes Santo, sentados fuera o donde sea, pensando que esto parece el mundo al revés: ni la autopista alemana es lo que uno se cree, ni el tiempo alemán lo que uno espera y el norte de Europa en Semana Santa es mejor que la Costa Azul o Matalascañas como dice un amigo mío. En un momento se desmontan todos los mitos. Y en Viernes Santo.
jueves, 24 de marzo de 2011
Solazo
El tiempo de los últimos días nos ha devuelto a la vida. Que luzca el sol en Hamburgo durante muchos días seguidos y con temperaturas primaverales, cambia el espíritu de la ciudad. Alemania con sol parece otra. Estos días la gente está de mejor humor y más sonriente, tras meses grises y fríos. Sabemos que esto nos durará poco, pues para eso estamos en Hamburgo, donde el cielo no es azul si no gris, y sin embargo, o precisamente por eso, me embriaga la emoción primaveral que despiertan esta luz y esta claridad en cada hamburgués amodorrado, tras meses encerrados en casa y yendo tapados hasta arriba por la calle. Y de repente aparecen escotes, se prescinde de pañuelos al cuello o de bufandas, se ven faldas con medias finas, y uno deja de parecer la coraza en la que nos convertimos de octubre a abril. Los alemanes se abrigan, y no como los ingleses, que en invierno van con ropa que es de entretiempo para mí: ellos en trajes chaqueta sin abrigo encima, y ellas con medias finas e incluso sandalias. Aquí aprendes a vestirte acorde al frío, y los colores son oscuros, y es raro salir con estridencias de la gama de colores, pues el cuerpo no te pide nada que destaque del entorno gris o blanco, si hay nieve. Vas vestido de oscuro y gris, como cada día, y miras el armario, y con las aceras resbaladizas y siempre húmedas, cuando no por la hojarasca, por lluvia, hielos y nieve, prácticamente ninguna mujer va con tacones por la calle. Aquí entendemos de zapatos de gore-tex, anoraks impermeables hasta la muerte, calcetines térmicos, ... o la sexy faja de lana de la que habla siempre mi amiga (española), y a la que yo, por principios, sigo renunciando.
Este año ha habido suerte, y la naturaleza parece desplegar su esplendor algo antes. Se ven capullitos en las ramas de los árboles, y aunque todavía falta, temperaturas de 14° C e incluso 16 ó 18° C han hecho avanzar mucho el proceso. Y como capullitos en flor nos sentimos todos. Los periódicos informan de la buena nueva con fotos de hamburgueses al sol, y hablan de la "dolce vita", y de conceptos poco asociados con el carácter alemán, y la gente invade la calle. Aquí se pasea también a 10° bajo cero, pero porque hay que salir a refrescarse y mover las piernas, pero ahora es el "dolce far niente" lo que impera, el ponerte al sol y no hacer nada, como yo misma durante mi reciente estancia en Madrid, que parecía una guiri en busca del sol, adorándolo en cuanto lo veía. Percibo estos conceptos desde la experiencia y sabiduría que me da haber crecido con las bondades del sol en el ser humano y en la vida diaria, para bien y para mal, esto es como todo.
La sensación estos días es de "qué pena trabajar". Todos lo dicen, y deberían dar fiesta con un tiempo así, pues no es para menos. Es por eso por lo que la gente de aquí dice a menudo "sí, buen tiempo, pero no para trabajar". Como tienen perfectamente asumido que el tiempo es malo (entiendo, tampoco lo puedes cambiar, pero sí echar pestes, como yo), se quedan tan panchos cuando te dicen que la lluvia y el frío están bien, porque hay que trabajar. En mis clases estoy haciendo un sondeo esta semana sobre las estaciones del año. Comienzo cada clase con un "Por fin es primavera" y al preguntarles por su estación del año favorita, muchos responden que el invierno, muchos que el otoño, aunque por suerte, como seres (y además humanos) que son, muchos dicen que la primavera y el verano son sus favoritas. Pero para descansar, para irse de vacaciones, para hacer una barbacoa, tumbarse en el jardín o terraza, pero no para trabajar. No hay que confundir los conceptos.
Viendo ahora que para el fin de semana descenderán las temperaturas, aunque seguiremos con sol, me dan ganas de dejar todo lo que tengo que hacer, cerrar los ojos y disfrutar, pero hay que ser multitarea, y alegrarse de por lo menos ver el solazo a través de la ventana y oír a los pajarillos cantar como locos. Y con el cambio de hora de este fin de semana, tras el que los días volverán a ser larguísimos, haciéndose de noche a las ocho, y amaneciendo ya a las 6.30 como ocurre estos días, por mucho que el clima empeore, tendremos la sensación de haber salido ya de unos meses tras cuyo paso siempre me pregunto que cómo lo aguantamos. Y ya van 21 años. Me considero asimilada en la vida alemana, pero en el tema del clima, no habrá asimilación, está decidido. Por eso, jamás oirán de mí ni una queja por mucho que haya que trabajar con sol o con calor en verano, algo que odian. Disfrutemos de cada minuto de sol, pues esto es un regalo.
Este año ha habido suerte, y la naturaleza parece desplegar su esplendor algo antes. Se ven capullitos en las ramas de los árboles, y aunque todavía falta, temperaturas de 14° C e incluso 16 ó 18° C han hecho avanzar mucho el proceso. Y como capullitos en flor nos sentimos todos. Los periódicos informan de la buena nueva con fotos de hamburgueses al sol, y hablan de la "dolce vita", y de conceptos poco asociados con el carácter alemán, y la gente invade la calle. Aquí se pasea también a 10° bajo cero, pero porque hay que salir a refrescarse y mover las piernas, pero ahora es el "dolce far niente" lo que impera, el ponerte al sol y no hacer nada, como yo misma durante mi reciente estancia en Madrid, que parecía una guiri en busca del sol, adorándolo en cuanto lo veía. Percibo estos conceptos desde la experiencia y sabiduría que me da haber crecido con las bondades del sol en el ser humano y en la vida diaria, para bien y para mal, esto es como todo.
La sensación estos días es de "qué pena trabajar". Todos lo dicen, y deberían dar fiesta con un tiempo así, pues no es para menos. Es por eso por lo que la gente de aquí dice a menudo "sí, buen tiempo, pero no para trabajar". Como tienen perfectamente asumido que el tiempo es malo (entiendo, tampoco lo puedes cambiar, pero sí echar pestes, como yo), se quedan tan panchos cuando te dicen que la lluvia y el frío están bien, porque hay que trabajar. En mis clases estoy haciendo un sondeo esta semana sobre las estaciones del año. Comienzo cada clase con un "Por fin es primavera" y al preguntarles por su estación del año favorita, muchos responden que el invierno, muchos que el otoño, aunque por suerte, como seres (y además humanos) que son, muchos dicen que la primavera y el verano son sus favoritas. Pero para descansar, para irse de vacaciones, para hacer una barbacoa, tumbarse en el jardín o terraza, pero no para trabajar. No hay que confundir los conceptos.
Viendo ahora que para el fin de semana descenderán las temperaturas, aunque seguiremos con sol, me dan ganas de dejar todo lo que tengo que hacer, cerrar los ojos y disfrutar, pero hay que ser multitarea, y alegrarse de por lo menos ver el solazo a través de la ventana y oír a los pajarillos cantar como locos. Y con el cambio de hora de este fin de semana, tras el que los días volverán a ser larguísimos, haciéndose de noche a las ocho, y amaneciendo ya a las 6.30 como ocurre estos días, por mucho que el clima empeore, tendremos la sensación de haber salido ya de unos meses tras cuyo paso siempre me pregunto que cómo lo aguantamos. Y ya van 21 años. Me considero asimilada en la vida alemana, pero en el tema del clima, no habrá asimilación, está decidido. Por eso, jamás oirán de mí ni una queja por mucho que haya que trabajar con sol o con calor en verano, algo que odian. Disfrutemos de cada minuto de sol, pues esto es un regalo.
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