Wacken:Open:Air. Así se llama el festival de musica heavy metal más grande del mundo y que se realiza todos los veranos en la localidad de Wacken en el estado de Schleswig-Holstein. ¿Que no habían oido hablar de Wacken jamás? Yo tampoco, hasta el año pasado. Y hoy he leído detenidamente el suplemento a todo color del periódico de Hamburgo del domingo, con los datos del festival, los personajes, y su historia.
Comenzó a andar en 1990 con 6 bandas y 800 visitantes, en un espacio de 3 hectáreas. En su 23 edición, que comienza en dos días, tocarán 120 bandas, vendrán más de 80.000 visitantes de todo el mundo, y todo ocupará 220 hectáreas. Se beberán entre todos unos 150.000 litros de cerveza, casi nada, en los 5 días que dura. El pueblo cuenta con 1.830 almas el resto del año. Sus habitantes han sabido aprovechar el tirón, y el negocio, aunque nadie dice enriquecerse con el evento, a pesar de la venta descomunal de cerveza, alcohol y tabaco. Curioso que en el supermercado, para aligerar la venta de alcohol, contratan a gente para que organice el paso de los clientes y evitar que se beban la cerveza allí mismo o abran los botes de salchichas en el supermercado. Me imagino todo: el orden alemán organizando el caos heavy.
La idea la tuvieron dos lugareños, que se siguen ocupando del evento. Todos participan, hasta la pastora protestante, que cambia la sotána típica por unos pantalones de cuero, unas botas góticas, gafas de sol, y gorra con la calavera del St. Pauli, pero que lleva una camiseta con la inscripción "Spiritual Guidance" que la distingue del resto. No va por la música, dice, pues las letras de las canciones no van con su "doctrina", sino para asistir espirtualmente a los visitantes que lo necesiten. Habla de gente que necesita ser escuchada entre tanta multitud.
Pero lo más divertido es que hay aplicación gratuita para iphones y otros, con un mapa del festival, avisos para los conciertos, linterna incluida, y una especie de gps que graba el lugar de tu tienda de campaña para que la vuelvas a encontrar cuando te vayas a dormir. Ya se sabe cómo estarán muchos tras los conciertos... y más de uno dormirá donde no le toca.
No tengo interés en ir al festival de Wacken, pues no se me ha perdido nada en ese evento, pero me encanta la gente que con pocos medios montan en cualquier sitio la de San Quintín, y deján marca en el mundo para siempre. Quién les iba a decir a los dos que lo idearon a lo que iba a llegar su festival, que a todo esto comenzó el año en el que yo llegué a Alemania: 23 "veranos" de Wacken con el actual, y yo sin saberlo.
[En realidad iba a escribir hoy de todo lo que llevo viendo y oyendo estos días aquí sobre la situación de España, entre televisión y prensa. Ahora mismo en el telediario alemán han vuelto a decir que España se va a ahogar con el pago del 7 % de intereses por las ayudas. Tengo el semanario Spiegel sobre la mesa, que esta semana incluye un reportaje titulado "La caída de España" y que leeré cuando se me pase el dolor de cabeza que tengo. Por eso Wacken. Me ha parecido todo muy interesante y divertido, y me imagino a esos miles pasando frío en medio de la nada en pleno verano. El que no ignora el mundo es porque no quiere. Pero que se abriguen bien.]
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martes, 31 de julio de 2012
martes, 31 de mayo de 2011
Olviden (de momento) los pepinos y vayan al cine
Antes de meterme con pepinos y todo lo que no me importa un pepino, dada la actualidad, quisiera hacer una reseña cultural quizá interesante para quien quiera adentrarse en el cine alemán en un día o tras una semana en la que las noticias alemanas no han dejado en paz ni un pepino español y sin tener razón. Pero como no soy recorosa y defiendo más lo bueno que lo malo, presento una página que me he encontrado de casualidad hoy en internet: http://www.cine-aleman.com/
Se trata de una "casualidad" de esas que ocurren en el espacio cibernético, uno de esos momentos en los que ves ese ojo que te vigila y que conoce tus pasos en internet y quién eres, porque si no a qué diantres me ofrece a mí una simple noticia de un periódico un anuncio de un festival de cine alemán. Demasiadas coincidencias: un enlace "casual" de un festival de cine alemán en Madrid, porque pasaba por allí con mis muchas casualidades curriculares. Otras veces me he sorprendido más cuando tras haber efectuado unas compras en Madrid con mi tarjeta, facebook me ha ofrecido tres días después hacerme amiga de la página de la tienda en la que pagué con mi tarjeta. Pero como hay anuncios que le agradan a uno, animo al que quiera ver alguna de las películas que aparecen descritas en el documento pdf de la página, que se pasen por el cine Luchana en Madrid, o en Barcelona. Por desgracia no las he visto todas, pero sí unas cuantas. Imprescindibles las dos de Fatih Akin, y como simpática la muy actual "Kokowääh", para ir con niños no demasiado pequeños. Sorprende "Hace un año en invierno", una visión poética y real del duelo y de la culpa, de la directora Caroline Link, que realiza películas impecables.
Que conste que no me pagan ni los del cine ni el gobierno alemán por atraer clientes o dar coba, pero por las cosas buenas e interesante se puede hacer publicidad, y gratis, porque se trata de compartir. Vayan y vean.
Se trata de una "casualidad" de esas que ocurren en el espacio cibernético, uno de esos momentos en los que ves ese ojo que te vigila y que conoce tus pasos en internet y quién eres, porque si no a qué diantres me ofrece a mí una simple noticia de un periódico un anuncio de un festival de cine alemán. Demasiadas coincidencias: un enlace "casual" de un festival de cine alemán en Madrid, porque pasaba por allí con mis muchas casualidades curriculares. Otras veces me he sorprendido más cuando tras haber efectuado unas compras en Madrid con mi tarjeta, facebook me ha ofrecido tres días después hacerme amiga de la página de la tienda en la que pagué con mi tarjeta. Pero como hay anuncios que le agradan a uno, animo al que quiera ver alguna de las películas que aparecen descritas en el documento pdf de la página, que se pasen por el cine Luchana en Madrid, o en Barcelona. Por desgracia no las he visto todas, pero sí unas cuantas. Imprescindibles las dos de Fatih Akin, y como simpática la muy actual "Kokowääh", para ir con niños no demasiado pequeños. Sorprende "Hace un año en invierno", una visión poética y real del duelo y de la culpa, de la directora Caroline Link, que realiza películas impecables.
Que conste que no me pagan ni los del cine ni el gobierno alemán por atraer clientes o dar coba, pero por las cosas buenas e interesante se puede hacer publicidad, y gratis, porque se trata de compartir. Vayan y vean.
lunes, 18 de abril de 2011
De todo por 12 €
El sábado por la noche tuvo lugar en Hamburgo la "noche larga de los museos", el equivalente a la Noche Blanca que se celebra en Madrid. Los museos en Alemania suelen cerrar a las seis de la tarde, por lo que con la prolongación del horario hasta las dos de la mañana, es como si estuviesen abiertos hasta las cinco de la mañana. Unas 30.000 personas merodeaban de un lado para otro de la ciudad, a horas y en lugares donde en cualquier sábado no habría movimiento. El evento se celebra desde hace 11 años, y 47 museos han abierto sus puertas a la nocturnidad en esta ocasión. Once líneas de autobuses conectaban los museos, incluso uno de los barquitos del Alster era parte del sistema de transportes de la noche.
Hacía 11 años que no iba, pues fui en su primera edición, y el panorama museístico ha ampliado algo su oferta desde entonces. Hamburgo ofrece los clásicos, como el museo de pintura, la Kunsthalle y su edificio adjunto de arte moderno, la Gallerie der Gegenwart, o el Museo de Etnología, o el de Historia de Hamburgo. Pero a la oferta pintoresca se le unen un Museo Afgano, que descubrí en el listado el sábado, uno de pintores (de brocha gorda) y "esmaltadores", en una zona industrial de Hamburgo, o el Museo del Trabajo. Para tanto no dio la noche, pero sí para probar alguno nuevo.
Decepcionante y un buen timo es el más nuevo, Beatlemania, que en pleno Reeperbahn pretende ser testigo del comienzo de la carrera de los Beatles, que fue en Hamburgo, pero que no es más que un edificio de muchas escaleras, salas estrechas, y poco material expuesto, salvo recortes de prensa de la época, objetos de merchandising, y poco más. Fue el momento de la noche en el que me alegré de haber entrado con los 12 € de la entrada conjunta para toda la noche, y no por los 10 € que costaría solo ese museo. Tras el Museo de Kunst und Gewerbe, de Artes Decorativas, que tiene además de estupendas exposiciones una colección permanente impresionante de Art Nouveau, Art Deco, instrumentos musicales antiguos y objetos de todas las épocas, fuimos a las Deichtorhallen, un antiguo mercado de abastos convertido desde hace muchos años en una sala de exposiciones gigante. Nos quedamos sin ver los "Traummänner" por la cola que había, una exposición sobre hombres de ensueño cuyo reclamo en la fachada era una foto de un hombre bien puesto y ligerito de ropa, pero a pesar de la larga fila, muchos parecían llenos de paciencia para verla. Lo mismo nos ocurrió con el Museo de St. Pauli, recientemente inaugurado, y cuya exposición sobre la prostituta Doménica, una que fue muy famosa en Hamburgo, debió atraer a muchos, pero mis acompañantes y yo, al ver la cola, preferimos irnos a tomar la cervecita de sábado noche en la Reeperbahn antes de continuar culturizándonos.
Como colofón final elegimos dos barcos museo del puerto, incluidos en la oferta, el Rickmer Rickmers y el Cap San Diego. Estupenda manera de mostrar que el término museo da para mucho, y más en una ciudad portuaria y con tanto que ofrecer. Fue un estupendo comienzo de mi visitante de España para ver lo muchísimo que abarca esta ciudad, y desde diferentes perspectivas, y todo en una primera noche. Quien quiera puede repetir conmigo al año que viene.
Hacía 11 años que no iba, pues fui en su primera edición, y el panorama museístico ha ampliado algo su oferta desde entonces. Hamburgo ofrece los clásicos, como el museo de pintura, la Kunsthalle y su edificio adjunto de arte moderno, la Gallerie der Gegenwart, o el Museo de Etnología, o el de Historia de Hamburgo. Pero a la oferta pintoresca se le unen un Museo Afgano, que descubrí en el listado el sábado, uno de pintores (de brocha gorda) y "esmaltadores", en una zona industrial de Hamburgo, o el Museo del Trabajo. Para tanto no dio la noche, pero sí para probar alguno nuevo.
Decepcionante y un buen timo es el más nuevo, Beatlemania, que en pleno Reeperbahn pretende ser testigo del comienzo de la carrera de los Beatles, que fue en Hamburgo, pero que no es más que un edificio de muchas escaleras, salas estrechas, y poco material expuesto, salvo recortes de prensa de la época, objetos de merchandising, y poco más. Fue el momento de la noche en el que me alegré de haber entrado con los 12 € de la entrada conjunta para toda la noche, y no por los 10 € que costaría solo ese museo. Tras el Museo de Kunst und Gewerbe, de Artes Decorativas, que tiene además de estupendas exposiciones una colección permanente impresionante de Art Nouveau, Art Deco, instrumentos musicales antiguos y objetos de todas las épocas, fuimos a las Deichtorhallen, un antiguo mercado de abastos convertido desde hace muchos años en una sala de exposiciones gigante. Nos quedamos sin ver los "Traummänner" por la cola que había, una exposición sobre hombres de ensueño cuyo reclamo en la fachada era una foto de un hombre bien puesto y ligerito de ropa, pero a pesar de la larga fila, muchos parecían llenos de paciencia para verla. Lo mismo nos ocurrió con el Museo de St. Pauli, recientemente inaugurado, y cuya exposición sobre la prostituta Doménica, una que fue muy famosa en Hamburgo, debió atraer a muchos, pero mis acompañantes y yo, al ver la cola, preferimos irnos a tomar la cervecita de sábado noche en la Reeperbahn antes de continuar culturizándonos.
Como colofón final elegimos dos barcos museo del puerto, incluidos en la oferta, el Rickmer Rickmers y el Cap San Diego. Estupenda manera de mostrar que el término museo da para mucho, y más en una ciudad portuaria y con tanto que ofrecer. Fue un estupendo comienzo de mi visitante de España para ver lo muchísimo que abarca esta ciudad, y desde diferentes perspectivas, y todo en una primera noche. Quien quiera puede repetir conmigo al año que viene.
sábado, 5 de febrero de 2011
Meditando
Yo no me habría enterado de que mi barrio es hoy el centro de la meditación en toda Alemania (¿y Europa?) si no fuese porque una amiga mía ha venido al evento. Me llamó allá por el mes de noviembre, para preguntarme si podía quedarse a dormir en mi casa este fin de semana, pues el día de hoy había aquí en Hamburgo una sesión del curso de yoga que está realizando para hacerse entrenadora de esta disciplina. Me encantó la idea, pues la última vez que nos vimos fue hace año y medio, tras habernos visto varias veces a la semana cuando ambas vivíamos en Bruselas.
La conocí en un curso de francés. Es alemana, y yo, como al final voy de española-alemana por el mundo, tiendo a arrimarme a los españoles y alemanes que me encuentro por ahí. Jamás olvidaré como un día en clase, cuando aprendíamos a describir el aspecto físico en francés, ella dijo que antes de su quimioterapia tenía el pelo diferente. Me sorprendió la fuerza con la que lo dijo, esa valentía para decir delante de practicamente desconocidos que había tenido cáncer. En otra ocasión, a solas, le pregunté, y me contó de su cáncer de pecho, contra el que había luchado en Colonia justo antes de mudarse a Bélgica. Y como en la Bruselas de los alemanes los caminos se cruzan varias veces, acabamos por tener amigas comunes y entablar una buenísima amistad. Desde hace medio año vive en Berlín, con lo que la distancia se ha reducido bastante. Y ayer, tras su llegada pasé una tarde/noche con ella tan estupenda que debería ser recetada por los médicos. Pasar tiempo con personas a las que aprecias mucho y que te demuestran que en el mundo hay gente maravillosa es mejor que cualquier spa, y gratis. Yo soy muy tacaña a masajes, y tratamientos cosméticos (salvo lo necesario), pero cada vez disfruto más de un fin de semana con amigos, una tarde de cine, y de hablar, hablar y hablar. Compensa las malas experiencias con la humanidad.
Y anoche, ambas, sentimos la comprensión de la otra: "Es que como Bruselas no es ni Berlín ni Hamburgo". "Cierto". ¿A que echas de menos el Delhaize [un supermercado]?" "Muchísimo". "Echo de menos lo relajada que vivía, y no como aquí en Alemania que la gente quiere darte lecciones todo el tiempo". Esto lo dijo ella, que es alemana. Ella lo tiene todo más reciente, y además estuvo el doble de tiempo que yo, que pasé tan solo dos años y medio en Bruselas, y si siente como yo, lo debe de estar pasando mal en Berlín, con lo que me gusta a mí Berlín. Pero es otra vida. "Los maridos se van a trabajar, los hijos al colegio, y nosotras...". "No sigas, te entiendo", le dije.
Hoy la tengo bien cerquita, en mi barrio, el centro de meditación (¿mundial?) en el día de hoy. Yo ya lo sabía que lo es desde hace tres años y medio, los que llevo aquí, pero era un secreto que no he compartido con nadie. El hecho de que medite yo en mi hogar, en el que se oye el silencio, no tiene repercusiones mundiales sino personales, pero que en MI barrio se organice un encuentro de meditación de yoga no deja de sorprenderme. Cuando hace tres semanas me volvió a llamar y me dijo "No te vas a creer dónde es el curso, ¡en tu barrio!", me empecé a reír. Con lo grande que es Hamburgo me sorprendió, pero al colgar me dije que ciertamente esto debe ser la capital de la meditación. Y esta mañana me solidaricé con ella y me di el madrugón, para desayunar juntas y acercarla al encuentro, pues creo que no iba a llegar muy "relajada" maldiciendo todo si hubiese ido andando con la que estaba cayendo. Al llegar y ver a tanta cantidad de gente vestida de blanco, algunos hasta con turbantes en la cabeza, no di crédito a mis ojos. Montones de taxis arrojaban meditadores profesionales en este barrio a las ocho menos veinte de la mañana, y todavía siguen en ello, hasta las seis de la tarde. "Vendré cansada", me ha anunciado, y me lo creo. Yo, con el sueño que tenía esta mañana le pregunté que si se puede uno dormir en esos encuentros, y me explicó que es imposible porque meditar es agotador y exige plena concentración. "Lo sé", dije. Debe ser un público especial el que se siente llamado a esos encuentros, mismo por el hecho de que al encuentro no era necesario apuntarse, y eso que solo hay dos en Alemania al año. "O sea, que pueden ir 10 ó 300", concluí, "¿pero qué ocurre si vienen 500 personas, algunas del extranjero como parece, y al llegar te dicen que lo sienten, que el cupo está lleno, qué haces, dices 'oooooooohmmmmm' y te vas tan 'relajado' a casa maldiciendo?" "Buena pregunta" me respondió.
Tengo mucha curiosidad por lo que me contará hoy cuando salga, tras diez horas meditando. Y encima le ha costado dinero tanta meditacion, cuando yo, si miro por la ventana y veo el diluvio con aires huracanados que tenemos desde hace dos días, medito gratis. Pero creo que a partir de ahora miraré este barrio mío con otros ojos, como centro mundial de algo.
La conocí en un curso de francés. Es alemana, y yo, como al final voy de española-alemana por el mundo, tiendo a arrimarme a los españoles y alemanes que me encuentro por ahí. Jamás olvidaré como un día en clase, cuando aprendíamos a describir el aspecto físico en francés, ella dijo que antes de su quimioterapia tenía el pelo diferente. Me sorprendió la fuerza con la que lo dijo, esa valentía para decir delante de practicamente desconocidos que había tenido cáncer. En otra ocasión, a solas, le pregunté, y me contó de su cáncer de pecho, contra el que había luchado en Colonia justo antes de mudarse a Bélgica. Y como en la Bruselas de los alemanes los caminos se cruzan varias veces, acabamos por tener amigas comunes y entablar una buenísima amistad. Desde hace medio año vive en Berlín, con lo que la distancia se ha reducido bastante. Y ayer, tras su llegada pasé una tarde/noche con ella tan estupenda que debería ser recetada por los médicos. Pasar tiempo con personas a las que aprecias mucho y que te demuestran que en el mundo hay gente maravillosa es mejor que cualquier spa, y gratis. Yo soy muy tacaña a masajes, y tratamientos cosméticos (salvo lo necesario), pero cada vez disfruto más de un fin de semana con amigos, una tarde de cine, y de hablar, hablar y hablar. Compensa las malas experiencias con la humanidad.
Y anoche, ambas, sentimos la comprensión de la otra: "Es que como Bruselas no es ni Berlín ni Hamburgo". "Cierto". ¿A que echas de menos el Delhaize [un supermercado]?" "Muchísimo". "Echo de menos lo relajada que vivía, y no como aquí en Alemania que la gente quiere darte lecciones todo el tiempo". Esto lo dijo ella, que es alemana. Ella lo tiene todo más reciente, y además estuvo el doble de tiempo que yo, que pasé tan solo dos años y medio en Bruselas, y si siente como yo, lo debe de estar pasando mal en Berlín, con lo que me gusta a mí Berlín. Pero es otra vida. "Los maridos se van a trabajar, los hijos al colegio, y nosotras...". "No sigas, te entiendo", le dije.
Hoy la tengo bien cerquita, en mi barrio, el centro de meditación (¿mundial?) en el día de hoy. Yo ya lo sabía que lo es desde hace tres años y medio, los que llevo aquí, pero era un secreto que no he compartido con nadie. El hecho de que medite yo en mi hogar, en el que se oye el silencio, no tiene repercusiones mundiales sino personales, pero que en MI barrio se organice un encuentro de meditación de yoga no deja de sorprenderme. Cuando hace tres semanas me volvió a llamar y me dijo "No te vas a creer dónde es el curso, ¡en tu barrio!", me empecé a reír. Con lo grande que es Hamburgo me sorprendió, pero al colgar me dije que ciertamente esto debe ser la capital de la meditación. Y esta mañana me solidaricé con ella y me di el madrugón, para desayunar juntas y acercarla al encuentro, pues creo que no iba a llegar muy "relajada" maldiciendo todo si hubiese ido andando con la que estaba cayendo. Al llegar y ver a tanta cantidad de gente vestida de blanco, algunos hasta con turbantes en la cabeza, no di crédito a mis ojos. Montones de taxis arrojaban meditadores profesionales en este barrio a las ocho menos veinte de la mañana, y todavía siguen en ello, hasta las seis de la tarde. "Vendré cansada", me ha anunciado, y me lo creo. Yo, con el sueño que tenía esta mañana le pregunté que si se puede uno dormir en esos encuentros, y me explicó que es imposible porque meditar es agotador y exige plena concentración. "Lo sé", dije. Debe ser un público especial el que se siente llamado a esos encuentros, mismo por el hecho de que al encuentro no era necesario apuntarse, y eso que solo hay dos en Alemania al año. "O sea, que pueden ir 10 ó 300", concluí, "¿pero qué ocurre si vienen 500 personas, algunas del extranjero como parece, y al llegar te dicen que lo sienten, que el cupo está lleno, qué haces, dices 'oooooooohmmmmm' y te vas tan 'relajado' a casa maldiciendo?" "Buena pregunta" me respondió.
Tengo mucha curiosidad por lo que me contará hoy cuando salga, tras diez horas meditando. Y encima le ha costado dinero tanta meditacion, cuando yo, si miro por la ventana y veo el diluvio con aires huracanados que tenemos desde hace dos días, medito gratis. Pero creo que a partir de ahora miraré este barrio mío con otros ojos, como centro mundial de algo.
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