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jueves, 26 de junio de 2014

Ilusiones alfabéticas

Tras haberme despertado hoy con una velita para soplar, mi hija mayor me ha dado una pequeña agenda con páginas dentadas por orden alfabético. Me pide que vaya escribiendo a partir de ya los lugares a los que me gustaría ir con ellas dos, mis hijas. No es un mal regalo. A mí me encanta soñar, y desde que la edad me dice que es el momento de ir cumpliendo algunos sueños, ahí iré dejando constancia de ellos. 

Al fin y al cabo qué es la vida si no un viaje largo e intenso en la que nos va creciendo el equipaje. Nacemos siendo una página en blanco que vamos rellenando. Al comienzo la rellenan nuestros padres por nosotros, con la forma de vida que te dan y que te cae, pues esto es como la lotería, y a partir de la adolescencia la empiezas a escribir tú mismo, sin orden alfabético, en un caos de vivencias, alegrías y desilusiones, sueños y chascos, y seguimos avanzando y llenando páginas, unas de color, y otras grises o negras. 

También me ha felicitado Lufthansa con un video en el que salen azafatas, pilotos, sobrecargos, y más personal en una de esas cintas de los aeropuertos para que camines rápido, todos ellos saludándome a través de la pantalla y más o menos que haciendo la conga y soplando matasuegras. Tampoco es para tanto, aunque al decirme el correo que "felicidades" y que tenían una sorpresa para mí, me imaginaba que me regalaban un vuelo o algo suculento en cualquier caso. 

Como las cosas no pasan porque sí, o eso es al menos lo que pienso, en mi último vuelo de hace dos semanas a Ginebra, volé haciendo escala en Bruselas. Da igual adónde me dirija en mi vida, todos los caminos parecen siempre conducir allí. Salimos con una hora de retraso, y era obvio que no iba a llegar a la conexión. Le pregunté amablemente a la azafata, y ésta me dijo que era muy justo, y que lo veía negro. Efectivamente aterrizamos a la hora a la que saldría mi vuelo. Entonces me dice a mí y a otro hombre que salgamos los primeros y  nos encontramos a un chico joven esperándonos con un coche en la pista a la puerta del avió. Nos montamos y tras sortear aviones y atravesar las pistas nos llevó a la puerta del otro vuelo. Le dimos las gracias y entramos riéndonos ante tanta eficacia, pero gastando bromas de que esperábamos que fuese el avión correcto. Lo era, y gracias a un pequeño retraso que tuvo ese vuelo por esperarnos, no lo perdí y llegué a Ginebra, tras la conexión más rápida que he tenido en mi vida y sin poner un pie en la terminal.

La misma situación dos días más tarde en el aeropuerto de Ginebra fue resuelta de otra manera. Estando en la sala de embarque dicen que los viajeros con conexiones a Hamburgo, Goteburgo, y no sé qué sitios más, salieran urgentemente a la zona de fuera, donde se compran de billetes. Corre que te corre, tuve que salir, ponerme en la cola, esperar un montón de tiempo, y me metieron en un vuelo directo a Hamburgo que salía dos horas más tarde, por lo que tuve que esperar y esperar, además de tener que pasar de nuevo los controles de seguridad. Cuando llegué a Hamburgo vi que el vuelo que yo debía haber cogido llegó a la vez que el mío, por lo que lo hubiese podido coger sin ningún problema. 

Yo lo vi muy claro esa misma noche: son dos filosofías diferentes de afrontar altercados. Los unos improvisan y los solucionan y los otros los solucionan también pero te complican. Definitivamente me quedo con la solución belga, y con la sonrisa del tipo que nos llevó a toda máquina por las pistas del aeropuerto y no las caras agrias de los suizos que por "ayudarnos" nos sacaron del vuelo pienso que sin motivo. 

Lo importante es llegar, lo sé, pero a mí me gusta mucho eso del camino que se hace al andar. 

domingo, 9 de febrero de 2014

¡Sorpresa!

España sigue siendo para los alemanes el destino número uno en el extranjero para sus vacaciones. Esto lo han confirmado cifras oficiales esta semana. La mayoría pasa sus vacaciones en la propia Alemania, pero de salir al extranjero, a España no la desbanca ni Italia, ni Turquía ni otro destino con sol. Eso deberíamos apreciarlo y aseguro, como he hecho otras veces, qque no solo van los turistas que solo quieren sol y emborracharse, sino que hay mucho interés por conocer otras regiones.
Por eso cuidemos nuestro patrimonio y todo lo bueno que tenemos, pues lo malo ya es conocido.

La imputación de la infanta es ya un éxito, y un lavado de imagen también hacia el exterior. Si acabase entre rejas más aún. A mí, como a la mayoría me da rabia que siga diciendo que "no sabía nada". También me subleva que los miembros de la corona hayan tenido a los medios de comunicación tan manipulados y controlados durante tantos años, y que hayan vendido una imagen tan falsa dentro y fuera del país. Por eso, la declaración ante el juez era más que necesaria para mostrar que por todo lo mucho que ha pasado en los últimos años, la sociedad española ha cambiado y mucho. No queremos representantes que siguen actuando como si de un sistema feudal se tratara y mientras no den pasos más claros aún, la desconfianza de la ciudadanía no va a mejorar nada, sino todo lo contrario. Debería abolirse la monarquía como sistema absurdo y fuera de contexto en el mundo actual. No entiendo por qué si las bodas de esa gente fue retransmitida con todo lujo de detalles, ahora muestran tan poca transparencia para algo que es más importante, pues ya no se trata de su vida privada, sino de la apropiación indebida de dinero público, y de aprovechamiento de su posición para creerse impune a todo. Ese es ya un grave delito, en mi opinión, y algo con lo que hay que acabar para siempre.
 
Los alemanes segurirán eligiendo España como su país favorito, salga lo que salga de la imputación, pues el sol, nuestras playas y nuestro patrimonio artístico no nos lo pueden robar los chorizos de turno, pero está en juego muchísimo. Hemos pasado de estar en estado de gracia a ser un país con muy mala imagen en cuanto a sus gobernantes y a sus representantes, los votados y los que no. Y aunque no nos creamos que la infanta va a acabar en la cárcel, es lo que deseamos como muestra de que la justicia es igual para todos; y vamos, que ni en el extranjero se lo creerían... Ojalá les demos una sorpresa. Vendrán más aún entonces si cabe.


miércoles, 30 de enero de 2013

Una aguja en un pajar

Hamburgo es la ciudad de los solteros. El 52 % de las viviendas de la ciudad están ocupadas por una sola persona, ojo al dato. Eso y que nunca se ha construido tanto como en España, hace que cuando se alquila un piso normalito y que más o menos se pueda pagar, vayan lo menos 30 personas a verlo. Que te lo den a ti es como que te toque la lotería. Continuamente sale en la prensa algo sobre la falta de viviendas cuyos alquileres sean aceptables para la mayoría.

Así que vas a ver una vivienda, dices que la quieres, y eso no significa que te la den. No sé en base de qué se rigen a la hora de elegir, pues se pueden permitir seleccionar con lupa al inquilino. Quizá el que más gane, el que sea más simpático, o el más serio, algo importante en Alemania. O no niños, otro punto importante, pues es una sociedad muy antiniños la germana, pues hacen ruido y molestan. Mejor animales.

El lunes vi el piso no ya de mis sueños, pero sí en el que puedo imaginarme vivir un buen trecho de mi vida, hasta que mis hijas se independicen por lo menos, y aquí eso es antes que en España. Yo he dicho que lo quiero, pero ahora no depende de mí. He vivido en diferentes barrios y casas a lo largo de mi vida, y puedo decir que a la larga lo mejor no es lo mejor, lo bonito no lo es tanto si tú no estás bien, y que la felicidad no depende de los metros cuadrados que tengas. Aquí la gente se cree eso, y con tal de tener más metros cuadrados se van a vivir lejísimos, teniendo que desplazarse largas distancias para ir a trabajar. Es muy normal que los chavales tengan un largo camino al instituto, y yo, sinceramente, no lo veo. He ido toda mi vida andando al colegio y al instituto, y pienso que es una gran ventaja.

La gente aquí no se compra casa tan joven, como en España. Sonará a chiste para todos los que ahora no se pueden independizar siquiera, pero es así desde siempre. Los jovenes se independizan en cuanto se ponen a estudiar o a trabajar, y alquilan durante muchos años. La pareja con su hija de 3 años que se va ahora del piso que yo quiero (y que espero que me den) es el caso típico: con un hijo sienten la llamada de un jardín, de una casa con terreno propio, y es el momento en el que muchos edifican algo más grande. Hay una frase que se dice en alemán: "Wir bauen gerade", "Estamos construyendo", como si fueran ellos los que ponen los ladrillos uno a uno. Pero es que es algo de lo que la gente, si llega el caso, está muy orgullosa, pues han esperado muchos años y creo que les ilusiona más tener un terreno propio que la casa. Muchos "edifican" algo con más de cuarenta. Y muchos otros alquilarán toda su vida. Por eso la falta de viviendas de alquiler para tanto soltero, estudiante, separados, etc.

Ayer en mi clase me reí mucho, pues cuando doy el tema de la familia hago siempre una actividad que yo llamo "Mi gente y yo". Les pido que hagan un esquema tipo: Hans, mi marido; Bruno, mi perro; Fritz, mi gato. Y efectivamente salen siempre cosas de lo más churriguerescas. "Hans es mi marido; Nico y Georg son los hijos de mi marido; Hannah es mi hija", o "Lukas es mi novio y Moritz es mi gato". Ayer salieron no sé cuantos conejos a relucir, gatos, perros.

En fin, que yo quiero una vivienda de precio aceptable, pero lo más importante para mí, cercana al instituto de mis hijas y con una buena infraestructura alrededor. El resto todo funcionará por sí solo, de eso me encargo yo. Pero sobre el tema de la vivienda espero que la constelación de planetas y estrellas me favorezcan en los próximos meses.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Malas noticias navideñas

Todos los años me vuelvo a preguntar por qué me meto en ese fregado, pero lo vuelvo a hacer, y hasta gustosa. Es la única costumbre alemana que sigo de las muchas que hay para celebrar con los niños a lo largo del año: los calendarios de Adviento. Y me he pasado casi tres horas de mi mañana, que aseguro que es muy breve, envolviendo paquetitos y colgándolos, escribiendo hojitas, y rellenando botita a botita, paquetito a paquetito, día a día. En fin, una tarea que se repite cada año y que muchas madres alemanas realizan estos días. En algunas tiendas hay mesas o espacios preparados en los que pone "ideas para el calendario de Adviento", como he visto yo en las últimas semanas, tan cuco como es el comercio.

Todo esto empezó a mediados del siglo XIX, en la tradición protestante, como una forma de ir contando los días hasta Nochebuena. Se colgaban dibujos en la pared, o se hacían 24 rayas en la misma, y los niños borraban día a día una. En el siglo XX aparecieron otros más sofisticados, en los que se podía ir pegando dibujitos, día a día, o abriendo ventanitas de las que saldría alguna imagen típica de la Navidad. En los años 50 aparecieron los de chocolate, en los que día a día se abre una ventanita, y sale una chocolatina.

La sofisticación (y consumismo) total es tal es que en los últimos años se envuelven 24 regalos y se cuelgan de algún sitio, o se colocan en bolsitas, o en alguna de las diversas posibilidades que ofrece la fantasía. La emoción es tal que, cuando llega Nochebuena, entristecen los niños (y los no tan niños) porque se acaba el calendario de Adviento, en vez de alegrarse de que llega la Nochebuena, y con ello el regalo gordo, ya que el día que se abre el último regalito es cuando se dan aquí los regalos.

Por eso estos días la conmoción ha sido total cuando la Stiftung Warentest, la organización de los consumidores alemanes financiada con dinero público y que desde los años 60 hace tests sobre artículos de toda índole, desde compresas o pañales a estadios de fútbol, ha analizado 24 calendarios de Adviento de chocolate. El resultado ha sido nefasto: los 24 contenían restos de petróleo que procederían del embalaje en el que se encuentran, de los colores de la caja o envoltorio, y tendrían efecto cancerígeno. Interesante la cifra, 24, y que todos ellos hayan dado un mal resultado, parece simbólico, o con tintes arma letal, teniendo en cuenta que en Alemania se venden cada año 50 millones de calendarios de Adviento de chocolate. A mí la cifra me acaba de quitar el hipo, pues yo no he comprado jamás ninguno, y menos los he consumido. El problema es que el chocolate reposa antes de su distribución y venta, y entonces las sustancias nocivas y cancerígenas, afectan al chocolate. Ayer varias personas en mis clases estaban consternadas por la noticia. Varios fabricantes,  algunos de renombre, han retirado sus calendarios del mercado. Empiezan mal las Navidades.

Entre eso y que no había mula ni buey en el portal de Belén, según ha dicho el Papa recientemente, nos van a aguar las fiestas. Menos mal que Benedicto XVI ha confirmado que la Virgen María era vírgen, que si no...

domingo, 4 de marzo de 2012

El puerto de los sueños

¡Cómo habré tardado tanto tiempo en ir! Hay sitios a los que cuando vamos, pensamos que debimos haber ido antes. Eso me ha pasado hoy en un museo interesantísimo que hay en Hamburgo, y que no recibe la publicidad debida. Es el museo de la emigración, la BallinStadt, o la 'ciudad de Ballin', cuyo lema es "Port of dreams", el puerto de los sueños, nada menos. Se trata de un complejo de tres edificios iguales en un lugar muy espacioso, al lado del Elba. Abrió sus puertas en 2007, más de 100 años después de la puesta en marcha de este proyecto, único en su día.

De 1901 hasta los años 30, salieron de Hamburgo millones de emigrantes al Nuevo Mundo. En los tres pabellones reconstruidos se pueden ver documentos, fotos e historias personales de gente que llegaba a Hamburgo de otras partes de Alemania y del este de Europa para iniciar el viaje hacia una nueva vida. A Hamburgo se le llama la "puerta al mundo", algo que me parece siempre una frase de los exagerados hamburgueses que se creen que viven en el centro del mundo. Pero en este punto toma su significado real la frase, porque desde aquí salieron 5 millones de personas en barco, dejando atrás Europa, Alemania y Hamburgo, en un largo viaje de la BallinStadt, en Hamburgo, a Ellis Island, Nueva York. Antes de partir, en estos pabellones arreglaban los últimos papeleos antes de lanzarse a la aventura de su nueva vida, y el museo recuerda todo esto.

Antes de crearse esta ciudad dentro de la ciudad, los que llegaban a Hamburgo para salir desde el puerto, se quedaban en otra zonas, y no se les trató muy bien. Incluso se les acusó de propagar el cólera que en 1892 hizo estragos, aunque fuese debido a la insalubridad de la ciudad. Como se cerraron las fronteras para los emigrantes, las navieras temían pérdidas en su negocio. Albert Ballin, director general de Hapag, propuso al Senado hacerse cargo de los gastos del control médico de los emigrantes en la frontera, para lo que además hizo construir una ciudad en la isla del Elba Veddel para los emigrantes, en la que pudieran tramitar todas las formalidades antes de su partida. La ciudad de los emigrantes funcionaba a la perfección: allí no solo podían dormir y comer, sino realizar los controles médicos, los papeleos, o rezar, ...incluso había una iglesia católica una protestante y una sinagoga. Se les realizaban tests, y el que no los pasase, no podía subirse al barco. Lo triste son los testimonios de los que llegaron, y que el barco, que el museo recrea muy bien, era la sociedad misma: los pasajes de primera, los de segunda y los de tercera. Tras pasar la Estatua de la Libertad, un testimonio refleja la decepción de que los pasajeros de primera salieran por la puerta grande del barco y los otros tuviesen que sufrir otros controles exhaustos y no pudieran salir hasta una noche después por lo menos.

El museo cuenta casos concretos de gente buscando su suerte al otro lado del mundo, y si lo consiguieron o no, historias tristes, historias de esperanza, y todo en un escenario muy cuidadosamente presentado, con baúles y maletas por todas partes, llenas de documentos, objetos personales, y mucha ilusión. El museo ofrece además la posibilidad de buscar a antepasados que se fueron desde este lugar y tiene una base de datos impresionante. Había varias personas de habla inglesa buscando sus raíces, supongo. Tristemente leo ahora que el museo ha sido criticado por no recibir el número de visitas que esperaban. El negocio, como siempre. Espero que los que lean esto y puedan, acudan a verlo, pues es un testimonio real de gentes en busca de una vida mejor, algo muy legítimo entonces y ahora, de la manera que uno lo desee. http://www.ballinstadt.de/

viernes, 27 de enero de 2012

Destinos exóticos

Escribo de Madagascar como podría hacerlo de cualquier otro sitio exótico. Madagascar es ese lugar que de repente se me ha instalado en la mente y al que he decidido que me gustaría ir, simplemente por un árbol. Me gustan los baobabs, y no lo sabía hasta hace un año. Me gusta lo seco, y es un árbol que lo parece, sin hojas, y me encantan las leyendas que explican lo inexplicable, o lo que es porque sí, y no hay ni que cuestionarse. Cuenta la leyenda que Dios se enfadó con el insaciable baobab, porque almacenaba más agua que otros árboles, y como castigo lo sacó de la tierra, y lo puso raíces arriba, que desde ese día pasaron a formar la corona de este árbol, y justo ése es el aspecto del baobab. El año pasado vi por primera vez uno, y no recuerdo dónde fue (creo que debo ir a Madagascar antes de que el paso de los años me hagan olvidar por qué quería ir a Madagascar), pero sí que recuerdo haberles dicho a mis hijas: "mirad, un baobab, el primero que veo en mi vida".

Y hace poco me cayó en las manos en el suplemento de viajes del periódico local un artículo sobre esa isla africana y hablaban de ese país y de su naturaleza y de los baobabs, y me entraron ganas. No sé si iré jamás, y de hecho lo dudo, pero ahí queda el propósito, de la misma manera que me gustaría ir alguna vez a Japón o a China. Admito que soy sobre todo viajera europea, y nada aventurera, y hasta ahora, y salvo EE.UU., no he pisado países lejanos, pero todo es cuestión de ponerse. Recomiendan vacunarse contra la malaria para ir a Madagascar, y eso, junto con el vuelo de 16 horas, es lo que me espanta. Las temperaturas medias anuales de 25°C compensarían en cualquier caso.

Quizá me atraen esas fotos de árboles secos, los tonos dorados al sol, esa imagen que me parece muy exótica, acostumbrada como estoy a ver árboles frondosos de mayo a octubre, y abetos todo el año. Verde y más verde, y por contraste a esa imagen de Madagascar con el cielo azul, y los colores cálidos del atardecer. Viajar es algo maravilloso, y es muy fácil desplazarse con la mente a mundos lejanos y exóticos, e inalcanzables en muchos casos. Eso es también viajar, sentir la llamada de lo lejano, y tratar de imaginarnos las sensaciones que se podrán vivir allí. Y pienso en la Avenida de los Baobabs, cuya existencia desconocía hasta hace nada, como símbolo de esos muchos sitios maravillosos del mundo que nos perdemos.

Ahora mismo aquí está nevando, la primera nevada de este invierno tan normalito, y a punto estoy de subirme a un avión, hoy hacia un destino nuevo para mí en Europa. No tiene baoabs, pero sí hombres que llevan faldas sin nada debajo. ¡Si no es exotismo eso!

miércoles, 11 de enero de 2012

Muy bien dicho

Aprovecho el agotamiento tras un intenso día para cederle hoy el paso a un artículo que me gustó muchísimo el otro dia, y que no quería dejar de compartir. Es el artículo de opinión de Elvira Lindo publicado el domingo en El País. Siempre hay alguien que expresa mil veces mejor lo que a uno le gustaría decir, y por eso lean Los niños son monárquicos, que clava la situación actual, en la que todos opinan y pocos respetan, en la que la intolerancia acampa a sus anchas, y en la que se confunde justicia con espectáculo. Léanlo si no lo han hecho todavía, pinchando aquí.

martes, 13 de diciembre de 2011

Estoy entusiasmada

A veces las soluciones vienen solas, y de la manera más práctica que hayamos imaginado. Hoy a la una y algo, cuando nos bajábamos del coche mi hija y yo al volver de recogerla del cole, mi vecina de al lado hacía lo mismo con su hija, y en ese momento pronunció la frase mágica: "Natalia, ven a ver lo que tenemos en casa", con voz de misterio... Mi hija se acercó, entró y muda se quedó cuando vio a un perrito precioso, un cachorrillo de 8 semanas que vive con ellos desde ayer. La "marca" del perro no sé cuál es (yo llamo así a las razas), pero es monísimo, la verdad. Mi hija me abrazó hasta a mí de la emoción que tenía al verlo, y le cogió, lo acarició y estuvo un rato con él. Al entrar en nuestra casa ambas, me pregunta: "Mamá, ¿nos compras un perro?". Y mi respuesta sigue siendo "NO".

Pero me encanta el perro de los vecinos, todo hay que decirlo, y lo que significa. Es como tener perro sin tenerlo. Mis hijas podrán acariciarlo, cuidarlo si los otros niños se lo dejan alguna tarde que no estén, jugar con él, pasearlo y limpiar sus excrementos  y lo que quieran, y todo esto sin gastos ni de comida, ni de veterinario, ni preocupación de con quién dejarlo cuando nos vamos de vacaciones, ni de tener que pagar un hotel para perros. Todo genial.

Los vecinos ya me solucionaron el "problema" de la cama elástica. Mis hijas querían una y yo decía todo el rato que no, hasta que los vecinos les compraron una a sus hijos. Plantaron una en el jardín, y mis hijas pueden saltar cuando quieran. Es estupendo, sobre todo comprobar que lo de la cama elástica es una emoción para un rato, pero tampoco están todo el día saltando, y yo no tengo que montarla ni desmontarla, ni preocuparme de si niños extraños se parten la crisma, como mi hija, que se partió un brazo saltando en una cama elástica en otra casa. Ahora solo falta que los vecinos se compren conejos, y entonces otro asunto solucionado, pues el tema conejo, aunque remite tras unos meses muy machacones en los que pusieron a su padre de su parte y estuvieron incluso informándose frente a mi voluntad de dama de hierro con estos temas, es un tema muy candente en esta casa.

Ahora mismo se encuentran en la casa vecina, atendiendo al perro, y yo pienso en el Deus ex machina de las obras de teatro: ese ser o personaje que resuelve la trama de una manera imprevista, y todo cae por su propio peso. Aparece el imprevisto, el 'Dios fuera de la máquina' que sale de ella, y me soluciona el cacao. Qué maravilla.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La "catedral" de los hamburgueses

Hay templos y templos, unos de culto y otros de diversión. En Hamburgo las fronteras entre el culto, lo sagrado y la fiesta son fließend, como se llama aquí a lo que se solapa sin claros límites. Es por eso que no tenemos catedral, como sería lo propio con tantas iglesias importantes como tiene la ciudad, ya que la principal de las protestantes se llama simplemente por su nombre, St. Michaelis, y no es catedral, y la principal de los católicos si que se llama Mariendom, la catedral de Santa María, de la que muchos hamburgueses desconocen su existencia, me atrevería a decir, y su importancia reside en el hecho de ser la sede del arzobispado de Hamburgo, pero nada más.

La verdadera catedral por ser además así llamada es el Hamburger Dom, la catedral hamburguesa. El Dom ocupa la esplanada donde se encontraba la catedral de la ciudad hasta 1805, pero la derribaron, y siguió su función de mercado, que tenía lugar delante de ella, que, con el paso de los años, acabó convirtiéndose en una verbena o parque de atracciones no permanente. Es todo un culto a la diversión, con montañas rusas gigantes, y atracciones para los no miedicas, puestos infinitos de comida, dulce o salada, mezcla de olores, sabores y gente de toda clase. La noria gigante preside la fiesta durante las semanas en las que tiene lugar la fiesta, y se puede acceder al recinto de 1,6 kilómetros de largo desde varias puertas luminosas. Se instala tres veces al año, siempre durante un mes, en primavera, verano y en noviembre/diciembre, la edición que incluye la decoración navideña y un mercado de Navidad.

Nunca me ha gustado especialmente, pero ayer disfruté de la visita como nunca. No sé si fue por el cielo, que estaba precioso con motitas de nubes, en este noviembre de lo más luminoso que he visto aquí jamás, o si porque me fijé en cosas que no había distinguido otras veces en las que todo me pareció más igual. Desde luego que merece la pena pasarse, y ayer me gustó hacerlo de día y noche, es decir, que al ir todavía de día se disfruta del panorama diurno, y al anochecer de las luces. Estaba lleno como nunca, pero la sensación no es nunca de agobio, pues cabemos todos. Los que como yo no se montan en nada, pueden pasear igual, y eso es gratis: no hay que pagar nada para entrar, solo si te montas en algo. Lo difícil es no cunsumir, entre Schmalzkuchen, unos buñuelos pequeñitos deliciosos, las almendras garrapiñadas, salchichas, patatas, fritangas de todo tipo, pescado y comida internacional. Me gusta por ser un escaparate de Hamburgo, de Alemania, y de la sociedad, y porque estos sitios tan maravillosamente horteras y estridentes nos gustan a todos, por mucho que digamos.