Pasó San Valentín. No es un día que me importe por lo que significa sino por otras cosas, entre ellas el lenguaje. Me llama la atención en mis clases de español la confusión que les producen nuestros términos para expresar amor o afinidad a algo. Creo que se les quedan cortos. A ver, nosotros decimos que algo nos gusta; si nos gusta mucho mucho, que nos encanta, y si nos apasiona, diremos quizá que lo amamos. En alemán algo te puede gustar (gefallen, mögen), pero si te gusta mucho muchísimo, directamente lo amas (lieben). Puedes decir que "amas la paella" (que en realidad significa que te encanta), o que amas a tus hijos, y eso sí que es amor. Antes explicaba en clase que nosotros, si decimos "te quiero", estamos ya en el top de sentimientos. Por supuesto que podemos decir "te amo", les expliqué, pero eso nos suena a algo más cursi y nos lo reservamos para las películas tipo "Lo que el viento se llevó", y "Romeo y Julieta". Claro que "amamos" también, por ejemplo la música y las artes, y entonces queremos decir que estamos sentimos con el corazón con ellas, o amamos la tierra que nos vio nacer, o el aire que respiramos. Pero decirle a alguien "te amo", o menos aún decir que "amo nadar" nos suena a demasiado.
Me resulta curioso toparme con tanto carácter nuestro en la lengua. Precisamente los alemanes, que parecen más distanciados de todo, son los que "aman" tanto y nosotros nos conformamos con "querer". Para el caso es lo mismo, efectivamente, pero es que ellos no se lo acaban de creer. También tenemos el verbo "adorar", para amar, pero nuestro favorito sigue siendo un simple "Te quiero". Por qué decir más cuando con lo simple el mensaje llega igual, clarito, sencillo, y el resto de cosas nos encantan, pues el amor también es un proceso de encantamiento y embrujo, mismamente si es por la tortilla de patata o los churros.
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martes, 18 de febrero de 2014
lunes, 11 de febrero de 2013
Habemus turistas
He vuelto agotada pero contenta de hacer bien a la patria y a la causa común. Si ayer leí que España es el segundo país elegido como destino de vacaciones por los alemanes después de la propia Alemania, hoy lo he podido comprobar. Después van Italia, Turquía, Francia... Pero del extranjero nosotros los primeritos. Les gustamos, nuestro país, nuestras playas, el sol, el vino tinto, el jamón, las tapas. Hoy he empezado un curso con 21 personas ávidas de sol, playa, islas y tapas, y que quieren aprender español, pues se prometen mejores vacaciones aún si hablan el idioma. Siempre pregunto en clase que por qué aprenden español: para las vacaciones, dice la mayoría; a otros simplemente les gusta nuestra lengua. Hoy me han dicho que suena a sol, a vacaciones y a temperamento.
Así que me he vuelto contentísima, tras decirles además que vayan todos en tropel, que lo necesitamos, cada euro. Que consuman, que compren, que coman, que beban. El turismo alemán a España no va a bajar este año, lo aseguro, o al menos ésa es mi impresión. Y yo haré todo lo que pueda porque vayan bien preparados. Si a estos 21, les sumo el resto de los más de 50 que pasan por mis otros cursos cada semana, los profesores de español en el extranjero somos máquinas elaboradoras de turistas castellanoparlanchines. Por tanto apago la luz tras un largo día, agotada, pero contenta. Esto no hay quien lo pare, al menos sus ganas de ir pa' España. Otra cosa es cómo se merman las cifras de estudiantes de español en cuanto la cosa se complica. Al menos para viajar el euro es lo que prima y no el conocimiento de la lengua. Ya no "habemus Papam" alemán pero seguimos teniendo al turista alemán, que es más valioso.
Así que me he vuelto contentísima, tras decirles además que vayan todos en tropel, que lo necesitamos, cada euro. Que consuman, que compren, que coman, que beban. El turismo alemán a España no va a bajar este año, lo aseguro, o al menos ésa es mi impresión. Y yo haré todo lo que pueda porque vayan bien preparados. Si a estos 21, les sumo el resto de los más de 50 que pasan por mis otros cursos cada semana, los profesores de español en el extranjero somos máquinas elaboradoras de turistas castellanoparlanchines. Por tanto apago la luz tras un largo día, agotada, pero contenta. Esto no hay quien lo pare, al menos sus ganas de ir pa' España. Otra cosa es cómo se merman las cifras de estudiantes de español en cuanto la cosa se complica. Al menos para viajar el euro es lo que prima y no el conocimiento de la lengua. Ya no "habemus Papam" alemán pero seguimos teniendo al turista alemán, que es más valioso.
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jueves, 9 de agosto de 2012
La carta de amor
En mis años como española en Alemania, me han preguntado muchas veces que cómo se escribía o decía esto o lo otro en español, me han pedido ayuda con reservas de hotel, me han pedido escribir alguna felicitación, pero lo de hoy nunca. Hoy me ha llegado el correo de una alumna mía pidiéndome que le corrigiese una carta de amor a su marido. Ambos están en una de mis clases, y siempre me maravillo de lo enamoradísimos que están durante la clase: él la rodea con el brazo, ella le mira embelesada, si uno falta el otro también (hay matrimonios que aunque falte uno el otro viene, faltaría más). Siempre cuentan orgullosos que están casados de segundas nupcias, y hablan de su colección de hijos (común no tienen ninguno), los de ella, los de él. De vacaciones se llevan a alguno de la colección, los más pequeños. Y ahora cumplen 10 años de casados y a ella se le ha ocurrido escribirle en español lo mucho que le quiere y lo feliz que es a su lado. Y ahí entro yo... A mí me parece que estoy más veces de la cuenta donde nadie me llama, pero como su profesora que soy, se trata de un asesoramiento lingüístico, y me siento orgullosa de haberles concienciado a todos en clase de la importancia de escribir bien. Así que me ha mandado hoy su carta, para que se la corrija. Como le he dicho antes al devolvérsela, es lo más bonito que he corregido jamás. Suelo corregir de todo: redacciones sobre vacaciones, postales, textos sobre temas más serios. ¿Pero una carta de amor? ¿Y en primera persona? No voy a entrar ni en el contenido, por respeto, ni en algunos pequeños errores, como cuando le dice que es su "marido favorito", algo que, siceramente, he dejado, pues ¿por qué no?, aunque podría parecer que tiene más. Pero el mensaje estaba claro, y me ha parecido tan bonito y yo he entendido perfectamente lo que quería decir: que como él ninguno.
Ay el amor. Tema espinoso. Si ya es difícil ser romántico en tu propia lengua, y más tras 10 años casados, más lo es en una extranjera. A mí me cuesta en todas, pues ser sentimental y sensible no equivale a ser romántico. Eso o lo eres o no lo eres. Para los que no lo sepan, la lengua alemana se presta mucho para el amor y tiene formas muy bonitas de expresar las cosas. Lástima que muchos se crean que es una lengua dura, pues no es el caso. Me daba la sensación por eso, que lo que le había escrito a su marido hubiese sonado más bonito en alemán, pero ésa es mi impresión. A ella le parecerá al revés: mejor en español. Ahora me ha dado las gracias, diciéndome que es una empollona, pero que se ha dado cuenta de que tiene que aprender más gramática. Si al final va a ser mi lema: no se trata de las florituras ni de las palabras que elijamos, sino de la fluidez, de que salgan y tomen sentido, aunque suenen como un pequeño zarpazo a veces.
Ahora pienso en ésos que ejercían antiguamente escribiendo cartas de amor para los que no sabían escribir. Cartas de amor por encargo: qué poder tienes en tus manos. Puedes escribir lo que quieras y liarla. Pero es difícil hacer algo así y no sucumbir ante tanto sentimiento y sinceridad de corazón. Olé por la carta. Pueden mandarme más. Creo que lo incluiré en mis clases como ejercicio. Normalmente en vacaciones les "sugiero" que me manden una postal desde su lugar de vacaciones, y siempre llegan unas cuantas y tengo una buena colección. A lo mejor ahora les pido que les escriban a la parienta o al novio una carta de amor en español. No es un mal ejercicio para reflexionar.
Ay el amor. Tema espinoso. Si ya es difícil ser romántico en tu propia lengua, y más tras 10 años casados, más lo es en una extranjera. A mí me cuesta en todas, pues ser sentimental y sensible no equivale a ser romántico. Eso o lo eres o no lo eres. Para los que no lo sepan, la lengua alemana se presta mucho para el amor y tiene formas muy bonitas de expresar las cosas. Lástima que muchos se crean que es una lengua dura, pues no es el caso. Me daba la sensación por eso, que lo que le había escrito a su marido hubiese sonado más bonito en alemán, pero ésa es mi impresión. A ella le parecerá al revés: mejor en español. Ahora me ha dado las gracias, diciéndome que es una empollona, pero que se ha dado cuenta de que tiene que aprender más gramática. Si al final va a ser mi lema: no se trata de las florituras ni de las palabras que elijamos, sino de la fluidez, de que salgan y tomen sentido, aunque suenen como un pequeño zarpazo a veces.
Ahora pienso en ésos que ejercían antiguamente escribiendo cartas de amor para los que no sabían escribir. Cartas de amor por encargo: qué poder tienes en tus manos. Puedes escribir lo que quieras y liarla. Pero es difícil hacer algo así y no sucumbir ante tanto sentimiento y sinceridad de corazón. Olé por la carta. Pueden mandarme más. Creo que lo incluiré en mis clases como ejercicio. Normalmente en vacaciones les "sugiero" que me manden una postal desde su lugar de vacaciones, y siempre llegan unas cuantas y tengo una buena colección. A lo mejor ahora les pido que les escriban a la parienta o al novio una carta de amor en español. No es un mal ejercicio para reflexionar.
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martes, 7 de agosto de 2012
Expresiones inexplicables
Hoy vuelvo a mis clases, y ya llevo todo el día con mis elucubraciones lingüísticas. ¿Por qué se llama el "salto de cama" así? Será porque todas las mujeres tenemos uno y saltamos cuales gacelas de la cama por la mañana, y tenemos tiempo de enfundarnos en nuestro más sexy salto de cama antes de salir zumbando al trabajo, a llevar a los críos al cole, o lo que sea. ¿Pero y las que no nos levantamos saltando sino lentas lentas y maldiciendo el despertador y nos vestimos de inmediato?
Y luego el "brazo de gitano". Cada vez que veo uno en España pienso en quién sería el ocurrente que lo llamó así, y por qué. Acabo de ver varias teorías: que si es por la forma, por el color moreno del bizcocho... No sé yo.
Pero eso es como unos dulces aquí que se llaman Negerküsse, o 'besos de negro'. Son una masa dulce, blandita y blanca cubierta de chocolate. Intentaron cambiarle el nombre, por no ser políticamente correcto, pero otros no han tenido éxito, y yo sigo oyendo la palabra.
Una palabra que hay que explicar muy bien a los alemanes porque les parece insultante es la de minusválidos. En mis clases casi paso bochorno cuando sale, por las caras de indignación que me ponen.
Yo dándole vueltas a estas cosas, y mi hermana me dice por el WhatsApp cuando le cuento del comienzo de mis clases: "Y media España de siesta y chiringuito". Sí, cierto. No me lo recuerden. Pero aquí, como diluvia a ratos todo el día, algo hay que hacer.
Al que se le ocurran más palabrejas o expresiones de este tipo, que me las haga saber. Así ahora con las prisas no se me ocurren más, pero las hay. No hay nada más divertido que pensar en el lenguaje. Animo a hacerlo.
Y luego el "brazo de gitano". Cada vez que veo uno en España pienso en quién sería el ocurrente que lo llamó así, y por qué. Acabo de ver varias teorías: que si es por la forma, por el color moreno del bizcocho... No sé yo.
Pero eso es como unos dulces aquí que se llaman Negerküsse, o 'besos de negro'. Son una masa dulce, blandita y blanca cubierta de chocolate. Intentaron cambiarle el nombre, por no ser políticamente correcto, pero otros no han tenido éxito, y yo sigo oyendo la palabra.
Una palabra que hay que explicar muy bien a los alemanes porque les parece insultante es la de minusválidos. En mis clases casi paso bochorno cuando sale, por las caras de indignación que me ponen.
Yo dándole vueltas a estas cosas, y mi hermana me dice por el WhatsApp cuando le cuento del comienzo de mis clases: "Y media España de siesta y chiringuito". Sí, cierto. No me lo recuerden. Pero aquí, como diluvia a ratos todo el día, algo hay que hacer.
Al que se le ocurran más palabrejas o expresiones de este tipo, que me las haga saber. Así ahora con las prisas no se me ocurren más, pero las hay. No hay nada más divertido que pensar en el lenguaje. Animo a hacerlo.
jueves, 5 de julio de 2012
Tarragona existe
Nunca había estado de vacaciones en la provincia de Tarragona, en la Costa Dorada, y la verdad es que estoy encantada. Al comentar que venía para acá, muchos me decían que no habían estado nunca. Creo que la provincia de Tarragona no es de los destinos que antes se le ocurren a uno a la hora de elegir playa. Para los de Madrid nos quedan más cerca las playas de Levante, y éstas entran ya en el ámbito de viaje "largo". El caso es que no es para tanto, y una vez superada la pereza mental que me dan los viajes de coche más largos de cuatro horas, aquí nos plantamos el sábado pasado.
De paso quedaron a lo lejos Benicassim, Oropesa, y otros lugares con sus torres de apartamentos, que a mí me espantan bastante. Por eso, al llegar a L'Ametlla de Mar, me alegré de que este sitio sea tan desconocido (yo no había oído el nombre jamás) que por eso las masas se van a otra parte. Lo que le falta a la zona son playas gigantes y de ahí su encanto. Son calas y playas pequeñas, muy cuidadas, entre barrancos y pinos, pero con duchas, buena accesibilidad, aparcamientos. Vale, supongo que en agosto esto estará más lleno, pero tampoco tienen la infraestructura de interminables bloques de apartamentos, así que no será para tanto. Hay mucha gente del lugar, pues lo que más se oye es el catalán, y de los idiomas guiris se lleva la palma el francés. También hay belgas, holandeses, y algún que otro alemán, diría que los que menos.
La gente es muy amable. Me encanta oír catalán. Me hubiese gustado ser bilingüe desde que nací, pues que te regalen dos idiomas al nacer, en vez de uno, es todo un regalo para toda tu vida. Las cuatro veces que he estado en Cataluña me he encontrado la mar de a gusto. Pueden estar orgullosos de lo que tienen los catalanes, pienso. En estas vacaciones me están entrando ganas de aprender catalán, que sumaré a la lista de los múltiples idiomas que me gustaría aprender(les ahorro mi lista) . Tengo un gran amigo, mi compañero de pupitre en el instituto, que se sacó el título de catalán de la Escuela Oficial de Idiomas, y al que le dedico el post de hoy. Me gustaría saber cuántos castellanohablantes realizan esa proeza, puesa todos nos parece mucho más atrayente aprender inglés o alemán. Pero pienso que es un gesto sin igual de acercamiento y quizá se podría ofrecer como optativa en los colegios clases de las otras lenguas de nuestro país. Hoy más que nunca nos estamos dando cuenta de cómo el euro, que parecía hacernos europeos a todos, al venirse abajo está logrando un mayor distanciamiento entre los países europeos. Siento pavor cuando oigo hablar con odio hacia los alemanes, como si ellos fuesen los culpables de la situación actual española. De la misma manera se me ponen los pelos como escarpias cuando los alemanes se creen que ellos son los únicos que trabajan en toda Europa y el resto estuviese todo el día durmiendo la siesta o tomando tapas.
Más que nunca debemos tener la mente abierta a todo lo desconocido, y no creernos que todos han de hablar nuestra lengua o sentir como nosotros. Mi hija me dijo al volver de la playa que había aprendido la palabra "culo" en catalán, culet, me dijo. Todo saber es importante. Así que me despido con un bona tarda para todos. En L'Ametlla de Mar amenaza tormenta. Esta mañana caían gotitas pero eso no amedrenta a una española-hamburguesa, pues ya pilláramos este "mal tiempo" en Alemania en verano. Aún así pudimos ir a la playa, y el mar, que estaba embravecido al llegar, se fue calmando, según salió el sol y dio paso a un día normal de playa. Cómo me gusta el "mal" tiempo aquí. Pero ya me voy por otros derroteros, así que lo dicho, bona tarda d'estiu.
De paso quedaron a lo lejos Benicassim, Oropesa, y otros lugares con sus torres de apartamentos, que a mí me espantan bastante. Por eso, al llegar a L'Ametlla de Mar, me alegré de que este sitio sea tan desconocido (yo no había oído el nombre jamás) que por eso las masas se van a otra parte. Lo que le falta a la zona son playas gigantes y de ahí su encanto. Son calas y playas pequeñas, muy cuidadas, entre barrancos y pinos, pero con duchas, buena accesibilidad, aparcamientos. Vale, supongo que en agosto esto estará más lleno, pero tampoco tienen la infraestructura de interminables bloques de apartamentos, así que no será para tanto. Hay mucha gente del lugar, pues lo que más se oye es el catalán, y de los idiomas guiris se lleva la palma el francés. También hay belgas, holandeses, y algún que otro alemán, diría que los que menos.
La gente es muy amable. Me encanta oír catalán. Me hubiese gustado ser bilingüe desde que nací, pues que te regalen dos idiomas al nacer, en vez de uno, es todo un regalo para toda tu vida. Las cuatro veces que he estado en Cataluña me he encontrado la mar de a gusto. Pueden estar orgullosos de lo que tienen los catalanes, pienso. En estas vacaciones me están entrando ganas de aprender catalán, que sumaré a la lista de los múltiples idiomas que me gustaría aprender(les ahorro mi lista) . Tengo un gran amigo, mi compañero de pupitre en el instituto, que se sacó el título de catalán de la Escuela Oficial de Idiomas, y al que le dedico el post de hoy. Me gustaría saber cuántos castellanohablantes realizan esa proeza, puesa todos nos parece mucho más atrayente aprender inglés o alemán. Pero pienso que es un gesto sin igual de acercamiento y quizá se podría ofrecer como optativa en los colegios clases de las otras lenguas de nuestro país. Hoy más que nunca nos estamos dando cuenta de cómo el euro, que parecía hacernos europeos a todos, al venirse abajo está logrando un mayor distanciamiento entre los países europeos. Siento pavor cuando oigo hablar con odio hacia los alemanes, como si ellos fuesen los culpables de la situación actual española. De la misma manera se me ponen los pelos como escarpias cuando los alemanes se creen que ellos son los únicos que trabajan en toda Europa y el resto estuviese todo el día durmiendo la siesta o tomando tapas.
Más que nunca debemos tener la mente abierta a todo lo desconocido, y no creernos que todos han de hablar nuestra lengua o sentir como nosotros. Mi hija me dijo al volver de la playa que había aprendido la palabra "culo" en catalán, culet, me dijo. Todo saber es importante. Así que me despido con un bona tarda para todos. En L'Ametlla de Mar amenaza tormenta. Esta mañana caían gotitas pero eso no amedrenta a una española-hamburguesa, pues ya pilláramos este "mal tiempo" en Alemania en verano. Aún así pudimos ir a la playa, y el mar, que estaba embravecido al llegar, se fue calmando, según salió el sol y dio paso a un día normal de playa. Cómo me gusta el "mal" tiempo aquí. Pero ya me voy por otros derroteros, así que lo dicho, bona tarda d'estiu.
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martes, 29 de mayo de 2012
Es cuestión de cómo decirlo
A veces las madres somos unas blandengues, aunque no se nos note. Yo he estado a punto esta noche de acceder a la petición de mi hija. Ella simplemente ha pronunciado un deseo, y mi comprensión ha sido enorme: "Yo quiero estar mala mañana y no ir al cole". El motivo son los juegos juveniles no olímpicos, pero sí en varias disciplinas, que tienen lugar en todo el territorio nacional una vez al año. El colegio se transforma en un torneo deportivo, y los niños tienen que ir al cole ese día con su tarterita, algo de beber, y punto. Puede ser que muchos niños ansíen que llegue ese día durante todo el año, pero mis hijas no. Según se acerca la fecha oigo frases como "jooo, no quiero ir", "no me apetece", "me parece mal que me obliguen a participar", "no me gusta tener que saltar y hacer pruebas delante de todo el mundo y menos hacerlo mal delante de tanta gente". Y cuando antes ha dicho que quiere estar mala, reconozco que por un instante se me ha pasado por la cabeza dejarla en casa e inventarme algo. Pero como le he preguntado "mañana solo tienes esa competición, ¿no?", la mayor, que ya pasó por el suplicio un par de ocasiones, me miró amenazante y dijo ".... no irás a dejarla en casa...? Que vaya, igual que tuve que ir yo siempre". Y entonces, ante la inquisición, me volvió el "deber" de madre, ante otra hija que pide igualdad de trato y justicia. Pues no se hable más, a la competición toca. Por suerte yo no voy a ir, a pesar del llamamiento que hacen siempre a madres que vayan a ayudar, a organizar las competiciones, a animar, a apoyar, a preparar, a recoger. Y mis hijas siempre muestran toda compresión por su parte hacia mí, y me dicen que entienden perfectamente que no quiera ir y que tenga cosas más importantes que hacer. Pero de la misma manera yo entiendo que ellas odien tal evento. A no todos les gusta ponerse en evidencia. Como a mi tampoco mostrando signos de blandura.
De lo que se trata es de cumplir con las expectativas. A mí, mi hija, que prefiere hablar en alemán conmigo a menudo me dice "pesá", tal cual, ni siquiera "pesada", sino apocopado, lo que le debe sonar a lo más que me puede decir para expresar lo que siente cuando les digo las cosas. Y muchas veces me doy cuenta de que en momentos clave utilizan el castellano, para ponerme firme a mí. De vez en cuando también la pequeña cuando la regaño, me dice "¿y qué?", así, en cristiano. Y es que sabe muy bien elegir las frases en todo momento, al igual que analizar lo que decimos los demás. Ella me dice siempre que mi frase favorita es "a mí me va a dar algo...", o siendo bien pequeñita dije yo "Esto es el..." y no me dio tiempo a terminar la frase y ella dijo "... colmo". También dice que la palabra favorita de la abuela es "coño", pero que cuando ella se lo recuerda, la abuela dice "que no, que he dicho coñe". Y el abuelo dice "leche", o "me cago en la leche", apunta mi hija.
Pues a mí me dan ganas de decirle que sí, que y qué, que no pasaría nada si no fuese, nada de nada, pero que como soy una "pesá" tengo que cumplir con mi labor y obligarla a ir, pues coño, para eso estamos en Alemania, y aquí estas competiciones con público multitudinario matutino no son moco de pavo, y que leche, que no se esfuerce si no quiere en esas cosas, pues a mí lo que me interesa es el rendimiento en el cole, porque por lo que a mí me va a dar algo es porque todas estas cosas parecen siempre más importantes que lo mal que escribe la media de los niños de tercero en este país. Es que es el colmo que encima tenga que ocultar siempre mi verdadera opinión.
De lo que se trata es de cumplir con las expectativas. A mí, mi hija, que prefiere hablar en alemán conmigo a menudo me dice "pesá", tal cual, ni siquiera "pesada", sino apocopado, lo que le debe sonar a lo más que me puede decir para expresar lo que siente cuando les digo las cosas. Y muchas veces me doy cuenta de que en momentos clave utilizan el castellano, para ponerme firme a mí. De vez en cuando también la pequeña cuando la regaño, me dice "¿y qué?", así, en cristiano. Y es que sabe muy bien elegir las frases en todo momento, al igual que analizar lo que decimos los demás. Ella me dice siempre que mi frase favorita es "a mí me va a dar algo...", o siendo bien pequeñita dije yo "Esto es el..." y no me dio tiempo a terminar la frase y ella dijo "... colmo". También dice que la palabra favorita de la abuela es "coño", pero que cuando ella se lo recuerda, la abuela dice "que no, que he dicho coñe". Y el abuelo dice "leche", o "me cago en la leche", apunta mi hija.
Pues a mí me dan ganas de decirle que sí, que y qué, que no pasaría nada si no fuese, nada de nada, pero que como soy una "pesá" tengo que cumplir con mi labor y obligarla a ir, pues coño, para eso estamos en Alemania, y aquí estas competiciones con público multitudinario matutino no son moco de pavo, y que leche, que no se esfuerce si no quiere en esas cosas, pues a mí lo que me interesa es el rendimiento en el cole, porque por lo que a mí me va a dar algo es porque todas estas cosas parecen siempre más importantes que lo mal que escribe la media de los niños de tercero en este país. Es que es el colmo que encima tenga que ocultar siempre mi verdadera opinión.
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lunes, 21 de mayo de 2012
El lenguaje según los pueblos
Bueno, pues todos siguen preocupados por los jugadores del Bayern, que recibirán, de necesitarlo, tratamiento psicológico, antes de que se incorporen el viernes a entrenar junto con los otros jugadores de la selección alemana, ya concentrados en el sur de Francia. Y si no, siguen todos diciendo, le toca hacer el resto al seleccionador nacional, Joachim Löw, y ponerles en el diván. Muy mal perder tienen estos chicos del Bayern, ni que fuesen los primeros en sufrir una derrota así, la que se ha liado. Pero se acerca la Eurocopa, y como aquí se analiza y se analiza todo, en la radio y por todas partes siguen hablando de si el rendimiento de estos pobrecillos sufrirá por la derrota, y más y más. Yo por si acaso iré sacando y "planchando" mi camiseta de la selección, la roja, en la que invertí el año pasado el dinero que me dan siempre por mi cumpleaños mis padres. Fue una buena inversión, en los tiempos que corren, con visión de futuro, y pienso dar clase con ella puesta en cuanto empiece el campeonato. Ésta la amortizo yo bien, ahora que el pabellón futbolístico español está tan alto y nos podemos dejar ver con orgullo en el campo y con la camiseta puesta el resto de los españoles.
Los que no se atreven a pasear su orgullo por las playas griegas son los alemanes. Las reservas de los alemanes para viajar a Grecia están estancadas y en mínimos para este verano. La pregunta es si tienen miedo a que les traten mal, o si no van por haber perdido todo el interés, por sentir rabia de estar mandando dinero a Grecia y no querer dejarse ni un duro más. El sector turístico en Grecia está asustado por lo que esto implica. Ni siquiera descuentos de hasta un 20% animan a ir. El ligero aumento que hubo antes de las elecciones griegas se ha parado de golpe tras el resultado de las mismas. Los que pierden no son los mayoristas y agencias de viajes, sino Grecia, pues los turistas alemanes que irían a Grecia eligen ahora España o Turquía. Triste para un país que lo necesita ahora más que nunca.
Y yo me pregunto en qué medida todas estas derrotas, miedos, estereotipos o clichés, marcarán el lenguaje en el futuro. Llevo días reflexionando sobre las expresiones que tienen todas las lenguas con nacionalidades o las que se refieren a otros pueblos, y que muestran relaciones o miedos de antaño. Los españoles nos hacemos los suecos (aunque en realidad viene de la palabra zueco), contamos cuentos chinos, nos despedimos a la francesa, nos engañan como chinos, nos cogemos una kurda, buscamos cabeza de turco, no queremos ser hijos de la gran bretaña, hablamos en cristiano, nos ponemos flamencos (no tiene que ver con el baile sino con Flandes), bebemos como cosacos, los alemanes nos parecen cabezas cuadradas, hacemos las cosas si no hay moros en la costa, pedimos el oro y el moro, nos ponemos en fila india, hacemos el indio, sudamos tinta china, o engañamos a alguien como un chino. A los alemanes, lo que les parece raro les parece "español", lo que no entienden son "pueblos de Bohemia", pueden ser orgullosos como un español. Los ingleses pagan a la holandesa cuando cada uno paga lo suyo, lo que no entienden, les suena a griego, tampoco les gustan los que se despiden a la francesa, mientras que para los franceses, son los ingleses los que se despiden así; a los americanos no le gustan los regalos a la manera india, en plan de los que quitan lo que dan, y podría seguir, si supiera más idiomas y más expresiones así, pues más no se me ocurren. Nosotros tenemos montañas rusas que no están en Rusia, y comemos ensaladilla rusa. Mi vecina rusa me confirmó hace tiempo que existe una ensalada así en Rusia, pero es sin atún. La llave inglesa en inglés no lleva esta nacionalidad. Y si nos metemos en temas más escabrosos los besos con lengua son los franceses en inglés, y más técnicas de sexualidad por nacionalidades no voy a comentar..
Lo que sí que está claro es que si ni en estas cosas nos ponemos de acuerdo a la hora de adjudicar nacionalidades a las expresiones, como para hacerlo en cualquier temita más serio. Pero en 30 años sería interesante ver si toda la situación actual nos ha proporcionado nuevas expresiones. Me atrevo a pronosticar que sí.
Los que no se atreven a pasear su orgullo por las playas griegas son los alemanes. Las reservas de los alemanes para viajar a Grecia están estancadas y en mínimos para este verano. La pregunta es si tienen miedo a que les traten mal, o si no van por haber perdido todo el interés, por sentir rabia de estar mandando dinero a Grecia y no querer dejarse ni un duro más. El sector turístico en Grecia está asustado por lo que esto implica. Ni siquiera descuentos de hasta un 20% animan a ir. El ligero aumento que hubo antes de las elecciones griegas se ha parado de golpe tras el resultado de las mismas. Los que pierden no son los mayoristas y agencias de viajes, sino Grecia, pues los turistas alemanes que irían a Grecia eligen ahora España o Turquía. Triste para un país que lo necesita ahora más que nunca.
Y yo me pregunto en qué medida todas estas derrotas, miedos, estereotipos o clichés, marcarán el lenguaje en el futuro. Llevo días reflexionando sobre las expresiones que tienen todas las lenguas con nacionalidades o las que se refieren a otros pueblos, y que muestran relaciones o miedos de antaño. Los españoles nos hacemos los suecos (aunque en realidad viene de la palabra zueco), contamos cuentos chinos, nos despedimos a la francesa, nos engañan como chinos, nos cogemos una kurda, buscamos cabeza de turco, no queremos ser hijos de la gran bretaña, hablamos en cristiano, nos ponemos flamencos (no tiene que ver con el baile sino con Flandes), bebemos como cosacos, los alemanes nos parecen cabezas cuadradas, hacemos las cosas si no hay moros en la costa, pedimos el oro y el moro, nos ponemos en fila india, hacemos el indio, sudamos tinta china, o engañamos a alguien como un chino. A los alemanes, lo que les parece raro les parece "español", lo que no entienden son "pueblos de Bohemia", pueden ser orgullosos como un español. Los ingleses pagan a la holandesa cuando cada uno paga lo suyo, lo que no entienden, les suena a griego, tampoco les gustan los que se despiden a la francesa, mientras que para los franceses, son los ingleses los que se despiden así; a los americanos no le gustan los regalos a la manera india, en plan de los que quitan lo que dan, y podría seguir, si supiera más idiomas y más expresiones así, pues más no se me ocurren. Nosotros tenemos montañas rusas que no están en Rusia, y comemos ensaladilla rusa. Mi vecina rusa me confirmó hace tiempo que existe una ensalada así en Rusia, pero es sin atún. La llave inglesa en inglés no lleva esta nacionalidad. Y si nos metemos en temas más escabrosos los besos con lengua son los franceses en inglés, y más técnicas de sexualidad por nacionalidades no voy a comentar..
Lo que sí que está claro es que si ni en estas cosas nos ponemos de acuerdo a la hora de adjudicar nacionalidades a las expresiones, como para hacerlo en cualquier temita más serio. Pero en 30 años sería interesante ver si toda la situación actual nos ha proporcionado nuevas expresiones. Me atrevo a pronosticar que sí.
martes, 8 de mayo de 2012
Es que...
No me he ido a ninguna parte, y aquí sigo. Es que no he encontrado los momentos de paz necesarios para escribir. Es que no he parado. Es que había siempre algo más importante que hacer. Es que Shakira se interpuso entre el blog y yo (ya contaré esto esta semana). Es que la migraña mensual vuelve a jorobar. Es que se han ido los duendes de mi casa, no los de la inspiración, que esos, todo lo contrario, van a explotar un día, sino los duendes laboriosos. Es que hemos vuelto al cole, no sé ya por qué vez vamos este curso. Es que estamos en mayo, y sigue haciendo frío, y no entro en calor, y ya no puedo ver más las botas, y eso que son mi calzado favorito. Es que Sarkozy me ponía de los nervios, cada vez que ponía a España como ejemplo de a lo que llegará Francia de ganar Hollande. Es que el St. Pauli no ha subido a primera ni el Hamburgo ha bajado a segunda.
Excusas. Por eso me encanta el "Es que..." y así lo explico en las clases de español: que por supuesto que lo que justifiquemos con "Es ques" son todas muy buenas razones y excusas, pero que nos estamos justificando, y si la razón es buena del todo, no necesitamos un "es que". En ese caso dices que no lo has hecho por esto, por esto y por lo otro, y ya está. Pero el "es que" es como decir "ni yo me lo creo del todo como excusa". Es como cuando en alemán dices eigentlich, 'en realidad': Eigentlich ist er nett = 'En realidad es majo'. Si es majo de verdad no dices ese "en realidad", con el que tratas de autoconvencerte de lo contrario.
Es que aunque nunca se me olvida el post que tengo en mente, sí que a veces me puede todo lo demás, hasta yo misma. Es que a veces estoy tan espesa, que miedo me da lo que pueda salir por este teclado. Es que hay días en los que no necesitaría un blog, sino cuatro, para ventilar motores. Es que a veces me tienta ponerme demasiado seria. Es que los que escribimos por placer, tenemos nuestros momentos de desmotivación pues nos parece que lo que hacemos no sirve para nada. Es que a lo mejor nos cansamos de reírnos de todo, porque aunque lo sigamos haciendo, la risa se torna en amargura. Es que por mucho blog que sea, no deja de ser una actividad paralela a mil otras. Es que jamas se dejan de tener sueños. Es que... no hay "es ques", porque escribir, y cada vez me doy más cuenta, es lo que más me gusta hacer, aunque a veces no tenga el tiempo que necesito para ello. Es que hay que sacar el tiempo de donde sea. Jamás estuve tan cerca de tanta gente como desde que escribo, y eso si que no tiene ni "es ques" ni precio. Gracias por la paciencia de todos los que entran en mi blog una y otra vez cuando hay pausas, buscando algo nuevo. Me alientan en todo momento, y es cuando me doy cuenta de que, tal y como cuento en clase, los "es ques" son excusas muy pobres.
Excusas. Por eso me encanta el "Es que..." y así lo explico en las clases de español: que por supuesto que lo que justifiquemos con "Es ques" son todas muy buenas razones y excusas, pero que nos estamos justificando, y si la razón es buena del todo, no necesitamos un "es que". En ese caso dices que no lo has hecho por esto, por esto y por lo otro, y ya está. Pero el "es que" es como decir "ni yo me lo creo del todo como excusa". Es como cuando en alemán dices eigentlich, 'en realidad': Eigentlich ist er nett = 'En realidad es majo'. Si es majo de verdad no dices ese "en realidad", con el que tratas de autoconvencerte de lo contrario.
Es que aunque nunca se me olvida el post que tengo en mente, sí que a veces me puede todo lo demás, hasta yo misma. Es que a veces estoy tan espesa, que miedo me da lo que pueda salir por este teclado. Es que hay días en los que no necesitaría un blog, sino cuatro, para ventilar motores. Es que a veces me tienta ponerme demasiado seria. Es que los que escribimos por placer, tenemos nuestros momentos de desmotivación pues nos parece que lo que hacemos no sirve para nada. Es que a lo mejor nos cansamos de reírnos de todo, porque aunque lo sigamos haciendo, la risa se torna en amargura. Es que por mucho blog que sea, no deja de ser una actividad paralela a mil otras. Es que jamas se dejan de tener sueños. Es que... no hay "es ques", porque escribir, y cada vez me doy más cuenta, es lo que más me gusta hacer, aunque a veces no tenga el tiempo que necesito para ello. Es que hay que sacar el tiempo de donde sea. Jamás estuve tan cerca de tanta gente como desde que escribo, y eso si que no tiene ni "es ques" ni precio. Gracias por la paciencia de todos los que entran en mi blog una y otra vez cuando hay pausas, buscando algo nuevo. Me alientan en todo momento, y es cuando me doy cuenta de que, tal y como cuento en clase, los "es ques" son excusas muy pobres.
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martes, 17 de abril de 2012
Uffffffff
Uffffffff. Así podría titularse esta entrada, así se titula de hecho, y podría dejar este post hoy tan solo con ese sonido solo, tal cual. Lo difícil sería adivinar por qué lo digo, así que lo explico. Con esa sensación salgo siempre de un curso de principiantes la primera tarde, luego ya no. Pero la situación es la siguiente: 21 desconocidos que quieren aprender español, tres horas de clase. Ufffffff. La cosa no es tan dramática, por supuesto, me río un montón, les tomo y me toman el pelo, y creo que rompo el hielo de inmediato, pero es cuestión de pereza mental, antes del curso, y luego salgo agotada, pero con la sensación de que el primer día de clase es mi día de show woman, que si acaso quise ser una entretenedora televisiva, ése es mi día, ése es mi público, y ésa es mi tarde de gloria.
Es el momento de desmontar mitos y clichés, algo que me encanta. El español no es fácil, y me falta decir "el que piense eso, que se vaya ahora mismo". Por supuesto que no lo digo, pero me lo dijeron ellos, y es que a mí me cogen confianza rápido. Será por las tres horas vendiéndoles el producto. Y eso ocurre solo el primer día. Me siento como en teletienda: "la h no se pronuncia", "¿ah, no?" y parecen decir, "pues que nos devuelvan nuestro dinero". Aún así todavía alguno dice "jermano", con una j suave, y les recuerdo que tienen que aceptar el producto, con todas las taras. Ya cuando salen la b y la v, en ese momento se les viene el mundo abajo. "¿Que no se pronuncian de manera diferente?" "no nos fastidien: ¿no se dice vfffffffvino?" Y yo, "que no". Y luego surgen las preguntas "inteligentes", con las que hay que herniarse un poquito. Hoy ha sido que si el verbo expresa género, que si cuando digo "me llamo", si lo dice igual un hombre o una mujer. Por suerte una está curada de espanto y tiene tablas, y por suerte sé que los japoneses así lo hacen. Una conocida me comentó una vez que se llevaba a su hijo medio año a Japón para que aprendiese la forma masculina de la lengua, pues como lo había aprendido solo de la madre, hablaba solo con la variante de mujer, mientras que en japonés la morfología de la lengua es distinta si habla un hombre o una mujer. Curiosísimo, pensé entonces. Y estas historias valen su peso en oro, pues me sirven para poder responder. Siguiente pregunta. ¿"Vegetal", como es que no se pronuncia [veguetal]?" La cosa les empieza a preocupar. Lo malo es que estas inquietudes siguen durante todo el aprendizaje. Ayer, en una clase, cuando dije que en español tenemos dos palabras para la palabra Fisch, pez y pescado, dependiendo de si nada todavía o está en el plato, una me salta: "Pero entonces por qué se dice "pez espada"? Tendría que llamarse "pescado" espada?". "Es que ahí hablamos de nombres de peces", dije, "tú puedes decir que comes pescado en general, pero luego dirás que comes lenguado o pez espada". Momento de tensión interna a los que debo responder sin pestañear o que atisben un ápice de duda en mí. De la misma manera no tengo reparo en decirles que ciertas cosas son inexplicables, pero no se lo digo tal cual, si no que les pregunto que por qué en alemán se dice esto y lo otro. Silencio por respuesta.
Yo me río un montón con estas cosas (aunque a veces no tanto), y les hago reír. Les muestro que al aprender una lengua, has de olvidarte de las reglas de tu idioma, porque te moverás en otro mundo para el que, ante todo, tenemos que dejar la mente libre y abierta. Yo desde luego que me deshago en abrirles al mundo del español desde el primer día. Vendo el producto muy bien, pero creo que se van a su casa agotados, tras tres horas viendo que no es lo que se imaginaban. ¿Es que ir a aprender un idioma no es sentarte en clase y aprenderlo por obra y gracia del espíritu santo? Yo soy la prueba de que no, pero de que a la vez se puede, y con muy buenos resultados, pero les reitero que aprender una lengua es una carrera de fondo, y de largo recorrido. "Espero veros a todos la próxima semana..." Uffffff.
Es el momento de desmontar mitos y clichés, algo que me encanta. El español no es fácil, y me falta decir "el que piense eso, que se vaya ahora mismo". Por supuesto que no lo digo, pero me lo dijeron ellos, y es que a mí me cogen confianza rápido. Será por las tres horas vendiéndoles el producto. Y eso ocurre solo el primer día. Me siento como en teletienda: "la h no se pronuncia", "¿ah, no?" y parecen decir, "pues que nos devuelvan nuestro dinero". Aún así todavía alguno dice "jermano", con una j suave, y les recuerdo que tienen que aceptar el producto, con todas las taras. Ya cuando salen la b y la v, en ese momento se les viene el mundo abajo. "¿Que no se pronuncian de manera diferente?" "no nos fastidien: ¿no se dice vfffffffvino?" Y yo, "que no". Y luego surgen las preguntas "inteligentes", con las que hay que herniarse un poquito. Hoy ha sido que si el verbo expresa género, que si cuando digo "me llamo", si lo dice igual un hombre o una mujer. Por suerte una está curada de espanto y tiene tablas, y por suerte sé que los japoneses así lo hacen. Una conocida me comentó una vez que se llevaba a su hijo medio año a Japón para que aprendiese la forma masculina de la lengua, pues como lo había aprendido solo de la madre, hablaba solo con la variante de mujer, mientras que en japonés la morfología de la lengua es distinta si habla un hombre o una mujer. Curiosísimo, pensé entonces. Y estas historias valen su peso en oro, pues me sirven para poder responder. Siguiente pregunta. ¿"Vegetal", como es que no se pronuncia [veguetal]?" La cosa les empieza a preocupar. Lo malo es que estas inquietudes siguen durante todo el aprendizaje. Ayer, en una clase, cuando dije que en español tenemos dos palabras para la palabra Fisch, pez y pescado, dependiendo de si nada todavía o está en el plato, una me salta: "Pero entonces por qué se dice "pez espada"? Tendría que llamarse "pescado" espada?". "Es que ahí hablamos de nombres de peces", dije, "tú puedes decir que comes pescado en general, pero luego dirás que comes lenguado o pez espada". Momento de tensión interna a los que debo responder sin pestañear o que atisben un ápice de duda en mí. De la misma manera no tengo reparo en decirles que ciertas cosas son inexplicables, pero no se lo digo tal cual, si no que les pregunto que por qué en alemán se dice esto y lo otro. Silencio por respuesta.
Yo me río un montón con estas cosas (aunque a veces no tanto), y les hago reír. Les muestro que al aprender una lengua, has de olvidarte de las reglas de tu idioma, porque te moverás en otro mundo para el que, ante todo, tenemos que dejar la mente libre y abierta. Yo desde luego que me deshago en abrirles al mundo del español desde el primer día. Vendo el producto muy bien, pero creo que se van a su casa agotados, tras tres horas viendo que no es lo que se imaginaban. ¿Es que ir a aprender un idioma no es sentarte en clase y aprenderlo por obra y gracia del espíritu santo? Yo soy la prueba de que no, pero de que a la vez se puede, y con muy buenos resultados, pero les reitero que aprender una lengua es una carrera de fondo, y de largo recorrido. "Espero veros a todos la próxima semana..." Uffffff.
domingo, 13 de noviembre de 2011
La verdadera globalización
Ayer tuve el placer por segundo año consecutivo de acudir al Mercado de los Pueblos, una feria de artesanía de todo el mundo que organiza una vez al año el Museo de Etnografía de Hamburgo. Estos días se ha celebrado su 25 edición, y yo no supe de su existencia hasta el año pasado. Es probable que lo visite ya siempre, pues ese museo me dice mucho más así, con arte en vivo y personas de esos pueblos, ya que la etnografía es más que objetos expuestos en vitrinas y paneles de museo. Se oía mucho español por todas las salas, pues Latinoamérica estaba muy representada, aunque sea por el espacio que ocupan en el mundo. Y en un puesto vi unas postales muy bonitas en tela con la inscripción "Bésame mucho" y parte del estribillo y hablé con la que las hace. Le compré una, de la gracia que me hizo pues justo estos días he preparado la canción para cantarla en mis clases, no por un ataque de cursilería, sino porque una alumna me la ha pedido, y como no quiero imponerles siempre yo las canciones, decidí cumplirle el deseo, y la cantaremos próximamente, porque como he investigado estos días, es una de las canciones más cantadas en habla hispana. Fue escrita en 1940 por la compositora mexicana Consuelo Velázquez cuando tenía 16 años, y sin haber recibido un beso de amor (aunque a saber...). Y no es una canción ligada a un cantante concreto sino que ha muchos la han cantado. No sé por qué yo la asocio a Los Panchos, y ésa es la que les voy a meter en mis clases, aunque haya versiones de los Beatles, Plácido Domingo y muchos más, pues Los Panchos son globales en el mundo latino.
Pero ahí estaba la canción, sobre la mesa, ahí estaba mi lengua, por todo el museo, y anteriormente en un restaurante de Hamburgo en el que comí con mi hija. El camarero, muy joven, nos oyó hablar español y se dirigió a nosotras con un acento de lo más nativo: se había críado en Mallorca, me dijo, y fue a un colegio español, como niño alemán que era, y hasta me habló en catalán. El mallorquín no lo hablaba, me dijo. Me habló de las dificultades que supuso para él cuando impusieron la enseñanza en catalán, y que las clases de inglés eran surrealistas para él: había que traducir del inglés al catalán, y él lo hacía al castellano y luego al alemán. Ahora está estudiando en Hamburgo, de donde es su madre, porque está haciendo uno de esos aprendizajes de los que hay aquí miles y de los que en España no hay ninguno, por desgracia. Me habló asustado de la situación de sus amigos españoles, buscando trabajo y sin alternativas. Pero él lo tenía muy claro: cuando acabe el aprendizaje en Alemania volverá a España, me contó, no necesariamente a Mallorca, pero aquí no se quiere quedar. No le gusta la antipatía de la gente y el vivir tan cerrados a los otros como hacen.
Y la tarde anterior, en el primer día de frío mortal de este invierno (ya estamos con heladas por las noches y de día como máximo a 4°C) por fin hice lo que debería haber hecho hace 21 años: comprarme unas botas para la nieve, pero es que he tardado todos estos años en encontrar unas que me gusten (me encanta el "es que", y siempre explico en mis clases que hay una especie de disculpa tonta en esa expresión). Pero "es que" no hay calzado más antiestético que botas para la nieve, y nada más antihumano que la nieve. Pero las vi en el escaparate, y entré. La vendedora estaba también convencida de que eran las ideales, y cuando le digo que soy española y que me ha costado decidirme a comprarme unas botas así, de repente se me pone a hablar en español: "anda, yo también". Es hija de españoles, nacida aquí, y hablaba perfectamente. Y a continuación me mostró toda orgullosa toda la ropa y bolsos que trae de España para su tienda.
Pensamos que la globalización son las tiendas de Zara o Camper por el mundo, pero en realidad es otra cosa: es darte cuenta de que todos somos seres globales hoy día, en cuanto salimos de las fronteras y proyectamos lo que llevamos dentro a cualquiera, de que una muchachita mexicana consiguió en 1940 un éxito global, y de que hablar español es algo verdaderamente maravilloso. Te une, cuando menos te lo esperas, con gente por todo el mundo, y están en todas partes.
Pero ahí estaba la canción, sobre la mesa, ahí estaba mi lengua, por todo el museo, y anteriormente en un restaurante de Hamburgo en el que comí con mi hija. El camarero, muy joven, nos oyó hablar español y se dirigió a nosotras con un acento de lo más nativo: se había críado en Mallorca, me dijo, y fue a un colegio español, como niño alemán que era, y hasta me habló en catalán. El mallorquín no lo hablaba, me dijo. Me habló de las dificultades que supuso para él cuando impusieron la enseñanza en catalán, y que las clases de inglés eran surrealistas para él: había que traducir del inglés al catalán, y él lo hacía al castellano y luego al alemán. Ahora está estudiando en Hamburgo, de donde es su madre, porque está haciendo uno de esos aprendizajes de los que hay aquí miles y de los que en España no hay ninguno, por desgracia. Me habló asustado de la situación de sus amigos españoles, buscando trabajo y sin alternativas. Pero él lo tenía muy claro: cuando acabe el aprendizaje en Alemania volverá a España, me contó, no necesariamente a Mallorca, pero aquí no se quiere quedar. No le gusta la antipatía de la gente y el vivir tan cerrados a los otros como hacen.
Y la tarde anterior, en el primer día de frío mortal de este invierno (ya estamos con heladas por las noches y de día como máximo a 4°C) por fin hice lo que debería haber hecho hace 21 años: comprarme unas botas para la nieve, pero es que he tardado todos estos años en encontrar unas que me gusten (me encanta el "es que", y siempre explico en mis clases que hay una especie de disculpa tonta en esa expresión). Pero "es que" no hay calzado más antiestético que botas para la nieve, y nada más antihumano que la nieve. Pero las vi en el escaparate, y entré. La vendedora estaba también convencida de que eran las ideales, y cuando le digo que soy española y que me ha costado decidirme a comprarme unas botas así, de repente se me pone a hablar en español: "anda, yo también". Es hija de españoles, nacida aquí, y hablaba perfectamente. Y a continuación me mostró toda orgullosa toda la ropa y bolsos que trae de España para su tienda.
Pensamos que la globalización son las tiendas de Zara o Camper por el mundo, pero en realidad es otra cosa: es darte cuenta de que todos somos seres globales hoy día, en cuanto salimos de las fronteras y proyectamos lo que llevamos dentro a cualquiera, de que una muchachita mexicana consiguió en 1940 un éxito global, y de que hablar español es algo verdaderamente maravilloso. Te une, cuando menos te lo esperas, con gente por todo el mundo, y están en todas partes.
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viernes, 11 de noviembre de 2011
¿Cómo está el mundo?
Esta semana he empezado todas mis clases con esta pregunta, no porque yo no sepa cómo está, que me asusta en realidad y mucho, pero sí para explicarles a mis alumnos de nuevo la diferencia entre "ser" y "estar: que no es lo mismo preguntar "¿Cómo es el mundo?" a "¿Cómo está el mundo?" Que con ambas preguntas se ve claramente la diferencia entre ambos verbos, que en alemán son solo uno. Y yo, en cinco cursos distintos, esperaba que me fuesen a contestar con cien mil asuntos por los que confirmar que el mundo está de pena. Y sí, salieron cosillas, como que hay una crisis económica, crisis políticas en varios países, que si Irán y la bomba atómica, pero poco más. Miraban la frase de "cómo está el mundo" con sus interrogaciones en la pizarra con cara de interrogarse ellos que a qué venía esa encerrona por mi parte. Quizá es porque aunque a mí no me lo parezca, el mundo está "como siempre", que fue la respuesta de uno, como diciendo "¡cómo va a estar!".
A mí me parece que está peor que nunca, entre la crisis económica y más, pongo como ejemplos Libia, Siria, Grecia, Italia....y puedo seguir nombrando, pasando a continuación a todas las miserias humanas, como que Iñaki Urdangarín tenga un millón de euros que no puede explicar. ¿De verdad que lo necesitan? Que la ciudadanía tenga que aceptar que un deportista llegue a ser un hombre de negocios de "tanto" éxito y que le lluevan los contratos por ser quién es, pasa dentro de lo admisible por ser quienes son, pero que le pillen como corrupto es el peor escaparate que le podían plantar a la Casa Real en tiempos de crisis, de indignados y de tantos mileuristas que no llegan a fin de mes.
Entonces si que será cierto que estamos como siempre, ni más ni menos. Viendo imágenes en la tele estos días de la serie sobre los Borgia, que no estoy siguiendo, he tratado de imaginar lo sórdido que era el mundo entonces. Pero tampoco hemos avanzado mucho si los principitos de hoy día siguen beneficiándose de ser quiénes son. Anoche, en la televisión alemana, retransmitieron en directo los premios Bambi, otorgados por la editorial Burda en diversas categorías, desde música o televisión a labores humanitarias. El premio de honor se lo dieron a Helmut Schmidt, el excanciller socialdemócrata que sigue siendo una persona muy respetada y que a sus 93 años puede opinar de todo por esa lucided tan analítica que parece faltarles a muchos políticos. En su discurso de agradecimiento por el premio dijo que saldremos de ésta porque no estamos peor de lo que hemos estado en otras épocas. Hizo alusión a los momentos más amargos de su carrera política: cuando no se doblegó ante el chantaje de la RAF, la organización terrorista que trató de hacer un jaque mate a su gobierno con el secuestro y asesinato de Hanns Martin Schleyer, el presidente de la patronal en 1977, para posteriormente recordar que Alemania tiene un deber moral hacia los otros europeos. No sé por qué creí oír una alusión a la guerra y otros momentos duros. Y que ahora toca esto: ayudar.
Efectivamente en cualquier época el mundo está de pena, y quizá mi pregunta en clase era un diagnóstico conocido, y en vez de interrogaciones, lo debí poner en signos de admiración, y no hubiese extrañado tanto.
A mí me parece que está peor que nunca, entre la crisis económica y más, pongo como ejemplos Libia, Siria, Grecia, Italia....y puedo seguir nombrando, pasando a continuación a todas las miserias humanas, como que Iñaki Urdangarín tenga un millón de euros que no puede explicar. ¿De verdad que lo necesitan? Que la ciudadanía tenga que aceptar que un deportista llegue a ser un hombre de negocios de "tanto" éxito y que le lluevan los contratos por ser quién es, pasa dentro de lo admisible por ser quienes son, pero que le pillen como corrupto es el peor escaparate que le podían plantar a la Casa Real en tiempos de crisis, de indignados y de tantos mileuristas que no llegan a fin de mes.
Entonces si que será cierto que estamos como siempre, ni más ni menos. Viendo imágenes en la tele estos días de la serie sobre los Borgia, que no estoy siguiendo, he tratado de imaginar lo sórdido que era el mundo entonces. Pero tampoco hemos avanzado mucho si los principitos de hoy día siguen beneficiándose de ser quiénes son. Anoche, en la televisión alemana, retransmitieron en directo los premios Bambi, otorgados por la editorial Burda en diversas categorías, desde música o televisión a labores humanitarias. El premio de honor se lo dieron a Helmut Schmidt, el excanciller socialdemócrata que sigue siendo una persona muy respetada y que a sus 93 años puede opinar de todo por esa lucided tan analítica que parece faltarles a muchos políticos. En su discurso de agradecimiento por el premio dijo que saldremos de ésta porque no estamos peor de lo que hemos estado en otras épocas. Hizo alusión a los momentos más amargos de su carrera política: cuando no se doblegó ante el chantaje de la RAF, la organización terrorista que trató de hacer un jaque mate a su gobierno con el secuestro y asesinato de Hanns Martin Schleyer, el presidente de la patronal en 1977, para posteriormente recordar que Alemania tiene un deber moral hacia los otros europeos. No sé por qué creí oír una alusión a la guerra y otros momentos duros. Y que ahora toca esto: ayudar.
Efectivamente en cualquier época el mundo está de pena, y quizá mi pregunta en clase era un diagnóstico conocido, y en vez de interrogaciones, lo debí poner en signos de admiración, y no hubiese extrañado tanto.
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miércoles, 26 de octubre de 2011
Causas, métodos y experimentos
Hoy me ha dicho una alumna que ella empezó a aprender español porque se enamoró de Paco Ibáñez y que quedó prendada de su música y que cantaba sus canciones sin saber lo que significaban. Me han dicho montones de motivos por los que aprender español, pero ése es sin duda el mejor hasta ahora. Hay diversos motivos para aprender español, por si no lo sabían: desde viajar, que sigue siendo el número uno, a un simple "porque me gusta la lengua", a "para ayudar a mis hijos con los deberes", o "porque necesito una tarde para mí, sin mis hijos", o "porque me aburre mi trabajo y necesito ejercitar mi cerebro algo", o Paco Ibáñez, como he oído hoy.
Siempre hago el sondeo el primer día de clase con un grupo, o cuando se me incorporan otros alumnos nuevos a los cursos que tengo hace tiempo. Porque me parece muy importante saber por qué la gente decide pasar dos o tres horas de su tiempo a las semana yendo a clase. Lo de los viajes es más que evidente, y la preferencia sigue siendo España, sobre todo el litoral o las islas; sin embargo aumentan los viajes a Cuba sobre todo, o a Argentina o Ecuador. Que les guste la lengua en sí, a mí eso me parece casi el mejor motivo. Yo siempre les digo que aprender un idioma "porque sí" es algo genial. Que te llame la atención una lengua sin pensar siquiera en ir al país o tener ningún motivo "práctico" me parece de lo más agradecido para esa lengua y sus hablantes. Y el motivo más tonto para mí es aprenderla para ayudar a tus hijos con los deberes, pero muy consecuente con la tontuna colectiva que profesan (o profesamos, vale) los padres hoy día. Si yo aprendo algo, que sea para mí, pienso, y no por creer a mis hijos incapaces de aprenderlo solo, y si aprendo un idioma que sea por placer, y no por obligación autoimpuesta.
Pues más interesante (aunque tampoco) quizá sería hacer un sondeo cuando dejan de venir a clase, y preguntarles que por qué han tirado la toalla, en muchos casos, tan pronto: ¿acaso no van a viajar más?, ¿o no cumple la lengua sus expectativas y no merece la pena?, ¿o es porque me frustro -como me dijo una vez una- porque mi hijo lo aprende más rápido que yo?; ¿o no será porque aprender una lengua supone trabajo y esfuerzo y muchísimas ganas de aprenderlo, que a veces no son tantas como se pensaban anteriormente? Una lengua no se aprende por el efecto del espíritu santo, aquél que hizo hablar a los discípulos en lenguas que ni ellos entendían (vamos, que suena a milagro, porque si no, los que estamos en esto, constatamos que no es posible.... o que me den ese método ya!).
Pero digamos que, como toda lengua, el español tiene sus intríngulis. Hoy he llevado a la desesperación a un grupo con un simple "ir" o "venir". El "vengo" cuando ellos dirían "voy", o al revés. Y eso mismo he hecho otras veces con el "por" y "para", "ser" y "estar", y otros temas morrocotudos que tenemos en nuestra lengua y ni nos percatamos. Como ha podido constatar alguien que ahora da clases también y que vio en mi casa hace meses una A gigante que yo uso en clase cada vez que me dicen "Voy en Italia", "Visito mi madre", "Encuentro mi hermana", "respondo mi padre", ella ha adoptado este "método", pues como me decía, los ingleses tampoco atinan con esa "a" de complemento. Y cuando me dijo también lo del los "anos", yo le dije que haga lo que yo: el primer día que me dicen unos cuantos "Yo tengo 21 anos", "yo tengo 45 anos", "yo tengo 60 anos", les explico lo que significa la palabra "ano", y desde ese momento no me vuelven a decir mal la palabrita. Es el famoso trial and error, como dicen los ingleses, el "prueba y error", que sigue siendo el mejor método, y la paciencia, claro. O si no las palabrotas que les he enseñado hoy, por primera vez, porque me insistían mucho. Ésas seguro que se las aprenden bien. Cuando he puesto en la pizarra "cagarse en", uno me ha dicho: "anda, si es reflexivo". Y me empecé a reír, pues otras veces, cuando les hablo de verbos reflexivos me miran con una cara... Pero a veces funciona.
Siempre hago el sondeo el primer día de clase con un grupo, o cuando se me incorporan otros alumnos nuevos a los cursos que tengo hace tiempo. Porque me parece muy importante saber por qué la gente decide pasar dos o tres horas de su tiempo a las semana yendo a clase. Lo de los viajes es más que evidente, y la preferencia sigue siendo España, sobre todo el litoral o las islas; sin embargo aumentan los viajes a Cuba sobre todo, o a Argentina o Ecuador. Que les guste la lengua en sí, a mí eso me parece casi el mejor motivo. Yo siempre les digo que aprender un idioma "porque sí" es algo genial. Que te llame la atención una lengua sin pensar siquiera en ir al país o tener ningún motivo "práctico" me parece de lo más agradecido para esa lengua y sus hablantes. Y el motivo más tonto para mí es aprenderla para ayudar a tus hijos con los deberes, pero muy consecuente con la tontuna colectiva que profesan (o profesamos, vale) los padres hoy día. Si yo aprendo algo, que sea para mí, pienso, y no por creer a mis hijos incapaces de aprenderlo solo, y si aprendo un idioma que sea por placer, y no por obligación autoimpuesta.
Pues más interesante (aunque tampoco) quizá sería hacer un sondeo cuando dejan de venir a clase, y preguntarles que por qué han tirado la toalla, en muchos casos, tan pronto: ¿acaso no van a viajar más?, ¿o no cumple la lengua sus expectativas y no merece la pena?, ¿o es porque me frustro -como me dijo una vez una- porque mi hijo lo aprende más rápido que yo?; ¿o no será porque aprender una lengua supone trabajo y esfuerzo y muchísimas ganas de aprenderlo, que a veces no son tantas como se pensaban anteriormente? Una lengua no se aprende por el efecto del espíritu santo, aquél que hizo hablar a los discípulos en lenguas que ni ellos entendían (vamos, que suena a milagro, porque si no, los que estamos en esto, constatamos que no es posible.... o que me den ese método ya!).
Pero digamos que, como toda lengua, el español tiene sus intríngulis. Hoy he llevado a la desesperación a un grupo con un simple "ir" o "venir". El "vengo" cuando ellos dirían "voy", o al revés. Y eso mismo he hecho otras veces con el "por" y "para", "ser" y "estar", y otros temas morrocotudos que tenemos en nuestra lengua y ni nos percatamos. Como ha podido constatar alguien que ahora da clases también y que vio en mi casa hace meses una A gigante que yo uso en clase cada vez que me dicen "Voy en Italia", "Visito mi madre", "Encuentro mi hermana", "respondo mi padre", ella ha adoptado este "método", pues como me decía, los ingleses tampoco atinan con esa "a" de complemento. Y cuando me dijo también lo del los "anos", yo le dije que haga lo que yo: el primer día que me dicen unos cuantos "Yo tengo 21 anos", "yo tengo 45 anos", "yo tengo 60 anos", les explico lo que significa la palabra "ano", y desde ese momento no me vuelven a decir mal la palabrita. Es el famoso trial and error, como dicen los ingleses, el "prueba y error", que sigue siendo el mejor método, y la paciencia, claro. O si no las palabrotas que les he enseñado hoy, por primera vez, porque me insistían mucho. Ésas seguro que se las aprenden bien. Cuando he puesto en la pizarra "cagarse en", uno me ha dicho: "anda, si es reflexivo". Y me empecé a reír, pues otras veces, cuando les hablo de verbos reflexivos me miran con una cara... Pero a veces funciona.
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jueves, 21 de julio de 2011
Pitarraca
Se trata de una nueva creación de mi hija, que al tratar de repetir la palabra "tiparraca", le salió ésa: "pitarraca". Cuando oyó anoche el nombre de Angela Merkel en el telediario de la noche, preguntó que qué decían de ella. Mi madre respondió tan natural: "Ésa es una tiparraca", a lo que la peque preguntó: "pitarraca, ¿qué es pitarraca?". Imposible para una cría que no vive en este país conocer la riqueza de términos despectivos de nuestra lengua. Entre los chorizos y las tiparracas, no da abasto para aprender nuevas palabras o acepciones de las que ya conoce.
Toda vacación aquí le es muy productiva a mis hijas, por lo muchísimo que se llevan consigo. Me refiero al bagaje no solo lingüístico sino cultural. Cada estancia aquí les da para ver el mundo con sus ojos de alemanas, y de españolas en Alemania. Las dos primeras semanas ya han dado para espantarse por los Sanfermines y decir ante las imágenes de la televisión que no lo entienden, y al ver luego a los toros con las banderillas desear que embistan y maten a cada torero que hace tal barbaridad. Luego se espantan por ver el trato a los animales en los pueblos sobre todo. También se ríen mucho cuando la gente dice que hace "frío" este verano. Han apretado las temperaturas hoy, eso sí, pero es cierto que los que tenemos memoria histórica de meses de julio sabemos que éste está resultando "fresquito". Pero claro, ellas les escriben a sus amigas postales y escriben que la gente aquí dice que hace "fresco" a 30°C, que están majaras. Así tal cual lo dicen. Teniendo en cuenta que ellas conocen otros veranos frescos de verdad, razón no les falta.
Y ayer me las llevé a la Plaza Mayor. Les dije que es la plaza de mi pueblo. Ya la conocían, pero les gustó verla de nuevo. Trato de que se empapen de imagénes y de experiencias. Todo esto recordarán en un futuro, cuando sean mayores. Lo bueno y lo malo, los chorizos y las tiparracas, los Sanfermines televisados o lo que sea.
Toda vacación aquí le es muy productiva a mis hijas, por lo muchísimo que se llevan consigo. Me refiero al bagaje no solo lingüístico sino cultural. Cada estancia aquí les da para ver el mundo con sus ojos de alemanas, y de españolas en Alemania. Las dos primeras semanas ya han dado para espantarse por los Sanfermines y decir ante las imágenes de la televisión que no lo entienden, y al ver luego a los toros con las banderillas desear que embistan y maten a cada torero que hace tal barbaridad. Luego se espantan por ver el trato a los animales en los pueblos sobre todo. También se ríen mucho cuando la gente dice que hace "frío" este verano. Han apretado las temperaturas hoy, eso sí, pero es cierto que los que tenemos memoria histórica de meses de julio sabemos que éste está resultando "fresquito". Pero claro, ellas les escriben a sus amigas postales y escriben que la gente aquí dice que hace "fresco" a 30°C, que están majaras. Así tal cual lo dicen. Teniendo en cuenta que ellas conocen otros veranos frescos de verdad, razón no les falta.
Y ayer me las llevé a la Plaza Mayor. Les dije que es la plaza de mi pueblo. Ya la conocían, pero les gustó verla de nuevo. Trato de que se empapen de imagénes y de experiencias. Todo esto recordarán en un futuro, cuando sean mayores. Lo bueno y lo malo, los chorizos y las tiparracas, los Sanfermines televisados o lo que sea.
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lunes, 13 de junio de 2011
El día de las lenguas
Hasta ahora mismo no me he dado cuenta que hoy debería ser mi día, mi fiesta. Llevo años en Alemania preguntándome qué celebramos en el festivo día de Pentecostés, salvo un lunes que viene de maravilla para prolongar un fin de semana. Pero haciendo memoria recuerdo que es el día del espíritu santo, y con eso recuerdo una de mis filosofías: que si lo del padre y el hijo se lo puede llegar uno a creer, lo del espíritu santo es difícil. Y hoy es su día, y por eso nunca nos enteramos que es así, porque el espíritu santo no tiene mucha presencia en nuestras vidas, salvo que aquí la gente los días de antes al fin de semana de Pentecostés te desea "Feliz Pentecostés" al igual que te desean "Felices Pascuas" en Semana Santa, o "Feliz fin de semana" cualquiera de año, en lo que son gestos de cortesía, pero nada más.
Pentecostés conmemora los 50 días después de la Pascua, y aquel encuentro en el que los apóstoles, iluminados por el espíritu santo, empezaron a entender y a hablar lenguas extrañas. Si la torre de Babel en la biblia la lió bien liada, haciendo que nadie se entendiese y dejando la torre a medio construir, el espíritu santo deshizo el entuerto y ese día, que se considera como el nacimiento de la iglesia, hubo un entendimiento pleno (... con la que ha liado la iglesia a lo largo de los siglos, amén).
Recuerdo de niña, en misa, haberme preguntado montones de veces ante ciertas lecturas que eso no había nadie que lo entendiese, ni con mucha fantasía, y Pentecostés me desconcertaba, lo de las lenguas de fuego que se les ponían sobre sus cabezas a los apóstoles, dándoles un entendimiento y don de lenguas que ya quisiese todo el que aprende idiomas extranjeros. Hasta el día de hoy, no lo he visto claro, y hace un rato, en un momento en los que te preguntas si verdaderamente has tenido tres días libres, pues acabas agotada mentalmente de unos críos que saturan a cualquiera, pensando y pensando, lo he visto claro: hoy es mi día, menos mal que me he dado cuenta, por lo que me gustan las lenguas, los idiomas y lo que cada uno de ellos transmite. Porque me gustaría que ese espíritu santo me llenase de ese don tan práctico y maravilloso de poder entenderlas todas, y que todas y cada una de ellas me diesen lo particular que aportan a esa maravilla que nos regalan para vivir y que es el habla.
Me encanta filosofar sobre las lenguas, y los que les dedicamos pensamientos o trabajo nos sorprendemos sobre las diferencias, de la necesidad de unas de expresar lo que otras no distinguen, y no hablo del conocido ejemplo de las diversas palabras que tienen los esquimales para los diferentes tipos de nieve que hay en su tierra, que es más que lógico, y que yo extiendo a las muchas palabras que, por ejemplo, tiene para la lluvia el alemán. No, yo me refiero a un ejemplo tan simple como las palabras "esquina" y "rincón", que el alemán no distingue y cuyo desdoblamiento no conoce una lengua tan estructurada y científica que denomina a ambas Ecke. Por qué para nosotros hispanohablantes es tan importante distinguir entre una esquina y un rincón, y yo lanzo en mis clases preguntas así, y les digo que puedes mandar a alguien a un rincón castigado, pero que si le mandas a una esquina podrías mandarle a otra cosa, que puedes llorar por los rincones pero no por las esquinas, que son menos íntimas. Y cuando me cuentan en español que el fin de semana "desayunaron largamente" o "con mucho tiempo" o "de manera acogedora" les digo que yo les entiendo porque entiendo su cultura, pero que nadie en España les entendería con eso, pues nadie desayuna así, mientras que aquí se puede desayunar de manera gemütlich. Y si ya entramos en temas de gramática, el desconcierto es mayor: el imperfecto y el indefinido, al que les dedicaré un post próximamente, porque les traen de cabeza a los que aprenden nuestra lengua, al igual que el subjuntivo, el tiempo de la irrealidad que en alemán es real. Será porque no les gustan las cosas que se les escapan de las manos, al igual que yo digo siempre que el imperfecto es la literatura, el blablabla sin el que nuestras vidas serían un mero funcionar. Por eso, volviendo al espíritu santo, el hablar una lengua extranjera es creer en ella, no cuestionar todo ese mundo nuevo que se te abre y que te abre tu mente y por eso simplemente el espíritu santo hizo el milagro que muchos esperan a la hora de entender ciertas cosas, quitándoles la racionalidad. Paciencia, es mi consejo y entregarse a él.
Pentecostés conmemora los 50 días después de la Pascua, y aquel encuentro en el que los apóstoles, iluminados por el espíritu santo, empezaron a entender y a hablar lenguas extrañas. Si la torre de Babel en la biblia la lió bien liada, haciendo que nadie se entendiese y dejando la torre a medio construir, el espíritu santo deshizo el entuerto y ese día, que se considera como el nacimiento de la iglesia, hubo un entendimiento pleno (... con la que ha liado la iglesia a lo largo de los siglos, amén).
Recuerdo de niña, en misa, haberme preguntado montones de veces ante ciertas lecturas que eso no había nadie que lo entendiese, ni con mucha fantasía, y Pentecostés me desconcertaba, lo de las lenguas de fuego que se les ponían sobre sus cabezas a los apóstoles, dándoles un entendimiento y don de lenguas que ya quisiese todo el que aprende idiomas extranjeros. Hasta el día de hoy, no lo he visto claro, y hace un rato, en un momento en los que te preguntas si verdaderamente has tenido tres días libres, pues acabas agotada mentalmente de unos críos que saturan a cualquiera, pensando y pensando, lo he visto claro: hoy es mi día, menos mal que me he dado cuenta, por lo que me gustan las lenguas, los idiomas y lo que cada uno de ellos transmite. Porque me gustaría que ese espíritu santo me llenase de ese don tan práctico y maravilloso de poder entenderlas todas, y que todas y cada una de ellas me diesen lo particular que aportan a esa maravilla que nos regalan para vivir y que es el habla.
Me encanta filosofar sobre las lenguas, y los que les dedicamos pensamientos o trabajo nos sorprendemos sobre las diferencias, de la necesidad de unas de expresar lo que otras no distinguen, y no hablo del conocido ejemplo de las diversas palabras que tienen los esquimales para los diferentes tipos de nieve que hay en su tierra, que es más que lógico, y que yo extiendo a las muchas palabras que, por ejemplo, tiene para la lluvia el alemán. No, yo me refiero a un ejemplo tan simple como las palabras "esquina" y "rincón", que el alemán no distingue y cuyo desdoblamiento no conoce una lengua tan estructurada y científica que denomina a ambas Ecke. Por qué para nosotros hispanohablantes es tan importante distinguir entre una esquina y un rincón, y yo lanzo en mis clases preguntas así, y les digo que puedes mandar a alguien a un rincón castigado, pero que si le mandas a una esquina podrías mandarle a otra cosa, que puedes llorar por los rincones pero no por las esquinas, que son menos íntimas. Y cuando me cuentan en español que el fin de semana "desayunaron largamente" o "con mucho tiempo" o "de manera acogedora" les digo que yo les entiendo porque entiendo su cultura, pero que nadie en España les entendería con eso, pues nadie desayuna así, mientras que aquí se puede desayunar de manera gemütlich. Y si ya entramos en temas de gramática, el desconcierto es mayor: el imperfecto y el indefinido, al que les dedicaré un post próximamente, porque les traen de cabeza a los que aprenden nuestra lengua, al igual que el subjuntivo, el tiempo de la irrealidad que en alemán es real. Será porque no les gustan las cosas que se les escapan de las manos, al igual que yo digo siempre que el imperfecto es la literatura, el blablabla sin el que nuestras vidas serían un mero funcionar. Por eso, volviendo al espíritu santo, el hablar una lengua extranjera es creer en ella, no cuestionar todo ese mundo nuevo que se te abre y que te abre tu mente y por eso simplemente el espíritu santo hizo el milagro que muchos esperan a la hora de entender ciertas cosas, quitándoles la racionalidad. Paciencia, es mi consejo y entregarse a él.
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miércoles, 18 de mayo de 2011
La causa
Además de los alumnos institucionalizados que tengo, esos adultos que deciden libremente aprender español por los motivos que sean, desde entenderse en las vacaciones con la gente del país, a que les guste el idioma, o simplemente por ejercitar el cerebro con algo nuevo, tengo otros que están ahí de manera latente, y que no por ello me resultan un menor aliciente. Son, digamos, los que se han quedado en el camino, y que hay volver a ganar para la causa. Se trata de chavales de instituto, que en su momento eligieron español como segunda lengua extranjera, tras llevar años con el inglés, y que, o mal asesorados por padres que se creen que sus hijos son superdotados con los idiomas o que ingenuamente les aconsejan que cojan español porque el francés es más difícil, acaban viniendo a mí como última solución. Antes estas clases se llamaban de recuperación, y hoy día, en uno de esos eufemismos que tanto nos gustan para hacer más digestible la realidad, son las llamadas clases de apoyo, en alemán Nachhilfe ('ayuda posterior').
Todo empezó con uno que ya no viene hace tiempo. Era el hijo de un señor que me instaló unos estores. Al cabo de los meses, el padre me llamó y me dijo: "Usted es española y la necesito, pues mi hijo lleva muy mal el español". Tuvo suerte, pues no por el hecho de ser nativo puedes explicar tu lengua, pero en mi caso, por mis antecedentes filológicos, acertó. El hijo venía con el BMW del padre, y era un barbudo más interesado en quedar con la novia (lo entiendo, que conste), que en aprender. De todas formas era el típico caso de vago redomado pero talentoso, pues a pesar de no dar un palo al agua, con explicarle las cosas una vez las cogía. Adónde hubiese llegado este muchacho de haberse aplicado algo. De la manera que apareció, desapareció, sin ni siquiera despedirse, tras cancelar las clases a su albedrío o aparecer algunos martes sin yo esperarle más, hasta que dejó de hacerlo, ya no sé ni cuándo.
Luego llegó una chica de lo más tímida, que estaba en su peor fase, aborreciendo el español, tras varios cates y tras haber perdido toda su confianza en aprender el idioma. Llevo dándole clase casi dos años, y de un suficiente ha pasado a un notable, e incapaz como era cuando llegó de leer un texto seguido, ahora es capaz de leer muy bien sin inmutarse. Ha ganado mucha seguridad en sí misma, y ya hace tiempo que me confesó que el español no es la asignatura que más odia. Al menos hemos logrado algo, le dije entre risas, y sigue viniendo, me temo que por poco tiempo, pues ya no me necesita. Y está bien así, aunque le he cogido mucho cariño.
A través de ésta me llegó otra, que venía con una mezcla impresionante de todos los temas en su cabeza, y enseguida me di cuenta de que el objetivo era poner orden y estructurar, pues de torpe nada, más bien confundida. Ésta no le tenía miedo a nada, y de hecho domina el subjuntivo como nadie, y sus notas empiezan a subir, y en el trabajo sobre Pamplona que preparó con mi ayuda, le han puesto un sobresaliente, por lo que empieza a estar reconvertida a la causa, y viene tan tranquila y se va con la gramática y lo mucho que sabe mejor colocadito en la cabeza.
El siguiente es un muchachito, el más joven de todos (12 años), que viene todo atolondrado. Durante la hora de clase conmigo está más preocupado de que su flequillo esté en bien puesto, que en concentrarse en lo que tiene que hacer. Es el único que me saca el tonillo reprendedor: "o te aprendes este vocabulario o vas listo", "o lees bien las preguntas de lo que tienes que hacer, o vas a fallar siempre", "o te aprendes definitivamente los verbos, o no vas a dar ni una en las frases", "esto no es la lotería, no se trata de adivinar, sino de saber". Su madre ha hablado conmigo en dos ocasiones por teléfono, preocupadísima porque la profesora prácticamente le dijo al chaval, que deje el español. Yo la calmé y le dije que esto necesita tiempo, y aunque verdaderamente es así, yo misma estoy dudando de si a este podré convertirlo a la causa, pues me resulta muy negado y demasiado despistado como para concentrarse y saber que la cosa es seria.
Y la cuarta de las que tengo en la actualidad es la más convencida de si misma. Me mira con cara de "ya me lo sé todo", a lo que a mí me falta recordarle "bonita, si vienes aquí es por algo", pero no lo hago, pues hay otras formas más sutiles de demostrarle que no es casualidad que venga, por mucho que ella esté tan convencida de que no tiene nada nuevo que aprender. Es la menos transparente y a la que me toca buscarle las cosquillas, pero se las encuentro. No hay punto gramatical que se me resista, y si no tiene ninguna pregunta, como dice habitualmente, ni nada que no entienda, yo consigo encontrar algo con lo que fastidiarle un poquito y demostrarle que su madre paga para algo.
A estos cuatro les une un mismo objetivo: aprobar; pero en muchos casos se trata de algo más, de ganar confianza en sí mismos, y si por algo me tienta y me gusta esta causa es por lo mucho que me escuece que vengan aborreciendo mi lengua, y solo por eso, quitárselo de la cabeza, me empeño casi más que si viniesen voluntariamente. Los sobresalientes o notables, son secundarios, pero bienvenidos sean, aunque ésos son para ellos, no para mí.
Todo empezó con uno que ya no viene hace tiempo. Era el hijo de un señor que me instaló unos estores. Al cabo de los meses, el padre me llamó y me dijo: "Usted es española y la necesito, pues mi hijo lleva muy mal el español". Tuvo suerte, pues no por el hecho de ser nativo puedes explicar tu lengua, pero en mi caso, por mis antecedentes filológicos, acertó. El hijo venía con el BMW del padre, y era un barbudo más interesado en quedar con la novia (lo entiendo, que conste), que en aprender. De todas formas era el típico caso de vago redomado pero talentoso, pues a pesar de no dar un palo al agua, con explicarle las cosas una vez las cogía. Adónde hubiese llegado este muchacho de haberse aplicado algo. De la manera que apareció, desapareció, sin ni siquiera despedirse, tras cancelar las clases a su albedrío o aparecer algunos martes sin yo esperarle más, hasta que dejó de hacerlo, ya no sé ni cuándo.
Luego llegó una chica de lo más tímida, que estaba en su peor fase, aborreciendo el español, tras varios cates y tras haber perdido toda su confianza en aprender el idioma. Llevo dándole clase casi dos años, y de un suficiente ha pasado a un notable, e incapaz como era cuando llegó de leer un texto seguido, ahora es capaz de leer muy bien sin inmutarse. Ha ganado mucha seguridad en sí misma, y ya hace tiempo que me confesó que el español no es la asignatura que más odia. Al menos hemos logrado algo, le dije entre risas, y sigue viniendo, me temo que por poco tiempo, pues ya no me necesita. Y está bien así, aunque le he cogido mucho cariño.
A través de ésta me llegó otra, que venía con una mezcla impresionante de todos los temas en su cabeza, y enseguida me di cuenta de que el objetivo era poner orden y estructurar, pues de torpe nada, más bien confundida. Ésta no le tenía miedo a nada, y de hecho domina el subjuntivo como nadie, y sus notas empiezan a subir, y en el trabajo sobre Pamplona que preparó con mi ayuda, le han puesto un sobresaliente, por lo que empieza a estar reconvertida a la causa, y viene tan tranquila y se va con la gramática y lo mucho que sabe mejor colocadito en la cabeza.
El siguiente es un muchachito, el más joven de todos (12 años), que viene todo atolondrado. Durante la hora de clase conmigo está más preocupado de que su flequillo esté en bien puesto, que en concentrarse en lo que tiene que hacer. Es el único que me saca el tonillo reprendedor: "o te aprendes este vocabulario o vas listo", "o lees bien las preguntas de lo que tienes que hacer, o vas a fallar siempre", "o te aprendes definitivamente los verbos, o no vas a dar ni una en las frases", "esto no es la lotería, no se trata de adivinar, sino de saber". Su madre ha hablado conmigo en dos ocasiones por teléfono, preocupadísima porque la profesora prácticamente le dijo al chaval, que deje el español. Yo la calmé y le dije que esto necesita tiempo, y aunque verdaderamente es así, yo misma estoy dudando de si a este podré convertirlo a la causa, pues me resulta muy negado y demasiado despistado como para concentrarse y saber que la cosa es seria.
Y la cuarta de las que tengo en la actualidad es la más convencida de si misma. Me mira con cara de "ya me lo sé todo", a lo que a mí me falta recordarle "bonita, si vienes aquí es por algo", pero no lo hago, pues hay otras formas más sutiles de demostrarle que no es casualidad que venga, por mucho que ella esté tan convencida de que no tiene nada nuevo que aprender. Es la menos transparente y a la que me toca buscarle las cosquillas, pero se las encuentro. No hay punto gramatical que se me resista, y si no tiene ninguna pregunta, como dice habitualmente, ni nada que no entienda, yo consigo encontrar algo con lo que fastidiarle un poquito y demostrarle que su madre paga para algo.
A estos cuatro les une un mismo objetivo: aprobar; pero en muchos casos se trata de algo más, de ganar confianza en sí mismos, y si por algo me tienta y me gusta esta causa es por lo mucho que me escuece que vengan aborreciendo mi lengua, y solo por eso, quitárselo de la cabeza, me empeño casi más que si viniesen voluntariamente. Los sobresalientes o notables, son secundarios, pero bienvenidos sean, aunque ésos son para ellos, no para mí.
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miércoles, 20 de abril de 2011
Cómo vender la moto
Cuando me enteré de que el latín es una lengua extranjera en Alemania, dudé de las facultades académicas del sistema escolar. Que lo equiparen al francés a la hora de elegir una segunda lengua extranjera en el instituto tiene su gracia, y más cuando yo la estudié en bachillerato y me quedó clarísimo que es una lengua muerta. Estos días mi hija ha tenido que elegir qué lengua extranjera empezará el curso que viene, si francés o latín, y la equiparación no deja de tener su gracia. Pero por qué no. Lo malo es que a los chavales les queda otra percepción del asunto, como si pudiesen utilizar el latín en cualquier viaje a Roma. Para leer inscripciones en piedras y museos desde luego, y sin dudar del valor del latin como base para el aprendizaje de otras lenguas, lo dejo en la mera casualidad el hecho de que las equiparen, pues hablamos de dos cosas bien diferentes.
Un par de semanas antes acudí al instituto a la tarde informativa para los padres, para que supiesen qué decisión tan importante estaban a punto de tomar sus hijos, o en muchos casos ellos mismos. Una profesora de francés y otra de latín defendieron lo suyo, y sinceramente, con lo que me gustó dar latín en el instituto y lo bien que lo vendieron, pensé que podría perfectamente recomendarle a mi hija que aprenda latín como lengua "extranjera". Primero nos expusieron los resultados de una entrevista a los implicados en el tema: los alumnos de sexto, a los que les preguntaron que porqué habían elegido una lengua u otra. Los motivos para aprender francés alegados por los alumnos eran desde el sonido tan bonito de la lengua, a las vacaciones que se pueden pasar en Francia, y su posterior uso en la vida profesional. Para el latín alegaron su papel de "lengua madre" originaria de muchas palabras incluso en alemán, aprender la historia de los romanos, aprender gramática, o poder estudiar medicina después. Esto último es una de esas falsas creencias que circulan por ahí, pues no creo que para medicina haga falta más que estudiar vocabulario, y eso se aprende.
Pero los alumnos se dan cuenta del nivel activo de una lengua y el subliminal de la otra con esas respuestas. El latín es la herramienta para diseccionar otras lenguas, para aprender gramática. Esto puedo corroborarlo yo. A través de ella te haces con los instrumentos necesarios para manejarte en otras. Y con la boca abierta me dejaron cuando contaron en la tarde de "venta" que en clase escriben hasta diálogos en latín, y que el libro de texto que utilizan va sobre un niño y su vida en Roma. Desde luego que no tiene nada que ver con el latín que yo aprendí, pues en clase traducíamos "La conjuración de Catilina" y textos por el estilo. Nos mostraron carteles en colores con los que trabajan, y nos hablaron del viaje a Xanten que realizarán los alumnos, un complejo de ruinas romanas bien conservado en Renania del Norte-Westfalia. Los que aprenden francés van de intercambio a París, igualito... Motivos para elegir francés, alegó la profesora, son que los chavales ganan confianza en sí mismos al hablar en una lengua tan diferente a la suya, que adquieren competencia intercultural o que lo hablan 150 millones de hablantes en 35 países. Pero la de latín volvió a atacar: en el latín están ancladas las raíces de nuestra cultura, se aprende a sistematizar los pasos para el estudio minucioso de cualquier materia, y a lo mejor hay chavales a los que simplemente no les va el amaneramiento del francés, y a los que simplemente les gusta el lenguaje desde su punto de vista "matemático" y no comunicativo.
En fin, que decidí, como suelo hacer con estas cosas, que mi hija sería la que eligiese su lengua "extranjera" y ella, tras la hora de prueba que les dieron en clase de cada idioma, me dijo lo mismo que yo saqué en conclusión: que sí, que coge francés, pues es una lengua moderna y que por eso le dará una salida más práctica, pero que se podía perfectamente coger latín. Y ella misma puso la crucecita en la hoja, y yo firmé. Y en octavo, la siguiente optativa será español o arte. Al final es siempre una lengua extranjera lo que se puede elegir cada vez, por mucho que se empeñen, en mezclar peras con manzanas. Pero me siguen pareciendo optativas muy apetecibles todas y prácticas para la vida misma, latín incluido. Y sin embargo, si mi hija tuviese que elegir entre física y latín, estoy segura que cogería latín, pues hace poco me dijo que "en física se estudian cosas que no le interesan a nadie". Y ahí no pude más que asentir de nuevo.
Un par de semanas antes acudí al instituto a la tarde informativa para los padres, para que supiesen qué decisión tan importante estaban a punto de tomar sus hijos, o en muchos casos ellos mismos. Una profesora de francés y otra de latín defendieron lo suyo, y sinceramente, con lo que me gustó dar latín en el instituto y lo bien que lo vendieron, pensé que podría perfectamente recomendarle a mi hija que aprenda latín como lengua "extranjera". Primero nos expusieron los resultados de una entrevista a los implicados en el tema: los alumnos de sexto, a los que les preguntaron que porqué habían elegido una lengua u otra. Los motivos para aprender francés alegados por los alumnos eran desde el sonido tan bonito de la lengua, a las vacaciones que se pueden pasar en Francia, y su posterior uso en la vida profesional. Para el latín alegaron su papel de "lengua madre" originaria de muchas palabras incluso en alemán, aprender la historia de los romanos, aprender gramática, o poder estudiar medicina después. Esto último es una de esas falsas creencias que circulan por ahí, pues no creo que para medicina haga falta más que estudiar vocabulario, y eso se aprende.
Pero los alumnos se dan cuenta del nivel activo de una lengua y el subliminal de la otra con esas respuestas. El latín es la herramienta para diseccionar otras lenguas, para aprender gramática. Esto puedo corroborarlo yo. A través de ella te haces con los instrumentos necesarios para manejarte en otras. Y con la boca abierta me dejaron cuando contaron en la tarde de "venta" que en clase escriben hasta diálogos en latín, y que el libro de texto que utilizan va sobre un niño y su vida en Roma. Desde luego que no tiene nada que ver con el latín que yo aprendí, pues en clase traducíamos "La conjuración de Catilina" y textos por el estilo. Nos mostraron carteles en colores con los que trabajan, y nos hablaron del viaje a Xanten que realizarán los alumnos, un complejo de ruinas romanas bien conservado en Renania del Norte-Westfalia. Los que aprenden francés van de intercambio a París, igualito... Motivos para elegir francés, alegó la profesora, son que los chavales ganan confianza en sí mismos al hablar en una lengua tan diferente a la suya, que adquieren competencia intercultural o que lo hablan 150 millones de hablantes en 35 países. Pero la de latín volvió a atacar: en el latín están ancladas las raíces de nuestra cultura, se aprende a sistematizar los pasos para el estudio minucioso de cualquier materia, y a lo mejor hay chavales a los que simplemente no les va el amaneramiento del francés, y a los que simplemente les gusta el lenguaje desde su punto de vista "matemático" y no comunicativo.
En fin, que decidí, como suelo hacer con estas cosas, que mi hija sería la que eligiese su lengua "extranjera" y ella, tras la hora de prueba que les dieron en clase de cada idioma, me dijo lo mismo que yo saqué en conclusión: que sí, que coge francés, pues es una lengua moderna y que por eso le dará una salida más práctica, pero que se podía perfectamente coger latín. Y ella misma puso la crucecita en la hoja, y yo firmé. Y en octavo, la siguiente optativa será español o arte. Al final es siempre una lengua extranjera lo que se puede elegir cada vez, por mucho que se empeñen, en mezclar peras con manzanas. Pero me siguen pareciendo optativas muy apetecibles todas y prácticas para la vida misma, latín incluido. Y sin embargo, si mi hija tuviese que elegir entre física y latín, estoy segura que cogería latín, pues hace poco me dijo que "en física se estudian cosas que no le interesan a nadie". Y ahí no pude más que asentir de nuevo.
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En Roma como los romanos
jueves, 7 de abril de 2011
La supervivencia
¿Cómo era aquello de Darwin? .... ¿que solo los más fuertes sobreviven? Aprender idiomas es lo mismo. Todos se creen capaces de hacerlo, pero no todos lo consiguen. Los que mejor se adaptan al medio son los que tiran para delante, hasta el final, si es que lo hay, pues el aprendizaje de un idioma no se acaba nunca. Pero lo que está claro es que si empiezas con 20 alumnos entusiasmadísimos por aprenderlo, acabarás con 10, es una regla no escrita.
Qué fácil es decir voy a aprender inglés, o francés, o español, y empezar con toda buena voluntad y tesón. Los adultos podemos decidir hoy hacer una cosa, y al poco tiempo dejarlo porque nos supone más esfuerzo de lo que esperábamos, y ambas cosas las hacemos convencidos. Quién no ha dicho mil veces que tiene que mejorar su inglés o francés, para luego dejarlo todo en un simple plan. O cuántas academias de idiomas están llenas en septiembre, y medio vacias a finales de curso.
No todos son aptos para esta carrera de fondo, y algunos se dan cuenta enseguida y tiran la toalla rápido. La clave consiste en empezar despacito, aceptando las limitaciones, e ir a un ritmo constante, y eso es lo que falla; por una parte la presión de querer tener éxito cuanto antes, y por otra, darse cuenta que hay que trabajar algo, son los obstáculos principales. Porque se puede coger fondo a base de poner un poquito por tu parte, y no tener la actitud consumista de algunos alumnos que te hacen sentir como su profesor como la naranja a exprimir. Ellos consumen, y tú les montas el show y por los poderes mágicos en los que ellos creen, deberían dominarlo en 6 meses máximo. Pero por desgracia se necesita mucho más que eso: fundamental es mucha iniciativa propia, y además no tener vergüenza, hablar bajo "peligro" de que no te entiendan, y no flaquear ante las adversidades, pues justo por eso va pereciendo la mayoría por el camino.
Si los cursos son voluntarios, los buenos propósitos como "voy a aprender español", "voy a aprenderme todos los verbos irregulares", o falacias de tipo "el español es una lengua fácil, mucho más que el francés" los chafa cualquier cosa: una agenda apretada, enfermedades, viajes en medio del curso, y al final de los 20 con los que empezaste en el nivel cero, acaban 10, de esos diez, continúan 7, de ésos, quedan luego cuatro, y al final te encuentras en un día como hoy, con dos... Lo de Darwin, claramente. Tras algo más de un año como profesora de español, he visto de todo, y hoy al comenzar el cuarto curso con el mismo grupo, he visto que solo dos del grupo originario continúan. A ellos se les sumaron otros a lo largo de los siguientes cursos de manera que el curso sigue con vida, con ocho ahora, pese a los que no le dieron un año de vida como mucho. Pero ahí seguimos, aunque renqueando.
Sin embargo, los que han llegado hasta aquí se dan cuenta de las satisfacciones que te produce haberlo logrado. El camino será largo, pero como les decía a los tres que vinieron hoy de los ocho apuntados en la lista, deben pensar dónde estaban hace un año y dónde se encuentran ahora. El curso siguiente veremos quién sobrevive a éste. Hoy se lo volví a repetir: "Chicos, pensad en Darwin, aquí seguís, tenedlo en cuenta, por algo es".
Qué fácil es decir voy a aprender inglés, o francés, o español, y empezar con toda buena voluntad y tesón. Los adultos podemos decidir hoy hacer una cosa, y al poco tiempo dejarlo porque nos supone más esfuerzo de lo que esperábamos, y ambas cosas las hacemos convencidos. Quién no ha dicho mil veces que tiene que mejorar su inglés o francés, para luego dejarlo todo en un simple plan. O cuántas academias de idiomas están llenas en septiembre, y medio vacias a finales de curso.
No todos son aptos para esta carrera de fondo, y algunos se dan cuenta enseguida y tiran la toalla rápido. La clave consiste en empezar despacito, aceptando las limitaciones, e ir a un ritmo constante, y eso es lo que falla; por una parte la presión de querer tener éxito cuanto antes, y por otra, darse cuenta que hay que trabajar algo, son los obstáculos principales. Porque se puede coger fondo a base de poner un poquito por tu parte, y no tener la actitud consumista de algunos alumnos que te hacen sentir como su profesor como la naranja a exprimir. Ellos consumen, y tú les montas el show y por los poderes mágicos en los que ellos creen, deberían dominarlo en 6 meses máximo. Pero por desgracia se necesita mucho más que eso: fundamental es mucha iniciativa propia, y además no tener vergüenza, hablar bajo "peligro" de que no te entiendan, y no flaquear ante las adversidades, pues justo por eso va pereciendo la mayoría por el camino.
Si los cursos son voluntarios, los buenos propósitos como "voy a aprender español", "voy a aprenderme todos los verbos irregulares", o falacias de tipo "el español es una lengua fácil, mucho más que el francés" los chafa cualquier cosa: una agenda apretada, enfermedades, viajes en medio del curso, y al final de los 20 con los que empezaste en el nivel cero, acaban 10, de esos diez, continúan 7, de ésos, quedan luego cuatro, y al final te encuentras en un día como hoy, con dos... Lo de Darwin, claramente. Tras algo más de un año como profesora de español, he visto de todo, y hoy al comenzar el cuarto curso con el mismo grupo, he visto que solo dos del grupo originario continúan. A ellos se les sumaron otros a lo largo de los siguientes cursos de manera que el curso sigue con vida, con ocho ahora, pese a los que no le dieron un año de vida como mucho. Pero ahí seguimos, aunque renqueando.
Sin embargo, los que han llegado hasta aquí se dan cuenta de las satisfacciones que te produce haberlo logrado. El camino será largo, pero como les decía a los tres que vinieron hoy de los ocho apuntados en la lista, deben pensar dónde estaban hace un año y dónde se encuentran ahora. El curso siguiente veremos quién sobrevive a éste. Hoy se lo volví a repetir: "Chicos, pensad en Darwin, aquí seguís, tenedlo en cuenta, por algo es".
martes, 1 de marzo de 2011
Atenas en fotos
| Vista de la Acrópolis desde el hotel |
| Cambio de guardia en la plaza Syntagma |
| Vista de la Acrópolis desde Monastiráki |
| Arriba en la Acrópolis |
| El Partenón, esa maravillosa ruina |
| El templo de Zeus a la derecha, el estadio Panathinaiko al fondo |
| El teatro de Dyonisos; observen las butacas VIP |
| La Acrópolis vista desde el Ágora Antigua |
| El templo Theseion, dentro del Ágora Antigua |
Nota: la Plaza del Syntagma es el punto al que todos los caminos conducen en Atenas. La palabra "sintagma" que da nombre a la plaza, se referirá a la acepción de sintagma como 'constitución'; de hecho la constitución griega se llama así. Pero para mí la plaza se llamó durante mi estancia la "plaza del sintagma nominal". Sintagma para la lingüísitca significa lo que va unido: es un grupo de palabras conectadas gramaticalmente y sintácticamente. Resumo esta muestra de fotos con uno: La maravillosa Atenas.
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miércoles, 23 de febrero de 2011
Somos la leche
Traten de explicarle a un extranjero lo que significa "la leche" en expresiones más allá de su significado normal, y se darán cuenta de que somos la leche. No hace tanto, en una cena con uno de mis grupos de alumnos, un hombre volvió a sacarme el tema que ya tocamos un día en clase: "¿Qué significa me cago en la leche?", así tal cual, me preguntó. Si en clase fue divertida la explicación, y más cuándo él me dijo que había oído también "Me cago en la puta", y yo ya sonrojé, pues aunque me parece de lo más normal del mundo que la gente diga estas expresiones, a mí no me salen mucho. Aquel día liquidé el tema como pude, y de manera ligerita, pues teníamos la lección sin terminar... solo por eso, por supuesto. Pero en una cena de tapitas, yo con una San Miguel en la mano, la respuesta toma otro cáriz. "Vamos a ver", expliqué, "en español, desde en la leche hasta en Dios, te puedes cagar en todo lo que te dé la gana". Me miraron con estupor. "Así que la leche no es nada", les dije,"pues además de en Dios, puedes hacer lo mismo además en la madre que te parió". A ver cómo explica una eso. "¿Y todo eso en un país tan familiar y tan católico?", preguntaron. Y yo les dije que precisamente por eso, que le perdemos el respeto a todo, mismo hasta a la leche.
Pero hace unos días, una prima mía me mandó una explicación de la palabra "cojones" en castellano, añadiendo que había pensado en mis alumnos al oírla. Y tanto. Tras escucharlo todo pensé que si les tuviese que explicar las muchísimas acepciones de esta palabra, además de no enterarse, sería no solo un curso de "palabrotas para el nivel avanzado", sino una prueba de la destreza en la lengua, pues una expresión mal usada y quedas en evidencia: no puedes decir por ejemplo "Yo cago en leche", o "cago leche", y encima como profesora te tocaría decir "A ver, repite por favor: ME cago en LA leche". Así, o les encantaría la lengua más aún o tirarían la toalla directamente. Yo no valdría para dar ese curso, de la risa que me producen estos fenómenos lingüísticos, pues habría que explicarlo con el rigor científico que merece. Tras volver a escuchar la explicación, me río ante expresiones como "valía un cojón, tiene dos cojones, me importa tres cojones, mil pares de cojones, tener cojones (valentía), ¡tiene cojones! (sorpresa), puso los cojones encima de la mesa, te corto los cojones, me toca los cojones, se toca los cojones, tócate los cojones, acojonado, descojonado, cojonudo, cojonazo, de cojones (como el frío que hace estos días aquí), lo haré por cojones, estoy hasta los cojones, cojones grandes y bien plantados, ¡Cojones!, ¡Manda cojones!, ¡Me sale de los cojones!", y más...
Cómo lo más difícil de una lengua es dominar todas estas acepciones de una palabra tan rica en su uso, me imagino que si tuviese que explicar todo esto no me valdría una cervecita sino que necestaría un whisky doble. Y mucha paciencia...
Pero hace unos días, una prima mía me mandó una explicación de la palabra "cojones" en castellano, añadiendo que había pensado en mis alumnos al oírla. Y tanto. Tras escucharlo todo pensé que si les tuviese que explicar las muchísimas acepciones de esta palabra, además de no enterarse, sería no solo un curso de "palabrotas para el nivel avanzado", sino una prueba de la destreza en la lengua, pues una expresión mal usada y quedas en evidencia: no puedes decir por ejemplo "Yo cago en leche", o "cago leche", y encima como profesora te tocaría decir "A ver, repite por favor: ME cago en LA leche". Así, o les encantaría la lengua más aún o tirarían la toalla directamente. Yo no valdría para dar ese curso, de la risa que me producen estos fenómenos lingüísticos, pues habría que explicarlo con el rigor científico que merece. Tras volver a escuchar la explicación, me río ante expresiones como "valía un cojón, tiene dos cojones, me importa tres cojones, mil pares de cojones, tener cojones (valentía), ¡tiene cojones! (sorpresa), puso los cojones encima de la mesa, te corto los cojones, me toca los cojones, se toca los cojones, tócate los cojones, acojonado, descojonado, cojonudo, cojonazo, de cojones (como el frío que hace estos días aquí), lo haré por cojones, estoy hasta los cojones, cojones grandes y bien plantados, ¡Cojones!, ¡Manda cojones!, ¡Me sale de los cojones!", y más...
Cómo lo más difícil de una lengua es dominar todas estas acepciones de una palabra tan rica en su uso, me imagino que si tuviese que explicar todo esto no me valdría una cervecita sino que necestaría un whisky doble. Y mucha paciencia...
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