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miércoles, 17 de octubre de 2012

Cultura + cultura + cultura

En los tiempos que corren celebro todo acto de ensalzación de la cultura, de la índole que sea, ya que parece que solo existe la economía, la prima de riesgo y los recortes. En época en la que cierran librerías, supone una buena noticia que se abran algunas. Mi prima me recomendó una llamada La Central, en Madrid, cerca de Callao, a la que no pude ir ya. Pero el hecho de que abran un lugar así es remarcable, con sus varias plantas y cafetería incluida. Luego leí sobre la apertura en el antiguo Matadero de Madrid de una Casa de la Lectura, un punto de encuentro en el que intercambiar libros y en el que realizarán actos en torno a la lectura, otra buena noticia. No se olviden tampoco de los museos. Aprovechen los días gratis, y acudan en tropel. Todas las ciudades ofrecen alguno especial y exposiciones estupendas. Si bien me decepcionó algo la semana pasada la recien abierta en el Thyssen de Madrid sobre Gauguin, recomiendo que vayan. Tengo que matizar el por qué de la decepción. La exposición es sublime, por contener cuadros muy conocidos, y de diversos pintores. Pero ahí está mi chasco: yo pensé, como todo el mundo seguramente, que era una monográfica sobre Gauguin, como la de Antonio López que hubo el año pasado, y resultó haber varias salas con un solo cuadro de Gauguin o ninguno, y el resto, eso sí, maravillosísimos Kirchner, Noldes, algún Matisse, Klee, y uno muy conocido de Rousseau. Pero como soy algo tiquismiquis con estas cosas; en vez de llamarse "Gauguin y el viaje a lo exótico", debería ser algo así como "El viaje a lo exótico a través de Gauguin y su influencia en posteriores épocas", y entonces me hubiesen quedado las cosas más claras antes de ir. Pero sabiendo eso, que los menos cuadros de la exposición son de Gauguin, acudan en tropel.

No se pierdan la última película de Fernando Trueba, "El artista y la modelo", una oda al arte y el proceso creativo. Película delicada y poética como pocas en el cine español, que en mi opinión se pierde a veces en el mismo tipo de personajes, salvo si lo hace Almodóvar, que puede y debe. La película es un homenaje al hermano del director, el escultor Máximo Trueba, que falleció a los 42 años en un accidente de tráfico. Curiosamente fue profesor mío de instituto, y simplemente por afinidad, tuve que ver la película. Vayan a verla. Solamente por oír al estupendo actor de 82 años, Jean Rochefort, que ya me gustó mucho en "El marido de la peluquera", diciendo que las dos cosas mejores del mundo son las mujeres y el aceite de oliva, merece la pena ir. Da gusto escuchar su explicación de por qué. La película es una reflexión sobre el arte y su proeceso creativo, su dificultad, y su pasión. Casi nada en momentos en los que no queda dinero ni para el arte ni para nada. Nos volveremos todos más pobres, pero no se olviden del placer que supone coger un libro, mirar un cuadro o ver una película. Al final económicamente vamos a estar igual, pero el placer es insuperable.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Siempre yo

Brahms y Picasso. No tienen nada que ver el uno con el otro, salvo que yo me he acercado a ambos genios este fin de semana. Johannes Brahms reside en Hamburgo en forma de un museo que lleva su nombre, no en la casa donde vivió unos años, que fue prácticamente destruida por la guerra sino en la misma zona otra acondicionada para acercarnos a este compositor que nació en Hamburgo. Curiosa la historia de su madre, que era 17 años mayor que el padre, y que dio a luz ya cuarentona a tres hijos sanos. No eran ricos pero trataron de dar a sus hijos una cultura musical que hizo de Brahms un talento ya de niño. Pero uno de los hijos venerados de Hamburgo y autor, entre otras, de la famosísima nana que todos hemos oído alguna vez, se tuvo que ir al no encontrar en su ciudad el reconocimiento que esperaba. Sí que lo tuvo en Viena, adonde emigró y donde murió recibiendo todos los honores y donde está enterrado. En las fotos que hay en el museo tiene cara de pocos amigos. Aparece mucho junto al suyo el nombre de Clara Schumann, que fue una pianista y compositora reconocida, que por suerte no se quedó del todo a la sombra de su marido, también compositor y pianista, aunque él lo intentó. Ella consiguió salir en los billetes de 100 marcos y sobrevivió a su marido 40 años, pues este acabó depresivo y enfermo. Parece que Brahms tuvo un lío con ella, pero no está claro. Sí que se enamoró de ella, eso es seguro. Pero voviendo a Brahms, ayer al oír que se fue enfadado de su ciudad natal, Hamburgo, pensé que la fuga de talentos no es nada nuevo hoy día.

Ya lo hizo Picasso también. Por cierto que mucha gente fuera de España se cree que era francés. La exposición que he visto hoy iba sobre Picasso; es decir, no eran obras suyas sino fotografías que tomaron de él fotógrafos, algunos tan conocidos como Robert Doisneau (el de la foto famosa de la pareja besándose en una calle de París), Robert Capa o Man Ray. Hay fotos magníficas de Picasso en todas poses y posturas, con sombreros, hasta disfrazado de Popeye, con su colección de hijos pequeños de los que parecía su abuelo. En las fotos se aprecia una personalidad arrolladora, seductora, con miradas de alguien satisfecho, consciente de su legado artístico. Son retratos, fotos suyas trabajando, rodeado del círculo de artistas de París, con su jovencisima esposa Jacqueline, y casi todas las fotos muestran a un Picasso mayor, con esa imagen que todos tenemos de él. Le encantaba que le fotografiaran, y el título de la exposición no podía ser más acertado: "yo-y-yo-y-yo". Lo interesante es que se percibe cómo Picasso utilizó activamente la fotografía para crear su propio mito, pues sus imagenes son tan conocidas como sus cuadros. Culto al ego celebrado y aplaudido por el mismo, sus mujeres y el mundo.

sábado, 30 de junio de 2012

El arte de amar el arte

Hoy he sentido pena de la baronesa Tita Cervera. Hay que tener mala suerte y tener todo ese capital en cuadros y no tener calderilla para tomarse un café. O tener mansiones aquí y allá y luego no pegar ojo por las noches en esas casas lujosas por no tener liquidez. Ya quisieran muchos tener los problemas de esa señora. Todo esto pensaba hoy yo en la hora y pico que me he perdido en el Museo Thyssen de Madrid, viendo la colección permanente, de ella y de él. He estado en muchos museos de pintura en diversas ciudades, pero en pocos me viene la sensación que tengo en éste, de emoción porque es tan completo de todas las épocas. Solo con el expresionismo alemán que tienen, una de mis épocas favoritas de la pintura, podrían montar un museo, o la pintura holandesa del Siglo de Oro, por no hablar de cuadros que a mí me quitan el hipo, como el de Ghirlandaio de Giovanna Tornabuoni.

Normalmente acudo a las exposiciones temporales pero no al museo en sí, que he visto bastantes veces. Pero es un verdadero placer "obligarme" a ver sus salas cada par de años. Las exposiciones temporales son normalmente un imán al público, y como lo fue el verano pasado la de Antonio López, lo es éste la de Edward Hopper. Tras el baño de las colecciones permanentes del museo, me ha encantado el juego de luces y sombras de los cuadros de este pintor norteamericano del siglo XX, esas imágenes tan de la costa este de EE.UU., que no conozco. No se la pierdan. De ésta exposición me acordaré siempre como de una que vi hace unos cuantos años que era sobre el retrato en el siglo XX y que recuerdo porque fue una que me hizo entender la pasión de muchos por la pintura, desde los artistas a los que coleccionan arte, o a los que como yo son capaces de estar en la cola, como he hecho más de una vez, para ver pintura.

Hoy he vuelto a sentir ese placer de nuevo, ya que gracias a esos museos, podemos ver obras que jamás veríamos. Por eso he sentido muchísima pena por la baronesa. Debe ser terrible ser tan altruista que no te quede ni calderilla para el tinte o para llevar a tus hijas al McDonalds.

domingo, 13 de mayo de 2012

Una verdadera obra de arte

En Hamburgo estos meses está puesta entre los dos edificios de la pinacoteca de Hamburgo una araña gigante. El que tenga aracnofobia que no vaya. Pero si no, hasta el 17 junio se puede ver esta obra de arte de 9 metros de altura, con su 8 patas, hecha en bronce, acero y mármol. Obra de la artista francesa americana ya fallecida Louise Bourgeois (1911-2010), que fue muy longeva, y muy productiva artísticamente siendo ya muy anciana, la araña se llama "Maman", y es un homenaje a su madre. Murió con 98 años tras una muy productiva fase como artista en sus últimos años. La obra es el anuncio de la exposicion del interior del museo, pero a mí, tras ver la exposición la araña me pareció infinitamente mejor, y decidí que no hubiera hecho falta entrar a ver el resto, que era arte demasiado raro y que me dijo muy poco. Pero la araña sí. Homenajear a tu madre con una araña así tiene mucho mensaje.

Hoy me he acordado de la araña porque ha sido el Día de la Madre en Alemania. Yo, que lo soy por partida doble, me veo a veces así, como esa araña gigante que da cobijo a sus hijas, pero a la vez deja espacio suficiente para que respiren y salgan y entren. Porque en un Día de la Madre como hoy vuelvo de un fin de semana en Londres con mi hija pequeña y lo hemos pasado tan bien ambas junto con el familiar al que hemos visitado, que me quedo en un limbo de la alegría de lo que supone ser madre, y de disfrutar tanto como disfruto de mis hijas. La viajera, nada más llegar a Hamburgo, tras la paliza que nos dimos ayer a andar y que anoche no sintiese los pies, me ha dicho que le duelen "todos los pies". Tras la risa que me causó el comentario, me acordé de la araña porque justo al salir a la zona de llegadas, había un cartel de publicidad de la exposición de la araña. Quizá no tuvimos los 8 "pies" de la araña, pero nos dolían todos ellos, a ella sobre todo. Y mi hija mayor, que tuvo que prescindir de mí, me ha dicho esta noche que dos días sin su madre es el límite que puede estar, y que una semana no soportaría. A una madre, y más en su día, le da alegría oír una cosa así. Y me sentí como la araña, de bronce, acero y mármol, pues así hemos de ser, de material duro y resistente a todo, porque la labor se las trae. Tienes que tener los nervios de acero a menudo, y ser dura como el bronce y el mármol. El bronce todavía como metal es maleable, como lo es una madre ante el reto que supone ir adaptándose a todas las fases de los hijos, desde que son bebés, niños, adolescentes, hasta que son adultos, y te siguen dando, como dicen mis padres, quebraderos de cabeza, pero el bronce es resistente a la corrosión, así que da igual que los nervios a veces flaqueen. El mármol es duro pero a la vez poroso, absorbe humedad, como nosotras, las madres, que nos mantenemos duras como rocas en nuestra tarea educadora, pero que nos empapamos de lo muchísimo que nos dan nuestros hijos. En realidad, con su obra, Louise Borgeois estuvo muy acertada, pues una araña de esa envergadura, es una obra de arte en todos los sentidos, como lo es una madre. Todos tenemos una, y sabemos que eso es cierto.


miércoles, 9 de noviembre de 2011

El verdadero amor al arte

Hace poco estuve en un museo en Holanda que me gustó mucho, y que posee tantos cuadros de van Gogh como no creí recordar del mismo Museo van Gogh de Amsterdam, y que se puede disfrutar sin los tropeles de turistas de éste último. El Museo Kröller-Müller, emplazado en un parque nacional en la provincia de Gelderland, el Hoge Veluwe, era la colección privada del Helene Kröller-Müller, hija de un empresario rico alemán que se casó con el director de la sucursal holandesa de la empresa de su padre, por lo que se fue a vivir a Holanda. Allí empezó a estudiar arte y a adquirir obras que fueron formando durante su vida una impresionante colección, sobre todo de van Goghs, pero también de pinturas de otras épocas, y de esculturas. En época de crisis, en los años 20 y 30, temiendo perder su colección la donó en su totalidad al estado holandés con la condición de hacer un museo para exhibirla. El edificio, diseñado por Henry van der Velde, abrió sus puertas en 1938, muriendo ella un año después.

Coleccionar arte teniendo los medios para hacerlo no es ningún arte, valga la redundancia. Y por eso las Titas Cerveras de este mundo lo tienen muy fácil. Pero sorprendente me parece la historia de una exposición que está teniendo lugar ahora mismo en Hamburgo y que no he visto, pero a la que me acercaré, por rendirle honores. La exposición se titula "La colección del bedel. Wilhelm Werner". Más de una vez me he preguntado en un museo si los vigilantes de las salas acaban aburriéndose de ver los mismos cuadros o si los acaban amando. La muestra responde quizá a esta pregunta, y de una manera contundente. El carpintero Wilhelm Werner, nacido en 1886, empezó a trabajar en 1914 en la pinacoteca de Hamburgo, donde trabajó hasta que se jubiló en 1952, habiendo ascendido a bedel. Debido a esto, además de construir marcos, tenía la responsabilidad de colgar los cuadros para las exposiciones, lo que le permitió tratar personalmente a los pintores. Debió desarrollar tal pasión por el arte, sobre todo de un grupo llamado "Sezession", cuyas obras fueron expuestas en los años 20 en el museo, que empezó a coleccionar como quien no quiere la cosa, sobre todo obras de estos últimos. Tras su muerte, su legado consistió en más de 500 cuadros. Al parecer muchas de las obras eran regalos de los artistas a los que ayudaba en sus exposiciones. Pero los honores se los ganó en los años más oscuros del museo. Cuando los funcionarios nazis del museo fueron a sacar los cuadros considerados "degenerados", como los nazis consideraban la obra de muchos artistas, Werner sacó siete obras de una pintora judía, Anita Rée, que se suicidó en 1933. Escondió estos cuadros en el sótano de su piso de bedel, y los salvó así del expolio o destrucción. Al pasar la guerra, los cuadros volvieron a la colección del museo. Por si fuera poco, además, junto con otro compañero, apagó fuegos del tejado del museo, originados por las bombas incendiarias, salvando así el tejado de graves daños.

A mí me ha sorprendido mucho la historia, y solo lo que significa es más que motivo para ir a ver la exposición: porque entiendo la pasión que puede desatar el arte, y porque hay personas, que sin grandes riquezas logran grandes milagros. Me parece muy noble que el museo al que Werner dedicó su vida le rinda homenaje, ya que seguramente se trate de uno de los coleccionistas de arte más singulares que existan.

martes, 27 de septiembre de 2011

El Jenischpark y sus sorpresas

A veces tenemos suerte de toparnos con lagunas nuestras expuestas en museos, que nos devuelven la impresión de lo mucho que hay que ver y saber por el mundo. El viernes me acerqué a un parque maravilloso de Hamburgo, el Jenischpark, que en una ciudad que de por sí es un bosque y un deleite para cualquiera al que le guste observar árboles, es un parque gigante que presenta algunos que bien podrían ser "top models", si se eligiesen lo mejor de lo mejor en categorías por fin interesantes para el mundo.
Fui también a la llamada de un museo que ya conocía, pero al que periódicamente me gusta volver, el de Ernst Barlach, con la obra escultórica de este artista tan conocido en Alemania y que fue prohibida por los nazis. Había además en él otra exposición de un pintor alemán que yo no conocía, Helmut Kolle, titulada "Un alemán en París". Que este pintor pintase toreros y corridas, entre otras cosas, me hizo que pareciese muy cercano y pero que consiguió tener tanto éxito en el París pictórico de los años 20, me era totalmente desconocido, al igual que su nombre.

Pero la sorpresa fue la otra exposición, que vi porque quise entrar en la Jenischhaus, la mansión de la familia Jenisch que hoy día es parte del Museo de Altona, y que domina ese parque de estilo inglés y con vistas al río Elba. Aparte de los muebles y decoración de esta "casita" del que fue senador de Hamburgo, por lo que tiene el punto aristocrático de los palacios que no tiene esta ciudad, la parte de arriba ofrece espacio para exposiciones. El título de la exposición era: "Los pájaros de Centroeuropa. Acuarelas de Johann Friedrich Naumann". Pero un cartel al subir a la escalera decía más: "Un genio olvidado". Naumann cuenta como el fundador de la ornitología en Alemania, y a su interés por los pájaros, se le unía un talento único para el dibujo, lo que le distinguía de otros estudiosos de la materia que tenían que encargar los dibujos a otros. Carecía de medios para realizar los viajes que le hubiesen permitido observar más ejemplares, pero con alguna ayuda pudo desplazarse a Hungría, y a las islas de Sylt y Helgoland, en el Mar del Norte. Pero la mayoría de sus textos y grabados los realizó en su casa.

El interés por los pájaros le venía de familia: al almanaque de cuatro volúmenes que realizó el padre Naumann, se le unió el del hijo, de doce volúmenes, con la diferencia de que este último realizó los dibujos el mismo. Dedico toda su vida a explicar la vida de los pájaros, y a la creación de sus obra con sus ilustraciones, y fue un ornitólogo muy respetado en vida. Pero como pone a la entrada de la exposición, cayó en el olvido, ya que no es un nombre que suene ni como científico, o como "poco" por su obra de arte. Todavía queda un mes de exposición, y los que puedan ir a verla, que vayan a ver esta sorpresa temporal del siempre sorprendente Jenischpark.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La exposición del verano

Sin duda la exposición del verano en España es la del Museo Thyssen de Madrid dedicada a Antonio López, con mis respetos a otras que haya a lo largo de la geografía española. Como muchos acudan a verla dos veces, como yo, podrían romperse los récords de visitantes, y a día de hoy, según el telediario, van ya 120.000. Las entradas están agotadas rápidamente para el mismo día. Y no es para menos. Acudan en tropel. Merece la pena contemplar esas maravillas de cuadros incluso entre las masas. A mí no me importa contemplar arte con tropecientas mil personas, si éstas van a lo que van. Sin embargo me desagradan las masas borreguiles si acuden a un museo por haber leído un libro, como me ocurrió en el Louvre, del que salí espantada por los montones de gente que querían participar de las visitas guiadas con tema Código da Vinci, y no por el museo en sí.

¿No se dice siempre que España no trata bien a sus genios? Cabe remarcar que esta retrospectiva se está realizando en vida del pintor. Yo no sabía exactamente qué me esperaba, ya que su obra me era desconocida, y curiosamente al ver algunos de sus cuadros, me resultaron muy familiares. La muestra empieza con los platos fuertes, los cuadros de las últimas décadas. Sorprendente el cuadro del mueble antiguo de los de guardar la vajilla de antes, con detalles como las gotas de los ojos y hasta el prospecto sacado de la caja y la botella de anís, y otras. Luego la nevera, tal cual, abierta, hasta con el plato de las sobras puesto sobre el cazo, como hacemos cualquiera en nuestras neveras. Y los cuadros de Madrid, de ese realismo tan espectacular que muestran qué feos son muchos barrios, con el conglomerados de bloques de ladrillo. Y la Gran Vía. El cuadro más conocido de su obra lo pintó en seis años, por realizarlo siempre a la misma hora del día, para tener la misma luz. Que el pintor vive y su pintura está viva, se experimenta en su serie de cuadros sobre la parte alta de la Gran Vía, con vistas a Callao o la Plaza de España, que está en plena elaboración. Son cuadros titulados Gran Vía, tal día y tal hora, con lo que los pinta siempre a esa misma hora de ese día durante años.

La escultura juega un papel importante en su obra, con esas cabezas de bebés que hizo cuando para realizar esculturas de sus hijas o nietos. Los grabados, de su primera fase, impresionan, hechos solo a lápiz, y parecen hasta tener luz artificial en esas cocinas desvencijadas, esa habitación y su tres puertas. La obra de sus primeros años son retratos de los suyos en Tomelloso, y podrían ser cuadros de la familia de cualquiera. Si tuviera que resumir en dos términos los trabajos expuestos serían realismo y cercanía. No se la pierdan.