En El País de hoy ha aparecido un artículo titulado "Con canas y sin esperanza" que me ha dejado muy pensativa. La primera en la frente: de los más de cinco millones de parados que hay en España, un millón es de ellos son mayores de 50 años. Llama la atención la cifra, si bien tenemos en cuenta además, que es un grupo que lo tiene muy negro a la hora de reengancharse de nuevo, y si lo hacen será cobrando bastante menos que antes. Con mi respeto a todos los jóvenes en paro, reclamo más protagonismo para este colectivo, pues me imagino su desesperación. Habiendo trabajado toda una vida, la sensación de ser inservible para la sociedad debe ser devastadora. Antes muchos de esos pasaban a engrosar las listas de las jubilaciones anticipadas, pero todo eso se acabó. Y no es lo mismo dejar de trabajar con cincuenta y tantos yéndote con un sueldo al mes de por vida, que quedarte en el paro, sin perspectivas de encontrar un nuevo empleo. Pero dejo paso al artículo, que merece la pena leer:
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/19/actualidad/1358615632_477502.html
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domingo, 20 de enero de 2013
miércoles, 14 de noviembre de 2012
Peste o cólera
Hamburgo en los tiempos del cólera podría titularse uno de los episodios negros de la ciudad. En agosto
de 1892, hubo una ola de calor en toda Europa. Todavía no estaba en
funcionamiento el sistema de filtrado de la arena del agua, mandado instalar
dos años antes. A todo esto estaban llegando miles de emigrantes del este de Europa, para salir desde Hamburgo en
barco al Nuevo Mundo, en búsqueda una existencia mejor. En Kiev ya había cólera, y algunos lo trajeron de allí. En
Hamburgo había 5.000 letrinas y 42.000 sótanos en los que la gente vivía hacinada en condiciones
insalubres en espacios muy pequeños. El 13 de agosto
muere la primera persona, un trabajador del puerto, que limpiaba desagües. Pero los
políticos estaban más ocupados con la construcción del nuevo ayuntamiento, y con la decisión sobre la estatua que decoraría el patio. Los 600.000 habitantes de la ciudad estaban
asfixiados de calor, pero no se imaginaban lo que se les venía encima. Otro que limpiaba desagües, muere
el 17 de agosto y los síntomas eran claros: se trataba del cólera. El biólogo Robert Koch había identificado
la bacteria 9 años antes, pero muchos médicos seguían creyendo que se se transmitía
con vapores peligrosos emitidos de la tierra. El 20 de agosto se había extendido la
epidemia por toda la ciudad, pero seguían sin confirmar que era cólera, a pesar de los ya 115
enfermos y 36 muertes registradas. Por miedo a que el puerto y los
negocios de la ciudad se paralizaran, los representantes de la ciudad no tomaron medidas, por arrogancia
e ignoracia. El dinero era más importante en esos momentos que las vidas humanas. Cuando el Gobierno del Reich en Berlín perdió la paciencia, mandaron al biólogo
Robert Koch, que cuando vio las condiciones de vida tan insalubres en Hamburgo, dijo no creer encontrarse en Europa en cuanto a la
pestilencia, y viviendas infrahumanas. Mandó cerrar escuelas, prohibió todo tipo de concentraciones
humanas, y exigió que solo se utilizase agua cocida. Hamburgo fue puesta en
cuarentena, y se paró el tráfico, el puerto, las obras, y las fábricas, y se
cerraron las tiendas. Todo lo que la política quiso impedir fue realizado de golpe. De repente la ciudad empezó a
oler a cloro, por los trabajos de desinfección, y aún así tardaron diez semanas en que bajara la cifra de nuevos enfermos. En total murieron 8.605
personas. El Senado aceleró entonces la instalación del sistema de filtrado de arena, que recordemos debió haber sido instalado dos años antes de la tragedia, y para ellos eso trabajó hasta
los domingos y festivos, para empezar a funcionar el 27 de mayo de 1803. Entonces, los
senadores, cuya incapaciciad no logró más que empeorar la epidemia, decidieron
algo simbólico: cambiaron los planes de la fuente del patio del Ayuntamiento,
y en vez de la figura de Mercurio, el dios del comercio, pusieron a Hygieia, la
diosa de la limpieza y la salud. Y ahí sigue, montada sobre un dragón, sin que
muchos sepamos que surgió de los tiempos del cólera y de una época, en la que como tantas, se descuidó lo básico para ensalzarse con obras faraónicas y símbolos.
Elegir entre la peste y el cólera. Esa es una frase hecha en alemán, que explica el tener que elegir entre dos opciones igualmente inaceptables. Eso es lo que tiene que hacer hoy mucha gente en España al decidir si sigue la huelga general o va a trabajar. Sé de muchos que no la siguen por lo que les descuentan de sueldos míseros, y si ya no llegan a fin de mes, la huelga es un lujo, como lo era un sistema de filtrado del agua a finales de siglo XIX en Hamburgo, cuando debatir sobre una estatua era más importante que tomar las medidas pertinentes. En España se ha tirado el dinero en aeropuertos innecesarios, la candidatura de Madrid a las Olimpiadas en dos ocasiones e infinidad de tonterías, y ahora se recortan derechos básicos logrados en décadas, tanto en educación como en sanidad, y en las condiciones laborales. Los beneficios no se repartieron, pero sí las deudas. Y encima nos engañan haciéndonos creer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. La gente que gana mil euros desde luego que no. Eso lo han hecho otros. Y los que tienen sueldos tan bajos se lo habrán pensado y mucho si secundan la huelga o no. Pero desde luego que hay más que motivos para hacerla: los recortes no están dando los frutos necesarios, y se recorta aquí y allá, como se construyó aquí y allá también, en un abuso de poder y apabullamiento. Los recortes no se han debatido sino que se han impuesto, y ese presidente que quería mandar como "Dios manda" y como quieren los españoles lleva ya dos huelgas generales, y el descontento de la gente sigue creciendo. Se toman medidas o se da a conocer cierta información después de las elecciones regionales que toquen. Se gobierna, o mejor dicho, se malgobierna siguiendo plazos, y los que recortan son incapaces de renunciar a dietas y privilegios. La gente no cree en la política, pues se sienten engañados por una clase política incompentente los de antes y arrogantes los de ahora. Entiendo a los que no van a la huelga porque su sueldo no les da, pero desde luego que razones suficientes hay, más que nunca.
Elegir entre la peste y el cólera. Esa es una frase hecha en alemán, que explica el tener que elegir entre dos opciones igualmente inaceptables. Eso es lo que tiene que hacer hoy mucha gente en España al decidir si sigue la huelga general o va a trabajar. Sé de muchos que no la siguen por lo que les descuentan de sueldos míseros, y si ya no llegan a fin de mes, la huelga es un lujo, como lo era un sistema de filtrado del agua a finales de siglo XIX en Hamburgo, cuando debatir sobre una estatua era más importante que tomar las medidas pertinentes. En España se ha tirado el dinero en aeropuertos innecesarios, la candidatura de Madrid a las Olimpiadas en dos ocasiones e infinidad de tonterías, y ahora se recortan derechos básicos logrados en décadas, tanto en educación como en sanidad, y en las condiciones laborales. Los beneficios no se repartieron, pero sí las deudas. Y encima nos engañan haciéndonos creer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. La gente que gana mil euros desde luego que no. Eso lo han hecho otros. Y los que tienen sueldos tan bajos se lo habrán pensado y mucho si secundan la huelga o no. Pero desde luego que hay más que motivos para hacerla: los recortes no están dando los frutos necesarios, y se recorta aquí y allá, como se construyó aquí y allá también, en un abuso de poder y apabullamiento. Los recortes no se han debatido sino que se han impuesto, y ese presidente que quería mandar como "Dios manda" y como quieren los españoles lleva ya dos huelgas generales, y el descontento de la gente sigue creciendo. Se toman medidas o se da a conocer cierta información después de las elecciones regionales que toquen. Se gobierna, o mejor dicho, se malgobierna siguiendo plazos, y los que recortan son incapaces de renunciar a dietas y privilegios. La gente no cree en la política, pues se sienten engañados por una clase política incompentente los de antes y arrogantes los de ahora. Entiendo a los que no van a la huelga porque su sueldo no les da, pero desde luego que razones suficientes hay, más que nunca.
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miércoles, 16 de mayo de 2012
Total ... para qué
Hoy miro por la ventana y si pienso que estamos a 16 de mayo, y que hasta ahora no me he acabado de quitar ni el abrigo ni las botas, y que no para de llover, me da un penterre. Nos disponemos hoy a terminar la semana, a miércoles, pues mañana es fiesta y los coles hacen puente el viernes, y mucha gente también. Mañana además es "el viaje de Cristo al cielo", el Christi Himmelfahrt, la Ascensión, el día en el que se celebra además el día del padre. Como ya he mencionado en varias ocasiones, ese día, los padres y más aún los no-padres, se van por el campo tirando de carritos llenos de cerveza y otras bebidas alcohólicas, a celebrar bebiendo y haciendo barbacoas. Ayer dijeron en el pronóstico del tiempo en la radio que los guantes para protegerse las manos para hacer la barbacoa, les servirá a los hombres para protegerse del frío. Ayer mi hija me preguntó: "Mamá, ¿quién es el patrón de Hamburgo?" La pregunta no salió de ella, pues ella no sabe qué es un patrón, sino que vino propiciada porque mi madre le contaba por teléfono que era fiesta en Madrid, San Isidro, el patrón de la capital. Yo le dije que no, que no hay, pero para confirmarlo realicé mis pesquisas en clase. Les trasladé la misma pregunta a mis alumnos, que me respondieron que en Hamburgo no, pero que en el sur de Alemania también hay patrones, en las zonas católicas, que son los que tienen mejor tiempo además. Pero claro, aquí para qué, con el tiempecito tan asqueroso que tenemos. Total, para no poder ir a la verbena ni nada. Eso que nos ahorramos. Aquí no se celebra a ningún personaje porque sí, bastante tenemos con tener días de fiesta en los que podemos dormir y descansar, pues el tiempo no nos permite hacer mucho más. Es mayo, y los mayos de buen tiempo que he vivido en Hamburgo quedan lo menos 4 años atrás. Los últimos veranos fueron un engaño, y me temo que éste vamos por el mismo camino. Al menos los últimos dos años en abril hizo buenísimo y eso nos desquitó un poco. Ahora, todos los optimistas, que aquí quieren creer en los milagros, dicen que todo esto es porque tendremos un verano buenísimo. Que venga Dios y lo vea. Esta expresión, o mejor dicho, su variante "que baje Dios y lo vea", se la expliqué el otro día a una alumna mía, que anda desesperada con el subjuntivo. Yo preferiría desesperarme por el subjuntivo que por los 9 grados de máxima que tenemos hoy. Repito que al próximo que me hable de calentamiento del planeta, le diré unos cuantos improperios, y le invitaré gratamente a pasar un invierno y un verano en Hamburgo, que para el caso es lo mismo. Así que el mes de mayo, que es el único en el que tenemos días festivos, estas fechas y puentes quedan igual de deslucidos que la próxima fiesta que tendremos, el 3 de octubre, que es normalmente para no salir de casa ya. Y si ya es duro un día laborable con el tiempo que tenemos ahora, más lo será un puente entero así. Al menos mi hija mayor, ya a punto de regresar de su viaje con la clase, en el que se han dedicado a cantar todo el tiempo, se alegra, y me ha mandado antes un sms diciéndome: "Mamá, ya estamos de camino. Qué ganas de comer buena comida". Ya sé por dónde van los tiros. Uy, qué suerte la mía. Acaba de llegar la cantora, y me cuenta que han cantado cinco horas al día, con pausas entremedias, que la próxima vez se apuntará a la comida vegetariana, que la carne estaba malísima, y que los horarios de las comidas penosos: a las 8 de la mañana el desayuno, a las 12 la comida del mediodía y a las 6 de la tarde la cena. Y mientras termino este post, se está calentado un plato de comida que le dejé... y me dice "por fin en casa". Así que para qué hablaba yo del tiempo si todo va viento en popa.
martes, 3 de abril de 2012
Bromitas de abril
Antes he vuelto a casa con 4°C de temperatura, que será la máxima de hoy. Lleva todo el día cayendo agua nieve, y eso que en las pasadas dos semanas nos creímos que ya era primavera. Pero a mí no me engañan: llevo demasiado tiempo aquí y demasiados abriles para saber que esto es de lo más normal del mundo. Recuerdo haberme congelado muchos meses de abril, así que como para escandalizarme de nada. El mes de abril hace lo que le da la gana. Así lo dice el refranero alemán, April, der tut was er will. Y así es: en un mismo día saldrá el sol y caerá granizo unas cuantas veces al día, un fenómeno meteorológico tras otro. Se denomina también Aprilwetter, o 'clima de abril', a cualquier clima así de cambiante en cualquier época del año. Y el tiempo en abril es a veces como la peor de las bromas que se gastan el primer día de este mes. "April, April", "abril, abril" es lo que se le dice al que se le ha tomado el pelo para desenmascarar la broma. El 1 de abril es como el Día de los Santos Inocentes. Este año ha quedado algo encubierto al ser domingo, pero los medios de comunicación recogen o anuncian esos días noticias que luego desmienten. Este año la más ocurrente quizá ha sido que Gauck, el recién nombrado Presidente de Alemania y que vive en pareja sin estar casado y sin haberse divorciado de su mujer, se casaría. O la Asociación de Vegetarianos anunció que en cooperación con una marca de preservativos aparecerían condones con un lubricante hecho de vitamina B12, que suple el déficit de esta vitamina en los vegetarianos. Un periódico berlinés informó sobre una aplicación para el iphone que serviría para avisar cada vez que uno se encuentre con excrementos de perro en la calle, y que vendrían los servicios de limpieza y que este servicio le costaría a los dueños de los perros 7,99 € al mes. O la televisión estatal anunciaba la creación del canal "Wow, Wow TV", 'televisión guau guau', para que los perros tengan su propio canal con el que distraerse. Algo muy creíble en este país. Eso para que digan que los alemanes no tienen humor.
Pero ese día también hay noticias de las que dudas de si son el engaño del día. El domingo supimos que el expresidente alemán Wulff está en un retiro del que saldrán sus memorias políticas. Y su mujer anda trabajando en su libro en el que hablará de sus experiencias como First Lady. Hablamos de 598 días: la que menos ha estado en el Palacio Presidencial de Bellevue de todas las esposas hasta ahora. Pero el futuro libro ya tiene contrato de publicación y por una cuantiosa suma y una edición ya asegurada. Cuánto escritor nóvel quisiera tener esa oportunidad y no la tendrá jamás, pues además la señora no lo está escribiendo sola sino con ayuda de "negros", como feamente se llama a los escritores fantasma. Wulff probablemente haga lo mismo, pero quizá como es hombre, nadie duda de su capacidad (de mentira, en cualquier caso). Pensarán que estoy obsesionada con el expresidente alemán, pero es que yo, como millones de alemanes más, quiero que nos dejen en paz. Como un columnista simpático escribió ayer en el periódico local sobre el libro que la mujer prepara, a continuación vendrá un musical, luego una película, luego una colección de cromos, una muñeca Barbie, y la plantilla del tatuaje que lleva la mujer para que las niñas con aires de grandeza se los hagan. La broma es ya muy pesada, pues se sigue haciendo posible que ciertas personas vivan por la cara. Y eso no es ya ninguna broma.
Pero ese día también hay noticias de las que dudas de si son el engaño del día. El domingo supimos que el expresidente alemán Wulff está en un retiro del que saldrán sus memorias políticas. Y su mujer anda trabajando en su libro en el que hablará de sus experiencias como First Lady. Hablamos de 598 días: la que menos ha estado en el Palacio Presidencial de Bellevue de todas las esposas hasta ahora. Pero el futuro libro ya tiene contrato de publicación y por una cuantiosa suma y una edición ya asegurada. Cuánto escritor nóvel quisiera tener esa oportunidad y no la tendrá jamás, pues además la señora no lo está escribiendo sola sino con ayuda de "negros", como feamente se llama a los escritores fantasma. Wulff probablemente haga lo mismo, pero quizá como es hombre, nadie duda de su capacidad (de mentira, en cualquier caso). Pensarán que estoy obsesionada con el expresidente alemán, pero es que yo, como millones de alemanes más, quiero que nos dejen en paz. Como un columnista simpático escribió ayer en el periódico local sobre el libro que la mujer prepara, a continuación vendrá un musical, luego una película, luego una colección de cromos, una muñeca Barbie, y la plantilla del tatuaje que lleva la mujer para que las niñas con aires de grandeza se los hagan. La broma es ya muy pesada, pues se sigue haciendo posible que ciertas personas vivan por la cara. Y eso no es ya ninguna broma.
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domingo, 22 de enero de 2012
La norma climática de Hamburgo
Si yo no hablo del tiempo es porque todo va viento en popa. No quiere eso decir que haga buen tiempo, sino simplemente que se cumplen las expectativas. Del invierno aquí no espero nada, y una vez que me mentalizo en noviembre de que empieza lo malo, no me cambio el chip hasta abril, que es cuando espero que empiece la primavera y es ahí, de abril a octubre, cuando me afecta que siga lloviendo y no veamos el sol, o no haya verano, y es cuando me quejo. El resto está asumido.
Por eso, este mes está siendo como marcan los cánones hamburgueses. Alguien me comentó el otro día en una de mis clases, ya no recuerdo ni cuál fue, pues la semana ha sido toda igual y espantosa de lluvia, que solamente ese día estaba lloviendo en Hamburgo más que en cualquier parte de toda Europa. Yo dije que me lo creía, absolutamente, que llevo demasiada experiencia aquí sobre mis hombros, como para dudar del dato.
Y sin embargo hoy toca hablar del tiempo precisamente por eso: porque este año todo es de lo más normal, por mucho que los románticos soñadores de inviernos siberianos se piensen que lo de ahora es lo extraño, y que los dos inviernos pasados, que fueron terroríficos, fueron lo habitual. Justo hace poco lancé la pregunta en mis clases, que utilizo como barómetro sobre la opinión pública alemana, como con el tema de Wulff, el Presidente, que parece que se mantendrá, aunque la mayoría piense que debe dimitir. Les pregunté que cómo era el tiempo ese día y si se correspondía a esta época del año. Y me dijeron lo que yo esperaba: que noooooooooooooo, que eso (lluvia constante durante días) no es lo normal, y que las temperaturas eran relativamente suaves para la época. Pero había dos realistas en la clase, que opinaron que ése es el tiempo de Hamburgo en invierno, frío húmedo, pero no siberiano, nada de nieve, o poquísima, y lluvia, lluvia y lluvia. Bien, dije, es justo eso, no confundamos la realidad con lo que uno desea que ésta sea. Los dos inviernos pasados han hecho mucho mal para los que deberían vivir en los Alpes o en Suiza, y que se creen que ése es el tiempo que le corresponde a Hamburgo: nieve, sol, temperaturas a bajo cero, e idilio invernal, como para rodar Doctor Zhivago por lo menos. Los dos últimos inviernos, de los que yo escribí a menudo escandalizada, pues no era lo que yo conocía aquí de toda la vida (más de media ya) sino algo mucho peor, se acercaron algo a eso en cuanto a la cantidad de nieve, pero como siempre a la gente se le olvida que el sol brilló por su ausencia igualmente y que la nieve en ciudad no es más que un engorro que causa accidentes y que no sirve para nada. Hace dos inviernos, con las calles heladas, hielos por todas partes, hubo montones de fracturas de huesos y los hospitales estaban desbordados, hubo cantidad de accidentes, y aunque no se acuerden ahora, muchos estaban ya en marzo diciendo que ya estaba bien, que tanto no hacía falta, porque aquí lo que la gente quiere es que nieve a la carta, es decir en Nochebuena, y tengamos Navidades blancas, y que luego deje de nevar cuando se cansen de nieve. Como si a mí me hiciese caso el clima en cuanto a mi deseo de tener un verano decente siempre.
Y por eso yo, que sé que esto es lo que hay, es decir, lluvia lluvia y más lluvia, he pasado el fin de semana de diluvio universal que hemos tenido toda tranquila, pues lo tengo plenamente asumido. Incluso salí ayer, sin que la lluvia me impidiese nada, y por supuesto que digo que más asqueroso imposible, pero es lo que hay un mes de enero normal. Qué más podemos pedirle al tiempo en esta época del año, y sin embargo yo estoy feliz de que este invierno no haya caído más que agua nieve que no ha causado ningún estrago, y que todo siga su curso. Si el ciclo es de cada 20 años dos inviernos así, creo que seguiré pudiendo sobrevivir. Por eso no he hablado del tiempo en mucho tiempo, y volveré con la temática en abril, cuando mi cuerpo se prepare para la estación cálida y aquí el clima siga empeñado en seguir siendo Hamburgo, como ahora, pero en meses en los que a mí no me cabe en la cabeza. Ahora sí, porque estamos en la más absoluta normalidad.
Por eso, este mes está siendo como marcan los cánones hamburgueses. Alguien me comentó el otro día en una de mis clases, ya no recuerdo ni cuál fue, pues la semana ha sido toda igual y espantosa de lluvia, que solamente ese día estaba lloviendo en Hamburgo más que en cualquier parte de toda Europa. Yo dije que me lo creía, absolutamente, que llevo demasiada experiencia aquí sobre mis hombros, como para dudar del dato.
Y sin embargo hoy toca hablar del tiempo precisamente por eso: porque este año todo es de lo más normal, por mucho que los románticos soñadores de inviernos siberianos se piensen que lo de ahora es lo extraño, y que los dos inviernos pasados, que fueron terroríficos, fueron lo habitual. Justo hace poco lancé la pregunta en mis clases, que utilizo como barómetro sobre la opinión pública alemana, como con el tema de Wulff, el Presidente, que parece que se mantendrá, aunque la mayoría piense que debe dimitir. Les pregunté que cómo era el tiempo ese día y si se correspondía a esta época del año. Y me dijeron lo que yo esperaba: que noooooooooooooo, que eso (lluvia constante durante días) no es lo normal, y que las temperaturas eran relativamente suaves para la época. Pero había dos realistas en la clase, que opinaron que ése es el tiempo de Hamburgo en invierno, frío húmedo, pero no siberiano, nada de nieve, o poquísima, y lluvia, lluvia y lluvia. Bien, dije, es justo eso, no confundamos la realidad con lo que uno desea que ésta sea. Los dos inviernos pasados han hecho mucho mal para los que deberían vivir en los Alpes o en Suiza, y que se creen que ése es el tiempo que le corresponde a Hamburgo: nieve, sol, temperaturas a bajo cero, e idilio invernal, como para rodar Doctor Zhivago por lo menos. Los dos últimos inviernos, de los que yo escribí a menudo escandalizada, pues no era lo que yo conocía aquí de toda la vida (más de media ya) sino algo mucho peor, se acercaron algo a eso en cuanto a la cantidad de nieve, pero como siempre a la gente se le olvida que el sol brilló por su ausencia igualmente y que la nieve en ciudad no es más que un engorro que causa accidentes y que no sirve para nada. Hace dos inviernos, con las calles heladas, hielos por todas partes, hubo montones de fracturas de huesos y los hospitales estaban desbordados, hubo cantidad de accidentes, y aunque no se acuerden ahora, muchos estaban ya en marzo diciendo que ya estaba bien, que tanto no hacía falta, porque aquí lo que la gente quiere es que nieve a la carta, es decir en Nochebuena, y tengamos Navidades blancas, y que luego deje de nevar cuando se cansen de nieve. Como si a mí me hiciese caso el clima en cuanto a mi deseo de tener un verano decente siempre.
Y por eso yo, que sé que esto es lo que hay, es decir, lluvia lluvia y más lluvia, he pasado el fin de semana de diluvio universal que hemos tenido toda tranquila, pues lo tengo plenamente asumido. Incluso salí ayer, sin que la lluvia me impidiese nada, y por supuesto que digo que más asqueroso imposible, pero es lo que hay un mes de enero normal. Qué más podemos pedirle al tiempo en esta época del año, y sin embargo yo estoy feliz de que este invierno no haya caído más que agua nieve que no ha causado ningún estrago, y que todo siga su curso. Si el ciclo es de cada 20 años dos inviernos así, creo que seguiré pudiendo sobrevivir. Por eso no he hablado del tiempo en mucho tiempo, y volveré con la temática en abril, cuando mi cuerpo se prepare para la estación cálida y aquí el clima siga empeñado en seguir siendo Hamburgo, como ahora, pero en meses en los que a mí no me cabe en la cabeza. Ahora sí, porque estamos en la más absoluta normalidad.
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miércoles, 19 de octubre de 2011
Avances flexibles
Hoy ha vuelto a salir el sol, como si tal cosa. A veces percibo los días de lluvia aquí como la vuelta a la realidad, al ponernos con los pies en la tierra de que esto es lo que hay. Algo así pasó ayer, con el entrenamiento con la bici que tuvo mi hija en el cole. Era obligatorio que la llevaran (al parecer no existe la opción de que un niño no tenga bici), y el entrenamiento era de doce a una. Justo en esa hora fue el rato de la mañana en el que con más ganas llovió y yo, que conozco cómo funciona aquí el sistema, sabía que lo planeado no se anula, ya haya que subir las bicis al Arca de Noé y entrenar allí. A la una me encontré a mi hija como un perro de lanas empapado, y no solo la ropa. Entre lágrimas me contó lo desastroso que había sido el entrenamiento y que ella encima fue la última del triatlón que realizaron, sin prueba de nadar, pues para eso tenemos aquí a la lluvia, que viene a ser lo mismo, y lo que fue peor aún, un niño se rió de ella por caerse dos veces, porque tenían que hacer una pirueta levantando la rueda de delante, y encima llegar la última en la carrera. Alguien tiene que ser el último, le expliqué, pero lo peor fue su orgullo herido y, en su opinión, que se realizara la carrera en esas cicunstancias.
El tema político de la semana no es (aleluya) el euro, aunque los bancos y Grecia siguen dando que hablar, sino el dichoso debate sobre la falta de mujeres en la dirección de la empresas alemanas. El lunes la ministra de la Familia, Kristina Schröder, se reunió con los representantes de las empresas que cotizan en bolsa y les pidió cuentas. La ministra, recién parida, ha preparado un borrador para un proyecto de ley por la cual se les pediría cuentas a las empresas sobre si cumplen los objetivos establecidos previamente, sobre las medidas que toman para aumentar el número de mujeres en la cúpula de las empresas, y su plan es penalizarlas si no cumplen con sus objetivos iniciales. Dentro del gobierno, la encargada de la cartera de Trabajo, Ursula von der Leyen, la anterior en el puesto de Schröder, propone una cuota marcada por la ley, que obligaría a todas las empresas a cumplirla. O sea que o unas cuotas flexibles y voluntarias preestablecidas por las empresas pero obligatorias a la hora de cumplirlas, frente a cuotas fijas para todos. Dos opiniones en un mismo gobierno.
Opino, como con el asunto de la prueba de bicicleta, que podría haber sido pospuesta a otro momento más propicio, que una cierta flexibilidad y voluntariedad es mejor que imponer y considerar que las circunstancias son siempre iguales en todo momento y lugar. Si las mujeres no llegan en Alemania, y escandalosamente en proporción menor a la media europea, a ser ejecutivas es porque trabajando media o con jornada reducida es imposible: las que lo consiguen son en general las que no tienen hijos. Y sin embargo prefiero creer que la cuota flexible es mejor, aunque no poner cuotas y que no hubiese discriminación sería jauja, pero me temo que al final, para que ocurra algo de verdad, habrá que imponer cuotas no flexibles, porque la mentalidad de la gente no lo es.
Estos días pienso mucho en Gallardón (riánse, que sé que para los madrileños no tiene gracia), al ver todo Hamburgo en obras. A veces me dan ganas de traérmelo para acá y que cunda el pánico en la ciudad. Abrir aquí una estación de metro puede tardar 20 años, como ocurrió con el metro al aeropuerto, y ahora hay problemas con la línea S4, que llevará el metro a la HafenCity, el barrio nuevo de Hamburgo. El arreglo del túnel del Elba producirá también atascos espantosos hasta 2020!, leí el otro día, "antes" no se puede solucionar. A lo mejor habría que introducir en cada ciudad un Gallardón como cuota, para que aunque deje a la ciudad arruinada, al menos se logre algo por la ley del embudo. O mujeres que a lo mejor no se merezcan el puesto pero que hagan cambiar la sociedad demostrando que también existen, muevan o no muevan nada, pues los hombres tampoco lo hacen siempre y rellenan también a falta de la disponibilidad que nos roba a las mujeres el sistema. O quitar en los colegios actividades que yo opino que son competencia de la familia y que no nos imponga la consejería de educación que tu hijo ha de tener una bici último modelo en perfecto estado y hacer piruetas delante del resto de la clase, lloviendo a mares.
Son solo ideas. Como cuando se me ocurrió a mí hace hoy justo un año cerrar otro blog como éste, en algo que pareció un sinsentido, pero que no lo fue. Fue un impulso que, como todo lo que parece que hacemos sin pensar, tenía una base sólida. Y la vida siguió tras aquel corte, y volvió en forma de este blog y de otros proyectos en los que me hallo involucrada. Porque tras cada bache o agujero viene un avance que nos lleva a otro lugar, aunque nos demos cuenta después.
El tema político de la semana no es (aleluya) el euro, aunque los bancos y Grecia siguen dando que hablar, sino el dichoso debate sobre la falta de mujeres en la dirección de la empresas alemanas. El lunes la ministra de la Familia, Kristina Schröder, se reunió con los representantes de las empresas que cotizan en bolsa y les pidió cuentas. La ministra, recién parida, ha preparado un borrador para un proyecto de ley por la cual se les pediría cuentas a las empresas sobre si cumplen los objetivos establecidos previamente, sobre las medidas que toman para aumentar el número de mujeres en la cúpula de las empresas, y su plan es penalizarlas si no cumplen con sus objetivos iniciales. Dentro del gobierno, la encargada de la cartera de Trabajo, Ursula von der Leyen, la anterior en el puesto de Schröder, propone una cuota marcada por la ley, que obligaría a todas las empresas a cumplirla. O sea que o unas cuotas flexibles y voluntarias preestablecidas por las empresas pero obligatorias a la hora de cumplirlas, frente a cuotas fijas para todos. Dos opiniones en un mismo gobierno.
Opino, como con el asunto de la prueba de bicicleta, que podría haber sido pospuesta a otro momento más propicio, que una cierta flexibilidad y voluntariedad es mejor que imponer y considerar que las circunstancias son siempre iguales en todo momento y lugar. Si las mujeres no llegan en Alemania, y escandalosamente en proporción menor a la media europea, a ser ejecutivas es porque trabajando media o con jornada reducida es imposible: las que lo consiguen son en general las que no tienen hijos. Y sin embargo prefiero creer que la cuota flexible es mejor, aunque no poner cuotas y que no hubiese discriminación sería jauja, pero me temo que al final, para que ocurra algo de verdad, habrá que imponer cuotas no flexibles, porque la mentalidad de la gente no lo es.
Estos días pienso mucho en Gallardón (riánse, que sé que para los madrileños no tiene gracia), al ver todo Hamburgo en obras. A veces me dan ganas de traérmelo para acá y que cunda el pánico en la ciudad. Abrir aquí una estación de metro puede tardar 20 años, como ocurrió con el metro al aeropuerto, y ahora hay problemas con la línea S4, que llevará el metro a la HafenCity, el barrio nuevo de Hamburgo. El arreglo del túnel del Elba producirá también atascos espantosos hasta 2020!, leí el otro día, "antes" no se puede solucionar. A lo mejor habría que introducir en cada ciudad un Gallardón como cuota, para que aunque deje a la ciudad arruinada, al menos se logre algo por la ley del embudo. O mujeres que a lo mejor no se merezcan el puesto pero que hagan cambiar la sociedad demostrando que también existen, muevan o no muevan nada, pues los hombres tampoco lo hacen siempre y rellenan también a falta de la disponibilidad que nos roba a las mujeres el sistema. O quitar en los colegios actividades que yo opino que son competencia de la familia y que no nos imponga la consejería de educación que tu hijo ha de tener una bici último modelo en perfecto estado y hacer piruetas delante del resto de la clase, lloviendo a mares.
Son solo ideas. Como cuando se me ocurrió a mí hace hoy justo un año cerrar otro blog como éste, en algo que pareció un sinsentido, pero que no lo fue. Fue un impulso que, como todo lo que parece que hacemos sin pensar, tenía una base sólida. Y la vida siguió tras aquel corte, y volvió en forma de este blog y de otros proyectos en los que me hallo involucrada. Porque tras cada bache o agujero viene un avance que nos lleva a otro lugar, aunque nos demos cuenta después.
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sábado, 27 de agosto de 2011
Sin título
El post de hoy no lleva título, pero dejarlo en blanco, me parecería leve. Prefiero dejar constancia de ello, y celebrarlo incluso. Porque los que se me vienen a la mente incluso antes de escribir este post son los siguientes: Con la lluvia no se equivocan. Sin comentarios. Deberían prohibir todo evento al aire libre. La imposibilidad de planear. Como chafar una primera vez. Lo hemos intentado.
Todos y cada uno de ellos irían bien cómo título a una entrada de blog que me había guardado hasta el concierto de ayer. Mi grupo favorito alemán es una banda berlinesa de nombre Wir sind Helden, cuya música es escuchable en todos los estados de ánimo, desde alegre a mustio, de meditativo a seguro. Y la voz de la cantante es siempre como una voz en off, aplicable para todo. Pues bien, ideal hubiese sido hablar hoy, y no otro día, de este grupo y su música, haciendo un repaso al concierto de ayer. Sin embargo, ahora me toca explicar los diferentes títulos:
Todos y cada uno de ellos irían bien cómo título a una entrada de blog que me había guardado hasta el concierto de ayer. Mi grupo favorito alemán es una banda berlinesa de nombre Wir sind Helden, cuya música es escuchable en todos los estados de ánimo, desde alegre a mustio, de meditativo a seguro. Y la voz de la cantante es siempre como una voz en off, aplicable para todo. Pues bien, ideal hubiese sido hablar hoy, y no otro día, de este grupo y su música, haciendo un repaso al concierto de ayer. Sin embargo, ahora me toca explicar los diferentes títulos:
- Con la lluvia no se equivocan. El pronóstico del tiempo de ayer decía que tras un día de 29°C con humedad como en los trópicos, por la tarde/noche tendríamos una tormenta con aires huracanados, granizo, truenos y relámpagos. Aquí se equivocan con pronóstico de sol, que a veces nos anuncian, pero que luego no acaba de salir, pues la "sopa espesa", como se llama aquí a las nubes y niebla, no nos dejan verlo en días en los que debería salir; pero con la lluvia siempre aciertan. Si dan 90% de lluvia, caen todas las gotas anunciadas, e incluso más. Si dan 10% también. Yo a veces me sorprendo por esas cuatro gotas que caen, y me digo "ah, el 10% anunciado". Y qué decir de tormentas y tempestades. Si tocan tocan..., por mucho concierto al aire libre que hayan organizado.
- Sin comentarios. Y sin embargo, cuando tras haber actuado el telonero (ése sí que tuvo suerte) y a punto de salir Wir sind Helden al escenario, se levantó el aire diciéndonos de dónde venían la tormenta y empezamos a oír truenos a lo lejos, todos en el público, empezamos a sacar chubasqueros y paraguas, al unísono. La banda empezó a tocar y durante la primera canción no llovió, pero el resto sí, y a mares. Indescriptible la sensación de estar con un chubasquero, un paraguas, y aún así ponerte pingando en un concierto de "verano" y viendo que no iba a parar.
- Deberían prohibir todo evento al aire libre: cine de verano, conciertos, verbenas, ferias, mercados de artesanía. No tiene sentido organizar nada en VERANO en este país, pues el verano es una ilusión. Les cuesta aceptarlo, pero deberían. Creo que si se aceptase que lo que hay es esto, dejarían de hacernos creer que en verano se pueden hacer muchas cosas al aire libre, porque aquí no hay aire libre, pues le pertenece a la lluvia. Por supuesto algo así es fuerza mayor, pero aceptemos que la fuerza mayor hace imposibles las menores, como la organización de un evento al aire libre, por muy grande que sea.
- La imposibilidad de planear. En marzo, cuando compré las entradas, la idea me pareció muy buena. Mis hijas y yo, en un concierto juntas, en verano, al aire libre, en un parque, en un sitio de conciertos al que no he ido nunca por mi escepticismo ante todo lo que se hace al aire libre aquí en verano, incluso barbacoas o cumpleaños planeados con meses de antelación. Y no digamos de vacaciones en las playas alemanas.
- Cómo chafar una primera vez. Este concierto era el primero de mis hijas. No era para niños, pero que una madre vaya con sus hijas no tan pequeñas ya a un concierto de un grupo pop/rock, no es nada raro. Y a mí me hacía mucha ilusión llevarlas. Su desilusión fue ver que en un concierto de mayores no se ve mucho, y les expliqué que en un concierto con alemanes o nórdicos como público, los bajitos no vemos mucho, y que si tienen suerte y se hacen más altas que yo (algo que no es difícil), a lo mejor tienen más suerte que yo en conciertos futuros. Pero cuando empezó a diluviar, aguantaron el chaparrón y nunca mejor dicho, con una estoicidad impresionante. Cuando a la media hora, la cantante, Judith Holofernes, anunció que tenían que interrumpir el concierto, mis hijas se quedaron tan mudas como yo. La pequeña me dijo que ni siquiera habían cantado sus dos canciones favoritas...
- Lo hemos intentado. Con esa frase se disculpó la cantante del grupo. Que lo sentía, que lo habían intentado, pero que les habían dicho que había que parar, por motivos de seguridad. Me imagino que la reciente muerte en Bélgica de 5 personas y los muchos heridos al venirse abajo una lona en un concierto al aire libre, hizo que se previniese antes de tiempo. Y es que 30 litros por metro cuadrado y vientos con velocidad de 180 km/h era para temer lo peor en una concentración de muchas miles de personas. Así que tras media hora de concierto, y siete canciones, salimos ordenadamente, todos muy calmados, paraguas en mano, camino del metro. Yo iba de muy mala leche pero con mi visión de futuro en los momentos en los que no me puedo reír de nada, y aseguro que el tiempo de Hamburgo me hace perder los estribos, les dije que cuando sean mayores, le podrán contar a sus hijos o hablar entre ellas de que jamás se les olvidará como fue su primer concierto de mayores: "¿Te acuerdas de cuando mamá nos llevó al concierto de Wir sind Helden, la que cayó, y que lo tuvieron que interrumpir?" Les dije que se reirán a carcajadas. A mí ahora mismo no me hace ni pizca de gracia, y no es ya por el dinero que costaron las entradas, sino la rabia que me da que esto no es casual, y que el tiempo en Hamburgo, o Alemania, te arruina tus primeras veces. También yo, como Wir sind Helden, al menos lo intenté.
domingo, 21 de agosto de 2011
Verano último minuto
Se nos había olvidado que es verano, y que todavía nos queda un mes de él, al menos en el calendario. Y siendo agosto, es normal que tengamos días buenos. Pero normal aquí no hay nada, y menos en verano, y menos este verano. Y sin embargo, ayer y hoy hemos recordado que sí, que todavía nos toca algo de calor, y no nos lo podíamos creer, al haber tenido dos días de sol radiante e incluso calor.
Yo llevaba toda la semana pensando que esto no puede ser sano: el otro día se cayeron toneladas de caliza de la isla alemana de Rügen, en el mar Báltico, cuyos acantilados son espectaculares y lugar de visita para un millón y medio de turistas al año. Ya los pintó Caspar David Friedrich, el pintor del Romanticismo alemán que los inmortalizó, como si de un folleto turístico se tratase, en un cuadro impresionante. Esta semana, por la mucha lluvia de este verano, rumps... se han venido abajo. Además, en algunas partes de Alemania están acribilladitos de mosquitos: el verano tan húmedo ha aumentado la población de mosquitos en un 50% y aquí, bien alimentaditos y creciditos que están, son asesinos. Avispas hay un rato también, pero esas las tenemos todos los veranos, y no te dejan comer fuera tranquilo. Pero como este año casi no te puedes sentar fuera, por la lluvia que cae, al menos ese problema está solucionado. No el de las babosas, que están hermosísimas, y que se comen todas las flores que la gente plante en el jardín y que en España, según me han dicho, son escuchimizadas y flacuchas, y aquí estás rollizas. El otro día había una bajando tranquilamente el cristal de mi ventana, dejando su huella pegajosa. Aquí la naturaleza es algo muy serio.
Pero el mayor placer es hablar con la gente de sus vacaciones, ahora que hemos vuelto todos los que tenemos niños. Ayer, en una fiesta escolar, tuve ocasión de comparar, y yo, en mi caso, de lucirme por haber tenido casi cinco semanas de verano auténtico, y eso que los españoles dicen que el verano está siendo raro allí. Vengan todos para acá y comparen. Aquí son "raros" todos, y con 15°C menos. Pero la conclusión fue que los top 3 del verano han sido Finlandia (las familias que estuvieron allí se alardeaban de verano), los de Noruega también decían que tuvieron suerte, y los del sur de Europa: España y otros destinos del Mediterráneo, como Cerdeña o Sicilia. Todo el centro de Europa, ha tenido lluvia continua, y mi placer fue oír a los defensores acérrimos de los veranos frescos y que nuncan dan su brazo a torcer de que esto no hay quien lo aguante, decir que este verano ha sido demasiado. De hecho en el periódico apareció el otro día lo que ya he visto en facebook y que a muchos les gusta: las nuevas estaciones del año son "Primavera, Mierda, Otoño, Invierno". Así tal cual. Y muchos están de acuerdo.
Los que se alegran son las empresas de viajes con ofertas tipo Last Minute, algo que existe en Alemania desde siempre. En vista a lo que hay, muchos están reservando viajes al sol y al verano para estas semanas, y parece ser que hasta septiembre la demanda de viajes planeados muy a corto plazo, en un país en el que la gente prefiere planear con mucho tiempo, está superando la de los últimos veranos. Es habitual que mucha gente se quede en Alemania en verano, convencidos de que habrá verano en algún momento u otro, y prefieran irse de vacaciones en otoño o invierno. Porque aunque el verano nos dé días "último minuto", como hoy y ayer, como esta tarde ha vuelto a llover, no sea que nos emocionemos, más vale huir, al menos los que puedan, que son los que no tienen niños en edad escolar.
Yo llevaba toda la semana pensando que esto no puede ser sano: el otro día se cayeron toneladas de caliza de la isla alemana de Rügen, en el mar Báltico, cuyos acantilados son espectaculares y lugar de visita para un millón y medio de turistas al año. Ya los pintó Caspar David Friedrich, el pintor del Romanticismo alemán que los inmortalizó, como si de un folleto turístico se tratase, en un cuadro impresionante. Esta semana, por la mucha lluvia de este verano, rumps... se han venido abajo. Además, en algunas partes de Alemania están acribilladitos de mosquitos: el verano tan húmedo ha aumentado la población de mosquitos en un 50% y aquí, bien alimentaditos y creciditos que están, son asesinos. Avispas hay un rato también, pero esas las tenemos todos los veranos, y no te dejan comer fuera tranquilo. Pero como este año casi no te puedes sentar fuera, por la lluvia que cae, al menos ese problema está solucionado. No el de las babosas, que están hermosísimas, y que se comen todas las flores que la gente plante en el jardín y que en España, según me han dicho, son escuchimizadas y flacuchas, y aquí estás rollizas. El otro día había una bajando tranquilamente el cristal de mi ventana, dejando su huella pegajosa. Aquí la naturaleza es algo muy serio.
Pero el mayor placer es hablar con la gente de sus vacaciones, ahora que hemos vuelto todos los que tenemos niños. Ayer, en una fiesta escolar, tuve ocasión de comparar, y yo, en mi caso, de lucirme por haber tenido casi cinco semanas de verano auténtico, y eso que los españoles dicen que el verano está siendo raro allí. Vengan todos para acá y comparen. Aquí son "raros" todos, y con 15°C menos. Pero la conclusión fue que los top 3 del verano han sido Finlandia (las familias que estuvieron allí se alardeaban de verano), los de Noruega también decían que tuvieron suerte, y los del sur de Europa: España y otros destinos del Mediterráneo, como Cerdeña o Sicilia. Todo el centro de Europa, ha tenido lluvia continua, y mi placer fue oír a los defensores acérrimos de los veranos frescos y que nuncan dan su brazo a torcer de que esto no hay quien lo aguante, decir que este verano ha sido demasiado. De hecho en el periódico apareció el otro día lo que ya he visto en facebook y que a muchos les gusta: las nuevas estaciones del año son "Primavera, Mierda, Otoño, Invierno". Así tal cual. Y muchos están de acuerdo.
Los que se alegran son las empresas de viajes con ofertas tipo Last Minute, algo que existe en Alemania desde siempre. En vista a lo que hay, muchos están reservando viajes al sol y al verano para estas semanas, y parece ser que hasta septiembre la demanda de viajes planeados muy a corto plazo, en un país en el que la gente prefiere planear con mucho tiempo, está superando la de los últimos veranos. Es habitual que mucha gente se quede en Alemania en verano, convencidos de que habrá verano en algún momento u otro, y prefieran irse de vacaciones en otoño o invierno. Porque aunque el verano nos dé días "último minuto", como hoy y ayer, como esta tarde ha vuelto a llover, no sea que nos emocionemos, más vale huir, al menos los que puedan, que son los que no tienen niños en edad escolar.
lunes, 8 de agosto de 2011
Decidido
El sol que ha brillado al poco tiempo de llegar de vuelta a Hamburgo ha durado una hora, y la realidad era la siguiente: el suelo y todo estaba empapado como de haber parado de llover un par de minutos antes de aterrizar el avión, y efectivamente, el resto de la tarde y noche ha seguido diluviando. Y el verano, es decir, las casi cinco semanas que he estado fuera, ha sido fino aquí, dicen,. El calor o buen tiempo ha tenido lugar algún día suelto, nada de consideración. Y yo, sin ningún tipo de remordimiento, vuelvo morenita, con bronquitis (eso da igual, pues también me las cojo aquí), y con una maleta llena de vestidos, tops, chanclas, biquinis y sandalias, que guardaré ahora hasta el año que viene, a 8 de agosto. Triste pero cierto.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
domingo, 3 de julio de 2011
El diluvio
Imagínense que es el primer fin de semana de julio, y han alquilado una casa de vacaciones en la costa y diluvia. Imagínense que quieren hacer una fiesta grande en su jardín con 50 personas o más, y están dentro de una carpa y el agua cayendo a chorros. Eso es lo que tenemos este fin de semana en Hamburgo, en el que además la ciudad está llena de turistas, según anunciaba el periódico estos días. Todos los hoteles tenían el cartelito de "completo" por el Schlagermove, ese desfile a ritmo de música electrónica que recorre el centro de la ciudad, el más grande de su género en Alemania, y al que acudieron ayer 250.000 personas. Las imágenes coloridas se deben a los trajes estrambóticos de la gente, a la que los paraguas le dieron más color aún este año para contrarrestar el cielo gris que descargaba constantemente. Además anoche tuvimos el combate del boxeo del año, para los que les interese, que son muchos, y al parecer hubo hasta palos porque muchos que habían pagado un dineral por una entrada VIP se tuvieron que quedar fuera y ver el combate en una pantalla provistos de un chubasquero. El campeón de Hamburgo, Wladimir Klitscho, repartió los puñetazos debidos y es ahora campeón del mundo. Además está al llegar uno de los barcos de cruceros más grandes que existen, el Queen Mary 2. Por todo esto y más, hay más gente de lo normal estos días en Hamburgo, y todos con ganas de fiesta y diversión. La pena no es que llueva un poquito, sino que cae agua a mares.
Yo estuve anoche en una de esas fiestas que se montan aquí en verano, que para eso tenemos muchos jardines y espacio, pero no dejó de llover ni un instante. La fiesta me pareció surrealista. En la carpa se acumulaba el agua, y hubo que poner cubos para recoger los chorros que caían, y vaciarlos de cuando en cuando. De algún lado de la carpa, y aunque estábamos a cubierto, caía agua, y más de un banco estaba chorreando. Ni aún así aquí la gente cancela nada, ni se amarga la fiesta por una lluvia "de nada", que para eso es "verano", y no vamos a dejar nada de lo que tengamos que hacer. La gente se consuela con una estoicidad digna de un hamburgués, que admite que sí, que es una guarrada hacer una fiesta en esas condiciones, pero que bueno, que para eso hemos tenido un invierno suave (eso no es verdad) y una primavera estupenda (eso sí, con seis semanas seguidas de sol, pero no por ello hemos de sacrificar el verano, que estamos a comienzos de julio!!). Luego se habla de los planes de vacaciones, y es el momento en el que a mí casi me da la risa al pensar en los que viajan por aquí arriba y que piensan que podrían tener un verano real. También me acuerdo de mi amiga española, que ya huyó según empezaron las vacaciones escolares el jueves, y a la que le fastidia enormemente si en las semanas que está fuera de Hamburgo hace un tiempo maravilloso. Estoy por mandarle un correo y tranquilizarla, y decirle que se quede tranquila, que todo marcha viento en popa: diluvia, y de seguir haciéndolo en las próximas 6 semanas, a lo mejor, en agosto, cuando volvamos y empiece el colegio el día 11, podremos disfrutar de alguna semana soleada, antes de que continuemos con el diluvio otoñal. Y yo he empezado a preparar las maletas, y estoy sacando del armario vestidos de verano, bikinis y chanclas, con unas ganas...
Yo estuve anoche en una de esas fiestas que se montan aquí en verano, que para eso tenemos muchos jardines y espacio, pero no dejó de llover ni un instante. La fiesta me pareció surrealista. En la carpa se acumulaba el agua, y hubo que poner cubos para recoger los chorros que caían, y vaciarlos de cuando en cuando. De algún lado de la carpa, y aunque estábamos a cubierto, caía agua, y más de un banco estaba chorreando. Ni aún así aquí la gente cancela nada, ni se amarga la fiesta por una lluvia "de nada", que para eso es "verano", y no vamos a dejar nada de lo que tengamos que hacer. La gente se consuela con una estoicidad digna de un hamburgués, que admite que sí, que es una guarrada hacer una fiesta en esas condiciones, pero que bueno, que para eso hemos tenido un invierno suave (eso no es verdad) y una primavera estupenda (eso sí, con seis semanas seguidas de sol, pero no por ello hemos de sacrificar el verano, que estamos a comienzos de julio!!). Luego se habla de los planes de vacaciones, y es el momento en el que a mí casi me da la risa al pensar en los que viajan por aquí arriba y que piensan que podrían tener un verano real. También me acuerdo de mi amiga española, que ya huyó según empezaron las vacaciones escolares el jueves, y a la que le fastidia enormemente si en las semanas que está fuera de Hamburgo hace un tiempo maravilloso. Estoy por mandarle un correo y tranquilizarla, y decirle que se quede tranquila, que todo marcha viento en popa: diluvia, y de seguir haciéndolo en las próximas 6 semanas, a lo mejor, en agosto, cuando volvamos y empiece el colegio el día 11, podremos disfrutar de alguna semana soleada, antes de que continuemos con el diluvio otoñal. Y yo he empezado a preparar las maletas, y estoy sacando del armario vestidos de verano, bikinis y chanclas, con unas ganas...
domingo, 6 de febrero de 2011
El derby que no hubo de ser
Ayer por la tarde, según acabó la ronda de meditación en mi barrio (ver post anterior, al que añado que vinieron 400 personas de todas partes hasta uno de Egipto, muchos holandeses, polacos, y la "meditadora jefa" era una americana que vino desde Nuevo México para la ocasión), ocurrió algo nunca visto en Hamburgo: se anunció la cancelación del derby previsto para hoy entre el HSV y el St. Pauli por la lluvia que ha inundado el estadio del HSV, cuya hierba, recién puesta y arreglada por 100.000 €, no ha soportado la que lleva cayendo desde hace dos días, y ha acabado completamente anegada.
Tras llevar semanas los medios de comunicación calentado los ánimos, parece inaudita la noticia. Ver lluvia en Hamburgo no es nada nuevo, ver el otro día en St. Pauli tal despliegue policial que parecía que el partido iba a empezar ya mismo, tampoco, y la lluvia que comenzó a caer el jueves por la noche con aires huracanados, cayó y cayó como aseguro que solo puede caer en Hamburgo (a mí no me consuela que llueva en otros sitios: cada uno se queja de lo suyo), y se cancela uno de los eventos deportivos del año: el partido de vuelta del derby celebrado en septiembre pasado en el estadio de St. Pauli.
Los jugadores están molestos, ya que deseaban la llegada del día. Los fans también. Anoche, al conocerse la noticia, hubo más que palabras entre los seguidores de uno y otro equipo: palos, botellazos y destrozaron un coche de policía, acabando algunos en comisaría. Y tras un clima distendido antes del partido, hoy los ánimos lanzan ataques verbales que seguiran durante unos días, sobre todo de parte del St. Pauli que critica que cómo se les ocurre cambiar el cesped justo esta semana, pues los trabajos los concluyeron el viernes por la tarde. El HSV se defiende diciendo que esas 48 horas de lluvia tienen la culpa, y les reprochan a los otros no ofrecer habitualmente ni siquiera un campo en condiciones y que no son los más apropiados para criticar.
Y al enfado de muchos se suman los gastos inutiles pues iba a ser la primera vez que iban a retransmitir el duelo en pantallas gigantes en el estadio de St. Pauli. Se esperaban a unas 12.000 personas y estaba todo instalado. Todo el mundo esta cabreado ahora. Mucha gente viene de fuera también a estos partidos, como a los fines de semana de meditación de mi barrio.
El St. Pauli acusa de chapuceros al HSV, pues ellos mismos pudieron entrenar en su propio estadio ayer, y el HSV se defiende con datos en la mano: mientras que en otros meses de febrero la media de precipitación por metro cuadrado es de 42,2 litros, el viernes y el sábado juntos cayeron ya 80 litros.
Y sigue lloviendo, y ya van tres días seguidos, y a mares. En fines de semana como éste, en el que a la calle solo salen los que tienen que sacar al perro, y estos por obligación, yo me alegro de que miles de otras personas se enfaden por la lluvia, porque mi sensación habitual es que yo debo ser de los pocos a los que les molesta. Para que luego digan los hamburgueses que el clima no es tan importante, no... Esta vez ha conseguido lo inimaginable. Mañana se dará a conocer la nueva fecha para el partido, que parece que será el 16 de febrero. A mí me gustaría que anunciasen de paso cuándo va a dejar de llover, y cuándo vamos a ver el sol. Solo por saber, no por otra cosa.
Tras llevar semanas los medios de comunicación calentado los ánimos, parece inaudita la noticia. Ver lluvia en Hamburgo no es nada nuevo, ver el otro día en St. Pauli tal despliegue policial que parecía que el partido iba a empezar ya mismo, tampoco, y la lluvia que comenzó a caer el jueves por la noche con aires huracanados, cayó y cayó como aseguro que solo puede caer en Hamburgo (a mí no me consuela que llueva en otros sitios: cada uno se queja de lo suyo), y se cancela uno de los eventos deportivos del año: el partido de vuelta del derby celebrado en septiembre pasado en el estadio de St. Pauli.
Los jugadores están molestos, ya que deseaban la llegada del día. Los fans también. Anoche, al conocerse la noticia, hubo más que palabras entre los seguidores de uno y otro equipo: palos, botellazos y destrozaron un coche de policía, acabando algunos en comisaría. Y tras un clima distendido antes del partido, hoy los ánimos lanzan ataques verbales que seguiran durante unos días, sobre todo de parte del St. Pauli que critica que cómo se les ocurre cambiar el cesped justo esta semana, pues los trabajos los concluyeron el viernes por la tarde. El HSV se defiende diciendo que esas 48 horas de lluvia tienen la culpa, y les reprochan a los otros no ofrecer habitualmente ni siquiera un campo en condiciones y que no son los más apropiados para criticar.
Y al enfado de muchos se suman los gastos inutiles pues iba a ser la primera vez que iban a retransmitir el duelo en pantallas gigantes en el estadio de St. Pauli. Se esperaban a unas 12.000 personas y estaba todo instalado. Todo el mundo esta cabreado ahora. Mucha gente viene de fuera también a estos partidos, como a los fines de semana de meditación de mi barrio.
El St. Pauli acusa de chapuceros al HSV, pues ellos mismos pudieron entrenar en su propio estadio ayer, y el HSV se defiende con datos en la mano: mientras que en otros meses de febrero la media de precipitación por metro cuadrado es de 42,2 litros, el viernes y el sábado juntos cayeron ya 80 litros.
Y sigue lloviendo, y ya van tres días seguidos, y a mares. En fines de semana como éste, en el que a la calle solo salen los que tienen que sacar al perro, y estos por obligación, yo me alegro de que miles de otras personas se enfaden por la lluvia, porque mi sensación habitual es que yo debo ser de los pocos a los que les molesta. Para que luego digan los hamburgueses que el clima no es tan importante, no... Esta vez ha conseguido lo inimaginable. Mañana se dará a conocer la nueva fecha para el partido, que parece que será el 16 de febrero. A mí me gustaría que anunciasen de paso cuándo va a dejar de llover, y cuándo vamos a ver el sol. Solo por saber, no por otra cosa.
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Lo que cae
miércoles, 19 de enero de 2011
Nos inundamos
Al final pasa lo que tiene que pasar. El río Elba está a punto de desbordarse en las regiones de Lüneburg o Lauenburg, lugares demasiado cercanos a Hamburgo; los diques amenazan con romperse, y la seriedad de la situación nos recuerda que agua somos y en agua nos convertiremos aquí. El agua está por todas partes: arriba y abajo. Cae del cielo en temporadas que a mí se me hacen eternas, y aunque a pesar de la que cae no hay charcos ni barro, porque todo está preparado para absorber agua y más agua, hay momentos en los que como ahora, tras haberse derretido la cantidad de nieve que tuvimos durante semanas y haber llovido a continuación, simplemente nos desbordamos. Ni los diques nos aguantan.
Por supuesto que tanta humedad en el aire tiene sus ventajas. No tenemos polvo, por ejemplo. Mi madre lo confirma cuando está aquí: "En Madrid puedes limpiar el poyete de la ventana todos los días, y está siempre sucio; aquí está siempre limpio". O pudes plantar un palo de una escoba, como dice un amigo mío, y saldrán hojas y ramas de él. Hay vegetación por todas partes, y hasta mi hija me preguntaba ayer: "Mamá, ¿cuántos árboles tiene Hamburgo?". "Demasiados", respondí. Prefiero no contarlos, pues tanta verdura tiene su precio.
Los troncos de los árboles no son marrones, sino verdes. Se cubren de musgo ellos mismos. De entre cualquier piedra crece algún hierbajo. Lo verde es lo natural por todas partes. Y como sigamos así, nos convertiremos en zonas pantanosas llenas de juncos. Llevo años preguntándome que qué se les perdió a los primeros pobladores en estas tierras. Qué ocurrencia, plantarse aquí, nunca mejor dicho. Y ahora pagamos justos por pecadores.
El agua es vida, que sí, que lo sé. Pero aquí nos sobra. Llevamos meses sin ver el sol, no digo un rayito de una hora a 12 grados bajo cero, que es como si encendieses una lámpara un rato. Me refiero a un sol de verdad, que calienta y te anima a pararte, cerrar los ojos y disfrutar, que te hace sentir calorcito en tu cuerpo. Aquí en la calle en invierno vas dando saltos o por el frío, o por la que está cayendo.
Muchos sotanos de las casas de las regiones afectadas están ya inundados. Montones de voluntarios están poniendo sacos de arena alrededor de los diques, o en los pueblos de la zona. Para el domingo se estima que el agua del Elba subirá 8,85 metros. Y entonces volverá a bajar. Hasta la próxima.
Por supuesto que tanta humedad en el aire tiene sus ventajas. No tenemos polvo, por ejemplo. Mi madre lo confirma cuando está aquí: "En Madrid puedes limpiar el poyete de la ventana todos los días, y está siempre sucio; aquí está siempre limpio". O pudes plantar un palo de una escoba, como dice un amigo mío, y saldrán hojas y ramas de él. Hay vegetación por todas partes, y hasta mi hija me preguntaba ayer: "Mamá, ¿cuántos árboles tiene Hamburgo?". "Demasiados", respondí. Prefiero no contarlos, pues tanta verdura tiene su precio.
Los troncos de los árboles no son marrones, sino verdes. Se cubren de musgo ellos mismos. De entre cualquier piedra crece algún hierbajo. Lo verde es lo natural por todas partes. Y como sigamos así, nos convertiremos en zonas pantanosas llenas de juncos. Llevo años preguntándome que qué se les perdió a los primeros pobladores en estas tierras. Qué ocurrencia, plantarse aquí, nunca mejor dicho. Y ahora pagamos justos por pecadores.
El agua es vida, que sí, que lo sé. Pero aquí nos sobra. Llevamos meses sin ver el sol, no digo un rayito de una hora a 12 grados bajo cero, que es como si encendieses una lámpara un rato. Me refiero a un sol de verdad, que calienta y te anima a pararte, cerrar los ojos y disfrutar, que te hace sentir calorcito en tu cuerpo. Aquí en la calle en invierno vas dando saltos o por el frío, o por la que está cayendo.
Muchos sotanos de las casas de las regiones afectadas están ya inundados. Montones de voluntarios están poniendo sacos de arena alrededor de los diques, o en los pueblos de la zona. Para el domingo se estima que el agua del Elba subirá 8,85 metros. Y entonces volverá a bajar. Hasta la próxima.
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