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domingo, 21 de abril de 2013

El mejor de los sueños

Esta mañana me desperté temprano, y enseguida pensé: ¿y qué leches he soñado yo esta noche? Y nada, no recordaba nada. Por un momento me dio rabia pues tanta gente te dice aquí que lo que sueñes tu primera noche en tu nueva casa, se cumplirá. Antes de dormirme recapitulé todo lo que me gustaría soñar y que se cumpliera, que no es poco, y ya puestos a pedir... Pero qué más da no acordarme, pensé, pues tampoco tuve pesadillas, que no es poco. Además, hoy he vuelto a constatar lo afortunada que soy.

Si vives en una ciudad fuera de tu país, sin tu familia, es inevitable no pensar a veces en lo solo que estás. Esa sensación la he tenido a menudo los últimos meses. Cuando además tomas decisiones que van contra la norma, a veces notas que ciertas personas se distancian de ti, y eso duele. Estos últimos 3 días han sido muy emotivos. El jueves vino la profesora de violín de mi hija a echarme una mano, o las dos. Insistió tanto ofreciéndome ayuda, que le dije que viniese a ayudarme a hacer cajas. Estuvo conmigo gran parte del día, y empaquetó muchísimo. Me pareció increíble que alguien con quien no tengo una relación personal, pero por la que siento una gran admiración, haya dado ese paso tan personal hacia mí. Ayer por la mañana vino un gran amigo mío de los de toda la vida, a ayudarme. Es español. Le conocí en el banco en el que trabajé, y él y su familia son como familia para mí. Yo no quería estar en el momento de la mudanza sola y le pedí que viniera y me ayudó un montón con todo, física y moralmente. Al mediodía se nos juntó mi otra amiga de toda la vida aquí, otra española. Ella me dijo días antes que vendría con la comida. Nos trajo una lasaña riquísima y de postre tiramisú. Menudo menú tan espectacular para un día tan caótico como es el de una mudanza. Luego siguió colocando cosas conmigo: me dejó un montón de cajas quitadas cuando se fue. Y hoy han venido otra amiga, alemana, y su hija. La niña es la mejor amiga de mi hija mayor desde que tenían 2 años. Y la madre y yo nos llevamos fenomenal. Aquí han estado un montón de horas y hemos avanzado más de lo que imaginé para el día de hoy, además de sentirme de nuevo, como en los últimos días, muy arropada, y con energías renovadas gracias a todos ellos en momentos en los que me faltaban las fuerzas.

Así que qué más da lo que soñé la noche pasada. Lo importante es que no estoy sola.

viernes, 19 de abril de 2013

Pan, sal y sueños

Los alemanes dicen que lo que sueñas la primera noche que pasas en tu casa nueva, se cumple, así que me esforzaré mucho. Luego también es costumbre que tus nuevos vecinos te traigan pan y sal, que te darán bienestar y riqueza. La sal era antes un bien muy preciado y de ahí el simbolismo, y el pan ha sido siempre símbolo de los dioses. Nos hemos comido el pan con la sal con la cena, al que le pusieron para acompañar también aceite de oliva, y ahora me dispongo a dormirme en mi nueva casa. Mis hijas duermen ya. He pasado un día de muchos nervios, pero ha salido todo bien, por lo que puedo dormir tranquila, y soñar con una vida tranquila, pues eso se va a cumplir sí o sí. Si por añadidura sueño con otras cosas que no voy a desvelar aquí, la jugada me habrá salido redonda. Buenas noches.

jueves, 18 de abril de 2013

Una mudanza cualquiera

Todas las mudanzas son iguales de pesadas e interminables. Llevo ya unas cuantas en mi vida, y la sensación no mejora. Sí mi perspectiva, dada por la experiencia y los años, que indudablemente nos curten. Ahora mismo debería continuar al menos dos horitas más, y sin embargo me he metido en la cama y escribo un par de pensamientos antes de dormirme:

1. Estoy reventada
2. Levantar toda una casa con críos es una misión descomunal
3. En Alemania se trabaja igual de chapuceramente que en otros países. Los de la mudanza se ha reservado el derecho de retrasarme la mía a 2 ó 3 horas más tarde. Me he quejado pero les da igual. De qué me quejo si lo van a solucionar todo, dicen.
4. No siento ni un ápice de tristeza por irme de la casa en la que he vivido los últimos 6 años, y eso es buena y mala señal: buena de cara al futuro y mala de cara al pasado. Pero a quién le importa el pasado ya.
5. Por eso, que los malos momentos se queden todos aquí. Es hora de iniciar una nueva andadura sin lastres.
6. No pienso mudarme en los próximos 8 años mínimo.
7. Mañana será otro día de una mudanza normal, pero ya el día del cambio y el fin y el comienzo de muchas cosas.
8. Necesito descansar. De todo.

Ahora ya sí que sí.


domingo, 14 de abril de 2013

Por fin...

... primavera. Ayer hacía un frío que pela y hoy de repente han subido las temperaturas a 20° C. Nos lo venían anunciando toda la semana, para emocionarnos por adelantado. Como ocurre a menudo, tampoco ha sido para tanto. Las temperaturas han sido esas, pero de sol radiante nada. Y los crocus, que ya estaban saliendo, se han emocionado, como todos los humanos. Desde la ventana de mi nuevo piso se ven muchas florecillas de este tipo, y a la vuelta de la esquina hay un jardín que presentaba hoy el aspecto de las fotos.

Y del resto, ¿qué puedo decir? Que estoy preparando mi cambio de domicilio, y que he estado todo el fin de semana en ello. Que ayer me emocioné cuando desde mi ventana vislumbré a un cisne nadando. Que me lo paso bien viendo además de los cisnes, patos y gaviotas a la cantidad de coches que pasan por mi puerta. Que esta semana va ser de órdago, y miedo me da ya antes de que empiece. Pero poco a poco. De momento disfruto de la llegada de la primavera. Por fin.



jueves, 28 de marzo de 2013

Buen rollito

Los días son a veces tan largos que dan para todo, hasta para cambiar tu estado civil de casada a separada. La mitad de la mudanza se ha hecho, y con buen rollito, que somos personas civilizadas. La otra mitad se hará entre semana, que será cuando salga yo de la casa.

Si digo buen rollito es porque pensaba que los cuatro de la empresa de mudanzas habrán visto otras separaciones peores. Tras haber pasado varios días repartiendo todo, esto para ti, esto para mí, ups, esto lo quiero yo también, ok, vale, llévatelo, puedo decir que seguro que hay parejas que batallan por una silla o un plato. Nunca ha sido mi intención, así que hemos pasado el trance de manera pacífica. También el de hoy. Tras hacer todo lo que tenía que hacer para la mudanza, me puse a planchar. Probablemente cuando me vieron los de la mudanza planchando las camisas del marido que estaba recogiendo sus bártulos para irse, debieron sorprenderse.

Y es que el momento de la separación no es el peor, sino todo lo que ha pasado anteriormente hasta llegar ahí. Por eso se planchan las últimas camisas y todavía da tiempo a pasar la otra mitad del día como persona separada ya. Todavía hemos cumplido con nuestro rito de cada viernes, y hoy jueves por ser víspera de festivo, y hemos visto una película que no podría haber sido más adecuada. Sí que debo estar mal, pues he llorado con una película de Disney, pero es porque no podía ser más adecuada para el día de hoy. Mientras estoy escribiendo este post se me cierran los ojos. La peli viene a decir que nunca es tarde para perseguir tus sueños aunque quizá debiste ir antes a por ellos. Así que apago la luz, pues de momento más no puedo hacer. Eso sí, entre la frase anterior y ésta me he dormido un buen rato. Cambio y corto.


lunes, 25 de marzo de 2013

Casi anclada

Desde el verano pasado me ocurre una cosa curiosa con la página en la que publico este blog. Desde que estuve de vacaciones en Tarragona el año pasado, como publiqué algún post desde allí, no sé si se me metió un virus catalán en blogger, pues por mucho que cambio el lenguaje de la página web al español, cuando me vuelvo a meter, la página de bienvenida vuelve a estar en catalán. Lo vuelvo a cambiar, digo que "se acuerde" para la próxima vez, y nada. He terminado por capitular. Pero me parece tan extraño que no entiendo nada. Y todo por una semana que estuve allí. Como los programas de inmersión lingüística sean así, no me extraña que hable catalán hasta el gato. Que conste que les envidio, por ser bilingües todos desde pequeños, pero me sorprende la tozudez de la página web para aceptar que prefiero que me dé la bienvenida en castellano.

Ahora, al volver a entrar para volver a dar señales de vida en el ciberespacio me ha vuelto a ocurrir, pero como para tozuda yo, lo he vuelto a cambiar, aunque sé que no me va a hacer ni caso. Y justo les quería contar que llevo unos cuantos días en los que mi sensación es que todo se ha parado a mi alrededor, y la que no para soy yo. No les puedo contar nada de la actualidad alemana, pues ando más desconectada que nunca, salvo de mi actualidad, y con esa me pierdo.. Y como en España Bárcenas y compañía aburren a matar, me he perdido también de la española, que además anda de vacaciones estos días.

Todo parece haberse parado, hasta este blog. Yo estoy preparando ya mi mudanza, mientras que los alemanes preparan la Pascua: este año ni veo huevos de Pascua de colores, y toda la decoración o productos en los supermercados y por doquier, me parecen invisibles. También me lo parece la Semana Santa, que aquí son solo los 4 días festivos.

Me he quedado hasta sin ideas, algo que no suele ocurrir. Me he desbordado, simplemente. Tampoco en España deja de llover, ni aquí de nevar y hacer un frío que jamás recordaba a finales de marzo. Parece que todo hace lo que le da la gana e ignora lo de alrededor. Yo igual, que conste, pues sigo a lo mío, aunque a la gente le encante dar lecciones de moral, o de decirte cómo tienes que hacer las cosas, cuando ellos mismos deberían replantearse sus vidas. Estoy cansada de que la gente se meta en tu vida, cuando tú no te metes en la suya, de que te digan constantemente lo que tienes que hacer, como si sirviese de algo. Los que nadamos a contracorriente no necesitamos un flotador, con el que nadar torpemente, o en el peor de los casos que nos pongan unas cuantas piedras que nos hundan más, sino un buen tronco al que aferrarnos y que no vapuleen lo menos posible.

Tengan paciencia conmigo. Llevo seis años a la deriva, y mañana echo el ancla, y ahí pienso quedarme. En ese momento volverá a dar vueltas todo a mi alrededor y yo me pararé.

martes, 19 de marzo de 2013

Agarraditas de la mano

Hoy ha sido un gran día. Ignoremos la nevada, que las calles están llenas de hielo, las aceras también, que al salir de trabajar por la noche he tenido que sacar el coche de debajo de la nieve y el hielo. Hoy ha sido un día importante, sin duda. Desde hoy a eso de las 9.30 de la mañana, soy alemana. La funcionaria hizo todo lo posible para hacer de ese momento de entrega de la "alemanidad" un momento solemne en mi vida. Tras hacerme firmar otra vez que acato la consitución alemana y todas sus leyes, y mostrar nóminas, no sea que no tenga para comer mañana, me dijo que me pusiese en pie. Y entonces dijo una frase formal, algo así como que tenía el honor de entregarme la nacionalidad alemana. Como soy muy sensible a todo momento solemne, me emocioné. Es como esos momentos en los que la mente galopa y en cuestión de segundos se te vienen a la mente montones de imágenes. Llevo muchos años en Alemania, tantos que el pasaporte es una mera anécdota. He llorado muchas veces de rabia por muchos motivos, así que está bien llorar por algo meramente sentimental como lo es un documento y una nueva etiqueta en mi vida. Soy como un producto de denominación de origen. Yo estaba reseñada como española y ahora me ponen la etiqueta de alemana también, algo lógico tras tantos años adaptada al medio.

Al salir volví a caminar sobre el hielo y casi me resbalé. Caían copos de nieve, como no deja de hacer estos días. Ayer cayó la nevada del siglo, y todos dicen que la primavera hace huelga. Antes he vuelto a raspar el hielo de mi coche con resignación. Esto es lo que hay, para bien y para mal. Por eso está bien que me lo reconozcan y que no me obliguen a dejar mi otra etiqueta, que es la que llevo en la sangre. La doble nacionalidad es un puente en el que se dan la mano las dos partes de las que estoy hecha.

domingo, 3 de marzo de 2013

Las ventajas de un blog

A veces, cuando no escribo dos días en este blog, me parece que ha pasado una eternidad, pero sobre todo montones de cosas. He tenido dos días muy positivos: para los que hemos tomado medicación para los nervios es un gran día el momento en el que tu médico te dice que te quita las pastillas, porque piensa que no los necesitas más. Y es cierto que tras tres días sin tomarlos, pienso que puedo sin ellos. Así que de un día para otro, dejas de tomarte esa pastillita que te hizo una "piel más dura", como dicen los alemanes, y espero que el grosor de la misma se mantenga. Durante el tiempo que las he tomado, hasta me alegré el par de veces que me afectaron ciertas cosas, como signo de que no me estaban haciendo insensible del todo. Y además de dejar las pastillas, ayer fui a recuperar el dinero robado a mi hija, como conté que ocurrió, en lo que fue otro momento desagradable, pero necesario, pero por la noche tuve el placer de ver a un amigo mío, uno que conocí en un blog...

Lo de internet es un chollo. No sé por qué hay tantos detractores. Yo he conocido a gente estupenda a través del ciberespacio. En internet no hay menos impresentables que en la vida real, y a esos los evitas en una y otra parte. Incluso en la vida real son peores aún, pues los tienes delante. Pero a la gente estupenda, sería una pena dejarla en el ciberespacio y no hacerlos reales. Uno de ellos es mi amigo Nacho, que conocí a través de mi blog anterior el verano pasado. Vive a 100 km de Hamburgo. Nos carteamos, o mejor dicho, nos escribimos correos electrónicos, y podemos compartir experiencias de españoles antediluvianos en Alemania. En el restaurante español en el que cenamos ayer, la camarera de Móstoles, y el chaval de las Canarias, nos parecían jovenzuelos en estas tierras. Pero qué más da. Ya quisieran muchos estar y ser como está y es él, después de lo mucho que ha vivido en su vida. Y yo, después de lo que he vivido en mis últimos seis años, muchísimas cosas malas, le veo a él, y me pido ser y estar así en unos años, o quizá ya mismo, en cuanto termine de pasar el vendaval. Admiro a Nacho y a otro amigo que conocí en internet hace ya dos años y que también me ha ayudado muchísimo en tiempos difíciles.

Al final no van a haber sido las pastillas. Estoy segura. Por eso, aunque hoy el domingo se haya torcido por motivos que no voy a airear y me hayan amargado el día, repito que no necesito las pastillas. Creo haber logrado una estabilidad suficiente como para seguir "sola". Y mientras el tiempo pasa y comience mi nueva vida, que ésa sí que es la solución a muchos problemas, me largo unos días a mi tierra. Necesito más que nunca respirar aire madrileño y estar con los míos. Es grande sin embargo saber que aquí hay gente como Nacho, que se ponen al mundo por montera, y que tras un palo muy gordo en su vida, mantiene un espíritu que ya quisieran muchos que viven amargados negando cosas incambiables.

viernes, 15 de febrero de 2013

El puente hacia una nueva vida

Pues si estos días me indigné, hoy siento alivio. Tengo piso. Y con vistas a un puente. El otro día cuando vi el puente desde la ventana pensé que eso era una buena premonición, pero no quise pregonarlo ni alegrarme antes de tiempo. Pero ese puente será mío al igual que mi nueva vida, que comenzará esta primavera. La felicidad no se mide en metros cuadrados, ni tampoco la armonía familiar. Se puede vivir solitario en palacio, o independiente y feliz en un piso mucho más pequeño. El tamaño de tu vida y la amplitud del aire que respiras viene de tu interior. Cuántas mujeres me han dicho estos últimos meses que se separarían, pero que no quieren dejar esos metros cuadrados, ese jardín, y sus vidas tal y como son ahora, por miedo. No es fácil, pero el trecho hasta llegar al día de hoy ha sido peor. Ahora veo puentes, y una vida mucho más sencilla, aunque muchos no quieran creerse que es así. La vida son cuatro días, y como dijo Woody Allen, la mayor causa del divorcio es el matrimonio. La sociedad ya no discrimina a una mujer por estar separada ni estigmatiza a niños de padres separados, y eso es un avance. Al menos ése. Una relación tiene solo sentido si vale la pena para los dos. Si el único nexo son los hijos, o el qué dirán, o el estatus social u económico, entonces se convierte en un infierno, pues estás intentando mantener en pie algo que se ha desplomado. Y en eso se te puede ir la poca energía que te quedaba y terminar contigo. Una relación es cosa de dos, y ambos tienen igual de culpa cuando se fracasa. Nadie es más víctima ni más verdugo que él otro, pues ambos lo tuvieron en las manos. Puedes mirar al pasado y darte cuenta de cuándo fue el comienzo del fin, y uno mismo lo supo entonces, y fue imparable lo que vino después, porque para frenarlo hubiese habido que tomar otras decisiones, que no eran lo que parecía lo mejor para todos. Si te adaptas a todo en pro de la armonía familiar y metes con calzador lo que no se adapta a tu horma de ninguna de las maneras, tú te deformas y todo se malforma. La vida es breve, sí, pero en nuestras manos tenemos más de lo que nos creemos. Todo es perecedero, nosotros mismos, y no merece la pena malgastar la vida sin tener ganas de vivirla. Un día te puede caer un meteorito en la cabeza, como hoy en Rusia, y al menos podrás decir que viviste con alegría y en paz el resto de tu vida.

martes, 5 de febrero de 2013

Placeres de temporada invernal

Cada vez me gustan menos las efemérides, pero sí los datos irrelevantes. Hoy se cumplen 23 años de mi llegada a Alemania. Llegué con un tiempo como el de hoy, ¡nieve!, así que no merece mucho la pena recordar el día. Sí el susto que llevaba encima, ante lo nuevo, a mis 20 años, y me lancé a mi nueva vida con una valentía que no sé si tendría ahora.

23 años después de mi llegada me gusta más mencionar que mi entrada de la sopa de tomate de este blog, es un gran éxito en el mundo entero. Hagan la prueba. Busquen en google "sopa de tomate alemana", y salgo bien arribita en los resultados. Un amigo me comenta siempre que muchas empresas pagan mucho dinero para salir en los primeros resultados en google. Y yo lo hago gratis, y con ganas.

También sigo viviendo aquí con ganas, o de nuevo las tengo, digamos. El clima lo aborrezco cada día más, si cabe, pero me aguanto. Mis hijas, en mis rachas de mucha protesta, me recuerdan que en España el calor tampoco hay quien lo aguante (yo sí) y que ellas no se quieren ir a vivir allí, por mucho que les guste mi tierra, genial para vacaciones, con la familia más maravillosa que se pueden imaginar, abuelos, tíos y primos, pero ellas son de aquí. Y yo medio medio.

Así que qué remedio que seguir viéndole las ventajas a mi vida alemana, que son muchas, aunque a veces no las vea. Cada vez me gustan más las cosas auténticas de la vida diaria aquí. En el supermercado se puede comprar de todo todo el año, pero cada vez me estoy volviendo más entregada a los productos de temporada, y creo que me he hecho alemana en una cosa: en lo del rollito del cambio de las estaciones, bla bla bla, que tanto te cuenta aquí la gente para disculpar el tiempo tan asqueroso que tenemos. Antes muchos rituales me la traían al fresco, pero ahora, veo skrei en el mercado (el bacalao fresco noruego del que escribí hace un año aquí), y me hacen los ojos chiribitas. O veo platos de col verde en los restaurantes, y me ocurre igual. O veo los crocus en febrero o marzo, cuando salen como un milagro de la tierra que dormía en el largo invierno, y se me saltan las lágrimas.

Aquí en invierno no crece nada, pero sí una verdurita que se cosecha con las heladas. La Grünkohl, o col verde, col crespa o berza col, con hojas verdes muy rizadas y muy voluminosa, es la verdura por excelencia del invierno en el norte de Alemania. Es un producto cuyo consumo es completamente psicológico. La col verde está lista antes del momento en el que se suele consumir, pero los agricultores empiezan a cosecharla cuando empiezan las heladas, ya que todos la asociamos con el frío y es cuando apetece. Se sigue cosechando a mano, pues no pueden sacar demasiado tallo ni hojas amarillas. Originaria de Grecia (quién lo diría), los romanos la consideraban delikatesse. Típica del norte de Alemania, la frontera de su consumo baja cada vez más, y dicen que se ve hasta por Stuttgart. Se empieza a cosechar a comienzos de septiembre, pero primero para las fábricas de conservas, que han de tenerla lista envasada para cuando nos entran las ganas de comerla. Es una cosecha dura, con frío y mucha humedad, y para la que hay que tener mucha fuerza, y por eso la suelen realizar los hombres. A las 24 horas está la col en las latas de conserva, o en los mercados.
Pero para los que la consumen fresca, supone mucho trabajo, pues hay que lavar bien todas las hojas, hacerlas trocitos, quitar los tallos más gordos. Yo me he tirado a veces toda una mañana en el proceso desde el lavado, cortado y elaboración. Hace poco leí la recomendación de lavarla en la lavadora, sin jabón claro... un lavado vacío. No se me ocurriría, pero por qué no. De todas formas, si vienen a Alemania, pruébenla. Mi padre dice que esa col en España se la dan de comer al ganado... Por si la encuentran por algún lado, fresca o enlatada, aquí va la receta.

1,5 kilo de col verde, fresca o de lata
4 rodajas de careta de cerdo
4 chuletas de Sajonia
4 salchichas de cocer
2 cucharadas de manteca
2 cebollas
2 cucharadas de mostaza
400 ml de caldo de verdura
1 kg de patatas.

Lavar y cocer la col en agua con sal, si es fresca. Calentar la manteca y freír en ella la cebolla. Freír la careta de cerdo, añadir la col y que se haga a la vez, echar la mostaza, la mitad del caldo, sal y pimienta. Dejar cocer 45 minutos con tapadera. Luego echar las salchichas y a continuación más caldo. Sabe mejor si se deja una noche reposar, una vez hecha, pero una par de horas mínimo, de no poder ser toda la noche. Al calentar se echan las chuletas de Sajonia, para que se hagan a la vez. Salpimentar antes de servir. Freir patatas cocidas en la manteca, echarles sal, y caramelizar con algo de azúcar.

O como mi mundo es fusión, como ya saben, también me gusta mucho, o incluso más, la versión holandesa del plato, boerenkool, la col de los campesinos, la llaman ellos. Se cuece la col y aparte también patatas. Se fríe panceta hecha trocitos y se añade la col, con mantequilla y se remueve. Echar un poquito de azúcar, para quitarle el amargor. Luego se añaden las patatas cocidas, y se machaca todo para que quede una especie de puré. Acompañar con salchichas gordas, ahumadas son las utilizan los holandeses, pero cualquiera de buena calidad vale.

miércoles, 30 de enero de 2013

Una aguja en un pajar

Hamburgo es la ciudad de los solteros. El 52 % de las viviendas de la ciudad están ocupadas por una sola persona, ojo al dato. Eso y que nunca se ha construido tanto como en España, hace que cuando se alquila un piso normalito y que más o menos se pueda pagar, vayan lo menos 30 personas a verlo. Que te lo den a ti es como que te toque la lotería. Continuamente sale en la prensa algo sobre la falta de viviendas cuyos alquileres sean aceptables para la mayoría.

Así que vas a ver una vivienda, dices que la quieres, y eso no significa que te la den. No sé en base de qué se rigen a la hora de elegir, pues se pueden permitir seleccionar con lupa al inquilino. Quizá el que más gane, el que sea más simpático, o el más serio, algo importante en Alemania. O no niños, otro punto importante, pues es una sociedad muy antiniños la germana, pues hacen ruido y molestan. Mejor animales.

El lunes vi el piso no ya de mis sueños, pero sí en el que puedo imaginarme vivir un buen trecho de mi vida, hasta que mis hijas se independicen por lo menos, y aquí eso es antes que en España. Yo he dicho que lo quiero, pero ahora no depende de mí. He vivido en diferentes barrios y casas a lo largo de mi vida, y puedo decir que a la larga lo mejor no es lo mejor, lo bonito no lo es tanto si tú no estás bien, y que la felicidad no depende de los metros cuadrados que tengas. Aquí la gente se cree eso, y con tal de tener más metros cuadrados se van a vivir lejísimos, teniendo que desplazarse largas distancias para ir a trabajar. Es muy normal que los chavales tengan un largo camino al instituto, y yo, sinceramente, no lo veo. He ido toda mi vida andando al colegio y al instituto, y pienso que es una gran ventaja.

La gente aquí no se compra casa tan joven, como en España. Sonará a chiste para todos los que ahora no se pueden independizar siquiera, pero es así desde siempre. Los jovenes se independizan en cuanto se ponen a estudiar o a trabajar, y alquilan durante muchos años. La pareja con su hija de 3 años que se va ahora del piso que yo quiero (y que espero que me den) es el caso típico: con un hijo sienten la llamada de un jardín, de una casa con terreno propio, y es el momento en el que muchos edifican algo más grande. Hay una frase que se dice en alemán: "Wir bauen gerade", "Estamos construyendo", como si fueran ellos los que ponen los ladrillos uno a uno. Pero es que es algo de lo que la gente, si llega el caso, está muy orgullosa, pues han esperado muchos años y creo que les ilusiona más tener un terreno propio que la casa. Muchos "edifican" algo con más de cuarenta. Y muchos otros alquilarán toda su vida. Por eso la falta de viviendas de alquiler para tanto soltero, estudiante, separados, etc.

Ayer en mi clase me reí mucho, pues cuando doy el tema de la familia hago siempre una actividad que yo llamo "Mi gente y yo". Les pido que hagan un esquema tipo: Hans, mi marido; Bruno, mi perro; Fritz, mi gato. Y efectivamente salen siempre cosas de lo más churriguerescas. "Hans es mi marido; Nico y Georg son los hijos de mi marido; Hannah es mi hija", o "Lukas es mi novio y Moritz es mi gato". Ayer salieron no sé cuantos conejos a relucir, gatos, perros.

En fin, que yo quiero una vivienda de precio aceptable, pero lo más importante para mí, cercana al instituto de mis hijas y con una buena infraestructura alrededor. El resto todo funcionará por sí solo, de eso me encargo yo. Pero sobre el tema de la vivienda espero que la constelación de planetas y estrellas me favorezcan en los próximos meses.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Por nosotros mismos

¿No lo dije ayer? Parezco bruja, pues hoy he tenido un pequeño contratiempo con el coche. El susto ha sido gordo, y nada proporcional a los desperfectos. Justo ha ocurrido lo que dije ayer que me hacía saltar de "alegría": al frenar, y eso que no iba rápido, mi coche ha patinado en un cruce, por el hielo que había, y habré avanzado unos tres metros lo menos para terminar dándome con el coche de delante. Yo he visto mi coche avanzar en cámara lenta, a pesar de haber echado incluso el freno de mano, parando en intervalos, como dicen que hay que hacer y no de golpe. Y nada. El suelo era una pista de patinaje artístico. El hombre de delante se bajó todo enfadado, y me temí lo peor. A mí me temblaban las piernas del susto, y con todo lo que tengo que hacer estos días y lo desbordada que estoy con todo, me veía ya haciendo papeles para el seguro, etc.

El hombre miró su parachoques de atrás. Había alguna marca, pero era más bien suciedad. Cogió hasta nieve del suelo para utilizarlo como "jabón" de lavar. Y como se tranquilizó y hasta se puso agradable, yo me relajé. La situación no dejó de ser cómica cuando él alabó esos coches robustos que ya no se hacen, como el suyo, un Opel Senator, con un parachoque como Dios manda, y yo le di la razón, por supuesto, ya que ciertamente yo estaba feliz de no haber topado con un parachoques monísimo como los de hoy día, del color del coche. Entonces nos dimos la mano, como despedida, y me dijo, tuteándome, como hizo todo el rato, algo inusual en Alemania: "Y ten cuidado, por favor, con el coche y el hielo, y ahora también al cruzar la calle, no te vayas a resbalar". Eso hice también, aunque por suerte no me caí, pues en la parte donde ocurrió el accidente, el suelo era una pista de hielo. Con las piernas como un flan me volví a subir al coche, acordándome de mi post de ayer. Quién me manda vaticinar sin quererlo algo así. Al menos la situación resultó ser surrealista, con el hombre mayor preocupado por mí y despidiéndonos tan amistosamente, cuando en Alemania, tocar un coche supone que venga la policía y se monte una gorda.

Pero como son masocas, la gente sigue deseando nieve para Navidad. En la radio del coche cambié de emisora cada vez que volvían a hablar de eso hoy, tras el susto. Por eso yo no brindo por la nieve, sino que brindo por Navidades pacíficas, y por mi nueva vida, como conté en clase hoy por primera vez. Les mostré el anuncio de Freixenet de este año, que me parece muy logrado, con los videos que ha enviado la gente. A mí me ha conmovido mucho todo lo que contiene en esos dos minutos y pico. Me alegro si la crisis ha servido para que dejen de darles millones a gente que no lo necesita por hacer un anuncio, y los personajes brindan por cosas tan serias como por la igualdad de oportunidades, el afán de superación, por la vida, y por más cosas bellas, y puedo decir que he logrado mostrar en clase que en nuestro país seguimos produciendo buenas ideas, que somos creativos, a pesar de lo mala que es la situación actual, y más de uno se ha emocionado, como yo. Pienso que de esta crisis actual debería salir un cambio de conducta total y absoluto respecto a todo, una mayor solidaridad de todos con todos, pero me temo que no será así. Hoy leí en algún lugar del ciberespacio que lo que el gobierno pretende sangrando a los de abajo es volver a crear la misma burbuja, y con el excedente de riqueza creado beneficiar de nuevo unos cuantos, y para los que se han sacrificado quedarán las migajas que caen de la mesa. Lo mismo que había antes.

No deberíamos dejar engañarnos por promesas que no se van a cumplir y debemos luchar por nosotros y nuestras convicciones, nuestra felicidad, y no hacerla depender de los demás. Por eso, tras preguntarles a mis alumnos que por qué brindan ellos, les dije que yo lo hago por mi nueva vida, que será en el año nuevo. Mi estado civil va a cambiar, y no ha sido ni es fácil la crisis que dura ya cinco años. La vida nos da muchos palos, como muestra el anuncio también, pero siempre hay momentos de felicidad que nos tenemos que arañar como sea, y porque los otros no tienen más talento que nosotros. De eso no cabe duda.

domingo, 10 de junio de 2012

Aligerados

Sé que voy a parecer una exagerada, pero estoy convencida de que deberíamos mudarnos cada dos años de casa, pues si no lo haces acumulas y acumulas cosas como si te fuese en ello la vida. Seguimos adquiriendo cosas que en realidad no reemplazan a otras si no que se les añaden, y los años pasan y nos convertimos en coleccionistas de inutilidades sin darnos cuenta.

Hoy he sacado bolsas de cosas que no uso de mi habitación y me he quedado nueva. El armario sobre todo parece nuevo y aunque sea una tarea que solemos postergar, el resultado nos hace sentir más ligeros por quitarnos todo eso que incluso nos impide ver lo importante. Por qué nos empeñamos en conservar ropa demasiado usada, que ya no nos ponemos hace mucho pero que guardamos por lo muchísimo que nos la pusimos y nos da cosa tirarla. Luego existen aquellas compras que no debimos hacer, cosas rebajadas que compramos justo por eso, pero que tampoco son de nuestro gusto, y por eso no nos las hemos puesto casi. Y luego las cosas que sí que nos gustaron un tiempo, pero ya no, así que fuera también. Pero lo mejor es lo que he sacado que era tres tallas más grande, lo menos, de lo que uso ahora y mi hija no se lo podía creer, pero una falda sobre todo hablaba mundos de una época gorda mía, la verdad sea dicha. Qué ciegos estamos a veces, pero si veo fotos de esa época, y veo lo que saqué ya en otro ataque de limpieza y mucho de hoy es obvio. Así que a veces evolucionamos para bien.

Días así liberan de mucho lastre del pasado, nos hacen situarnos en el presente mejor, y a mí hasta me hacen mirar hacia delante. Hoy me siento además con ganas de retomar algo que dejé aparcado con mucha tristeza hace justo un año y ocho meses, por una lesión fuerte. Siento que ha llegado el momento de volverme a calzar las zapatillas. Sé que no va a ser lo mismo que antes, pero está bien así. Correré con lo mucho que he aprendido en todo este tiempo de pausa, en el que salvo el correr, nada ha parado. Deséenme suerte, unas buenas rodillas, y sobre todo una buena cabeza.

domingo, 25 de marzo de 2012

Porque sí

Pues las distancias se salvan; no hay más que montarse en un avión y atravesarse Europa. Soy capaz de irme un fin de semana a Madrid con 19,2 kg de peso, y volverme con 19,1 kg. Es muy fácil: no hay más que alguien convoque una fiesta, y yo ya me anime dos meses antes. Encima hubo que mantenerlo sorpresa, pues la homenajeada no debía saberlo, y la verdad es que todo salió muy bien. La cumpleañera era mi hermana, y el de la idea mi hermano, y a mí, la del medio, se me ocurrió plantarme en la fiesta, yo solita, sin que nadie esperase de mí tal cosa, dada la distancia. Aunque capaz me creían todos, me dijeron cuando lo decidí, y más ayer en la fiesta, en la que nadie pareció sorprenderse de verdad, y lo bueno es cuando ya nadie te toma por loca por hacer una cosa así. Me encanta que esté asumido.

Y así he vuelto hoy, tras un viaje relámpago a Madrid, ... pero como para perderse una fiesta así. Mis hermanos lo merecen: el uno por tener una idea tan buena, por ofrecer su casa, y organizar un buen sarao con todo el jaleo que eso le ocasiona en su vida familiar, y la otra por merecerse una fiesta así y mucho más. Yo acudí a la fiesta con un "pasaba por aquí" escrito en la frente. Ójalá pudiésemos dar alegrías así de fáciles a la gente tanto como fuese posible. Mi hermana se quedó muda al verme y la alegría fue inmesa, mía también.

El taxista también se quedó mudo a la ida, al levantar mi maleta tras saber que era solo para un fin de semana, pues pesaba lo suyo. Pero en ella iban salchichas alemanas para la fiesta y más cosillas. A la vuelta ha habido que rellenar el hueco vacío, y nada más fácil que eso también. Soy experta. Lo raro es unir en un mismo día las tres ciudades de Europa en las que he vivido, más raro aún que en las tres hoy luciese el sol en un día primaveral precioso, sin nubes en el cielo. Ha sido el trayecto más soleado que he tenido jamás, diría ahora. Y he vuelto lenta y con resaca. Quiero pensar que es lo poco que he dormido, que en Madrid no me lo pareció, allí nunca me lo parece, pero aquí sí, que encima me han robado dos horas de mi breve fin de semana: una en el aeropuerto de Bruselas, con un retraso de una hora por el avión averiado, y otra hoy, la que nos han quitado a todos los europeos, menos a los rusos, que son más listos en esta materia, y que nos hace sentirnos cuales animales de granja con los horarios descolocados.

Y descolocada me quedo, tras un día en el limbo. En días como hoy me siento apátrida. A veces pienso que mi lugar está en esos aviones que sobrevuelan Europa. Conozco el paisaje y la geografía a mi paso: hoy la costa atlántica de Francia, luego divisé la costa alemana del Mar del Norte, con las Islas Frisias al fondo, y durante todo el camino muchísimos lugares en el medio de ningún lugar, todos esos sitios en los que jamás viviría, por idílicos y por ser solo una anécdota en el paisaje. Hamburgo parecía hoy una gran urbe al llegar, y aunque lo es, hoy me lo he creído además, pues se divisaba a lo lejos, como nunca. Normalmente las nubes impiden ver nada, y es entrar, y verte metido en una "sopa", como llaman aquí a la mezcla de nubes, humedad, y lluvia en muchos casos. Madrid-Bruselas-Hamburgo. Tres ciudades que conozco a la perfección, y la suma de lo que soy, en vivencias, recuerdos, anhelos, y los tres sitios están dentro de mí, y lo estarán siempre, en un batiburrillo de sensaciones que me siguen llevando por esos cielos tan cercanos de una ciudad a la otra, para lo que sea. Lo raro es que sea todo en un día, pero todo es posible. Como cogerte un avión e irte a una fiesta de un 40 cumpleaños. Hay cosas que son un verdadero placer y la mar de fáciles.

martes, 7 de febrero de 2012

A toda máquina

Vengo del chequeo que la seguridad social alemana realiza cada dos años a los mayores de 38 años. Empiezan los achaques a esa edad, y a mí, en los tres que ya llevo siempre me han encontrado algo, así que está científicamente comprobado que el que busca encuentra y más a partir de esa edad. Por eso en otros países no buscan tanto, por si acaso. Medicina preventiva, aunque yo la llamaría medicina desencubridora, pues hasta ese momento estabas "más o menos" feliz, con 38, 40 o 42... Así me sacaron a mí hace dos años que Hashimoto se había instalado en mi vida para no largarse más, y que la tiroxina me acompañará para siempre. Espero que en el análisis de sangre, cuyo resultado me darán hoy o mañana, no salgan otros intrusos de nombre exótico, pues Hashimoto ya me es familiar, y las otras neuras están todas por las mañana cuando paso lista. De momento me conformo con que me han atestado que el peso es el correcto y que hasta el michelín que le mostré a la médica para llevarle la contraria está dentro de lo aceptado por la medicina, me ha dicho ella con una sonrisa. La piel muestra signos de envejecimiento (joer), pero mi tensión está como nunca, y no por los suelos como suele estar, y sigo coordinando y teniendo la movilidad debida, y el electro perfecto. Así que salvo unos problemillas, que algo hay que encontrar, me ha dicho que p'alante. Y lo mejor de todo es que he crecido: hace dos años anotó 1,58 m, a lo que recuerdo que increpé diciéndole que medía 1,59 ó 1,60, pero hace dos años era yo muy poquita cosa, y ese centímetro de ahora se nota. Es evidente.

Y así me noté yo en clase ayer. Retomé mis cursos, tras dos semanas libres. Me da cada vez más gusto ver a mis alumnos cuando llevamos un tiempo trabajando juntos, y por eso noto que los cursos que menos me gustan son los de principiantes, en los que no conozco a nadie y ellos a mí tampoco. En el nivel de principiantes de idiomas el profesor es como un show man, y estás expuesto plenamente cada segundo. Has de venderles el producto y convencerles de que cualquiera puede aprender un idioma (aunque tú a veces dudes de ello y te entren ganas de decirle a alguno que se apunte a macramé). Siempre hay alguna cara nueva en los cursos pero cuando son la minoría es muy fácil integrarles, si ellos se dejan, claro. Es muy curioso cómo una clase es un microcosmos de la vida. Están representados todos los personajes: tienes a gente echada p'alante, tímidos, entretendores, y por supuesto al gilipollitas que no dejará pasar ningún momento sin soltar la parida de turno. Pero lo bueno es que hasta el profesor tan principiante que yo era hace dos años y que se puso a dar clase de repente un día a 20 extraños de golpe, le han salido las tablas por algún lado, y salvo por algún cabreo que me llevo alguna vez por algo, puedo decir que hasta a los resabidillos los tengo controlados e integrados. El peor momento para mí es a final de cada curso, cuando veo que la gente flaquea,  porque siempre pierdo a muchos a los que he cogido cariño. Agradezco cuando vienen a mí y me dicen abiertamente que lo dejan, que no tiene nada que ver conmigo, pero que están muy estresados con todas sus tareas, y que necesitan una pausa. En algunos casos he tratado de convencerles de que ésa es su apreciación y no la mía, que yo los veo bien de nivel, pero he aprendido a respetar esas decisiones también. Más me duele cuando desaparecen sin decir nada, y no sé ni por qué, y si hago recuento, habrán pasado ya por mis clases, difícil calcular, unas 120 personas mínimo. Muchos desaparecen y se incorporan otros nuevos que se mantienen, y lo mejor es cuando, como ayer, veo que gente que no sabía nada cuando llegó a mí, son capaces de decir bastantes cosas. Ayer me lo pasé muy bien en mis dos clases; ya no necesito ponerme nerviosa y puedo ser yo. Cuando me conocen, para que hablen ellos lo más posible y no yo, les digo que me presenten a los nuevos. Primero me miran como diciendo "qué papelón", pero como a lo largo de 6 meses o un año fluye mucho de mí en cada clase, espero con curiosidad cuando arrancan: "Se llama María Elena, es española, de Madrid, tiene dos hijas, habla varios idiomas, le gusta mucho la gramática, el cine, el arte, viajar", pero lo mejor es cuando se ponen irónicos y dicen "no sabe montar en bicicleta, le 'encanta' la nieve, y cuida 'mucho' su jardín". En ese momento aplaudo yo. Ayer, una señora, al terminar la clase, vino a mí y me dijo que se iba muy contenta por lo mucho que nos reímos siempre. Y eran las nueve y cuarto de la noche.

Así que, con todos los certificados posibles, incluido el de un amigo mío que me ha certificado antes que ya me iba la cabecita a toda máquina, concluyo el post, y ahora mismo no sé si irme a hacer deporte o ponerme con mis otros proyectos de escritura, que ahí están también. Improvisar es mi lema en los últimos años. He llegado a estar hasta con el abrigo puesto para irme al gimnasio, cuando al ir a salir por la puerta he cambiado de idea, o igual decido que necesito urgentemente ir al mercado, como decido que no, y las telarañas de la nevera no me afectan, como tampoco cuando me dicen que no quedan calcetines limpios. Ésos son los momentos en los que los tuyos se dan cuenta de tu labor, que parece invisible si no. Por eso hay que seguir metiendo ruido, para que se den cuenta de que si tú no estás bien, física y anímicamente, el encaje de bolillos de la vida diaria se deshará, tan solo con tirar de un hilo.

domingo, 11 de diciembre de 2011

El mercado con chispa

No es habitual en mí desaparecer seis días, que tampoco son tantos, de mi blog, sin dejar dicho que lo voy a hacer, como tampoco lo es no escribir "tantos" días cuando no aviso. No me he ido a ninguna parte y mi rutina ha sido más rutinaria que nunca, tanto, que digamos que he tenido la mente en blanco, sin ideas. Se me desvanecieron todas y los muchos temas que tengo siempre en la cabeza, y los borradores de entradas que tengo preparados a medio escribir me parecieron inexistentes. Este fin de semana me he vuelto a encontrar en los mercados de Navidad, que este año estoy estudiando con lupa, y que me hacen más gracia que nunca. Porque he tardado 21 años en darme cuenta de que ésta es la época más bonita del año en Alemania, pues a pesar del frío, salimos y entramos, y disfrutamos de olores, colores, sabores, y nos dejamos llevar por todo eso y más.

De todos los mercadillos, de los que comentaré más, relato la visita al más interesante. Anoche estuve en el más irreverente de la ciudad, el llamado Santa Pauli, por estar en el barrio más gamberro y juerguista de la ciudad, en St. Pauli. El mercadillo ofrece lo que todos: las salchichas, los Schmalzkuchen, una especie de buñuelos pequeñitos con azucar glas, las almendras parecidas a las garrapiñadas, el Glühwein, el vino caliente con especias. Pero pero... teniendo en cuenta que nos encontramos en St. Pauli, algo ha de ser distinto a los demás mercadillos de la ciudad, y lo es. Para empezar cierran más tarde que los otros, más tarde de la una de la mañana, y la oferta de algunos puestos es la típica de la zona. Concretamente había dos de juguetitos eróticos: uno con consoladores, bolas chinas, y más objetos sobre cuyo uso yo hubiese tenido que informarme; y el otro con lo mismo, pero de artesanía. Había un "artesano" de la madera realizando en vivo consoladores de madera de abeto, barnizada después con acabados de diferentes colores, y eran muy bonitos, la verdad sea dicha, y la curiosidad de la gente mucha. Y la carpa de detrás del escenario anunciaba un striptease gratuito, para mayores de 18 años. Por si la gente esperase algún timo, tenían puesta a la entrada la lista de precios de las bebidas, y como eran civilizados, había cola para entrar. Cuando entramos, el espectáculo estaba en marcha: dos chicas en el escenario, que habían cogido a una víctima del público, se estaban desnudando a su lado y le terminaron por meter cubitos en el pantalón. A mí todo esto me lo relataron, pues no veía nada, como suele ocurrirme en todo lo que se presencie de pie en este país, ya sea la comunión de mi hija, o un striptease, la desventaja de ser más baja que la media. Luego vi un baile sobre la barra del bar, que me hizo pensar, como hice otra vez en una sala de table dance, que a los striptease en Alemania les falta chispa; definitivamente les falta algo de gracia. Las de anoche tenían disculpa, pues ante tanta masa dispuesta solo a pagar 2.50 € por un agua mineral o una coca cola, tampoco tienen que sonreír más de la cuenta. Pero fue divertida la experiencia en este mercadillo navideño que ya conocía, pero que inspeccioné más que otras veces. Que no espere nadie fotos del show (ponían que prohibido fotografiar, además), pero mañana, ahora que me he encontrado por los mercadillos navideños, comiendo todo lo arriba mencionado más una buena salchicha anoche, entre puestos de consoladores ecológicos, seguiré con mis reportajes, no solo navideños, aunque parezca que es lo único que me sale últimamente. A lo mejor me falta la chispa, como a las de anoche, pero creo que este fin de semana la he recobrado.

viernes, 28 de octubre de 2011

Sueños

"Mamá, ¿qué profesión hay que tener para construir casas?", me ha preguntado mi hija pequeña esta tarde. "Arquitecto", le dije, y me asintió, "eso". Me dijo que habían estando hoy aprendiendo en el cole sobre la obra de Hundertwasser, que le debe haber fascinado. El artista austriaco se dedicó sobre todo a la pintura, pero realizó además obras arquitectónicas, que son las que deben haber visto en clase hoy. En Alemania hay una estación suya en Baja Sajonia, en Uelzen, llena de colorines y el estilo típico. Creó su estilo propio, como un Gaudí u otros. Un rato después, aprovechando el tema, le dije que le respondí que arquitecto, pero que eso es solo si se aplica y es trabajadora, y que si no la respuesta a la pregunta sería albañil, que ella verá. No le hablé de la cruda realidad: de que hoy día incluso siendo arquitecto, puedes acabar de albañil o ganando una miseria en cualquier otro trabajo.

Pero su intención de ser arquitecta me parece tan buena que prefiero alegrarme de lo que supone esa intención. Sí que apunta formas, pues lleva años construyendo con unas tablitas de madera escandinavas, un juego de construcción estupendo y con el que a ella no se le agotan las ideas, casas, torres y otras construcciones. Ahora me cuadra tanto interés desde siempre, y hace semanas me dijo que para Navidad se pide más, para hacer casas más grandes o torres más altas. Teniendo en cuenta que durante años, en la época en la que todos los niños quieren ser bomberos o astronautas, y las niñas princesas o hadas, ella no quería ser nada, con el escepticismo que le caracteriza y el estoicisimo por el que se deja llevar, y por tanto lo de hoy supone un hito.

Todos sabemos en lo que se quedan los sueños muchas veces, cuando de adultos nos damos cuenta de que a austronautas llegan tres (y quién quiere serlo) y a princesas las que tienen la desgracia de toparse con un príncipe por ahí. Renunciamos a sueños pero conseguimos muchas otras cosas tan valiosas o más de las que perseguíamos antes. Y cada renuncia se convierte en una oportunidad para continuar, aunque el cuerpo nos pida estancarnos en lo que queremos. Yo nunca quise ser profesora, hoy lo hablaba con una amiga, y aquí me tienen, y con cada clase le cojo más gusto al asunto. Y lo mismo me pasó con éste y con mi otro blog, día a día le cogí tanto gusto a la escritura que no renuncio a mi sueño mayor de escribir algo serio, y en ello estoy de un tiempo a esta parte. Cuestan la disciplina y el tesón, y más siendo una la tuerca en el conglomerado central de una familia, y si me aflojo, se va todo al garete en el día a día. Yo llevo agendas, comidas, médicos, compra, la casa y desde hace casi dos años mis clases, dentro y fuera de casa. Hoy empecé el día con una cita de médico a las 7.30 de la mañana con mis hijas, y lo he terminado preparando clases, pues excepcionalmente, mañana sábado, doy clase. Es lo que toca, y cuando oigo a mis alumnos que me dicen que se me nota lo mucho que disfruto con mi trabajo, a veces me emociono, porque yo tenía otros planes. Ah, en realidad yo de niña quería ser modista. Luego ya no. Pero qué más da. Me he ido encontrando cosas mejores, aunque lo más valioso lo tengo ya.

sábado, 4 de junio de 2011

Crítica a las críticas

Lo de leer críticas de cine es como con todo: te sirven de orientación, para enterarte de la temática de películas de las que si no, no sabrías nada, o de otras que son muy mediáticas pero de las que quieres ver qué piensan de ellas los "expertos". Pero ser crítico de cine es como hablar u opinar de cualquier cosa: tu opinión subjetiva no tiene nada que ver con la de los demás. A mí el otro día mi fisioterapeuta, una persona que ha entrado en mi vida hace dos meses y que tiene el privilegio (u obligación) de sobarme las piernas para arreglármelas, y entre él y mi esfuerzo propio lo vamos logrando, con la confianza que vamos cogiendo y de conversaciones de masajes, en las que hablamos de lo que hemos hecho y vamos a hacer en los fines de semana o puentes, no se le ocurrió esta semana más que recomendarme "Piratas del Caribe 4". Y a mi gesto y posterior comentario de que yo eso no lo veo, me dijo que "o al menos eso ha dicho otro paciente". Es que si a mí me recomienda uno de mis alumnos o quien sea ir a verla, yo sé que no debo ir, que no me va a gustar, y lo bueno de estas cosas es que nos creemos que con nuestro gusto estamos en estado de gracia, que sabemos elegir. Y por ello, y porque sé que mi gusto cinematográfico no tiene nada que ver con el de las masas, y casi me congratulo de ello, no puedo dejar de comentar una película alemana que vi la otra noche, y que me impresionó, por la temática, y las buenísimas actrices.

La crítica no era muy positiva o ahora al releerla veo que no era negativa. Simplemente resume el argumento, y la valoración le da tres puntos "annehnbar" (aceptable), de los cinco posibles de una "überragend"  (extraordinaria). Aceptable es para el periódico local de Hamburgo "Piratas del Caribe 4", lo cual me creo. Pero no me creo que lo sea igual la película "Das Blaue im Himmel", 'Lo azul del cielo'. Cinco puntos o la calidad de extraordinaria tiene "El discurso del rey", que es buenísima, sí, con un Colin Firth que me enamora cada vez que le veo en el cine, y cuatro tiene la de "Potiche", la última de la Deneuve, que con dos tendría bastante. Pero criticar es como alabar, según como te pille.

Pero hay que estar algo ciego (atención a la subjetividad de mi crítica) para no dejarse llevar por esa historia tan sorprendente que comienza en Letonia en el año 1933, pero que termina en 1991 al enlazar presente y pasado de una mujer mayor demente, cuyos delirios le hacen perder su presente y el pasado vuelve a atormentarla. La película se mueve entre las dos épocas, y cuenta la vida de la Marga joven, que se casa enamoradísima con un letón, en lo que para él era un matrimonio ventajoso por ser ella una alemana de una de esas familias ricas que luego tuvieron que salir huyendo cuando llegaron los rusos. Tras su matrimonio, ella descubre que él estaba enamorado de otra, con la que sigue una relación, y la venganza de la despechada esposa tiene lugar de una manera tan cruel, que solamente se puede entender bajo el punto de vista irracional de alguien muerto de amor, pues las consecuencias son funestas para todos. La película va tirando del hilo a través del personaje de la hija, que acompaña a su madre a Riga en un último viaje en búsqueda de las sombras del pasado, del tortuoso recuerdo, y la intriga se mantiene hasta el final, y se muestra con la crudeza de las muchas de las tragedias personales que mucha gente lleva consigo y de las que no se recuperan jamás. Cuántos dramas familiares, cuánta desesperación, cuánto dolor causado, en muchos casos por el amor, esa fuerza que se lleva por delante a cualquiera, y que por muy maravilloso que sea, es capaz de causar el mayor de los dolores.

No es "aceptable" la película, y las actrices Hannelore Elsner, una gran dama del cine alemán, Juliane Köhler, muy respetable en todos sus papeles, y una jovencísima Karoline Herfurth, que se deja ver en varias películas recientes con un gran talento y futuro por delante, representan un trío de tres generaciones de actrices alemanas que con su papel logran una película más que aceptable, pues en cualquier caso impacta. Sé que muchas más personas verán "Piratas del Caribe 4", y no creo que porque entretenga más. A la gente le dan lo que quieren ver. Y los críticos son (o somos personas) con nuestras experiencias y gustos. Por eso yo no me fío de ninguno, y por eso no lo hagan de mí tampoco y vayan a ver la de los piratas si el cuerpo se lo pide, o si se lo recomienda su fisioterapeuta. No como yo, que no hago caso de nada, y voy a ver una película "aceptable" y me arriesgo a que me encante. Y no me digan ahora que precisamente por eso vaya a ver la de los piratas, pues va a ser que no.

martes, 24 de mayo de 2011

Las marujas del Alstertal

Para explicar este título que he elegido para el post de hoy, debo ir por partes. El Alstertal, por mucho que en mi mundo parezca el centro del universo, es desconocido en el mundo entero. Se trata del valle del Alster, situado en la zona nordeste de Hamburgo, por el que fluye el propio Alster, que en realidad es un río que nace en Schleswig-Holstein y desemboca en ese lago del centro de Hamburgo del mismo nombre. Pero además de al valle, el nombre se refiere a la unión de cinco barrios en el norte de Hamburgo, del que forma parte el mío, y ese fluir del Alster une no solo una zona geográfica sino una forma de vida. El nombre Alstertal tiene connotaciones que todos los que vivimos en esta zona conocemos, y evoca no solo a lo verde y al agua, al cantar de los pájaros que oímos a todas horas, al sonido de las hojas meciéndose al viento, pero sobre todo pensamos en una vida tranquila donde todo tiene su sitio y funciona a la perfección. En apariencias al menos, porque eso es también el Alstertal, un sitio donde tanto idilio es engañoso también.

"Die Kinder von Alstertal", es una serie infantil de hace años cuyo nombre conozco, pero de la que no he visto ningún capítulo. Va de niños de esta zona y de las aventuras que viven, y sin haberla visto, me la puedo imaginar. Los niños de Alstertal viven en muchos casos como reyes, con pocas horas de colegios, y las tardes disponibles son o para estresarse con extraescolares o para vivir aventuras en los jardines de sus casas o alrededores. Pero yo ahora haría otra serie, "Las marujas del Alstertal", pues además sé dónde están todas por las mañanas. Si no están en el club de tenis, o en los mercados o supermercados, están todas en el gimnasio donde voy yo ahora un par de veces por semana. Llevo viéndolas desde que me apunté en abril, y lo de hoy me ha roto todos mis cánones: las marujas de esta zona no solo pedalean en las bicis del gimnasio, corren sobre la cinta, hacen bíceps y cuádriceps, pero además hacen step, todas juntas, con un entrenador que parece haberse fumado un canuto antes de hacer subirse y bajarse del escalón que todas teníamos delante a tanta señora con ganas de sudar, a ritmos de "música cañera", ésa que ponen en los gimnasios para hacer bailar incluso a cualquier maruja estirada. A juzgar por las agujetas que me están saliendo tras mi primera sesión de step hoy, lo bien que me lo he pasado, y lo mucho que he sudado, reconozco que las marujas del Alstertal saben lo que se hacen, y no me extraña que muchas estén mejor que yo... Entrenando a ese ritmo son capaces de hacer temblar cualquier discoteca de música electrónica en Ibiza o donde se pongan. Menudas son.

Al salir toda sofocada del curso, en los vestuarios, una, que se dio cuenta de que yo era nueva, me preguntó que qué me había parecido el curso; le dije que me ha gustado mucho, y que el entrenador me pareció todo un personaje. Le pregunté si llevaba mucho tiempo haciendo step, y me dijo que sí, que antes no había ese curso en la oferta del gimnasio, pero que "varias" (marujas, supongo) se movilizaron y juntaron firmas para que pusieran este curso (no digan que la gente no sabe organizarse y reclamar). Contrataron a este profe tan guay de gorra a lo hiphop y con un ritmo que me ha dejado molida hoy, y ahí están todas, cada martes, dándole al step.

"Volveré", le dije al profe al terminar, aunque me disculpase por no dar pie con bola en ocasiones, pues el step es un ejercicio de coordinación, y el tipo, con la marcha que tenía y que entró bailando a lo reggaeton, nos dijo varias veces que la clave del step y de las coreografías es no pensar, y para que nos saliera la tabla de ejercicios nos iba dictando lo que había que hacer consignas como hacer el "Elvis" (me encanta hacerlo), o "volar", "el seis", y qué sé yo, pues un día no me ha dado ni para aprenderme la terminología.

Pero lo mejor del hecho de que haya podido entrenar tres cuartos de hora a ese ritmo de maruja marchosa es que mi lesión en mi rodilla está remitiendo, y que los siete meses que llevo apartada de la pasión que desarrollé hace dos años y medio, el correr, por haber terminado con piernas incapaces de correr o de realizar cualquier actividad física, o incluso diaria, es que esta fase tan larga de sentirme deshauciada para el deporte ha llegado a su fin. Volveré, y no solo al step. Vuelvo a sentir la llamada del bosque y de las zapatillas de correr...

martes, 15 de febrero de 2011

Ni blog ni ná

Si fuese Ronaldo, lo achacaría al hipotiroidismo, pues si Ronaldo admite sufrirlo, yo también. No sabía que la medicación que se toma para eso daría positivo en un control antidopaje. No sé si eso, junto con mi rodilla, supondrá el final de mi carrera deportiva, como la de Ronaldo, pero nunca le he dado demasiada importancia al hipotiroidismo que me diagnosticaron hace un año hasta que me viene Ronaldo ahora y, además de las lesiones, alega eso para su retirada. Y ayer me dice una amiga, tras haber estado este blog dos días inactivo, que ya "ni blog ni ná", y esto antes de leer lo de Ronaldo. Es que ando muy liada, es que no me dejan ni respirar, es que tengo miles de ideas en la cabeza pero me falta el tiempo para teclearlas. Excusas.

Ahora resulta que la culpa la tiene Morbus Hashimoto. Cuando mi médica me dijo hace un año que el tal Hashimoto se había instalado en mi vida, me hizo poca gracia, pues bastante tengo yo conmigo misma como para tirar de un tipejo así. Luego hablas con la gente, y resulta que otros llevan a este Hashimoto consigo, y que se trata de ponerle frente con una pastillita diaria, con una dosis más alta o más baja. Los que tomamos tiroxina, de por vida me temo, además de estar dopados, como me acabo de enterar, dependemos de esta pastillita, en teoría, y si no tenemos ganas de nada o estamos cansados, podemos echarle la culpa a las tiroides, y listo, y no como antes podías decir que estás cansado y no sabes por qué, o mismo por no haber dormido lo suficiente, como me pasa a mí a menudo. Y Ronaldo, que seguramente ya debería retirarse del fútbol sí o sí, le echa la culpa al hipotiroidismo y listo. Y con las lesiones que ha tenido, rodilla incluida, razón doble. Cómo me suena todo.

Así que cuando no escribo no es por el hipotiroidismo, pues yo al Hashimoto le planto frente todas las mañanas, y en las fases en las que estoy más flojita, como hoy, me siento tentada a echarle la culpa a él, pero no lo hago, ya que por ejemplo la falta de sol me fastidia más que mi Hashimoto, lo aseguro, al igual que otras cosas de las que hablo en este blog, y otras de las que no hablo. Pero ayer, al ver la noticia de Ronaldo, casi me alegré de que por fin se nos haga justicia a los millones que tenemos hipotiroidismo, para que por fin nos comprendan de que no siempre tenemos que estar al cien por cien, oigan.

Y ahora encima me entero que de mí no se ha hecho ninguna camiseta ...