"Hasta las vacas se vuelven locas", podría ser el título de esta entrada. "¿Qué es ese astro que brilla?", sería otra posibilidad. "Sol, ¿qué es eso?", otra. Hoy una vaca en un establo se ha vuelto tan loca al ver el sol, que han tenido que reducirla cinco policías junto con el propietario del animal. Según el granjero, la vaca, al ver el sol, salió en estampida, cegada por él. A su paso ha causado desperfectos en varios jardines, hasta que la han cogido usando cuerdas y un ternero como cebo. En la radio dijeron que solo se calmó cuando se volvió a nublar... deben ser las malas lenguas...
Pero es que así nos sentimos aquí. Yo comprendo perfectamente a la vaca: este clima es para volverse locos, y si sale el sol, no sabemos ya ni lo que es. De todas formas, como la primavera aquí dura un día, esta tarde, tras un día soleado de 22°C, ha vuelto a llover. Así que la pobre vaca podrá descansar con el único clima que conoce. Pobrecilla.
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lunes, 15 de abril de 2013
domingo, 14 de abril de 2013
Por fin...
... primavera. Ayer hacía un frío que pela y hoy de repente han subido las temperaturas a 20° C. Nos lo venían anunciando toda la semana, para emocionarnos por adelantado. Como ocurre a menudo, tampoco ha sido para tanto. Las temperaturas han sido esas, pero de sol radiante nada. Y los crocus, que ya estaban saliendo, se han emocionado, como todos los humanos. Desde la ventana de mi nuevo piso se ven muchas florecillas de este tipo, y a la vuelta de la esquina hay un jardín que presentaba hoy el aspecto de las fotos.
Y del resto, ¿qué puedo decir? Que estoy preparando mi cambio de domicilio, y que he estado todo el fin de semana en ello. Que ayer me emocioné cuando desde mi ventana vislumbré a un cisne nadando. Que me lo paso bien viendo además de los cisnes, patos y gaviotas a la cantidad de coches que pasan por mi puerta. Que esta semana va ser de órdago, y miedo me da ya antes de que empiece. Pero poco a poco. De momento disfruto de la llegada de la primavera. Por fin.
Y del resto, ¿qué puedo decir? Que estoy preparando mi cambio de domicilio, y que he estado todo el fin de semana en ello. Que ayer me emocioné cuando desde mi ventana vislumbré a un cisne nadando. Que me lo paso bien viendo además de los cisnes, patos y gaviotas a la cantidad de coches que pasan por mi puerta. Que esta semana va ser de órdago, y miedo me da ya antes de que empiece. Pero poco a poco. De momento disfruto de la llegada de la primavera. Por fin.
sábado, 30 de marzo de 2013
Están majaras
Tengo el tema "clima" bastante abandonado. No es que sea buena señal, sino más bien que trato de ignorarlo. Teniendo en cuenta que estamos casi en abril y que sigue nevando y que desde hace semanas la temperatura máxima es como mucho de 2° C, es para largarse de inmediato. Pero, ¿adónde vamos a ir los más de 80 millones de alemanes? Ni Mallorca nos acoge si vamos todos en tropel.
Y como no tenemos dónde ir, hacemos de tripas corazón y tratamos de creernos que es primavera, Semana Santa, y que no hay nieve. Hoy se veían las humaredas típicas del Sábado Santo, por los fuegos de Pascua, esa tradición pagana de "quemar" el invierno y dar la bienvenida a la primavera. Y yo, viendo la nieve por todas partes, y sintiendo el frío que seguimos teniendo, pensaba que están completamente locos. Con estas temperaturas tan gélidas ni las fogatas calientan, y hay que ser poco flexibles para no cancelar los fuegos con un frío así, como en España se hace con las procesiones cuando llueve, por mucho que les fastidie a muchos.
Este año todavía no han salido ni los crocus, las primeras flores de la primavera. Algunas apuntan algo entre la nieve, o mejor dicho sus tallos. Hasta en Husum, una pequeña ciudad cerca del Mar del Norte, en el Estado Federal de Schleswig-Holstein, han pospuesto la fiesta de los crocus, que celebran cada año alrededor de su castillo, que se llena de esa flor lila y que atrae a muchos visitantes pues es espectacular. Yo estuve una vez hace años. Pero este año, no hay crocus que se atreva a salir, y la reina de la fiesta de los crocus, sigue sin lucir su corona porque no sale ni uno.
Muchos están ya preocupados por lo que este invierno tan terriblemente largo significa: nadie compra ni ropa de verano, ni barbacoas, ni plantas primaverales. Y parece que no se va a terminar nunca.
Aquí se creen que el clima va a la carta. En invierno ha de nevar hasta que ellos se cansen. Ahora mismo no hay nadie que quiera más nieve, pero a mí me molesta igual ahora que en diciembre. Así que hala, que apechuguen, que cuando yo me quejo en los meses de invierno nadie me hace caso; y que busquen los huevos de chocolate como es costumbre, pero bajo la nieve. Porque las costumbres nunca se abandonan, aunque muramos congelados en el mes de marzo más frío que se recuerda.
Y como no tenemos dónde ir, hacemos de tripas corazón y tratamos de creernos que es primavera, Semana Santa, y que no hay nieve. Hoy se veían las humaredas típicas del Sábado Santo, por los fuegos de Pascua, esa tradición pagana de "quemar" el invierno y dar la bienvenida a la primavera. Y yo, viendo la nieve por todas partes, y sintiendo el frío que seguimos teniendo, pensaba que están completamente locos. Con estas temperaturas tan gélidas ni las fogatas calientan, y hay que ser poco flexibles para no cancelar los fuegos con un frío así, como en España se hace con las procesiones cuando llueve, por mucho que les fastidie a muchos.
Este año todavía no han salido ni los crocus, las primeras flores de la primavera. Algunas apuntan algo entre la nieve, o mejor dicho sus tallos. Hasta en Husum, una pequeña ciudad cerca del Mar del Norte, en el Estado Federal de Schleswig-Holstein, han pospuesto la fiesta de los crocus, que celebran cada año alrededor de su castillo, que se llena de esa flor lila y que atrae a muchos visitantes pues es espectacular. Yo estuve una vez hace años. Pero este año, no hay crocus que se atreva a salir, y la reina de la fiesta de los crocus, sigue sin lucir su corona porque no sale ni uno.
Muchos están ya preocupados por lo que este invierno tan terriblemente largo significa: nadie compra ni ropa de verano, ni barbacoas, ni plantas primaverales. Y parece que no se va a terminar nunca.
Aquí se creen que el clima va a la carta. En invierno ha de nevar hasta que ellos se cansen. Ahora mismo no hay nadie que quiera más nieve, pero a mí me molesta igual ahora que en diciembre. Así que hala, que apechuguen, que cuando yo me quejo en los meses de invierno nadie me hace caso; y que busquen los huevos de chocolate como es costumbre, pero bajo la nieve. Porque las costumbres nunca se abandonan, aunque muramos congelados en el mes de marzo más frío que se recuerda.
miércoles, 9 de enero de 2013
Sol en pastillas
Más de una vez he mencionado la vitamina D en estas páginas mías. Jamás pensé que la necesitaba tanto el cuerpo. Lleva lo menos tres semanas lloviendo sin parar y siento tener que hablar de ello: ya he silenciado demasiado tiempo esto. Yo necesito sol urgentemente, y empiezo a gritar hacia mis adentros y hasta en clase que necesito vitamina D ahora mismo y ya. Justo ayer les comentaba en mi desesperación a mis alumnos que cuando nacieron mis hijas y el pediatra me recetó para ellas vitamina D me dio mucha penita. Recuerdo darles las pastillita siendo ellas bebés y pensar para mí: "Toma, bebé, una pastillita de sol". Al menos conseguí que se rieran en mis clases. Mucha gente está atacada aquí también, no lo niego, pero entonces reclaman frío asesino con sol y nieve. Eso se da en los Alpes, y no en estas latitudes tan al norte de Alemania, pero aquí se creen que un invierno de postal es un derecho adquirido, cuando lo que tenemos es siempre un cielo plomizo que quita la energía a cualquiera. Yo ayer me tuve que mentalizar muy mucho para empezar a dar clase a las seis menos cuarto de la tarde, tras un día que apenas levantó.
Yo ahora estoy que me muero de envidia a la gente que viene de vacaciones de Lanzarote, de Nueva Zelanda, de Miami, y cuentan que han tenido 27°C en Navidad. Mi próxima vida será caribeña, lo aseguro. A los que no envidio son a los de las vacaciones de esquí. Vale que mi hija se ha roto la muñeca a 10 minutos de casa en una pista de patinaje, pero mi vecina ha vuelto de sus vacaciones de esquí con desgarro muscular. Como le ocurrió el primer día, se ha pasado la semana de esquí en una clínica, le han tenido que operar allí mismo, y ha vuelto con muletas. Ahora tiene que reposar seis semanas. Algo que logísticamente hablando, como madre taxista y más, no se lo puede permitir.
Siempre que llego al aeropuerto de Hamburgo en los últimos años en los meses de invierno, me llama la atención cuánta gente hay que regresa en silla de ruedas y con esquís. Creo que hoy día cualquiera se cree en condiciones para esquiar, sin haber calentado o tener la forma física adecuada. Conozco a varias personas que han vuelto escayoladas de las vacaciones.
Así que creo que mi terapia navideña no estuvo mal: cine a diario, mucho dormir, mucha lectura. Aunque mi hija, cuando despotrico de pistas de patinaje, camas elásticas, y de esquís (aunque no hemos ido jamás a esquiar), me dice que su amiga ha vuelto escayolada de las vacaciones de Navidad, pero que se cayó del sofá en su casa y se rompió el brazo. Pero al menos eso te pasa gratis, hombre, y no pagando un potosí y conduciendo 1000 km para arriba y 1000 para abajo. Hay gente que se complica demasiado la vida. Con lo bien que llueve aquí y lo a gustito que estamos encerrados en casa. Y sin sol que nos quite la alegría del cuerpo y nos haga pensar a todos los alemanes que la vida es para deleite. Ayer le dije a otro de mis alumnos que está mejor trabajando: como en sus vacaciones de sol y playa ha comido mucho marisco y carne, ha vuelto con gota. Y yo encima, le dije con guasa que de eso se morían los reyes antes, y les hablé del Monasterio de Yuste y de la silla de Carlos I o V. Si lo que yo digo. Vean cine, lean libros, coman ensaladas, no salgan de casa. Creo que necesito comprarme sol en pastillas. Desvarío.
Yo ahora estoy que me muero de envidia a la gente que viene de vacaciones de Lanzarote, de Nueva Zelanda, de Miami, y cuentan que han tenido 27°C en Navidad. Mi próxima vida será caribeña, lo aseguro. A los que no envidio son a los de las vacaciones de esquí. Vale que mi hija se ha roto la muñeca a 10 minutos de casa en una pista de patinaje, pero mi vecina ha vuelto de sus vacaciones de esquí con desgarro muscular. Como le ocurrió el primer día, se ha pasado la semana de esquí en una clínica, le han tenido que operar allí mismo, y ha vuelto con muletas. Ahora tiene que reposar seis semanas. Algo que logísticamente hablando, como madre taxista y más, no se lo puede permitir.
Siempre que llego al aeropuerto de Hamburgo en los últimos años en los meses de invierno, me llama la atención cuánta gente hay que regresa en silla de ruedas y con esquís. Creo que hoy día cualquiera se cree en condiciones para esquiar, sin haber calentado o tener la forma física adecuada. Conozco a varias personas que han vuelto escayoladas de las vacaciones.
Así que creo que mi terapia navideña no estuvo mal: cine a diario, mucho dormir, mucha lectura. Aunque mi hija, cuando despotrico de pistas de patinaje, camas elásticas, y de esquís (aunque no hemos ido jamás a esquiar), me dice que su amiga ha vuelto escayolada de las vacaciones de Navidad, pero que se cayó del sofá en su casa y se rompió el brazo. Pero al menos eso te pasa gratis, hombre, y no pagando un potosí y conduciendo 1000 km para arriba y 1000 para abajo. Hay gente que se complica demasiado la vida. Con lo bien que llueve aquí y lo a gustito que estamos encerrados en casa. Y sin sol que nos quite la alegría del cuerpo y nos haga pensar a todos los alemanes que la vida es para deleite. Ayer le dije a otro de mis alumnos que está mejor trabajando: como en sus vacaciones de sol y playa ha comido mucho marisco y carne, ha vuelto con gota. Y yo encima, le dije con guasa que de eso se morían los reyes antes, y les hablé del Monasterio de Yuste y de la silla de Carlos I o V. Si lo que yo digo. Vean cine, lean libros, coman ensaladas, no salgan de casa. Creo que necesito comprarme sol en pastillas. Desvarío.
sábado, 4 de agosto de 2012
La clave es no planear
De acuerdo, renuncio, capitulo, abandono. En Hamburgo en verano es imposible hacer planes con semanas de antelación para hacer algo al aire libre. Hace semanas que mi hija repartió invitaciones a sus amigos para celebrar ayer su cumpleaños montando en barcas a pedales y luego con una barbacoa en casa. Hizo buen tiempo los días antes, a pesar de las tormentas, y ayer amaneció un día bonito, pero al llegar la hora, al mediodía a la salida del insti, empezó a nublarse. Pudieron montarse casi dos horas sin lluvia, pero de camino a casa cayó lo indecible, y ya se fastidió la barbacoa. Comimos dentro, y tuve que tener a 14 adolescentes en el comedor. Por suerte se portaron bien, pero yo maldije todo. Es verdaderamente imposible, o.k., lo acepto, hacer nada en el exterior salvo si miras por la ventana y exclamas: "Ahora hace bueno y salgo". Los chavales aquí lo toman como lo más normal del mundo, y se adaptan a lo que les echen, pues no conocen otra cosa, claro. Así yo alucino estos días con que de los que han estado por las islas o costa alemana, la mayoría dice, "sí, ha hecho horrible, pero da igual". Que no da igual, jolines.
Y hoy se me han ido ambas (hijas) a sendos cumpleaños. La mayor estaba horrorizada porque iban a dormir en un Schrebergarten, que es algo digno de blog. Son unos terrenos de la ciudad en lugares poco atrayentes, como al lado de vías de metro o de tren, en los que la gente se compra una parcelita y se hacen una casita, se ponen un huertecito, y tienen lugar de "veraneo". La idea caló hace mucho en familias que viven en pisos con hijos, para tener un lugar donde dormir en el "campo". Pues en uno de esos jardines urbanos dormirá mi hija hoy y ya se temía lo peor. Y la otra se fue a otro cumple de un amigo que celebraba en un espectáculo al aire libre, los Karl-May-Spiele, famosos en Alemania, basados en las novelas de vaqueros e indios que escribió Karl May, un alemán que nunca salió de su ciudad pero cuya temática fue ésa. Así que como hoy ha amanecido muy mal día, la he mandado cual cebolla, a capas, desde con manga corta a sudadera y chubasquero. Cuando se fueron diluviaba, y cuando me la trajeron de vuelta me han dicho que tuvieron "más o menos suerte" pues solo llovió a mares durante 10 minutos de la función. Yo bromeé y le dije al padre del cumpleañero que probablemente eso iba incluido en el precio por "al aire libre". No he visto nunca ese espectáculo, entre unas cosas y otras porque no me gustan los espectáculos tan románticos/edulcorados de tiros y final feliz, y me da mucho miedo todo lo que sea al aire libre en verano y haya que pagar por adelantado. Al volver, le pregunté a mi hija por ese detalle del final y sobre si fue uno feliz y me dijo: "bueno...". Sí que me comentó toda divertida que un personaje era griego, y que el otro le dijo en una escena: "ah, entonces estás en bancarrota". Qué graciosillos, encima cachondeo. Pues que se j.... con la lluvia, que todo no se puede tener. Lo malo es que me afecta a mí también. Yo, que soy más precabida, terminé en el cine, y el coche estaba chorreandito cuando salí, justo cuando brillaba el sol. Y como aquí cuando sale, si puedes, dejas todo lo que tengas que hacer, al final terminé tomando el sol para mantener el moreno de las vacaciones. Quién me lo iba a decir dos horas antes.
Y hoy se me han ido ambas (hijas) a sendos cumpleaños. La mayor estaba horrorizada porque iban a dormir en un Schrebergarten, que es algo digno de blog. Son unos terrenos de la ciudad en lugares poco atrayentes, como al lado de vías de metro o de tren, en los que la gente se compra una parcelita y se hacen una casita, se ponen un huertecito, y tienen lugar de "veraneo". La idea caló hace mucho en familias que viven en pisos con hijos, para tener un lugar donde dormir en el "campo". Pues en uno de esos jardines urbanos dormirá mi hija hoy y ya se temía lo peor. Y la otra se fue a otro cumple de un amigo que celebraba en un espectáculo al aire libre, los Karl-May-Spiele, famosos en Alemania, basados en las novelas de vaqueros e indios que escribió Karl May, un alemán que nunca salió de su ciudad pero cuya temática fue ésa. Así que como hoy ha amanecido muy mal día, la he mandado cual cebolla, a capas, desde con manga corta a sudadera y chubasquero. Cuando se fueron diluviaba, y cuando me la trajeron de vuelta me han dicho que tuvieron "más o menos suerte" pues solo llovió a mares durante 10 minutos de la función. Yo bromeé y le dije al padre del cumpleañero que probablemente eso iba incluido en el precio por "al aire libre". No he visto nunca ese espectáculo, entre unas cosas y otras porque no me gustan los espectáculos tan románticos/edulcorados de tiros y final feliz, y me da mucho miedo todo lo que sea al aire libre en verano y haya que pagar por adelantado. Al volver, le pregunté a mi hija por ese detalle del final y sobre si fue uno feliz y me dijo: "bueno...". Sí que me comentó toda divertida que un personaje era griego, y que el otro le dijo en una escena: "ah, entonces estás en bancarrota". Qué graciosillos, encima cachondeo. Pues que se j.... con la lluvia, que todo no se puede tener. Lo malo es que me afecta a mí también. Yo, que soy más precabida, terminé en el cine, y el coche estaba chorreandito cuando salí, justo cuando brillaba el sol. Y como aquí cuando sale, si puedes, dejas todo lo que tengas que hacer, al final terminé tomando el sol para mantener el moreno de las vacaciones. Quién me lo iba a decir dos horas antes.
domingo, 29 de julio de 2012
Tantas sandeces
He estado todo el día dándole vueltas eso de "al mal tiempo buena cara". Quién fue el "gil" al que se le ocurrió semejante estupidez. Hoy ha estado prácticamente todo el día diluviando, o al menos ésa ha sido mi percepción, y a mí se me ha puesto muy mala hostia. No hacía más que acordarme de cómo estarían en ese instante las playas en España, los chiringuitos, las piscinas. Y aquí con diluvio universal, paraguas, chubasqueros, gabardinas, en pleno verano. Frío no hace, pero ayer volvió el tiempo habitual de aquí y la luz tan pobre que parece que estamos ya en octubre. Qué triste. Así que menuda mala leche que se me ha puesto, y la frasecita de marras dándome vueltas por la cabeza. "¿Buena cara?", que no lo pueda cambiar no sinifica que encima le tenga que reír las gracias al clima. Debería estar acostumbrada, me dice mi madre cuando me quejo. Pues no: aseguro que a esto no se acostumbra nadie que viene de fuera. Para reírle las gracias o decir la manida frase, que viene a ser lo mismo y que le encanta decir a los hamburgueses, de que "no existe el mal tiempo sino la ropa inadecuada", ja ja ja, has de haber nacido aquí y entonces a lo mejor, tras tres días de calor, te da una lipotimia, como les pasó a algunos esta semana. Así la graciosilla de la información del tiempo en la tele dijo ayer que para los que esta semana el calor fue demasiado, ja ja ja, que "por fin" refrescaba y que llovería. Llevo años diciendo que aquí la información del tiempo la dan psicólogos especializados en meteorología.
Ah... ¿que la expresión de 'al mal tiempo buena cara' no se refiere al tiempo sino que se aplica a cualquier adversidad? Peor me lo ponen, primero porque el efecto por daños y perjuicios viene a ser igual, y segundo porque eso no se lo cree nadie. Es como lo de "lo importante es participar" ... vamos anda, que se lo digan a los rabiosos deportistas alemanes que se quedaron ayer sin medallas y que no ocultaron su cabreo supino. Una nadadora dijo que exigiría responsabilidades a su entrenador. Bonita, ¿no será que las otras eran mejores que tú?, ¿o que las otras también participan para ganar?, ¿o es que los otros deportistas están felices tan solo con participar y solo tú vas a ganar y machacar a todos? Cuánta sandez. Como si uno entrenase durante años 10 horas al día para sentirse feliz participando. Yo también llevo entrenando 22 años veranos asquerositos, y no me conformo con participar. Yo quiero un verano que merezca su nombre, en el que no me sienta como todo el moho que retiré ayer de mi terraza, como los hierbajos que arranqué de entre las baldosas, porque aquí el estado natural de las cosas son plantas, hojitas, moho, microorganismos, y lo anormal somos los seres humanos y las piedras. Otro de mis pilares de mi vida aquí es mi absoluta convición de que los primeros pobladores cometieron un gran error instalándose aquí. Debieron pensárselo un poco más y no plantar sus poblados en esta tierra tan inhóspita. Y lo mejor es que todavía nos queda mucho verano que soportar. Si no fuese porque sé que el invierno es mucho peor, a lo mejor hasta me inventaba alguna de esas frases memorables. Por ejemplo: "la diferencia entre el invierno y el verano aquí es que la lluvia es caliente en verano". Eso sí que no es ninguna sandez, pero no me la he inventado yo.
Ah... ¿que la expresión de 'al mal tiempo buena cara' no se refiere al tiempo sino que se aplica a cualquier adversidad? Peor me lo ponen, primero porque el efecto por daños y perjuicios viene a ser igual, y segundo porque eso no se lo cree nadie. Es como lo de "lo importante es participar" ... vamos anda, que se lo digan a los rabiosos deportistas alemanes que se quedaron ayer sin medallas y que no ocultaron su cabreo supino. Una nadadora dijo que exigiría responsabilidades a su entrenador. Bonita, ¿no será que las otras eran mejores que tú?, ¿o que las otras también participan para ganar?, ¿o es que los otros deportistas están felices tan solo con participar y solo tú vas a ganar y machacar a todos? Cuánta sandez. Como si uno entrenase durante años 10 horas al día para sentirse feliz participando. Yo también llevo entrenando 22 años veranos asquerositos, y no me conformo con participar. Yo quiero un verano que merezca su nombre, en el que no me sienta como todo el moho que retiré ayer de mi terraza, como los hierbajos que arranqué de entre las baldosas, porque aquí el estado natural de las cosas son plantas, hojitas, moho, microorganismos, y lo anormal somos los seres humanos y las piedras. Otro de mis pilares de mi vida aquí es mi absoluta convición de que los primeros pobladores cometieron un gran error instalándose aquí. Debieron pensárselo un poco más y no plantar sus poblados en esta tierra tan inhóspita. Y lo mejor es que todavía nos queda mucho verano que soportar. Si no fuese porque sé que el invierno es mucho peor, a lo mejor hasta me inventaba alguna de esas frases memorables. Por ejemplo: "la diferencia entre el invierno y el verano aquí es que la lluvia es caliente en verano". Eso sí que no es ninguna sandez, pero no me la he inventado yo.
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jueves, 26 de julio de 2012
A las ricas fresas
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miércoles, 25 de julio de 2012
25 de julio
Día de Santiago, patrón de España. Mejor día no pude elegir para parir a mi primogénita. Aunque no lo elegí yo. Ese día salía de cuentas, y como no podía ser de otra manera, nació justo ese día, puntualísima. No sé si sabrán ustedes que los menos nacen ese día que te dan como orientación. Así que 25 de julio y encima puntual. Eso era ya premonitorio...
Recuerdo ese mes de julio como uno de los peores veranos, de los muchísimos, vividos aquí. Pero mientras paseaba mi tripa por aquel mes de julio tan gélido, mi padre decía sin quitarse la gabardina, que jamás había pasado tanto frío. Los 3 días que estuve en el hospital, no dejó de diluviar, y yo miraba a la cunita de la recién nacida pensando que qué mala suerte nacer en un clima así, muy mal karma.
Los últimos seis 25 de julio los hemos pasado en España, por si las moscas, pero este año nos hemos arriesgado a estar en Hamburgo. Y la ciudad nos ha devuelto el favor: sol y verano, a 29 grados. Esto parecerá lo normal... pues no! el mes que he estado fuera ha diluviado, y la semana pasada debió ser como para montar el arca de Noé y salir navegando. Los locos que se siguen empeñando en que se puede "veranear" en las costas alemanas han tenido unas vacaciones pasadas por agua. No aprenderán, que les conozco, pero a mí que me quiten lo bailao, y con mi hija también.
Recuerdo ese mes de julio como uno de los peores veranos, de los muchísimos, vividos aquí. Pero mientras paseaba mi tripa por aquel mes de julio tan gélido, mi padre decía sin quitarse la gabardina, que jamás había pasado tanto frío. Los 3 días que estuve en el hospital, no dejó de diluviar, y yo miraba a la cunita de la recién nacida pensando que qué mala suerte nacer en un clima así, muy mal karma.
Los últimos seis 25 de julio los hemos pasado en España, por si las moscas, pero este año nos hemos arriesgado a estar en Hamburgo. Y la ciudad nos ha devuelto el favor: sol y verano, a 29 grados. Esto parecerá lo normal... pues no! el mes que he estado fuera ha diluviado, y la semana pasada debió ser como para montar el arca de Noé y salir navegando. Los locos que se siguen empeñando en que se puede "veranear" en las costas alemanas han tenido unas vacaciones pasadas por agua. No aprenderán, que les conozco, pero a mí que me quiten lo bailao, y con mi hija también.
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jueves, 5 de julio de 2012
Tarragona existe
Nunca había estado de vacaciones en la provincia de Tarragona, en la Costa Dorada, y la verdad es que estoy encantada. Al comentar que venía para acá, muchos me decían que no habían estado nunca. Creo que la provincia de Tarragona no es de los destinos que antes se le ocurren a uno a la hora de elegir playa. Para los de Madrid nos quedan más cerca las playas de Levante, y éstas entran ya en el ámbito de viaje "largo". El caso es que no es para tanto, y una vez superada la pereza mental que me dan los viajes de coche más largos de cuatro horas, aquí nos plantamos el sábado pasado.
De paso quedaron a lo lejos Benicassim, Oropesa, y otros lugares con sus torres de apartamentos, que a mí me espantan bastante. Por eso, al llegar a L'Ametlla de Mar, me alegré de que este sitio sea tan desconocido (yo no había oído el nombre jamás) que por eso las masas se van a otra parte. Lo que le falta a la zona son playas gigantes y de ahí su encanto. Son calas y playas pequeñas, muy cuidadas, entre barrancos y pinos, pero con duchas, buena accesibilidad, aparcamientos. Vale, supongo que en agosto esto estará más lleno, pero tampoco tienen la infraestructura de interminables bloques de apartamentos, así que no será para tanto. Hay mucha gente del lugar, pues lo que más se oye es el catalán, y de los idiomas guiris se lleva la palma el francés. También hay belgas, holandeses, y algún que otro alemán, diría que los que menos.
La gente es muy amable. Me encanta oír catalán. Me hubiese gustado ser bilingüe desde que nací, pues que te regalen dos idiomas al nacer, en vez de uno, es todo un regalo para toda tu vida. Las cuatro veces que he estado en Cataluña me he encontrado la mar de a gusto. Pueden estar orgullosos de lo que tienen los catalanes, pienso. En estas vacaciones me están entrando ganas de aprender catalán, que sumaré a la lista de los múltiples idiomas que me gustaría aprender(les ahorro mi lista) . Tengo un gran amigo, mi compañero de pupitre en el instituto, que se sacó el título de catalán de la Escuela Oficial de Idiomas, y al que le dedico el post de hoy. Me gustaría saber cuántos castellanohablantes realizan esa proeza, puesa todos nos parece mucho más atrayente aprender inglés o alemán. Pero pienso que es un gesto sin igual de acercamiento y quizá se podría ofrecer como optativa en los colegios clases de las otras lenguas de nuestro país. Hoy más que nunca nos estamos dando cuenta de cómo el euro, que parecía hacernos europeos a todos, al venirse abajo está logrando un mayor distanciamiento entre los países europeos. Siento pavor cuando oigo hablar con odio hacia los alemanes, como si ellos fuesen los culpables de la situación actual española. De la misma manera se me ponen los pelos como escarpias cuando los alemanes se creen que ellos son los únicos que trabajan en toda Europa y el resto estuviese todo el día durmiendo la siesta o tomando tapas.
Más que nunca debemos tener la mente abierta a todo lo desconocido, y no creernos que todos han de hablar nuestra lengua o sentir como nosotros. Mi hija me dijo al volver de la playa que había aprendido la palabra "culo" en catalán, culet, me dijo. Todo saber es importante. Así que me despido con un bona tarda para todos. En L'Ametlla de Mar amenaza tormenta. Esta mañana caían gotitas pero eso no amedrenta a una española-hamburguesa, pues ya pilláramos este "mal tiempo" en Alemania en verano. Aún así pudimos ir a la playa, y el mar, que estaba embravecido al llegar, se fue calmando, según salió el sol y dio paso a un día normal de playa. Cómo me gusta el "mal" tiempo aquí. Pero ya me voy por otros derroteros, así que lo dicho, bona tarda d'estiu.
De paso quedaron a lo lejos Benicassim, Oropesa, y otros lugares con sus torres de apartamentos, que a mí me espantan bastante. Por eso, al llegar a L'Ametlla de Mar, me alegré de que este sitio sea tan desconocido (yo no había oído el nombre jamás) que por eso las masas se van a otra parte. Lo que le falta a la zona son playas gigantes y de ahí su encanto. Son calas y playas pequeñas, muy cuidadas, entre barrancos y pinos, pero con duchas, buena accesibilidad, aparcamientos. Vale, supongo que en agosto esto estará más lleno, pero tampoco tienen la infraestructura de interminables bloques de apartamentos, así que no será para tanto. Hay mucha gente del lugar, pues lo que más se oye es el catalán, y de los idiomas guiris se lleva la palma el francés. También hay belgas, holandeses, y algún que otro alemán, diría que los que menos.
La gente es muy amable. Me encanta oír catalán. Me hubiese gustado ser bilingüe desde que nací, pues que te regalen dos idiomas al nacer, en vez de uno, es todo un regalo para toda tu vida. Las cuatro veces que he estado en Cataluña me he encontrado la mar de a gusto. Pueden estar orgullosos de lo que tienen los catalanes, pienso. En estas vacaciones me están entrando ganas de aprender catalán, que sumaré a la lista de los múltiples idiomas que me gustaría aprender(les ahorro mi lista) . Tengo un gran amigo, mi compañero de pupitre en el instituto, que se sacó el título de catalán de la Escuela Oficial de Idiomas, y al que le dedico el post de hoy. Me gustaría saber cuántos castellanohablantes realizan esa proeza, puesa todos nos parece mucho más atrayente aprender inglés o alemán. Pero pienso que es un gesto sin igual de acercamiento y quizá se podría ofrecer como optativa en los colegios clases de las otras lenguas de nuestro país. Hoy más que nunca nos estamos dando cuenta de cómo el euro, que parecía hacernos europeos a todos, al venirse abajo está logrando un mayor distanciamiento entre los países europeos. Siento pavor cuando oigo hablar con odio hacia los alemanes, como si ellos fuesen los culpables de la situación actual española. De la misma manera se me ponen los pelos como escarpias cuando los alemanes se creen que ellos son los únicos que trabajan en toda Europa y el resto estuviese todo el día durmiendo la siesta o tomando tapas.
Más que nunca debemos tener la mente abierta a todo lo desconocido, y no creernos que todos han de hablar nuestra lengua o sentir como nosotros. Mi hija me dijo al volver de la playa que había aprendido la palabra "culo" en catalán, culet, me dijo. Todo saber es importante. Así que me despido con un bona tarda para todos. En L'Ametlla de Mar amenaza tormenta. Esta mañana caían gotitas pero eso no amedrenta a una española-hamburguesa, pues ya pilláramos este "mal tiempo" en Alemania en verano. Aún así pudimos ir a la playa, y el mar, que estaba embravecido al llegar, se fue calmando, según salió el sol y dio paso a un día normal de playa. Cómo me gusta el "mal" tiempo aquí. Pero ya me voy por otros derroteros, así que lo dicho, bona tarda d'estiu.
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viernes, 1 de junio de 2012
14 grados
Hoy, comienzo meteorológico del verano hemos tenido 14 grados de máxima y un aire que parecía del Polo, recién llegado para la ocasión. Así comienza el verano en Hamburgo, sin contemplaciones. Y como hace una semana estábamos a 27 grados, yo estoy helada. Por mucho que digan, para mí una semana no hace un verano, por mucho que la gente se conforme con lo que hemos tenido. Ahora mismo, mientras escribo esto, me está entrando un sueñecito, ganas de coger una mantita y taparme y dormirme. Hablando de mantitas, justo eso me he comprado hoy, una de ésas para taparse cuando uno está tirado en el sofá, pues hoy es un día como para eso, mientras que justo hace una semana, estando de verano, me compré unas chanclas. Pero el tiempo de chanclas duró una semana, y ya está. Ahora mantita, té y sueñecito, para más no da el clima. Hoy he visto a gente sentada fuera en las terrazas de cafés y restaurantes arropados con mantas. Eso es querer y no poder, no me digan.
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
lunes, 12 de marzo de 2012
Al ataque
Hoy han sido divisadas las primeras cigüeñas en Alemania. Y eso significa, dicen los expertos, que la primavera ya está aquí: primero llegan los machos y preparan el nido, y a las dos semanas las hembras con las crías, una vez que está todo listo. Qué sabia es la naturaleza: eso sí que es saber mudarse. Pero si han venido ya las primeras cigüeñas, es porque por fin hoy hemos tenido el primer día primaveral de este año. Como las cigüeñas, yo me he instalado hoy por primera vez en una heladería, fuera, a degustar el primer helado de la temporada al aire libre. Y en eso el norte y el sur de Alemania son iguales, y todo el país, donde el helado es ese pan nuestro de cada día cuyo precio nos importa igual que el de una barra de pan. El otro día el periódico anunciaba que las heladerías alemanas se están preparando para la temporada, y a la vez nos daban la buena nueva: los precios se mantienen estables. Eso significa que la bola de helado cuesta entre 80 cts o 1 euro. Los alemanes consumen de media 8 litros de helado al año. Los sabores favoritos son los clásicos, vainilla y chocolate. Yo cumplo con la media, estoy segura, pero no con los sabores. Hoy había que empezar con los 8 litros, al hacer 15 grados y sol. Qué bien me sientan las primeras cigüeñas, pues pánico me da cuando se van en otoño, el primer helado del año al aire libre, y los rayitos de este sol primaveral que nos devuelve a la vida.
lunes, 6 de febrero de 2012
Puentes invernales II
Los que mejor mantienen el tipo estos días de frío tan horroroso son los puentes. Esta mañana, a 14 grados bajo cero, he oído en la radio que, a pesar de las temperaturas, la noche pasada bastantes personas sin hogar han pasado la noche bajo algunos puentes de la ciudad. Que en un país tan rico como Alemania, y una ciudad tan rica como Hamburgo, haya gente que con estas temperaturas duerma en la calle es demencial, pero así de cruda y fría es la realidad. Ayer fotografiaba yo los puentes que muestran las fotos a continuación y me dolían los dedos, incluso con guantes. Con mis botas para la nieve que aguantan por lo visto hasta -30°C (no necesito comprobarlo) estoy bien servida este invierno, pero mis guantes habrá que mejorarlos, aunque sean entonces tan mullidos que no me dejen hacer fotos. Es un mal menor. Los que no dormimos bajo puentes somos muy afortunados, por muy bonitos y prácticos que estos sean.
| Ésta es la zona de Hamburgo donde más confluyen lo viejo y lo nuevo; lo nuevo es donde no quedó nada, tras los bombardeos. Pero el puente ahí sigue. |
| Pasarela para bajar de la Deichstraße al Nikolaifleet, un canal que se utilizaba para el transporte de mercancias directamente a las casas, "calles de agua" muy típicas de Hamburgo. |
| El mismo canal de camino al puerto y a la Speicherstadt. |
| La iglesia St.Nikolai al fondo, que da nombre al canal, y de la que solo quedó la torre, hoy día un memorial contra la guerra. |
| A la derecha el puente del metro, junto a los múltiples que hay, por todas partes. |
miércoles, 1 de febrero de 2012
Los desabrigados
Desde que he vuelto de Edimburgo pienso en los desabrigados, que son especie. Se trata de esos seres británicos que van por la calle en invierno vestidos de verano, prácticamente. Mi amiga y yo no podíamos dar crédito a lo que veíamos. En la isla no estábamos a bajo cero, pero casi, y nosotras íbamos equipadas de ropa de abrigo, botas calentitas, calcetines térmicos, y aún así se nos quedaba la cara acartonada y calor ninguno. Era viernes noche y grupos de jóvenes salían por ahí, y a mí me daba frío de ver a las chicas, pues ellos son más inteligentes y deben ligar si van abrigados también, pues si no no me lo explico. Las chicas llevaban vestidos finos, de gasa, cortos, sin mangas, y las piernas sin medias!, zapatos de taconazos imposibles o sandalias, todo a pelo, y muchas daban la impresión de pasar frío, pero daba igual, ya que debe ser el uniforme de salir. Entiendo, tras media vida abrigada, que la ropa de abrigo no es la más sexy que hay, y que con unas botas gore tex no te comes un colín en la discoteca, ni con un jersey de cuello vuelto, pero no sé no sé...
Yo me dejé nieve aquí cuando salí el viernes, y las temperaturas al volver eran más gélidas aún. Se nos ha instalado un frente siberiano que nos durará, y en Edimburgo hará también un frío que pela, y por eso ando hoy y ayer muy preocupada por todos esos desabrigados yendo de fiesta en fiesta, por la que se van a coger. Los 10 grados bajo cero que tenemos los siento como -20°C ó -30°C y estos días a mí en la calle me van a ver poco el pelo, salvo lo justo y necesario entre los desplazamientos.
Recuerdo otras visitas invernales al Reino Unido que hice hace mucho tiempo, en las que me sorprendió lo mismo. No han evolucionado los ingleses/escoceses, y mientras yo voy en plan cebolla estos días, con capitas y más capitas de ropa, y lana, mucha lana, me acuerdo de todos ellos. Qué harán. Es curioso el tema del frío y la ropa. Los alemanes no tienen ningún inconveniente en ponerse la ropa que haga falta, y aunque en las noches de marcha se ven a chavalas con tacones y medias finas, al menos las llevan. Pero en general la gente lleva siempre la ropa adecuada. Será por el dicho hamburgués que a mí me da mucho por saco que dice que no existe el tiempo inadecuado sino la ropa inadecuada. Y ahora leo que mañana en un colegio de Hamburgo no habrá clase, pues se ha estropeado la calefacción. Lo bueno del sistema inglés es que eso no sería ningún problema...
Pero si yo fuese madre en Inglaterra o Escocia, sufriría mucho de ver a mis hijas así por la calle, con lo friolera que yo soy. No me pongo refajo de lana porque aún queda mi sentido de la estética, que el frío no ha terminado de aniquilar, pero con lo abrigadita que voy yo siempre, y lo exagerada que dicen mis hijas que soy, me dan ganas de en mi próxima visita ponerme a repartirles ropas calentitas a todos esos desabrigados. Sé que hay mundos peores, como el lugar más frío del mundo del que trató un programa de TVE que vi en Navidad en Madrid y que me hizo mucha gracia, que mostraba la vida a -50°C y -60°C en Siberia, pero a esos solo se les veía los ojos, y la ropa, por ejemplo, se quedaba tiesa en el tendedero, como una tabla. A mí me consoló mucho, pues lo de aquí no es nada, pero lo del Reino Unido es peor.
Yo me dejé nieve aquí cuando salí el viernes, y las temperaturas al volver eran más gélidas aún. Se nos ha instalado un frente siberiano que nos durará, y en Edimburgo hará también un frío que pela, y por eso ando hoy y ayer muy preocupada por todos esos desabrigados yendo de fiesta en fiesta, por la que se van a coger. Los 10 grados bajo cero que tenemos los siento como -20°C ó -30°C y estos días a mí en la calle me van a ver poco el pelo, salvo lo justo y necesario entre los desplazamientos.
Recuerdo otras visitas invernales al Reino Unido que hice hace mucho tiempo, en las que me sorprendió lo mismo. No han evolucionado los ingleses/escoceses, y mientras yo voy en plan cebolla estos días, con capitas y más capitas de ropa, y lana, mucha lana, me acuerdo de todos ellos. Qué harán. Es curioso el tema del frío y la ropa. Los alemanes no tienen ningún inconveniente en ponerse la ropa que haga falta, y aunque en las noches de marcha se ven a chavalas con tacones y medias finas, al menos las llevan. Pero en general la gente lleva siempre la ropa adecuada. Será por el dicho hamburgués que a mí me da mucho por saco que dice que no existe el tiempo inadecuado sino la ropa inadecuada. Y ahora leo que mañana en un colegio de Hamburgo no habrá clase, pues se ha estropeado la calefacción. Lo bueno del sistema inglés es que eso no sería ningún problema...
Pero si yo fuese madre en Inglaterra o Escocia, sufriría mucho de ver a mis hijas así por la calle, con lo friolera que yo soy. No me pongo refajo de lana porque aún queda mi sentido de la estética, que el frío no ha terminado de aniquilar, pero con lo abrigadita que voy yo siempre, y lo exagerada que dicen mis hijas que soy, me dan ganas de en mi próxima visita ponerme a repartirles ropas calentitas a todos esos desabrigados. Sé que hay mundos peores, como el lugar más frío del mundo del que trató un programa de TVE que vi en Navidad en Madrid y que me hizo mucha gracia, que mostraba la vida a -50°C y -60°C en Siberia, pero a esos solo se les veía los ojos, y la ropa, por ejemplo, se quedaba tiesa en el tendedero, como una tabla. A mí me consoló mucho, pues lo de aquí no es nada, pero lo del Reino Unido es peor.
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sábado, 31 de diciembre de 2011
Fin de año
Solazo en Madrid para terminar el año. Hace frío pero el sol compensa y la luz es vida. Semana turística en mi tierra, porque ahora que mis hijas crecen tienen que conocer bien su segunda tierra, que aunque no lo sea de nacimiento sí que de identidad. Madrid en invierno es muy distinto a Hamburgo en estas semanas. El cielo sigue siendo de un azul infinito, y el sol tiene fuerza, en invierno también, tanta, que apetece salir y entrar igual, no como en otras latitudes, en las que salimos pero porque hay que hacerlo. Todo el mundo habla de crisis, pero en muchos lugares no se nota. O será porque los mismos de seimpre no la tienen, y los que la tienen se dicen que ahora es Navidad, y que ya vendrá la cuesta de enero. Y mientras tanto la gente gasta, regala, come como nunca, y enero dirá.
La Navidad madrileña tiene sus clásicos también, como Cortilanda, los belenes por muchos sitios, el mercado de artesanía de Plaza de España, y la luces en tantas calles. La globalización se hace notar en las muchas pistas de patinaje, pero en las que se ve la organización española. Echan a una marabunta de críos y los márgenes de tiempo para patinar son más elásticos de lo que has pagado, pues la media hora, se convierte en casi una hora. En Alemania darían a una cantidad de críos patines naranjas y a otros azules para delimitar el tiempo y que no patine nadie ni un minuto de más. Me llama la atención toda la semana la cantidad de gente que haz por todas partes, y que todos parezcamos hacer lo mismo. Cuando llegas al Vips a comer con tus hijos, y ves la cola que hay y el escándalo dentro, te das cuenta que de original tienes poco, y que estas actividades de relajo para toda la familia son más un agotamiento colectivo. Pero algo hay que hacer.
¿Qué tal una excursión a Segovia? Qué bonito el acueducto, y qué bien puestas las piedras desde hace 2000 años, pues ahí sigue. Seguramente los romanos cuando lo construyeron sabían que a finales del 2011 montones de turistas estaríamos haciendo fotos a sus pies. Había montones de turistas extranjeros por toda la ciudad, las calles, las plazas, el Alcázar. El Palacio de la Granja estaba impresionante con la luz invernal, y en tiempos de crisis ese palacio, por mucho que lleve siglos ahí, parece un despropósito aún mayor. Los tapices bien valen una visita, y yo no los recordaba. Los jardines sí, y sus fuentes. Y ahí sigue todo, aunque el acueducto tiene más mérito, pues con oro casi todo se compra.
No la nieve, pues no hay nada en la sierra, y la minipista con nieve artificial es otro despropósito. El frío era de nieve, pero estaba todo vacío, pues de haber nevado, ayer hubiesen colgado el cartel de "lleno" en el Puerto de Navacerrada, y sin embargo subimos en las telesillas vacías.
Y como no haz nieve, hay que ocupar las ciudades. Madrid también está lleno de turistas guiris, como nosotros, y muchos se comerán las uvas en plena Puerta del Sol, como yo lo haría si fuese una turista en regla. Pero yo soy de esta tierra, por lo que las comeré con los míos. Curiosas estas costumbres de fin de año. Lo de las uvas tiene su gracia, no se crean que no. A los alemanes les divierte que entremos al año nuevo masticando y deseando feliz año nuevo con la boca llena. Ellos se comen sus Berliner, unos bollos típicos, pero no con campanadas, sino a lo largo de la noche; los holandeses sus oliebollen, otros bollos, pero también a lo largo del día. Pero todos haremos algo común, cerrar un año que en general no ha sido muy bueno para la mayoría y entrar en otro que esperamos que sea mejor. Y eso justo les deseo a todos: que sea (aún) mejor, ¡por favor, 2012!
La Navidad madrileña tiene sus clásicos también, como Cortilanda, los belenes por muchos sitios, el mercado de artesanía de Plaza de España, y la luces en tantas calles. La globalización se hace notar en las muchas pistas de patinaje, pero en las que se ve la organización española. Echan a una marabunta de críos y los márgenes de tiempo para patinar son más elásticos de lo que has pagado, pues la media hora, se convierte en casi una hora. En Alemania darían a una cantidad de críos patines naranjas y a otros azules para delimitar el tiempo y que no patine nadie ni un minuto de más. Me llama la atención toda la semana la cantidad de gente que haz por todas partes, y que todos parezcamos hacer lo mismo. Cuando llegas al Vips a comer con tus hijos, y ves la cola que hay y el escándalo dentro, te das cuenta que de original tienes poco, y que estas actividades de relajo para toda la familia son más un agotamiento colectivo. Pero algo hay que hacer.
¿Qué tal una excursión a Segovia? Qué bonito el acueducto, y qué bien puestas las piedras desde hace 2000 años, pues ahí sigue. Seguramente los romanos cuando lo construyeron sabían que a finales del 2011 montones de turistas estaríamos haciendo fotos a sus pies. Había montones de turistas extranjeros por toda la ciudad, las calles, las plazas, el Alcázar. El Palacio de la Granja estaba impresionante con la luz invernal, y en tiempos de crisis ese palacio, por mucho que lleve siglos ahí, parece un despropósito aún mayor. Los tapices bien valen una visita, y yo no los recordaba. Los jardines sí, y sus fuentes. Y ahí sigue todo, aunque el acueducto tiene más mérito, pues con oro casi todo se compra.
No la nieve, pues no hay nada en la sierra, y la minipista con nieve artificial es otro despropósito. El frío era de nieve, pero estaba todo vacío, pues de haber nevado, ayer hubiesen colgado el cartel de "lleno" en el Puerto de Navacerrada, y sin embargo subimos en las telesillas vacías.
Y como no haz nieve, hay que ocupar las ciudades. Madrid también está lleno de turistas guiris, como nosotros, y muchos se comerán las uvas en plena Puerta del Sol, como yo lo haría si fuese una turista en regla. Pero yo soy de esta tierra, por lo que las comeré con los míos. Curiosas estas costumbres de fin de año. Lo de las uvas tiene su gracia, no se crean que no. A los alemanes les divierte que entremos al año nuevo masticando y deseando feliz año nuevo con la boca llena. Ellos se comen sus Berliner, unos bollos típicos, pero no con campanadas, sino a lo largo de la noche; los holandeses sus oliebollen, otros bollos, pero también a lo largo del día. Pero todos haremos algo común, cerrar un año que en general no ha sido muy bueno para la mayoría y entrar en otro que esperamos que sea mejor. Y eso justo les deseo a todos: que sea (aún) mejor, ¡por favor, 2012!
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viernes, 25 de noviembre de 2011
La serotonina
Sé que deberíamos fustigarnos, pero yo al menos no lo voy a hacer. Para una vez en 21 años que disfruto de un mes de noviembre seco del todo, y muy soleado, no me voy a amargar, por muy bajo que esté el nivel del Rin y de todos los ríos alemanes. Las primeras semanas de noviembre estaban todos felices: que qué bonito está resultando este otoño, sus colores, la luz, el sol. Pero estamos a día 25 y esta semana ya nos están fastidiando la alegría recordándonos que esto no puede ser, que estamos en el noviembre más seco desde que se registran las temperaturas, que el año 1920 fue parecido, pero que éste, va a ganarle incluso. ¿Por qué no me iba a tocar a mí un noviembre así aunque ocurra cada 100 años? Yo no me voy a sentir culpable por mucha foto que nos pongan ahora en todos los períodicos o noticias de televisión con las orillas de Rin con la tierra cuarteada como si fuese el río Sequillo.
Lo de que nunca llueve a gusto de todos es más que cierto este año. El verano fue pasado por agua y cayó de más. Se anegaron campos y cosechas, y la sensación fue de verano con timo. El otoño, soleado y seco como no recuerdo jamás, ha compensado. Pero aquí no se trata de eso. Hay que verle siempre las pegas a todo y no disfrutar. Cuando incluso el otro día en un programa de televisión estupendo que ven mis hijas y que merece una buena entrada de blog, les explicaron bien clarito lo que es la serotonina. El programa lanzaba la pregunta de por qué los españoles o los del sur de Europa están siempre aparentemente de buen humor y aquí en el norte la gente está tan "desaboría", en general, y tan cansada. Y decían que la culpa la tiene la serotonina. La serotonina es un neutrotransmisor que produce el cuerpo, responsable nada menos que del estado de ánimo, la regulación del sueño y del apetito sexual. Al oscurecer, la serotonina aumenta, y los niveles se mantienen altos hasta al amanecer. Piensen entonces ahora que aquí anochece ahora a las cuatro de la tarde, con lo cual nos ponemos en estado marmota a partir de esa hora. A mí de hecho me da tal bajón a esas horas, que son necesarios a veces un café (en vena, prácticamente) y una coca cola, para reactivarme para salir a trabajar, pues lo hago de noche en esta época del año. Y la serotina explica las maravillas en el organismo que producen en España las terracitas de los bares, el paseíto del domingo por la mañana al solecito, incluso en invierno, y lo más dicharachera y despierta que parece la gente. Leí el otro día en el periódico local una columna de una estudiante de Hamburgo que está ahora estudiando un año en Madrid y que decía que lo que le sorprende es lo poco que duermen los españoles, siestas incluidas. Yo llevo tiempo pensando que la siesta es otro de nuestros sambenitos que nos colgaron antiguamente y aunque los tiempos modernos, por mucho que siga creyendo la gente aquí, impidan a la mayoría de los españoles echarse una siesta a diario, que es lo que se creen que se hace, en realidad, incluso con ella, en España se duerme menos, y eso es algo que constato. Aquí se madruga mucho, pero la gente lo compensa acostándose bastante pronto, sobre todo en invierno. Y aquí existe el concepto del Mittagsschläfchen, el 'sueñecito del mediodía', o sea, que duermen más en general los alemanes, diría.
Así que alabado sea este mes de serotonina que estamos teniendo que compensa las horas que hasta el 21 de diciembre nos están desapareciendo de luz. Porque la luz es vida, y si no pensemos que los países escandinavos, a pesar de su bienestar son los que tienen la tasa más alta de suicidios. Por mí al Rin que le den. Lo siento.
Lo de que nunca llueve a gusto de todos es más que cierto este año. El verano fue pasado por agua y cayó de más. Se anegaron campos y cosechas, y la sensación fue de verano con timo. El otoño, soleado y seco como no recuerdo jamás, ha compensado. Pero aquí no se trata de eso. Hay que verle siempre las pegas a todo y no disfrutar. Cuando incluso el otro día en un programa de televisión estupendo que ven mis hijas y que merece una buena entrada de blog, les explicaron bien clarito lo que es la serotonina. El programa lanzaba la pregunta de por qué los españoles o los del sur de Europa están siempre aparentemente de buen humor y aquí en el norte la gente está tan "desaboría", en general, y tan cansada. Y decían que la culpa la tiene la serotonina. La serotonina es un neutrotransmisor que produce el cuerpo, responsable nada menos que del estado de ánimo, la regulación del sueño y del apetito sexual. Al oscurecer, la serotonina aumenta, y los niveles se mantienen altos hasta al amanecer. Piensen entonces ahora que aquí anochece ahora a las cuatro de la tarde, con lo cual nos ponemos en estado marmota a partir de esa hora. A mí de hecho me da tal bajón a esas horas, que son necesarios a veces un café (en vena, prácticamente) y una coca cola, para reactivarme para salir a trabajar, pues lo hago de noche en esta época del año. Y la serotina explica las maravillas en el organismo que producen en España las terracitas de los bares, el paseíto del domingo por la mañana al solecito, incluso en invierno, y lo más dicharachera y despierta que parece la gente. Leí el otro día en el periódico local una columna de una estudiante de Hamburgo que está ahora estudiando un año en Madrid y que decía que lo que le sorprende es lo poco que duermen los españoles, siestas incluidas. Yo llevo tiempo pensando que la siesta es otro de nuestros sambenitos que nos colgaron antiguamente y aunque los tiempos modernos, por mucho que siga creyendo la gente aquí, impidan a la mayoría de los españoles echarse una siesta a diario, que es lo que se creen que se hace, en realidad, incluso con ella, en España se duerme menos, y eso es algo que constato. Aquí se madruga mucho, pero la gente lo compensa acostándose bastante pronto, sobre todo en invierno. Y aquí existe el concepto del Mittagsschläfchen, el 'sueñecito del mediodía', o sea, que duermen más en general los alemanes, diría.
Así que alabado sea este mes de serotonina que estamos teniendo que compensa las horas que hasta el 21 de diciembre nos están desapareciendo de luz. Porque la luz es vida, y si no pensemos que los países escandinavos, a pesar de su bienestar son los que tienen la tasa más alta de suicidios. Por mí al Rin que le den. Lo siento.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Un domingo (que parece) cualquiera
Domingo de compras. Eso es muy raro en Alemania, ya que tan solo son unos cuantos al año, y con algún permiso especial, tres o cuatro como mucho. Hoy ha sido uno de ellos, y lo he aprovechado, pues el tiempo tan soleado que tenemos de repente, animaba a hacer algo. Estamos de lleno en el veranillo de San Miguel, aquí denominado Altweibersommer, que se entiende como el 'verano de las mujeres viejas', y que a mí me parece un término muy feo, pero acabo de ver que etimológicamente tiene que ver con las telas tan grandes de araña que se ven estos días de comienzo del otoño. Y aunque fuesen las mujeres viejas las que nos lo mandan, alabadas sean.
Como aquí cualquier rayito de sol a "destiempo" parece un regalo de los dioses, y nos da igual si es verano u otoño, el centro estaba que se venía abajo de gente. Si algo me gusta de Alemania es lo bien que se hacen las cosas sin pasarse a menudo. Por ejemplo: que abran las tiendas un domingo, no significa la salvajada del comercio en España, pues tan solo abren de 13 a 18 horas, y nada más. No es todo el día, pero permite darse un buen paseíto y gastar, que es lo que se pretende, y es la hora central del día. De esa manera la gente también come, y se benefician todos los locales de alrededor. Hoy ponía que el motivo era el comienzo del otoño, y el siguiente es para noviembre. No se abre el primer domingo de mes, ni existe ninguna norma, ni siquiera en Navidades, sino que tan solo se abre unos cuantos sueltos al año.
Yo he vivido en países de apertura de tiendas todos o bastantes domingos del año, y por supuesto que le veo ventajas. Sin embargo, para los dependientes de las tiendas, que ya trabajan el sábado en muchos casos, les supone sacrificar el fin de semana entero. En Alemania, el cierre de los domingos se justifica a capa de espada, como día de las familias, de descanso, ya que horario suficiente para comprar hay de sobra. Y yo pienso que sí. Cuando llegué a Alemania en 1990, los horarios eran bastante penosos: las tiendas cerraban a las seis de la tarde entre semana, y los sábados a las dos de la tarde. Recuerdo uno de mis primeros sábados en Hamburgo, cómo, cuando cerraron las tiendas un sábado a las dos de la tarde, el centro se quedó vacío, y yo deprimida al ver que se acababa la vida en la ciudad. Con el paso de los años fue ampliándose el horario: primero hasta las siete de la tarde, luego los jueves era la "tarde larga", hasta las ocho, y hace ya muchos años que se empezó a dejar todo abierto hasta las ocho de la tarde, sábados incluidos. Creo que desde entonces las ciudadas alemanas, cuyo centro cuando no están las tiendas abiertas, parecían muertas los domingos, ganaron en vida, y muchos de los cafés o restaurantes que abrieron al abrigo de tantas horas de apertura, siguen abiertos ahora los domingos, y el centro parece vivo un domingo también.
Hoy parecía un sábado, y la gente copaba calles, tiendas y cafés, y lo más... la recién estrenada tienda de Apple en pleno Jungfernstieg, una de las zonas de más tránsito en el centro. La tienda estaba llenita, con tales mareas humanas, que me pregunto cómo estará cuando se acerquen las Navidades. Mi hija y yo hemos estado investigando los aparatitos último modelo y yo he decubierto un App que me permite descargarme clásicos de manera legal y gratuita. Para que se sepa, el App ibooks permite bajarse obras clásicas de la literatura universal de manera gratuita. Me he ido feliz de la tienda, sin haber comprado nada, pero con Fausto y La metamorfosis en mi iphone. Y feliz para casa a las seis de la tarde (más horas de compra no se necesitan un domingo) de haber pasado unas horas estupendas con mi hija, que parece ya una señorita y que es una perfecta compañía en un día precioso en el centro de Hamburgo lleno de vida.
Como aquí cualquier rayito de sol a "destiempo" parece un regalo de los dioses, y nos da igual si es verano u otoño, el centro estaba que se venía abajo de gente. Si algo me gusta de Alemania es lo bien que se hacen las cosas sin pasarse a menudo. Por ejemplo: que abran las tiendas un domingo, no significa la salvajada del comercio en España, pues tan solo abren de 13 a 18 horas, y nada más. No es todo el día, pero permite darse un buen paseíto y gastar, que es lo que se pretende, y es la hora central del día. De esa manera la gente también come, y se benefician todos los locales de alrededor. Hoy ponía que el motivo era el comienzo del otoño, y el siguiente es para noviembre. No se abre el primer domingo de mes, ni existe ninguna norma, ni siquiera en Navidades, sino que tan solo se abre unos cuantos sueltos al año.
Yo he vivido en países de apertura de tiendas todos o bastantes domingos del año, y por supuesto que le veo ventajas. Sin embargo, para los dependientes de las tiendas, que ya trabajan el sábado en muchos casos, les supone sacrificar el fin de semana entero. En Alemania, el cierre de los domingos se justifica a capa de espada, como día de las familias, de descanso, ya que horario suficiente para comprar hay de sobra. Y yo pienso que sí. Cuando llegué a Alemania en 1990, los horarios eran bastante penosos: las tiendas cerraban a las seis de la tarde entre semana, y los sábados a las dos de la tarde. Recuerdo uno de mis primeros sábados en Hamburgo, cómo, cuando cerraron las tiendas un sábado a las dos de la tarde, el centro se quedó vacío, y yo deprimida al ver que se acababa la vida en la ciudad. Con el paso de los años fue ampliándose el horario: primero hasta las siete de la tarde, luego los jueves era la "tarde larga", hasta las ocho, y hace ya muchos años que se empezó a dejar todo abierto hasta las ocho de la tarde, sábados incluidos. Creo que desde entonces las ciudadas alemanas, cuyo centro cuando no están las tiendas abiertas, parecían muertas los domingos, ganaron en vida, y muchos de los cafés o restaurantes que abrieron al abrigo de tantas horas de apertura, siguen abiertos ahora los domingos, y el centro parece vivo un domingo también.
Hoy parecía un sábado, y la gente copaba calles, tiendas y cafés, y lo más... la recién estrenada tienda de Apple en pleno Jungfernstieg, una de las zonas de más tránsito en el centro. La tienda estaba llenita, con tales mareas humanas, que me pregunto cómo estará cuando se acerquen las Navidades. Mi hija y yo hemos estado investigando los aparatitos último modelo y yo he decubierto un App que me permite descargarme clásicos de manera legal y gratuita. Para que se sepa, el App ibooks permite bajarse obras clásicas de la literatura universal de manera gratuita. Me he ido feliz de la tienda, sin haber comprado nada, pero con Fausto y La metamorfosis en mi iphone. Y feliz para casa a las seis de la tarde (más horas de compra no se necesitan un domingo) de haber pasado unas horas estupendas con mi hija, que parece ya una señorita y que es una perfecta compañía en un día precioso en el centro de Hamburgo lleno de vida.
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martes, 6 de septiembre de 2011
Ayer sí
Ayer, a las 10 de la mañana no sabía que iba a estar en un concierto por la noche. El concierto de Wir sind Helden que fue interrumpido tras media hora por la lluvia fue repetido ayer. Habían anunciado que mirásemos en la página web, que pondrían algo anunciando algún tipo de compensación. Yo miré varias veces mientras no ponía nada, y los últimos días ya ni me acordé. Por suerte ayer miré, y estupefacta me quedé al ver que el concierto era ayer mismo, y que si miro un día más tarde, me lo hubiese perdido. Además, me había levantado "de lunes", pero por qué no. Les anuncié al mediodía a mis hijas que ayer tocaba recuperar la experiencia del primer concierto para ellas y llevarla a cabo, "¿hoy?", me dijeron, "¿pero si mañana hay que madrugar?". Y qué más da. Tocaba y punto.
Había menos gente que hace 10 días, pero un ambientazo impresionante. La cantante, Judith Holofernes, preguntó si éramos los mismos del otro día, y la gente gritó que sí. El concierto tuvo lugar bajo un cielo azul, buena temperatura, y sin embargo, a las nueve de la noche nos pareció surrealista cuando cayeron unas gotas, unos 5 minutillos, y eso que hacía buen tiempo en realidad. Pero estamos en Hamburgo, y no había que emocionarse, pues peor fue por la tarde, unas horas antes del concierto, y hoy tenemos otra vez lluvia y aires huracanados, así que lo de ayer fue como la lotería, o un espejismo. Curioso fue ver llegar a cantidad de gente con botas de goma, y todos íbamos provistos de chubasqueros, que todos sacaron cuando cayó ese chaparroncillo, que fue poca cosa, ya que aquí estamos curados de espanto. Hasta la cantante dijo: "Pero si está lloviendo", toda incrédula; al comenzar el concierto había dicho también que se resarcirían por el trauma (eso lo dramatizo yo) tocando cinco horas seguidas... lo cual no fue el caso, por supuesto.
El concierto fue magnífico, con mejor sonido que el interrumpido, pues no hacía tanto viento, y la banda hizo repaso a sus 10 años de quehacer en la música. Canciones desde sus irrupción en el panorama de la música alemana hasta el último álbum: Bring mich nach Hause. Es un grupo que retransmite buen humor; incluso en sus canciones más pesimistas se ve un rayo de luz. Encantadora me resulta la canción Aurélie, que me divierte mucho, un estudio cultural donde los haya: va de una chica francesa que se pregunta que por qué en Alemania no liga, que en Francia los hombres comen de su mano y pierden el sentido a su paso, y aquí nada, nadie se enamora de ella. La canción le explica que "en Alemania el amor necesita tiempo", que "los alemanes ligan sutilmente...", que primero se habla y se tantea uno antes de quedar a solas, y que ella no se da cuenta de que en realidad les gusta a los hombres igual porque no le silban por la calle, y si ella silbase, ellos saldrían corriendo. Aquí menos es más, sentencia la canción, puesto que incluso los que le hablan de fútbol están interesados en ella.
Hay otras muchas canciones que me gustan, pero, por estar en mi blog, me quedo con ésta que rebosa simpatía y buen humor y que es todo un estudio sociológico de algo que quería comentar alguna vez y que hasta ahora no he atacado, y eso que es un tema muy divertido, pero peliagudo ;-). Aquí se liga de otra manera, más sutilmente, que es de la misma forma en la que se vive, deslizándonos de una tormenta a un huracán y disfrutando de conciertos al aire libre cuando nos dejan y si nos dejan.
Había menos gente que hace 10 días, pero un ambientazo impresionante. La cantante, Judith Holofernes, preguntó si éramos los mismos del otro día, y la gente gritó que sí. El concierto tuvo lugar bajo un cielo azul, buena temperatura, y sin embargo, a las nueve de la noche nos pareció surrealista cuando cayeron unas gotas, unos 5 minutillos, y eso que hacía buen tiempo en realidad. Pero estamos en Hamburgo, y no había que emocionarse, pues peor fue por la tarde, unas horas antes del concierto, y hoy tenemos otra vez lluvia y aires huracanados, así que lo de ayer fue como la lotería, o un espejismo. Curioso fue ver llegar a cantidad de gente con botas de goma, y todos íbamos provistos de chubasqueros, que todos sacaron cuando cayó ese chaparroncillo, que fue poca cosa, ya que aquí estamos curados de espanto. Hasta la cantante dijo: "Pero si está lloviendo", toda incrédula; al comenzar el concierto había dicho también que se resarcirían por el trauma (eso lo dramatizo yo) tocando cinco horas seguidas... lo cual no fue el caso, por supuesto.
El concierto fue magnífico, con mejor sonido que el interrumpido, pues no hacía tanto viento, y la banda hizo repaso a sus 10 años de quehacer en la música. Canciones desde sus irrupción en el panorama de la música alemana hasta el último álbum: Bring mich nach Hause. Es un grupo que retransmite buen humor; incluso en sus canciones más pesimistas se ve un rayo de luz. Encantadora me resulta la canción Aurélie, que me divierte mucho, un estudio cultural donde los haya: va de una chica francesa que se pregunta que por qué en Alemania no liga, que en Francia los hombres comen de su mano y pierden el sentido a su paso, y aquí nada, nadie se enamora de ella. La canción le explica que "en Alemania el amor necesita tiempo", que "los alemanes ligan sutilmente...", que primero se habla y se tantea uno antes de quedar a solas, y que ella no se da cuenta de que en realidad les gusta a los hombres igual porque no le silban por la calle, y si ella silbase, ellos saldrían corriendo. Aquí menos es más, sentencia la canción, puesto que incluso los que le hablan de fútbol están interesados en ella.
Hay otras muchas canciones que me gustan, pero, por estar en mi blog, me quedo con ésta que rebosa simpatía y buen humor y que es todo un estudio sociológico de algo que quería comentar alguna vez y que hasta ahora no he atacado, y eso que es un tema muy divertido, pero peliagudo ;-). Aquí se liga de otra manera, más sutilmente, que es de la misma forma en la que se vive, deslizándonos de una tormenta a un huracán y disfrutando de conciertos al aire libre cuando nos dejan y si nos dejan.
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domingo, 21 de agosto de 2011
Verano último minuto
Se nos había olvidado que es verano, y que todavía nos queda un mes de él, al menos en el calendario. Y siendo agosto, es normal que tengamos días buenos. Pero normal aquí no hay nada, y menos en verano, y menos este verano. Y sin embargo, ayer y hoy hemos recordado que sí, que todavía nos toca algo de calor, y no nos lo podíamos creer, al haber tenido dos días de sol radiante e incluso calor.
Yo llevaba toda la semana pensando que esto no puede ser sano: el otro día se cayeron toneladas de caliza de la isla alemana de Rügen, en el mar Báltico, cuyos acantilados son espectaculares y lugar de visita para un millón y medio de turistas al año. Ya los pintó Caspar David Friedrich, el pintor del Romanticismo alemán que los inmortalizó, como si de un folleto turístico se tratase, en un cuadro impresionante. Esta semana, por la mucha lluvia de este verano, rumps... se han venido abajo. Además, en algunas partes de Alemania están acribilladitos de mosquitos: el verano tan húmedo ha aumentado la población de mosquitos en un 50% y aquí, bien alimentaditos y creciditos que están, son asesinos. Avispas hay un rato también, pero esas las tenemos todos los veranos, y no te dejan comer fuera tranquilo. Pero como este año casi no te puedes sentar fuera, por la lluvia que cae, al menos ese problema está solucionado. No el de las babosas, que están hermosísimas, y que se comen todas las flores que la gente plante en el jardín y que en España, según me han dicho, son escuchimizadas y flacuchas, y aquí estás rollizas. El otro día había una bajando tranquilamente el cristal de mi ventana, dejando su huella pegajosa. Aquí la naturaleza es algo muy serio.
Pero el mayor placer es hablar con la gente de sus vacaciones, ahora que hemos vuelto todos los que tenemos niños. Ayer, en una fiesta escolar, tuve ocasión de comparar, y yo, en mi caso, de lucirme por haber tenido casi cinco semanas de verano auténtico, y eso que los españoles dicen que el verano está siendo raro allí. Vengan todos para acá y comparen. Aquí son "raros" todos, y con 15°C menos. Pero la conclusión fue que los top 3 del verano han sido Finlandia (las familias que estuvieron allí se alardeaban de verano), los de Noruega también decían que tuvieron suerte, y los del sur de Europa: España y otros destinos del Mediterráneo, como Cerdeña o Sicilia. Todo el centro de Europa, ha tenido lluvia continua, y mi placer fue oír a los defensores acérrimos de los veranos frescos y que nuncan dan su brazo a torcer de que esto no hay quien lo aguante, decir que este verano ha sido demasiado. De hecho en el periódico apareció el otro día lo que ya he visto en facebook y que a muchos les gusta: las nuevas estaciones del año son "Primavera, Mierda, Otoño, Invierno". Así tal cual. Y muchos están de acuerdo.
Los que se alegran son las empresas de viajes con ofertas tipo Last Minute, algo que existe en Alemania desde siempre. En vista a lo que hay, muchos están reservando viajes al sol y al verano para estas semanas, y parece ser que hasta septiembre la demanda de viajes planeados muy a corto plazo, en un país en el que la gente prefiere planear con mucho tiempo, está superando la de los últimos veranos. Es habitual que mucha gente se quede en Alemania en verano, convencidos de que habrá verano en algún momento u otro, y prefieran irse de vacaciones en otoño o invierno. Porque aunque el verano nos dé días "último minuto", como hoy y ayer, como esta tarde ha vuelto a llover, no sea que nos emocionemos, más vale huir, al menos los que puedan, que son los que no tienen niños en edad escolar.
Yo llevaba toda la semana pensando que esto no puede ser sano: el otro día se cayeron toneladas de caliza de la isla alemana de Rügen, en el mar Báltico, cuyos acantilados son espectaculares y lugar de visita para un millón y medio de turistas al año. Ya los pintó Caspar David Friedrich, el pintor del Romanticismo alemán que los inmortalizó, como si de un folleto turístico se tratase, en un cuadro impresionante. Esta semana, por la mucha lluvia de este verano, rumps... se han venido abajo. Además, en algunas partes de Alemania están acribilladitos de mosquitos: el verano tan húmedo ha aumentado la población de mosquitos en un 50% y aquí, bien alimentaditos y creciditos que están, son asesinos. Avispas hay un rato también, pero esas las tenemos todos los veranos, y no te dejan comer fuera tranquilo. Pero como este año casi no te puedes sentar fuera, por la lluvia que cae, al menos ese problema está solucionado. No el de las babosas, que están hermosísimas, y que se comen todas las flores que la gente plante en el jardín y que en España, según me han dicho, son escuchimizadas y flacuchas, y aquí estás rollizas. El otro día había una bajando tranquilamente el cristal de mi ventana, dejando su huella pegajosa. Aquí la naturaleza es algo muy serio.
Pero el mayor placer es hablar con la gente de sus vacaciones, ahora que hemos vuelto todos los que tenemos niños. Ayer, en una fiesta escolar, tuve ocasión de comparar, y yo, en mi caso, de lucirme por haber tenido casi cinco semanas de verano auténtico, y eso que los españoles dicen que el verano está siendo raro allí. Vengan todos para acá y comparen. Aquí son "raros" todos, y con 15°C menos. Pero la conclusión fue que los top 3 del verano han sido Finlandia (las familias que estuvieron allí se alardeaban de verano), los de Noruega también decían que tuvieron suerte, y los del sur de Europa: España y otros destinos del Mediterráneo, como Cerdeña o Sicilia. Todo el centro de Europa, ha tenido lluvia continua, y mi placer fue oír a los defensores acérrimos de los veranos frescos y que nuncan dan su brazo a torcer de que esto no hay quien lo aguante, decir que este verano ha sido demasiado. De hecho en el periódico apareció el otro día lo que ya he visto en facebook y que a muchos les gusta: las nuevas estaciones del año son "Primavera, Mierda, Otoño, Invierno". Así tal cual. Y muchos están de acuerdo.
Los que se alegran son las empresas de viajes con ofertas tipo Last Minute, algo que existe en Alemania desde siempre. En vista a lo que hay, muchos están reservando viajes al sol y al verano para estas semanas, y parece ser que hasta septiembre la demanda de viajes planeados muy a corto plazo, en un país en el que la gente prefiere planear con mucho tiempo, está superando la de los últimos veranos. Es habitual que mucha gente se quede en Alemania en verano, convencidos de que habrá verano en algún momento u otro, y prefieran irse de vacaciones en otoño o invierno. Porque aunque el verano nos dé días "último minuto", como hoy y ayer, como esta tarde ha vuelto a llover, no sea que nos emocionemos, más vale huir, al menos los que puedan, que son los que no tienen niños en edad escolar.
viernes, 6 de mayo de 2011
Lo que cuesta disfrutar
Los agricultores están muy preocupados por sus cosechas. Llevamos lo menos 5 semanas sin lluvia, y eso es algo que no suele darse aquí, por lo que todos claman al cielo: los agricultores, que temen por las pérdidas; los que se preocupan por el estado de los bosques, ante el peligro de incendios; los alérgicos, ya que coches y ventanas están cubiertos de una capita verde de polvo, el polen que en esta época de explosión vegetal hacen de Alemania una nube de polen, y que debe de ser una tortura para los alérgicos.
Cinco semanas de sol. Yo saboreo esta frase al escribirla, viendo un cielo raso a diario casi y me siento como si me hubiese tocado la lotería pues la primavera del año pasado fue malísima (yo tengo una muy buena memoria histórica para el tiempo). Entiendo las quejas, pero digamos que aquí todo está concebido de acuerdo a las cantidades inmensas de lluvia que caen, que si tenemos tantos bosques y verde, es porque llueve tanto, y no porque esta parte de la tierra sea tan generosa con nosotros. Los productos no son tampoco los más adecuados para tiempos de sequía. Digo yo que si en vez de plantar tantos espárragos (blancos), tantas fresas y manzanas o tantas coles, no podrían dedicarse a otros cultivos e introducir sandías, melocotones, o naranjas, porque así no nos van a dejar alegrarnos nunca de que por fin podemos estar sin paraguas, botas o gabardinas, que la ciudad tiene un aspecto de Costa Azul con el agua tan maravillosa que hay por todas partes y el reflejo del cielo azul tan limpio, que los cafés y las calles están llenos, que la gente pisa la calle y no se traslada con prisas de un lado para otro y que parece disfrutar.
Entendibles son las quejas de los agricultores al tratarse de su existencia, pero me alteran los agonías para los que su jardín es más importante que la vitamina D y la alegría "p'al cuerpo" que da el sol. Como he dicho en más de otra ocasión aquí y en otro lugar del ciberespacio, aquí tienen el tiempo que se merecen: agricultores, bosques y la gente. Yo lo que pido es que me dejen disfrutar sin recordarme todo el tiempo en periódicos y noticias en televisión que debería llover, que esto ya es demasiado, y que muestren continuamente mapitas mostrando el peligro de incendio forestal, con colores rojos fuego. Mucha gente aquí se queda tan ancha al decir que en su vida diaria prefieren el mal tiempo, porque para trabajar es mejor, pues el buen tiempo te quita las ganas (ahí noto siempre un tonillo como diciendo "por eso aquí trabajamos mejor"), pero eso sí, como vayan de vacaciones en febrero a Mallorca, y llueva, vuelven mosqueados y como si les hubiesen engañado, porque si pago para tener buen tiempo, así ha de ser.
Pero no se puede controlar todo, que no... ni aquí ni en Mallorca. Y por eso hagamos de otro fin de semana más una fiesta en nuestro interior. Cerremos los ojos, empapémonos de sol. Que esto no dura. Que no.
Cinco semanas de sol. Yo saboreo esta frase al escribirla, viendo un cielo raso a diario casi y me siento como si me hubiese tocado la lotería pues la primavera del año pasado fue malísima (yo tengo una muy buena memoria histórica para el tiempo). Entiendo las quejas, pero digamos que aquí todo está concebido de acuerdo a las cantidades inmensas de lluvia que caen, que si tenemos tantos bosques y verde, es porque llueve tanto, y no porque esta parte de la tierra sea tan generosa con nosotros. Los productos no son tampoco los más adecuados para tiempos de sequía. Digo yo que si en vez de plantar tantos espárragos (blancos), tantas fresas y manzanas o tantas coles, no podrían dedicarse a otros cultivos e introducir sandías, melocotones, o naranjas, porque así no nos van a dejar alegrarnos nunca de que por fin podemos estar sin paraguas, botas o gabardinas, que la ciudad tiene un aspecto de Costa Azul con el agua tan maravillosa que hay por todas partes y el reflejo del cielo azul tan limpio, que los cafés y las calles están llenos, que la gente pisa la calle y no se traslada con prisas de un lado para otro y que parece disfrutar.
Entendibles son las quejas de los agricultores al tratarse de su existencia, pero me alteran los agonías para los que su jardín es más importante que la vitamina D y la alegría "p'al cuerpo" que da el sol. Como he dicho en más de otra ocasión aquí y en otro lugar del ciberespacio, aquí tienen el tiempo que se merecen: agricultores, bosques y la gente. Yo lo que pido es que me dejen disfrutar sin recordarme todo el tiempo en periódicos y noticias en televisión que debería llover, que esto ya es demasiado, y que muestren continuamente mapitas mostrando el peligro de incendio forestal, con colores rojos fuego. Mucha gente aquí se queda tan ancha al decir que en su vida diaria prefieren el mal tiempo, porque para trabajar es mejor, pues el buen tiempo te quita las ganas (ahí noto siempre un tonillo como diciendo "por eso aquí trabajamos mejor"), pero eso sí, como vayan de vacaciones en febrero a Mallorca, y llueva, vuelven mosqueados y como si les hubiesen engañado, porque si pago para tener buen tiempo, así ha de ser.
Pero no se puede controlar todo, que no... ni aquí ni en Mallorca. Y por eso hagamos de otro fin de semana más una fiesta en nuestro interior. Cerremos los ojos, empapémonos de sol. Que esto no dura. Que no.
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Sol solito
jueves, 24 de marzo de 2011
Solazo
El tiempo de los últimos días nos ha devuelto a la vida. Que luzca el sol en Hamburgo durante muchos días seguidos y con temperaturas primaverales, cambia el espíritu de la ciudad. Alemania con sol parece otra. Estos días la gente está de mejor humor y más sonriente, tras meses grises y fríos. Sabemos que esto nos durará poco, pues para eso estamos en Hamburgo, donde el cielo no es azul si no gris, y sin embargo, o precisamente por eso, me embriaga la emoción primaveral que despiertan esta luz y esta claridad en cada hamburgués amodorrado, tras meses encerrados en casa y yendo tapados hasta arriba por la calle. Y de repente aparecen escotes, se prescinde de pañuelos al cuello o de bufandas, se ven faldas con medias finas, y uno deja de parecer la coraza en la que nos convertimos de octubre a abril. Los alemanes se abrigan, y no como los ingleses, que en invierno van con ropa que es de entretiempo para mí: ellos en trajes chaqueta sin abrigo encima, y ellas con medias finas e incluso sandalias. Aquí aprendes a vestirte acorde al frío, y los colores son oscuros, y es raro salir con estridencias de la gama de colores, pues el cuerpo no te pide nada que destaque del entorno gris o blanco, si hay nieve. Vas vestido de oscuro y gris, como cada día, y miras el armario, y con las aceras resbaladizas y siempre húmedas, cuando no por la hojarasca, por lluvia, hielos y nieve, prácticamente ninguna mujer va con tacones por la calle. Aquí entendemos de zapatos de gore-tex, anoraks impermeables hasta la muerte, calcetines térmicos, ... o la sexy faja de lana de la que habla siempre mi amiga (española), y a la que yo, por principios, sigo renunciando.
Este año ha habido suerte, y la naturaleza parece desplegar su esplendor algo antes. Se ven capullitos en las ramas de los árboles, y aunque todavía falta, temperaturas de 14° C e incluso 16 ó 18° C han hecho avanzar mucho el proceso. Y como capullitos en flor nos sentimos todos. Los periódicos informan de la buena nueva con fotos de hamburgueses al sol, y hablan de la "dolce vita", y de conceptos poco asociados con el carácter alemán, y la gente invade la calle. Aquí se pasea también a 10° bajo cero, pero porque hay que salir a refrescarse y mover las piernas, pero ahora es el "dolce far niente" lo que impera, el ponerte al sol y no hacer nada, como yo misma durante mi reciente estancia en Madrid, que parecía una guiri en busca del sol, adorándolo en cuanto lo veía. Percibo estos conceptos desde la experiencia y sabiduría que me da haber crecido con las bondades del sol en el ser humano y en la vida diaria, para bien y para mal, esto es como todo.
La sensación estos días es de "qué pena trabajar". Todos lo dicen, y deberían dar fiesta con un tiempo así, pues no es para menos. Es por eso por lo que la gente de aquí dice a menudo "sí, buen tiempo, pero no para trabajar". Como tienen perfectamente asumido que el tiempo es malo (entiendo, tampoco lo puedes cambiar, pero sí echar pestes, como yo), se quedan tan panchos cuando te dicen que la lluvia y el frío están bien, porque hay que trabajar. En mis clases estoy haciendo un sondeo esta semana sobre las estaciones del año. Comienzo cada clase con un "Por fin es primavera" y al preguntarles por su estación del año favorita, muchos responden que el invierno, muchos que el otoño, aunque por suerte, como seres (y además humanos) que son, muchos dicen que la primavera y el verano son sus favoritas. Pero para descansar, para irse de vacaciones, para hacer una barbacoa, tumbarse en el jardín o terraza, pero no para trabajar. No hay que confundir los conceptos.
Viendo ahora que para el fin de semana descenderán las temperaturas, aunque seguiremos con sol, me dan ganas de dejar todo lo que tengo que hacer, cerrar los ojos y disfrutar, pero hay que ser multitarea, y alegrarse de por lo menos ver el solazo a través de la ventana y oír a los pajarillos cantar como locos. Y con el cambio de hora de este fin de semana, tras el que los días volverán a ser larguísimos, haciéndose de noche a las ocho, y amaneciendo ya a las 6.30 como ocurre estos días, por mucho que el clima empeore, tendremos la sensación de haber salido ya de unos meses tras cuyo paso siempre me pregunto que cómo lo aguantamos. Y ya van 21 años. Me considero asimilada en la vida alemana, pero en el tema del clima, no habrá asimilación, está decidido. Por eso, jamás oirán de mí ni una queja por mucho que haya que trabajar con sol o con calor en verano, algo que odian. Disfrutemos de cada minuto de sol, pues esto es un regalo.
Este año ha habido suerte, y la naturaleza parece desplegar su esplendor algo antes. Se ven capullitos en las ramas de los árboles, y aunque todavía falta, temperaturas de 14° C e incluso 16 ó 18° C han hecho avanzar mucho el proceso. Y como capullitos en flor nos sentimos todos. Los periódicos informan de la buena nueva con fotos de hamburgueses al sol, y hablan de la "dolce vita", y de conceptos poco asociados con el carácter alemán, y la gente invade la calle. Aquí se pasea también a 10° bajo cero, pero porque hay que salir a refrescarse y mover las piernas, pero ahora es el "dolce far niente" lo que impera, el ponerte al sol y no hacer nada, como yo misma durante mi reciente estancia en Madrid, que parecía una guiri en busca del sol, adorándolo en cuanto lo veía. Percibo estos conceptos desde la experiencia y sabiduría que me da haber crecido con las bondades del sol en el ser humano y en la vida diaria, para bien y para mal, esto es como todo.
La sensación estos días es de "qué pena trabajar". Todos lo dicen, y deberían dar fiesta con un tiempo así, pues no es para menos. Es por eso por lo que la gente de aquí dice a menudo "sí, buen tiempo, pero no para trabajar". Como tienen perfectamente asumido que el tiempo es malo (entiendo, tampoco lo puedes cambiar, pero sí echar pestes, como yo), se quedan tan panchos cuando te dicen que la lluvia y el frío están bien, porque hay que trabajar. En mis clases estoy haciendo un sondeo esta semana sobre las estaciones del año. Comienzo cada clase con un "Por fin es primavera" y al preguntarles por su estación del año favorita, muchos responden que el invierno, muchos que el otoño, aunque por suerte, como seres (y además humanos) que son, muchos dicen que la primavera y el verano son sus favoritas. Pero para descansar, para irse de vacaciones, para hacer una barbacoa, tumbarse en el jardín o terraza, pero no para trabajar. No hay que confundir los conceptos.
Viendo ahora que para el fin de semana descenderán las temperaturas, aunque seguiremos con sol, me dan ganas de dejar todo lo que tengo que hacer, cerrar los ojos y disfrutar, pero hay que ser multitarea, y alegrarse de por lo menos ver el solazo a través de la ventana y oír a los pajarillos cantar como locos. Y con el cambio de hora de este fin de semana, tras el que los días volverán a ser larguísimos, haciéndose de noche a las ocho, y amaneciendo ya a las 6.30 como ocurre estos días, por mucho que el clima empeore, tendremos la sensación de haber salido ya de unos meses tras cuyo paso siempre me pregunto que cómo lo aguantamos. Y ya van 21 años. Me considero asimilada en la vida alemana, pero en el tema del clima, no habrá asimilación, está decidido. Por eso, jamás oirán de mí ni una queja por mucho que haya que trabajar con sol o con calor en verano, algo que odian. Disfrutemos de cada minuto de sol, pues esto es un regalo.
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