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viernes, 7 de junio de 2013

A orillas de ...

Media Alemania está inundada y la otra media disfrutando del sol, buen tiempo, y temperaturas más que decentes, por fin. Yo estoy en el segundo grupo, por suerte, y vemos esas imágenes en la televisión de gente retirando agua de sus casas y parece increíble. Pero con todo lo que ha caído el mes de mayo, se han desbordado los ríos. Al norte de Alemania llegará la crecida del río Elba este fin de semana y van a evacuar este domingo un pueblecito muy pintoresco que hay cerca de Hamburgo.

Y es que aquí, vivir am, es decir al lado de un río, es muy peligroso. En mis clases de español siempre consigo que se rían mis alumnos cuando me preguntan que cómo se traduce esa preposición tan utilizada en los topónimos. Muchos nombres de ciudades y pueblos de Alemania va acompañados de una descripción con la preposición "an + artículo", como en Hamburg an der Elbe, o algunos incluso incluyen el río en el nombre, por ejemplo, Limburg an der Lahn, o en casos como Frankfurt am Main, para distinguirlo del otro Frankfurt an der Oder, que está en la frontera con Polonia, y al ladito del río Oder.

Y me piden traducir esa preposición. Y yo les digo que para nosotros los ríos no son tan importantes. Que salvo el Guadalquivir, y no todo, no son navegables, y que el más aparente es el Ebro, y que por eso nosotros no le damos tanta importancia a los ríos. Es más, si pienso ahora, nosotros decimos que el Tajo pasa por Toledo, por ejemplo, y el Pisuerga por Valladolid. Pero aquí dicen que tal ciudad está "lindando con" tal río. Es la ciudad la que se beneficia del "efecto río", por llamarlo de alguna manera. Es como si dijésemos "Madrid a orillas del Manzanares".

Pero claro, vienen las lluvias de este mes mayo que nos robaron, como el carro, y poca gracia le hace ahora a la gente vivir "a orillas de". Pero eso a la gente de este país, tierra de bosques y ríos, se les olvida rápido. Y yo, que tengo un río ahora a mi puerta, y veo que un poco más allá están arreglando la esclusa con fondos de la Unión Europea, estoy muy tranquila, pues no es ni Elba ni el Danubio. Aunque por suerte está bajo y a unos cuantos metros, y yo vivo en un primero...

domingo, 30 de diciembre de 2012

Otra fracturita

Se puede terminar el año con la misma sensación de cuando se empezó. Mi hija pequeña se ha fracturado hoy la muñeca patinando sobre hielo. Yo no patino, ni en seco ni en hielo, y mi vena histérica de madre española que ve peligros por todas partes, me hizo pensar hoy, cuando se fueron mis hijas a patinar con su padre hoy: "que no pase nada, que mañana es Nochevieja, y nos queda una semana de vacaciones". Pues pasó, y a mí casi me da el penterre habitual en estos casos; digo habitual porque no es la primera vez que la víctima se rompe algo, y en muy mal momento (y cuándo es bueno, pero la otra ocasión fue cuando empezó primaria), y en mi familia llevamos unos años de huesos rotos, ahora que caigo siempre en vacaciones todos; será que nos relajamos demasiado.

En vacaciones no se ha de bajar la guardia, es la primera conclusión que saco. La segunda es que no gano para sustos, y que mi frase favorita según mis hijas, el "a mí me va dar algo", sigue vigente en todo momento. La tercera es la que me dijo mi hija mayor al verme muda y bajo shock cuando volvieron y se fueron al hospital: "mamá, no es para tanto, podría ser peor". Sí, evidentemente, siempre puede ser peor, y no voy a hablar de todos los hipotéticos "podría haberse hecho esto y lo otro" pues a mí con lo que ha pasado ya me basta; me conformo con poco para un soponcio. La cuarta conclusión es que no está mal ser una histérica como yo: yo nunca me voy a romper nada ni en bici, ni en patinete, ni patinando, ni en esquís, ni en trineo, porque me niego a subirme a nada. Me puedo caer andando, obviamente, pero entonces no le podré echar la culpa a ningún cachivache, sino a mi torpeza, y eso va mejor con los histéricos como yo. No necesitamos la aventura.

Ser padres es una carrera de fondo, con sustos hasta la eternidad. Si no que se lo pregunten a mis padres, que no ganan para sustos con sus hijos mayores también, y ahí están, tan panchos, diría yo, pues a pesar de todo, eso parece, aunque sabemos que no es así. A veces me dicen que no pueden dormir, que se preocupan por mí, y por todos. Les digo que basta con que no duerma yo, que ellos duerman a pierna suelta. Pues eso voy a hacer hoy: darme una sesión de spa casero, ponerme el pijama, ver una película, y descansar. El susto que me he llevado hoy ha sido gordo, en un día en el que había decidido tener un día tranquilo, escribiendo, a mi bola. Pues no, la niña se rompe la muñeca. Los duendes se confabulan para fastidiarme el fin de año, yo, que mañana pensaba ver los fuegos artificiales que tira cualquiera aquí subir al cielo y dar la bienvenida a un año que será mejor, no me cabe duda. Pero no lo van a conseguir ni los duendes ni nadie. Es una declaración de intenciones. Llevo cinco años de sustos y sobresaltos, y el 2013 va a ser mejor. Me lo he propuesto.

sábado, 22 de septiembre de 2012

El dinero que no tenemos

Esta semana la asociación de contribuyentes alemanes ha hecho público su informe anual en el que exponen dónde se ha tirado el dinero un año más, con ejemplos como un puente para que crucen gatos salvajes que ha costado una millonada, o concretamente en Hamburgo, unas palmeras que instalaron en un barrio por 15.000 euros. Las palmeras no sobrevivieron su primer invierno en estas latitudes, y ahora las tienen que arrancar, algo que costará también dinero. El ejemplo más claro de Hamburgo es la futura Filarmónica, que está engullendo millones y millones. Lo que en un principio debía costar 77 millones de euros y estar listo en 2010, costará por lo menos 323 millones de euros y estará lista en 2015. Y mientras que para algunas cosas los que manejan el dinero tienen la manga muy ancha, en otras se corta o se ha cortado el grifo hace mucho tiempo, muchas de ellas necesarias.

Hace meses, cuando en España se armó el revuelo por sugerir la alcaldesa de Madrid que bibliotecas y otras prestaciones municipales podrían ser llevadas por ciudadanos como tareas de voluntariado, yo me reí para mis adentros, pues eso existe en Alemania desde hace décadas. Es triste decirlo, pero si Alemania tiene dinero para muchas cosas, y no solo para malgastar, es porque restringen en otras que consideran "innecesarias". Por otra parte, como los ciudadanos las consideran imprescindibles, sorprendentemente para un país en el que trato diario no es tan cálido como en otros, sí que son capaces de darlo todo y gratis por tareas muy concretas. Hace poco el presidente alemán Joachim Gauck abrió su palacio para recibir a 4.000 de voluntarios para agradecerles su labor, y por supuesto que no fueron todos, pero el acto fue simbólico, como la cifra de los invitados también pues en Alemania son millones los ciudadanos que se involucran en algún voluntariado. Hay de todo: desde gente que asesora a personas que han sido robadas, y reciben para ello incluso las formaciones necesarias. O en uno de mis cursos una señora cuenta siempre que ella lee con niños extranjeros que tienen dificultades con el alemán. Aquí los comedores de los colegios, si es que existen, funcionan a menudo con madres que rotando se ocupan de comprar y cocinar a precio de coste, trabajando gratuitamente, al igual que las bibliotecas de institutos y colegios. A mí en temas de enseñanza me duele que así sea, pues no me cabe en la cabeza que no sea posible organizar un comedor profesional o emplear a alguien para la biblioteca. Pero en Alemania dejó de haber hace muchos años dinero que en otros países ha seguido existiendo para prestaciones básicas.

No quiero negar la necesidad en las sociedades ricas de involucrarse y concienciarse de las necesidades no cubiertas, pero existe el peligro de que el estado relegue demasiadas tareas en sus ciudadanos. Los tiempos que vivimos nos han demostrado que los últimos años no hemos vivido correctamente y el manejo del dinero no ha sido el más adecuado. Aquí se recorta en educación y se invierte en proyectos de prestigio, como en el edificio para la Filarmónica de Hamburgo, un saco sin fondo que se está comiendo el dinero que la ciudad no tiene para otras cosas. Ese es el peligro, y no que la gente se involucre en algo que llenen sus vidas. Pero cuando uno lee del despilfarro innecesario porque algunos tengan "estupendas" ideas como plantar palmeras en el norte de Europa, o estupideces así, dan ganas de ponerse a gritar.

domingo, 3 de junio de 2012

Imposible silenciar

Este fin de semana Hamburgo ha sido escenario de una manifestación y de una contramanifestación. La primera era de los nazis, que se manifestaron en el barrio de Wandsbek, al este de Hamburgo. Trataron de prohibirla pero el juez confirmó el permiso. Vivimos en un estado democrático, y eso significa que hasta los nazis se puedan manifestar, por mucho que nos duela. Y el resto de los partidos, el Ayuntamiento, escuelas, y otros grupos, movilizaron para una concentración en la Plaza del Ayuntamiento, con el lema "Hamburg bekennt Farbe: für Demokratie, Toleranz und Vielfalt", algo así como "Hamburgo se define: por la democracia, tolerancia y diversidad", y la palabra Hamburg estaba escrita con diferentes colores.

La manifestación del Ayuntamiento fue un éxito, pacífica, y ahora lamento no haber ido con mis hijas. Son los momentos en los que hay que dejar todo lo que se tenga que hacer y salir a la calle, y yo ayer, por desgracia, no lo vi a tiempo, obcecada con las tareas de un sábado normal. Y los nazis se manifestaron, para estupor de muchos vecinos de ese barrio. Hoy he oído en la radio cómo varias ancianas decían: "no de nuevo, por favor". Para mucha gente debe ser horrible volver a oír ciertas frases, ver cierta estética y recordar. Muchos miraron a otro lado en aquel momento, y eso no puede repetirse. Y por eso estuvo bien que decenas de miles fueran al Ayuntamiento.

Por desgracia también hubo el punto negro de la jornada: los grupos violentos de izquierda, que trataron de arrimarse todo lo más posible a la manifestación, y que como suelen hacer, quemaron cubos de basura, vehículos, y conviertieron las calles, por supuesto que con "ayuda" de los nazis en batallas campales, y los vecinos de la zona aterrorizados.

No se necesita la violencia para protestar, del signo que sea. Desde luego que la próxima vez voy a ir, porque, como también se podría traducir el lema del acto pacífico, hay que mojarse.

domingo, 15 de enero de 2012

Idilios flotantes

El primer crucero del mundo tuvo lugar el 22 de enero de 1891, cuando salió de Cuxhaven, un puerto del Mar del Norte en Alemania, hacia el Mediterráneo un grupo de pasajaros viajando por viajar y que se pasaron dos meses comiendo ostras y bebiendo champán. Fueron los primeros en realizar un viaje en barco como viaje en sí. A bordo iba también el inventor de la idea, Alfred Ballin, un hamburgués al que se le ocurrió llenar sus barcos en el trayecto a América, que en invierno iban medio vacios. Así que de Hamburgo tenía que ser el inventor de la idea.

Más de un millón de alemanes realiza un crucero cada año, y las cifran suben. Atrae también a familias esta forma de viajar. Quién diría que Hamburgo, puerto fluvial, es uno de esos puertos a los que llegan barcos gigantes que hacen parada aquí, como si del Caribe se tratara, pero la flamante terminal de cruceros de la HafenCity lo permite. La oferta es tan variada hoy día, que podemos hasta pasar la Navidad en barco en los fiordos noruegos y visitar a Papá Noel si hace falta. Como horror de los horrores me imagino los cruceros de Disney, en barcos llenos de Mickey Mouse y consortes y todo divertimento infantil.

Pero recuerdo un artículo que leí no hace tanto que hablaba de pasajeros que desaparecen en alta mar, que se evaporan en el barco, y de casos que quedan sin aclarar. Un suicidio a bordo, si el que lo hace no deja alguna carta en la que quede constancia del hecho, es algo difícil de aclarar porque no queda cuerpo si salta por la borda. De asesinatos mejor no hablar, pero igual, ... es muy fácil deshacerse del cuerpo. Y el artículo hablaba de una asociacion en EE.UU. de padres o allegados de "desaparecidos" en cruceros y que a la hora de investigar se encontraban con silencio del capitán del barco y del resto del personal. Porque, ¿quién quiere dañar esa imagen de felicidad de esos viajes? Yo por supuesto, que tengo un puntito de aguafiestas, lo sé, pues jamás haría un viaje así.

Lo anterior lo escribí hace un mes, en una de mis múltiples ideas que plasmo a veces en borradores de posibles posts y en los que elaboro mis fobias más personales. Porque la idea de pasarme unos días en alta mar rodeada de gente feliz en un mundo de fantasía y ficción me horroriza. Jamás realizaría un crucero, y por eso, las imagenes del barco medio hundido en la costa de la Toscana me han parecido espantosas. La idea de que tanta gente guiada por un capitán tan inepto que encima salió huyendo uno de los primeritos, y pasajeros que dicen que vivieron escenas dignas del Titanic, me parece dantesca. Lo de las mujeres y niños primero queda para las películas, pero como decían antes en las noticias, el personal de los cruceros no está cualificado para actuar debidamente en esos casos. Supongo que es porque solo están para recrear el mundo feliz y no para ningún imprevisto, ya que con los precios que tienen los cruceros hoy día, al alcance de más público que antiguamente, esos serán gastos en los que ahorrarán. Se trata de divertirse y de ser feliz una o dos semanas a bordo. Quién habla de peligros reales. Confirmo que seguiré teniendo más riesgo de estrellarme en un avión que de hundirme en un crucero, porque como dice mi madre siempre, donde está el cuerpo está el peligro. Y lo malo es que en un barco, lo de sálvese el que pueda, sigue siendo bastante cruel.

miércoles, 1 de junio de 2011

Pero si no son los pepinos, ¿qué es?

Era de esperar que por no haber ningún caso de la temida infección EHEC en España, donde se llama"E. coli" (lo que se aprende hoy día, "señor, señor, todo lo que hay", seguiría diciendo mi abuela al hojear el periódico), que no eran los pepinos. Pues sí, ¡lo que hay!, y si no son los pepinos, de lo cual me alegro enormemente (y por listos, casi diría, y digo, córcholis), ¿qué es entonces? Miedo da, y cualquier síntoma, como el retortijón que tuve yo ayer al mediodía y que fue falsa alarma, me hace ver EHEC donde no lo hay. Pero es que lo hay, y está claro que la cepa está aquí, en HAMBURGO. Algunos enfermos se lo han llevado de aquí, y ayer murió una mujer en Suecia que recientemente estuvo en Hamburgo, o como la mujer española que corrió hace dos domingos la maratón y que está aquí ingresada, y que aseguró desde un primer momento no haber comido pepino. Sigo preguntándome que por qué mujeres sobre todo, y qué podrá ser.

Chapucera me parece la forma de haber propagado que eran los pepinos sin serlo. Es la ruina para muchos agricultores, y en España no están las cosas como para causar más crisis a empresas que funcionan bien. Pero por otra parte entiendo que si encontraron algo en un primer momento que lo dijesen, aunque desde el comienzo me pareció más bien, como comenté aquí, un "ah, nosotros no somos", sacando las culpas fuera del país. Luego mi estupor el viernes en el supermercado, cuando vi el cartel de "Pepinos holandeses", tranquilizando a la clientela, cuando de camino hacia allí oí en la radio que los holandeses también podrían estar infectados. Culpables o no de tantos desmentidos, que aunque es grave lanzar noticias no ciertas, de eso no se trata, pues en esto solo hay víctimas: hablamos ya de 16 muertos y de hospitales saturados, con más de 1.400 pacientes graves. Y se prevé mayor avalancha en los próximos días. Como hay que seguir comiendo, el problemas es que no sabemos qué o qué no. Yo no soy dada al pánico, pero todos tenemos nuestros momentos de dudas aquí. La otra noche, en una cena en la que estuve, en el restaurante habían escrito en la pizarra una nota "tranquilizante": "Nuestras ensaladas se elaboran con productos de un agricultor de la región". Menuda calma nos entró, puesto que eso es como no decir nada. Pero éramos un grupo de 12, y la mayoría se comió la ensalada sin protestar. Y es que qué le vamos a hacer. O confías o no comes nada.

El  periódico local cita hoy a un experto que dice que quizá no se sepa jamás lo que es. Se habla del abono de los productos bio, que si es tan "bio" el estiércol utilizado que ya se echan las bacterias. Yo siempre he dudado de tanto producto sano y ecológico, lo admito, pero eso es estar en minoría en este país. Y mientras tanto esto es la ruina para muchos. La desconfianza en todo es absoluta, y a pesar de todo, los que vivimos en Hamburgo continuamos cocinando y yendo a la compra como si esto no fuese real del todo. Pero lo es. Y está ahí, y lo malo es que seguimos sin saber qué es.