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lunes, 7 de enero de 2013

Cambios en el nuevo año

Todos los años, a partir del 1 de enero, nos informan de todo lo que cambia. A mí, no sé por qué, si es por empatía con los cambios de era, que me parece que este año cambian más cosas de lo habitual. No es que sean asuntos de trascendencia mundial, pero a los provincianos de Hamburgo o alemanes, nos llama la atención que leyes o normas "de toda la vida" cambien con la entrada del nuevo año. Ya comenté el otro día el fin de monopolio de los deshollinadores, esos personajillos que se ven por las calles de cualquier ciudad alemana y que parecen sacados de Mary Poppins. A partir de este año puedo elegir el que yo quiera. Sin embargo no puedo elegir no pagar la tarifa que se exige a cada hogar alemán para poder ver televisión u oír la radio. Antes se podía uno escaquear de alguna manera, alegando no tener ningún aparato en casa, pero para eso estaba ese personajillo tan odiado en Alemania, el recaudador de la tasa GEZ, que llamaba a las puertas de las casas a mirar cuántos aparatos tenía la gente. Todo verídico. ¡Por qué se creen que esto era y es Alemania! Ahora la cuota nueva de 17,98 € por casa reemplaza a la antigua tasa que venía a ser la misma cantidad por los aparatos, una norma algo extraña en Alemania, pero que ha sido algo que funcionaba muy bien desde 1973, cuando se fundó esta extraña institución para recaudar dinero para la televisión pública, ARD y ZDF y la radio estatal. Lo extraño de la nueva cuota, que ha cambiado de nombre, es que hay que pagar aunque no tengas ninguna radio ni ninguna televisión, algo difícil hoy día, pero haberlo haylo seguro. Las cadenas estatales justifican la nueva tarifa por hogar diciendo que tienen un compromiso cultural con la sociedad, y aunque no se vea la tele ni se oiga la radio estatal, tienen orquestas sinfónicas, y otros proyectos. De todas formas, sea como fuere nos cobrarán igual, pero todo esto es una discusión curiosa, cuando en otros países no hay ninguna tasa de éstas, y en cualquier caso, el tipejo que venía inspeccionando los aparatos de cada hogar pasa a la historia, y eso está bien. Siento que se queden sin trabajo, pero a mí me parecía algo totalmente anacrónico.

También pasa a la historia, tras 125 años, la zona franca del puerto de Hamburgo. Se seguirán almacenando mercancías en él, pero deja de ser zona aduanera con controles y vallas. En realidad se podía pasar en todo momento, pero también es cierto que en los últimos años la zona es sobre todo de recreo y turismo, con todo lo que hay en el interior de la Speicherstadt, ese conjunto de ladrillo de edificios de almacenaje, que más de uno quiere ver colocado en la lista de la Unesco. Lo merecería, y yo lo aplaudiría. Hoy día hay más museos, cafés, restaurantes, y hasta una escuela de artes dramáticas para musicales, y toda la finalidad portuaria de antaño ha ido borrándose sobre todo en la última década. Ahora recuerdo el bochorno que pasé hace muchos años una vez cuando con visita de España me apunté a una visita guiada pensando que no se podía recorrer esa zona de barreras de frontera a propio albedrío, y pagamos la cuota cuando en realidad podríamos haber dado un paseo por nuestra cuenta. A mi me engañaron durante años, pues me asustaban esos carteles en lo que ponía ADUANA, y alguna vez me han parado el coche. Era un extranjero en el interior, o al menos así se sentía. El 1 de enero han caído las últimas barreras y termina una era de la ciudad. De todo esto tiene mucho la culpa la modernidad, y el transporte en contenedores, que ya no hace necesario un largo almacenaje de las mercancías. Y así, una época que comenzó en 1888, termina ahora, y la Speicherstadt sigue siendo escenario de todo esto, habiendo sobrevivido, y todavía se almacenan alfombras y otras mercancías. Se respira historia en la zona. Se seguirán almacenado mercancías sin pago de aranceles, porque esto se ha liberalizado en los últimos años, y ahora son solo espacios físicos, sin barreras y funcionarios de aduanas de carne y hueso.

Y ya es pasado también el matrimonio del expresidente alemán Christian Wulff y su tatuada esposa Bettina, que tras haber explicado ella el año pasado a través de un libro y en numerosas entrevistas que todo lo ocurrido en su estancia en el palacete en Berlín y los numerosos escándalos había pasado factura a su matrimonio, han anunciado hoy que se separan. La noticia del día. Ya llevamos dos separaciones sonadas en lo que va de año, y estamos a día 7 de enero. ¿Será la próxima la de Urdangarín y la infanta o los Reyes de España?

viernes, 1 de julio de 2011

Falacias "anti"

Qué fácil resulta en Europa declararse antiamericanos, criticarlos en todo, y luego copiarlos. Lo de montar en Madrid un paseo de la fama me parece algo innecesario y supérfluo, por mucho que el dinero venga de Loterías del Estado. Por supuesto que los homenajeados se merecen una estrella y más, pero no entiendo que haya que copiar esta forma de homenajearlos. Me molesta además que sea en la zona mejor de Madrid para ir al cine, con una proliferación de salas tan grande como las que juntan el cine Alphaville, los Renoir, y los Princesa, todo en la zona de Plaza de España. Como suelo ir por ahí, las veré y pisaré aunque no quiera.

Desde años me llevo sorprendiendo de lo bien que se ha copiado en España la estética america de sitios artificiales como Heron City a las afueras de Madrid, o los outlets, o que se introdujese el Starbucks muchísimo antes que, por ejemplo, en Alemania. Aquí dijeron de abrir un Hard Rock Cafe, y no prosperó el proyecto. Y hay menos franquicias americanas que en España.

Pero las hay. Hoy mismo yo he caído en la trampa. Sin saber a dónde me dirigía, mi hija me pidió, dado el estado de gracia de vacaciones en el que nos encontramos, ir a una tienda que hay muy lejos de mi casa, a la otra punta de Hamburgo, y eso significa una hora ida y otra vuelta, a una tienda de la que solo existe ésa, no solo en Hamburgo sino en toda Alemania. Chavales de su insti llevan ropa de esa marca, y le gusta, me lleva diciendo meses. Me dejé convencer, y fuimos. Nada más ver la tienda pensé "¿pero esto qué es?". Entras en un sitio que parece Hawaii, con esa estética, tipo cabaña pija, y te saluda una chavalita joven en chanclas y pantalón corto "Hi..." y una frase en inglés que no entendí pero que debió ser "Bienvenido a ...". La tienda, oscurísima, me hizo sentir ganas de tener las gafas que todavía no necesito, pero que no faltarán en breve, según he visto hoy, si además vas como madre de jovencita por sitios así; la música estaba a todo meter, y chavalitas y chavalitos con dinero en el bolsillo o con madre acompañante con él en el bolso, buscaban la moda para el veranito: todo muy californiano, esa estética de college girl, de surf de fin de semana. Mucha oscuridad, mucho estruendo, pocos probadores (cola), pocas cajas (más cola). Salí espantada tras una hora de oscuridad y ruido, diciéndole a mi hija que no vuelvo, pero gastamos, claro, que para eso habíamos ido hasta allí.

Mi amiga, que vive cerca, me contó que cuando abrieron había colas para entrar. En alguna parte leí que viene gente de toda Alemania a comprar a la tienda. Debe de haber gente que diga "por fin" cuando se entera de que ciertas marcas o franquicias vienen, pero a mí me sigue dando mucho placer ver las cosas genuinas en su país de origen, algunas son trasladables, como el McDonalds, universal ya, pero otras me causan espanto, como este espectáculo californiano en pleno centro comercial cuyo nombre, Elbe, como el río de Hamburgo, resulta tan fuera de lugar como ese paseo de la fama en Madrid, que me parece rancio y hortera en Madrid. Probablemente se llene esa zona de cines tan maravillosos con gente que irá a ver las estrellas, y no a ver películas. No, si tenemos lo que nos merecemos y todos caemos.

sábado, 22 de enero de 2011

Bebés modernos

Hoy va a ser la primera vez que voy a escribirle un correo a un bebé, pero me voy a dar el gustazo. Esta mañana ha llegado una tarjeta anunciando el nacimiento de un bebé en la familia. Tiene exactamente nueve días, y ya tiene dirección de e-mail. De momento pasé por alto el dato entre la información habitual de que los felices padres dan a conocer la buena nueva del nacimiento de su retoño, cuándo nació, lo que mide, y lo que pesa. Y con la dirección de la familia y el número de teléfono, aparece el correo electrónico del bebé, no el de los padres.

No podía ser de otra manera en padres que se han conocido en internet. Ella, mujer de casi 40 entonces, tras varios desengaños amorosos y cansada de estar sola, contactó una de esas agencias de internet que te buscan pareja. Él, divorciado sin hijos, buscaba también en la misma página. Los parámetros pertinentes les juntaron, y ellos hicieron el resto. Se enamoraron y ya llevan viviendo juntos un par de años. Y pensaban que ya no iba a ser posible tener hijos y sí. Podría decirse que el niño es fruto de internet.

Internet no es el futuro sino el presente, dice alguien sabio que yo conozco. Y ya lo veo. Hoy se nace con correo electrónico, como he visto hoy por primera vez, y en nada con teléfono inteligente bajo el brazo o como chupete. Y esto plantea otros problemas. Con la incorporación cada vez más temprana de los hijos a la red, generaciones diversas se juntan en algún lugar del ciberespacio, ya sean redes sociales u otros sitios. Hace poco leí un artículo sobre lo que significa que padres e hijos se encuentren en facebook, que un hijo se vea obligado a aceptar la petición de amistad que le manda su padre o su madre, porque no puede negarse, pero que le supone perder bastante intimidad pues sus pasos serán seguidos por los mismos. Yo, para cuando toque, podré decirles a mis hijas que yo estaba ahí antes que ellas, se siente... Pero si no quieren ser mis amigas, lo aceptaré. Creo que yo no les mandaría la petición, pero me alegraría si ellas me la mandasen, claro, aunque no es algo que me parezca importante. Curiosamente llevo de un tiempo a esta parte recibiendo solicitudes de amistad de hijos de amigas o de familiares. Hace poco me llegó una más y con el nombre tuve que pensar en quién era, pues no caí de momento con los apellidos, y cuando caí, me hizo una ilusión tremenda que este chavalito quisiera hacerse amigo mío (cuestiones de mujer en plena crisis de los cuarenta, no es por otra cosa). Y mis nuevas amistades han bajado la media de edad en mi lista en 30 años, lo cual me da mucho placer.

En estos asuntos hay opiniones para todo. Hace poco me decía una madre de tres hijos adolescentes que ella no quiere ver lo que hacen sus hijos en la red, que es como vigilarles continuamente, que al menos ahí deben ser libres. Por el contrario, una amiga mía me decía el "yo estoy ya ahí para cuando lleguen mis hijas, que no se pierdan en este mundo y vigilar sus pasos y progegerlas". Pues yo estoy ahí porque yo quiero estar, no para vigilar a nadie.

En cuanto lance esta entrada al "presente", le escribiré un correo a un bebé para darle la bienvenida al mundo. Qué ilusión me hace. En 1969 no nacíamos con correo electrónico, qué lástima.

domingo, 16 de enero de 2011

No queremos discriminación

¿Por qué necesita una película que no es sobre sexo llamarse fuera del mundo anglosajón "We want sex" (Queremos sexo), cuando en su versión original se llama "Made in Dagenham"? ¿Será el gancho para atraer a los espectadores? Probablemente si contásemos que es sobre mujeres que lucharon por su igualdad salarial frente a los hombres, quizá suene a película histórica revindicativa y poco atrayente para muchOS. Pero si sabemos que es una película británica, expertos como son los ingleses en cine social, debería darnos igual el título que lleve y dejarnos de tonterías. Dagenham no me decía nada hasta anoche, ni la lucha de esas mujeres, que abrió la caja de los truenos en una multinacional por la lucha para que las mujeres ganen igual que hombres por el mismo trabajo. Sabemos que la lucha no está ganada del todo, que la discriminación es más sutil y de otra forma hoy día, y por eso la película es de plena actualidad... al menos para mí. Sin embargo, cuando acabó, el público de la sala aplaudió, y no era para menos. Yo me emocioné en varios momentos, por lo que me toca. Es evidente, pero de eso prefiero no hablar.

Lo único que tiene de sexo la pelicula es la lucha del sexo femenino, y no solo en el trabajo, sino en sus casas, y ante la sociedad, que las culpa de querer algo a lo que no tienen derecho. La protagonista dice en algún momento que no pueden dejar la lucha porque es justa, a pesar de las presiones y de no recibir ni siquiera el apoyo del sindicato de la empresa ni de sus compañeros hombres. La película es divertida y humana, y para nada molesta la esterotipación de algunos personajes, pues no enturbian el mensaje, ni la justicia de la causa. Pero estamos en el año 1968, en la planta de Ford en Inglaterra, en el departamento de costura, donde trabajan 187 mujeres frente 55.000 hombres, la modernidad de la fábrica no tiene que ver con el edificio donde ellas cosen los asientos de escai asfixiadas por el calor, o con goteras por todas partes. Y lo que comienza como un paro de un día, acaba siendo una protesta que pone contra las cuerdas hasta la misma central de la empresa en Detroit, e incluso a los mismos sindicatos, que miraban hacia otro lado.

Que al final les dieran la razón fue un gran logro no solo para ellas, sino para lo que desataron después. Que en sus familias sus maridos tuviesen que aceptar que el trabajo de ellas no era menos valioso que los suyos, no es deleznable tampoco. Que sobre ellas, a pesar de trabajar fuera de casa recayese la gran parte del trabajo de casa, sigue siendo una realidad. Que la discriminación es a todos los niveles, incluso a mujeres florero con alta cualificación es algo que se ve en la película y en la vida real en Alemania en el año 2010.

Lo que quieren no es sexo sino "sex equality", igualdad entre los sexos, o la no discriminación por pertenecer a uno de ellos. Creo que sigue siendo una buena causa.

sábado, 8 de enero de 2011

Mi nuevo juguetito

Llevo dos días maravillada por la técnica. Me manejo con muchos aparatos pero a veces me siento como una abuela que se ha quedado desfasada y a la que ciertas cosas se le escapan de las manos, ya que hay mucha vida más allá del ordenador, el mp3, el teléfono móvil o la cámara digital. Puedes tener un aparato que reúne todo esto en uno, un iPhone, y encima con tarifa plana para internet, lo mejor de todo. Y ese ha sido mi regalo de Navidad, que ha venido con retraso pues estaba agotado (¿dónde está la crisis?, diría mi madre; ah, no, en Alemania hemos salido de ella, Merkel está pletórica y se permite dar caña a otros países europeos malgastadores y mal administradores; ni que su cuota de popularidad fuese tal, y aquí estuviese todo solucionado). Pero no había iPhones en Navidad, tan claro como eso. El motor económico europeo funciona.

Y hace dos días, puntual para Reyes llegó el mío. Tras la torpeza del primer día de no saber cómo manejarlo con el "touch", con los toquecitos que hay que dar en la pantalla, y de no saber para dónde tirar, dos días después estoy con la boca abierta de lo que ofrece. Lo peor sigue siendo escribir en ese teclado tan pequeño tan lentamente como yo lo hago, y eso que mis manos son del tamaño de las de mi hija mayor, de 10 años (no sé cómo lo harán los que tengan manazas). Me dicen que hay que usar los pulgares a dos manos, que se acostumbra uno. Eso espero, si no me tendré que apuntar a un curso de mecanografía, como hice en mis años mozos, pero a dos dedos y para iPhones.

Pero como al final me lanzo con todo, anoche, tras mucho investigar (algunos dirán que no era tan complicado, de acuerdo), conseguí instalarme un código para bajarme los Apps que sean "necesarios", en español se llaman "aplis", veo ahora. Son esos botoncitos que te puedes bajar para pasar el rato o para perder el tiempo o para estresarte con aplicaciones que no necesitas, porque en realidad te puedes meter directamente en internet. Pero se trata de atajar y hacerte el técnico. Algunas son gratis y otras de pago. Yo de momento me he instalado alguna gratuita, como la de facebook (algo que ya ha propagado facebook con todo descaro, para que sepan mis amigos que soy tan pija como para tener un iPhone), la del Telediario alemán, y la de Televisión Española, donde a través del iPhone supliré la falta de TVE internacional que sufro desde hace medio año por capricho de los satélites de la antena parabólica y por la vaguería o falta de inteligencia para solucionar el problema imperante en mi casa. Y hoy, metidita en la cama, me he visto las noticias del Canal 24 horas de las siete de la mañana, pero a una hora más civilizada un sábado, a las nueve y media, tras mirar el correo, leer algo el periódico, ver el pronóstico del tiempo para hoy (algo que no veo nunca en la tele!!!, pues es que da igual verlo o no verlo, pues hace lo que le da la gana).

Por supuesto que se trata de no perder la cabeza, como explica este artículo que leí no hace tanto, cuando todavía todo esto de las Apps eran "pueblos bohemios" para mí, böhmische Dörfer, como se dice en alemán para lo que no entendemos o desconocemos.

Entro en este nuevo mundo, con la sensación de que mis hijas se manejan ya con este teléfono mejor que yo, pues el primer día me daban clases ellas a mí sobre cómo mover la pantalla. ¿Nacerán los niños hoy día con un gen afín a las nuevas técnicas? Y eso que ellas siguen diciendo que su mamá es muy cool, muy chula y moderna, porque se interesa por todos estos aparatos. Ellas aplaudieron mi deseo de tenerlo, por la parte que les toca.

Y ahora mismo caigo en que podré escribir y publicar en mi blog desde cualquier parte. Todo se andará. Pero anuncio que no tengo pensado perder la cabeza con este aparatito, que me fascina, porque la cabeza se pierde por otras cosas. Se trata de jugar, pasar el rato, y disfrutar de muchas de las ventajas que nos ofrece la técnica hoy día. Nada más. A la pregunta de mi hija hoy de que con cuál de todos los aparatos me quedaría si tuviese que elegir solo uno, he vuelto a responder que con el ordenador, el mismo desde el que escribo esta entrada. Ah, y la lavadora añadí... porque a pesar de todo la vida sigue siendo real y no virtual.