... primavera. Ayer hacía un frío que pela y hoy de repente han subido las temperaturas a 20° C. Nos lo venían anunciando toda la semana, para emocionarnos por adelantado. Como ocurre a menudo, tampoco ha sido para tanto. Las temperaturas han sido esas, pero de sol radiante nada. Y los crocus, que ya estaban saliendo, se han emocionado, como todos los humanos. Desde la ventana de mi nuevo piso se ven muchas florecillas de este tipo, y a la vuelta de la esquina hay un jardín que presentaba hoy el aspecto de las fotos.
Y del resto, ¿qué puedo decir? Que estoy preparando mi cambio de domicilio, y que he estado todo el fin de semana en ello. Que ayer me emocioné cuando desde mi ventana vislumbré a un cisne nadando. Que me lo paso bien viendo además de los cisnes, patos y gaviotas a la cantidad de coches que pasan por mi puerta. Que esta semana va ser de órdago, y miedo me da ya antes de que empiece. Pero poco a poco. De momento disfruto de la llegada de la primavera. Por fin.
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domingo, 14 de abril de 2013
viernes, 1 de junio de 2012
14 grados
Hoy, comienzo meteorológico del verano hemos tenido 14 grados de máxima y un aire que parecía del Polo, recién llegado para la ocasión. Así comienza el verano en Hamburgo, sin contemplaciones. Y como hace una semana estábamos a 27 grados, yo estoy helada. Por mucho que digan, para mí una semana no hace un verano, por mucho que la gente se conforme con lo que hemos tenido. Ahora mismo, mientras escribo esto, me está entrando un sueñecito, ganas de coger una mantita y taparme y dormirme. Hablando de mantitas, justo eso me he comprado hoy, una de ésas para taparse cuando uno está tirado en el sofá, pues hoy es un día como para eso, mientras que justo hace una semana, estando de verano, me compré unas chanclas. Pero el tiempo de chanclas duró una semana, y ya está. Ahora mantita, té y sueñecito, para más no da el clima. Hoy he visto a gente sentada fuera en las terrazas de cafés y restaurantes arropados con mantas. Eso es querer y no poder, no me digan.
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
viernes, 4 de mayo de 2012
Educando árboles
Aquí los árboles van a la escuela. Llevo observándolo durante años. Y hay escuelas de árboles en muchas partes, con su cartelito y todo, Baumschulen, esos viveros al natural donde los plantan y los hacen crecer hasta venderlos, pero que aquí tienen ese nombre tan instructivo y que me gusta tanto, con esa gracia que tiene a veces el alemán para formar compuestos: Baum = árbol, Schule = escuela, tal cual. Se ven muchísimas escuelas de arboles en los alrededores de Hamburgo, norte y sur.
No se da con frecuencia que yo pase por la más conocida de ellas, la Baumschule Lorenz von Ehren, en Mamstorf, pero cuando paso, tengo que parar, pues me encanta el lugar. Establecida en 1865, la fecha está colocada con orgullo en el logo de esta empresa familiar que vende desde arbustos hasta árboles de 15 metros a todo el mundo, desde este lugar al sur de Hamburgo, ya en el estado de Baja Sajonia. Clientes son hoteles famosos, el Reichtstag en Berlín, o Euro Disney en París. Ya en 1912 vendían arbolitos a casas reales europeas, y los enviaban a Inglaterra, Dinamarca o San Petersburgo, al mismo zar, algo fácil de hacer por el puerto de Hamburgo. Leí en una ocasión que la logística hace posible que hoy día de lo que venden, un 40% sea para exportar, ya que es posible transportar de manera no agresiva árboles que pesan unas cuantas toneladas.
Los árboles son algo muy serio y respetado en Alemania y en Hamburgo. Aquí queda el dato que anoté una vez: solo en Hamburgo hay unos 300.000. Yo jamás me había fijado, o aprendido a fijarme en ellos, hasta que llegué aquí. Habiendo crecido en Madrid, donde los árboles no tienen ningún protagonismo en la ciudad entre tanto coche, asfalto y ladrillo, ver los ejemplares gigantes que hay aquí en plena ciudad, asombra hasta al menos botánico, como yo. Y si ya los ves en la escuela, todos alineaditos, entonces ya le pones filosofía al asunto, pues impresiona mucho la imagen. La zona de Mamstorf es una escuela de árbol continua, y todos los campos presentan montones de ellos de todos tipos y tamaños, muchos de ellos gigantes, que lucirán luego en lugares públicos de las ciudades. Me pregunto qué aprenden los árboles en estas escuelas, si disciplina para no dejarse mover por el viento, o matemáticas. A mí éstas se me daban tan mal, que prefiero imaginar que aprenden literatura o arte, o geografía, para saber de los lugares en los que terminarán. De todo tienen que aprender, eso está claro, y para eso van a la escuela. Ni los árboles se libran, al menos en Alemania, aunque luego a lo mejor hagan lo que les da la gana, como los de la foto a continuación.
El otro día, en un paseo en una zona natural de Hamburgo, vi yo a estos dos ejemplares, y los fotografié a la vez que los bauticé como "árboles enamorados". Tanta escuela, para que luego la naturaleza presente rebeldes sin causa que se inclinarán hacia donde sea si encuentran al árbol con el que quieren estar, por mucho bosque que sea y por muchos árboles que haya. Caprichos de los ineducables.
No se da con frecuencia que yo pase por la más conocida de ellas, la Baumschule Lorenz von Ehren, en Mamstorf, pero cuando paso, tengo que parar, pues me encanta el lugar. Establecida en 1865, la fecha está colocada con orgullo en el logo de esta empresa familiar que vende desde arbustos hasta árboles de 15 metros a todo el mundo, desde este lugar al sur de Hamburgo, ya en el estado de Baja Sajonia. Clientes son hoteles famosos, el Reichtstag en Berlín, o Euro Disney en París. Ya en 1912 vendían arbolitos a casas reales europeas, y los enviaban a Inglaterra, Dinamarca o San Petersburgo, al mismo zar, algo fácil de hacer por el puerto de Hamburgo. Leí en una ocasión que la logística hace posible que hoy día de lo que venden, un 40% sea para exportar, ya que es posible transportar de manera no agresiva árboles que pesan unas cuantas toneladas.
Los árboles son algo muy serio y respetado en Alemania y en Hamburgo. Aquí queda el dato que anoté una vez: solo en Hamburgo hay unos 300.000. Yo jamás me había fijado, o aprendido a fijarme en ellos, hasta que llegué aquí. Habiendo crecido en Madrid, donde los árboles no tienen ningún protagonismo en la ciudad entre tanto coche, asfalto y ladrillo, ver los ejemplares gigantes que hay aquí en plena ciudad, asombra hasta al menos botánico, como yo. Y si ya los ves en la escuela, todos alineaditos, entonces ya le pones filosofía al asunto, pues impresiona mucho la imagen. La zona de Mamstorf es una escuela de árbol continua, y todos los campos presentan montones de ellos de todos tipos y tamaños, muchos de ellos gigantes, que lucirán luego en lugares públicos de las ciudades. Me pregunto qué aprenden los árboles en estas escuelas, si disciplina para no dejarse mover por el viento, o matemáticas. A mí éstas se me daban tan mal, que prefiero imaginar que aprenden literatura o arte, o geografía, para saber de los lugares en los que terminarán. De todo tienen que aprender, eso está claro, y para eso van a la escuela. Ni los árboles se libran, al menos en Alemania, aunque luego a lo mejor hagan lo que les da la gana, como los de la foto a continuación.
martes, 25 de octubre de 2011
Octubre de oro
Este año me lo creo, no como otros. Existe un término para el mes de octubre, que otros años me suena a metáfora: goldener Oktober, 'octubre de oro'. En verano y en septiembre, y más si el tiempo ha sido pésimo, como este año, la gente se (o te) consuela diciéndote que por suerte vendrá el "octubre de oro", a lo que yo digo siempre que "si eso...", "que a lo mejor...", pues no me lo creo. Muchos años tal mes pasa en remojo, y las hojas en sus tonalidades ocres y rojos de toda la gama son un incordio desde el primer momento y a falta de sol, no se disfruta del espectáculo que nos ofrece la naturaleza. Pero este año es real: el sol está haciendo brillar a las hojas como nunca, o al menos me lo parece a mí, porque cada otoño que vivo inmersa en la naturaleza me gusta más aún que el anterior, aunque sea la estación que da paso a la nada: los árboles pierden sus hojas y dejan su desnudez al frío, pero antes de hacerlo, en su vejez, las hojas se hacen más visibles que nunca. La naturaleza se prepara, como la ardillita que mis hijan han pillado in fraganti guárdandose sus provisiones para el invierno en nuestro jardín, todo un honor. Hoy bromeábamos diciendo que le podemos poner unas cuantas nueces o cacahuetes de los comprados, o de paso darle yogures, helados o chocolates, pero todo con sabor a avellana o con ellas dentro. Por suerte la ardilla no nos necesita, y bellotas y de todo hay por ahí: no hay más que mirar alrededor, en uno de los octubres más auténticos que he visto.
martes, 27 de septiembre de 2011
El Jenischpark y sus sorpresas
lunes, 19 de septiembre de 2011
Que sí, que es el momento, que ya lo sé...
Además de ver ya los dulces navideños en el supermercado, aquí todo huele a otoño y lo que viene detrás, que es peor aún. Por todas partes se oyen entos días ruidos de máquinas cortando ramas de árboles, poniéndolos al día y en supermercados o droguerías, aquí no hace falta ni acercarse a un vivero, venden bulbos para plantar. Es el momento, nos recuerdan. El periódico en su apartado de vivienda y decoración nos recuerda también que ahora es cuando hay que planificar un jardín, para disfrutar de él en primavera. Trabaje hoy y beneficiése al año que viene, es la divisa. Si pienso en la "cantidad" de días que me he sentado este año en mi jardín, considero que mis cuidados, que son cero, están muy bien compensados. De qué sirve matarte a trabajar, si luego lo ves siempre desde dentro.
Cada vez que hablo con mi vecina a la puerta de casa, ella mira preocupada el césped, que este año se ha convertido en un cultivo de musgo y tréboles, y acaba por sacar el tema, y eso que sabe que a mí me impresiona poco. Como tuve este verano expertos en mi casa que me dijeron que eso tenía que ver con la humedad, yo hago alarde de entendida y le dijo que qué más da, que ha sido por el verano tan húmedo que hemos tenido, que no merece la pena perder el sueño por el césped. Pero parezco la única, pues todos a mi alrededor andan escarbando, podando, barriendo hojas, llamando a servicios de jardinería que en nada se suben a una grúa y podan un arbolito de los que hay en mi barrio. Y a mí se me viene el otoño encima como todos los años: con la cosecha de bellotas que empiezan a caer de los robles que me rodean. El otro día me dió una en la cabeza, y la sentí como una llamada de la naturaleza que se apodera de todo aquí, aparte del improperio que lancé.
Sin embargo, en un momento de debilidad, compré hará ya un mes unos bulbos de crocus, porque estas flores me llenan de alegría, no por otra cosa. Tras el crudo invierno de aquí, cuando asoman, me invade la felicidad, pues pienso que si ellas pueden, el resto podrá también. Pero los bulbos siguen sin plantar, y ahora es el momento, lo sé. Lo malo es el síndrome que padezco, "pereza antijardinus" que me asalta siempre que veo trabajo en el jardín. Con lo fácil que es, como me demostró la visita tan botánica que tuve y que sin darme cuenta me llevó al vivero, compramos unas cuantas cosas y me las plantaron (eso fue lo mejor, gracias, gracias). Me enseñaron sobre jardinería para vagos: se plantan macetas grandes con plantas perennes y luego se rodean con plantitas de temporada, y ésas hay que irlas cambiando. Me he comprometido a hacerlo, pues disfruto mucho de mis maceteros desde el interior, pues desde fuera, poca cosa.
Si consigo plantar los bulbos de los crocus antes de que perezcan en su bolsita, a lo mejor me animo a comprar bulbos de tulipanes, que también es el momento. Y encima, hoy regreso a mis clases, como profe, y normalmente cuando les pregunto a los alumnos que qué han hecho los fines de semana,o han ido todos al vivero a comprar plantas o han estado removiendo la tierra del jardín, o plantando y planificando. Luego me empiezan a preguntar por términos de jardinería en español y empiezo a sudar, y les digo que la botánica no es mi especialidad, que yo opino que un jardín es para disfrutarlo, para aprovechar el rayito de sol, si es que sale. Me temo que seguiré siendo una incomprendida.
Cada vez que hablo con mi vecina a la puerta de casa, ella mira preocupada el césped, que este año se ha convertido en un cultivo de musgo y tréboles, y acaba por sacar el tema, y eso que sabe que a mí me impresiona poco. Como tuve este verano expertos en mi casa que me dijeron que eso tenía que ver con la humedad, yo hago alarde de entendida y le dijo que qué más da, que ha sido por el verano tan húmedo que hemos tenido, que no merece la pena perder el sueño por el césped. Pero parezco la única, pues todos a mi alrededor andan escarbando, podando, barriendo hojas, llamando a servicios de jardinería que en nada se suben a una grúa y podan un arbolito de los que hay en mi barrio. Y a mí se me viene el otoño encima como todos los años: con la cosecha de bellotas que empiezan a caer de los robles que me rodean. El otro día me dió una en la cabeza, y la sentí como una llamada de la naturaleza que se apodera de todo aquí, aparte del improperio que lancé.
Sin embargo, en un momento de debilidad, compré hará ya un mes unos bulbos de crocus, porque estas flores me llenan de alegría, no por otra cosa. Tras el crudo invierno de aquí, cuando asoman, me invade la felicidad, pues pienso que si ellas pueden, el resto podrá también. Pero los bulbos siguen sin plantar, y ahora es el momento, lo sé. Lo malo es el síndrome que padezco, "pereza antijardinus" que me asalta siempre que veo trabajo en el jardín. Con lo fácil que es, como me demostró la visita tan botánica que tuve y que sin darme cuenta me llevó al vivero, compramos unas cuantas cosas y me las plantaron (eso fue lo mejor, gracias, gracias). Me enseñaron sobre jardinería para vagos: se plantan macetas grandes con plantas perennes y luego se rodean con plantitas de temporada, y ésas hay que irlas cambiando. Me he comprometido a hacerlo, pues disfruto mucho de mis maceteros desde el interior, pues desde fuera, poca cosa.
Si consigo plantar los bulbos de los crocus antes de que perezcan en su bolsita, a lo mejor me animo a comprar bulbos de tulipanes, que también es el momento. Y encima, hoy regreso a mis clases, como profe, y normalmente cuando les pregunto a los alumnos que qué han hecho los fines de semana,o han ido todos al vivero a comprar plantas o han estado removiendo la tierra del jardín, o plantando y planificando. Luego me empiezan a preguntar por términos de jardinería en español y empiezo a sudar, y les digo que la botánica no es mi especialidad, que yo opino que un jardín es para disfrutarlo, para aprovechar el rayito de sol, si es que sale. Me temo que seguiré siendo una incomprendida.
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lunes, 8 de agosto de 2011
Decidido
El sol que ha brillado al poco tiempo de llegar de vuelta a Hamburgo ha durado una hora, y la realidad era la siguiente: el suelo y todo estaba empapado como de haber parado de llover un par de minutos antes de aterrizar el avión, y efectivamente, el resto de la tarde y noche ha seguido diluviando. Y el verano, es decir, las casi cinco semanas que he estado fuera, ha sido fino aquí, dicen,. El calor o buen tiempo ha tenido lugar algún día suelto, nada de consideración. Y yo, sin ningún tipo de remordimiento, vuelvo morenita, con bronquitis (eso da igual, pues también me las cojo aquí), y con una maleta llena de vestidos, tops, chanclas, biquinis y sandalias, que guardaré ahora hasta el año que viene, a 8 de agosto. Triste pero cierto.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
martes, 14 de junio de 2011
Nada es igual
A las siete de la cuarto de la tarde estaba el supermercado cerquita de mi casa como en tiempos de guerra; la parte de los pepinos, lechugas y tomates presentaba un aspecto desolador. Yo fui concretamente a por un pepino, pues en esta casa teníamos el mono: mi hija mayor me lo pidió ayer y hoy ya no queríamos que pasase de la cena sin comerlo. Quedaban tres míseros pepinos, y el resto de las cajas donde están siempre los diversos tipos de tomates, estaban completamente vacios. Si en las últimas semanas era porque no vendían ni un pepino, hoy era seguro por haberse agotado. Supongo que no pedirán todavía las cantidades de antes de la crisis del pepino, y a nada que nos hayamos animado todos los consumidores a la vez a volver a prepararnos nuestras ensaladas habituales, se habrán agotado enseguida. El viernes se acabó la veda a las hortalizas frescas, pero hasta hoy yo no he ido con alevosía y premeditación a por ellas, y me imagino que a todos nos habrá pasado lo mismo. Y sin embargo hoy ha muerto un niño de dos años de 'E.coli', el fallecido más joven hasta ahora. Yo no dejo de pensar que eran productos "bio" los infectados, cuando a mí más de uno me ha dicho ante mis protestas de que los pepinos no tenían 'E.coli' que solamente con los pesticidas que llevan los productos españoles, que no estaba de más la alarma... Que conste que no me alegro de que sean productos ecológicos los que han provocado la tragedia, pero a lo mejor algún listo se calla así.
El periódico local habla justo ahora en internet de la confianza que vuelven a tener los consumidores, que ya se hace notar en las ventas. Hasta que se alcancen los niveles de antes de la crisis, pasarán dos semanas, dicen. Al parecer, desde que se levantó la prohibición de comer pepinos, lechugas y tomates, no han podido abastecer los supermercados con las cantidades debidas. Todo se irá normalizando poco a poco. Las compensaciones económicas de Bruselas han sido aprobadas, muchos millones de euros, que parecen no ser suficientes.
Hace poco oí en la radio que hace dos años murieron dos niños en Hamburgo de 'E.coli', y aunque entonces se supo fue de eso, no de qué provenía la bacteria letal. Esto no es como los volcanes que entran en erupción y que no se ocultan. Al oír antes en las noticias que ahora uno en Chile está dando guerra, me preguntaba si antes no erupcionaban los volcanes, si es un fenómeno que abrió el volcán aquél de nombre impronunciable, y si nuestros vuelos podrían verse afectados por un volcán en cualquier momento. No volveremos a oír que un volcán ha entrado en erupción sin pensar en si volamos en los próximos días o semanas y nuestros planes pudiesen verse trastocados, y de la misma manera, no volveremos a comer un pepino sin acordarnos del estas semanas de incertidumbre. A ver ahora quién es el guapo que se come brotes de soja. Mi madre me recuerda en cada llamada que no comamos esas lechugas "tan raras" que comemos aquí, que comamos una ensalada como "las de toda la vida", con su buen tomate, pepino y lechuguita "normal". Verdaderamente, tras las últimas semanas, las tres cosas nos saben a gloria, y lo seguirán haciendo, aunque no vuelva a ser lo mismo.
El periódico local habla justo ahora en internet de la confianza que vuelven a tener los consumidores, que ya se hace notar en las ventas. Hasta que se alcancen los niveles de antes de la crisis, pasarán dos semanas, dicen. Al parecer, desde que se levantó la prohibición de comer pepinos, lechugas y tomates, no han podido abastecer los supermercados con las cantidades debidas. Todo se irá normalizando poco a poco. Las compensaciones económicas de Bruselas han sido aprobadas, muchos millones de euros, que parecen no ser suficientes.
Hace poco oí en la radio que hace dos años murieron dos niños en Hamburgo de 'E.coli', y aunque entonces se supo fue de eso, no de qué provenía la bacteria letal. Esto no es como los volcanes que entran en erupción y que no se ocultan. Al oír antes en las noticias que ahora uno en Chile está dando guerra, me preguntaba si antes no erupcionaban los volcanes, si es un fenómeno que abrió el volcán aquél de nombre impronunciable, y si nuestros vuelos podrían verse afectados por un volcán en cualquier momento. No volveremos a oír que un volcán ha entrado en erupción sin pensar en si volamos en los próximos días o semanas y nuestros planes pudiesen verse trastocados, y de la misma manera, no volveremos a comer un pepino sin acordarnos del estas semanas de incertidumbre. A ver ahora quién es el guapo que se come brotes de soja. Mi madre me recuerda en cada llamada que no comamos esas lechugas "tan raras" que comemos aquí, que comamos una ensalada como "las de toda la vida", con su buen tomate, pepino y lechuguita "normal". Verdaderamente, tras las últimas semanas, las tres cosas nos saben a gloria, y lo seguirán haciendo, aunque no vuelva a ser lo mismo.
domingo, 5 de junio de 2011
¿Soja?
Parece que es la soja, los brotes de soja, los portadores de la letal bacteria 'E. coli', pero sigue "pareciendo". Dicen estar seguros esta vez, pero no está claro. Y a mí, tras lo de ayer, me asustan más especulaciones y los palos de ciego que están dando. La crisis del pepino ha sido muy fuerte. No solo han arruinado a muchas empresas españolas, sino que han frenado el consumo de hortalizas frescas provenientes de Alemania también. Ahora justifican lo de España diciendo que como encontraron 'E. coli' en esos pepinos, que aunque no fuese el tipo de bacteria que está haciendo enfermar a tanta gente, que la alarma era justificada. A mí me han llegado a decir mis alumnos que si no tenían 'E. coli', que solamente por los pesticidas que llevan se lo tenían merecido, a lo que yo apunté que los productos bio no estaban exentos de sospecha tampoco.
Ayer de la nada un restaurante de Lübeck fue el punto de mira. 17 personas que comieron allí, de las que una mujer ha muerto, tienen EHEC, y si bien durante el día nadie supo qué restaurante era, por la noche vi la foto en internet del dueño y el nombre del local. Yo, que estuve en Lübeck justo en la fechas del brote de la enfermedad, y comí en un lugar muy típico, respiré al ver que no fue en mi restaurante, pero volví a darme cuenta de lo cerca que estamos siempre del peligro, al igual que cerca de la ruina está siempre cualquiera, pues al dueño del restaurante, cuya "culpa" no estuvo demostrada en ningún momento a lo largo del día, ya le habían arruinado para siempre. Luego no sé qué medio lanzó el bulo de que el contagio pudo producirse en las fiestas del puerto a comienzos de mayo. Al evento acude nada menos que un milloncejo de personas. Casi nada. Las autoridades competentes desmintieron ayer la noticia, pero mi impresión fue que ya era de muy mal gusto tanta noticia baladí, simplemente por respeto a los fallecidos y a los enfermos.
Y esta tarde es la soja. Al oírlo he pensado en los brotes de soja que me he comido yo esta semana y hace dos semanas, por haberme aficionado por primera vez en mi vida a la comida tailandesa, de un sitio de comida para llevar que hay en el centro comercial cerca de mi casa. A estos restaurantes los han arruinado ya sí o sí, confirmen o no la noticia.
Por supuesto que bajo la duda hay que informar a la población, pero de verdad que espero que esta vez, y lo siento por la soja y el productor en Uelzen, en Baja Sajonia, que parece ser la fuente de la tragedia, que sea de verdad, porque alguien tiene que ser, por muy triste que sea, y esto hay que pararlo, pero no solo por eso, sino porque dejen de arruinar a más gente con tanta noticia indefinida, y que dejemos de mirar a todas las hortalizas con desconfianza, además de las vitaminas que nos estamos perdiendo desde hace semanas. Abundan los titulares previniendo de la comida sana, y parece ciencia ficción. Han prohibido, por ejemplo, en panaderías que venden bocadillos hechos no meterle lo único de sano que llevaba hasta ahora: la hojita de lechuga, el tomate o el pepino.
Mañana sabremos más, y por si de verdad son los brotes de soja, ahora hay que averiguar si se han consumido todos, ésa es otra. Por cierto, la plantación de soja es bio...
Ayer de la nada un restaurante de Lübeck fue el punto de mira. 17 personas que comieron allí, de las que una mujer ha muerto, tienen EHEC, y si bien durante el día nadie supo qué restaurante era, por la noche vi la foto en internet del dueño y el nombre del local. Yo, que estuve en Lübeck justo en la fechas del brote de la enfermedad, y comí en un lugar muy típico, respiré al ver que no fue en mi restaurante, pero volví a darme cuenta de lo cerca que estamos siempre del peligro, al igual que cerca de la ruina está siempre cualquiera, pues al dueño del restaurante, cuya "culpa" no estuvo demostrada en ningún momento a lo largo del día, ya le habían arruinado para siempre. Luego no sé qué medio lanzó el bulo de que el contagio pudo producirse en las fiestas del puerto a comienzos de mayo. Al evento acude nada menos que un milloncejo de personas. Casi nada. Las autoridades competentes desmintieron ayer la noticia, pero mi impresión fue que ya era de muy mal gusto tanta noticia baladí, simplemente por respeto a los fallecidos y a los enfermos.
Y esta tarde es la soja. Al oírlo he pensado en los brotes de soja que me he comido yo esta semana y hace dos semanas, por haberme aficionado por primera vez en mi vida a la comida tailandesa, de un sitio de comida para llevar que hay en el centro comercial cerca de mi casa. A estos restaurantes los han arruinado ya sí o sí, confirmen o no la noticia.
Por supuesto que bajo la duda hay que informar a la población, pero de verdad que espero que esta vez, y lo siento por la soja y el productor en Uelzen, en Baja Sajonia, que parece ser la fuente de la tragedia, que sea de verdad, porque alguien tiene que ser, por muy triste que sea, y esto hay que pararlo, pero no solo por eso, sino porque dejen de arruinar a más gente con tanta noticia indefinida, y que dejemos de mirar a todas las hortalizas con desconfianza, además de las vitaminas que nos estamos perdiendo desde hace semanas. Abundan los titulares previniendo de la comida sana, y parece ciencia ficción. Han prohibido, por ejemplo, en panaderías que venden bocadillos hechos no meterle lo único de sano que llevaba hasta ahora: la hojita de lechuga, el tomate o el pepino.
Mañana sabremos más, y por si de verdad son los brotes de soja, ahora hay que averiguar si se han consumido todos, ésa es otra. Por cierto, la plantación de soja es bio...
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miércoles, 1 de junio de 2011
Pero si no son los pepinos, ¿qué es?
Era de esperar que por no haber ningún caso de la temida infección EHEC en España, donde se llama"E. coli" (lo que se aprende hoy día, "señor, señor, todo lo que hay", seguiría diciendo mi abuela al hojear el periódico), que no eran los pepinos. Pues sí, ¡lo que hay!, y si no son los pepinos, de lo cual me alegro enormemente (y por listos, casi diría, y digo, córcholis), ¿qué es entonces? Miedo da, y cualquier síntoma, como el retortijón que tuve yo ayer al mediodía y que fue falsa alarma, me hace ver EHEC donde no lo hay. Pero es que lo hay, y está claro que la cepa está aquí, en HAMBURGO. Algunos enfermos se lo han llevado de aquí, y ayer murió una mujer en Suecia que recientemente estuvo en Hamburgo, o como la mujer española que corrió hace dos domingos la maratón y que está aquí ingresada, y que aseguró desde un primer momento no haber comido pepino. Sigo preguntándome que por qué mujeres sobre todo, y qué podrá ser.
Chapucera me parece la forma de haber propagado que eran los pepinos sin serlo. Es la ruina para muchos agricultores, y en España no están las cosas como para causar más crisis a empresas que funcionan bien. Pero por otra parte entiendo que si encontraron algo en un primer momento que lo dijesen, aunque desde el comienzo me pareció más bien, como comenté aquí, un "ah, nosotros no somos", sacando las culpas fuera del país. Luego mi estupor el viernes en el supermercado, cuando vi el cartel de "Pepinos holandeses", tranquilizando a la clientela, cuando de camino hacia allí oí en la radio que los holandeses también podrían estar infectados. Culpables o no de tantos desmentidos, que aunque es grave lanzar noticias no ciertas, de eso no se trata, pues en esto solo hay víctimas: hablamos ya de 16 muertos y de hospitales saturados, con más de 1.400 pacientes graves. Y se prevé mayor avalancha en los próximos días. Como hay que seguir comiendo, el problemas es que no sabemos qué o qué no. Yo no soy dada al pánico, pero todos tenemos nuestros momentos de dudas aquí. La otra noche, en una cena en la que estuve, en el restaurante habían escrito en la pizarra una nota "tranquilizante": "Nuestras ensaladas se elaboran con productos de un agricultor de la región". Menuda calma nos entró, puesto que eso es como no decir nada. Pero éramos un grupo de 12, y la mayoría se comió la ensalada sin protestar. Y es que qué le vamos a hacer. O confías o no comes nada.
El periódico local cita hoy a un experto que dice que quizá no se sepa jamás lo que es. Se habla del abono de los productos bio, que si es tan "bio" el estiércol utilizado que ya se echan las bacterias. Yo siempre he dudado de tanto producto sano y ecológico, lo admito, pero eso es estar en minoría en este país. Y mientras tanto esto es la ruina para muchos. La desconfianza en todo es absoluta, y a pesar de todo, los que vivimos en Hamburgo continuamos cocinando y yendo a la compra como si esto no fuese real del todo. Pero lo es. Y está ahí, y lo malo es que seguimos sin saber qué es.
Chapucera me parece la forma de haber propagado que eran los pepinos sin serlo. Es la ruina para muchos agricultores, y en España no están las cosas como para causar más crisis a empresas que funcionan bien. Pero por otra parte entiendo que si encontraron algo en un primer momento que lo dijesen, aunque desde el comienzo me pareció más bien, como comenté aquí, un "ah, nosotros no somos", sacando las culpas fuera del país. Luego mi estupor el viernes en el supermercado, cuando vi el cartel de "Pepinos holandeses", tranquilizando a la clientela, cuando de camino hacia allí oí en la radio que los holandeses también podrían estar infectados. Culpables o no de tantos desmentidos, que aunque es grave lanzar noticias no ciertas, de eso no se trata, pues en esto solo hay víctimas: hablamos ya de 16 muertos y de hospitales saturados, con más de 1.400 pacientes graves. Y se prevé mayor avalancha en los próximos días. Como hay que seguir comiendo, el problemas es que no sabemos qué o qué no. Yo no soy dada al pánico, pero todos tenemos nuestros momentos de dudas aquí. La otra noche, en una cena en la que estuve, en el restaurante habían escrito en la pizarra una nota "tranquilizante": "Nuestras ensaladas se elaboran con productos de un agricultor de la región". Menuda calma nos entró, puesto que eso es como no decir nada. Pero éramos un grupo de 12, y la mayoría se comió la ensalada sin protestar. Y es que qué le vamos a hacer. O confías o no comes nada.
El periódico local cita hoy a un experto que dice que quizá no se sepa jamás lo que es. Se habla del abono de los productos bio, que si es tan "bio" el estiércol utilizado que ya se echan las bacterias. Yo siempre he dudado de tanto producto sano y ecológico, lo admito, pero eso es estar en minoría en este país. Y mientras tanto esto es la ruina para muchos. La desconfianza en todo es absoluta, y a pesar de todo, los que vivimos en Hamburgo continuamos cocinando y yendo a la compra como si esto no fuese real del todo. Pero lo es. Y está ahí, y lo malo es que seguimos sin saber qué es.
domingo, 29 de mayo de 2011
Espectaculares rododendros
Hamburgo presenta estos días este aspecto:
Setos que durante el resto del año son verdes, de hoja perenne, se trasforman en una maravilla floral. La ciudad está llena de rododendros, y tras los blancos y rosas, ahora siguen los lilas y fucsias, y le dan color a estos días grises que hemos vuelto a tener.
Mañana vuelve el verano, dicen, y yo me lo creo. El parte meterológico no se equivoca nunca, como el calendario de la naturaleza, que sigue su curso. ¿Y tras los rododentros, a quién le toca? Bueno, el que sea, se hará notar. Las amapolas de un vecino que planta flores para la ciudad de Hamburgo son esta maravilla que muestro a continuación:
Y si hasta el rododendro de mi jardín, con mis "excelentes" cuidados está así, es porque aquí lo que tiene que crecer crece, porque sí.
Setos que durante el resto del año son verdes, de hoja perenne, se trasforman en una maravilla floral. La ciudad está llena de rododendros, y tras los blancos y rosas, ahora siguen los lilas y fucsias, y le dan color a estos días grises que hemos vuelto a tener.
Mañana vuelve el verano, dicen, y yo me lo creo. El parte meterológico no se equivoca nunca, como el calendario de la naturaleza, que sigue su curso. ¿Y tras los rododentros, a quién le toca? Bueno, el que sea, se hará notar. Las amapolas de un vecino que planta flores para la ciudad de Hamburgo son esta maravilla que muestro a continuación:
Y si hasta el rododendro de mi jardín, con mis "excelentes" cuidados está así, es porque aquí lo que tiene que crecer crece, porque sí.
domingo, 10 de abril de 2011
La naturaleza despierta
En estos días de sol radiante, la naturaleza en Hamburgo nos está dando muchas alegrías. La explosión de verde que estamos a punto de presenciar se adivina por todas partes en forma de incipientes hojitas y capullitos. Como árboles y arbustos tenemos a mansalva, es imposible que pase desapercibido este resurgir de la vida que cada primavera nos la devuelve tras meses con ramas peladas, que hacen ver a través de ellas mismas aún más el gris reinante.
Por eso ayer, provista de mi cámara, quise documentar el estado actual de la naturaleza, que ya no será el mismo de hoy, y que en un par de días seguirá dándonos sorpresas. Cuando volvemos a presenciar este renacer, como cada año yo me vuelvo a preguntar cómo habremos sobrevivido una vez más, que qué tristes estaban los árboles sin sus hojas, que qué normales parecen los magnolios sin su flor tan bonita pero tan perecedera, que qué será de los narcisos durante tanto tiempo del año en el que están escondidos en la tierra y de la que vuelven a brotar todos a la vez. Solo con observar te haces un entendido en botánica, pues la tienes delante de tus ojos, y vas sacando tus conclusiones, incluso los que nunca crecimos entre tanto verde, como yo. Y te das cuenta de que no todos los rododendros florecen a la vez, así que ni qué decir de los tantísimos árboles diferentes, y a su vez las flores tienen su calendario también, primero unas, luego otras, ninguna se cuela. Pero vayamos por partes en este renacer.
Seguiré con mis pesquisas botánicas, que esto es el comienzo, por suerte. Se acaba de abrir la temporada.
Por eso ayer, provista de mi cámara, quise documentar el estado actual de la naturaleza, que ya no será el mismo de hoy, y que en un par de días seguirá dándonos sorpresas. Cuando volvemos a presenciar este renacer, como cada año yo me vuelvo a preguntar cómo habremos sobrevivido una vez más, que qué tristes estaban los árboles sin sus hojas, que qué normales parecen los magnolios sin su flor tan bonita pero tan perecedera, que qué será de los narcisos durante tanto tiempo del año en el que están escondidos en la tierra y de la que vuelven a brotar todos a la vez. Solo con observar te haces un entendido en botánica, pues la tienes delante de tus ojos, y vas sacando tus conclusiones, incluso los que nunca crecimos entre tanto verde, como yo. Y te das cuenta de que no todos los rododendros florecen a la vez, así que ni qué decir de los tantísimos árboles diferentes, y a su vez las flores tienen su calendario también, primero unas, luego otras, ninguna se cuela. Pero vayamos por partes en este renacer.
| Rododendros blancos; los fucsias y azules florecen después. |
| Las forsythias ya están en flor, les toca. |
| Los pensamientos los plantan durante todas estas semanas. |
| Los narcisos, la flor por excelencia de la primavera. |
| Magolio en flor, éste debe de ser del tipo más temprano en florecer. |
| A estos árboles todavía no les toca florecer, pero en nada no se podrá ver a través de ellos y Hamburgo se convertirá en túneles de árboles. |
| Magnolios que empiezan ahora a florecer. |
| ¿Cerezos? ¿Ciruelos? La ciudad se llena de árboles rositas estos días. |
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