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martes, 21 de octubre de 2014

Más que impresiones

Llevo dos días de vuelta en Alemania y todavía pienso mucho en los 4 días que acabo de pasar en Estambul. Hay viajes que siguen haciendo efecto después de haberlos realizado. A mí Estambul me ha dejado huella. Puede ser que es porque era la primera vez que me aventuraba a ir a un lugar más "exótico" pues reconozco que no había salido de Europa Occidental o de Estados Unidos hasta la fecha. Supongo que Estambul tampoco es lo más diferente que podría visitar pero lo ha resultado para mí en muchísimos aspectos. Al aterrizar a la vuelta para el cambió de vuelo en el aeropuerto de Múnich, éste me pareció un sanatorio del silencio que había en comparación.

¡Qué ciudad, Estambul! Viven en ella 13 millones de habitantes, en teoría, o 14, 15, 16 ó 17. No se sabe en realidad. Me han llamado la atención muchas cosas. Una de ella la cantidad de perros callejeros que hay. Por lo visto la ciudad no los castra ni hace nada y se multiplican, y lo mismo ocurre con los gatos. Igualmente hay muchos niños, demasiados en mi opinión, solos por la calle. Me partió el alma ver a una niñita de apenas 7 años vendiendo pañuelos de papel en una calle con mucho tráfico. Cualquiera podría montarla en el coche y llevársela. Eso sí, su hermano, o niño acompañante estaba sentado en una silla. Luego vi otro grupo de niños en la mediana de una calle de cuatro carriles. Supongo que pasarán accidentes, y con la mentalidad nuestra de una vigilancia quizá exagerada de nuestros hijos cuando son pequeños, choca esa falta de control. No quiero juzgar pues es otra mentalidad completamente distinta y supongo que el papel del niño es muy diferente al que tenemos en la mayor parte de Europa hoy día, además de que las familias tienen otras preocupaciones de las que tenemos en Alemania u en otros países, pero me produjo tristeza. Otro asunto que me llamó mucho la atención es que la vida social les pertenece por completo a los hombres. Por supuesto que se ven mujeres en la calle, pero siempre en los comercios o yendo o viniendo a alguna parte, solas o en compañía. Me refiero a los momentos de asueto: los bares, bancos en los parques. Sólo se ve a hombres en estas situaciones. Resulta muy curioso. También en los restaurantes hay muchos grupos de hombres solos. Ellas parecen ser invisibles. También los negocios los llevan todos hombres. Tan solo en la parte más moderna de Estambul, en las mediaciones de la plaza Taksim, donde están las tiendas que se ven en todas las ciudades europeas trabajan mujeres jóvenes. Pero poco más.

Parecerá que en mis dos entradas sobre la ciudad obvio lo más importante: las maravillas que se abren a la vista del visitante y de las que todos hemos oído hablar alguna vez. No por mencionarlas en último lugar les quito importancia, pero en mi opinión viajar no es sólo visitar monumentos y hacer fotos, sino abrir la mente y ver que hay formas de vida muy diferentes a la tuya. Pero aquí va todo de lo que se pueden hacer millones de fotos.

Hagia Sophia, templo que primero fue basílica, luego mezquita y ahora museo, cuenta con una cúpula que podría estar entre las maravillas del mundo. Todavía sigue siendo un enigma cómo la construyeron, por sus dimensiones. Fue el templo más grande que existió durante mil años hasta que se construyó la Catedral de Sevilla.




La Mezquita Azul, una maravilla de la arquitectura otomana, es un lugar de culto y solo se puede visitar sin zapatos y las mujeres con un pañuelo a la cabeza que te prestan a la entrada. Es una preciosidad, pero admito que no disfruté de la visita por el terrible olor a pies que había...





El Palacio de Topkapi es un recinto gigantesco a lo alto de la parte antigua de la ciudad en el que vivieron varios sultanes, incluidas su colección de mujeres. El harem era impresionante. Por lo visto llegaron a vivir en él 120 mujeres y doncellas juntas. Todos nos imaginamos esto con nuestra visión de las mil y una noches, pero según he leído había luchas feroces entre ellas. Llegar a ser la favorita del sultán te daba muchos privilegios, y darle un hijo aún más, por lo que nos podemos imaginar lo que esto implicaba. El palacio y el harem siguen conservando su esplendor e impresiona el imaginarse todo lo que habrá sucedido entre sus muros, por no hablar de todo lo concerniente a los eunucos que estaban al cuidado de las mujeres y de la madre del sultán que vivía allí también y se dedicaba, entre otras cosas, a elegirle las mujeres al hijo.





La Torre de Gálata ofrece unas vistas impresionantes de la parte antigua de Estambul, con las dos mezquitas que he mencionado y el palacio. También se puede admirar la parte asiática de la ciudad, el puente de Atatürk y lo que se denomina el Cuerno de Oro, el estuario que bordea la parte antigua de Estambul y que se une al Bósforo.







No sé si volveré a Estambul, pero guardaré en mi retina éstas y muchas otras imágenes para siempre.

domingo, 17 de marzo de 2013

Las desplazadas de Salamanca

Vuelvo y ya estoy liadísima. No es que me importe. Pero entre organizar todo tras la vuelta de las vacaciones, y preparar el muchísimo trabajo de esta semana, el domingo está resultando muy laborioso. Como no oro, laboro. Total, qué más da, pues el mundo no está para rezar, sino para hechos reales.

Por eso me ha hecho mucha gracia hoy la explicación de mi amigo salmantino sobre el hornazo, especialidad típica de Salamanca, que probé el otro día. No la conocía y menos la historia y costumbre de comerlo el Lunes de Aguas, que me ha contado antes mi amigo por correo, y que copio aquí, pues él lo explica mejor de lo que yo podría hacerlo:

Durante la Cuaresma, en la Edad Media, para que los hombres no pecaran, se juntaban a todas las putas de la ciudad, y un funcionario del ayuntamiento,"el padre Putas", las llevaba en una barcaza a la otra orilla del Tormes. Cuando pasaba la Cuaresma, las volvía a traer, y este hecho era un espectátuclo que poco a poco se fue haciendo tradición, ya que iban familias y grupos de amigos y amigas, y pasaban la tarde merendando en la orilla del río esperando a la barca con las putas. Para este evento se hacían los hornazos, y esta tradición sigue aún hoy en vida. Durante la época de Franco, Salamanca era la única ciudad en España, colegios incluidos, que cerraba todo a partir del mediodía, pues toda la gente se iba al campo a pasar la tarde. Y de aquí viene el hornazo. Se suele comer frío, no lo conozco caliente. Mi padre lo hacía muy bueno, con lomo embuchado, huevos duros chorizo...vamos ..una bomba. Además, con la masa tan grasa que tiene, pues la hacen con manteca, muchas veces roja, por eso coge ese colorcillo. Es un poco basto, pienso yo, pero sabe a gloria en el campo.

En la época de Franco al "padre Putas" le llamaban padre Lucas, y esta figura sigue exisitiendo aún. El Lunes de Aguas siempre sale un "padre Lucas" con una cabeza muy grande, como los Cabezones de Castilla, y con una vara en la mano, signo de autoridad. En mis tiempos de niño este padre Lucas nos perseguía dándonos varazos de verdad."


Genial historia, para mí totalmente desconocida, de la que me he enterado por haber probado el hornazo. La de sorpresas que tiene nuestra geografía y que desconocemos el resto de los españoles. Curiosa idea la de mandar fuera de la ciudad a las prostitutas durante la Cuaresma, para prevenir... Luego, según he visto en Wikipedia, los estudiantes no se podían contener e iban a buscarlas a la otra orilla... Las escenas debían ser dantescas. Por suerte los tiempos han cambiado, y la gente peca también en la Cuaresma. Y el Lunes de Aguas, que es el siguiente al Lunes de Pascua, se sigue celebrando en Salamanca capital y provincia, con meriendas al aire libre, con hornazo.

Sigan ilustrándome con historias así. Me encanta. Yo simplemente la comparto, para que nos ilustremos todos.



domingo, 24 de febrero de 2013

No se lo cargan todo

Ya mencioné una vez que la familia real la ha liado pero bien, pues aparecen en los métodos para aprender español y entre el yerno que no está, y el que sigue estando pero que oficialmente tampoco, han fastidiado montones de libros. Ahora encima utilizando una guía que tengo sobre Madrid, para un proyecto que estoy realizando, veo un apartado que dice que el rey es muy querido por los españoles, y menciona a las hijas, a sus maridos, al príncipe, al matrimonio ejemplar de los reyes, y más cosas que ahora me producen risa. Otro libro para tirar a la basura. Ellos solitos se han cargado su imagen, pues en el extranjero ya no aparecerá tampoco ninguna guía con esa información tan positiva.

Pero la página esa no me amarga mi labor. Voy a dar un curso sobre Madrid y alrededores próximamente, y por suerte el centro de España no se visita ni por la familia real, ni por el Palacio de la Zarzuela, ni por nada unido a esa panda de aprovechados. Llevo una semana recorriendo Madrid con la mente y a través del teclado, y como voy pronto, llegaré ávida de patear MI ciudad. No sé por qué muchos alemanes, cuando les digo que soy de Madrid, me dicen que les gusta más Barcelona. Lo entiendo y lo respeto, les digo siempre. Algunos lo dicen sin ni siquiera haber visitado Madrid, o haber estado más que de paso. Pero los que conocen bien la capital, dicen a menudo que les gusta más Madrid. Maldita manía de comparar todo. Yo nunca lo hago. Cada ciudad es única, y por eso entiendo que algunos prefieran Barcelona: el mar, el ambientillo mediterráneo, Gaudí (o Gaudi, como dicen los alemanes), apreciadísimo en el extrajero. Pero sinceramente, la última vez que estuve en Barcelona salí espantada del gentío de las Ramblas, el Barrio Gótico olía a orina y la zona del Mercado de la Boquería estaba muy deteriorada. No digo que Madrid esté perfecta, pero al menos no se vende como ciudad que lo tiene todo. Nosotros no tenemos playa, eso está claro, ni otro idioma (ojalá), pero tenemos una ciudad tan infernal, ruidosa y sucia, que a la vez nos lleva al cielo en sus rincones con encanto.

Llevo días paseando mentalmente por el Madrid de los Austrias, por esas plazas con encanto. Me encantan esas calles con los carteles de azulejos antiguos. Me encanta la zona de tabernas de la Latina. Me encanta la Plaza de Santa Ana, con todo el jaleo que tiene. Me encanta pasear de día por Madrid, pasear de noche. Me encanta ir por Chueca, por la calle Fuencarral. Me encanta el Retiro, y cuanto más lleno mejor. Me encanta cogerme el 27, autobús municipal, desde Atocha a plaza de Castilla y pasar por el Paseo del Prado, por Recoletos, la Castellana y ver Madrides tan diferentes: el del arte, el burgués, y el de la modernidad, que culminó en las Torres Kio y el hundimiento de la banca. Me encanta la Gran Vía: bajarme del metro en Callao, como hacía cuando era jovencita, y mirar hacia abajo, con la Plaza de España abajo, y mirar hacia la derecha, hacia el edificio de telefónica. Me encanta el barrio de las Letras. Me encanta atravesar la Plaza Mayor siempre que estoy cerca, aunque no tenga que ir.

Por eso una panda de indeseables no van a acabar con el atractivo de nuestras ciudades ni de nuestro país. Yo voy a promocionar el turismo a Madrid y alrededores, y si me dejan continuaré con otras regiones: Extremadura, el norte de España, Castilla, ... De momento sigo viajando con la mente, que es muy fácil.

martes, 17 de julio de 2012

Menudo puente suspensivo

Ayer pasé por este puente, y hoy de nuevo. Es el Luiz I, en Oporto, Portugal. Es una de las pocas posibilidades, todas puentes, de cruzar el Duero, y ya puestos, por qué no hacerlo por todo lo alto, en el sentido literal de la palabra, aunque el puente, como es un lujazo, tiene dos plantas, una para coches, la de abajo, y otra para el metro, la de arriba. Por ambas pueden caminar los peatones, y en la de arriba, la altura es de vértigo: más de 40 metros. Lo construyó un discípulo de Gustave Eiffel, y a mí me recordó de inmediato a la Torre Eiffel, como si la hubiesen tumbado. Aquí va un puente suspensivo donde los haya.
[A lo mejor un día se dirá que yo acuñé el término que me inventé, usando un juego de palabras, o si no al tiempo.]


No me la descoloquen

Llevo una racha de volver a ver sitios en los que no he vuelto a estar lo menos desde hace 15 ó 20 años, y hoy, en Salamanca, me ha pasado algo curioso: me daba la sensación de que habían descolocado la ciudad. Me explico: el puente romano lo habían corrido, la Casa de las Conchas también, la Catedral, todo. Suelo tener muy buena memoria y reubicarme muy bien en lugares en los que estuve. Pero no en Salamanca. Nada estaba en su sitio, vaya plan. Han debido llamar a los romanos para que muevan el puente, que sin embargo encontré y aquí queda constancia de ello. Pero qué ciudad Salamanca, aunque haya jugado hoy a confundirme. Prueba irrefutable de que a sitios tan bonitos hay que volver antes. Y a puentes tan bien colocados desde hace siglos.

miércoles, 11 de julio de 2012

Entre viajes

Ay la vagancia, que se ha apoderado de mí. Me encuentro en una fase de reposo de ideas. Ahí siguen, no es eso, pero mi mente está de vacaciones. Lo de desconectar está siendo verdad esta vez, y algo muy positivo es que hacía tiempo que no me daba más igual no tener internet. Durante un tiempo, al leer sobre adicciones a internet y las nuevas tecnologías, me planteé si yo estaba demasiado enganchada, y claro que lo estoy, no lo niego, pero también digo que puedo estar días sin conectarme, así que no es nada grave mi caso. Esta vez quizá hasta lo he necesitado, y tampoco sé por qué. Pero como he oído de varios que echan de menos mis historias, en forma de correo o post, me siento halagada y hago una aparición breve en este verano tan pendón que estoy teniendo. Ahora mismo estoy entre viajes dentro de las vacaciones, en Madrid, antes de salir para Extremadura. Y tras haber vuelto de la playa y de Zaragoza.

Mis relatos veraniegos se quedaron en la provincia de Tarragona. A continuación fui a Zaragoza capital, que no conocía. A todo esto hay que decir que una de mis grandes amigas de Hamburgo es de allí, y llevábamos años queriendo cuadrar un encuentro así. Por fin salió, y es genial cuando alguien te enseña su ciudad, te explica y te lleva a los sitios y no necesitas ni mapa. De Zaragoza me quedo sobre todo con la impresión de lo llena que está la ciudad de gente. No es que me piense que haya gente solo en otras ciudades más grandes, pero verdaderamente me sorprendió lo llenísimas que estaban las calles. Vimos además cantidad de bodas que demuestra que la gente se sigue casando, por mucho que digan, y las comitivas parecían todas iguales, de gente emperifolladísima, que parecían todos clones, los unos de los otros.

Que Zaragoza además del Pilar tiene un palacio árabe lo sabía. Pero lo que desconocía plenamente es que por allí pasaron también los romanos. No hay nada mejor que viajar para llenar lagunas. Además de un estupendo puente romano (córcholis, se me olvidó fotografiarlo), tienen parte de la muralla, y un teatro impresionante. Así que además del ambientazo, la ciudad tiene mucha historia, y muchas piedras, que me encantan, como saben. Y como antes de llegar a Zaragoza vi en la autovía un cartel hacia Belchite, me vinieron a la mente imágenes que todos hemos visto en televisión alguna vez: la del pueblo zaragozano destruido en la Guerra Civil y que quedó así, como monumento. Así que antes de regresar a Madrid, hubo que visitarlo, y es tan sorprendente como lo imaginé. Si alguna vez pasan por allí, no se lo pierdan.

Y como una, a pesar de tener 43 años, en ciertos momentos no tiene autoridad ninguna, concluyo aquí por hoy, pues mi madre me ha regañado diciendo que no son horas de estar escribiendo, que me acueste, patatín y patatán. Eso también son parte de las vacaciones: que las cosas no cambien en muchos casos, pues otros, aunque no queramos nosotros lo hacen. Hasta otro ratito.

miércoles, 13 de junio de 2012

Berlín, siempre

Habré ido no sé cuántas veces a Berlín, tantas, que me alegro hasta de haber perdido la cuenta. Y espero volver otras tantas. Se acercan las vacaciones de verano, y como siempre hay gente que me pregunta por sitios que les recomiendo en Berlín, voy a poner aquí mis imprescindibles de la capital alemana, incluso para que cualquiera que busque en Google cualquier cosa de Berlín, aterrice aquí y a lo mejor se anime a ir a alguno de los sitios que a mí me encantan. Ilusión me haría, aunque tampoco les descubra la piedra filosofal. Pero de Berlín me quedo también con mis favoritos, como en todas las ciudades que conozco bien, esos lugares secretos que descubrí por casualidad, o porque venía en alguna guía, o artículo que guardé, y los que me encanta volver. Espero que mis experiencias sean aprovechables. No llevo comisión de ningún lugar, lo aseguro. Son simplemente mis lugares.

En Berlín se puede vivir, y tener algo que ver y descubrir cada día. La ciudad es inagotable y fascinante. ¿Pero qué ha de ver el visitante que se queda un par de días? Yo lo hago aún más difícil y propongo una visita de un día, como las que he hecho en muchas ocasiones con familia o amigos de España. Pienso que Berlín, aunque parezca contradictorio por lo que he dicho antes, se puede ver en un día. Porque es una ciudad en la que es muy fácil encontrar lo que uno buscaba y porque con un par de cosas te vas contentísimo y con la idea de que has estado en Berlín. El resto serán las 20 visitas más que se pueden realizar a esta ciudad.

Berlín en un día. No es imposible. Yo comienzo siempre en el Reichstag. El Reichstag es un imprescindible, y caminar en la cúpula de cristal impresionante, con las vistas que ofrece de la ciudad. Es recomendable reservar en internet hora, y así no tener que esperar colas interminables. Yo me chupé una vez dos horas de cola para unos amigos (lo que no haga una cuando hay mucho cariño por medio...). De ir con niños, se puede ir directamente a la entrada de minusvalidos, y en ese caso no hay que esperar.

Después continuar caminando a la Puerta de Brandemburgo, el símbolo de Berlín, y tras las fotos pertinentes, caminar paralelo a la Puerta dejándola a la izquierda, y entonces se llega al Monumento al Holocausto. Se trata de un impresionante conjunto de bloques de cemento gris, de diferentes tamaños. Hay que meterse entre ellos, y caminar. La sensación de angustia, o de estar encerrado, se siente rápido. Debajo de las piedras, hay un centro de información sobre el Holocausto no apto para los corazones sensibles. Los alemanes son tan objetivos con su pasado que lo muestran tal cual, sin florituras. Es muy impresionante este centro. Después continuar por la misma calle de la que se vino, dirección Sony Center y la Potsdamer Platz. Esta última debió ser uno de los centros neurálgicos de la ciudad, y tuvo el primer semáforo de Europa. Quedó totalmente destruida tras la guerra, y ha sido reconstruida, en un conglomerado de calles con edificios color naranja de la misma estética. El Sony Center es un conjunto de edificios muy modernos y merece la pena atisbar un momento. No picar y tomarse algo ahí. Creo recordar que me tomé el café más caro de todo Berlín ahí. Mejor tomárselo en otro sitio, pues se paga el lugar. Caminar por las calles de la Potsdamer Platz. El cine que que hay en la plaza de Marlene Dietrich (me encanta el nombre de la plaza) es el lugar de la alfombra roja de la Berlinale, el Festival de Cine de Berlín.

A continuación ir hacia el Martin Gropius Bau. Me encanta ese edificio, en el que he visto dos exposiciones, y en el que siempre hay algo interesante. Esa calle, la Niederkirchner Straße, me parece una de las más interesantes de Berlín. En ella queda un trozo considerable de muro, y a la derecha se encuentra la Topografía del Terror. En este lugar estaba la central de la Gestapo, con una cárcel que queda visible, y el lugar tampoco ahorra con el terror, y se puede visitar. Pero en Berlín toca a veces que se te revuelva un poco o bastante el estómago con los horrores del nazismo.

Seguir caminando hasta el Checkpoint Charlie, y hacer la foto típica con el cartel "You are leaving the American Sector". Luego seguir hacia la Friedrichstraße. Imposible imaginarse hoy día que esa calle era una de las principales de Berlín Este y hoy día es el paraíso del consumo, con tiendas lujosísimas, restaurantes, concesionarios de coches de lujo. En la esquina con las Galerías Lafayette (entrar un minuto a éstas y ver la construcción de cristal de su interior en la que se ven todos los pisos de arriba a abajo), torcer en la Französische Straße. En el número 24 está la tienda de los chocolates Ritter Sport. Merece mucho la pena entrar, y es imposible no gastar.

Y siguiendo por la Französische Straße se llega a mi plaza favorita de Berlín: el Gendarmenmarkt, con el teatro en el medio y las iglesias de los hugonotes a los lados. Mapa en mano ir ahora en "diagonal", en dirección hacia Unter den Linden, pero hasta la altura del Berliner Dom, la catedral. No hace falta entrar, pues la entrada es cara (yo piqué una vez, y no más), pero seguir hacia la Isla de los Museos. Aquí hay dos imprescindibles: el Neues Museum, el Museo Nuevo, donde paradójicamente hay solo arte antiguo, y donde se encuentra ahora y ya definitivamente la Nefertiti (yo la he visto en otros dos museos anteriormente) y el Pergamon, que cuenta con el famoso altar y que quita el hipo al verlo, al igual que la Puerta de Ischtar y la del mercado de Mileto. Yo me quedé muda cuando vi estas puertas dentro del museo. Y del Altar no digamos. Lástima de los tropecientos mil turistas más, pero no queda otra. Por eso es recomendable para ambos museos comprar las entradas con hora en internet. También hay una entrada conjunta para los museos de Berlín, con la que de visitar varios, sale más barato.

A continuación seguir hacia la Oranienburger Straße, donde está la sinagoga. Torcer a la derecha por esa calle, hacia el Hackesche Höfe, un patio muy bonito de tiendas y talleres de artistas. En general toda esa zona de la Oranienburger Straße es estupenda para ir de compras o a comer o tomar algo.

Con todo esto da para un día sin parar, pero para los que se queden más tiempo, pueden pasear de arriba a abajo y de abajo a arriba por Unter den Linden. Es probablemente la calle más monumental de Berlín. Por supuesto que hay que ir entonces al Kurfürstendamm, o Ku'damm, la calle más emblemática del oeste de Berlín. Me gusta mucho el Savignyplatz, con muchos restaurantes, tiendas y cafés. Charlottenburg, el "palacete" amarillito y sus jardines es precioso. El Alex, la torre de la televisión del Alexanderplatz merece la pena, por las vistas. Recomiendo reservar entradas por anticipado, pues las colas son inmensas si no. El Nikolaiviertel es bonito también. Siempre que puedo me acerco en esa zona a ver las estatuas de Marx y Engels. Ahí siguen, en el Schlossplatz, enfrente del Ayuntamiento, manteniendo el tipo, tras todo lo que ha llovido después.

Para comer me encantan estos sitios:
- Curry 36. Mehringdamm 36, en el barrio de Kreuzberg. La cola impresionante para comerse una salchicha al curry se olvida después. La mejor que me he comido en Berlín hasta ahora.
- Zur Nolle. Estilo años 20. Georgenstrasse, en los arcos del metro cerca de la Friedrichstraße, concretamente el arco número 203. Pero se encuentra bien, al estar casi al lado de la Friedrichstraße. Tienen comida muy alemana, con decoración curiosa. Muy buenos Schnitzel (los filetes empanados), y cerveza.
- Mittendrin. Sophientrasse 19, cerca del Hackescher Markt. Algo escondido, pero muy tranquilo y no turístico. Tienen buenísimos Flammkuchen, que es la versión alemana, o alsaciana, de las pizzas: una masa muy finita, y luego cubiertos de diferentes ingredientes. Muchos vinitos también.

En general, lo de siempre en cualquier parte: evitar los sitios demasiados turísticos. En general en Alemania se come bien y a buen precio. Es muy fácil encontrar muchos sitios que no son caros. El Mittagstisch, el plato del día, suele estar bien. No hay menús, como en España, pero muchos restaurantes ofrecen un plato completo a buen precio.

Tras todo esto, solo me cabe decir que me muero de ganas por volver a Berlín. Aquí quedan también otros posts que escribí en otro blog que tuve. Porque Berlín es Berlín, y habrá más posts, eso seguro.

http://encuerdafloja.blogspot.de/2010/03/berlin-siempre-distinto.html
http://encuerdafloja.blogspot.de/2009/09/ciudades.html
http://encuerdafloja.blogspot.de/2010/06/nada-nuevo-en-el-arte.html
http://encuerdafloja.blogspot.de/2009/08/imitadores.html
http://encuerdafloja.blogspot.de/2010/03/fotos-de-berlin.html

lunes, 28 de mayo de 2012

Berlín habla historia

A los que nos hace falta poco para hacer maletas e irnos, tentadora es la invitación de una amiga para visitarla en Berlín en un largo fin de semana con lunes de Pentecostés incluido. A mis alumnos de los lunes les di más tareas de lo normal diciéndoles que, como según la biblia ese día el Espíritu Santo les soltó la lengua a los apóstoles, que empezaron a hablar muchas ídem diversas, que aprovechen la inspiración divina, en la que yo no creo a la hora de aprender idiomas, sino en el tesón. Pero nunca se sabe, y yo, tras darles los deberes extra, he aprovechado y me he largado, sin ningún remordimiento.

Lo que me gusta Berlín. Otra de mis ciudades y no sé ya cuántas tengo. Es infinita, y no se agota nunca para los turistas. Esta vez, por el verano que tenemos, tocaba hacer algo más veraniego, como bañarse, pero también repetir con lugares que visité hace 20 años lo menos.

El Estadio Olímpico es uno de las pocas construcciones que quedan de los nazis, fue la sede de las Olimpiadas de 1936. Triste ver las imágenes de un nazismo establecido y reconocido por las naciones que mandaron a sus deportistas. Admiración por ese atleta estadounidense de color, Jesse Owens,  que ganó 4 medallas de oro que ridiculizaron las teorías raciales de Hitler de que la raza aria era superior a todas. El estadio, hoy día el del equipo de fútbol berlinés Hertha BSC, clama todavía esas victorias al evocar todo lo que vino después.

De espanto me pareció saber que uno de los alemanes que ganaron medallas en esa olimpiada, terminó en un campo de concentración, por ser judío, pero en uno "bueno", Theresienstadt, en el que metían a los judíos de categoría, por llamarlo de alguna manera, y que los nazis utilizaron como propaganda como ciudad modelo que les "regalaban" a los judíos. Hace muchos años tuve ocasión de visitar ese campo de concentración, situado en la República Checa, y el cinismo me pareció espeluznante, como ayer con el atleta que ganó medallas, al igual que entonces se me quedaron grabados los dibujos que hicieron los niños judíos encerrados en él. 

El lago Wannsee es la "bañera" de Berlín. Es un lago inmenso y una zona preciosa de recreo, en la que viven los berlineses adinerados, en mansiones preciosas, con sus garajes de barquitos incluidos. En uno de los lados tienen una playita de 1,2 km de largo, con capacidad para 12.000 bañistas. Aseguro que ayer estuvieron todos ellos, y más, pues hasta yo fui. Triste es que en una de las casas de la orilla de enfrente, tuvo lugar el 20 de enero de 1942 la llamada Conferencia de Wannsee, en la que destacados miembros de la Alemania nazi decidieron el exterminio de los judios. Se me pusieron los pelos de punta solo con pasar por delante de la mansión. Al lado quedó el museo de Max Liebermann, del que escribiré en los próximos días, pues el pintor alemán, judío, merece la entrada de post, que llevo tiempo queriendo escribir.

Berlín y Potsdam, Potsdam y Berlín. Ambas ciudades están asociadas en la historia de Berlín. El Palacio de Sanssouci, de Federico II el Grande, sigue rememorando tiempos en el que un rey cultivado quiso hacer de la corte un lugar de encuentro. Para eso se montó este palacete, con sus enormes jardines. La última vez que vi este lugar, tras la caída del muro, estaba abandonadísimo y no tenía nada que ver con lo que es hoy día: un lugar turístico como los muchos palacios reales que hay por Europa. Este año se celebra el tricentenario del nacimiento de este rey. Otro personaje como mínimo de blog...
Y cómo no, un puente, uno, no sé si llamarlo de lujo, pero por lo menos muy importante en la zona. Se trata nada menos que del Glienicker Brücke, que era frontera entre las dos Alemanias. En 1949 justo en la mitad, marcaron con una linea blanca la frontera; en 1952 cerraron el paso a los vehículos privados, y los peatones solo podían pasar con permiso especial. Pero por lo que es especialmente conocido el puente es por el intercambio de espías que tuvo lugar en varias ocasiones entre 1962 y 1986, material, no solo de blog, sino de películas o novelas de espías. El sábado crucé todo el puente andando, mirando a todos los ociosos que navegaban por debajo, y yo misma lo pasé ayer en un barco, consciente de que no es un puente cualquiera, aunque lo parezca a primera vista. 

Berlín es historia, y hoy por suerte, corren otros tiempos muy diferentes y la ciudad es de lo más interesante que tiene Europa. No solo hablan los puentes, sino todo rezuma historias que no debemos olvidar.  


lunes, 14 de mayo de 2012

Puentes estrella

"Mamá, qué significa a tomar por saco?", me preguntó mi hija tras decirlo yo ayer del aeropuerto de Luton. Londres no está a tomar por saco de Hamburgo, pero sí los aeropuertos de esa ciudad de Londres. El viernes y ayer supe que lo de "Londres" en el aeropuerto de London Luton es mera anécdota, por ponerle un nombre, pues de Londres tiene poco. Pero es que si vas a Londres desde muchas ciudades europeas, probablemente tardes menos en ir desde tu ciudad a la capital británica, que de ir de los aeropuertos a la ciudad. Conozco Heathrow, Stansted y ahora Luton, y aunque los dos primeros ya me parecieron lejanos, este último se lleva la palma de incómodo. Pero en Londres es todo a lo grande, hasta el campo entre la ciudad y el aeropuerto de lo que consideran Londres las líneas de bajo coste, aunque te lo cobren a precio de vuelo normal.

Pero será que todo es gigante en Londres: la tienda de m&m's tiene 4 plantas, una de souvenirs tres, una juguetería cinco, las filas de autobuses rojos son infinitas, las masas de turistas también, y hasta los puentes parecen ser más que en otros lugares. Aquí tienen su estrellato máximo pues son muy conocidos, como el Westminster Bridge, el que acompaña al Big Ben y le adorna, por si lo necesitasen él y el Parlamento inglés, con lo impresionantes que son. Pero este puente se llamará a partir de ahora para mí el "Puente de las Bragas". Me explico: íbamos tres chicas paseando por él, cuando de repente vimos un autobús de descamisados (yo los denominé macizos, pues es lo que eran), y en un principio pensamos que eran de un equipo de rugby (guay guay), a la vez que a mí me trajo reminiscencias de Abercrombie y marcas así. Pero cuando vimos que estaban tirando bragas al asfalto del puente, pusimos nuestras vidas en peligro por coger unas cuantas. Estabamos en la acera incorrecta, la del Big Ben, y como el tráfico va al revés en Inglaterra, iban en el otro carril (mecachis). Un grupo grande de hombres hicieron el agosto cogiendo bragas (egoístas, sus mujeres/novias/hermanas se van a poner las botas), y nosotras tres nos quedamos algo chafadas de que cogiésemos "solo" cinco, habiendo podido renovar todas nuestras bragas para todo un año lo menos. Luego descubrimos que la acción era una campaña publicitaria de una tienda que acababan de abrir en la Regent Street. No volvimos a ver al autobús de los macizos "tira-bragas"... lástima. Y jamás volveré a pisar ese puente o ver el Big Ben sin pensar en esos chavalotes tan "majos" y las bragas que tiraban.

Pero si hay un puente estrella en Londres, es el Tower Bridge, y bajo puente estrella me refiero a uno que cualquiera reconozca aún sin haber estado en esa ciudad. En esta categoría entraría también, por ejemplo, el Brooklyn Bridge de Nueva York. Son puentes que son monumentos de la ciudad y del mundo. Como lo es Londres entero. Menuda ciudad, a la que me iba a vivir ahora mismo, muy a mi medida. Aquí quedan los puentes como constancia de ello.
Westminster Bridge, por encima
visto desde el lateral
observar el puente al fondo lleno de autobuses rojos

otra vez el Westminster Bridge

Tower Bridge

viernes, 16 de marzo de 2012

El paraíso

El otro día pasé por el paraíso y casi no me di cuenta. Vi la señal, miré a mi alrededor, y de repente vi el cartel con la raya atravesada. Así de breve es el paraíso. Era un pueblo en Suiza, en la orilla sur del Lago Constanza, con ese nombre. No era nada especial, bastante soso, cuatro casas, pero mira que llamarse así...

Ayer volví al paraíso, esta vez extensamente hablando: Suiza. Qué país más peculiar. Ahí están en medio de Europa, con sus quesos, sus montañas, su estética Heidi, sus navajas típicas, sus relojes cucú, sus chocolates y sus bancos para los criminales del mundo. Pero bonito es un rato. Mires donde mires dirás todo el rato: "ooooh". Las casitas en la montaña parecen salpicar el paisaje, como la casa del abuelo de Heidi. Y los Alpes siempre al fondo, con tanta nieve que relucían al sol primaveral. A mí me haría muy poca gracia, por no decir ninguna, vivir en alguno de esos pueblos, aparte de la incomunicación con el mundo, más aún por la NIEVE, con mayúsculas. Pavor me daban unos postes que hay por todas partes al borde de la carretera, delimitando su curso, y encima de ellos unos palos rojos de unos 2 metros de altura. Me imaginé la situación: una nevadita de nada, y tú conduciendo, la carretera desaparece y esos palos, que saldrán "algo" de la nieve, te guían. Buena ocurrencia, pero no quiero estar nunca ahí en esas circunstancias. Pero ayer el paraíso, a 18 grados y sol primaveral estaba impresionante.

Pero como soy urbanita, y no campestre, me impresionó más Zúrich. Llegamos a la hora del atasco y de la salida de todos los encorbatados de las oficinas. Es una ciudad de negocios, y se nota. Alguien tiene que ocuparse de todo ese dinero de los evasores de impuestos. Los precios son también para ídem, para un simple café. La breve visita dio para comprar unos chocolates (a precio de oro, claro, pero qué ricos están), para pasear por calles con tiendas en las que siempre me acuerdo de una expresión francesa que me encanta: faire du lèche-vitrines, 'chupar escaparates', cuando no te puedes permitir nada. Pero volveré a Zúrich, pues las dos horas me supieron a poco. Me despedí, hasta otra, con la imagen de este precioso puente para mi colección.

domingo, 5 de febrero de 2012

Lo hicieron de nuevo

Más de 400 meditadores "profesionales" han vuelto de nuevo ayer a mi barrio, centro universal de la meditación y limpieza interna. Mi amiga de Berlín entre ellos, y por eso estoy al tanto de la que se ha montado otra vez. El año pasado ya vino, y ya comenté aquí el evento, y me encanta que vuelvan a meditar todos juntitos otra vez, pues así he visto de nuevo a mi amiga, y vuelvo a relatar de sus/mis progresos en este año como meditadoras profesionales y no profesionales.

Primero vamos a ver si lo he entendido bien: lo que hicieron no es meditar como yo lo entiendo, reconcomiéndose la cabeza y sopesando todas las posibilidades y asimilando la situación dada. El Diccionario de la Real Academia Española define meditar como "aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo." Pero según me ha explicado mi amiga, meditar en el sentido del yoga es sacarte todo lo que llevas en tu mente y tu cuerpo y que no necesitas, para de esa manera, con la mente limpia, encontrarte mejor y seguir avanzando, quizá. Y eso es lo que hicieron ayer: ejercicios de meditación de ocho de la mañana a seis de la tarde, todos vestidos de blanco, cantando mantras para coordinar la energía con los ejercicios de concentración, mirándose a veces hasta una hora seguida a los ojos de un desconocido, y cosas así. La idea es que en los próximos días, hasta dos semanas dura el proceso, me explica, te das cuenta de lo que has logrado. Afloran cosas que tenías tapadas en tu interior, y cuando las has sacado, es cuando te das cuenta de lo conseguido, y justo en esas dos semanas, es el momento de aprovechar esa fuerza y realizar algo "grande" en tu vida, pues estás limpio y con la energía de hacerlo. Me encanta escucharle contándome todas estas cosas, pues es una mujer fascinante, que tuvo un cáncer de pecho siendo bastante joven, y que sabe lo que es reinventarse de nuevo una y otra vez. Dice que de estos encuentros hay 32 en todo el mundo cada año y que en Alemania solo hay dos, uno en Frankfurt en otoño y otro el primer fin de semana de febrero en mi barrio, nada más y nada menos.

Yo, que medito de manera no profesional y sin couching, me creo todo lo que me dice y más. Ella en este año, entre meditaciones, se ha hecho vegetariana, pues se lo ha pedido el cuerpo. Sus hijos, adolescentes, pensaron que se les venía el mundo abajo el día que su madre les anunció que sería vegetariana desde ya, pero como les sigue haciendo sus filetes, la vida sigue con normalidad. Y yo me río de que precisamente mi barrio tan a las afueras de Hamburgo sea un centro de meditación reconocido mundialmente, pues viene gente de todos los confines de la tierra para este fin de semana, y yo le digo a mi amiga que no es casualidad, que yo ya sabía que aquí se medita muy bien, pues yo llevo cuatro años y medio haciéndolo, pero en mi sentido de la palabra, aunque al otro, también he llegado yo solita, por mi cuenta, y gratis, sin pagar los 120 € que ella pagó ayer. Ella se reía cuando se lo dije, pues además, mientras ella meditaba por ese precio, esos mismos euros yo me los gasté de compras con mi hija ayer, pues cada uno medita como le pide el cuerpo, y por la noche intercambiamos experiencias, ella las suyas, y yo las mías, y tan contentas ambas.

Hoy, tras el desayuno, hemos vuelto a meditar, de lo que supuso para nuestras vidas los años que vivimos en Bélgica y es divertido intercambiar impresiones. El viernes cuando llegó, nos fuimos a cenar por ahí, y me pidió que la llevase a las mismas tiendas del año pasado (qué fama tan "meditadora" tengo), y luego me dijo que le gusta más Hamburgo que Berlín, toma ya, yo que siempre he pensado que Berlín es más "mundial" que Hamburgo. Pilla muy lejos de todo, me dice, como una isla lejana del resto de Europa. Curiosa apreciación, pero entiendo lo que me dice. Hamburgo no es tan céntrico como Bruselas, pero no está tan lejos como lo que hay hacia el este o al norte de Hamburgo. Si al final es cuestión de cómo se medite, una vez te hayas sacado todo lo feo de dentro, y yo he avanzado mucho en ello, aunque falte un trecho.

Desde luego que siempre que me sea posible me reservaré este fin de semana libre para que mi amiga medite en mi barrio, y nos pongamos al día de nuestro estado meditativo. Esta vez además no pasará un año hasta que nos volvamos a ver, pues yo me iré a Berlín a "meditar", a su casa. Porque las amistades hay que cuidarlas, meditando juntos/-as de vez en cuando.

lunes, 30 de enero de 2012

Resaca escocesa

Estoy con resaca, y no me he tomado ni un solo whisky escocés. Pero me siento embriagada de sensaciones, en el buen sentido de la palabra, y por eso hoy voy algo lenta, dejando que reposen las muchas impresiones que me he llevado de mi visita a Edimburgo, y mi primera vez en Escocia. Pertenece al Reino Unido, pero la impresión es que el país está más desunido de lo que parece, y son británicos pero no ingleses y ante todo escoceses. A mí ya me la dieron cuando cambié dinero, o mejor dicho, yo misma, con mi ignorancia no acerté: en el aeropuerto de Hamburgo, antes de salir, pedí libras, y no fue hasta mi llegada cuando mi amiga acompañante de viaje me dijo que en Escocia tienen libras escocesas, y no las esterlinas. Mi susto no fue para tanto luego, cuando comprobé que las aceptan sin ningún problema y no les hacen asco a ningún billete con la reina de Inglaterra en ellos. Y ahora he leído que simplemente los imprimen los bancos de Escocia. Será una manera de contentarles algo.

Pero precisamente ésa es la cuestión: el qué sabemos de Escocia. Por supuesto que se vienen a la mente los clichés, como con cada país o región que exporta su imagen: los dibujos a cuadros de las faldas escocesas, las gaitas, el whisky, las galletas shortbread, lo celta, y quizá las luchas inmortalizadas por la película Braveheart, la reina Mary, María Estuardo, coronada cuando era bebé, y decapitada con 45 años por traición a la corona, y el monstruo del lago Ness. De Edimburgo hemos oído hablar de su festival de verano, donde hay actuaciones por todas partes y la ciudad se transforma en un escenario. Por lo visto en esas fechas dobla su población, con los turistas.

Y por eso he vuelto cargada de sensaciones múltiples, pues es mucho más. Edimburgo es una ciudad literaria, la primera con el título de la Unesco, de cuya existencia yo no sabía. Es la ciudad de Robert Louis Stevenson, el de Dr. Jeckyll y Mr Hyde o La isla del Tesoro, entre muchas otras obras, y es la ciudad de J.K. Rowling, que escribió Harry Potter en varios de sus cafés. Harry Potter parece estar en algunas de las casonas que parecen castillos, pero más piensa uno en los mundos sórdidos de Dr. Jeckyll o en los de Dickens. La ciudad parece un escenario de esas obras, con callejones entre las casas. De hecho hay visitas guiadas por esos mundos subterráneos o escondidos, de los que preferimos mantenernos alejadas. Debieron ser bastante brutos los escoceses: entre los lugares para ahorcamiento, pubs llamados "La última gota", y todo lo militaria, cuya parafernalia ahora venden como algo turístico, pues los cañones del castillo arriba siguen apuntando en todas direcciones, y si los acompañaban del sonido de gaitas en sus ataques el ruido "escocés" debía ser ensordecedor. Como turista llega un momento en el que tienes el sonido de las gaitas en mente todo el rato, y no sabes si es porque las tiendas de souvenirs la tienen como música de fondo o porque la ciudad suena así. De vez en cuando ves a algún hombre con la falda escocesa, y yo siempre pensaba en si se les volase, pues por lo visto no llevan nada debajo... pero hasta la falda mantiene su forma. La gente es muy amable, y a los españoles nos miran con buenos ojos. Parecen cercanos, y la imagen más graciosa fue la de un pub con música en vivo, donde había unos cuantos abueletes cantando mientras bebían. Los pubs parecen ese lugar de encuentro desde que nacen hasta que se van de este mundo con pleno orgullo de ser escoceses.

No sé si es casualidad que justo la semana pasada el gobierno escocés anunciase un referéndum para el 2014, con el que quieren lograr su independencia y desunir el reino. El gobierno de Londres ya les ha dicho que no se emocionen, y que salga lo que salga, no será vinculante el resultado. Pero ahí están, con su oveja Dolly y otros personajes que forman parte de la National Portrait Gallery, un museo de pintura y fotografía dedicado a todos los escoceses ilustres, desde tiempos memorables hasta a los actuales, como Sean Connery o Susan Boyle, que ganó la Operación Triunfo británica cantando como los ángeles, y demostrando que la apariencia no es lo que importa. La colección de escoceses sorprende en ese museo tan bonito y curioso, porque demuestra que muchos de los personajes que conocemos como ingleses, no se sienten como tales. Desde luego que pudieron clonar a una oveja, pero a sí mismos no se pueden clonar pues son únicos. Estoy segura de que volveré, pues Edimburgo es tan solo la capital, y queda mucho por descubrir de un país que no lo es. Es una ciudad sorprendentemente barata en comparación con Londres y otros lugares de Inglaterra, se come mejor que la fama que tiene la comida inglesa, los capuccinos son los más grandes que me he tomado hasta ahora, y los gin tonics a tres libras no están nada mal. Me ha sorprendido no haber hecho tantas fotos como en otros viajes, pero no es una ciudad llena de monumentos, sino que la ciudad es un monumento en sí, pero sin ser un escenario, como algunas otras demasiado turísticas. Por eso vengo cargada de impresiones que no sé si serán palpables en estas líneas, pero por si acaso, publicaré también algunas fotos, porque hoy he visto que plasman mejor de lo que me creía lo mucho que trasmite la ciudad.

viernes, 7 de octubre de 2011

Amsterdam, la de siempre y la nueva

Lo bueno de volver siempre a las ciudades que conoces bien, es que sabes lo que te espera, y sin embargo siempre descubrirás algo nuevo. He ido muchas veces a Amsterdam, pero ésta la primera con niños, y es el momento de verla con otros ojos: nada de museos clásicos, Rijksmuseum o el de van Gogh, sino los estereotipos de la ciudad y más.

Comenzamos con Nemo, un museo de la ciencia interactivo, de esos en los que los niños experimentan con lo expuesto. Pero inequívocamente estamos en Holanda: tras pasar por actividades sobre la luz, la energía o las fuerzas magnéticas, de un apartado sobre las hormonas y el despertar a la vida de adultos se pasa a otro sobre el sexo que no deja preguntas sin respuesta. Expuestos están desde una colección de condones a otra de muñecos de madera mostrando posturas del Kama Sutra, e incluso unas cabinas como las de los sex shops... (recordemos que se trata de un museo infantil y juvenil); sin duda estamos en Holanda, donde no hay tabús de nada, y si bien no me considero puritana a la hora de educar a mis hijas, sí que me parece excesivo.

He encontrado el centro de Amsterdam muy deteriorado, sucio y con tales masas de turistas, que todo va de lo mismo: tiendas de souvernirs, de quesos, bulbos de flores. El Leidseplein, esa plaza que de antaño me parecía como cualquiera en Holanda, parece cutre como mucho del centro. Hay que realizar la visita típica en barco por los canales, los Grachten, para volver a ver la ciudad con todo su esplendor, con las casas típicas alineadas a lo largo de los canales.

Hacía muchos años que no volvía a la casa de Ana Frank, la casa "de detrás", como se llama el famoso diario en realidad. La casa escondite estaba oculta detrás de una estantería de libros y el museo explica como vivieron escondidas dos familias hasta que les delataron. Ana Frank soñaba en su encierro con convertirse en una escritora famosa, y viendo los millones de visitantes de la casa, y que con Harry Potter y el catálogo de Ikea su diario es uno de los libros más traducidos, lo consiguió con creces.

El bocado de nata para el final: el Hermitage de Amsterdam, que es la única sala del museo de San Petersburgo en el exterior. Desconocía su existencia, y lleva en la capital holandesa desde 2009. Organizan dos exposiciones anuales con cuadros que presta el Hermitage,  y el edificio, a orillas del río de Amsterdam que da nombre a la ciudad, el Amstel, no podía ser más exquisito.

Lo único para olvidar estos días en Holanda son los precios, de escándalo a la hora de ver cualquier cosa. Pasear sigue siendo gratis, pero con los holandeses nunca se sabe, o si no al tiempo.

jueves, 6 de octubre de 2011

Países Bajos, pero altivos

Holanda es ese pequeño país en el centro de Europa, que salvo para unas vacaciones llenas de clichés holandeses (queso, tulipanes, zuecos y cómo no, sexo y coffee shops) parece no existir económicamente hablando, pues no llaman la atención, al menos negativamente. Y cada vez que vengo veo un país rico, con autopistas en perfecto estado (mejor que las alemanas, el gran secreto vial europeo), con un urbanismo muy cuidado, a pesar de la densidad de población, y un gusto exquisito a la hora de poblar lo inhabitable. Holanda tiene en la actualidad un 4% de paro, y se les podría imitar en su modelo de flexibilidad laboral, que no tiene nada que ver con la española, y que ofrece jornadas reducidas y flexibles en todas sus modalidades, a las que se acogen todos, hombres incluidos.

Son un pueblo feliz y orgulloso de ser holandés, y se mueven en su país tan pequeño de un lado a otro a diario, si hace falta. Es normal vivir en el sur del país y desplazarse al norte a trabajar, y la sensación es de que el país está siempre en movimiento, atascos a todas horas y en todas partes incluidos.

Plano como un crepe holandés, el paisaje te permite ver cualquier movimiento, vaca o molino a lo lejos. Es prácticamente imposible no ver agua en todo momento, de los diques, sistemas de drenaje, ríos, lagos, canales, el mar. Se dice que Dios creó el mundo, y los holandeses Holanda. Teniendo en cuenta que la mayor parte de su territorio se encuentra bajo el nivel del mar, no es ninguna broma. Desde siglos llevan batallándole al mar su territorio. Algunas inundaciones catastróficas les hicieron construir obras de ingeniería hidráulicas, los Delta Werken, que evitan que toda una región quede inundada, y con las que ha entrado en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

Tienen fama de tacaños, y como ocurre con todos los estereotipos, con bastante razón. Lo que son es unos verdaderos comerciantes, capaces de venderte lo que sea y sacar dinero por todo. Hay parquímetros en cualquier pueblo, y no en sitios turísticos, y no hay nada gratis, ni ir al baño. Te sablean por todas partes, pero con orgullo. Van de país simpático, y lo son, pero su mente abierta se basa muchas veces en su forma práctica de hacer las cosas con los menos gastos posibles. La sanidad es básica porque su mentalidad les hace no tomarse en serio a veces enfermedades o dolencias.

Como en todos los sitios, lo mejor es salirse de los lugares más turísticos y buscar la esencia. En Holanda es muy fácil, pues todo el país es bastante igual, y no presenta las diferencias que otras naciones tienen a lo largo de su geografía. Porque éstos sí que son todos holandeses.

domingo, 24 de julio de 2011

Madrid en verano

En Madrid se pueden hacer muchas cosas todo el año, eso es evidente, pero a los que piensen que Madrid es un lugar insoportable en estío les digo que no, que es una buenísima ocasión para visitar la ciudad. No es como antes, cuando en agosto se quedaba vacía la ciudad con un cartel invisible de "cerrado por vacaciones". Desde que la gente es más flexible y no necesita irse siempre en agosto de vacaciones, o el dinero no da para irse un mes fuera, me da la sensación de que nada se paraliza, y menos la vida cultural. Otras ciudades europeas se convierten un hervidero de turistas: Paris, Praga, Florencia, Barcelona también. En Madrid hay turistas pero nunca tienes la impresión de que la tomen, y el metro no va lleno de masas con guías en la mano. Y sin embargo tenemos también nuestro Prado, Thyssen y Reina Sofía, nuestra Plaza Mayor y nuestro Palacio Real. Ir al Retiro, y verlo tan lleno de madrileños me da mucho gusto. Ir al Thyssen y ver la exposición llena de "turismo" nacional también. Y Madrid recibe bien a los visitantes y no los agobia. De eso se encargan los rateros: hoy he leído que muchos extranjeros inician su visita a Madrid con una visita a la comisaría de centro, a la que acuden muchos a los que roban el dinero y los papeles nada más llegar. Hablaba el artículo de que la labor que tienen que realizar es la de animar a la gente a que disfruten de sus vacaciones a pesar de todo... Triste empezar una visita así a una ciudad que ofrece tanto, y que recibe a los turistas de una manera tan natural como Madrid, y sin hacer un alarde especial de ello como hacen otras ciudades, pienso.

El verano es un buen momento incluso para los del lugar para descubrir su ciudad, e ir a esos sitios a los que querían ir siempre. Qué tal por la modernidad llamada Fuencarral y que a mí tanto me gusta, esa calle ahora (o ya un tiempo) peatonal, y que es un buen lugar para darle un buen repaso a la tarjeta de crédito, y volverse modernísimo. Al que no conozca la calle Augusto Figueroa con sus muestrarios de calzados que a mí me dieron a conocer unas americanas hace 20 años porque venía en su guía, y de la que soy asidua cada visita a Madrid, les recomiendo ahora que añadan un punto nuevo a la visita: el Mercado de San Antón, reconvertido a la modernidad. Lo mismo hizo el de San Miguel hace un par de años, pero a mí me parece que con todo lo bonito que quedó, se ha quedado en un "guirilandia", un sitio bonito que viene en la guía y donde tomarse algo a precios muy europeos, o incluso más que eso. El Mercado de San Antón no es para hacer la compra semanal para una familia, eso tampoco, pero sí para darse un caprichito, ir y disfrutar, comprarse algo, tomar algo, y llevarse algo especial para casa. Arriba en el tejado tienen una buena terraza donde pedirse algo viendo los tejados de Chueca, el barrio gai de Madrid, y que a mí me encanta, por la mezcla de todo que tiene. 

Imposible no tomarse algo en la infinidad de terrazas que tiene la ciudad en verano, por todas partes, y muchas en lugares que animan a pararse. A mí me encanta hacerlo hasta sola, pedirme algo y ver a la gente pasar. Para ello Madrid tiene lugares estupendos: Recoletos, la zona de Bailén y la Latina.

Y como colofón final nuestro arte. El otro día vi la exposición de Antonio López en el Thyssen, y me quedé maravillada. Acudan todos en masa, no se lo pierdan, y no se molesten por las multitudes que acuden a la que será sin duda la exposición del verano. En realidad yo le iba a decicar el post de hoy a la exposición, pero como he decidido volver a verla antes de regresar a Alemania, lo haré en ese momento. No es desdeñable el hecho de que se le haga una retrospectiva de tal calibre a un pintor vivo. Se suele decir que España no honra debidamente a sus genios. Sepamos apreciar cuando se hacen, y disfruten como yo lo hice de esos cuadros de Madrid que demuestran que nuestra ciudad es fea, para qué vamos a decir otra cosa. Nuestros barrios tienen el "encanto" que sale en los cuadros de Antonio López, al igual que muchos otros objetos que pinta en su cutrez. Pero eso será otro post. Ahora pienso en el cuadro de la Gran Vía suyo tan conocido. Y me acuerdo mientras estoy ya en tierras valencianas, viendo palmeras y naranjos, tras haber dejado atrás otra vez por unos días esa jungla de asfalto tan encantadora llamada Madrid.

martes, 19 de julio de 2011

No se olviden de Portugal

Vuelvo a España, tras cuatro días en tierras vecinas. Hacía demasiados años que no volvía por Portugal, y sinceramente, los españoles deberíamos ir más a tierras lusas, por cercanas, por amables y por parecidas, siendo diferentes. Es uno de esos sitios a los que hay que ir adrede, no se pasa por allí de camino a ningún sitio sino que hay que ir por ir. Y Lisboa tiene demasiado encanto como para ignorarla como destino para una escapada. Me encantan las ciudades de aspecto descuidado, a las que les falta una capa de pintura, un arreglito aquí y allá, pero que a pesar de todo conservan un estilo igualado y propio, y miras y dices, “anda, esto es Lisboa”. ¿Que qué define a Lisboa?: las colinas, los tranvías, las vistas al Tajo desde cualquier punto alto de la ciudad y con diferente perspectiva, el Puente del 25 de Abril, las omnipresentes pastelarias, con toneladas de bollitos, los cafés tan ricos que se toman en tacitas minúsculas, y el viento. Me decían que no siempre hace tanto viento, pero yo no me lo creo, a juzgar por el que ha soplado los cuatro días. En la playa la arena fina se te metía por todas partes, y el clima, a pesar del solazo, engaña a ratos, y por las mañanas y por la noche hace falta una chaqueta en pleno verano.
Hay mucho turista ingles, mucho español, por supuesto, y poco nórdico, aunque los hay. Cuesta acostumbrarse a una lengua tan parecida y tan diferente del castellano. Ellos nos entienden mucho más a los españoles, estoy convencida, pues estarán acostumbrados a oír a los turistas, pero a mí me costaba entender una lengua románica con tanto sonido nasal, y con eses fricativas. Entender fado sin saber portugués me parece imposible, salvo las palabras que cogí anoche en el espectáculo de fado que vi: saudade, amor, maldito, y poco más. Mucho desamor, me pareció oír. Y solo me parecieron alegres cuando le cantaban a su ciudad, Lisboa.
Se come, además de tanto pastelito con café, muy muy bien, tanto platos de pescado como de carne, y se toman sus vinhitos verdes a cualquier hora. El bacalhau da mucho juego en diferentes platos, y cocinan mucho a la brasa.
Se nota la crisis. Sin duda. Demasiada gente pidiendo, demasiados hombres haciendo de guardacoches o indicadores de dónde aparcar, y probablemente para muchos sea difícil seguirle el ritmo a una ciudad que tiene también sus boutiques caras y su pijerío.
De mi anterior visita, salvo una plaza y el elevador de Santa Justa, y lo más “gordo”, como la Torre de Belém y los Jerónimos, no recordaba prácticamente nada,. A veces conviene refrescar la memoria y volver a sitios muchos años después, porque la mirada cambia. Digamos que hace 17 años que debió ser cuando estuve por allí la última vez no me fijé en los puentes, y ahora tienen además del Puente del 25 de Abril el de Vasco da Gama, uno impresionante y que parece interminable, pues cruza el Tajo en una zona en la que parece un mar. De que me gustan los puentes queda fe en este blog. Que me gusta el arte también, pues hoy era parada obligada el Museo Calouste Gulbenkian. Yo no había oído hablar jamás ni de este museo ni de este mecenas de origen armenio, nacido en Estambul en 1869, y que debió querer mucho a Lisboa como para legarle esa colección de arte de todas las épocas tan impresionante que luce en ese museo tan desconocido para el mundo: a un par de Rembrandts, Rodins y Turners, se le unen objetos de arte de todo tipo. Merece la pena visitar este museo que me ha parecido un secreto demasiado escondido, como Lisboa y sus alrededores lo son para la mayoría de los europeos.

viernes, 29 de abril de 2011

Imágenes de Salzburgo

Si Salzburgo es tan precioso, cómo será Viena, he pensado todo el día. No conozco ésta última, pero he tratado de imaginarme cómo será la hermana mayor de Salzburgo, esta tan coqueta ciudad que se recorre muy bien a pie, y con la sensación de que Mozart o los suyos estuvieron por todas partes o por las mismas por las que montones de turistas se mueven en busca de esa imagen típica de lo que esperaban encontrar, en esta ciudad tan alpina y monumental a la vez. Parece que hay música y arte en el aire.

La casa donde nació Mozart.

El palacio de Mirabell con los jardines del mismo nombre.

La casa donde vivió posteriormente Mozart.
El susodicho en la plaza del mismo nombre.

Jardines de Mirabelle con la fortaleza en lo alto.

En los jardines de Mirabell.
Los carteles de las tiendas son todos así de bonitos.

La catedral

Vista desde la fortaleza

Marionetas expuestas en el museo de la fortaleza.

En los mercados no faltan los productos típicos.

Todo Mozart: aquí la tumba de su viuda y de su padre.