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viernes, 22 de marzo de 2013

Los jueves

[Anoche, por caprichos de la Telekom, que me dejó sin internet, no pude publicar esto, y por eso lo hago ahora, viernes.]

Mi hija pequeña, con una de sus filosofías de las siete y cuarto de la mañana que me dejan siempre patidifusa, me ha dicho que considera los jueves completamente superfluos, que el jueves es un día tonto entre el miércoles y el viernes. Estas cosas tan ocurrentes tengo que anotarlas, me digo siempre, y por eso lo cuento en este medio, para que no se me olviden.

El caso es que cuando la recogí a la una del colegio, salió desbordante y toda emocionada por lo que habían hecho. Habían jugado al baloncesto en sillas de ruedas. A mí me sorprenden las cosas que hacen aquí en el colegio. Ha ido al cole un parapléjico que está en silla de ruedas tras haber sido empujado por el amigo de un amigo desde un balcón. Estuvo en coma varias semanas. Era un futbolista con futuro por delante, truncado por el accidente. Ahora juega al baloncesto en silla de ruedas y va por los colegios. No conseguí sacarle a mi hija cuál era el mensaje de la visita: si un "no tengas malas amistades", o "de todo se sale", o qué se yo. Ella le preguntó si se acordaba de cómo era su vida cuando andaba, a lo que él respondió que no piensa en ello pues se conforma con haber vuelto a la vida tras el accidente. Tiene 40 años y desde luego que ha calado mucho en el colegio, o al menos en mi hija.

Como no paraba de contarme le dije que entonces los jueves no son superfluos. Me dijo con su aplastante lógica que eso podía haber ocurrido un martes o un miércoles igualmente y que no cambiaba de opinión. Tampoco hace falta.

Yo sigo pensando que los jueves son un gran día. A mí siempre me han gustado, por el contrario, y no sé por qué. Porque ves al fin de semana llamando a la puerta. O porque como en la tarde de hoy quedas y te lo pasas bien. He tenido una cena muy agradable con uno de mis grupos de clase, y ha sido uno de esos momentos en los que te reconocen tu trabajo y eso siempre es maravilloso. Así que los jueves no son superfluos, sino que hacen mucho bien, mostrándote que tu vida puede cambiar de un día para otro dándote otras cosas, o que tu día a día tiene sentido.

domingo, 28 de octubre de 2012

No necesitamos Halloween

Se acerca Halloween, ese día cuya celebración me parece absurda aquí en Europa. Hoy me tocó consagrar la hora de más del día de hoy por el cambio de hora, a preparar los atuendos de mis hijas para las sendas invitaciones que tienen, y menos mal que dispuse de esa hora "de más", pues mi mala leche aumentaba por minuto consagrado a elucubrar. No me gusta quitarles la ilusión a mis hijas, pero hay cosas que me sublevan y ellas saben que no es mi fiesta. Un año más me escaqueo, ya que nunca he hecho, ni hago, ni haré jamás una fiestecilla así. Pero como gente receptiva no falta, siempre tienen dónde ir. Hace poco en Madrid me sorprendió la exportación de la fiesta de la cerveza de Múnich, el Oktoberfest, y me sorprendieron anuncios por todas partes animando ir a una u otra imitación. En nada celebraremos la llegada del nuevo año chino, o si no al tiempo, pues quién nos iba a decir a los de mi generación y otras posteriores que hoy día se iba a celebrar Halloween.

Por suerte el día con la hora regalada ha cundido algo más de la cuenta, diría. Es un día extraño este de 25 horas, y abogo porque todos los fines de semanas tengan 25 horas, sábado y domingo, para que se nos quite un poco la tensión causada por tareas superfluas. Por eso he leido el periódico del día en el día, algo que no logro muchos fines de semana, pues falta la hora mencionada, y me he topado con una noticia de terror, pues para eso no hace falta celebrar Halloween ni nada. En Hamburgo hay un sitio que no conozco, el Dungeon, a la manera del de Londres, que tampoco he visitado, pues no me gustan esos sitios, que muestra la historia de terror de la ciudad: la peste, el fuego y las horas negras de la ciudad, en un viaje de miedo, al que desde su apertura en el año 2000 han acudido más de tres millones de visitantes. El viernes los trabajadores hicieron huelga y no se abrió el espectáculo, y se echaron a la calle con pancartas que decían que lo más de terror del Dungeon es el salario. Vestidos como trabajan, machados de sangre, disfrazados de muerte, de torturadores, de víctimas de la peste, o más personajillos así, fueron unas 30 personas las que protestaron con pitos pidiendo salarios dignos. Con precios para ver el espectáculo de 23 € los adultos y 19 € los niños a partir de 10 años, me parece que salarios de 7,50 € la hora para los trabajadores de las oficinas, y 8,75 € para los actores, son una clara explotación. Además de una subida salarial exigen normas claras para vacaciones, pensiones y contratos. Para poder vivir, tienen que trabajar en más sitios, alegan. El ejemplo es claro para demostrar que la tendencia en Alemania va por el camino de otros países europeos: contratos basura, salarios irrisorios, y ninguna seguridad. Vaticino salarios cada vez más bajos en las próximas décadas en el motor de Europa. La época de las vacas gordas pasó ya hace mucho en Alemania. Aquí hay mucha gente explotada, trabajando por salarios de "terror", y que tienen que pagar alquileres altísimos, y de aquí a unas décadas la diferencia será abismal entre los que tienen y los que no, y si no al tiempo.

Y es que el futuro que se nos viene encima es de terror. A mí el otro día me dieron ganas de sacar el pañuelo y ponerme a llorar en la oficina de la seguridad social para la jubilación. Tuve que acudir a llevar papeles por los años en los que estoy cotizando por estar al cuidado de mis hijas. Algo positivo es que en Alemania cotizas por 10 años por cada niño que tengas, algo inexistente en otros países. Es una manera de compensarnos, pienso yo, por la inexistencia de colegios por la tarde, comedores, rutas, y la falta de infraestructura estatal desde los 0 hasta los 6 años. Fue otro de esos momentos en los que volví a ver que todo es una trampa, y que nos tienen cogidas por los ovarios, al igual que con los minijobs que tenemos muchas. En cuanto te pasas un poquito te toca pagar por todo, y entonces ya no te compensa ganar más de los 400 € al mes. La funcionaria de turno me recomendó a mí, que empiezo a rozar el límite, que deje algún curso, ya que voy a perder dinero. Me pareció surrealista. Por otra parte, la misma funcionaria me dijo que vaya pensando para a partir del año que viene, cuando mi hija cumpla 10 años, buscar una plena ocupación pues ya pierdo mis "privilegios". Salí medio asfixiada de allí. Con 10 años un crío no es independiente para estar en casa solo a partir de la una. ¿Y de qué privilegios me hablan? El desenganche laborar que produce en este país la educación de los hijos es de escándalo, y Alemania está a la cola europea en temas de igualdad laboral entre hombres y mujeres. La edición actual de la revista feminina Brigitte (23/2012) publica un artículo con la pregunta "¿Qué tipo de feministas somos en realidad?" de una periodista e historiadora, Miriam Gebhardt, que critica que mientras en otros países las mujeres luchan juntas, en Alemania nos descuartizamos unas a otras. Lo comparto. Culpa de la situación tan lamentable a las propias mujeres, que capitulan ante todo. Yo lo observo en mis clases. Hace poco salió el tema sobre los colegios, y comenté que mientras que aquí se sigue discutiendo sobre si es aceptable para un crío estar en el colegio a partir de la una, en otros países, como el mío, ya íbamos TODOS al colegio hasta las cinco siendo nuestras madres incluso amas de casa. Las primeras que se sintieron agredidas por mi comentario fueron las mujeres, que justificaron, como siempre, que ellas no han tenido hijos para entregárselos a los colegios tantas horas. Así que que me dejen de Halloween, que yo veo zombis y figuras de terror por todas partes.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Mejor que regresen

Qué ganas tengo de que pase este curso escolar y dejar primaria para siempre. Ayer lo volví a pensar cuando al llegar al cole a llevar a mi hija, había unos 12 niños, carpeta en mano, anotando información vital. Fue parar en zona en la que se puede hacer y señalarnos todos los dedos infantiles con aire inquisitorio, y venir unas cuantas niñas amigas de mi hija y decir: "Natalia, lo sentimos, pero tenemos que tomar nota". Como la semana que viene es el día sin coches, en el que los colegios de Hamburgo compiten por ver en cuál de ellos hay menos pecadores que llevan a sus hijos en coche a clase, ayer era la preparación. Mi hija me contó después que pidieron voluntarios para estar a las 7.30 de la mañana y hacer recuentos de coches, y que casi hubo tortas para tal importante labor. Mi hija se reía de que hubiese niños dispuestos a estar ahí media hora antes del comienzo de clase para eso. Algo va mal en un país si a los niños los vuelven tan inquisitorios que tienen ganas de poner orden en cosas en las que no es necesario. Para empezar, a la puerta del colegio se puede parar, soltar a crío o recogerlo, o incluso dejar el coche 5 minutos, pero no aparcar. Incluso a veces hay un policía que aprueba todo y yo le he llegado a preguntar, por las miradas de odio de niños y padres, si es correcto parar ahí, y me dijo que sí. Así que llevo años haciéndolo. Pero todos los años en septiembre organizan este maravilloso día para odiar a los que van en coche. A veces pienso que es envidia cochina de los que van andando y pasan frío y se mojan, porque si no no me lo explico. Yo también me indigno cuando veo a un crío de 6 años caminando a las 7.30 de la mañana solito en la oscuridad de la noche en invierno, con un frío que pela, o cayendo chuzos de punta. O he visto a niños bastante pequeños caídos en mitad de la calle con su bicicleta por el hielo. Y yo no señalo a esos padres con el dedo. Me repatea la histeria colectiva de la gente que como no tiene problemas serios se pone a criticar cosas que no son les incumben. Si se alteran porque se aparca en zona prohibida, o en doble fila, lo entiendo, pero no es el caso. Por suerte, ya digo, nos queda solo un año del día sin coches.

En la misma clase hablaron el otro día en clase de religión de lo que es el alma. Mi hija me lo contó con todo detalle y que les explicó toda convencida de que la ha visto "en una radiografía". La profesora y todos la miraron sorprendida, pero es que ella pensaba que el alma era la columna vertebral. Me lo contó riéndose, sorprendida de que exista algo tan difuso "dentro" del cuerpo, y luego me contó que había entendido lo que es: el espíritu de una persona, su esencia, o mejor dicho "nada". Nos empeñamos en ponerle nombre a todo, y efectivamente por qué no habría de ser la columna vertebral nuestra alma, pues es el eje que nos sujeta, la cabeza incluida, que es donde se encuentra quizá el "alma". Y sin embargo todos entendemos a la perfección a alguien que nos diga que le duele el alma y hasta le compadecemos. De la misma manera que los individuos tenemos alma, los países o culturas también las tienen.

Ayer, tras la historia con los niños señalándonos con el dedo, vi un espectáculo precioso en el cielo. Yo estaba en un semáforo cuando miré al cielo y vi una bandada de pájaros volando en forma de W dirigiéndose hacia el sur. la parte central de la uve doble cambiaba de forma en cuanto a su pronunciamiento. No me dio tiempo a hacerles una foto, pues el semáforo cambió y yo continué hacia mi casa. Me quedé un rato pensando en ellos, en lo lista que es la naturaleza, pues ellos desaparecen en cuanto la cosa se pone fea. Ayer  hacía bastante frío ya, y hoy, hace un día otoñal. Es el primer día de un viento que hace que se vuelva a oír el silencio. El invierno será duro, pero no va a ser uno más, sino el último de muchas cosas. Y cuando vuelvan los pájaros me alegraré.

Por suerte no nos dejan solos, pues hay muchas almas por aquí que nos alegran el día. Yo disfruto cada vez más de esos momentos en los que notas que la gente te aprecia, y últimamente tengo muchos. En las sociedades ricas se paga un alto precio humano. Mi hija mayor me contaba ayer de nuevo de la antipatía de la gente aquí en el transporte público, que el otro día vino una señora y le dijo que se quitase de ahí, que ese era "su sitio". Ella, por suerte, tiene la suficiente autoestima como para decir ante tal estupidez que no se movía, que solo faltaba que los asientos fuesen en propiedad, cuando además el de enfrente estaba libre. Otra señora intercedió y le pidió a la intransigente que por favor se callara y se sentase en uno de los muchos asientos que había libres. Al menos la otra no se calló, pues no conozco sociedad más antipática hacia los niños que la alemana. Como no soy ave migratoria no me puedo ir, pero me pregunto si ese puntito de prepotencia con el que educan a los niños no les explota en la cara. Aquí a muchos padres sus hijos adultos no los visitan más que en Navidad o el día de la madre, y por compromiso. El otro día precisamente yo le decía a mi hija pequeña que si después de todo lo que estoy haciendo por ellas, me da una patada en el culo y me viene a ver solo en Navidad, que sería para matarla. Ella me miró toda picarona y debió pensar que ésa me la devolvía, por ponerme yo tan melodramática, y me salta: "No, yo vendré a menudo y diré: 'qué hay de comer?'". Le dije que de paso me puede traer también la colada, que solo faltaba.

jueves, 23 de agosto de 2012

Desquiciaditos estamos

En este mundo de locos, mientras media humanidad lucha por tener las necesidades básicas cubiertas, en las sociedades de la abundancia se trata de corregir otros problemas y poner orden continuamente. Leo en el periódico una columna de un periodista que vuelve de las vacaciones y que al aterrizar en Düsseldorf, y con las prisas, al cruzar una calle en la terminal, lo hace con el semáforo en rojo. Un guardia le dice que pare y le pone una multa de 5 €. Al quejarse el peatón de que no pasaba ningún coche ni otros vehículos, le pregunta si está ahí solo para eso, para pillar a los que cruzan en rojo, aunque no haya peligro de nada, y le dice que sí. Qué lujo de sociedad que se puede permitir tener a un policía plantado una jornada de trabajo entera para pillar a los pecadores viandantes. Y en esa situación, como me ha pasado a mí a menudo al aterrizar de regreso, te dices "bienvenido a Alemania".

El otro día compré un pollo. Influenciada como estoy por escándalos de animales en granjas masificadas, transportes que maltratan a los animales, además de que ciertamente he notado que la carne del supermercado es de peor calidad en muchos casos, hace mucho que decidí que mejor comer menos carne a la semana, que tampoco me supone ningún sacrificio, pues nunca he devorado tanta, y comerla buena. El pollo era el doble de caro que el del supermercado, lo cual entiendo. Pero cuando el pollero me dio un folleto a todo color del lugar donde viven los pollos que vende, me pareció ya de mal gusto. Que yo haga acto de contricción por haber sido antes insensible a estos temas, y pague más, no quiere decir que me sienta mejor por ver que el pollo ha vivido idílicamente, pues al fin y al cabo me lo como igual, sin tener la conciencia sucia, y él además hace negocio con ellos, seres explotados y creados para el consumo humano.

Hace un par de meses, sin embargo, pensé que además me tomaban el pelo. Como en uno de los ataques que me dan había decidido hacer croquetas, y tras preparar la bechamel me di cuenta de que no tenía ni un solo huevo y no podía pasar por el supermercado, paré un momento en una tienda de alimentación pequeñita. Pedí media docena de huevos, y según me los dio, me dijo que eran no bio sino "superbio" de la granja tal y tal, que los pollos viven como dioses más o menos, etc., etc. Como tenía prisa le pregunté por el precio y me dijo: 3,90 €, por seis huevos (!). Me quedé petrificada, pagué y me fui. En el coche traté de imaginarme la vida de esos pollos, que probablemente vivan mejor que muchos seres humanos. No es que no me alegre por ellos, faltaría más, pero ese precio por seis huevos me parece abusivo e inmoral. Se lo comenté a un amigo y me dijo: "coño, esas gallinas deben de tener un vis a vis con el gallo". Cada vez que consumí uno de los 6 huevos pensé con todo detalle en la situación y me lo imaginaba de manera guasona.

Pero es que además, el otro día me metieron un folleto en mi buzón del servicio de recogida de basuras municipal. Yo, que me he vuelto una pedante separadora de basuras, que mete el envase del yogur con los plásticos, que separa el papel bastante estrictamante, y salvo con la basura de productos frescos, no porque no me convenza la idea, sino porque como la recogen cada dos semanas, no me da la gana que el cubo bio huela a inmundicias y se eche a andar él solito, me acaloré. Pues no es suficiente, decía el folleto. Apelando a la inmundicia humana que somos todos, empecé a sudar con todas y cada una de las preguntas lanzadas: "¿Sabía usted que solo con los circulitos de papel que quedan en los aparatos que hacen agujeros en las hojas de papel, se podrían reciclar toneladas de papel al año? ¿Y con cada caja de medicamentos? ¿Y cada prospecto de los mismos? ¿Y el confetti de las fiestas? ¿Y los tickets de compra? ¿Las entradas del cine o teatro? ¿Las etiquetas de los precios de la ropa? ¿Notitas adhesivas? ¿Postales? ¿Sobres? ¿El rollo de cartón sobre el que va el papel higiénico o el de cocina? ¿Las bolsas de papel en las que te meten el pan? ¿Cualquier trocito que corte con la tijera?

Aunque yo reciclo algunas cosas por las que nos ponen contra la pared, me corrían chorros de sudor al leerlo, ya que con todo esto se ahorra 130.000 toneladas de madera. Y yo no sabía que los frascos de pintauñas que se tiran "hay que" llevarlos a los sitios de recogida de sustancias peligrosas. Y esto es buenísimo: cuando tiremos un boli, sugieren, hay que abrirlo y separar: la mina puede ir en la basura normal, pero el plástico y metal en el cubo amarillo, con los pásticos. Sin embargo, los medicamentos, que antes recogían en las farmacias, ahora se pueden tirar en la basura normal. Hace poco en una farmacia me dijeron que me los llevase otra vez.

En fin, que sí, que me lo creo todo, pero también los países del primer mundo llevan basuras al tercer mundo, y todo esto es un negocio también, como el de los huevos y los pollos con vidas de lujo, aunque no les consuele a los pobres. Por eso a mí, me agobia y me parece muy sacado de quicio tanta manía adoctrinante que tienen ciertos países. Qué bueno que no tengamos otros problemas.

miércoles, 1 de agosto de 2012

¿No se dan cuenta de que es agosto?

Me estoy poniendo nerviosita por momentos. Mañana es la vuelta al cole. Sí, no se asusten, que a ustedes no les toca, sino a mí. A 2 de agosto que será mañana, pueden darse la vuelta tranquilos en la toalla, mover con la pajita los hielos del mojito y dar un sorbo, pueden darse un paseo por el ídem marítimo, o pueden seguir trabajando los últimos días antes de irse de vacaciones este mes y disfrutar por fiin. Nosotros ya hoy estamos preparando carteras, bolsas de deporte, y mentalmente yo ya estoy estresada, pues he visto en internet el horario de mi hija mayor (hoy día está todo en este medio), y empiezo ya a pensar en el encaje de bolillos en el que se convierte cada curso mi día a día, entre los horarios de mis hijas, y mis clases, las que doy dentro y fuera de casa. A todo esto trata de poner una cita de médico, como yo antes, y el estrés es, y ya me matan, pues mi mente sigue con el chip de que en agosto no hay cole ni tanto estrés.

Algo está mal en este país si a 2 de agosto empieza el cole. Bueno, puede ser peor aún, como el año que viene, en el que empezaremos el día 1. Y en dos años pegaremos el salto otra vez, y empezaremos a tener vacaciones a partir de mediados de julio, y volviendo a clase a finales de agosto. Prefiero esa modalidad, o prefiero más aún ser bávara. Me explico: en Alemania hace ya muchos años, en los años 60, acabo de ver, decidieron que las vacaciones de verano no empiezan siempre el mismo día en todo el país, sino que los Estados Federales van rotando, y así entre mediados de junio y mediados de septiembre, hay siempre algún estado de vacaciones. La idea es repartir así a la gente, y controlar algo los atascos. Pero los bávaros (y Baden-Wüttemberg también), que son muy listos, hace 20 años que consiguieron que sus vacaciones de verano sean siempre fijas, siempre todo el mes de agosto, y hasta mediados de septiembre. Y los demás rotamos.

Hasta ahora no había tenido mala suerte, y más o menos hasta mediados de agosto hemos tenido siempre libre. Pero este año nos toca a nosotros y a los de Schleswig-Holstein y Berlín, y quizá más, volver ya mismo, nosotros los primeritos. La gente con la que hablo del tema, está descontenta, y todos dicen lo listos que fueron los bávaros negándose a rotar. Normalmente además, el mes de julio aquí suele ser muy lluvioso y malo, y agosto suele ser mejor. Así que nada, como venga el calor, encima me tocará oír a la gente decir que con calor no se puede trabajar ni hacer nada. Aquí tienen el clima y los horarios que se merecen. No yo, eso está claro, que sigo pensando que agosto no es compatible con la palabra colegio. Qué se puede esperar de un país así. Me callo por cómo están las cosas ahora mismo, que si no...

martes, 29 de mayo de 2012

Es cuestión de cómo decirlo

A veces las madres somos unas blandengues, aunque no se nos note. Yo he estado a punto esta noche de acceder a la petición de mi hija. Ella simplemente ha pronunciado un deseo, y mi comprensión ha sido enorme: "Yo quiero estar mala mañana y no ir al cole". El motivo son los juegos juveniles no olímpicos, pero sí en varias disciplinas, que tienen lugar en todo el territorio nacional una vez al año. El colegio se transforma en un torneo deportivo, y los niños tienen que ir al cole ese día con su tarterita, algo de beber, y punto. Puede ser que muchos niños ansíen que llegue ese día durante todo el año, pero mis hijas no. Según se acerca la fecha oigo frases como "jooo, no quiero ir", "no me apetece", "me parece mal que me obliguen a participar", "no me gusta tener que saltar y hacer pruebas delante de todo el mundo y menos hacerlo mal delante de tanta gente". Y cuando antes ha dicho que quiere estar mala, reconozco que por un instante se me ha pasado por la cabeza dejarla en casa e inventarme algo. Pero como le he preguntado "mañana solo tienes esa competición, ¿no?", la mayor, que ya pasó por el suplicio un par de ocasiones, me miró amenazante y dijo ".... no irás a dejarla en casa...? Que vaya, igual que tuve que ir yo siempre". Y entonces, ante la inquisición, me volvió el "deber" de madre, ante otra hija que pide igualdad de trato y justicia. Pues no se hable más, a la competición toca. Por suerte yo no voy a ir, a pesar del llamamiento que hacen siempre a madres que vayan a ayudar, a organizar las competiciones, a animar, a apoyar, a preparar, a recoger. Y mis hijas siempre muestran toda compresión por su parte hacia mí, y me dicen que entienden perfectamente que no quiera ir y que tenga cosas más importantes que hacer. Pero de la misma manera yo entiendo que ellas odien tal evento. A no todos les gusta ponerse en evidencia. Como a mi tampoco mostrando signos de blandura.

De lo que se trata es de cumplir con las expectativas. A mí, mi hija, que prefiere hablar en alemán conmigo a menudo me dice "pesá", tal cual, ni siquiera "pesada", sino apocopado, lo que le debe sonar a lo más que me puede decir para expresar lo que siente cuando les digo las cosas. Y muchas veces me doy cuenta de que en momentos clave utilizan el castellano, para ponerme firme a mí. De vez en cuando también la pequeña cuando la regaño, me dice "¿y qué?", así, en cristiano. Y es que sabe muy bien elegir las frases en todo momento, al igual que analizar lo que decimos los demás. Ella me dice siempre que mi frase favorita es "a mí me va a dar algo...", o siendo bien pequeñita dije yo "Esto es el..." y no me dio tiempo a terminar la frase y ella dijo "... colmo". También dice que la palabra favorita de la abuela es "coño", pero que cuando ella se lo recuerda, la abuela dice "que no, que he dicho coñe". Y el abuelo dice "leche", o "me cago en la leche", apunta mi hija.

Pues a mí me dan ganas de decirle que sí, que y qué, que no pasaría nada si no fuese, nada de nada, pero que como soy una "pesá" tengo que cumplir con mi labor y obligarla a ir, pues coño, para eso estamos en Alemania, y aquí estas competiciones con público multitudinario matutino no son moco de pavo, y que leche, que no se esfuerce si no quiere en esas cosas, pues a mí lo que me interesa es el rendimiento en el cole, porque por lo que a mí me va a dar algo es porque todas estas cosas parecen siempre más importantes que lo mal que escribe la media de los niños de tercero en este país. Es que es el colmo que encima tenga que ocultar siempre mi verdadera opinión.

viernes, 2 de marzo de 2012

El verdadero sentido práctico

De la noticia sobre el translado del príncipe Friso de Holanda a Londres, tras haber sido sepultado por un alud en Austria hace dos semanas y encontrarse en coma desde entonces, me ha sorprendido un pequeño detalle. Que sea Londres no es casual, dado que allí residen él y su familia, pero en Holanda, dice la noticia, no hay centros así para mayores de 25 años. A mí no me soprende el detalle, aunque da que pensar. Al parecer un coma en mayores de 25 años no merece la pena para la seguridad social holandesa. Tras haber oído mil y una historias de médicos y hospitales en Holanda, y la mentalidad que tienen, cuadra con lo "normal".

El holandés medio soprende en su actitud hacia las enfermedades por ser poco contemplativo. Son bastante prácticos, y parten de mínimos para todo. Que te ha tocado algo gordo, pues te aguantas, y no malgastes energías en médicos y menos aún dinero (gran tema nacional) y molestias para el resto de la sociedad. Sé de casos para ponerse a llorar, donde la falta de atención no ha tenido que ver con el dinero, uno concreto, de un familiar, que murió tras 5 años vegetando tras no haberse tomado en serio ni ellos ni los médicos que la paciente tenía una infección gorda que problamente se hubiese frenado con una fuerte dosis de antibióticos a tiempo. Muchos holandeses ni van al médico, o se lo toman todo demasiado a la ligera, pienso yo. En algún otro lugar escribí una vez que la eutanasia no es mera casualidad en ese pequeño país, saturado hasta las costuras de gente en poco espacio, ya que he oído demasiadas opiniones de holandeses como para pensar que es anecdótico que se aplique tanto en ese país. Que conste que estoy a favor de la eutanasia, pero me choca si se hace alarde de su aplicación con comentarios como "total, si se va morir igual". Ahí está esa actitud tan holandesa de no dejar siquiera que las enfermedades o sufrimientos nos tomen más tiempo del justo y necesario, y sé de algún caso en los que la familia decidió dejar de alimentar al paciente, y situaciones así.

Así que por muy príncipe que sea, lo que no hay no hay, y si en Holanda ni siquiera se "guardan" pacientes reales mayores de 25 años en coma, habrá que buscarse otros lugares. No es casualidad que haya un turismo de hospitales de holandeses que van a Bélgica o Alemania a operarse o a especialistas. Una amiga mía que vive en Holanda acudió por dolores fuertes al médico durante un tiempo, y nadie sabía lo que tenía, hasta que una simple radiografía hecha en Alemania mostró que tenía una costilla rota.

Sin embargo es un país simpático y peculiar. En mi último vuelo con KLM guardé los datos que la revista de a bordo daba sobre su país: tienen 15.000 km de carriles bici, casi cada holandes tiene una bici, 16 millones en total, el doble que coches; producen 13.000.000 kilos de queso por semana; Amsterdam tiene 1.281 puentes (más tiene Hamburgo, diría un hamburgués); son el mayor exportador de bulbos de flores del mundo; su territorio estaría anegado de no contar con esa obra de ingenieria de diques y exclusas, que los mantienen a salvo; pero a lo mejor no les hacen falta, pues los holandeses son los más altos de Europa: olvídense de los escandinavos o los alemanes, ellos ganan, ya que la media de altura para todos los adultos es de 1,85 m.

Y a estos datos podríamos añadirle que no existen centros para pacientes en coma para mayores de 25 años. Suena a película de terror.

martes, 28 de febrero de 2012

Opinando

A veces no doy crédito a mis ojos, cuando leo correos como el que he recibido antes: una de las profesoras de mi hija pequeña nos ha escrito a los padres de toda la clase para pedirnos, dada la situación de tantas profesoras enfermas esta semana, si podríamos recoger a nuestros hijos el jueves y el viernes a las 11.30 de la mañana en vez de a la una. A la mayor en el instituto (a esa edad ya no preguntan), la han mandado también hoy dos horas antes a casa. Tal cual. El sistema escolar alemán es un pitorreo, y las que pagamos el pato somos las madres, que debemos compensar que no tienen plan B en la mayoría de los casos para estas situaciones. Así que como el e-mail trataba de hacer cosquillas a nuestra "obligación moral" frente al colegio, tras consultar conmigo misma, acabo de responder que el viernes sí, pero que el jueves de ninguna de las maneras, que no puedo (lo cual no es cierto: no quiero poder). Como la semana que viene y la otra tenemos vacaciones otra vez, todavía el viernes lo veo, como un precomienzo vacacional. Pero sigo sin entender que no tengan más alternativas o que no quieran tenerlas. Lo malo es que ya estoy oyendo a muchas madres que dirán que qué bien, que los niños están muy cansados (¿de qué?) y que les viene bien quitarse esas horas (salen a la una, recuerdo).

En realidad iba a escribir de los Oscars, recien otorgados, así que tomen el párrafo anterior como un excurso, como mi vida en Alemania lo es desde que me dejaron claro que no puedo hacer lo que yo quiera ni lo que quiera poder, sino las migajas que me dejen, mismamente en mi hilo de pensamientos, siempre interrumpidos por correítos como el anterior o similares. A los Oscars iba, y allá voy. The Artist ha sido la ganadora, al llevarse los premios importantes. La vi hace poco y me gustó mucho. La idea es simple como genial y la película no lleva nada nuevo. Me tuve que motivar ante la idea de que sería una película muda, con lo que me gustan a mí los diálogos, pero entre Juan del Jardín (con ese nombre en francés, como para no ser galán de Hollywood, Jean Dujardin), y la actriz tan picarona y simpática, como para no caer bien, y el perrito se merecería un Oscar por su actuación. Como mis hijas vean la película, no se conformarán ya más con el encantador perrito de los vecinos, y exigiran uno hollywoodiense. La película encandila desde el primer momento, con la expresividad de los personajes, también un John Goodman que hace de productor de películas. No inventa nada nuevo sino que celebra el cine en la esencia de sus orígenes, saltándose todo lo que ha venido después, efectos especiales y lo que sea. Sin embargo, y aunque no puedo opinar por no haber visto las otras, me da la sensación que podrían merecer igual o más la pena la de Brad Pitt concretamente, aunque parece dura, y la de George Clooney, que parece muy humana. Pero no ha habido sorpresas, como es lo habitual, al repartir los premios.

Mi hija, mientras hace deberes a mi lado, me acaba de preguntar si me gusta Obama. Y ahora me pregunta que quién es el presidente de Alemania (Wulff no ha dejado mella). Por suerte se le ha pasado el cabreo, pues al decirle yo antes que el jueves no la recojo a las once y media pero el viernes sí, en vez de agradecérmelo me ha dicho que soy "malísima" y que la mayoría se irá antes ambos días y que como puedo ser tan cruel. Pues porque yo, a diferencia de muchas otras, tengo cosas que hacer, aunque sea escribir mi blog (que no solo escribo eso, por cierto), y poner la lavadora, amén de prepararme mis clases y darlas. Pero desde que por las tragedias cercanas o menos cercanas sé que la vida es breve, he decidido no cabrearme innecesariamente por cosas que ni tienen importancia ni puedo cambiar, solo opinar, como de los Oscars, o sobre los vestidos en la alfombra roja (me quedo con el de Gwyneth Paltrow), sobre la actual novia de Clooney, que nadie recordará en la próxima edición de los Oscars, sobre la pierna de la Jolie, o sobre la cara de funeral de la mujer de Alberto de Mónaco (chica, que estabas en los Oscars).

Por cierto, mi hija me acaba de preguntar si los 7 enanitos de Blancanieves son hermanos o amigos. A mis risas a carcajadas me ha dicho que le parece raro que duerman todos en la misma habitación. Razón no le falta. Se admiten opiniones, como de todo.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vaya vegetarianos

Me llama la atención cuántos niños vegetarianos hay en Alemania. De un tiempo a esta parte vengo observando un incremento, que no puedo ni quiero corroborar con cifras pues se trata de mi impresión personal en base a los críos que pasan por mi casa. Cuando un niño me dice que es vegetariano, en lo primero que pienso es que si los de mi generación o muchos de después les hubiesen dicho eso a sus padres, de la voz que nos hubiesen dado, nos hubiésemos ido a comer un buen asado después solos o en familia. O me imagino a un español de hoy día diciéndoles a los que por su religión no comen cerdo que "venga, prueba, con lo rico que está este ibérico".

Y vienen crías de 11 años a mi casa, y me dicen que no comen carne. De esto, curiosamente, se salvan a veces las salchichas, aunque no siempre. Es por eso por lo que mi hija pequeña me preguntó hace poco: "¿Mamá, a los animales de los que sacan salchichas, los matan de otra manera?" No entendí la filosofía de la pregunta así a primeras, pero le dije que no, que es lo mismo, y entonces me salta: "Ah, pues yo pensé que sí, porque hay niños vegetarianos que comen salchichas, y yo creía que sería porque los matan mejor". La lógica es aplastante, como la incongruencia de lo otro.

Por supuesto que respeto que un niño decida ser vegetariano porque sí; también conozco a padres que cuentan que sus hijos son vegetarianos (porque ellos lo son), y estos niños son los que en las barbacoas dan cuenta de un buen número de salchicas o chuletas, y con avaricia. Sin embargo el caso más respetable que conozco es el de una niña que viene a menudo a mi casa que es vegetariana convencida, sin serlo nadie en su casa. Pero ésta al menos come todo lo demás, y no le hace ascos a ninguna verdura. Yo he acabado por cogerle el tranquillo a esta vegetariana, aunque compadezca a la madre con tres hijas de las que una es vegetariana, otra no come verdura y la tercera de nada. Pero hace poco estuvo aquí una vegetariana que vino de manera improvisada. Yo no sabía que lo era, y tenía la comida lista además cuando mi hija me avisó de que traía a esta amiga. Había judías verdes con patatas cocidas, y trocitos de pavo empanados de segundo. Pues bien, cuando volví y les pregunté que si habían comido bien, se sonríen y me dice: "Es que soy vegetariana...", "ah", dije, tranquila porque había habido verdura. "Ya, pero es que las judías verdes no me gustan". Comió solo patatas cocidas.

Mi explicación para tanto vegetariano de corta edad es que los niños aquí crecen muy unidos al mundo animal. El que no tiene perro tiene conejo, o hamster, o peces, o todo junto a la vez. Y como se pasan el día acariciando a tanta monería animal, como para ponerles luego en el plato un animal muerto, como me dice a mí la vegetariana que más respeto. Ésa se hizo vegetariana con 5 años, cuenta orgullosa, cuando una niña en la guardería le dijo que la carne son animales muertos. Pero en la mayoría de los casos me parece una idealización tal de realidad que estos críos crecen en sus mundos felices tan fomentados aquí en las casas. Como les expliqué yo a mis hijas el otro día, que andan tentadas de hacerse vegetarianas, porque los animales son "tan monos" y que están consternadas de que nos los comamos y los matemos. Les dije que sí, que entiendo sus preocupaciones, y que los animales merecen un trato digno, pero que no piensen que porque no coman carne que no participan del uso de ellos para otros productos, pues de los animales se sacan muchas otras cosas para cosméticos, zapatos o medicinas. Me miraron con estupor. Sí que me rogaron comprar carne "bio" (lo que influye la vida aquí) y que aunque sea más cara, que entonces comamos menos carne, pero con garantía de que han tratado bien a las vacas. Les dije que con eso hay mucho fraude también, que no todo donde pone "bio" lo es. Pero como por cabezonerías similares no comen pescado desde hace mucho, lo peor que me podía pasar a mí, estoy por llevarles a un sitio donde vean lo que hacen con los productos transgénicos, y cómo crecen los vegetales hoy día, en invernaderos en producción en masa, o manipulados igual para que tengan esa forma y color específico. Yo estuve hace años en una feria en Holanda en la que vi cómo crecen los champiñones en una especie de algodón y que el agricultor trabaja con ordenador, y cambió mi concepto sobre todo esto.

Me parece muy bien que los niños crezcan con respeto hacia los animales, que se les inculque que hay que tratarles bien y que no porque nos los comamos, podemos engordarlos o hacer con ellos lo que queramos. Pero veo que está creciendo una generación de sabiondos intolerantes que se acabará por dar un batacazo cuando vean que muchos seres humanos no viven tan bien como sus peces en la pecera o su conejo con su jaula con columpios y que comen la mejor comida "bio" que haya en el mercado para ellos.

viernes, 14 de octubre de 2011

Contrariedades

Cada vez es más complicado todo en el mundo laboral. Anoche vi un reportaje en las noticias que hablaba justo de lo que pienso yo a menudo: que cómo puede ser que si a diario oímos de empresas que buscan personal, y que hablan de cientos o miles de trabajadores necesitados por ciertas empresas o ramas, cómo puede ser que haya parados altamente cualificados, con cifras sorpendentes ambas partes. Al parecer en Alemania hay muchos puestos por cubrir para los que las empresas no encuentran el personal adecuado, y a la vez hay muchos de "larga duración", como se les llama aquí. Pero lo expusieron bien claro unos y otros: el jefe de los empresarios alemanes dijo que hoy día las empresas buscan más selectivamente a sus empleados y quieren que tengan la cualificación exacta que se requiere, mientras que antes eran más flexibles a la hora de contratar, ya que, entre otras cosas, estaban más dispuestos a dar cursos y poner a la persona contratada al día para el puesto concreto. Hablaron de que aquí en Alemania también hay ingenieros en paro, informáticos (yo conozco uno, a todo esto), y que simplemente no cuadran los parados y los puestos, que no hay correspondencia; fantástico, pensé. Y volvieron a sacar a empresarios concretos que decían que buscaban a gente urgentísimamente, y que hablaban de la difícultad de encontrar a la persona adecuada. Sigo sin entender nada. La oficina del paro, por ejemplo, podría organizar cursos concretos, para satisfacer esa demanda y cualificar en lo necesario.

Luego, los que están plenamente especializados en algo lo tienen cada vez más difícil para sobrevivir. Ayer leí con estupor que la semana que viene las matronas de Hamburgo realizarán una huelga de 48 horas. Piden un mayor salario, pues llegan a cobrar para muchas de sus tareas tan solo 7,50 € la hora, y como la mayoría son trabajadoras autónomas, tienen que pagar unas primas de riesgo enormes, por las que al final lo que les queda para vivir es bien poco para un trabajo tan importante, porque ayudar a nacer no es poco. En Alemania además realizan una labor excepcional en algo que espero que no acaben por llevarse por delante los recortes que todavía viviremos: tras el parto, al llegar a tu casa con tu bebé, el seguro médico te paga la visita durante diez días de una matrona que viene a mirar si sana bien el ombligo del bebé, y a asesorarte en todas las preguntas o problemas que surgan. Yo disfruté mucho de ese apoyo, que en muchos casos es el único que tienen aquí muchas madres primerizas, al encontrarse sus madres o familia lejos. Me parece inaudito que se llegue a extremos así, con huelga de matronas. Así que que no se pongan nadie de parto en esos dos días, porque solo habrá servicios mínimos...

Quizá acabaremos por llegar a servicios tan básicos y tan mínimos de todo, porque al final solo habrá dinero para salvar a bancos en crisis, y que los que lo han tirado y malgastado y malempleado salven el culo, y los trabajos que queden será para los ingenieros e informáticos con cualificaciones tan específicas que si encuentran su lugar se harán de oro, y el resto de trabajos en sanidad y educación se verá sometido a recortes y más recortes, por no respetarse estas labores. No solo se necesitan ingerieros ni técnicos especializados que a lo mejor como los quieren no existen, sino que hay que mantener el prestigio de profesiones como la de matrona, y no llevarlas a niveles de precariedad.

martes, 11 de octubre de 2011

Vacaciones a destiempo

Me sigue costando acostumbrarme a tener dos semanas de vacaciones escolares en pleno octubre. Empezamos el curso el 11 de agosto, eso es cierto, pero aún así me parece que ahora no procede, o que como mucho con que tuviéramos una semana sería suficiente, para descansar algo, pero con dos se desconecta otra vez demasiado, cuando ahora era cuando el curso había calentado motores de verdad. Por supuesto que me ha venido muy bien la semanita que he estado de viaje, pero ahora tenemos la segunda, y ésa la pasamos en casa, y ni puedes estar todo el día en la calle gastando dinero, ni puedes estar encerrado en casa tampoco.

Y como aquí llueve, al parque o a pasear, que es gratis, tampoco podemos ir. Así que ayer piscina, y hoy cine. La piscina cubierta tres horas 14 €, y hoy cine 20 €, y sin palomitas, pero con helados, que aquí son más baratos, 6 € más. Y sin embargo ayer la piscina estaba más llena que un domingo en el que fui hace unos meses, y hoy el cine a rebosar, cuando muchos sábados y domingos están las salas casi vacías. Por tanto he llegado a la siguiente conclusión: que estas vacaciones a destiempo son el motor de la economía..., digamos que es la temporada alta de piscinas, cines, zoos, museos o actividades para hacer con niños. Llenamos los lugares de recreo del interior del país, y además los lugares de vacaciones se llenan de familias alemanas. ¿Qué más quiere el sector de servicios y el turístico? Ayer llamó una señora a una emisora de radio para decir que estaba tratando de encontrar algún viaje para irse con su familia como oferta de "último minuto" a Mallorca, pero que estaba todo lleno.

Mi conclusión me lleva a otra: estas vacaciones a destiempo están pensadas para la gente que vive muy bien, y que pueda salir y entrar y gastar. Me preguntó qué hacen los niños de familias con pocos medios, que los hay en la rica Alemania, y que no puedan irse ni al cine ni a la piscina, y mucho menos de vacaciones. Yo conozco familias que en las vacaciones de octubre (dos semanas) se van al solecito, en las de marzo (otras dos semanas) se van a esquiar, en las de mayo (una semana) se van por aquí cerquita (a la costa o a Dinamarca), y luego en verano se van dos o tres semanas adonde sea, Florida, Canadá, España, Francia, Italia. Pero hasta ahora no me había parado a pensar en el gasto que realizamos sin viajar, porque estar dos semanas en casa viendo llover o el cielo gris no hay quien las aguante si no.

Curioso es como muchas madres, al acercarse las semanas de vacaciones decían que no podían más, que las necesitaban ellas y sus hijos, y yo les decía que yo no. Esto es como todo: uno trabaja todo el año, y cuanto más cerca están las vacaciones, más piensa uno que ya no puedes más. Pues igual ocurre si llevas 7 semanas de curso. Llegas al 30 de septiembre y te derrumbas diciendo que ya no puedes más. Y como mi teléfono no deja de sonar desde ayer con niñas que se aburren y que piden quedar con mis hijas, yo vuelvo a ir y venir de un lado para otro para satisfacer sus deseos. Por supuesto que en el cine parecíamos todos felices a las tres de la tarde. ¿Alguien trabaja en este país?

lunes, 10 de octubre de 2011

Hay que habérselo ganado

Mi reciente visita a Oslo hace que el tema de los premios Nobel, y en concreto el de la Paz, no me pase desapercibido, ni antes ni después de ser otorgado. Hace una semana visité el centro de los premios Nobel de la Paz, y eso que me había propuesto no hacerlo. Me explico: como mi visita a Oslo era breve, había que seleccionar, y cada vez que veía en la guía o algún folleto la reseña a ese centro, me decía que no lo visitaría, pues metieron la pata hasta el fondo al elegir a Obama en 2009 antes de que comenzase su presidencia, solo por el hecho de ganar la elecciones, y en vista a lo que haría (anda que no tuvieron imaginación). Por supuesto que me alegré de que Obama ganase las elecciones y acabase con la nefasta era de Bush, pero no de ese premio, que no presagiaba nada bueno. Y hace un par de semanas, el discurso de Obama en las Naciones Unidas, debería haber sido motivo para que se lo retirasen. Para una oportunidad clara que tiene de ganarse el premio a posteriori, lanza al mundo su NO al estado palestino. Dijo que garantizada la seguridad de Israel, a lo mejor... podría ser, pero dejando bien clarito que hay poco que hacer. A los pocos días, Abbas, el presidente palestino, presentó su solicitud de un asiento en la ONU para Palestina, lo que demuestra que tan "pacífico" no le sonó el discurso de Obama.

Pues bien, delante del Centro de la Paz de Oslo me acordé de ese discursito del que vi un extracto en televisión una semana antes. Al día siguiente entré en el centro, y me alegro de haberlo hecho. Un error (habrá más, seguro, en más de un siglo de galardones) no emborrona la labor de muchas personas que han luchado y luchan por los derechos básicos de la humanidad en países en los que es difícil hacerlo. Y viendo ese bosque de paneles con las caras de los premiados, me alegré de no ver a Obama entre ellos, sino a muchos desconocidos. Como a Nansen, sobre el que había una exposición, uno de los dos noruegos que han logrado el premio hasta ahora. Zoólogo y explorador polar, el premio se lo dieron en 1922 por su trabajo con los refugiados de varias guerras. Es toda una figura histórica en Noruega.

Y este año se lo han dado a tres mujeres africanas. La presidenta de Liberia no es nadie anónimo, ni en su país lo será la periodista premiada, ni la activista yemení en el suyo. En esa manía de reducir todo a lo simple, todos hablan de mujeres que luchan por los derechos de las mujeres, cuando si se lee un poquito sobre sus méritos, está claro que luchan contra las desigualdades sociales en sus países, o por impulsar cambios políticos. La periodista liberiana Gbowee fue aquella que organizó hace años aquella huelga de sexo para obligar a sus hombres a  luchar por la paz, y aquel movimiento pacifista logró el fin de la guerra civil en Liberia, y el proceso dio lugar a elecciones de las que salió elegida la primera mujer en África como presidenta de gobierno. Quizá lo del sexo no es una mala opción... Quizá debería hacer algo Michelle Obama...
Y más que merecido parece el premio de la activista yemení, que ha terminado en la cárcel, y que micrófono en mano es una de las figuras de la primavera árabe que ha llegado a su país.

Por todo esto me alegro de haber pisado el Centro de la Paz. Porque los que se lo merecen de verdad están ahí, arriesgando sus vidas en muchos casos por los demás.

domingo, 31 de julio de 2011

El horno en llamas

La que podríamos haber liado, y no es broma. Me quedé muda cuando el horno donde estaba haciendo unas patatas asadas, algo de lo más normal en una casa, se puso en llamas y ni apagando el gas se iban. Conseguimos apagarlo, pero la sensación era la que hemos tenido toda la semana en la casa de alquiler en la que hemos estado durante una semana en la costa: te venden a precio de oro lo que no lo es. Y no es que yo necesite lujo en mis vacaciones, pero si que espero que la casa no contenga cosas roñosas. Me dan igual los muebles, y el estilo de la decoración, no espero nada más que lo funcional, pero si los sofás están tan desvencijados que cuanto te sientas y ves la tapicería raída te preguntas que cuánta gente se habrá sentado en ellos y en qué circunstancias, y te da grima, entonces es que no corresponde con lo que te ofrecen.

En el año 2011 me parece muy peligroso tener un horno de gas en una casa de alquiler en la que mucha gente pasa por ella semana a semana en verano, y encienda con mecha el horno sin saber cómo usarlo, pues la que se puede liar es buena. Viene una "alemana" como yo, o lo que es lo mismo, con una hija alemana que quiere hacerse su propio pastel para su cumpleaños, y te encuentras encendiendo el gas del horno y metiendo la cabeza en busca del lugar de la llama. Desde luego que llegamos a la conclusión que de cara al suicidio, hay mejores formas que un horno ;-). Como al final conseguimos hacer el bizcocho, y sin llamas, para la cena del mismo día metí unas patatas al horno. Tras las llamas las dejamos tal cual, duras, y pasaron luego por el microondas, y las puse encima de la barbacoa; faltó la cámara de gas... La casa estaba muy bien en general, pero no el contentido en útiles, siendo en la cocina el panorama desolador: ningún cuchillo decente para cortar al cocinar, sartenes que se pegan, cacerolas de esmalte de la época de maricastaña, ni una túrmix, ni un pasapuré (lujazo), ni cucharas de plástico o madera decentes para cocinar, un colador medio roto, ninguna tijera de cocina, ninguna fuente de horno (para qué).

Toda la semana me he acordado de mi sabia amiga, española, residente en Hamburgo como yo. Lleva 20 años alquilando casas y apartamentos varias veces al año y siempre dice que ella ya no alquila nada de españoles, que tienen las casas con lo peor de lo peor, por miedo a que les roben o les rompan las cosas, que ella ha llegado a pelearse con alguna agencia de alquiler por pedirles una lamparita para poder leer por la noche, o cosas que le parecían básicas. Y decidió hace años alquilar casas de alemanes, ingleses o cualquiera, pero no de españoles, por lo ruínes y desconfiados que son. Triste pero cierto, y corroboro lo dicho. El otro día en la casa que amigos alemanes alquilaban de compatriotas, vi que el cambio era radical, y el alquiler menor, a todo esto. Las sillas del jardín no se caían a cachos, como las nuestras, pues eran de hierro. Ellos se disculparon  porque no eran cómodas, y les dije que erán comodísimas, que las nuestras estaban para tirar a basura (alguna pegada con cinta adhesiva), pero que todavía pasarán más veraneantes por ellas. Lo que no entiendo es que no se den cuenta de que si la casa está mejor equipada, vuelves, pues nos gustó la casa y la zona, pero así todos vamos una sola vez. Por tanto, para qué invertir en ella incluso con un viajecito a Ikea, con cositas que como dueño de una casa tan bonita no te van a arruinar, pero sí que consiguen que cada vez que abres un cajón o armario de la cocina, pienses que no puede ser. Y me pregunto cuánta gente se preguntará lo mismo, estando de vacaciones con cosas peores que tienes en tu propia casa. Lástima, pues era una casa preciosa, de verdad.

jueves, 21 de julio de 2011

Pitarraca

Se trata de una nueva creación de mi hija, que al tratar de repetir la palabra "tiparraca", le salió ésa: "pitarraca".  Cuando oyó anoche el nombre de Angela Merkel en el telediario de la noche, preguntó que qué decían de ella. Mi madre respondió tan natural: "Ésa es una tiparraca", a lo que la peque preguntó: "pitarraca, ¿qué es pitarraca?". Imposible para una cría que no vive en este país conocer la riqueza de términos despectivos de nuestra lengua. Entre los chorizos y las tiparracas, no da abasto para aprender nuevas palabras o acepciones de las que ya conoce.

Toda vacación aquí le es muy productiva a mis hijas, por lo muchísimo que se llevan consigo. Me refiero al bagaje no solo lingüístico sino cultural. Cada estancia aquí les da para ver el mundo con sus ojos de alemanas, y de españolas en Alemania. Las dos primeras semanas ya han dado para espantarse por los Sanfermines y decir ante las imágenes de la televisión que no lo entienden, y al ver luego a los toros con las banderillas desear que embistan y maten a cada torero que hace tal barbaridad. Luego se espantan por ver el trato a los animales en los pueblos sobre todo. También se ríen mucho cuando la gente dice que hace "frío" este verano. Han apretado las temperaturas hoy, eso sí, pero es cierto que los que tenemos memoria histórica de meses de julio sabemos que éste está resultando "fresquito". Pero claro, ellas les escriben a sus amigas postales y escriben que la gente aquí dice que hace "fresco" a 30°C, que están majaras. Así tal cual lo dicen. Teniendo en cuenta que ellas conocen otros veranos frescos de verdad, razón no les falta.

Y ayer me las llevé a la Plaza Mayor. Les dije que es la plaza de mi pueblo. Ya la conocían, pero les gustó verla de nuevo. Trato de que se empapen de imagénes y de experiencias. Todo esto recordarán en un futuro, cuando sean mayores. Lo bueno y lo malo, los chorizos y las tiparracas, los Sanfermines televisados o lo que sea.

jueves, 23 de junio de 2011

Otro triatlón más

Ya me he tomado dos cafés esta tarde y no surten efecto. Mi hija lleva toda la tarde tirada en su habitación o en el comedor del cansancio que tiene, pero al menos he conseguido que haga los deberes sin calculadora. La muy avispada, ante el batallón de cuentas que tenía por resolver como deberes de matemáticas, me preguntó con la calculadora en la mano que como se hace la división con ella. O la solución de utilizarla se le ocurrió debido al cansancio, o el cansancio no le impidió agudizar el ingenio, ni a mí decirle que de eso nada, que los deberes de matemáticas y más cuando están aprendiendo a dividir no se hacen con calculadora. "No es por eso, sino por saber manejarla", me dijo. Y yo: "Sí, ya, pues entonces resuélvelas primero todas, luego te lo explico y la calculadora la confisco yo luego".

Pero me río, como lo he hecho hoy cuando la he recogido a la una del cole y sin saludarme me ha dicho enfadada: "al año que viene dices que estoy mala". Yo pensaba que hoy me iba a decir que al año que viene la apuntase, pero veo que no es el caso. Hoy era el triatlón infantil de Hamburgo, y todos los colegios estaban llamados a participar. Ella me dijo que no quería, y yo no insistí, pues tienen que nadar y montar luego en bici en bañador mojado, haga el tiempo que haga, y a mí no me apetece que se me fastidien las vacaciones con una pulmonía.

A los e-mails de la profesora, primero amables, y al cuarto ya con tono enfadado al recordarnos que las bicicletas no se transportaban solas al parque donde tiene lugar el triatlón, y que había que llevarlas la tarde anterior, y que si no habría que organizar una furgoneta que costaría 69 €... Como no me di por aludida, ya que mi hija no participaba, le respondí a la profesora que si para 11 niños que participaban de toda la clase, había que montar una así, que más vale dejarlo, que llevo cuatro triatlones oyendo lo mismo, y que a veces me da la sensación que estas cosas se hacen para las madres que acompañan y no para los críos. Dicho está, aunque no sirva de nada.

Pero lo de las madres no lo digo en broma. A uno de cada dos niños que acude, o como participante o como espectador, le corresponde una madre, así que hoy daba gusto ver a la comitiva. El papel con el programa oficial ya me asustó antes de ayer: los participantes tenían que estar a las siete y media de la mañana en el parque donde es la carrera, y está lejos, y los otros a las siete y cuarto en el metro de aquí cerca. Eso quiere decir que me he tenido que levantar aún antes, y a las siete y cuarto estábamos en el metro. La "amenaza" era que como no llegasen todos puntuales, que se iban a en punto, que no podían esperar a ninguno.

Y digo yo (una de mis frases favoritas), que si no es posible organizar el triatlon a las 11 de la mañana, que el día da de sí también, y todos felices. Mi hija ha vuelto agotada de ir y volver, una hora ida, una hora vuelta, y el resto del tiempo estar de pie allí, y encima habiéndose levantado casi una hora antes. Le he preguntado si no se anima a participar el año que viene, y me ha dicho que ni participará, ni irá como bulto, que es un rollo. Que el agua estaba helada (estábamos a 14°C hoy a las siete de la mañana, y no hemos pasado de 19°C hoy), y que no le ve la gracia ni a participar ni a ir. Y que ese día estará mala. O que se dormirá y no llegará a tiempo. Y no me extraña. Aturden a cualquiera. Necesito un tercer café.

lunes, 20 de junio de 2011

Descalzos para todo

En el método de español con el que enseño hay una lección muy divertida que a mí me ha dado mucho juego en mis clases. Va sobre las diferencias culturales, esas situaciones en las que actúas como tú estás acostumbrado pero que en otro país está fuera de contexto y lugar. Yo vivo esas situaciones día a día, y no por ello me dejan de llamar la atención. Una de ellas era una imagen en la que alguien entra en una casa y hace el ademán de quitarse los zapatos y la dueña le dice que no hace falta. Parecerá rara la situación, pero no lo es. La situación se puede dar con diversas lecturas, dependiendo de quiénes la realicen. Es muy normal quitarte los zapatos nada más entrar en una casa alemana, y si llegas y te los quitas, ningún alemán te dirá que no hace falta, pues es lo que se espera. Tabú es entrar con zapatos a cualquier suelo que no sea de baldosa y más aún adentrarte en la casa con los zapatos puestos. Si la situación se da entre un alemán y un español, ante el ademán del que entra en tu casa y se quiere quitar los zapatos, tú, si eres español, le dices que no, que se los puede dejar puestos, como la de la imagen del libro. Ésa soy yo muchas veces, que considera desnudar a la gente el esperar de ellos que se los quiten. Muchas veces me he sentido yo desnuda yendo bien arregladita y llegar a una casa y tener que descalzarme. Además de arruinarte cualquier modelito, es dejarte, en mi opinión, demasiado expuesta. Hay casas en las que tienen zapatillas para las visitas, o en las que te dan unos calcetines de lana gordos para que no se te enfríen los pies, y se quedan tan anchos. El modelito da igual. Este lado japonés de los alemanes está tan extendido, que es muy raro ver a la gente en zapatillas de estar en casa, pues prefieren ir descalzos. Y los críos crecen así. Yo hace años que dejé de comprar zapatillas de estar en casa, pues se quedaban pequeñas sin haberlas usado.

Ayer volví a pensar en todas estas cosas mientras veía a mis hijas actuar en calcetines. De 11 niñas que tocaron en el concierto en el que participaron, solamente dos se quedaron con su calzado puesto; las demás tocaron todas en calcetines. Para mí esto le quita el toque serio al asunto. Por supuesto que en la ópera o en la sala de conciertos los músicos van calzados, pero por muy infantil que sea el concierto, y en casa de la profesora, debería ser posible guardar ese toquecito final que dan los zapatos a cualquier artista, pues no es lo mismo ver a 10 violinistas y una violonchelista en calcetines, que me perdonen. Incluso la mayor del grupo, una chica de 18 años que iba con medias finas y una falda corta, tocó descalza.

Pero entre el público había además una señora cargada de 4 hijos bastante pequeños, que iba descalza y ni siquiera con calcetines o medias y que en el posterior café y tarta se movía con toda confianza por la casa con sus pies descalzos.

Por supuesto que hay momentos en los que yo le veo la lógica a descalzarse: aquí hay días que diluvia tanto o que los montones de nieve hacen que entres en las casas con los zapatos llenos de pegotes de hielo y no es plan de arruinarle el parqué a la gente o las moquetas que todavía muchos tienen. Esos son los días en los que yo agradezco que los que entran a mi casa se los quiten. Pero de ahí a dar un concierto clásico en calcetines va una gran diferencia y si el concierto hubiese sido en mi casa yo hubiese dicho "sí, si hace falta llevarlos".

viernes, 17 de junio de 2011

Estamos todos locos

A veces no sé si estamos locos los padres de hoy día, pero la idea me merodea por la cabeza todo el tiempo. Esta semana ha sido para olvidar, y eso que ha tenido cuatro días laborales. Todo empezó en el momento en el que saqué el martes por la mañana un papelito de la cartera de mi hija pequeña en el que ponía que la actuación de coro era hoy a las cuatro de la tarde. En ese momento sentí el "tierra trágame" por la sensación de que a veces se me va la agenda de las manos. Que como madre tengas que estar en dos sitios a la vez a la misma hora es lo más normal del mundo, y es una facultad que yo digo siempre que todavía no he desarrollado, pero que estamos en ello, aunque más o menos voy apañando siempre algo. Pero que tu hijo tenga que estar en dos cosas importantes a la misma hora y el mismo día, resulta agobiante, y si es por partida doble, más aún. A las cuatro hoy era tanto el ensayo general para el concierto del domingo, una cita impepinable, como la actuación con el coro de primaria, eso la pequeña, y la mayor tiene que estar en el ensayo general del concierto, y en la fiesta de verano de cuatro a siete en el instituto, donde tiene que estar en un stand. Mi primera reacción fue decir que la pequeña no fuese a la actuación del coro, pero cuando me dijo que de eso nada, que cantan "La cucaracha" y que a ella, como española, le toca presentar la canción y cantar una parte sola en español, vi la seriedad del asunto. Además, ha estado participando en el coro del colegio durante todo el curso escolar, que es en horas de clase, porque yo la convencí para hacerlo. ¿Y ahora no va a actuar, que es lo más divertido y representativo, encima que además de cantar en español, canta una canción en sueco, como me demostró el otro día?

Total que le comunico a la profesora de violín que tengo problemas con la hora, y ella, espantada, me recuerda que el ensayo general es con 11 niños, cuya agenda está más llena que la de cualquier casa real, entre hockey, atletismo, flauta, piano, tenis, etc. Ahora acabo de saber que se puede hacer el ensayo una hora antes, y gracias a que otra niña renuncia a ir a un cumpleaños que tenía entre la excursión con su clase, y el ensayo general, pero ha conseguido que 11 puedan venir una hora antes. Esto significa que las llevo, las dejo allí, una hora más tarde recojo a la pequeña, la llevo a la actuación de coro, canta, al terminar volvemos a por la otra, y con ambas continuamos al instituto, donde estaremos hasta las siete y pico. Y esto es una tarde normal. Mi agenda a veces parece un encaje de bolillos, que funciona mientras todo fluya sin contratiempos, pero como ocurra algún imprevisto, se desmorona todo, y sobre todo mis nervios.

Y me repito lo que ya sé: que hoy día tenemos todos la culpa de todo esto. Nuestros padres no se complicaban, y ni había tanta actividad ni querían implicarse tanto en temas escolares y actividades como lo hacemos nosotros. Lo malo es que todos lo hacen, y tú no quieres que tus hijos sean menos. Mis hijas solo tienen cada una como extraescolar la una violín y la otra violonchelo, pero sus compañeros de clase tienen ocupadas tres tardes con actividades mínimo. Yo tengo dos hijas, y ya me da, pero conozco a familias de cuatro hijos, y hace poco me enteré de una que acaba de tener el quinto, y yo les compadezco, pues con lo mal que nos lo hemos montado hoy día, dos hijos son más que suficientes. Pero conozco a varias madres felices de pasarse las tardes con su furgoneta "lleva-niños" en la que no es poco frecuente que lleven una pegatina con la inscripción "Mamá taxi", a la que yo no le veo la gracia.

El fenómeno es internacional. Amigos míos me cuentan estos días de las graduaciones en infantil que se han inventado en España en los últimos años y que me parecen la estupidez mayor. Muchos se las ven y se las desean para escaparse del trabajo y poder ir, y esto se suma a las actuaciones como las mías en los colegios, partidos de fútbol, etc.

Pero de qué me quejo si al final se ha solucionado y ahora volveré a olvidarme de los cuatro días de llamadas, correos, y la sensación de ser una "mal queda" y fastidiar dos conciertos. Mi hija podrá ir a los dos eventos y cantar "la cucharacha", aunque hoy temprano me ha dicho que le parece muy mal que canten esa canción y que no les expliquen a los niños que qué significa la palabra "cucaracha". Es que da igual, le dije. Lo importante es participar, y no perderse ni una, aunque acabemos todas para el arrastre. Sarna con gusto no pica, ¿no?

miércoles, 11 de mayo de 2011

Opiniones de los indecisos

"No puedo decidirme, pues ambas posturas tienen 'razón'. Por ejemplo, aquí en Alemania no hay maremotos u otras catástrofes naturales. Sin embargo no se puede excluir que haya un accidente. Las energías renovables son bastante caras y entonces se necesitan menos trabajadores, además de no producir tanta corriente como la energía nuclear. Además nadie quiere tener un molino de viento en su jardín. Los residuos radioactivos van a ser siempre un problema. Lo mejor es consumir la menos cantidad de energía posible. Entonces quizá se puedan cerrar las centrales nucleares"

Esta ha sido la respuesta de mi hija mayor en su examen de geografía estos días. La pregunta era "¿Estás a favor o en contra de la energía nuclear? ¿O quizá indeciso/-a? Expón tu postura. No te olvides de explicarla."

Y le han dado los 5 puntos de los 5 posibles, acompañados de un "sehr gut" de la profesora. Y no es para menos. Ojalá mucha gente tuviese las ideas tan claras. A veces parezco la madre de la Pantoja, lo sé, pero mi hija vale mucho más que ésa, y no es amor de madre (o sí). Pero la Comisión Ética (la de temas que deberían pasar por esas manos) que Merkel creó hace poco tras el desastre de Fukushima para debatir este tema, un grupo de 17 sabios de la sociedad, de las iglesias alemanas, de la economía y de la ciencia, está debatiendo en la actualidad. A finales de mes presentarán los resultados de tanta elucubración, pero ayer saltaron a la prensa los puntos principales del borrador, en el que la comisión claramente aconseja el abandono progresivo de la energía nuclear hasta el año 2021, si no antes, dependiendo de las emisiones de C02 y los precios de la energía. Proponen cerrar las centrales nucleares alemanas, que se garantice que los residuos nucleares se queden dentro del país, que la energía nuclear almacenada hasta ese momento sirva como reservas en momentos de escasez de la energía convencional. Tras el desastre de Fukushima consideran conveniente un consenso a nivel europeo, que la seguridad nuclear sea un tema en la política europea. El gobierno debe apoyar la creación de centrales de gas y que planes tipo "renove" promuevan que desaparezcan los aparatos que más consuman y exigen que aumenten las ayudas estatales a las obras que ayuden a ahorrar energía en los edificios.

No iba mi hija tan desencaminada con su "indecisión". Anoche le dije, cuando me dio su examen para firmárselo y ejercer mi control de madre, que me lo dejase un día, antes de devolvérselo a la profesora con mi firma, que lo necesitaba para mi blog, y que estaba muy orgullosa de ella. Ah, mi hija dice también que por ir a las manifestaciones contra la energía nuclear que tampoco se soluciona nada. Que ella está también en contra, pero y qué, que es muy fácil hablar.

viernes, 18 de febrero de 2011

Niños malos

¿Ha copiado o no ha copiado el actual ministro de Defensa, Karl-Theodor zu Guttenberg en su tesis doctoral? El tema abre las noticias de los telediarios en sus últimas ediciones, y es portada de periódicos. Se han abierto páginas de internet donde gente con mucho tiempo y ganas descubre los párrafos de la obra que al parecer están plagiados, por formar parte de "su" obra sin nombrar su procedencia. Y eso está muy muy muy mal... a niveles académicos por su puesto, pero no solo. Mejor reconocer haberte fumado un porrito, o ser gay o muchas cosas más tolerables hoy día. ¿Pero copiar alguien de brillante carrera, cuya tesis doctoral en derecho recibió una matrícula de honor? De momento la Universidad de Bayreuth le ha pedido explicaciones para dentro de los próximos 14 días, y le podrían hasta quitar el título.

Verdaderamente el tan popular ministro no gana para sustos, y su probabilidad de ser un futuro canciller alemán aviva la energía de remover en su vida para parar lo que parece imparable. A todo esto pienso en una obra de teatro de Bertolt Brecht que me fascinó: Der aufhaltsame Aufstieg des Arturo Ui; como no me gusta la traducción que encuentro con la palabra "resistible" lo traduzco en "El ascenso 'parable' de Arturo Ui". Se trata de una parodia de la subida al poder de Hitler, y de ahí lo chocante de la elección del adjetivo, que yo traduzco con una acepción que no existe en nuestra lengua, pero sí en alemán y que destaca por su contrapunto de algo que parecía imparable pero que no lo fue. Y lo mismo ocurre con el ministro, cuya carrera podría ser parada por unos o por otros. Si las acusaciones son ciertas, desde luego que su imagen quedaría tan dañada como para tener que retirarse o no llegar a canciller. Pero zu Guttenberg tiene aguante, o si no al tiempo.

Aguante tiene también el St. Pauli, los chicos gamberros del fúbol alemán. Han tenido que esperar 33 años para volver a ganar un derbi contra el HSV, y antes de ayer, con un gol de Asamoah, lo lograron. Ahora celebran y celebran, y el HSV ya no vive de ninguna gloria desde hace mucho, y los malos, que tampoco van bien, se conforman con poco y con criticar cuando pueden, y en cualquier caso de hacerse notar y celebrar sus méritos propios.

Y el domingo se celebran elecciones en Hamburgo. De bueno va un candidato que no es que sea malo, pero no es hanseático, y eso es ser malo para gobernar esta ciudad-estado llena de una casta llamada "hanseática", los hamburgueses de pura cepa o los que se sienten como tales, herederos de los comerciantes del puerto, o con la vena de que "Hamburgo es el paraíso terrenal". El candidato de la CDU, Christoph Ahlhaus, que ocupó el cargo cuando Ole von Beust salió huyendo del puesto ("desgaste" lo llamaron), no parece tener opciones de ganar y en las encuestas los motivos que alega la gente para no votarle es que no es hamburgués, aparte de no tener ningún carisma, y tener mi edad, 41 años, y parecer tener 58 lo menos (esto último lo alego yo, que encima no voto, y no me podré presentar a alcaldesa de Hamburgo por no ser de aquí y encima criticar).

Y como siempre es mi hija pequeña la que me da las soluciones fundamentales de la vida. Lleva una temporada oyendo con teson CDs con los cuentos clásicos de toda la vida. Y como se los sabe de memoria, le da tiempo a filosofar sobre ellos, y en la comida, en el coche o en cualquier momento, me lanza sus preguntas, o mejor dicho, últimamente no me consulta nada, sino que me explica sus conclusiones. Las de esta semana: "Mamá, no entiendo por qué las madrastras en los cuentos son todas malas", o "Me parece injusto que en los cuentos los feos sean los malos, y los buenos los guapos. Vamos que un guapo puede ser malo también, solo faltaba, y un feo buenísimo". Verdades como puños. Veremos por dónde sale el ministro zu Guttenberg ahora para explicar el entuerto, quién gana las elecciones el domingo (Olaf Scholz, el candidato del SPD tampoco es hanseántico -curioso que a él no se lo echen en cara-, tampoco es bello pero tiene una imagen más carismática), y de la liga... veremos. Otro noble de corazón, Raúl, metió el otro día el gol que le sigue llevando al olimpo de los dioses pacientes y amables. Pero en cuanto a bondades me vuelvo a quedar con otro comentario archifamoso de mis hijas, ambas, hacia mí: "Papá es mucho más bueno que tú", a lo que yo respondo siempre ríendome: "Sí, sin duda alguna".

miércoles, 2 de febrero de 2011

Agnóstica con 7 años

El día de Reyes, al comentarle yo con sorna que esa noche habían entrado los Reyes en los hogares españoles, camellos incluidos, mi hija pequeña me miró de soslayo y declaró que no solo no se creía lo de los Reyes, sino que "todo lo de la biblia, no sé, el niño Jesús, todo; hace ya tanto tiempo de eso que yo no me lo creo", me dijo. Y ayer ya no sé ni cómo, mientras comíamos las dos solas, le volvió a salir su agnosticismo. Creo que la conversación empezó porque una niña de su clase hablaba del infierno y del demonio, y les decía a las otras que ella creía en eso porque lo dice la iglesia, y mi hija, que piensa, me contó la anécdota y su punto de vista: "Yo no creo ni en una cosa ni en la otra, porque por ejemplo el demonio, eso es un personaje de los cuentos, en la vida real no existe, y el infierno, fffffff, quién decide quién va adónde". Y dijo que vale, que si lo dice la iglesia "a lo mejor es verdad, pero...". "Es lo mismo que con la historia de Jesús, cuando muere, y está ahí con la piedra delante, y consigue salir". "Resucitar", dije yo, "sí, eso", dijo ella y concluyó: "vamos, que no se lo cree nadie". Pero siguió explicando: que si fuesen historias que cuentan diciendo "hoy" o "ayer", ella se lo creería, pero que diciendo "früher", 'hace tiempo', 'antes', que no. Además, quién escribe esas cosas, que no es que ella diga que se las inventen, porque algo debe de haber para tanta fantasía, pero... Y yo acabé riéndome a carcajadas, y ella molesta pues se cree que no la tomo en serio, a lo que le expliqué que ojalá más gente tuviese tanta lógica como ella.

A ver cómo la mando yo a la catequesis, si es que lo hago, al año que viene cuando le toque. Me la devuelven para casa el primer día. La hermana hizo la comunión, no por mi convencimiento, pues el mismo agnosticismo de mi hija lo tengo yo, pero el resto de la familia no, así que lo respeto pues no es solo mi decisión y yo siempre digo que hay que dar la oportunidad de creer para descreer después si te parece una mejor opción. Pero me maravillo de que una niña de 7 años se plantee estas cuestiones que muchos ni se cuestionan.

Por la noche leí un titular curiosísimo: Los trabajadores de Caritas en Hamburgo se manifestarán hoy a las tres contra el obispo; y tuve que indagar. Son los momentos en los que me encanta vivir en el mundo al revés. En España la gente se manifiesta para hacer feliz al obispo y proclamar ideales de vida que la mayoría no comparte. Aquí los de Caritas se manifiestan por algo real: porque el obispo les quitó el año pasado su paga de vacaciones y la extra. Así de simple. Y me parece muy bien que protesten. La manifestación irá desde una plaza del centro de Hamburgo hasta la oficina del obispo. Caritas es lo mejorcito que tiene la iglesia católica, y me ha hecho ilusión ver ahora en internet el llamamiento a la huelga del sindicato alemán. De momento ya han llamado la atención, ya que se trata de la primera vez que se manifiestan. Les deseo suerte. Al menos, como hija, revindican algo real.