¿Cuál es el momento en el que te desbordas, y tienes la sensación de que no llegas a más? ¿El instante en el que te dices que o todos están locos o tú lo estás? Cada vez me sorprende más la facilidad que tiene la gente de soltar cosas de las que parece no darse ni cuenta de que son punzadas. Y soportas una, y otra, y un día, te tocan tanto las narices, que al comentario más tonto, saltas, y le pasas revista a lo de los últimos días, semanas, o meses. Nunca pensé que cambiar de vida fuese algo tan duro y que muchos se empeñen en que todo sigue igual como hace 10 ó 20 años. Cuántas personas en una situación así no habrán perdido a amigos, familiares, y gente. Una amiga mía habla siempre de la gente nociva que te chupa la energía. Existen por todas partes. Quizá en fases duras de tu vida, es cuando te das cuenta de quiénes son las personas con las que de verdad puedes contar, y cuántos se quedarán en esa otra fase pasada de tu vida. Pero no quiero partir panes con nadie concreto, sino son impresiones en general, porque mi agotamiento es proporcional a los días que me faltan para comenzar de verdad mi nueva vida, pues todavía me encuentro en el tunel entre una y otra.
Mientras tanto me doy cuenta de lo incompetente que es o se ha vuelto el mundo. No es posible solucionar o encargar algo, sin que te cueste un par de llamadas más de la cuenta, o estar detrás días seguidos. Llevo toda la semana coordinando asuntos para mi mudanza que a mí me parecía que estaban aclaradas. Pero no; hoy día hay que volver a recordarlo un par de veces más. Todavía me tienen que arreglar un par de trabajos chapuceros que dejaron sin terminar en el piso (en Alemania también se trabaja así), y ya he llamado varias veces para que vengan. Ahora mismo en cuanto termine este post, saldrá otro correo recordando que mañana es viernes, y que no he oido nada de nadie todavía.
Pero de qué me quejo, si tan solo se trata de que el chapucero del pintor me dejó todos los pestillos de las puertas pintados, de manera que ya no se pueden ni abrir ni cerrar moviendo el pomo, por nombrar una chapuza. Peor es, pienso ahora, lo que le pasó en Alemania la semana pasada a un estudiante. En la lotería de los miércoles, sacaron los números afortunados. El joven camarero de Hamburgo había acertado y hubiese ganado casi un millón de euros si no hubiese sido porque en el sorteo hubo un error: dos bolas se quedaron atascadas y no entraron al bombo, por lo que lo dieron como nulo. Y así el casi millonario se quedó sin nada, por una chapucilla única en la historia de la lotería alemana. Que te ocurra así es como que te toque la lotería, pero en malo.
Así que veré lo que me falta y lo que me incomoda como un par de bolas que se han atascado y no fluyen ni para un lado ni para otro. De todas formas, todo se solucionará, y si no, qué más da. Lo importante no es participar, sino solucionar cosas para poder vivir en paz.
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jueves, 11 de abril de 2013
sábado, 19 de mayo de 2012
La chapuza perfecta
Si en Alemania se hace una chapuza, se hace bien hecha, que para eso estamos en Alemania. Eso ha ocurrido con la apertura del nuevo aeropuerto de Berlín, que estaba planeada para el 3 de junio, el aeropuerto de Berlín Brandemburgo, que llevará el nombre de Willy Brandt, y que reemplazará al de Schönefeld y el de Tegel. La semana pasada saltó la bomba: no estará listo, y el caos ha sido perfecto. Los vuelos estaban reservados para a partir de ese día, llegadas y salidas, y ahora ha habido que buscar alternativas, además del desprestigio que supone para el actual gobierno de Berlín. El sistema contra incendios no iba a estar listo, eso dicen que es la causa principal, y no poco importante. También la fiesta de inauguración planeada, con 40.000 personas, queda en el limbo, porque ya no habrá fiesta de inauguración cuando lo abran, que será nada menos que para el día 17 de marzo del año que viene, pues si desinvitas a tanta gente, no los vas a invitar otra vez, a celebrar qué, además, ya que no estará el horno para bollos, tras la chapuza. Y los cambios de la planificación afectan a unos "cuantos" viajeros, nada menos que a un millón. Recordemos que el aeropuerto debía estar listo para la temporada de verano.
El alcalde de Berlín, el muy carismático Klaus Wowereit, ha perdido mucha imagen en este asunto, pues el aeropuerto es un objeto de prestigio para él. Ahora las críticas le llueven de todos los partidos, porque el desastre ha saltado a demasiado corto plazo. Ahora resulta que por lo visto esto se veía venir, pero se han aferrado a que todo saldría bien y han esperado hasta el final casi. En Alemania también son chapuceros, lo que pasa es que la fama la tienen otros. Imagínense que esto hubiese ocurrido en un aeropuerto del sur de Europa. Las críticas no se harían esperar, pues muchos alemanes aterrizan en zonas de sol con derecho a todo, a sol, a aeropuertos y obras terminadas a tiempo, pero aquí, como en realidad les afecta a ellos mismos y no tanto al turismo extranjero, qué mas da, pues aunque Berlín sea una ciudad muy visitada, está claro que no se trata del aeropuerto de Mallorca en verano.
Pero es que además de los trastornos causados a tanta gente, empleados y viajeros, la línea de crédito calculada para el proyecto de 2.400 millones de euros, no será suficiente, y parece que cada més de retraso costará 15 millones de euros adicionales.
Así que fíense de los alemanes, de sus políticas de austeridad y de su planificación. Aquí no se hacen chapucillas, sino a lo grande, de las que salvo en Alemania, no se entera nadie. Pero para eso está este blog, entre otras cosas.
El alcalde de Berlín, el muy carismático Klaus Wowereit, ha perdido mucha imagen en este asunto, pues el aeropuerto es un objeto de prestigio para él. Ahora las críticas le llueven de todos los partidos, porque el desastre ha saltado a demasiado corto plazo. Ahora resulta que por lo visto esto se veía venir, pero se han aferrado a que todo saldría bien y han esperado hasta el final casi. En Alemania también son chapuceros, lo que pasa es que la fama la tienen otros. Imagínense que esto hubiese ocurrido en un aeropuerto del sur de Europa. Las críticas no se harían esperar, pues muchos alemanes aterrizan en zonas de sol con derecho a todo, a sol, a aeropuertos y obras terminadas a tiempo, pero aquí, como en realidad les afecta a ellos mismos y no tanto al turismo extranjero, qué mas da, pues aunque Berlín sea una ciudad muy visitada, está claro que no se trata del aeropuerto de Mallorca en verano.
Pero es que además de los trastornos causados a tanta gente, empleados y viajeros, la línea de crédito calculada para el proyecto de 2.400 millones de euros, no será suficiente, y parece que cada més de retraso costará 15 millones de euros adicionales.
Así que fíense de los alemanes, de sus políticas de austeridad y de su planificación. Aquí no se hacen chapucillas, sino a lo grande, de las que salvo en Alemania, no se entera nadie. Pero para eso está este blog, entre otras cosas.
martes, 10 de mayo de 2011
Rellenos no veraces
El viernes se concedieron en Hamburgo los Henri-Nannen-Preise, unos premios periodísticos que llevan el nombre del fundador de la revista Stern y que concede la editorial Gruner + Jahr y su revista Stern. Se entregan en una gala en uno de los teatros más importantes de Hamburgo, y acuden la crema y la nata del mundo periodístico alemán. A uno de los galardonados de la noche se le retiró el premio ayer, un periodista del semanario Der Spiegel, en la categoría de mejor reportaje del año. René Pfister retrató en su reportaje a Horst Seehofer, el jefe de la CSU, en su casa, concretamente en su sótano, donde tiene instalada una maqueta de trenes, algo muy típico en Alemania. El periodista describió en los primeros párrafos ese mundo privado de Seehofer, y el premio a todo el reportaje sobre el político le fue concedido por su realismo. Al recogerlo, ni corto ni perezoso, el galardonado dio las gracias, pero dijo cándidamente que él ni siquiera había estado en casa de Seehofer. En seguida, tras la entrega de premios, la revelación fue la comidilla en la fiesta posterior, y ayer, el jurado le retiró el premio alegando falta de veracidad, pues se supone que la rigurosidad periodística es lo que en realidad se premia. Tanto el premiado como la revista Der Spiegel no están de acuerdo con decisión del jurado ayer, pues dicen que Pfister jamás dijo en el artículo que hubiese estado en ese sótano.
¿Es todo lo que leemos fiable? Por supuesto que no. Con los medios de comuniacación que tenemos al alcance, podemos hacer búsquedas en internet, e inventarnos por ejemplo un recorrido por una zona, utilizando anteriores informes de otros, y si tienes un cierto talento con la escritura, puedes vender cualquier "realidad" a cualquiera. ¿No es eso literatura? A mí en realidad no me importa si cierto señor ha estado en el sótano de un político o no y ha visto sus trenes de verdad o no, pero la pregunta es si en un artículo así, que además resulta premiado por su altísima calidad, nos venden ficción, qué no harán en muchos otros artículos de información clave, pues al fin y al cabo aquí se trataba de un reportaje sobre un personaje y le podemos dar toques novelescos, pero si nos informan de hecho veraces, de datos relevantes para todos, puede ser peligroso.
Ahora que sabemos además que el ex ministro zu Guttenberg no solamente plagió su tesis doctoral sino que además lo hizo premeditadamente según el fallo de la Universidad de Bayreuth la semana pasada, no podemos fiarnos de nada publicado, ni de tesis doctorales que nadie lee pero que sirven para darle el toque resultón a un ministro con ganas de cancillería, pero tampoco a artículos publicados en prensa seria.
La naturalidad con que Pfister reconoció en el escenario con el galardón en la mano que nunca había visto los trenecitos, sino que su narración se basaba en lo que le habían contado, demuestra que debe ser una práctica habitual la de contar sin haber presenciado, algo muy fácil en realidad. Cuántas veces no nos hemos pillado engordando historias vividas con detalles quizá no tan reales, pero que le dan este toquecito novelesco o épico a las anécdotas. Cuántas personas contarán haber vivido unas cosas u otras sin haber sido así, y al final acaban por creérselo. Tanto es así que muchas veces no se necesita ni siquiera la noticia porque como dijo aquél "que la realidad no me estropee la noticia", o porque en muchos casos, las verdaderas noticias, no se cuentan.
¿Es todo lo que leemos fiable? Por supuesto que no. Con los medios de comuniacación que tenemos al alcance, podemos hacer búsquedas en internet, e inventarnos por ejemplo un recorrido por una zona, utilizando anteriores informes de otros, y si tienes un cierto talento con la escritura, puedes vender cualquier "realidad" a cualquiera. ¿No es eso literatura? A mí en realidad no me importa si cierto señor ha estado en el sótano de un político o no y ha visto sus trenes de verdad o no, pero la pregunta es si en un artículo así, que además resulta premiado por su altísima calidad, nos venden ficción, qué no harán en muchos otros artículos de información clave, pues al fin y al cabo aquí se trataba de un reportaje sobre un personaje y le podemos dar toques novelescos, pero si nos informan de hecho veraces, de datos relevantes para todos, puede ser peligroso.
Ahora que sabemos además que el ex ministro zu Guttenberg no solamente plagió su tesis doctoral sino que además lo hizo premeditadamente según el fallo de la Universidad de Bayreuth la semana pasada, no podemos fiarnos de nada publicado, ni de tesis doctorales que nadie lee pero que sirven para darle el toque resultón a un ministro con ganas de cancillería, pero tampoco a artículos publicados en prensa seria.
La naturalidad con que Pfister reconoció en el escenario con el galardón en la mano que nunca había visto los trenecitos, sino que su narración se basaba en lo que le habían contado, demuestra que debe ser una práctica habitual la de contar sin haber presenciado, algo muy fácil en realidad. Cuántas veces no nos hemos pillado engordando historias vividas con detalles quizá no tan reales, pero que le dan este toquecito novelesco o épico a las anécdotas. Cuántas personas contarán haber vivido unas cosas u otras sin haber sido así, y al final acaban por creérselo. Tanto es así que muchas veces no se necesita ni siquiera la noticia porque como dijo aquél "que la realidad no me estropee la noticia", o porque en muchos casos, las verdaderas noticias, no se cuentan.
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jueves, 5 de mayo de 2011
Ingeniería alemana
Uno de los eslóganes publicitarios que quiere vender el perfecto engranaje de la máquina industrial que es Alemania para el mundo es la frase lapidaria con la que terminan en España anuncios de coches o productos alemanes: "Ingeniería alemana". Pero podríamos añadirle el subtítulo de "En todas partes cuecen habas". Ayer una noticia hizo abochornarse a más de uno de la Oficina Federal de Transportes Ferroviarios. El puente más elevado de la red ferroviaria alemana, el que une Solingen con Remscheid ha sido sometido en los últimos meses a una reforma, durante los cuales ha estado cerrado al tránsito de trenes... y viajeros. Lo de los viajeros es un "pequeño" detalle, pues la "ingeniería alemana" se ha olvidado de ellos: en el cálculo de la estática del puente, al calcular el peso que pasará por encima de él, se han olvidado de los viajeros de los trenes, por lo que han tenido que volver a cerrar la línea, dejando otra vez a la zona incomunicada. Y lo que en tren, cruzando ese puente, es un trayecto corto, se convierte en una buena vuelta en autobús para montones de trabajadores que se desplazan a poblaciones cercanas, pues no existe si no conexión entre estas dos localidades, y el autobús ha de bajar por carreteras con curvas al valle del río Wupper y volver a subir a la población del otro lado.
El trayecto volvió a funcionar el lunes, tras cinco meses en obras, para cerrar un par de horas después. Ahora tardarán otros cuantos meses en poder circular con viajeros de nuevo, y ahora pasan los trenes vacíos de un lado al otro. Considerando que el puente Müngstener lleva 112 años en funcionamiento y que cuando lo inauguraron, en 1897, no había ordenadores ni muchas de las herramientas de hoy día, podemos concluir que el arreglo es estos meses es una buena obra de la chapucería alemana, que como en todos los países del mundo existe. Pero pensando y pensando, se me ocurre ahora si en otros países se darían cuenta del fallo técnico a las horas de empezar a circular... Y como esto es Alemania, ahora han prohíbido también la circulación de los trenes vacios o sin Fleischgewicht, sin "el peso de la carne", como en la jerga de la ingeniería ferroviaria se llama a los pasajeros. No parecerá considerable, pero a unos 3000 de media que pasan a diario por el puente, mejor que lo hayan cortado. Ahora vuelven las obras, y los que sellan los permisos oficiales cuando esté listo mirarán ahora con lupa todos los cálculos.
Por cierto, ése sí que es un puente suspensivo, con sus 107 metros de altura.
El trayecto volvió a funcionar el lunes, tras cinco meses en obras, para cerrar un par de horas después. Ahora tardarán otros cuantos meses en poder circular con viajeros de nuevo, y ahora pasan los trenes vacíos de un lado al otro. Considerando que el puente Müngstener lleva 112 años en funcionamiento y que cuando lo inauguraron, en 1897, no había ordenadores ni muchas de las herramientas de hoy día, podemos concluir que el arreglo es estos meses es una buena obra de la chapucería alemana, que como en todos los países del mundo existe. Pero pensando y pensando, se me ocurre ahora si en otros países se darían cuenta del fallo técnico a las horas de empezar a circular... Y como esto es Alemania, ahora han prohíbido también la circulación de los trenes vacios o sin Fleischgewicht, sin "el peso de la carne", como en la jerga de la ingeniería ferroviaria se llama a los pasajeros. No parecerá considerable, pero a unos 3000 de media que pasan a diario por el puente, mejor que lo hayan cortado. Ahora vuelven las obras, y los que sellan los permisos oficiales cuando esté listo mirarán ahora con lupa todos los cálculos.
Por cierto, ése sí que es un puente suspensivo, con sus 107 metros de altura.
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miércoles, 4 de mayo de 2011
Lo que no debe decirse
¿Hasta qué punto puede alegrarse una canciller de un país de la muerte de un buscado terrorista? Alegrarse puede, de eso no duda nadie, pero no debe decirlo abiertamente, como hizo ayer Angela Merkel al declarar que estaba muy contenta porque hubiesen matado a Osama bin Laden. Otro político de su partido remató la faena y vino a decir que toda Alemania estaba celebrando la noticia. En mi humilde opinión, una canciller o un presidente de un estado de derecho no pueden hacer declaraciones así. Puede alegrarse, puede hablar con quien quiera y decir que se alegra, pero no expresar a traves de sus palabras lo que ella cree que es la opinión de Alemania, pues de hecho le pagan por no decir lo que piensa. Muchas personas olvidan que parte de su trabajo es ése: no decir lo que piensa de verdad, y cumplir su papel. Que un Obama, como presidente de un país que predica el ojo por ojo, o que otros representantes de países de regímenes dictatoriales no midan sus palabras, puede ser aceptado como incongruencia entre las muchas que esos países creen poder permitirse de contínuo. Pero Merkel ha perdido los papeles, y hoy, ante la avalancha de críticas ha dicho a través de su portavoz que si esa frase suya se oye sacada de su contexto que entiende que pueda herir, pero que en el discurso completo lo que quiso decir fue que está contenta de que Obama ya no pueda ocasionar más atentados. Ella dijo lo que dijo, con contexto o sin él, y ya no va a arreglar nada. Lo que les cuesta a los políticos callarse a menudo..., y me imagino lo que supone tener que hacerlo. Yo misma, en mi labor de profesora de español estoy tentada a menudo de decirle a más de uno: "anda, deja el español, y apúntate a macramé", pues hay gente a la que le deberían prohibir aprender idiomas. Sé que éstas son declaraciones políticamente no correctas, y por eso no las hago, y cumplo mi labor: a mí me pagan por hacerle creer a la gente que el español lo pueden aprender todos, cuando no es así, pero me callo y hago creer que esa es mi misión. Ahora recuerdo un libro de Unamuno que leí en el instituto, y que me impresionó mucho: San Manuel Bueno Mártir. Va de un cura cuyo conflicto interno es que no cree en Dios, pero que por él y su labor mucha gente cree. Muchos políticos deberían aprender de eso: en ellos se debería reflejar la ética de los seres humanos que son y de los millones de otros que representan.
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domingo, 3 de abril de 2011
La constante de quedar mal
Lo malo de vivir entre varias culturas es la cantidad de veces que puedes meter la pata. No es que la metas siquiera, ni que sea tan grave meterla, pero te das cuenta de que los protocolos establecidos son otros que los que tú conoces. O puede ser que te acostumbres a los nuevos e ignores los tuyos de antaño, lo que podría convertirse en una ofensa mayor, y tú sin darte cuenta. Ayer tuve una reunión familiar, donde la anfitriona, una mujer joven de 25 años que vive en EE.UU., invitó a familiares y amigos en Alemania. El bufé estaba listo, y nadie se atrevía a ir, pues ella no había dicho nada. Alguien le hizo saber que mientras no lo diera ella por oficialmente abierto, nadie se levantaría a por la comida. Ella dijo que en EE.UU. el discurso se hace en la mitad de la comida, y que se empieza tal cual, pero salió del paso improvisando y haciendo como se hace aquí: dar la bienvenida diciendo que estaba encantada de la cantidad de gente que había acudido a su llamada, y que "me acaban de decir que aquí el discurso se hace ahora, y no en la mitad de comida; por lo que lo hago como se hace aquí y ¡listo!, así que a comer todos". Parecerá una tontería, pero son leyes no escritas que todos acatan en un país, únicas por no conocer otras (¿mejores?).
De la misma manera en Alemania no se abren los regalos según te los dan, salvo si es una situación íntima de tú a tú con el que te regala. En una fiesta a la que acuden varias personas, sobre todo en un grupo grande, se colocan en una mesa, y luego los abres en tu casa. Se trata de no poner en evidencia a nadie, ni al que te regala, por ver su regalo comparado con el de otros, ni al regalado, no sea que pongas cara de "huy, otro jarrón".
De lo peorcito que puedes hacer aquí es felicitar a alguien por adelantado por su cumpleaños, algo muy normal en España. O celebrar antes del día. Impensable aquí. Mejor tres meses después que un día antes. Muy mal quedas también si acudes a cualquier invitación con las manos vacías: hay que llevar algo, sea una botella de vino, unas flores, o unos bombones.
En España quedas fatal si no das el pésame por la muerte de alguien, o no vas al tanatorio cuando toca, o no visitas a alguien en el hospital, o no llamas a preguntar qué qué tal la operación. Yo, con el paso de los años en Alemania me he convertido en una "mal-queda" en España, pues no exisitiendo aquí ni tanatorios, ni la costumbre de dar el pésame a nadie, salvo en el entierro mismo, y eso si vas, simplemente se me pasan esas cosas. No es intención, lo aseguro, pero es lo mismo que las veces que he quedado mal aquí por hacer cosas fuera de lugar. Simplemente no se me ocurre. Tanto las rémoras del pasado, como la confrontación con tu nuevo medio, te hacen olvidar o ignorar, sin querer, lo aseguro, muchas cosas.
Lo importante es ser natural, pues por mucho que te esfuerces, si estás desplazado, al final metes la pata, y ya puestos, mejor hacerlo con naturalidad y de manera elegante. Es decir, que si a mí se me pasa dar el pésame, por mucho que me recuerden que debería haberlo hecho hace mucho, pues está muy mal no hacerlo, si se me ha pasado y no ha salido de mí, después me parece fuera de lugar aparecer como rezagada y entonar un "lo siento, se me ha olvidado". Es que ni siquiera me siento mal por no haberlo hecho. Son los peligros de la desnaturalización, de vivir a 2.000 km de distancia, y de vivir en otro mundo, algo que debería ser entendible, pero que no lo es para los que no han salido del suyo. De la misma manera, si aquí no llamo para dar las gracias porque me hayan invitado a cenar en casa de alguien, como es habitual en ciertas esferas, y decir que la velada fue inolvidable, tampoco me siento mal. O la invitación es de corazón, o que no me inviten si no.
Es duro esto de no acertar nunca. Lo bueno es que te acostumbras, como a todo.
De la misma manera en Alemania no se abren los regalos según te los dan, salvo si es una situación íntima de tú a tú con el que te regala. En una fiesta a la que acuden varias personas, sobre todo en un grupo grande, se colocan en una mesa, y luego los abres en tu casa. Se trata de no poner en evidencia a nadie, ni al que te regala, por ver su regalo comparado con el de otros, ni al regalado, no sea que pongas cara de "huy, otro jarrón".
De lo peorcito que puedes hacer aquí es felicitar a alguien por adelantado por su cumpleaños, algo muy normal en España. O celebrar antes del día. Impensable aquí. Mejor tres meses después que un día antes. Muy mal quedas también si acudes a cualquier invitación con las manos vacías: hay que llevar algo, sea una botella de vino, unas flores, o unos bombones.
En España quedas fatal si no das el pésame por la muerte de alguien, o no vas al tanatorio cuando toca, o no visitas a alguien en el hospital, o no llamas a preguntar qué qué tal la operación. Yo, con el paso de los años en Alemania me he convertido en una "mal-queda" en España, pues no exisitiendo aquí ni tanatorios, ni la costumbre de dar el pésame a nadie, salvo en el entierro mismo, y eso si vas, simplemente se me pasan esas cosas. No es intención, lo aseguro, pero es lo mismo que las veces que he quedado mal aquí por hacer cosas fuera de lugar. Simplemente no se me ocurre. Tanto las rémoras del pasado, como la confrontación con tu nuevo medio, te hacen olvidar o ignorar, sin querer, lo aseguro, muchas cosas.
Lo importante es ser natural, pues por mucho que te esfuerces, si estás desplazado, al final metes la pata, y ya puestos, mejor hacerlo con naturalidad y de manera elegante. Es decir, que si a mí se me pasa dar el pésame, por mucho que me recuerden que debería haberlo hecho hace mucho, pues está muy mal no hacerlo, si se me ha pasado y no ha salido de mí, después me parece fuera de lugar aparecer como rezagada y entonar un "lo siento, se me ha olvidado". Es que ni siquiera me siento mal por no haberlo hecho. Son los peligros de la desnaturalización, de vivir a 2.000 km de distancia, y de vivir en otro mundo, algo que debería ser entendible, pero que no lo es para los que no han salido del suyo. De la misma manera, si aquí no llamo para dar las gracias porque me hayan invitado a cenar en casa de alguien, como es habitual en ciertas esferas, y decir que la velada fue inolvidable, tampoco me siento mal. O la invitación es de corazón, o que no me inviten si no.
Es duro esto de no acertar nunca. Lo bueno es que te acostumbras, como a todo.
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