El otro día leí que los cines sacan igual o más dinero con los productos que venden para consumir viendo la película que con la entrada en sí. Hoy he alquilado dos barcas a pedales a la puerta de casa por 11 € la hora cada una, un total de 22 €. El periódico de hoy publica una lista de precios para el zoo, parques de atracciones, piscinas, otros parques de animales o actividades para hacer en familia. El zoo de Hamburgo cuesta 20 € para adultos y 15 € para los niños entre 4 y 16 años. Un parque de atracciones de Baja Sajonia, al que acuden los hamburgueses cuesta 39,50 € para adultos y 29,50 € para niños entre 4 y 11 años. Y todo esto no incluye lo que te tomes.
En Hamburgo acaba de abrir sus puertas este año la llamada "igs", una exposición internacional de jardines. La idea suena tentadora para ir a pasar un día primaveral como los que estamos teniendo, pero al "módico" precio de 21 € los adultos tampoco es ninguna ganga. El aparcamiento cuesta 5 € y te deja a 15 minutos de la entrada. Los niños pagan 6 €, que no es excesivo, pero a una familia ya le sale la broma muy cara. Por ese motivo no voy a ir a esta exposición, y es muy cierto que cuando sacas el monedero para hacer algo con tus hijos te da un tembleque muchas veces. Yo he terminado por hacer otro tipo de actividades que me aportan más, como mostrarles otras partes de la ciudad, parques, barrios diferentes, o hacer excursiones. Prefiero gastarme el dinero en gasolina y en buena comida que en dar vueltas por parques en los que consumes además pizza y hamburguesas a precios de comida "normal".
Ahora entiendo por qué nuestros padres nos llevaban al campo, a pasar el día, con la tortilla y los filetes empanados llevados de casa. Y no recuerdo haber tenido ninguna frustración por ello sino todo lo contrario. Hacíamos cosas pues recuerdo amigas mías del barrio cuyos padres no las llevaban nunca a ningún sitio. No se trata de lo que hagas con tus hijos, pienso, sino de dedicarles tiempo de calidad, y eso puede ser de muchas maneras y para eso no hace falta pagar entrada. Yo ayer me las llevé a Lübeck, aprovechando que estamos de vacaciones unos días. Paseamos por sus preciosas calles, compramos algo del mazapán típico. Nos tomamos un refresco con una conocida a la que hacía demasiados años que no veía, y después nos fuimos a ver el mar, el Báltico. Hacía un aire gélido del que te aireaba las ideas, y terminamos la tarde con un cafelito y una tartita alemana a la hora de la merienda española. Como voy a destiempo aquí, el café estaba vacío, pues los alemanes toman café y tarta a las tres o las cuatro.
Aquí, por cierto, cobran también por ir a la playa, algo que me parece vergonzoso. Encima, se han cargado los puestos de trabajo de las casetas donde cobraban antes personas, y ahora son maquinitas. El colmo de la jeta. La playa cuesta este año 2,60 € antes de las tres de la tarde y 1,50 € a partir de esa hora. Ayer no sabía si por pisar la arena y no pagar cometíamos una infracción. Ay no, mi amnesia del día maravilloso de ayer se enturbia y vuelvo a recordar...: de camino a la playa saltó un radar y me pusieron una multa. En una autopista de 3 carriles a cada lado había que ir a 60 km/h, una velocidad soporífera, pero era por haber casas a los lados y para proteger a sus moradores del ruido, como lo llaman aquí a eso. Me llamó la atención que todos los otros coches con matrículas de la zona fuesen pisando huevos tan tranquilos. Seguro que pensaron que me lo tenía bien ganado, por lista hamburguesa. Así que me va a salir más caro el día de lo que planeé. No, si te sablean igual...
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sábado, 4 de mayo de 2013
jueves, 7 de febrero de 2013
Por supuesto que va a dimitir
Alemania debate desde ayer si la ministra de Educación Annette Schavan debe dimitir o no. La Universidad de Düsseldorf le ha retirado su título de doctorado, por la tesis que escribió hace 30 años plagiando descaradamente. Como terminó directamente su carrera con el doctorado, y no con ningún otro título, eso quiere decir que su nivel de estudios es ahora el de bachillerato. Ocurrió hace mucho, dicen unos. Es un linchamiento en toda regla, dicen otros. El proceso de control realizado por la universidad en su investigación no ha sido limpio, dice ella, y ha recurrido. Pero el daño está hecho, y la gran mayoría piensa que como ministra de Educación, como cabeza de la ciencia, debe dimitir, si ella misma no ha hecho uso debido de lo ético en materia de investigación.
Ya llevamos dos ministros copiones, y el otro dimitió. Merkel dice "apoyar" a la ministra. Las otras veces en las que defendió a sus ministros o miembros de su partido, al poco tiempo estos dimitieron; incluso una vez ella echó a uno que no se daba por aludido, pese a querer ella mantenerlo... Así que Schavan va a dimitir, eso está claro. Aquí no se toleran esas tonterías y los que caen en desgracia no se mantienen, y menos en un año de elecciones.
Si además, la señora Schavan ha hecho gala de su título de doctorado toda su vida, y ha accedido por ello a mejores puestos, sueldos, lo ha hecho en base a mentir. Es como los que trabajan de médicos sin serlo o si hay algún taxista que condujera sin carné de conducir, que seguro que hay. Son unos estafadores. Schavan dijo en su momento, cuando pillaron al otro copión, que se avergonzaba. Ahora sabemos por qué. Qué panda de aprovechados nos gobiernan. Y desde luego que ella, como ministra de Educación no es sostenible y ni siquiera biodegradable en la política.
Ya llevamos dos ministros copiones, y el otro dimitió. Merkel dice "apoyar" a la ministra. Las otras veces en las que defendió a sus ministros o miembros de su partido, al poco tiempo estos dimitieron; incluso una vez ella echó a uno que no se daba por aludido, pese a querer ella mantenerlo... Así que Schavan va a dimitir, eso está claro. Aquí no se toleran esas tonterías y los que caen en desgracia no se mantienen, y menos en un año de elecciones.
Si además, la señora Schavan ha hecho gala de su título de doctorado toda su vida, y ha accedido por ello a mejores puestos, sueldos, lo ha hecho en base a mentir. Es como los que trabajan de médicos sin serlo o si hay algún taxista que condujera sin carné de conducir, que seguro que hay. Son unos estafadores. Schavan dijo en su momento, cuando pillaron al otro copión, que se avergonzaba. Ahora sabemos por qué. Qué panda de aprovechados nos gobiernan. Y desde luego que ella, como ministra de Educación no es sostenible y ni siquiera biodegradable en la política.
lunes, 13 de agosto de 2012
Imitando el verano
Desde que volví de España hace dos semanas, me vengo riendo con mi hija pequeña, que es muy cómica, por sus observaciones de campo hechas en España. Mis hijas son muy observadoras, y a los que vivimos entre dos culturas, nos llama todo la atención, y nos pasamos la vida analizando (prueba de ello es este blog). Desternillante es cuando me contaron que mis padres las llevaron al santurio cerca del pueblo, en plan turismo, y que casualmente había misa. Les pareció muy divertido que todas las asistentes fuesen "abuelinas", como ellas dicen, y que recitaran todas ininteligibles oraciones sin ganas ni pasión, toda una letanía aburridísima y sosa. Y entremedias los abanicos, todos al unísono. Yo recordé muchas misas de mi infancia, en el "santamariamadredediosruegapornosotrospecadoresahorayenlahoradenuestramuerteamen", que yo les recité, y ellas dijeron "¡Eso!!!". Y no es que las misas en Alemania sean un sarao, pues te duermen a cánticos con el órgano, y todos saben cantar con una hoja con partituras, menos yo, y es todo tan solemne, como todo lo que hacen en este país, pues se lo toman todo en serio, que sales, tras una hora, totalmente descolocado.
Y luego la pequeña ha cogido la esencia de Extremadura, de las conversaciones de la gente, e imita muy bien a más de una señora del pueblo, que cuando las ven, les preguntan diez cosas seguidas sin esperar respuesta; es más, las mismas señoras, responden a las preguntas y dejan a mis hijas sin decir ni mu escuchando el monólogo: "Hola bonitas, ¿habéis venido al pueblo?, ¿a que os gusta?, claro que sí. Y estáis jugando a las cartas. Me encantan las cartas. Mi juego favorito es el tute. ¿Y qué os gusta más, Alemania, o España? Bueno, las dos cosas ..." y blablabla.
Si pienso ahora en todo esto, es porque mi familia anda por allí, y me acuerdo de momentos y situaciones y me río yo sola, y porque, aunque soy poco de pueblo, siento envidia cochina de todos los que están de vacaciones ahora mismo, por qué no decirlo. Hoy estoy de lunes, tras el madrugón, tras una semana y media de colegio en este mes de agosto en el que definitivamente me han robado la sensación de verano. Sé de muchos familiares y amigos que se van de vacaciones ahora, esta segunda quincena, y a todos ellos les mando mi cariño y deseo de que disfruten; que por muy mal que esté el país, el veranito no se lo quita nadie a los españoles, y los alemanes, al fin y al cabo nos morimos de envidia de que el sur tenga veranos como mandan los cánones, que se pueda ir todos los días a la piscina, y que uno se pueda poner tres meses seguidos ropa de verano. Lo digo ahora, que tengo los pies y las manos heladas. Reflexionen y ante todo, disfruten. Tómense el aperitivo por mí, y suden a gusto, que no es nada malo, que el mes de agosto está para eso, y no para estar congelado a punto de recoger a la niña del colegio.
Y luego la pequeña ha cogido la esencia de Extremadura, de las conversaciones de la gente, e imita muy bien a más de una señora del pueblo, que cuando las ven, les preguntan diez cosas seguidas sin esperar respuesta; es más, las mismas señoras, responden a las preguntas y dejan a mis hijas sin decir ni mu escuchando el monólogo: "Hola bonitas, ¿habéis venido al pueblo?, ¿a que os gusta?, claro que sí. Y estáis jugando a las cartas. Me encantan las cartas. Mi juego favorito es el tute. ¿Y qué os gusta más, Alemania, o España? Bueno, las dos cosas ..." y blablabla.
Si pienso ahora en todo esto, es porque mi familia anda por allí, y me acuerdo de momentos y situaciones y me río yo sola, y porque, aunque soy poco de pueblo, siento envidia cochina de todos los que están de vacaciones ahora mismo, por qué no decirlo. Hoy estoy de lunes, tras el madrugón, tras una semana y media de colegio en este mes de agosto en el que definitivamente me han robado la sensación de verano. Sé de muchos familiares y amigos que se van de vacaciones ahora, esta segunda quincena, y a todos ellos les mando mi cariño y deseo de que disfruten; que por muy mal que esté el país, el veranito no se lo quita nadie a los españoles, y los alemanes, al fin y al cabo nos morimos de envidia de que el sur tenga veranos como mandan los cánones, que se pueda ir todos los días a la piscina, y que uno se pueda poner tres meses seguidos ropa de verano. Lo digo ahora, que tengo los pies y las manos heladas. Reflexionen y ante todo, disfruten. Tómense el aperitivo por mí, y suden a gusto, que no es nada malo, que el mes de agosto está para eso, y no para estar congelado a punto de recoger a la niña del colegio.
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martes, 12 de junio de 2012
Milagros ficticios
Este año nos han dado bien la lata con el centenario del Titanic, pero hubo otro Titanic menos conocido que se cayó del aire, y al que a mí me hubiese parecido más temerario subirme que al Titanic. Hace 75 años, en mayo de 1937 explotó en el aire sobre el estado de New Jersey, EE.UU., el LZ 129 Hindenburg, el dirigible alemán tipo zepelín, con 97 personas a bordo, de las que sobrevivieron 62. Entre la tela que cubría la estructura de aluminio y el gas que lo hacía volar, hidrógeno en concreto, era una bomba voladora, y cuando en cuestion de segundos se prendió fuego todo por una chispa causada por las maniobras de aterrizaje, el combustible que empezó a fugarse, junto con la mala climatología y la mala fortuna, se vino abajo la concepción del momento de que la tecnología era imparable.
Pero hasta este momento, el genio de Ferdinand Graf von Zeppelin había realizado su sueño el 2 de julio de 1900, con su primer dirigible. Y el último, el Hindenburg fue el número 118 de estas naves volantes, y el más grande de todos los tiempos, con 245 metros de largo, 215 toneladas de peso y 200.000 metros cúbicos de gas en su interior. El más, más, más... como el Titanic. Cuando salió de Frankfurt el 3 de mayo de 1937 ya había recorrido 300.000 km en 55 viajes, había transportado a 2.800 pasajeros y había cruzado 34 veces el océano. En este último viaje iban 36 pasajeros, menos de lo habitual, y 61 personas de la tripulación. El viaje costaba 400 dólares, tanto como es hoy 10.000 €. En los dormitorios había agua corriente caliente, en el restaurante menús a la carta, música en vivo de piano, sala de fumadores, aunque las cerillas las guardaba un azafato, por si acaso... Pero como los americanos se habían negado a proveerles con helio, que es no combustible, los dirigibles seguían siendo llenados con hidrógeno, que sí que lo es. Esta catástrofe terminó con los vuelos de dirigibles. Los nazis sospecharon de un ataque o atentado, pero todos los informes apuntaron al mismo resultado: la construcción fue víctima de si misma, de su tamaño, de la fuerza de la naturaleza.
En marzo tuve ocasión de visitar en Friedrichshafen, ciudad a orillas del Lago Constanza, el Museo Zeppelin, pues esta ciudad fue el lugar de fabricación de estas aeronaves. El museo muestra lo que supusieron los dirigibles para el transporte humano, y la proyección que muestran en una sala, con imágenes del incendio y la catástrofe, hace preguntarse si no fueron demasiado lejos, pensando que todo era posible. En 1993 resucitaron la marca y en Friedrichshafen se siguen construyendo zepelines. Ahora los mueve el helio y no el hidrógeno, y se construyen algo más "recogiditos", con 75 m de largo. Sirven para llevar turistas sobre el Lago Constanza, o algunas empresas los encargan.
Si pienso ahora en todo esto es porque, desde que visité el museo, he pensado varias veces en la temeridad humana, que a veces supera los límites del riesgo y de lo posible. Y lo mismo pienso sobre la situación del euro y todos esos bancos que volatilizaron el dinero en inversiones especulativas absurdas y sin ver límites. Pienso en las indemnizaciones millonarias que muchos se han llevado tras haberse estrellado con su nave, en cómo siguieron metiendo dinero en cajas de ahorros que eran bombas dirigidas por unos ineptos. No puedo evitar preguntarme si el euro y una política común monetaria europea no fue un querer volar demasiado alto con la nave errónea. La idea es muy buena pero no como se ha implementado, que era lo fundamental. La técnica y el progreso no previenen de tormentas, de ineptos, y menos aún de llevar el combustible inflamable a bordo, si intrínsecamente está todo podrido.
Pero hasta este momento, el genio de Ferdinand Graf von Zeppelin había realizado su sueño el 2 de julio de 1900, con su primer dirigible. Y el último, el Hindenburg fue el número 118 de estas naves volantes, y el más grande de todos los tiempos, con 245 metros de largo, 215 toneladas de peso y 200.000 metros cúbicos de gas en su interior. El más, más, más... como el Titanic. Cuando salió de Frankfurt el 3 de mayo de 1937 ya había recorrido 300.000 km en 55 viajes, había transportado a 2.800 pasajeros y había cruzado 34 veces el océano. En este último viaje iban 36 pasajeros, menos de lo habitual, y 61 personas de la tripulación. El viaje costaba 400 dólares, tanto como es hoy 10.000 €. En los dormitorios había agua corriente caliente, en el restaurante menús a la carta, música en vivo de piano, sala de fumadores, aunque las cerillas las guardaba un azafato, por si acaso... Pero como los americanos se habían negado a proveerles con helio, que es no combustible, los dirigibles seguían siendo llenados con hidrógeno, que sí que lo es. Esta catástrofe terminó con los vuelos de dirigibles. Los nazis sospecharon de un ataque o atentado, pero todos los informes apuntaron al mismo resultado: la construcción fue víctima de si misma, de su tamaño, de la fuerza de la naturaleza.
En marzo tuve ocasión de visitar en Friedrichshafen, ciudad a orillas del Lago Constanza, el Museo Zeppelin, pues esta ciudad fue el lugar de fabricación de estas aeronaves. El museo muestra lo que supusieron los dirigibles para el transporte humano, y la proyección que muestran en una sala, con imágenes del incendio y la catástrofe, hace preguntarse si no fueron demasiado lejos, pensando que todo era posible. En 1993 resucitaron la marca y en Friedrichshafen se siguen construyendo zepelines. Ahora los mueve el helio y no el hidrógeno, y se construyen algo más "recogiditos", con 75 m de largo. Sirven para llevar turistas sobre el Lago Constanza, o algunas empresas los encargan.
Si pienso ahora en todo esto es porque, desde que visité el museo, he pensado varias veces en la temeridad humana, que a veces supera los límites del riesgo y de lo posible. Y lo mismo pienso sobre la situación del euro y todos esos bancos que volatilizaron el dinero en inversiones especulativas absurdas y sin ver límites. Pienso en las indemnizaciones millonarias que muchos se han llevado tras haberse estrellado con su nave, en cómo siguieron metiendo dinero en cajas de ahorros que eran bombas dirigidas por unos ineptos. No puedo evitar preguntarme si el euro y una política común monetaria europea no fue un querer volar demasiado alto con la nave errónea. La idea es muy buena pero no como se ha implementado, que era lo fundamental. La técnica y el progreso no previenen de tormentas, de ineptos, y menos aún de llevar el combustible inflamable a bordo, si intrínsecamente está todo podrido.
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lunes, 11 de junio de 2012
Donde no se puede exprimir más...
El año pasado, en compañía de un familiar y de un amigo, estuve en el museo de los Beatles de Hamburgo, llamado Beatlemania. Fuimos porque entraba en la entrada de la llamada Noche de los Museos, el equivalente a la "noche blanca" en España. Nos pareció un timo, y agradecimos haber entrado con la entrada de la noche, y no habiendo soltado los 12 € que costaba si no la entrada. El museo, en plena Reeperbahn va a cerrar el 30 de junio, tras tres años de existencia. A mí no me pareció ni que hubiera nada interesante, así que no me extraña que la razón del cierre sea la falta de visitantes. En los tres años tan solo han pasado 150.000 visitantes por las cinco plantas del museo, en un edificio en el que hace años estuvo ubicado el Museo Erótico de Hamburgo, y que era mucho más interesante. Pero esa cifra de visitantes ni siquiera cubre los gastos de mantenimiento. Pero un museo en el que se exponen un par de trajes, una habitación típica de un fan típico de los Beatles en los años 60, figuritas, algún contrato, disco, puede interesar a los muy fans, pero tal cual vi el museo, ni siquiera. La idea del museo era dar rendir homenaje ($$$) al paso de los Beatles por Hamburgo 50 años antes, cuando empezaron a tocar en el club Indra antes de hacerse tan famosos, y en otros clubes de St. Pauli durante dos años con alguna interrupción.
Para que hubiese sido rentable, hubiesen tenido que ir lo menos 300.000, que es la cifra de los fans que acuden cada año al Museo de los Beatles en Liverpool. Pero es que no es lo mismo. Vamos a ver, por mucho que estuviesen tocando los Beatles por aquí, no es la época de la carrera de los Beatles que conoce la humanidad, y desde luego que su nombre, por mucho que lo propaguen los hamburgueses, no va unido a la ciudad de Hamburgo. Entiendo el orgullo por el dato, pero es cuando a la primera de turno te sueltan: "Hamburgo tiene más puentes que Venecia". Pues muy bien, pienso yo. Creo que a los venecianos se las trae al pairo, como a los habitantes de Liverpool.
El responsable del museo acusa ahora a la ciudad de falta de apoyo financiero a algo tan cultural. Pero sinceramente, ¿por qué se tiene que ocupar el estado de cosas tan poco interesantes, y más en los tiempos que corren? O estos lugares se mantienen como institución privada, pues como vemos, de ser un museo estatal sería un agujero de pérdidas, o mejor que no los abran directamente, pues el mundo no necesita ciertas cosas. A mí me pareció una absoluta tomadura de pelo, y jamás he recomendado a nadie ir allí.
Soy amante de los museos. Me podría perder todas las semanas en alguno, y no solo los de pintura o arte, sino de muchos otros temas. Pero ayer por ejemplo leí de un museo curioso en Berlín, uno de pintalabios, y que me produjo hasta grima cuando leí, no ya de la colección de no sé cuantos pintalabios que tiene un maquillador que ha ido coleccionando de famosas, sino las marcas de besos de muchas mujeres conocidas en pañuelos con el carmín de labios pintados. Me gustan los pintalabios y los museos, pero a ése tampoco voy. Al menos éste tiene morbo, por friki, pero el de los Beatles no, por lo exprimidísimo que está el tema. Lo siento, Hamburgo.
Para que hubiese sido rentable, hubiesen tenido que ir lo menos 300.000, que es la cifra de los fans que acuden cada año al Museo de los Beatles en Liverpool. Pero es que no es lo mismo. Vamos a ver, por mucho que estuviesen tocando los Beatles por aquí, no es la época de la carrera de los Beatles que conoce la humanidad, y desde luego que su nombre, por mucho que lo propaguen los hamburgueses, no va unido a la ciudad de Hamburgo. Entiendo el orgullo por el dato, pero es cuando a la primera de turno te sueltan: "Hamburgo tiene más puentes que Venecia". Pues muy bien, pienso yo. Creo que a los venecianos se las trae al pairo, como a los habitantes de Liverpool.
El responsable del museo acusa ahora a la ciudad de falta de apoyo financiero a algo tan cultural. Pero sinceramente, ¿por qué se tiene que ocupar el estado de cosas tan poco interesantes, y más en los tiempos que corren? O estos lugares se mantienen como institución privada, pues como vemos, de ser un museo estatal sería un agujero de pérdidas, o mejor que no los abran directamente, pues el mundo no necesita ciertas cosas. A mí me pareció una absoluta tomadura de pelo, y jamás he recomendado a nadie ir allí.
Soy amante de los museos. Me podría perder todas las semanas en alguno, y no solo los de pintura o arte, sino de muchos otros temas. Pero ayer por ejemplo leí de un museo curioso en Berlín, uno de pintalabios, y que me produjo hasta grima cuando leí, no ya de la colección de no sé cuantos pintalabios que tiene un maquillador que ha ido coleccionando de famosas, sino las marcas de besos de muchas mujeres conocidas en pañuelos con el carmín de labios pintados. Me gustan los pintalabios y los museos, pero a ése tampoco voy. Al menos éste tiene morbo, por friki, pero el de los Beatles no, por lo exprimidísimo que está el tema. Lo siento, Hamburgo.
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viernes, 1 de junio de 2012
14 grados
Hoy, comienzo meteorológico del verano hemos tenido 14 grados de máxima y un aire que parecía del Polo, recién llegado para la ocasión. Así comienza el verano en Hamburgo, sin contemplaciones. Y como hace una semana estábamos a 27 grados, yo estoy helada. Por mucho que digan, para mí una semana no hace un verano, por mucho que la gente se conforme con lo que hemos tenido. Ahora mismo, mientras escribo esto, me está entrando un sueñecito, ganas de coger una mantita y taparme y dormirme. Hablando de mantitas, justo eso me he comprado hoy, una de ésas para taparse cuando uno está tirado en el sofá, pues hoy es un día como para eso, mientras que justo hace una semana, estando de verano, me compré unas chanclas. Pero el tiempo de chanclas duró una semana, y ya está. Ahora mantita, té y sueñecito, para más no da el clima. Hoy he visto a gente sentada fuera en las terrazas de cafés y restaurantes arropados con mantas. Eso es querer y no poder, no me digan.
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
En junio, que suele ser pésimo en cuanto al clima, nos conformamos con los días larguísimos que tenemos. Amanece a las cuatro de la mañana y a las 11 de la noche se aprecia claridad en el cielo. Y la naturaleza está espectacular. La gente está como loca plantando y removiendo tierra en el jardín, abonando, cortando, fumigando. Yo, que prefiero hacer miles de cosas antes que ocuparme del jardín, al final llego siempre a las mismas conclusiones, cada año: a) que para qué tener jardín aquí, para lo poco que se usa; b) si hay un día bueno, o una semana, yo quiero disfrutarlo, y no trabajar en él; c) lo que crece, lo hace porque sí, porque aquí hasta los troncos de los árboles son verdes, cubiertos de musgo, o si no miren este rododendro de mi jardín: jamás lo abono, corto, quito nada seco, y ahí está, cada año en flor. Así que por qué preocuparse por lo que no necesita ningún cuidado. Más me preocupa el clima cada verano, pues siempre me vuelve la sensación de que si en invierno ya paso frío, en verano es igual. Pero es verano, ¡córcholis!
martes, 10 de enero de 2012
Cuánta tontuna
Anoche en mi clase defendí el ir de compras como un hobby como otro cualquiera. La lección hablaba de aficiones, que si montar a caballo, esquiar, leer, escuchar música, y aparecía también el ir de compras, lo que muchos leyeron con escepticismo. Pues a mí me encanta ir de compras, les dije, y no me avergüenzo de ello, pero con ciertos matices. No me gusta principalmente ir a cadenas de tiendas o centros comerciales, sino que disfruto de ir de tiendas por la calle, las tiendas pequeñas, especiales, de las que cada vez quedan menos en el centro de las ciudades pero sí en ciertos barrios de todas y cada una de ellas. El centro ha dado paso a H&M, Zara, Massimo Dutti, C&A, etc., convirtiéndose todas las ciudades en las mismas zonas clónicas de tiendas. La diferencia la hacen esas calles con encanto con tiendas en las que es posible encontrar cosas únicas y no de masas.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
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viernes, 18 de noviembre de 2011
La frustración positiva
Como hoy, una vez más, se me ocurren montones de ideas sobre las que escribir, lo hago sobre el tema denuncia de mi blog, por si no se habían dado cuenta cuál es: la situación de la mujer y madre trabajadora en Alemania. Aunque me tienta escribir de cosas más interesantes, como del comer pipas, del imperfecto (les aseguro que es un tema fascinante) o del agujero de unos cuantos millones que faltan para terminar de construir nuestro barrio escaparate de Hamburgo, la HafenCity, prefiero hacerlo de lo mío, con el lema, "cada loco con su tema".
Hoy leo en el Spiegel online un artículo que me parece algo absurdo, titulado "Por qué los padres temen la excedencia". Con padres el artículo se refiere a los hombres, y la excedencia a la que nos cogemos aquí en Alemania con más o menos tiempo casi todas las madres, posible hasta tres años, y sin cobrar nada, y con garantías de volver al trabajo, sino te cierran la empresa, como me ocurrió a mí. Los hombres también pueden coger estas excedencias, pero son los menos los que se atreven porque, como señala el artículo, de esa manera se perderían un futuro profesional mejor. Eso está más que claro si vemos el caso de las mujeres en este país, a la cola de Europa en temas de conciliación. El otro día oí en la radio que en Alemania faltan 240.000 plazas de guardería para la edad de 0 a 3 años. Eso no quiere decir que exista esa oferta en realidad para ese margen de edad, pues somos nosotras, madres, las que cubrimos ese tiempo aparcando nuestras profesiones, sino que hay 240.000 niños cuyas madres necesitan urgentemente tenerlos en algún sitio para poder trabajar.
En el artículo opinan algunos hombres que sufrieron en sus propias carnes lo que supone la pausa laboral: desde uno al que le ofrecieron el finiquito alegando "fusión" con otra empresa para prescindir de él, pues no le podrían dar cabida a su vuelta, a otros que aun sabiendo que si se quedan ellos las ayudas del estado son mayores durante los pocos meses que se recibe una ayuda, dicen claramente que no lo hacen por miedo a la pérdida profesional que supone llamar la atención en la empresa.
El artículo no descubre el enigma del huevo de Colón, porque no hay más que ver el panorama de las madres en este país para ver por qué los hombres "se sacrifican" a renunciar a sus derechos, decantándose por otros que siguen creyendo intocables, y de esta manera la educación de los hijos no se comparte como se hace en otros países europeos en mayor medida. Por lo que aquí las madres pueden dividirse en los siguientes grupos:
1. Las que tiran por la borda para siempre su futuro profesional por el bien de sus familias, y hablo de gente con titulación universitaria y buenos trabajos antes de dejarlos, y que defienden esta situación a capa de espada, "porque es lo mejor".
2. Las que trabajan media jornada o las horas que pueden o les dejan, y aceptan que es lo que hay y que no pueden hacer otra cosa y tratan de vivir como las madres del punto 1, siendo la perfecta madre y esposa, pero con lo que aporta el punto 2, que es darse cuenta de que lo que uno trabaja no da para nada, ni económicamente ni profesionalmente, excepto para salvar el propio orgullo.
3. Este grupo tiene mucho del 2, y nada del 1, pues son las frustradas, y atención, reclamo un uso positivo de la palabra "frustrada". Estar frustrada es algo muy positivo, pues es el momento en el que te das cuenta de que te están tomando el pelo y que tú estás igual de preparada y podrías ganar el mismo dinero que muchos hombres menos cualificados, pero que por ser hombres lo tienen más fácil, desde el punto de vista profesional y social, porque además no les juzgan por ir a trabajar, algo que se les hace aquí a las madres que lo hacen en jornada completa y con hijos.
4. Y esas son las menos, pero son las malas y desnaturalizadas madres que prefieren una carrera profesional a sacrificarse por sus hijos, y a las que en este país se les llama Rabenmütter, las 'madres de los cuervos', que como se les atribuye a estos pájaros, no parecen ocuparse de ellos, pues es evidente que la realidad es otra. Trabajar jornada completa es aquí solo posible metiendo a una au-pair en tu casa, o pagando a alguien que esté con tus hijos a partir de la una, que es cuando salen de la guardería o colegio, en la mayoría de los casos.
Creo que queda claro a qué grupo me adhiero y por si acaso no, lo digo claramente. Me considero una mujer frustrada pero en el mejor sentido de la palabra, porque de la frustración trato de sacar algo positivo y avanzar. Pienso en lo que me dijo hace poco una prima mía y que me pareció genial "En algún momento del camino en la liberación de la mujer se olvidaron por completo de nosotras, solo pensaron en las que tienen siempre ayuda en casa para todo." Cierto, ésas son las muy pocas que se realizan con todo en este país, como por ejemplo la ministra Ursula von der Leyen, con sus seis hijos, pero es que en Alemania además hemos vuelto para atrás, y la sociedad ha aparcado la liberación de la mujer como tema imposible. El otro día lo hablaba yo con una alumna mía, alemana de 39 años, que me dijo claramente que ella no quiere tener hijos porque ve a muchas amigas suyas frustradas, y que en Alemania le parece imposible conciliar con estos hombres que se piensan que la educación de los hijos sigue siendo derecho exclusivo de las madres y que no son capaces de renunciar a nada.
A mí sobre todo me asustan los comentarios de las propias mujeres, pues de los hombres no espero nada, ya que ellos están contentos con la situación y siguen pensando que están más capacitados que nosotras y así se quitan en sus trabajos la posible competencia de encima. Una conocida me contó hace poco que ha tenido que cancelar viajes de negocios en las próximas semanas porque su marido también tiene viajes esos días, y él no puede cancelar nada, y ella sí, "obviamente", y que eso significa para ella ponerse minas en su futuro profesional. En este país las niñas son maravillosas, listas, creativas, se les fomenta en eso y más; está demostrado que en el instituto sacan mejores notas, y que en la universidad son legión. Pero en el momento de tener hijos se vuelven tontas, y pierden todo su interés profesional para la sociedad alemana, salvo a tiempo parcial y a cachitos. Y el caramelo que nos dan para cubrir la falta de infraestructura, y que conste que yo he criado muy feliz a mis hijas a tiempo completo el tiempo que yo creí necesario dada la situación, es una trampa de la que es muy difícil salir. Y por eso al final sí que los hombres quizá sean más listos por no renunciar a nada, y nosotras tontas, por creernos que no podemos cambiar nada, cuando podríamos frustrarnos todas activamente.
Hoy leo en el Spiegel online un artículo que me parece algo absurdo, titulado "Por qué los padres temen la excedencia". Con padres el artículo se refiere a los hombres, y la excedencia a la que nos cogemos aquí en Alemania con más o menos tiempo casi todas las madres, posible hasta tres años, y sin cobrar nada, y con garantías de volver al trabajo, sino te cierran la empresa, como me ocurrió a mí. Los hombres también pueden coger estas excedencias, pero son los menos los que se atreven porque, como señala el artículo, de esa manera se perderían un futuro profesional mejor. Eso está más que claro si vemos el caso de las mujeres en este país, a la cola de Europa en temas de conciliación. El otro día oí en la radio que en Alemania faltan 240.000 plazas de guardería para la edad de 0 a 3 años. Eso no quiere decir que exista esa oferta en realidad para ese margen de edad, pues somos nosotras, madres, las que cubrimos ese tiempo aparcando nuestras profesiones, sino que hay 240.000 niños cuyas madres necesitan urgentemente tenerlos en algún sitio para poder trabajar.
En el artículo opinan algunos hombres que sufrieron en sus propias carnes lo que supone la pausa laboral: desde uno al que le ofrecieron el finiquito alegando "fusión" con otra empresa para prescindir de él, pues no le podrían dar cabida a su vuelta, a otros que aun sabiendo que si se quedan ellos las ayudas del estado son mayores durante los pocos meses que se recibe una ayuda, dicen claramente que no lo hacen por miedo a la pérdida profesional que supone llamar la atención en la empresa.
El artículo no descubre el enigma del huevo de Colón, porque no hay más que ver el panorama de las madres en este país para ver por qué los hombres "se sacrifican" a renunciar a sus derechos, decantándose por otros que siguen creyendo intocables, y de esta manera la educación de los hijos no se comparte como se hace en otros países europeos en mayor medida. Por lo que aquí las madres pueden dividirse en los siguientes grupos:
1. Las que tiran por la borda para siempre su futuro profesional por el bien de sus familias, y hablo de gente con titulación universitaria y buenos trabajos antes de dejarlos, y que defienden esta situación a capa de espada, "porque es lo mejor".
2. Las que trabajan media jornada o las horas que pueden o les dejan, y aceptan que es lo que hay y que no pueden hacer otra cosa y tratan de vivir como las madres del punto 1, siendo la perfecta madre y esposa, pero con lo que aporta el punto 2, que es darse cuenta de que lo que uno trabaja no da para nada, ni económicamente ni profesionalmente, excepto para salvar el propio orgullo.
3. Este grupo tiene mucho del 2, y nada del 1, pues son las frustradas, y atención, reclamo un uso positivo de la palabra "frustrada". Estar frustrada es algo muy positivo, pues es el momento en el que te das cuenta de que te están tomando el pelo y que tú estás igual de preparada y podrías ganar el mismo dinero que muchos hombres menos cualificados, pero que por ser hombres lo tienen más fácil, desde el punto de vista profesional y social, porque además no les juzgan por ir a trabajar, algo que se les hace aquí a las madres que lo hacen en jornada completa y con hijos.
4. Y esas son las menos, pero son las malas y desnaturalizadas madres que prefieren una carrera profesional a sacrificarse por sus hijos, y a las que en este país se les llama Rabenmütter, las 'madres de los cuervos', que como se les atribuye a estos pájaros, no parecen ocuparse de ellos, pues es evidente que la realidad es otra. Trabajar jornada completa es aquí solo posible metiendo a una au-pair en tu casa, o pagando a alguien que esté con tus hijos a partir de la una, que es cuando salen de la guardería o colegio, en la mayoría de los casos.
Creo que queda claro a qué grupo me adhiero y por si acaso no, lo digo claramente. Me considero una mujer frustrada pero en el mejor sentido de la palabra, porque de la frustración trato de sacar algo positivo y avanzar. Pienso en lo que me dijo hace poco una prima mía y que me pareció genial "En algún momento del camino en la liberación de la mujer se olvidaron por completo de nosotras, solo pensaron en las que tienen siempre ayuda en casa para todo." Cierto, ésas son las muy pocas que se realizan con todo en este país, como por ejemplo la ministra Ursula von der Leyen, con sus seis hijos, pero es que en Alemania además hemos vuelto para atrás, y la sociedad ha aparcado la liberación de la mujer como tema imposible. El otro día lo hablaba yo con una alumna mía, alemana de 39 años, que me dijo claramente que ella no quiere tener hijos porque ve a muchas amigas suyas frustradas, y que en Alemania le parece imposible conciliar con estos hombres que se piensan que la educación de los hijos sigue siendo derecho exclusivo de las madres y que no son capaces de renunciar a nada.
A mí sobre todo me asustan los comentarios de las propias mujeres, pues de los hombres no espero nada, ya que ellos están contentos con la situación y siguen pensando que están más capacitados que nosotras y así se quitan en sus trabajos la posible competencia de encima. Una conocida me contó hace poco que ha tenido que cancelar viajes de negocios en las próximas semanas porque su marido también tiene viajes esos días, y él no puede cancelar nada, y ella sí, "obviamente", y que eso significa para ella ponerse minas en su futuro profesional. En este país las niñas son maravillosas, listas, creativas, se les fomenta en eso y más; está demostrado que en el instituto sacan mejores notas, y que en la universidad son legión. Pero en el momento de tener hijos se vuelven tontas, y pierden todo su interés profesional para la sociedad alemana, salvo a tiempo parcial y a cachitos. Y el caramelo que nos dan para cubrir la falta de infraestructura, y que conste que yo he criado muy feliz a mis hijas a tiempo completo el tiempo que yo creí necesario dada la situación, es una trampa de la que es muy difícil salir. Y por eso al final sí que los hombres quizá sean más listos por no renunciar a nada, y nosotras tontas, por creernos que no podemos cambiar nada, cuando podríamos frustrarnos todas activamente.
viernes, 20 de mayo de 2011
Demagogias
No anda muy atinada Merkel últimamente en sus comentarios. Los de esta semana no tienen desperdicio, exigiendo que todos los países de Europa se igualen en vacaciones y jubilaciones. Ella parte de la base de que en Alemania se trabaja más, que la gente se jubila posteriormente, y que hay menos vacaciones que en otros países. Pero no es el caso. Los alemanes tienen 6 semanas de vacaciones al año. En España son un mes, que sumado a las fiestas, que son bastantes más en España, vendría a ser lo mismo. El problema de lo que ha dicho es que no se ha informado bien antes de hablar, pues de la misma manera aquí ha habido durante muchos años jubilaciones demasiado anticipadas y las sigue habiendo, y todo eso lo estamos pagando todos. Me resulta chocante además que hable de armonizar Europa, cuando en Alemania entre los estados federales hay tanta diferencia, no en el número de días sino en las fechas, pero sobre todo en otras cuestiones básicas como en educación, ya sean los horarios o peor aún el nivel de la enseñanza. El problema de declaraciones así es que son pura demagogia. Ella renfuerza mediante sus palabras los resquemores de muchos alemanes que piensan que ellos son los únicos que trabajan de Europa y que los sureuropeos son unos vagos y malos administradores. Como de todos los estereotipos, incluso del de que Alemania esté tan bien organizada, podemos dudar.
Estoy harta de noticias huecas, bulos engañabobos, y de que la gente no piense. Lo mismo ha ocurrido en los últimos tres meses con la noticia aquella de que Alemania ofrecería trabajo a tantos españoles. Jamás, salvo en una frasecita publicada en el semanario Der Spiegel, tuvo repercusión esa oferta de Merkel aquí, y por la cuenta que le tenía no trascendió a la opinión pública. Es más, a tanta pregunta desde España de familiares y amigos, no he hecho más que reiterar que eso NO ha sido nunca noticia en Alemania, que aquí se habla de ingenieros e informáticos que podrían venir de fuera, para suplir la demanda, pero jamás se habla ni de otras ramas laborales, ni de que concretamente fuesen a venir españoles. Ni se ofrecen programas gratuitos de enseñanza en el que cualquiera de fuera podría apuntarse, porque los que estamos dentro ya suponemos carga suficiente para un país que vive de ingenierías y que recorta en educación, cultura, y gastos sociales, como en el resto de Europa.
Hace poco leí una noticia que me volvió a recodar toda esta bola de nieve estúpida: un artículo que apareció en el Süddeutsche Zeitung, un periódico serio, titulado, "Madres, mayores, y parados: ¡a trabajar!". Como un titular así no me puede dejar indiferente, a mi indignación por la noticia de que esa falta de personal cualificado se suplería de estos tres grupos (y no de españoles) se sumó una llamada a la calma que hago ahora: con lo que Alemania quiere solucionar la falta de personal cualificado es con gente como yo, más parados y jubilados. Por suerte entro solo en la primera categoría, aunque lo de mayores podría ser pronto, si el estado alemán sigue negando que para que todas esas madres altamente cualificades se incorporen al mundo laboral, debe haber la infraestructura inexistente. Y con esos mayores, se refiere el gobierno de Merkel a todos esos que se han jubilado (bastante) antes de cumplir los 65. Si hace política europea, haga primero de puertas adentro, señora canciller.
Estoy harta de noticias huecas, bulos engañabobos, y de que la gente no piense. Lo mismo ha ocurrido en los últimos tres meses con la noticia aquella de que Alemania ofrecería trabajo a tantos españoles. Jamás, salvo en una frasecita publicada en el semanario Der Spiegel, tuvo repercusión esa oferta de Merkel aquí, y por la cuenta que le tenía no trascendió a la opinión pública. Es más, a tanta pregunta desde España de familiares y amigos, no he hecho más que reiterar que eso NO ha sido nunca noticia en Alemania, que aquí se habla de ingenieros e informáticos que podrían venir de fuera, para suplir la demanda, pero jamás se habla ni de otras ramas laborales, ni de que concretamente fuesen a venir españoles. Ni se ofrecen programas gratuitos de enseñanza en el que cualquiera de fuera podría apuntarse, porque los que estamos dentro ya suponemos carga suficiente para un país que vive de ingenierías y que recorta en educación, cultura, y gastos sociales, como en el resto de Europa.
Hace poco leí una noticia que me volvió a recodar toda esta bola de nieve estúpida: un artículo que apareció en el Süddeutsche Zeitung, un periódico serio, titulado, "Madres, mayores, y parados: ¡a trabajar!". Como un titular así no me puede dejar indiferente, a mi indignación por la noticia de que esa falta de personal cualificado se suplería de estos tres grupos (y no de españoles) se sumó una llamada a la calma que hago ahora: con lo que Alemania quiere solucionar la falta de personal cualificado es con gente como yo, más parados y jubilados. Por suerte entro solo en la primera categoría, aunque lo de mayores podría ser pronto, si el estado alemán sigue negando que para que todas esas madres altamente cualificades se incorporen al mundo laboral, debe haber la infraestructura inexistente. Y con esos mayores, se refiere el gobierno de Merkel a todos esos que se han jubilado (bastante) antes de cumplir los 65. Si hace política europea, haga primero de puertas adentro, señora canciller.
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sábado, 14 de mayo de 2011
La culpa la tiene Lena...
... de que mi hija mayor de repente parezca adolescente a sus 10/casi 11 años.
... de que nos esté mandando callar toda la noche cada vez que Lena dice algo o podría decirse algo de ella.
... de que yo me esté tragando el festival de Eurovisión como si me importase.
... de que haya votado por primera vez, y no a Lena, pues desde Alemania no se le puede votar a ella, y a la española ni siquiera por patriotismo la he podido votar, así que me guardo el secreto de a quién he votado con mi sms, ¡yo!
... de que toda Alemania esté enamorado de esta muchachita que cuando habla ante la cámara parece estar bajo los efectos de algún alucinógeno.
... de que el festival esté resultando un perfecto engranaje de la ingeniería alemana, y una muestra perfecta de este país.
Me explico: la elección de los tres presentadores se las trae. Stefan Raab es el creador de Lena, él la descubrió y la acompañó tras ser elegida en televisión a lo más alto. Él se tiró el farol a los dos días de la victoria de que este año Lena volvería a la carga. Le montó tres noches televisivas a Lena a comienzos de año para elegir canción y en un momento bajo de poca audiencia llegó a admitir que tanta Lena se le estaba atragantando al público. Pero la elección de la canción, la algo psicodélica "Taken by the Stranger" pareció calmar los ánimos. Y Stefan Raab, una máquina televisiva, cuyo programa TV Total lleva en antena desde 1999, ojo al dato, aguantó y volvió a salir airoso. De su biografía todos sabemos que es hijo de un carnicero, y es la reencarnación televisiva de cualquier ciudadado de a pie, un obrero hecho un showman para la gente normal. Anke Engelke es una humorista conocidísima en Alemania, mordaz en sus sketches y con una rapidez en su lenguaje y estilo, sorprendente como presentadora de un evento soporífero como la Eurovisión. Junto con Stefan Raab podrían haberle dado para siempre al festival de Eurovisión un cambio de aire si les hubiesen dejado montar más espectáculo aún. Judith Rakers es la niña buena del trío, la rubia alemana moderada y controlada. Es presentadora del Tageschau, el telediarío más soso que existe, en el que prima la noticia y no el carácter de presentador. Probablemente la hayan puesto para compensar la explosividad de Anke Engelke y Stefan Raab.
Y el show ha empezado como el show de Lena/Raab que está siendo el festival, sin que se den cuenta más que los alemanes. La escenificación de la canción ganadora del año pasado "Satellite" con 16 "Lenas" sobre el escenario y una versión estilo "big band" de la canción con Stefan Raab cantándola, tocando la guitarra eléctrica y la batería, ha dejado claro de lo que se trataba: Lena-Raab-Raab-Lena.
Lena no va a ganar, y está bien así, pues un tercer año de Lena sería demasiado. A mi hija ya le han salido dos espinillas las últimas dos semanas, y de esas no tiene la culpa Lena, pero sí de que en su habitación cuelguen posters y noticias sobre Lena pegadas sobre paredes y el armario, y de que sigan ella y su hermana por aquí sin dormirse. Hasta ellas se dan cuenta de que los vecinos votan a los vecinos, y que al final todo es el timo del tocomocho. El patriotismo les puede, y aunque vayan con Lena, sufren por la mala puntuación de España, y está bien así. Y de eso no tiene la culpa Lena.
... de que nos esté mandando callar toda la noche cada vez que Lena dice algo o podría decirse algo de ella.
... de que yo me esté tragando el festival de Eurovisión como si me importase.
... de que haya votado por primera vez, y no a Lena, pues desde Alemania no se le puede votar a ella, y a la española ni siquiera por patriotismo la he podido votar, así que me guardo el secreto de a quién he votado con mi sms, ¡yo!
... de que toda Alemania esté enamorado de esta muchachita que cuando habla ante la cámara parece estar bajo los efectos de algún alucinógeno.
... de que el festival esté resultando un perfecto engranaje de la ingeniería alemana, y una muestra perfecta de este país.
Me explico: la elección de los tres presentadores se las trae. Stefan Raab es el creador de Lena, él la descubrió y la acompañó tras ser elegida en televisión a lo más alto. Él se tiró el farol a los dos días de la victoria de que este año Lena volvería a la carga. Le montó tres noches televisivas a Lena a comienzos de año para elegir canción y en un momento bajo de poca audiencia llegó a admitir que tanta Lena se le estaba atragantando al público. Pero la elección de la canción, la algo psicodélica "Taken by the Stranger" pareció calmar los ánimos. Y Stefan Raab, una máquina televisiva, cuyo programa TV Total lleva en antena desde 1999, ojo al dato, aguantó y volvió a salir airoso. De su biografía todos sabemos que es hijo de un carnicero, y es la reencarnación televisiva de cualquier ciudadado de a pie, un obrero hecho un showman para la gente normal. Anke Engelke es una humorista conocidísima en Alemania, mordaz en sus sketches y con una rapidez en su lenguaje y estilo, sorprendente como presentadora de un evento soporífero como la Eurovisión. Junto con Stefan Raab podrían haberle dado para siempre al festival de Eurovisión un cambio de aire si les hubiesen dejado montar más espectáculo aún. Judith Rakers es la niña buena del trío, la rubia alemana moderada y controlada. Es presentadora del Tageschau, el telediarío más soso que existe, en el que prima la noticia y no el carácter de presentador. Probablemente la hayan puesto para compensar la explosividad de Anke Engelke y Stefan Raab.
Y el show ha empezado como el show de Lena/Raab que está siendo el festival, sin que se den cuenta más que los alemanes. La escenificación de la canción ganadora del año pasado "Satellite" con 16 "Lenas" sobre el escenario y una versión estilo "big band" de la canción con Stefan Raab cantándola, tocando la guitarra eléctrica y la batería, ha dejado claro de lo que se trataba: Lena-Raab-Raab-Lena.
Lena no va a ganar, y está bien así, pues un tercer año de Lena sería demasiado. A mi hija ya le han salido dos espinillas las últimas dos semanas, y de esas no tiene la culpa Lena, pero sí de que en su habitación cuelguen posters y noticias sobre Lena pegadas sobre paredes y el armario, y de que sigan ella y su hermana por aquí sin dormirse. Hasta ellas se dan cuenta de que los vecinos votan a los vecinos, y que al final todo es el timo del tocomocho. El patriotismo les puede, y aunque vayan con Lena, sufren por la mala puntuación de España, y está bien así. Y de eso no tiene la culpa Lena.
martes, 10 de mayo de 2011
Rellenos no veraces
El viernes se concedieron en Hamburgo los Henri-Nannen-Preise, unos premios periodísticos que llevan el nombre del fundador de la revista Stern y que concede la editorial Gruner + Jahr y su revista Stern. Se entregan en una gala en uno de los teatros más importantes de Hamburgo, y acuden la crema y la nata del mundo periodístico alemán. A uno de los galardonados de la noche se le retiró el premio ayer, un periodista del semanario Der Spiegel, en la categoría de mejor reportaje del año. René Pfister retrató en su reportaje a Horst Seehofer, el jefe de la CSU, en su casa, concretamente en su sótano, donde tiene instalada una maqueta de trenes, algo muy típico en Alemania. El periodista describió en los primeros párrafos ese mundo privado de Seehofer, y el premio a todo el reportaje sobre el político le fue concedido por su realismo. Al recogerlo, ni corto ni perezoso, el galardonado dio las gracias, pero dijo cándidamente que él ni siquiera había estado en casa de Seehofer. En seguida, tras la entrega de premios, la revelación fue la comidilla en la fiesta posterior, y ayer, el jurado le retiró el premio alegando falta de veracidad, pues se supone que la rigurosidad periodística es lo que en realidad se premia. Tanto el premiado como la revista Der Spiegel no están de acuerdo con decisión del jurado ayer, pues dicen que Pfister jamás dijo en el artículo que hubiese estado en ese sótano.
¿Es todo lo que leemos fiable? Por supuesto que no. Con los medios de comuniacación que tenemos al alcance, podemos hacer búsquedas en internet, e inventarnos por ejemplo un recorrido por una zona, utilizando anteriores informes de otros, y si tienes un cierto talento con la escritura, puedes vender cualquier "realidad" a cualquiera. ¿No es eso literatura? A mí en realidad no me importa si cierto señor ha estado en el sótano de un político o no y ha visto sus trenes de verdad o no, pero la pregunta es si en un artículo así, que además resulta premiado por su altísima calidad, nos venden ficción, qué no harán en muchos otros artículos de información clave, pues al fin y al cabo aquí se trataba de un reportaje sobre un personaje y le podemos dar toques novelescos, pero si nos informan de hecho veraces, de datos relevantes para todos, puede ser peligroso.
Ahora que sabemos además que el ex ministro zu Guttenberg no solamente plagió su tesis doctoral sino que además lo hizo premeditadamente según el fallo de la Universidad de Bayreuth la semana pasada, no podemos fiarnos de nada publicado, ni de tesis doctorales que nadie lee pero que sirven para darle el toque resultón a un ministro con ganas de cancillería, pero tampoco a artículos publicados en prensa seria.
La naturalidad con que Pfister reconoció en el escenario con el galardón en la mano que nunca había visto los trenecitos, sino que su narración se basaba en lo que le habían contado, demuestra que debe ser una práctica habitual la de contar sin haber presenciado, algo muy fácil en realidad. Cuántas veces no nos hemos pillado engordando historias vividas con detalles quizá no tan reales, pero que le dan este toquecito novelesco o épico a las anécdotas. Cuántas personas contarán haber vivido unas cosas u otras sin haber sido así, y al final acaban por creérselo. Tanto es así que muchas veces no se necesita ni siquiera la noticia porque como dijo aquél "que la realidad no me estropee la noticia", o porque en muchos casos, las verdaderas noticias, no se cuentan.
¿Es todo lo que leemos fiable? Por supuesto que no. Con los medios de comuniacación que tenemos al alcance, podemos hacer búsquedas en internet, e inventarnos por ejemplo un recorrido por una zona, utilizando anteriores informes de otros, y si tienes un cierto talento con la escritura, puedes vender cualquier "realidad" a cualquiera. ¿No es eso literatura? A mí en realidad no me importa si cierto señor ha estado en el sótano de un político o no y ha visto sus trenes de verdad o no, pero la pregunta es si en un artículo así, que además resulta premiado por su altísima calidad, nos venden ficción, qué no harán en muchos otros artículos de información clave, pues al fin y al cabo aquí se trataba de un reportaje sobre un personaje y le podemos dar toques novelescos, pero si nos informan de hecho veraces, de datos relevantes para todos, puede ser peligroso.
Ahora que sabemos además que el ex ministro zu Guttenberg no solamente plagió su tesis doctoral sino que además lo hizo premeditadamente según el fallo de la Universidad de Bayreuth la semana pasada, no podemos fiarnos de nada publicado, ni de tesis doctorales que nadie lee pero que sirven para darle el toque resultón a un ministro con ganas de cancillería, pero tampoco a artículos publicados en prensa seria.
La naturalidad con que Pfister reconoció en el escenario con el galardón en la mano que nunca había visto los trenecitos, sino que su narración se basaba en lo que le habían contado, demuestra que debe ser una práctica habitual la de contar sin haber presenciado, algo muy fácil en realidad. Cuántas veces no nos hemos pillado engordando historias vividas con detalles quizá no tan reales, pero que le dan este toquecito novelesco o épico a las anécdotas. Cuántas personas contarán haber vivido unas cosas u otras sin haber sido así, y al final acaban por creérselo. Tanto es así que muchas veces no se necesita ni siquiera la noticia porque como dijo aquél "que la realidad no me estropee la noticia", o porque en muchos casos, las verdaderas noticias, no se cuentan.
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lunes, 31 de enero de 2011
Marketing archiconocido
Que el sexo vende, está clarísimo. Que el sexo hipnotiza también. La semana pasada supimos que una dentista en Baviera trabaja en dirndl, el traje típico de Baviera y de Austria que ensalza la figura femenina, sobre todo con un buen escote en muchos casos. Trabaja con esta técnica como terapia de hipnotización, no en el sentido de la palabra, pero si bajo el famoso "pueden más dos tetas que dos carretas..." En este caso se ahorran el dormir a los pacientes, y tienen menos dolor. Ya lo han comprobado. Lo que ya es seguro que que la avalancha de pacientes (masculinos, me imagino) no se ha hecho esperar. Sí que debe de haber algo, pues mi dentista, mujer, tiene en el techo un cuadro que asemeja a un pañuelo del cuello con dibujos asimétricos. Es rosita, y yo lo miro todo el rato concentrada en las líneas y florituras. Pero lo del escote es la sofisticación total, o mejor dicho el realismo absoluto. Desde luego que los pacientes, al tener el generoso escote tan cerca, abrirán la boca automáticamente, no me cabe duda.
Y cómo se explica si no que Andrea Agassi hace poco, en una subasta en la que vendía objetos personales para una buena causa, bajo el poco entusiasmo de los compradores, ofreció al que comprara por por lo menos 4000 $ el plato de porcelana que nadie quería, que le enseñaría una foto de su mujer Steffi Graf, desnuda, en la pantallita del móvil. Enseguida se encontró un comprador, al que Agassi le enseñó la foto al instante. El comprador de la imagen pareció satisfecho con lo que vio, cuentan. Lo que no sabemos es si a Steffi le haría gracia la espontaneidad de su esposo, pero todo sea por una buena causa.
Me pregunto si hubiese sido al revés, y Steffi Graf, que tampoco es Pamela Anderson, hubiese ofrecido una foto de su marido desnudo, si alguien hubiese pagado esa suma, al igual que me planteo si la misma consulta llevada por hombres vestidos en pantalones de cuero tiroleses tendría tanta aceptación y efecto hipnótico. Sí que la misma llevada por hombres en pantalones de cuero negro y abdominales a lo Cristiano Ronaldo, tendría sus efectos analgésicos sobre las féminas. Pero en nosotras no suele pensar nadie. Hemos de soportar el dolor a pelo, pero ya estamos acostumbradas.
Y cómo se explica si no que Andrea Agassi hace poco, en una subasta en la que vendía objetos personales para una buena causa, bajo el poco entusiasmo de los compradores, ofreció al que comprara por por lo menos 4000 $ el plato de porcelana que nadie quería, que le enseñaría una foto de su mujer Steffi Graf, desnuda, en la pantallita del móvil. Enseguida se encontró un comprador, al que Agassi le enseñó la foto al instante. El comprador de la imagen pareció satisfecho con lo que vio, cuentan. Lo que no sabemos es si a Steffi le haría gracia la espontaneidad de su esposo, pero todo sea por una buena causa.
Me pregunto si hubiese sido al revés, y Steffi Graf, que tampoco es Pamela Anderson, hubiese ofrecido una foto de su marido desnudo, si alguien hubiese pagado esa suma, al igual que me planteo si la misma consulta llevada por hombres vestidos en pantalones de cuero tiroleses tendría tanta aceptación y efecto hipnótico. Sí que la misma llevada por hombres en pantalones de cuero negro y abdominales a lo Cristiano Ronaldo, tendría sus efectos analgésicos sobre las féminas. Pero en nosotras no suele pensar nadie. Hemos de soportar el dolor a pelo, pero ya estamos acostumbradas.
jueves, 13 de enero de 2011
Vivir peligrosamente
Últimamente solo veo peligros. Parezco mi abuela cuando abría el periódico, veía todos los sucesos, y decía que cómo está el mundo. En un país tan seguro y organizado como Alemania, con tan alta calidad de vida, los peligros acechan igual, y hemos comenzado el año con miedo a comer huevos, carne de pollo y de cerdo. Y si no pereces por comer todo eso, podrás quedarte atrapado con el coche en los agujeros en las calles que empiezan a aparecer tras haberse derretido la nieve (el otro día cortaron una autopista, la A7, de lo peligrosa que estaba), o podrás patinar al caminar sobre las aceras y romperte algún hueso, o resbalar con tu coche sobre la nieve y el hielo, o podrás terminar en una inundación cuando se derrite la nieve, como está ocurriendo en Baja Sajonia.
Respecto a la alimentación, los comerciantes pequeños se alegran, pues están obteniendo más ganancias por la concienciación repentina de los clientes, que durará bien poco, hasta que se olviden de la dioxina y la gripe porcina otra vez. Porque los alemanes quieren comer ante todo barato. El alemán medio no quiere gastar demasiado en comida, tan solo lo justo y lo necesario, y el resto para el Mercedes y las vacaciones, y por eso no es de extrañar que Alemania sea el país de los Discounter, los supermercados tipo Lidl, Aldi, Plus y Penny Markt, que son los reyes del mercado. El consumidor reclama precios bajos, a toda costa, y ahora nos extrañamos de que la carne o los huevos estén contaminados por los piensos contaminados con los que alimentan a los pollos para ahorrar y mantener el bajo coste. Durante años vengo observando que los precios de la comida no suben desorbitadamente, si comparo con hace 20 años incluso. Hacer la compra en Alemania en el supermercado es más barato que en otros países. Los productos de marca no son caros, diría yo, aunque la gente prefiere lo barato en muchos casos. Lo increíble es que los que reclaman bajos precios luego te digan que "es lo mismo", pues no lo es. Por supuesto que no niego que hay gente que vive del subsidio de desempleo Hartz IV para los que ahorrar 10 ó 20 céntimos por producto es vital, no me quiero olvidar de eso. Pero si tenemos en cuenta que el coche más vendido en Alemania es el Mercedes y que el alemán medio se va varias veces de vacaciones al año, estoy convencida de que pueden pagar más por la alimentación. Pero no quieren, simplemente.
Mi poca experiencia en los supermercados descuento no ha sido positiva, y como encima me educaron en la percepción de que lo barato no puede ser bueno, a pesar de no habernos sobrado nunca nada, pero con un padre pescadero que nos prohibía comer bocadillos de calamares en la Plaza Mayor "porque eso no son calamares", y que para comprar cualquier cosa va a la otra punta de Madrid a la búsqueda de lo mejor, prefiero pagar un poco más y comer buena calidad. Pero eso es una percepción y en muchos casos la tendencia con la que creciste. Si creces rodeado de productos del Aldi, al no probar otros, te parecerá que son buenos, y si encima te crees que ahorras, que yo no creo que sea tanto, pues entonces vives feliz y autosuficiente. Es curioso como en Alemania los que matarían por ahorrar lo máximo en comida son los mismos que ahora se escandalizan por los escándalos alimenticios, y así nos va. Entre los quesos contaminados del Lidl el año pasado, tras cuya ingesta murieron dos personas, y todo lo de ahora, miedo da. Pero tras cada escándalo, la gente vuelve a mirar el monedero, lo cual es comprensible, pero no nos damos cuenta que tenemos lo que nos merecemos: somos y comemos lo que nos merecemos.
Respecto a la alimentación, los comerciantes pequeños se alegran, pues están obteniendo más ganancias por la concienciación repentina de los clientes, que durará bien poco, hasta que se olviden de la dioxina y la gripe porcina otra vez. Porque los alemanes quieren comer ante todo barato. El alemán medio no quiere gastar demasiado en comida, tan solo lo justo y lo necesario, y el resto para el Mercedes y las vacaciones, y por eso no es de extrañar que Alemania sea el país de los Discounter, los supermercados tipo Lidl, Aldi, Plus y Penny Markt, que son los reyes del mercado. El consumidor reclama precios bajos, a toda costa, y ahora nos extrañamos de que la carne o los huevos estén contaminados por los piensos contaminados con los que alimentan a los pollos para ahorrar y mantener el bajo coste. Durante años vengo observando que los precios de la comida no suben desorbitadamente, si comparo con hace 20 años incluso. Hacer la compra en Alemania en el supermercado es más barato que en otros países. Los productos de marca no son caros, diría yo, aunque la gente prefiere lo barato en muchos casos. Lo increíble es que los que reclaman bajos precios luego te digan que "es lo mismo", pues no lo es. Por supuesto que no niego que hay gente que vive del subsidio de desempleo Hartz IV para los que ahorrar 10 ó 20 céntimos por producto es vital, no me quiero olvidar de eso. Pero si tenemos en cuenta que el coche más vendido en Alemania es el Mercedes y que el alemán medio se va varias veces de vacaciones al año, estoy convencida de que pueden pagar más por la alimentación. Pero no quieren, simplemente.
Mi poca experiencia en los supermercados descuento no ha sido positiva, y como encima me educaron en la percepción de que lo barato no puede ser bueno, a pesar de no habernos sobrado nunca nada, pero con un padre pescadero que nos prohibía comer bocadillos de calamares en la Plaza Mayor "porque eso no son calamares", y que para comprar cualquier cosa va a la otra punta de Madrid a la búsqueda de lo mejor, prefiero pagar un poco más y comer buena calidad. Pero eso es una percepción y en muchos casos la tendencia con la que creciste. Si creces rodeado de productos del Aldi, al no probar otros, te parecerá que son buenos, y si encima te crees que ahorras, que yo no creo que sea tanto, pues entonces vives feliz y autosuficiente. Es curioso como en Alemania los que matarían por ahorrar lo máximo en comida son los mismos que ahora se escandalizan por los escándalos alimenticios, y así nos va. Entre los quesos contaminados del Lidl el año pasado, tras cuya ingesta murieron dos personas, y todo lo de ahora, miedo da. Pero tras cada escándalo, la gente vuelve a mirar el monedero, lo cual es comprensible, pero no nos damos cuenta que tenemos lo que nos merecemos: somos y comemos lo que nos merecemos.
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