En mi próxima vida quiero ser un niño alemán. Eso les digo a mis hijas a menudo. Hoy por ejemplo, que la mayor no tiene colegio, y la semana que viene un día la otra, lo vuelvo a repetir. Jornadas pedagógicas, o conferencias, las llaman. Si a eso le sumamos en el instituto las horas de clase que se cancelan cuando no viene el profesor (aquí no se pone sustituto o plan alternativo sino que los mandan directamente a casa, o les dicen el día de antes que vengan más tarde), o las horas que en primaria hacen galletitas o actividades absurdas en horas de clase, estoy ya que me ataco otra vez. Seré un niño alemán, sobreprotegido y además "tocagüevos", de esos tan listillos como sus madres. Ayer llamó una niña de 8 años aquí, para prevenirle a mi hija de entrar en una página de internet en la que entra habitualmente. Son unas muñecas a las que colorean y ponen vestidos muy fashion, la versión moderna de los recortables de antes, digamos. Mi hija chatea con sus amigas y se dan puntos por los atuendos que hacen. Se ve que esta niña llegó a casa y dijo que quería chatear con Natalia, y la madre, entró en la página, como hice yo en su día, pero le prohibió terminantemente su uso. Pero una familia perfecta no se conforma con eso, sino que previene al mundo. La niña llamó para contarle a mi hija que su madre había visto que un hombre había amenazado de muerte a una niña y a su madre. Mi hija, al colgar el teléfono, me dijo toda consternada: "Y yo que pensaba que llamaba para quedar conmigo". Yo me reí, y le expliqué que sí que es cierto que hay que tener mucho cuidado en internet, y que por eso yo les digo que solo se hagan amigas de sus amigos, y de nadie más, y que por favor, me enseñen siempre cualquier cosa rara que vean. Y no pude evitar reírme y las tres lo hicimos, y les expliqué que los niños tan marisabidillos me atacan y que la actitud de esos padres que dan lecciones de pedagogía a los otros me molesta mucho. A todo esto cuenta la otra que una de sus amigas, vegetariana convencida, en la cafetería del instituto, en la que comen un día a la semana de manera barata y por cortesía del trabajo gratis que realizan madres que organizan este comedor (aquí no hay comedores en colegios o institutos), que encima pregunta a menudo cuando ve la carne: "¿Y es bio?". Mi hija me explica que con lo poco que cuesta la comida, como mucho será carne del Aldi, y que si ella, vegetariana, ni siquiera la va a comer, por qué se mete. Alguna vez ha recibido como respuesta de las madres, que con un mínimo presupuesto que luego sacan a precio de coste tratan de hacer milagros, que eso es imposible. O alguna vez he tenido yo en mi casa a alguna niña que me ha preguntado si las zanahorias eran bio, a lo que le he dicho que sí, que se las comiese tranquila... (no lo eran). Y luego esa misma otro día me dijo que la tapa del yogur no se chupa, que eso es cancerígeno.
Menos peligroso es lo de hoy, por supuesto, y en realidad ése es el motivo de mi diatriba mañanera. Al llegar al cole a las ocho menos diez, mi hija pequeña grita "Scheiße!!!" (mierda), y me dice que se ha olvidado el casco de la bici. Me comentó ayer que hoy va el señor policía del barrio a enseñarles educación vial, y yo me pregunto, con la que está cayendo, ahora mismo nevando, y en la radio en la información del tráfico no había más que noticias de accidentes y accidentes por hielos, ¿si no es mejor dejar esto para cuando estemos a temperaturas sobre cero...? Así que tengo dos opciones: o acercarle el casco a la hora del recreo (algo que he hecho alguna otra vez con otros olvidos "importantes", o aguantarme la fuerza de la "obligación" moral y que le deje alguno otro niño cuya madre no tenga nunca ningún olvido. Y mientras pasan muchas horas de colegio haciendo galletitas, y educándoles para ir por la calle debidamente, con casco o sin él, luego te dicen que por favor que le revises tú las tareas a tu hijo, que escriba contigo en casa, y cosas por el estilo, porque es evidente que con clase de ocho a una, restándole tanta hora de felicidad plena, que el trabajo real, y el apoyo a los niños soñadores, como la mía, ha de hacerse en casa, pues la diversión y fantasía se hace en primaria en clase.
Una prima mía, cuando lee estos posts míos, me dice que soy una autentica talibana en temas de educación. Y aseguro que sí, que me he vuelto, a base de luchar día a día contra lo incambiable, y por sentirme tan rarita en un mundo más raro que yo. Así que tomo la actitud española en el asunto, y me digo que ya le dejaran algún casco, o si no que la castiguen, que no pasa nada. A todo esto acabo de oír antes en la radio que a partir de ya, por 8 puntos quitarán el carné de conducir en Alemania, así que todo perfecto, que quiten o resten. Y justo ahora me estaba empezando a sentir mejor, tras soltar todo esto, cuando caigo en la cuenta que mi obligación de ciudadana es quitar ahora mismo la nieve que ha caído antes, no sea que se caiga alguna abuela y encima me denuncien. En la radio decían antes también que cada ciudadano con su casa lindante a la acera tiene que quitar la nieve, y una vez pasado todo el temporal, quitar toda la arena que se echa para evitar resbalos. Ahora pienso en mi amiga española que echó sal casera una vez del cabreo que tenía... Y mi hija mayor, que está por aquí en casa, un jueves de diario, sin clase, empieza a organizarme el día... Mal plan llevamos hoy, pues ya ha sonado el teléfono dos veces de otras niñas aburridas como ella en casa que tratan de organizarse(nos) el día.
jueves, 9 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
Emoción
¿Nos quitaremos de encima de una vez la pesadilla de presidente que tenemos en Alemania? He vivido ya con unos cuantos, y para un puesto en el que no han de más que figurar y de vez en cuando opinar seriamente sobre algo serio, pero sin pasarse, pues se les critica entonces, puedo asegurar que la mayoría de habitantes de este país estamos hartos de llevar dos meses mínimo oyendo constantemente del gorroneo con el que Wulff gobernó el estado federal del que fue presidente, Baja Sajonia, y ahora por extensión el resto del país, siendo la misma persona. Hoy nos han contado que en 2007 le pagaron unas vacaciones en Sylt, y si le sumamos las de Italia y no sé dónde más, el coche último modelo que le "dejaron" antes incluso de que se pusiera en venta, el crédito por el que se ahorró unos 120.000 € quiero desear que se vaya de una vez. No entiendo cómo algunos pueden vivir con el escarnio público, y pretender seguir estando limpio. Lo mismo Alberto Contador, y lo siento por él. Lo del filete no se lo cree nadie, salvo él y los de su pueblo, y siento que un chico tan dotado y que parece buena gente, se haya dejado asesorar mal y se haya inyectado lo prohibido. Pero ahora, condenado, dice que "queda claro" que no se ha dopado. Yo no lo veo claro. Está bien querer creerle, pero hay que ser realistas, y si la hemos liado con todo el equipo, hay que asumir las consecuencias. Luego los millones de Arancha Sánchez Vicario, que ella no sabe dónde están. Hasta a la prensa alemana ha llegado la noticia, y a mí me horroriza cuando la gente saca los trapos sucios de su familia a la opinión pública. Y ahora he visto un titular sobre una americana que ha publicado un libro en el que cuenta que perdió la virginidad con Kennedy, otra más. Y lo bueno es que lo venderá, porque esas son las noticias que estamos esperando todos, aunque estén pasadas de moda. Pero es que hasta las de "moda" acaban cansándonos: hasta mi hija me dijo ayer que no puede ver ni una noticia más de la separación de Heidi Klum y Seal, y que las ve, como yo, cuando abre el correo, sin poder escaparse. Pobres niños.
Así que publico las noticias que me parecen a mí más interesantes que todo esto y mucho más que quiero ahorrarles a mis lectores. Ayer un camión cargado de chucrut volcó en plena autopista ocasionando un atasco de más de 10 km. La carga se quedó esparcida en la autopista, que con las bajas temperaturas, se congeló. Chucrut congelada, y lo que costó quitarla con sal, y que todo volviese a su normalidad; la que se lió fue buena. Interesante me parece también la aparición de un libro que va sobre lo que yo vengo diciendo los últimos tres inviernos: que lo del calentamiento climático es un camelo y que no me lo creo, que nos toman el pelo a todos. Y bueno es que nos adaptamos a lo que nos echen: hoy, a -3°C me parece que tenemos temparaturas suaves, tras haber estado a -14°C, así que lo celebro y respiro hasta los próximos -11°C que anuncian para ya mismo, así que calentamiento global, ¡ja! Y otra noticia curiosa: un estudio demuestra que Facebook crea adicción, pero que solo el sexo y el sueño sigue siendo más importante. Las personas con las que hicieron el experimiento podían pasarse antes sin alcohol o tabaco, que sin Facebook, pero a la red social le gana el sexo y el dormir. ¿Así que de qué nos preocupamos? Y un titular personal: yo estoy a punto de poner un cartel cada vez que me meto desnuda en un jacuzzi: "prohibido hombres". Hoy tempranito, tras hacer deporte, me metí en el jacuzzi, y como hay que entrar desnudo, lo pone el cartel, yo lo hago casi dando saltos (me he llegado a hacer daño en la rodilla, de lo incómoda que entro así, como me trajeron al mundo). Pues estás tan a gustito en el jacuzzi y si viene alguien de tu mismo sexo es aceptable, pero hoy, cuando se metió primero un hombre, y luego otro... con tal naturalidad, que yo pensaba que qué mala suerte que a las horas que voy yo al gimnasio solo hay gente mayor, y ni cachas, ni nada, y que a ver cómo salía yo del jacuzzi con naturalidad ante esos cuatro ojos mirándome. Lo hice, y sin hacerme un esguince de camino a la toalla, que no es poco. Conclusión: ni 10 meses yendo desnuda por la zona wellness del gimnasio han conseguido volver alemana y comportarme de manera natural.
Y ahora la mayor emoción del día. Hoy la autoridad compentente de Hamburgo en temas de "hielos" se ha subido al Alster, el lago del centro, rodeadas de cámaras. Han serrado un trozo, lo han medido y ... emoción ... 20 cm. Eso quiere decir que nada debería impedir que este fin de semana se celebre el fiestón sobre el hielo y cientos de miles de personas suban sobre el lago helado. Pero como estamos en Alemania, y somos unos agonías, han dicho que sí, que tiene el grosor suficiente, pero que la decisión final se dará a conocer esta tarde, pues tienen que evaluarlo bien. Así que estoy que no me tengo de la emoción pues aviso que este año me subiré, y no como hace dos, cuando se congeló, que no lo hice en señal de protesta. Tras el invierno tras asqueroso en el que estuvimos meses congelados y con las calles en un estado que no permitían ni circular ni nada, dije que yo no tenía que celebrar nada. Este año hemos conseguido este hielo en cuestión de una semana y media, y como he sufrido poco, no hay nada que impida que vaya. Así que toca esperar hasta conocer el notición, y ustedes también, que no van a ser menos. Wulff no me interesa nada, pero la fiesta...
Así que publico las noticias que me parecen a mí más interesantes que todo esto y mucho más que quiero ahorrarles a mis lectores. Ayer un camión cargado de chucrut volcó en plena autopista ocasionando un atasco de más de 10 km. La carga se quedó esparcida en la autopista, que con las bajas temperaturas, se congeló. Chucrut congelada, y lo que costó quitarla con sal, y que todo volviese a su normalidad; la que se lió fue buena. Interesante me parece también la aparición de un libro que va sobre lo que yo vengo diciendo los últimos tres inviernos: que lo del calentamiento climático es un camelo y que no me lo creo, que nos toman el pelo a todos. Y bueno es que nos adaptamos a lo que nos echen: hoy, a -3°C me parece que tenemos temparaturas suaves, tras haber estado a -14°C, así que lo celebro y respiro hasta los próximos -11°C que anuncian para ya mismo, así que calentamiento global, ¡ja! Y otra noticia curiosa: un estudio demuestra que Facebook crea adicción, pero que solo el sexo y el sueño sigue siendo más importante. Las personas con las que hicieron el experimiento podían pasarse antes sin alcohol o tabaco, que sin Facebook, pero a la red social le gana el sexo y el dormir. ¿Así que de qué nos preocupamos? Y un titular personal: yo estoy a punto de poner un cartel cada vez que me meto desnuda en un jacuzzi: "prohibido hombres". Hoy tempranito, tras hacer deporte, me metí en el jacuzzi, y como hay que entrar desnudo, lo pone el cartel, yo lo hago casi dando saltos (me he llegado a hacer daño en la rodilla, de lo incómoda que entro así, como me trajeron al mundo). Pues estás tan a gustito en el jacuzzi y si viene alguien de tu mismo sexo es aceptable, pero hoy, cuando se metió primero un hombre, y luego otro... con tal naturalidad, que yo pensaba que qué mala suerte que a las horas que voy yo al gimnasio solo hay gente mayor, y ni cachas, ni nada, y que a ver cómo salía yo del jacuzzi con naturalidad ante esos cuatro ojos mirándome. Lo hice, y sin hacerme un esguince de camino a la toalla, que no es poco. Conclusión: ni 10 meses yendo desnuda por la zona wellness del gimnasio han conseguido volver alemana y comportarme de manera natural.
Y ahora la mayor emoción del día. Hoy la autoridad compentente de Hamburgo en temas de "hielos" se ha subido al Alster, el lago del centro, rodeadas de cámaras. Han serrado un trozo, lo han medido y ... emoción ... 20 cm. Eso quiere decir que nada debería impedir que este fin de semana se celebre el fiestón sobre el hielo y cientos de miles de personas suban sobre el lago helado. Pero como estamos en Alemania, y somos unos agonías, han dicho que sí, que tiene el grosor suficiente, pero que la decisión final se dará a conocer esta tarde, pues tienen que evaluarlo bien. Así que estoy que no me tengo de la emoción pues aviso que este año me subiré, y no como hace dos, cuando se congeló, que no lo hice en señal de protesta. Tras el invierno tras asqueroso en el que estuvimos meses congelados y con las calles en un estado que no permitían ni circular ni nada, dije que yo no tenía que celebrar nada. Este año hemos conseguido este hielo en cuestión de una semana y media, y como he sufrido poco, no hay nada que impida que vaya. Así que toca esperar hasta conocer el notición, y ustedes también, que no van a ser menos. Wulff no me interesa nada, pero la fiesta...
martes, 7 de febrero de 2012
A toda máquina
Vengo del chequeo que la seguridad social alemana realiza cada dos años a los mayores de 38 años. Empiezan los achaques a esa edad, y a mí, en los tres que ya llevo siempre me han encontrado algo, así que está científicamente comprobado que el que busca encuentra y más a partir de esa edad. Por eso en otros países no buscan tanto, por si acaso. Medicina preventiva, aunque yo la llamaría medicina desencubridora, pues hasta ese momento estabas "más o menos" feliz, con 38, 40 o 42... Así me sacaron a mí hace dos años que Hashimoto se había instalado en mi vida para no largarse más, y que la tiroxina me acompañará para siempre. Espero que en el análisis de sangre, cuyo resultado me darán hoy o mañana, no salgan otros intrusos de nombre exótico, pues Hashimoto ya me es familiar, y las otras neuras están todas por las mañana cuando paso lista. De momento me conformo con que me han atestado que el peso es el correcto y que hasta el michelín que le mostré a la médica para llevarle la contraria está dentro de lo aceptado por la medicina, me ha dicho ella con una sonrisa. La piel muestra signos de envejecimiento (joer), pero mi tensión está como nunca, y no por los suelos como suele estar, y sigo coordinando y teniendo la movilidad debida, y el electro perfecto. Así que salvo unos problemillas, que algo hay que encontrar, me ha dicho que p'alante. Y lo mejor de todo es que he crecido: hace dos años anotó 1,58 m, a lo que recuerdo que increpé diciéndole que medía 1,59 ó 1,60, pero hace dos años era yo muy poquita cosa, y ese centímetro de ahora se nota. Es evidente.
Y así me noté yo en clase ayer. Retomé mis cursos, tras dos semanas libres. Me da cada vez más gusto ver a mis alumnos cuando llevamos un tiempo trabajando juntos, y por eso noto que los cursos que menos me gustan son los de principiantes, en los que no conozco a nadie y ellos a mí tampoco. En el nivel de principiantes de idiomas el profesor es como un show man, y estás expuesto plenamente cada segundo. Has de venderles el producto y convencerles de que cualquiera puede aprender un idioma (aunque tú a veces dudes de ello y te entren ganas de decirle a alguno que se apunte a macramé). Siempre hay alguna cara nueva en los cursos pero cuando son la minoría es muy fácil integrarles, si ellos se dejan, claro. Es muy curioso cómo una clase es un microcosmos de la vida. Están representados todos los personajes: tienes a gente echada p'alante, tímidos, entretendores, y por supuesto al gilipollitas que no dejará pasar ningún momento sin soltar la parida de turno. Pero lo bueno es que hasta el profesor tan principiante que yo era hace dos años y que se puso a dar clase de repente un día a 20 extraños de golpe, le han salido las tablas por algún lado, y salvo por algún cabreo que me llevo alguna vez por algo, puedo decir que hasta a los resabidillos los tengo controlados e integrados. El peor momento para mí es a final de cada curso, cuando veo que la gente flaquea, porque siempre pierdo a muchos a los que he cogido cariño. Agradezco cuando vienen a mí y me dicen abiertamente que lo dejan, que no tiene nada que ver conmigo, pero que están muy estresados con todas sus tareas, y que necesitan una pausa. En algunos casos he tratado de convencerles de que ésa es su apreciación y no la mía, que yo los veo bien de nivel, pero he aprendido a respetar esas decisiones también. Más me duele cuando desaparecen sin decir nada, y no sé ni por qué, y si hago recuento, habrán pasado ya por mis clases, difícil calcular, unas 120 personas mínimo. Muchos desaparecen y se incorporan otros nuevos que se mantienen, y lo mejor es cuando, como ayer, veo que gente que no sabía nada cuando llegó a mí, son capaces de decir bastantes cosas. Ayer me lo pasé muy bien en mis dos clases; ya no necesito ponerme nerviosa y puedo ser yo. Cuando me conocen, para que hablen ellos lo más posible y no yo, les digo que me presenten a los nuevos. Primero me miran como diciendo "qué papelón", pero como a lo largo de 6 meses o un año fluye mucho de mí en cada clase, espero con curiosidad cuando arrancan: "Se llama María Elena, es española, de Madrid, tiene dos hijas, habla varios idiomas, le gusta mucho la gramática, el cine, el arte, viajar", pero lo mejor es cuando se ponen irónicos y dicen "no sabe montar en bicicleta, le 'encanta' la nieve, y cuida 'mucho' su jardín". En ese momento aplaudo yo. Ayer, una señora, al terminar la clase, vino a mí y me dijo que se iba muy contenta por lo mucho que nos reímos siempre. Y eran las nueve y cuarto de la noche.
Así que, con todos los certificados posibles, incluido el de un amigo mío que me ha certificado antes que ya me iba la cabecita a toda máquina, concluyo el post, y ahora mismo no sé si irme a hacer deporte o ponerme con mis otros proyectos de escritura, que ahí están también. Improvisar es mi lema en los últimos años. He llegado a estar hasta con el abrigo puesto para irme al gimnasio, cuando al ir a salir por la puerta he cambiado de idea, o igual decido que necesito urgentemente ir al mercado, como decido que no, y las telarañas de la nevera no me afectan, como tampoco cuando me dicen que no quedan calcetines limpios. Ésos son los momentos en los que los tuyos se dan cuenta de tu labor, que parece invisible si no. Por eso hay que seguir metiendo ruido, para que se den cuenta de que si tú no estás bien, física y anímicamente, el encaje de bolillos de la vida diaria se deshará, tan solo con tirar de un hilo.
Y así me noté yo en clase ayer. Retomé mis cursos, tras dos semanas libres. Me da cada vez más gusto ver a mis alumnos cuando llevamos un tiempo trabajando juntos, y por eso noto que los cursos que menos me gustan son los de principiantes, en los que no conozco a nadie y ellos a mí tampoco. En el nivel de principiantes de idiomas el profesor es como un show man, y estás expuesto plenamente cada segundo. Has de venderles el producto y convencerles de que cualquiera puede aprender un idioma (aunque tú a veces dudes de ello y te entren ganas de decirle a alguno que se apunte a macramé). Siempre hay alguna cara nueva en los cursos pero cuando son la minoría es muy fácil integrarles, si ellos se dejan, claro. Es muy curioso cómo una clase es un microcosmos de la vida. Están representados todos los personajes: tienes a gente echada p'alante, tímidos, entretendores, y por supuesto al gilipollitas que no dejará pasar ningún momento sin soltar la parida de turno. Pero lo bueno es que hasta el profesor tan principiante que yo era hace dos años y que se puso a dar clase de repente un día a 20 extraños de golpe, le han salido las tablas por algún lado, y salvo por algún cabreo que me llevo alguna vez por algo, puedo decir que hasta a los resabidillos los tengo controlados e integrados. El peor momento para mí es a final de cada curso, cuando veo que la gente flaquea, porque siempre pierdo a muchos a los que he cogido cariño. Agradezco cuando vienen a mí y me dicen abiertamente que lo dejan, que no tiene nada que ver conmigo, pero que están muy estresados con todas sus tareas, y que necesitan una pausa. En algunos casos he tratado de convencerles de que ésa es su apreciación y no la mía, que yo los veo bien de nivel, pero he aprendido a respetar esas decisiones también. Más me duele cuando desaparecen sin decir nada, y no sé ni por qué, y si hago recuento, habrán pasado ya por mis clases, difícil calcular, unas 120 personas mínimo. Muchos desaparecen y se incorporan otros nuevos que se mantienen, y lo mejor es cuando, como ayer, veo que gente que no sabía nada cuando llegó a mí, son capaces de decir bastantes cosas. Ayer me lo pasé muy bien en mis dos clases; ya no necesito ponerme nerviosa y puedo ser yo. Cuando me conocen, para que hablen ellos lo más posible y no yo, les digo que me presenten a los nuevos. Primero me miran como diciendo "qué papelón", pero como a lo largo de 6 meses o un año fluye mucho de mí en cada clase, espero con curiosidad cuando arrancan: "Se llama María Elena, es española, de Madrid, tiene dos hijas, habla varios idiomas, le gusta mucho la gramática, el cine, el arte, viajar", pero lo mejor es cuando se ponen irónicos y dicen "no sabe montar en bicicleta, le 'encanta' la nieve, y cuida 'mucho' su jardín". En ese momento aplaudo yo. Ayer, una señora, al terminar la clase, vino a mí y me dijo que se iba muy contenta por lo mucho que nos reímos siempre. Y eran las nueve y cuarto de la noche.
Así que, con todos los certificados posibles, incluido el de un amigo mío que me ha certificado antes que ya me iba la cabecita a toda máquina, concluyo el post, y ahora mismo no sé si irme a hacer deporte o ponerme con mis otros proyectos de escritura, que ahí están también. Improvisar es mi lema en los últimos años. He llegado a estar hasta con el abrigo puesto para irme al gimnasio, cuando al ir a salir por la puerta he cambiado de idea, o igual decido que necesito urgentemente ir al mercado, como decido que no, y las telarañas de la nevera no me afectan, como tampoco cuando me dicen que no quedan calcetines limpios. Ésos son los momentos en los que los tuyos se dan cuenta de tu labor, que parece invisible si no. Por eso hay que seguir metiendo ruido, para que se den cuenta de que si tú no estás bien, física y anímicamente, el encaje de bolillos de la vida diaria se deshará, tan solo con tirar de un hilo.
lunes, 6 de febrero de 2012
Puentes invernales II
Los que mejor mantienen el tipo estos días de frío tan horroroso son los puentes. Esta mañana, a 14 grados bajo cero, he oído en la radio que, a pesar de las temperaturas, la noche pasada bastantes personas sin hogar han pasado la noche bajo algunos puentes de la ciudad. Que en un país tan rico como Alemania, y una ciudad tan rica como Hamburgo, haya gente que con estas temperaturas duerma en la calle es demencial, pero así de cruda y fría es la realidad. Ayer fotografiaba yo los puentes que muestran las fotos a continuación y me dolían los dedos, incluso con guantes. Con mis botas para la nieve que aguantan por lo visto hasta -30°C (no necesito comprobarlo) estoy bien servida este invierno, pero mis guantes habrá que mejorarlos, aunque sean entonces tan mullidos que no me dejen hacer fotos. Es un mal menor. Los que no dormimos bajo puentes somos muy afortunados, por muy bonitos y prácticos que estos sean.
| Ésta es la zona de Hamburgo donde más confluyen lo viejo y lo nuevo; lo nuevo es donde no quedó nada, tras los bombardeos. Pero el puente ahí sigue. |
| Pasarela para bajar de la Deichstraße al Nikolaifleet, un canal que se utilizaba para el transporte de mercancias directamente a las casas, "calles de agua" muy típicas de Hamburgo. |
| El mismo canal de camino al puerto y a la Speicherstadt. |
| La iglesia St.Nikolai al fondo, que da nombre al canal, y de la que solo quedó la torre, hoy día un memorial contra la guerra. |
| A la derecha el puente del metro, junto a los múltiples que hay, por todas partes. |
domingo, 5 de febrero de 2012
Lo hicieron de nuevo
Más de 400 meditadores "profesionales" han vuelto de nuevo ayer a mi barrio, centro universal de la meditación y limpieza interna. Mi amiga de Berlín entre ellos, y por eso estoy al tanto de la que se ha montado otra vez. El año pasado ya vino, y ya comenté aquí el evento, y me encanta que vuelvan a meditar todos juntitos otra vez, pues así he visto de nuevo a mi amiga, y vuelvo a relatar de sus/mis progresos en este año como meditadoras profesionales y no profesionales.
Primero vamos a ver si lo he entendido bien: lo que hicieron no es meditar como yo lo entiendo, reconcomiéndose la cabeza y sopesando todas las posibilidades y asimilando la situación dada. El Diccionario de la Real Academia Española define meditar como "aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo." Pero según me ha explicado mi amiga, meditar en el sentido del yoga es sacarte todo lo que llevas en tu mente y tu cuerpo y que no necesitas, para de esa manera, con la mente limpia, encontrarte mejor y seguir avanzando, quizá. Y eso es lo que hicieron ayer: ejercicios de meditación de ocho de la mañana a seis de la tarde, todos vestidos de blanco, cantando mantras para coordinar la energía con los ejercicios de concentración, mirándose a veces hasta una hora seguida a los ojos de un desconocido, y cosas así. La idea es que en los próximos días, hasta dos semanas dura el proceso, me explica, te das cuenta de lo que has logrado. Afloran cosas que tenías tapadas en tu interior, y cuando las has sacado, es cuando te das cuenta de lo conseguido, y justo en esas dos semanas, es el momento de aprovechar esa fuerza y realizar algo "grande" en tu vida, pues estás limpio y con la energía de hacerlo. Me encanta escucharle contándome todas estas cosas, pues es una mujer fascinante, que tuvo un cáncer de pecho siendo bastante joven, y que sabe lo que es reinventarse de nuevo una y otra vez. Dice que de estos encuentros hay 32 en todo el mundo cada año y que en Alemania solo hay dos, uno en Frankfurt en otoño y otro el primer fin de semana de febrero en mi barrio, nada más y nada menos.
Yo, que medito de manera no profesional y sin couching, me creo todo lo que me dice y más. Ella en este año, entre meditaciones, se ha hecho vegetariana, pues se lo ha pedido el cuerpo. Sus hijos, adolescentes, pensaron que se les venía el mundo abajo el día que su madre les anunció que sería vegetariana desde ya, pero como les sigue haciendo sus filetes, la vida sigue con normalidad. Y yo me río de que precisamente mi barrio tan a las afueras de Hamburgo sea un centro de meditación reconocido mundialmente, pues viene gente de todos los confines de la tierra para este fin de semana, y yo le digo a mi amiga que no es casualidad, que yo ya sabía que aquí se medita muy bien, pues yo llevo cuatro años y medio haciéndolo, pero en mi sentido de la palabra, aunque al otro, también he llegado yo solita, por mi cuenta, y gratis, sin pagar los 120 € que ella pagó ayer. Ella se reía cuando se lo dije, pues además, mientras ella meditaba por ese precio, esos mismos euros yo me los gasté de compras con mi hija ayer, pues cada uno medita como le pide el cuerpo, y por la noche intercambiamos experiencias, ella las suyas, y yo las mías, y tan contentas ambas.
Hoy, tras el desayuno, hemos vuelto a meditar, de lo que supuso para nuestras vidas los años que vivimos en Bélgica y es divertido intercambiar impresiones. El viernes cuando llegó, nos fuimos a cenar por ahí, y me pidió que la llevase a las mismas tiendas del año pasado (qué fama tan "meditadora" tengo), y luego me dijo que le gusta más Hamburgo que Berlín, toma ya, yo que siempre he pensado que Berlín es más "mundial" que Hamburgo. Pilla muy lejos de todo, me dice, como una isla lejana del resto de Europa. Curiosa apreciación, pero entiendo lo que me dice. Hamburgo no es tan céntrico como Bruselas, pero no está tan lejos como lo que hay hacia el este o al norte de Hamburgo. Si al final es cuestión de cómo se medite, una vez te hayas sacado todo lo feo de dentro, y yo he avanzado mucho en ello, aunque falte un trecho.
Desde luego que siempre que me sea posible me reservaré este fin de semana libre para que mi amiga medite en mi barrio, y nos pongamos al día de nuestro estado meditativo. Esta vez además no pasará un año hasta que nos volvamos a ver, pues yo me iré a Berlín a "meditar", a su casa. Porque las amistades hay que cuidarlas, meditando juntos/-as de vez en cuando.
Primero vamos a ver si lo he entendido bien: lo que hicieron no es meditar como yo lo entiendo, reconcomiéndose la cabeza y sopesando todas las posibilidades y asimilando la situación dada. El Diccionario de la Real Academia Española define meditar como "aplicar con profunda atención el pensamiento a la consideración de algo, o discurrir sobre los medios de conocerlo o conseguirlo." Pero según me ha explicado mi amiga, meditar en el sentido del yoga es sacarte todo lo que llevas en tu mente y tu cuerpo y que no necesitas, para de esa manera, con la mente limpia, encontrarte mejor y seguir avanzando, quizá. Y eso es lo que hicieron ayer: ejercicios de meditación de ocho de la mañana a seis de la tarde, todos vestidos de blanco, cantando mantras para coordinar la energía con los ejercicios de concentración, mirándose a veces hasta una hora seguida a los ojos de un desconocido, y cosas así. La idea es que en los próximos días, hasta dos semanas dura el proceso, me explica, te das cuenta de lo que has logrado. Afloran cosas que tenías tapadas en tu interior, y cuando las has sacado, es cuando te das cuenta de lo conseguido, y justo en esas dos semanas, es el momento de aprovechar esa fuerza y realizar algo "grande" en tu vida, pues estás limpio y con la energía de hacerlo. Me encanta escucharle contándome todas estas cosas, pues es una mujer fascinante, que tuvo un cáncer de pecho siendo bastante joven, y que sabe lo que es reinventarse de nuevo una y otra vez. Dice que de estos encuentros hay 32 en todo el mundo cada año y que en Alemania solo hay dos, uno en Frankfurt en otoño y otro el primer fin de semana de febrero en mi barrio, nada más y nada menos.
Yo, que medito de manera no profesional y sin couching, me creo todo lo que me dice y más. Ella en este año, entre meditaciones, se ha hecho vegetariana, pues se lo ha pedido el cuerpo. Sus hijos, adolescentes, pensaron que se les venía el mundo abajo el día que su madre les anunció que sería vegetariana desde ya, pero como les sigue haciendo sus filetes, la vida sigue con normalidad. Y yo me río de que precisamente mi barrio tan a las afueras de Hamburgo sea un centro de meditación reconocido mundialmente, pues viene gente de todos los confines de la tierra para este fin de semana, y yo le digo a mi amiga que no es casualidad, que yo ya sabía que aquí se medita muy bien, pues yo llevo cuatro años y medio haciéndolo, pero en mi sentido de la palabra, aunque al otro, también he llegado yo solita, por mi cuenta, y gratis, sin pagar los 120 € que ella pagó ayer. Ella se reía cuando se lo dije, pues además, mientras ella meditaba por ese precio, esos mismos euros yo me los gasté de compras con mi hija ayer, pues cada uno medita como le pide el cuerpo, y por la noche intercambiamos experiencias, ella las suyas, y yo las mías, y tan contentas ambas.
Hoy, tras el desayuno, hemos vuelto a meditar, de lo que supuso para nuestras vidas los años que vivimos en Bélgica y es divertido intercambiar impresiones. El viernes cuando llegó, nos fuimos a cenar por ahí, y me pidió que la llevase a las mismas tiendas del año pasado (qué fama tan "meditadora" tengo), y luego me dijo que le gusta más Hamburgo que Berlín, toma ya, yo que siempre he pensado que Berlín es más "mundial" que Hamburgo. Pilla muy lejos de todo, me dice, como una isla lejana del resto de Europa. Curiosa apreciación, pero entiendo lo que me dice. Hamburgo no es tan céntrico como Bruselas, pero no está tan lejos como lo que hay hacia el este o al norte de Hamburgo. Si al final es cuestión de cómo se medite, una vez te hayas sacado todo lo feo de dentro, y yo he avanzado mucho en ello, aunque falte un trecho.
Desde luego que siempre que me sea posible me reservaré este fin de semana libre para que mi amiga medite en mi barrio, y nos pongamos al día de nuestro estado meditativo. Esta vez además no pasará un año hasta que nos volvamos a ver, pues yo me iré a Berlín a "meditar", a su casa. Porque las amistades hay que cuidarlas, meditando juntos/-as de vez en cuando.
jueves, 2 de febrero de 2012
Momentos culminantes
Me encanta cuando el año se me llena de highlights y eso a 2 de febrero. Ya es oficial y para anunciarlo interrumpo mi trabajo: mi hermano se casa en octubre, así que lo puedo decir aquí, pues me alegro mucho por él, ... y por lo que me toca, claro. Eso me "obliga" a tener que ir en octubre a Madrid, algo que no supone ningún sacrificio, salvo por el estrés que me supone buscar vuelo. Jamás ha sido más fácil reservar un vuelo, desde tu casa, con un par de clics, pero cada vez me estoy volviendo más enrevesada a la hora de hacerlo. He desarrollado ciertas costumbres de búsquedas y he llegado a la conclusión de que el asunto es plenamente psicológico: ¿por qué miro y miro días hasta que me decido, y otras veces, sin ser ningún chollazo me decido de inmediato? No hace tanto leí que la posibilidad de encontrar un viaje a precio de ganga en internet es como que te toque la lotería, por la de montones de parámetros y algoritmos o qué sé yo. Todos vemos anuncios que dicen: Londres 29 €, Madrid desde 69€. Pero es justo eso "desde". Luego suben que si las tasas de emisión, de aeropuertos, y el vuelto te cuesta 180 € ida y vuelta, o más. Las gangas que he pillado han sido cuando he reservado con un año con antelación, pero cuándo se puede hacer eso. Normalmente y dado que además estoy sujeta a las vacaciones escolares, que es cuando aquí es más caro viajar (las familias tenemos un impuesto revolucionario por existir), no consigo ningún chollo.
Pero miro y miro hasta que un día digo que ése es mi vuelo. He llegado a mirar hasta tres semanas antes de reservar algo, y de repente un día decido cogerlo. En mi caso influyen muchos factores. Cuando voy a Madrid prefiero el vuelo directo, indudablemente, pero es el más caro, por lo que al reservar tres vuelos, pues mis hijas van siempre adonde yo vaya, hay mucha diferencia entre si el vuelo cuesta 150 € por persona o 200 €. Cuando voy sola me da (algo) más igual. Si voy con escala, el aeropuerto influye: por París, como la última vez, lo odio, ya que el cambio fue absurdo: nos hicieron salir de la terminal, por donde salen las maletas, salir como si nos quedásemos en París, y volver a entrar (mi hija pequeña me preguntó mirándome de soslayo que por qué no habíamos reservado el Sofortflug, en una de sus típicas creaciones de palabras, que significaría 'el vuelo inmediato'; viajar por Amsterdam, como el otro día, lo odio: no he visto aeropuerto más descolocado y desconcertante, eso sí, parece Holanda en miniatura, y de hecho merece un buen post; por Bruselas me encanta, para añorar tiempos, y comprar chocolates, prensa belga, y respirar aire belga enrarecido en la sala de espera; Frankfurt, es ... no sé qué decir, ha mejorado bastante, pero es otra ciudad, y siempre habrá obras en algún lado con la (in)eficiacia alemana para estas cosas; el año pasado descubrí el de Múnich, que cayó hace años en la categoría de "a evitar", pero que me sorprendió muy positivamente: parecía Múnich, con sus Brezeln, los panes salados que se toman con cerveza, puestos para beberse unas cuantas, y marcas de lujo bávaras; por Zúrich vuelo a menudo y no me desagrada: no es un aeropuerto incómodo y oír Schwyzerdütsch, el alemán suizo, es un placer.
Y de las líneas aéreas podría hacer otra sinopsis pero se la ahorro a mis lectores diciendo que Lufthansa es mi favorita. Te siguen dando de comer (y bien), dan periódicos, bastantes bebidas, y me gusta el trato tan alemán que es mi vida diaria: simpatías las justas, correctos en todo momento, no pierden los nervios, y simplemente funciona. Aunque desde que me comentó mi amiga el otro día que el azafato de Easy Jet en el vuelo a Edimburgo "rapeó" el contenido del carrito del duty free, pienso que a Lufthansa le falta algo de chispa. Es algo a mejorar...
Los vuelos del verano ya los tengo, y ahora me pondré a buscar los de octubre, que una boda es una boda. Por cierto, los otros momentos culminantes del año: la comunión de mi hija pequeña en abril, para la que sí que encontré gangas de vuelos para toda mi familia. Les obligué a todos en masa a reservar en septiembre, y la verdad que aunque, a ver cómo lo expreso sin dañar sensibilidades, la comunión me la trae al pairo, sí que me encanta tener un motivo por el que tienen que venir todos. Es genial. Pongan cumpleaños, bodas o bautizos, que para fiestas yo. Que la vida es como una búsqueda de un vuelo barato. Miras y miras, y eliges cuando tú crees que no lo vas a encontrar más barato. Lo importante es que no vuelvas a mirar más desde el momento que haces clic, y no te agües ninguna fiesta. Y sigas tu periplo, con los tuyos.
Pero miro y miro hasta que un día digo que ése es mi vuelo. He llegado a mirar hasta tres semanas antes de reservar algo, y de repente un día decido cogerlo. En mi caso influyen muchos factores. Cuando voy a Madrid prefiero el vuelo directo, indudablemente, pero es el más caro, por lo que al reservar tres vuelos, pues mis hijas van siempre adonde yo vaya, hay mucha diferencia entre si el vuelo cuesta 150 € por persona o 200 €. Cuando voy sola me da (algo) más igual. Si voy con escala, el aeropuerto influye: por París, como la última vez, lo odio, ya que el cambio fue absurdo: nos hicieron salir de la terminal, por donde salen las maletas, salir como si nos quedásemos en París, y volver a entrar (mi hija pequeña me preguntó mirándome de soslayo que por qué no habíamos reservado el Sofortflug, en una de sus típicas creaciones de palabras, que significaría 'el vuelo inmediato'; viajar por Amsterdam, como el otro día, lo odio: no he visto aeropuerto más descolocado y desconcertante, eso sí, parece Holanda en miniatura, y de hecho merece un buen post; por Bruselas me encanta, para añorar tiempos, y comprar chocolates, prensa belga, y respirar aire belga enrarecido en la sala de espera; Frankfurt, es ... no sé qué decir, ha mejorado bastante, pero es otra ciudad, y siempre habrá obras en algún lado con la (in)eficiacia alemana para estas cosas; el año pasado descubrí el de Múnich, que cayó hace años en la categoría de "a evitar", pero que me sorprendió muy positivamente: parecía Múnich, con sus Brezeln, los panes salados que se toman con cerveza, puestos para beberse unas cuantas, y marcas de lujo bávaras; por Zúrich vuelo a menudo y no me desagrada: no es un aeropuerto incómodo y oír Schwyzerdütsch, el alemán suizo, es un placer.
Y de las líneas aéreas podría hacer otra sinopsis pero se la ahorro a mis lectores diciendo que Lufthansa es mi favorita. Te siguen dando de comer (y bien), dan periódicos, bastantes bebidas, y me gusta el trato tan alemán que es mi vida diaria: simpatías las justas, correctos en todo momento, no pierden los nervios, y simplemente funciona. Aunque desde que me comentó mi amiga el otro día que el azafato de Easy Jet en el vuelo a Edimburgo "rapeó" el contenido del carrito del duty free, pienso que a Lufthansa le falta algo de chispa. Es algo a mejorar...
Los vuelos del verano ya los tengo, y ahora me pondré a buscar los de octubre, que una boda es una boda. Por cierto, los otros momentos culminantes del año: la comunión de mi hija pequeña en abril, para la que sí que encontré gangas de vuelos para toda mi familia. Les obligué a todos en masa a reservar en septiembre, y la verdad que aunque, a ver cómo lo expreso sin dañar sensibilidades, la comunión me la trae al pairo, sí que me encanta tener un motivo por el que tienen que venir todos. Es genial. Pongan cumpleaños, bodas o bautizos, que para fiestas yo. Que la vida es como una búsqueda de un vuelo barato. Miras y miras, y eliges cuando tú crees que no lo vas a encontrar más barato. Lo importante es que no vuelvas a mirar más desde el momento que haces clic, y no te agües ninguna fiesta. Y sigas tu periplo, con los tuyos.
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miércoles, 1 de febrero de 2012
Los desabrigados
Desde que he vuelto de Edimburgo pienso en los desabrigados, que son especie. Se trata de esos seres británicos que van por la calle en invierno vestidos de verano, prácticamente. Mi amiga y yo no podíamos dar crédito a lo que veíamos. En la isla no estábamos a bajo cero, pero casi, y nosotras íbamos equipadas de ropa de abrigo, botas calentitas, calcetines térmicos, y aún así se nos quedaba la cara acartonada y calor ninguno. Era viernes noche y grupos de jóvenes salían por ahí, y a mí me daba frío de ver a las chicas, pues ellos son más inteligentes y deben ligar si van abrigados también, pues si no no me lo explico. Las chicas llevaban vestidos finos, de gasa, cortos, sin mangas, y las piernas sin medias!, zapatos de taconazos imposibles o sandalias, todo a pelo, y muchas daban la impresión de pasar frío, pero daba igual, ya que debe ser el uniforme de salir. Entiendo, tras media vida abrigada, que la ropa de abrigo no es la más sexy que hay, y que con unas botas gore tex no te comes un colín en la discoteca, ni con un jersey de cuello vuelto, pero no sé no sé...
Yo me dejé nieve aquí cuando salí el viernes, y las temperaturas al volver eran más gélidas aún. Se nos ha instalado un frente siberiano que nos durará, y en Edimburgo hará también un frío que pela, y por eso ando hoy y ayer muy preocupada por todos esos desabrigados yendo de fiesta en fiesta, por la que se van a coger. Los 10 grados bajo cero que tenemos los siento como -20°C ó -30°C y estos días a mí en la calle me van a ver poco el pelo, salvo lo justo y necesario entre los desplazamientos.
Recuerdo otras visitas invernales al Reino Unido que hice hace mucho tiempo, en las que me sorprendió lo mismo. No han evolucionado los ingleses/escoceses, y mientras yo voy en plan cebolla estos días, con capitas y más capitas de ropa, y lana, mucha lana, me acuerdo de todos ellos. Qué harán. Es curioso el tema del frío y la ropa. Los alemanes no tienen ningún inconveniente en ponerse la ropa que haga falta, y aunque en las noches de marcha se ven a chavalas con tacones y medias finas, al menos las llevan. Pero en general la gente lleva siempre la ropa adecuada. Será por el dicho hamburgués que a mí me da mucho por saco que dice que no existe el tiempo inadecuado sino la ropa inadecuada. Y ahora leo que mañana en un colegio de Hamburgo no habrá clase, pues se ha estropeado la calefacción. Lo bueno del sistema inglés es que eso no sería ningún problema...
Pero si yo fuese madre en Inglaterra o Escocia, sufriría mucho de ver a mis hijas así por la calle, con lo friolera que yo soy. No me pongo refajo de lana porque aún queda mi sentido de la estética, que el frío no ha terminado de aniquilar, pero con lo abrigadita que voy yo siempre, y lo exagerada que dicen mis hijas que soy, me dan ganas de en mi próxima visita ponerme a repartirles ropas calentitas a todos esos desabrigados. Sé que hay mundos peores, como el lugar más frío del mundo del que trató un programa de TVE que vi en Navidad en Madrid y que me hizo mucha gracia, que mostraba la vida a -50°C y -60°C en Siberia, pero a esos solo se les veía los ojos, y la ropa, por ejemplo, se quedaba tiesa en el tendedero, como una tabla. A mí me consoló mucho, pues lo de aquí no es nada, pero lo del Reino Unido es peor.
Yo me dejé nieve aquí cuando salí el viernes, y las temperaturas al volver eran más gélidas aún. Se nos ha instalado un frente siberiano que nos durará, y en Edimburgo hará también un frío que pela, y por eso ando hoy y ayer muy preocupada por todos esos desabrigados yendo de fiesta en fiesta, por la que se van a coger. Los 10 grados bajo cero que tenemos los siento como -20°C ó -30°C y estos días a mí en la calle me van a ver poco el pelo, salvo lo justo y necesario entre los desplazamientos.
Recuerdo otras visitas invernales al Reino Unido que hice hace mucho tiempo, en las que me sorprendió lo mismo. No han evolucionado los ingleses/escoceses, y mientras yo voy en plan cebolla estos días, con capitas y más capitas de ropa, y lana, mucha lana, me acuerdo de todos ellos. Qué harán. Es curioso el tema del frío y la ropa. Los alemanes no tienen ningún inconveniente en ponerse la ropa que haga falta, y aunque en las noches de marcha se ven a chavalas con tacones y medias finas, al menos las llevan. Pero en general la gente lleva siempre la ropa adecuada. Será por el dicho hamburgués que a mí me da mucho por saco que dice que no existe el tiempo inadecuado sino la ropa inadecuada. Y ahora leo que mañana en un colegio de Hamburgo no habrá clase, pues se ha estropeado la calefacción. Lo bueno del sistema inglés es que eso no sería ningún problema...
Pero si yo fuese madre en Inglaterra o Escocia, sufriría mucho de ver a mis hijas así por la calle, con lo friolera que yo soy. No me pongo refajo de lana porque aún queda mi sentido de la estética, que el frío no ha terminado de aniquilar, pero con lo abrigadita que voy yo siempre, y lo exagerada que dicen mis hijas que soy, me dan ganas de en mi próxima visita ponerme a repartirles ropas calentitas a todos esos desabrigados. Sé que hay mundos peores, como el lugar más frío del mundo del que trató un programa de TVE que vi en Navidad en Madrid y que me hizo mucha gracia, que mostraba la vida a -50°C y -60°C en Siberia, pero a esos solo se les veía los ojos, y la ropa, por ejemplo, se quedaba tiesa en el tendedero, como una tabla. A mí me consoló mucho, pues lo de aquí no es nada, pero lo del Reino Unido es peor.
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