domingo, 27 de noviembre de 2011

Diccionario de Adviento

Hoy ha empezado una temporada muy importante en Alemania, el Adviento, y yo diría que incluso es más importante que la Navidad misma, que pasa en un suspiro, y aquí se queda corta en comparación con todo lo que viene antes. Hay un concepto en alemán, la Vorfreude, que sería la 'alegría por anticipado', la ilusión por lo que viene, y es en realidad de lo que se trata en estos cuatro fines de semana con sus semanas correspondientes hasta Navidad. Porque aquí se celebra desde la semana del primer domingo de Adviento todo este tiempo con montones de ceremonias, y si no vean todos los compuestos que se forman con la palabra Advent, el Adviento:

Adventszeit: Es todo el 'tiempo de Adviento', que va desde hoy, primer domingo de Adviento y los días de antes, hasta Nochebuena, que es el día en el que se dan los regalos y celebramos la Navidad en sí, que son solo tres días: Nochebuena, el primer día de Navidad (el 25) y el segundo día de Navidad (el 26). El 27 hay gente que quita el árbol, que por cierto se pone el 24...
Adventssonntag: Son cualquiera de los cuatro domingos antes de la Nochebuena, que yo en España solo conocía de la iglesia y que en la Navidad española no tienen ninguna repercusión. Es el momento de juntarse con amigos, familia, de tomar cafés juntos, comer las galletas típicas, las Stollen, el dulce con pasas típico que se come estos días.
Adventskranz: Se trata de la corona de Adviento que se enciende a partir de hoy. Lleva ramas de abeto colocadas en forma de corona y cuatro velas, y cada domingo de Adviento se enciende una más. Hoy ha tocado la primera. Lo más es hacerla uno mismo, si aprovechamos el punto siguiente.
Adventsbasteln: Son todas las manualidades que se realizan estas semanas para celebrar todo el tiempo de Adviento. Madres con hijos, entre amigas, en los colegios o guarderías se hacen las coronas de Adviento, estrellitas de papel, decoración para el árbol, y todo lo que uno se imagine y más, pues algo hay que hacer con esta oscuridad, frío y mal tiempo, aunque este noviembre animaba más a salir. Pero este fin de semana hemos tenido la primera tormenta del otoño, tan típicas como las manualidades.
Adventskalender: Es un calendario con 24 puertas, 24 bolsitas, o botitas de Papá Noel, o todo lo que uno se imagine, donde se pueden meter 24 regalitos. Muy típico para los niños, que viven esos 24 días con emoción, y que de repente se levantan para ir al colegio sin grúa y con alegría, de ver lo que les sale ese día. También se hacen entre mayores. Se pueden comprar también llenos de chocolates, de mazapán y hasta uno con 24 cervezas vi una vez en el supermercado.
Adventsbacken: En un país de tradición pastelera, y lo digo en el sentido literal de la palabra, al igual que se hacen tartas caseras todo el año, en Navidad se hacen las galletas en casa. Hay varios "modelos" típicos, y los niños se mueren por hacerlas. Hasta en los colegios de primaria las hacen, algo que yo no acabo de entender, pues por supuesto que para eso necesitan a madres que vayan a ayudar esas mañanas y "disfruten", o nos piden que hagámos la masa y la demos a nuestros hijos para ese día concreto. Yo me he apuntadoa la tercera opción: dar las formas para las galletitas...
Adventsplätzchen: Son las galletitas de Adviento, las que se hacen y se comen estas semanas. Lo malo es que aquí, cuando llega Nochevieja, ya no las puedes ni ver, y en enero no digamos. Acaba uno con cajas llenas que no tienen salida...
Adventsausstellung: Son las exposiciones de Adviento que organizan las floristerías en noviembre, para vender sus adornos florales para estas fiestas: las coronas, o centros de mesa con piñas, lacitos rojos, velas, todo de estética navideña. Esto es para los que no se lo hagan ellos mismos.
Adventsbasar: Las iglesias o colegios celebran "bazares" donde venden manualidades o cositas para una buena causa. Hay cosillas que se salvan, pero mucha horterada también. Pero ya digo que es para una buena causa...
Adventsdekoration: Es toda la decoración que ponemos justo antes del primer domingo de Adviento, y que nos acompañará hasta después de Nochevieja. Muy típicas son las cosas de madera de la Erzgebirge, del este de Alemania, y todo tipo de lamparitas, lucecitas, y cosas en colores rojos y verdes, de las que acabaremos saturados. Yo las recojo siempre, salvo por la pereza que me da, con mucha alegría, pensando que no somos nadie, que al igual que me encuentro recogiéndolas un día de enero, en nada, es decir, a finales de noviembre, volveré a sacarlas otra vez, como ocurre siempre.
Adventskonzert: Son los conciertos de Adviento organizados en iglesias o salas de conciertos. Hablamos de música clásica, claro, nada de rock, pues eso no son los conciertos de Adviento.
Adventssingen: Los cánticos de Adviento se realizan en los colegios. Suelen ser el último día de colegio, y todas las clases se reúnen para cantar, y cantan lo siguiente:
Adventslieder: Las canciones de Adviento. Hay varias muy conocidas, como nuestros villancicos, pero aquí las canciones navideñas son más solemnes, como lo es toda la Navidad.
Adventsgeschichten: En las casas y en los colegios es muy típico leer historias de Adviento, al calor de la lumbre, quien la tenga. Como vemos, ésto es pura autosugestión, y las librerías se vienen abajo de recopilaciones de cuentos para leer cada día, como si fuese un calendario de Adviento. Nosotros tenemos un libro que desempolvamos cada año, y que nos sabemos de memoria, pero nos sigue gustando. Es como la paella de los domingos o el cocido de los sábados. Y para recordar el resto de tu vida.
Adventshopping: Con esto entramos en la vida moderna. En el Adviento es cuando las tiendas hacen su agosto, y la gente va más de compras. Se llena todo: el centro, centros comerciales, y la gente va cargada de bolsas. Un invento que existe desde siempre en Hamburgo son unos autobuses que la ciudad pone en el centro para que la gente deje las bolsas que van comprando y no vaya tan cargada. Es como un guardarropa: te dan una ficha y recoges tus bolsas al final de las compras.
Adventsbrunch: Si desde siempre se celebran los Adventsfrühstücke, los desayunos de Adviento, y los Adventskaffee, el cafetito de Adviento, ahora se junta la gente también para el Brunch, a media mañana, en esa costumbre de importar todo lo americano.

Admito que tras escribir todo esto me ha entrado estrés. Y ahí entro en la segunda palabra que más se oye esta semana tras "Adviento" y todos sus compuestos. La gente está estresada y agobiada, y resulta prácticamente imposible quedar con nadie. Hay gente que te dice que en todo el mes no puede, algo que vengo oyendo desde hace 21 años y que cada vez me vuelve a sorprender. Yo solo digo que el estrés es proporcional a nuestra voluntad de estresarnos. Yo tengo la desgracia de estresarme por lo habitual, pero no por velitas, compras, coronas, galletitas, manualidades, canciones, conciertos, etc. etc. Y sin embargo disfruto de estas semanas, por lo bonito que está el centro, por ver a mis hijas tan contentas y con tanta ilusión, y porque es un mes muy bonito en Alemania.

viernes, 25 de noviembre de 2011

La serotonina

Sé que deberíamos fustigarnos, pero yo al menos no lo voy a hacer. Para una vez en 21 años que disfruto de un mes de noviembre seco del todo, y muy soleado, no me voy a amargar, por muy bajo que esté el nivel del Rin y de todos los ríos alemanes. Las primeras semanas de noviembre estaban todos felices: que qué bonito está resultando este otoño, sus colores, la luz, el sol. Pero estamos a día 25 y esta semana ya nos están fastidiando la alegría recordándonos que esto no puede ser, que estamos en el noviembre más seco desde que se registran las temperaturas, que el año 1920 fue parecido, pero que éste, va a ganarle incluso. ¿Por qué no me iba a tocar a mí un noviembre así aunque ocurra cada 100 años? Yo no me voy a sentir culpable por mucha foto que nos pongan ahora en todos los períodicos o noticias de televisión con las orillas de Rin con la tierra cuarteada como si fuese el río Sequillo.

Lo de que nunca llueve a gusto de todos es más que cierto este año. El verano fue pasado por agua y cayó de más. Se anegaron campos y cosechas, y la sensación fue de verano con timo. El otoño, soleado y seco como no recuerdo jamás, ha compensado. Pero aquí no se trata de eso. Hay que verle siempre las pegas a todo y no disfrutar. Cuando incluso el otro día en un programa de televisión estupendo que ven mis hijas y que merece una buena entrada de blog, les explicaron bien clarito lo que es la serotonina. El programa lanzaba la pregunta de por qué los españoles o los del sur de Europa están siempre aparentemente de buen humor y aquí en el norte la gente está tan "desaboría", en general, y tan cansada. Y decían que la culpa la tiene la serotonina. La serotonina es un neutrotransmisor que produce el cuerpo, responsable nada menos que del estado de ánimo, la regulación del sueño y del apetito sexual. Al oscurecer, la serotonina aumenta, y los niveles se mantienen altos hasta al amanecer. Piensen entonces ahora que aquí anochece ahora a las cuatro de la tarde, con lo cual nos ponemos en estado marmota a partir de esa hora. A mí de hecho me da tal bajón a esas horas, que son necesarios a veces un café (en vena, prácticamente) y una coca cola, para reactivarme para salir a trabajar, pues lo hago de noche en esta época del año. Y la serotina explica las maravillas en el organismo que producen en España las terracitas de los bares, el paseíto del domingo por la mañana al solecito, incluso en invierno, y lo más dicharachera y despierta que parece la gente. Leí el otro día en el periódico local una columna de una estudiante de Hamburgo que está ahora estudiando un año en Madrid y que decía que lo que le sorprende es lo poco que duermen los españoles, siestas incluidas. Yo llevo tiempo pensando que la siesta es otro de nuestros sambenitos que nos colgaron antiguamente y aunque los tiempos modernos, por mucho que siga creyendo la gente aquí, impidan a la mayoría de los españoles echarse una siesta a diario, que es lo que se creen que se hace, en realidad, incluso con ella, en España se duerme menos, y eso es algo que constato. Aquí se madruga mucho, pero la gente lo compensa acostándose bastante pronto, sobre todo en invierno. Y aquí existe el concepto del Mittagsschläfchen, el 'sueñecito del mediodía', o sea, que duermen más en general los alemanes, diría.

Así que alabado sea este mes de serotonina que estamos teniendo que compensa las horas que hasta el 21 de diciembre nos están desapareciendo de luz. Porque la luz es vida, y si no pensemos que los países escandinavos, a pesar de su bienestar son los que tienen la tasa más alta de suicidios. Por mí al Rin que le den. Lo siento.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Jesús, María y José

Hace poco estuve viendo unas páginas en internet sobre bares gais en Hamburgo (todo por mi proyecto, del que todavía no he hablado) y cada vez que me acuerdo exclamo "Jesús, María y José", como decía mi abuela de vez en cuando al leer noticias truculentas. Si lo digo no es porque me escandalice, sino por lo que hay ahí al alcance de todos en nuestra ciudad y que no sabemos ni que existe siquiera, y menos en barrios de vida tranquila, familiar y "perfecta", como el mío. Vi imágenes de sillas y estructuras sobre las que colocarse que sonrojan al más pintado, y eran bares de los que mencionaban que tenían duchas, y cabinas para no sé qué... También organizan exposiciones de pintura gay, con imágenes bien claritas, en las que los atributos quedan muy marcados, o fiestas en los que se puede ir vestido de cuero y látex o lo que sea. De todo ha de haber en la viña del señor, y a mí parece muy bien, pues cuanta mayor oferta, menos necesidad habrá de reprimirse y que explote por otro lado. Porque no entiendo por qué a los heterosexuales les ha de molestar que haya otros distintos a ellos, o que sigan pensando que para esto hay tratamientos, como las declaraciones tan desfortunadas de Durán, de CIU en los últimos meses. Que alguien siga predicando hoy día que la homosexualidad puede curarse es como que la iglesia siga ignorando la realidad.

El Papa volvió a decir el otro día que para prevenir el sida, lo mejor es la abstinencia. Amén. Preservativos, ¿para qué? Y por eso me alegro cuando leo noticias gratas relacionadas con la iglesia. Por ejemplo que este sábado abrirá la iglesia católica de St. Joseph, en pleno St. Pauli, nada menos que en la calle Große Freiheit, la 'Gran Libertad'. El nombre de esta calle hace referencia a la libertad religiosa imperante no solo en St. Pauli, sino en Altona, el distrito al que pertenece, otorgada por el rey de Dinamarca en el sigo XVII. La iglesia sorprende por la vecindad en la que está situada, entre "religiones" de clubs, salas de concierto, espectáculos de sexo, e incluso la calle de la prostitución de travestis. El rey de Dinamarca, país del que formaba parte este barrio, le otorgó también a esta iglesia de Altona en 1658 el privilegio de la libertad religiosa, conviertiéndose St. Joseph en la primera iglesia católica erigida tras la reformación protestante en todo el norte de Europa. La iglesia, de fachada barroca, llama de por sí la atención en las noches de marcha por St. Pauli, pero este sábado, por comenzar el Adviento al día siguiente, quieren llamarla más aún, realizando una noche de puertas abiertas a los fieles de la noche. Estupenda idea. Otro club más abierto.

Y otra noticia muy sonada estos días ha sido que la iglesia católica alemana quiere vender su editorial Weltbild porque venden títulos demasiado "mundanos". Me explico: es una cadena de liberías y venta en internet en la que la amplia oferta de libros de contenido erótico era algo que no le gustaba al Papa, ya que la editorial, que comenzó publicando hace 63 años un periódico de la iglesia, ofrece en internet; hasta 2.500 títulos si se busca bajo el tema Erotik. La oferta creció y creció según las demandas de los seres, que son humanos, al igual que St. Pauli y las ciudades abren sus puertas a todo tipo de confesiones (sexuales) y libertades . Lo malo es que siempre tenemos a Roma y a los ciudadanos de Dios para jorobar lo andado.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Especies protegidas

Cuando pienso en cómo me quitaron a mí unos papilomas allá por el año 1988... Me metieron una especie de pistola en el talón en el lugar dónde los tenía, para congelarlos con frío. Estuve un par de semanas coja, del dolor que me quedó. Pero es que eran papilomas españoles, que no son especie protegida, como la rama alemana. Aquí a los papilomas se los trata muy bien. Se les da tratamiento y se les quita, pero por las buenas, nada de salvajadas. Así lleva mi hija con unos papilomas en los dedos gordos de los pies durante meses, ya he perdido la cuenta cuántos. Se pone unas tiritas que los reblandecen, antes un líquido que al parecer hace algo, y vamos al médico cada semana a que le quite un buen trozo de piel con papiloma, pero los papilomas siguen campando a sus anchas, y empiezo a pensar que, o hacemos algo más radical, o se quedarán en el spa en el que viven para siempre. Aquí hay varias teorías: que se van solos cuando les da la gana, se traten o no, o que se pueden tomar las bolitas de los tratamientos homeopáticos para combatirlos, o como mucho se les quita con mimo y esmero, como hacemos nosotras. Se trata de que no duela, y de que no salga ni una gota de sangre.

Con otras cosas no se andan con chiquitas, por el contrario. Mañana es la famosa excursión de la que hablé ya en este blog en la que la clase de mi hija, de sexto, irá al hospital a que les den un tratamiento de choque para que no fumen. Van a presenciar una broncoscopia a un paciente con cáncer de pulmón en vivo, además de entrevistar a fumadores enfermos (arrepentidos) de cáncer de pulmón. Al final no di mi consentimiento a la visita porque a mi hija le da pánico y es seguro que se desmayaría y montaría el numerito. La semana pasada tuve ocasión de hablar en persona con el profesor, y entendió plenamente mi negativa, pues, según me contó, siempre hay dos o más niños que se desmayan, e incluso para los adultos acompañantes es muy desagradable, me dijo. Por lo visto les enseñan además un pulmón que "era" de un fumador, abierto, para que lo vean bien, y me dijo que en ese caso es mejor que mi hija no vaya. Le aseguré que para él es lo mejor...

Pero ahora resulta que va a ser la única de la clase que no va a ir al hospital, así que por variar, seguimos llamando la atención, por mucho que me empeñe en no hacerlo. Ahora está enfadada mi hija porque no se puede quedar en casa, ya que el profe de ciencias le ha dicho que ha arreglado que vaya mañana a una de las clases de quinto, pues en casa sin cole no se puede quedar, que tiene obligación de estar esas horas en clase, lo cual a mí me parece bien. Ella me ha pedido que llame mañana y diga que está mala, pero entonces si que montaríamos el escándalo, y yo estoy dispuesta a protegerla, pero tiene que apechugar con las consecuencias: yo soy la primera que entiende que no vaya al show del hospital, aunque sea la única, pues me parece bestial lo que tienen previsto, pero no por eso tiene fiesta, que tiene que pagar un precio. ¿Que qué tienen que ver los papilomas con la broncoscopia en vivo delante de niños? Nada, pero pienso que ni tanto cuidado y mimo con las cosas más simples, ni tanta crudeza con la realidad que ya es lo suficientemente cruel. El profesor me aseguró que tras esto no fuma la mayoría, que la "terapia" preventiva funciona, pero también me comentó que hay una niña en la clase, cuyo padre fuma como un carretero, que lo está pasando muy mal estos días, que se toma este asunto como algo personal y que se lleva todas estas preocupaciones a casa y que esto está provocando conflictos con el padre. Ahora pienso que el profesor que imparta la materia tiene que ser no fumador entonces, para predicar con el ejemplo, supongo, si no qué timo. Y ahora me acuerdo de la frase con la que me despidió el profesor: "No se preocupe que el próximo tema es menos crudo: el sexo".  Ni me quiero imaginar que se les ocurra darles explicaciones en vivo...

lunes, 21 de noviembre de 2011

La "catedral" de los hamburgueses

Hay templos y templos, unos de culto y otros de diversión. En Hamburgo las fronteras entre el culto, lo sagrado y la fiesta son fließend, como se llama aquí a lo que se solapa sin claros límites. Es por eso que no tenemos catedral, como sería lo propio con tantas iglesias importantes como tiene la ciudad, ya que la principal de las protestantes se llama simplemente por su nombre, St. Michaelis, y no es catedral, y la principal de los católicos si que se llama Mariendom, la catedral de Santa María, de la que muchos hamburgueses desconocen su existencia, me atrevería a decir, y su importancia reside en el hecho de ser la sede del arzobispado de Hamburgo, pero nada más.

La verdadera catedral por ser además así llamada es el Hamburger Dom, la catedral hamburguesa. El Dom ocupa la esplanada donde se encontraba la catedral de la ciudad hasta 1805, pero la derribaron, y siguió su función de mercado, que tenía lugar delante de ella, que, con el paso de los años, acabó convirtiéndose en una verbena o parque de atracciones no permanente. Es todo un culto a la diversión, con montañas rusas gigantes, y atracciones para los no miedicas, puestos infinitos de comida, dulce o salada, mezcla de olores, sabores y gente de toda clase. La noria gigante preside la fiesta durante las semanas en las que tiene lugar la fiesta, y se puede acceder al recinto de 1,6 kilómetros de largo desde varias puertas luminosas. Se instala tres veces al año, siempre durante un mes, en primavera, verano y en noviembre/diciembre, la edición que incluye la decoración navideña y un mercado de Navidad.

Nunca me ha gustado especialmente, pero ayer disfruté de la visita como nunca. No sé si fue por el cielo, que estaba precioso con motitas de nubes, en este noviembre de lo más luminoso que he visto aquí jamás, o si porque me fijé en cosas que no había distinguido otras veces en las que todo me pareció más igual. Desde luego que merece la pena pasarse, y ayer me gustó hacerlo de día y noche, es decir, que al ir todavía de día se disfruta del panorama diurno, y al anochecer de las luces. Estaba lleno como nunca, pero la sensación no es nunca de agobio, pues cabemos todos. Los que como yo no se montan en nada, pueden pasear igual, y eso es gratis: no hay que pagar nada para entrar, solo si te montas en algo. Lo difícil es no cunsumir, entre Schmalzkuchen, unos buñuelos pequeñitos deliciosos, las almendras garrapiñadas, salchichas, patatas, fritangas de todo tipo, pescado y comida internacional. Me gusta por ser un escaparate de Hamburgo, de Alemania, y de la sociedad, y porque estos sitios tan maravillosamente horteras y estridentes nos gustan a todos, por mucho que digamos.








viernes, 18 de noviembre de 2011

La frustración positiva

Como hoy, una vez más, se me ocurren montones de ideas sobre las que escribir, lo hago sobre el tema denuncia de mi blog, por si no se habían dado cuenta cuál es: la situación de la mujer y madre trabajadora en Alemania. Aunque me tienta escribir de cosas más interesantes, como del comer pipas, del imperfecto (les aseguro que es un tema fascinante) o del agujero de unos cuantos millones que faltan para terminar de construir nuestro barrio escaparate de Hamburgo, la HafenCity, prefiero hacerlo de lo mío, con el lema, "cada loco con su tema".

Hoy leo en el Spiegel online un artículo que me parece algo absurdo, titulado "Por qué los padres temen la excedencia". Con padres el artículo se refiere a los hombres, y la excedencia a la que nos cogemos aquí en Alemania con más o menos tiempo casi todas las madres, posible hasta tres años, y sin cobrar nada, y con garantías de volver al trabajo, sino te cierran la empresa, como me ocurrió a mí. Los hombres también pueden coger estas excedencias, pero son los menos los que se atreven porque, como señala el artículo, de esa manera se perderían un futuro profesional mejor. Eso está más que claro si vemos el caso de las mujeres en este país, a la cola de Europa en temas de conciliación. El otro día oí en la radio que en Alemania faltan 240.000 plazas de guardería para la edad de 0 a 3 años. Eso no quiere decir que exista esa oferta en realidad para ese margen de edad, pues somos nosotras, madres, las que cubrimos ese tiempo aparcando nuestras profesiones, sino que hay 240.000 niños cuyas madres necesitan urgentemente tenerlos en algún sitio para poder trabajar.

En el artículo opinan algunos hombres que sufrieron en sus propias carnes lo que supone la pausa laboral: desde uno al que le ofrecieron el finiquito alegando "fusión" con otra empresa para prescindir de él, pues no le podrían dar cabida a su vuelta, a otros que aun sabiendo que si se quedan ellos las ayudas del estado son mayores durante los pocos meses que se recibe una ayuda, dicen claramente que no lo hacen por miedo a la pérdida profesional que supone llamar la atención en la empresa.

El artículo no descubre el enigma del huevo de Colón, porque no hay más que ver el panorama de las madres en este país para ver por qué los hombres "se sacrifican" a renunciar a sus derechos, decantándose por otros que siguen creyendo intocables, y de esta manera la educación de los hijos no se comparte como se hace en otros países europeos en mayor medida. Por lo que aquí las madres pueden dividirse en los siguientes grupos:
1. Las que tiran por la borda para siempre su futuro profesional por el bien de sus familias, y hablo de gente con titulación universitaria y buenos trabajos antes de dejarlos, y que defienden esta situación a capa de espada, "porque es lo mejor".
2. Las que trabajan media jornada o las horas que pueden o les dejan, y aceptan que es lo que hay y que no pueden hacer otra cosa y tratan de vivir como las madres del punto 1, siendo la perfecta madre y esposa, pero con lo que aporta el punto 2, que es darse cuenta de que lo que uno trabaja no da para nada, ni económicamente ni profesionalmente, excepto para salvar el propio orgullo.
3. Este grupo tiene mucho del 2, y nada del 1, pues son las frustradas, y atención, reclamo un uso positivo de la palabra "frustrada". Estar frustrada es algo muy positivo, pues es el momento en el que te das cuenta de que te están tomando el pelo y que tú estás igual de preparada y podrías ganar el mismo dinero que muchos hombres menos cualificados, pero que por ser hombres lo tienen más fácil, desde el punto de vista profesional y social, porque además no les juzgan por ir a trabajar, algo que se les hace aquí a las madres que lo hacen en jornada completa y con hijos.
4. Y esas son las menos, pero son las malas y desnaturalizadas madres que prefieren una carrera profesional a sacrificarse por sus hijos, y a las que en este país se les llama Rabenmütter, las 'madres de los cuervos', que como se les atribuye a estos pájaros, no parecen ocuparse de ellos, pues es evidente que la realidad es otra. Trabajar jornada completa es aquí solo posible metiendo a una au-pair en tu casa, o pagando a alguien que esté con tus hijos a partir de la una, que es cuando salen de la guardería o colegio, en la mayoría de los casos.

Creo que queda claro a qué grupo me adhiero y por si acaso no, lo digo claramente. Me considero una mujer frustrada pero en el mejor sentido de la palabra, porque de la frustración trato de sacar algo positivo y avanzar. Pienso en lo que me dijo hace poco una prima mía y que me pareció genial "En algún momento del camino en la liberación de la mujer se olvidaron por completo de nosotras, solo pensaron en las que tienen siempre ayuda en casa para todo." Cierto, ésas son las muy pocas que se realizan con todo en este país, como por ejemplo la ministra Ursula von der Leyen, con sus seis hijos, pero es que en Alemania además hemos vuelto para atrás, y la sociedad ha aparcado la liberación de la mujer como tema imposible. El otro día lo hablaba yo con una alumna mía, alemana de 39 años, que me dijo claramente que ella no quiere tener hijos porque ve a muchas amigas suyas frustradas, y que en Alemania le parece imposible conciliar con estos hombres que se piensan que la educación de los hijos sigue siendo derecho exclusivo de las madres y que no son capaces de renunciar a nada.

A mí sobre todo me asustan los comentarios de las propias mujeres, pues de los hombres no espero nada, ya que ellos están contentos con la situación y siguen pensando que están más capacitados que nosotras y así se quitan en sus trabajos la posible competencia de encima. Una conocida me contó hace poco que ha tenido que cancelar viajes de negocios en las próximas semanas porque su marido también tiene viajes esos días, y él no puede cancelar nada, y ella sí, "obviamente", y que eso significa para ella ponerse minas en su futuro profesional. En este país las niñas son maravillosas, listas, creativas, se les fomenta en eso y más; está demostrado que en el instituto sacan mejores notas, y que en la universidad son legión. Pero en el momento de tener hijos se vuelven tontas, y pierden todo su interés profesional para la sociedad alemana, salvo a tiempo parcial y a cachitos. Y el caramelo que nos dan para cubrir la falta de infraestructura, y que conste que yo he criado muy feliz a mis hijas a tiempo completo el tiempo que yo creí necesario dada la situación, es una trampa de la que es muy difícil salir. Y por eso al final sí que los hombres quizá sean más listos por no renunciar a nada, y nosotras tontas, por creernos que no podemos cambiar nada, cuando podríamos frustrarnos todas activamente.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Vaya vegetarianos

Me llama la atención cuántos niños vegetarianos hay en Alemania. De un tiempo a esta parte vengo observando un incremento, que no puedo ni quiero corroborar con cifras pues se trata de mi impresión personal en base a los críos que pasan por mi casa. Cuando un niño me dice que es vegetariano, en lo primero que pienso es que si los de mi generación o muchos de después les hubiesen dicho eso a sus padres, de la voz que nos hubiesen dado, nos hubiésemos ido a comer un buen asado después solos o en familia. O me imagino a un español de hoy día diciéndoles a los que por su religión no comen cerdo que "venga, prueba, con lo rico que está este ibérico".

Y vienen crías de 11 años a mi casa, y me dicen que no comen carne. De esto, curiosamente, se salvan a veces las salchichas, aunque no siempre. Es por eso por lo que mi hija pequeña me preguntó hace poco: "¿Mamá, a los animales de los que sacan salchichas, los matan de otra manera?" No entendí la filosofía de la pregunta así a primeras, pero le dije que no, que es lo mismo, y entonces me salta: "Ah, pues yo pensé que sí, porque hay niños vegetarianos que comen salchichas, y yo creía que sería porque los matan mejor". La lógica es aplastante, como la incongruencia de lo otro.

Por supuesto que respeto que un niño decida ser vegetariano porque sí; también conozco a padres que cuentan que sus hijos son vegetarianos (porque ellos lo son), y estos niños son los que en las barbacoas dan cuenta de un buen número de salchicas o chuletas, y con avaricia. Sin embargo el caso más respetable que conozco es el de una niña que viene a menudo a mi casa que es vegetariana convencida, sin serlo nadie en su casa. Pero ésta al menos come todo lo demás, y no le hace ascos a ninguna verdura. Yo he acabado por cogerle el tranquillo a esta vegetariana, aunque compadezca a la madre con tres hijas de las que una es vegetariana, otra no come verdura y la tercera de nada. Pero hace poco estuvo aquí una vegetariana que vino de manera improvisada. Yo no sabía que lo era, y tenía la comida lista además cuando mi hija me avisó de que traía a esta amiga. Había judías verdes con patatas cocidas, y trocitos de pavo empanados de segundo. Pues bien, cuando volví y les pregunté que si habían comido bien, se sonríen y me dice: "Es que soy vegetariana...", "ah", dije, tranquila porque había habido verdura. "Ya, pero es que las judías verdes no me gustan". Comió solo patatas cocidas.

Mi explicación para tanto vegetariano de corta edad es que los niños aquí crecen muy unidos al mundo animal. El que no tiene perro tiene conejo, o hamster, o peces, o todo junto a la vez. Y como se pasan el día acariciando a tanta monería animal, como para ponerles luego en el plato un animal muerto, como me dice a mí la vegetariana que más respeto. Ésa se hizo vegetariana con 5 años, cuenta orgullosa, cuando una niña en la guardería le dijo que la carne son animales muertos. Pero en la mayoría de los casos me parece una idealización tal de realidad que estos críos crecen en sus mundos felices tan fomentados aquí en las casas. Como les expliqué yo a mis hijas el otro día, que andan tentadas de hacerse vegetarianas, porque los animales son "tan monos" y que están consternadas de que nos los comamos y los matemos. Les dije que sí, que entiendo sus preocupaciones, y que los animales merecen un trato digno, pero que no piensen que porque no coman carne que no participan del uso de ellos para otros productos, pues de los animales se sacan muchas otras cosas para cosméticos, zapatos o medicinas. Me miraron con estupor. Sí que me rogaron comprar carne "bio" (lo que influye la vida aquí) y que aunque sea más cara, que entonces comamos menos carne, pero con garantía de que han tratado bien a las vacas. Les dije que con eso hay mucho fraude también, que no todo donde pone "bio" lo es. Pero como por cabezonerías similares no comen pescado desde hace mucho, lo peor que me podía pasar a mí, estoy por llevarles a un sitio donde vean lo que hacen con los productos transgénicos, y cómo crecen los vegetales hoy día, en invernaderos en producción en masa, o manipulados igual para que tengan esa forma y color específico. Yo estuve hace años en una feria en Holanda en la que vi cómo crecen los champiñones en una especie de algodón y que el agricultor trabaja con ordenador, y cambió mi concepto sobre todo esto.

Me parece muy bien que los niños crezcan con respeto hacia los animales, que se les inculque que hay que tratarles bien y que no porque nos los comamos, podemos engordarlos o hacer con ellos lo que queramos. Pero veo que está creciendo una generación de sabiondos intolerantes que se acabará por dar un batacazo cuando vean que muchos seres humanos no viven tan bien como sus peces en la pecera o su conejo con su jaula con columpios y que comen la mejor comida "bio" que haya en el mercado para ellos.