jueves, 28 de febrero de 2013

Despedidas y llegadas

Los alemanes nos hemos quedado sin papa (alemán). Digo esto como alemana que seré en nada, pues hoy me han dicho que me conceden la nacionalidad alemana. Han tramitado todos los documentos que presenté y me consideran "apta" para el "diploma" teutón. Cuando presenté todo me dijeron que en el momento que me entreguen el papel en mano, seré alemana y con él podré solicitar pasaporte y carné de identidad. Así que todavía no lo soy hasta que no salga de un edificio gris con el certificado en la mano.

La funcionaria alemana me ha mandado el correo con la noticia a las 6.15 de la mañana y yo lo he leído media hora después: son horarios alemanes para dar una noticia así. Y como el resto de mi día ha sido un continuo sinparar, no ha sido hasta ahora que he comprendido que hoy ha pasado algo importante en mi vida.

El Papa está ya en la residencia de vacaciones del Vaticano. Para un Papa que se retira por motivos de salud o por no tener las fuerzas suficientes para realizar su labor, a mí me parece que el hombre está más lúcido de lo que parece. Debe haber pensado que por qué esperar a morirse y no enterarse de su despedida, a hacerlo así, con pompa y boato. Y en vez de dejar el Vaticano en ataúd, lo ha hecho en helicóptero, que es mucho mejor. Seguirá llamándose Papa Benedicto XVI, y salvo entregar el anillo y los zapatos rojos, que tampoco eran para tanto, disfrutará del "más allá" mejor que si hubiese salido con los pies por delante. No está mal pensado. Para qué lidiar con las intrigas de la iglesia o el mayordomo infiel, pudiendo dedicarse a la vida contemplativa en vivo y no muerto. Probablemente esté ya durmiendo a pierna suelta en su cama con dosel o tomándose una cervecita alemana para celebrar su jubilación y no su muerte en compañía de los "arcángeles" del cielo.

Yo no me he tomado nada para celebrar mi "germanización", pero todo llegará.



martes, 26 de febrero de 2013

Vivir para ver

Más de una vez he comentado en este blog que las madres valemos para todo. Yo, como las demás, apago fuegos todo el día. Ahora mismo escribo estas líneas a punto de concluir un día largo, larguísimo. Tras volver de dar clase a las tantas todavía he tenido que apagar un par de fuegos más y mi hija pequeña me ha recordado que mañana se lleva al cole la tortilla. Huy la tortilla, si no me lo dice se me olvida. Mañana expone junto con dos compañeras un trabajo sobre España. Han hecho cajas con información sobre países europeos y ella se apuntó a España. Parecerá obvio, pero no lo es: ella quería en un principio Inglaterra, pero como ese país no lo quería hacer más que ella, tuvo que arrimarse a España, pues era todo en parejas o tríos. "Anda, no te enfades", le dije, "además, como española podrás lucirte". Quién me manda. Al poco tiempo me vino con un encargo: "Mamá, ¿no podrías hacerme para el día de la presentación una tortilla?" Como soy una blanda, por madre y por española, le dije que por supuesto. Y ahora resulta que mañana me tengo que levantar a las 6.30 a hacerle la tortilla: "Y por favor la cortas en 29 trozos", me ha dicho antes de dormirse.

Habrá tortilla como hago todo lo que toca. Ayer culminé mi labor de policía, y no es broma. Un amigo mío que estudió para policía me ha dicho que lo hecho muy profesionalmente, como recién salida de la academia. Las madres, que valemos pa' to'. Me explico: a mi hija mayor una amiga le robó la hucha de su habitación, aquí de casa, en agosto pasado. La "amiga" vino de visita un domingo; comió aquí, pasó el día con nosotras. Como madre española que soy la acerqué al metro, para que no fuese sola ese tramo, y desde ayer tengo la confesión de que en su bolso llevaba la hucha de mi hija, con una buena cantidad de dinero. Por falta de pruebas he silenciado todo Este tiempo y porque mi hija no quería ni hablar del tema: para ella ha resultado muy doloroso que una amiga le robase y no quería aceptarlo. Cuando antes de Navidad la evidencia era más que clara, mi hija le tendió la mano, y la niña ha seguido mintiendo y la bola de mentiras tramada por ella ha terminado en ser una maraña que le ha enredado. Mi hija me decía que tuviese paciencia, que por algún lado saldría la verdad. Y efectivamente: otras dos compañeras vieron la hucha en la habitación de la niña y se lo dijeron a mi hija el domingo. Ayer entonces, con las pruebas en la mano, mi hija volvió a hablar con ella y como volvió a mentir, al final, yo harta, llamé a la madre. Créanme, es muy duro llamar a una señora que no conoces y decirle que su hija ha robado a la tuya en tu propia casa. Lo terrible de todo es que la madre no parecía sorprendida pero sí que estaba bajo shock. Habló con su hija y al rato me volvió a llamar: tras tres frases suyas con lo que yo le conté, su hija confesó.

Ojalá esto no fuese verdad, ya que entra en la categoría de experiencias de "mi vida es todo menos que aburrida", o "no gano para berrinches o para disgustos", o "para leona protegiendo a la manada, yo", como hacemos todas. Por eso ayer lloré de rabia con esa madre, que estaba bajo shock. Todos sabemos que no es fácil educar, pero como yo le dije, si mis hijas hiciesen algo así, yo querría saberlo, y me dio la razón. Si una niña de 12 años es capaz de robarle a su amiga en su propia habitación, necesita ayuda urgentemente. Hacer justicia, fea palabra, es muy duro a veces, y en este asunto no ha ganado nadie, lo aseguro.

domingo, 24 de febrero de 2013

No se lo cargan todo

Ya mencioné una vez que la familia real la ha liado pero bien, pues aparecen en los métodos para aprender español y entre el yerno que no está, y el que sigue estando pero que oficialmente tampoco, han fastidiado montones de libros. Ahora encima utilizando una guía que tengo sobre Madrid, para un proyecto que estoy realizando, veo un apartado que dice que el rey es muy querido por los españoles, y menciona a las hijas, a sus maridos, al príncipe, al matrimonio ejemplar de los reyes, y más cosas que ahora me producen risa. Otro libro para tirar a la basura. Ellos solitos se han cargado su imagen, pues en el extranjero ya no aparecerá tampoco ninguna guía con esa información tan positiva.

Pero la página esa no me amarga mi labor. Voy a dar un curso sobre Madrid y alrededores próximamente, y por suerte el centro de España no se visita ni por la familia real, ni por el Palacio de la Zarzuela, ni por nada unido a esa panda de aprovechados. Llevo una semana recorriendo Madrid con la mente y a través del teclado, y como voy pronto, llegaré ávida de patear MI ciudad. No sé por qué muchos alemanes, cuando les digo que soy de Madrid, me dicen que les gusta más Barcelona. Lo entiendo y lo respeto, les digo siempre. Algunos lo dicen sin ni siquiera haber visitado Madrid, o haber estado más que de paso. Pero los que conocen bien la capital, dicen a menudo que les gusta más Madrid. Maldita manía de comparar todo. Yo nunca lo hago. Cada ciudad es única, y por eso entiendo que algunos prefieran Barcelona: el mar, el ambientillo mediterráneo, Gaudí (o Gaudi, como dicen los alemanes), apreciadísimo en el extrajero. Pero sinceramente, la última vez que estuve en Barcelona salí espantada del gentío de las Ramblas, el Barrio Gótico olía a orina y la zona del Mercado de la Boquería estaba muy deteriorada. No digo que Madrid esté perfecta, pero al menos no se vende como ciudad que lo tiene todo. Nosotros no tenemos playa, eso está claro, ni otro idioma (ojalá), pero tenemos una ciudad tan infernal, ruidosa y sucia, que a la vez nos lleva al cielo en sus rincones con encanto.

Llevo días paseando mentalmente por el Madrid de los Austrias, por esas plazas con encanto. Me encantan esas calles con los carteles de azulejos antiguos. Me encanta la zona de tabernas de la Latina. Me encanta la Plaza de Santa Ana, con todo el jaleo que tiene. Me encanta pasear de día por Madrid, pasear de noche. Me encanta ir por Chueca, por la calle Fuencarral. Me encanta el Retiro, y cuanto más lleno mejor. Me encanta cogerme el 27, autobús municipal, desde Atocha a plaza de Castilla y pasar por el Paseo del Prado, por Recoletos, la Castellana y ver Madrides tan diferentes: el del arte, el burgués, y el de la modernidad, que culminó en las Torres Kio y el hundimiento de la banca. Me encanta la Gran Vía: bajarme del metro en Callao, como hacía cuando era jovencita, y mirar hacia abajo, con la Plaza de España abajo, y mirar hacia la derecha, hacia el edificio de telefónica. Me encanta el barrio de las Letras. Me encanta atravesar la Plaza Mayor siempre que estoy cerca, aunque no tenga que ir.

Por eso una panda de indeseables no van a acabar con el atractivo de nuestras ciudades ni de nuestro país. Yo voy a promocionar el turismo a Madrid y alrededores, y si me dejan continuaré con otras regiones: Extremadura, el norte de España, Castilla, ... De momento sigo viajando con la mente, que es muy fácil.

viernes, 22 de febrero de 2013

Efectos secundarios

Hoy he vuelto a ver a mi buen amigo el proctólogo. Es ese médico al que acudo cuando mis bajos fondos se resienten algo, a que me dé unos toquecitos mágicos, como yo los llamo. Ya he hablado en este blog de él, pero la visita merece ser mencionada cada vez. No es nada agradable pero merece la pena. Son los momentos en los que alabo a la seguridad social alemana. Mientras que en España no sé cuántas personas "sobreviven" gracias a pomadas, aquí no se calman los síntomas sino que se trata el problema, y en un pispás. A veces acudo pensando que debo ser una enclenque con mis molestias, pero mi amigo el proctólogo me reconforta y me hace sentir que mi visita es siempre debida. Extraña profesión la de estar viendo culos todos los días. Pero se merecen el premio Nobel de la Paz, como el que inventó el friegaplatos y la lavadora.

Lo malo de estas visitas es que luego siempre gasto. No sé si debe estar compinchado el proctólogo con todos los comercios de alrededor de la consulta. Deberían comprobarlo. Yo salgo de la consulta siempre algo herida en mi ego, pues quién reconoce abiertamente lo que te acaban de hacer, y tras pasar por la farmacia, voy directa a darme un homenaje. Hoy fue un vestido monísimo. Hay que ponerse en mi lugar; una es débil. Sales dolorida, y necesitas distraer la mente y volverte a sentir persona y no trasero. Así que señor proctólogo y tiendas del centro de Hamburgo: hasta otra.

jueves, 21 de febrero de 2013

La lengua madre

Muchas veces me hacen gracia esos "días de...": de los abuelos, del niño, del gato (!), que fue ayer, o el día del orgullo zombie, nada menos. Y hoy, 21 de febrero, ha sido el Día Internacional de la Lengua Materna. Se celebra desde 2000 y la fecha está elegida para conmemorar la protesta de unos estudiantes de Bangladesh, ocupado entonces por Pakistán, por sus derechos como hablantes de urdu. La policía arremetió y murieron tres estudiantes. A los 4 años fue declarada lengua oficial.

Se trata de recordar que de las 6000 lenguas del mundo, la mitad está en peligro de extinción. Cada año mueren 10. No es el caso del español, la segunda lengua en cuanto al número de nativos que la hablan, tras el chino. Y el día de hoy celebra el plurilingüismo, la diversidad lingüística. No es ninguna tontería recordar el capital cultural que supone para cada individuo su lengua materna. Nuestra idioma no lo elegimos nosotros: nos viene dado desde nuestro nacimiento, como nuestra madre. Nuestro idioma nos da nuestra identidad cultural y nuestra sensación de pertenecer a un grupo. Es nuestra lengua madre, por ser la primera que hablamos, y curiosamente es de la madre y no del padre...

Aquí en Alemania viven millones de personas con otra lengua materna. Yo misma. Yo hablo español en mi vida diaria, y además lo enseño, por lo que mi lengua materna sigue presente en mi vida a pesar de vivir en el extranjero. Y porque es una lengua tan hablada por tanto nativo, goza de un espectacular biénestar en las academias o escuelas de idiomas en el extranjero. O sea que muchos no solo viven CON su lengua sino que además viven DE ella.

Habladas por millones de personas o por una minoría: todas las lenguas son dignas de ser recordadas el día de hoy. Yo pongo una vela mental por todas las que han muerto: porque con ellas se ha evaporado en el aire una gran parte de la identidad cultural de un pueblo.

martes, 19 de febrero de 2013

Olvídense de los diamantes

Amberes, ciudad de diamantes, pero no solo. Hoy lo sabe todo el mundo tras el robo en el aeropuerto de Bruselas ayer, en el que una banda de ladrones se llevó 37 millones de euros en diamantes, de una furgoneta que los llevaba a un avión que iba a salir con destino a Suiza. El robo ha desconcertado a la seguridad del aeropuerto bruselense, y a los comerciantes de diamantes de Amberes, que temen ahora una pérdida de prestigio.

Cuando vivía en Bruselas iba muy a menudo a Amberes, pues estaba a media hora en coche de mi casa, pues en Bélgica está todo cerca. Donde menos iba era al barrio de los diamantes, donde una joyería sigue a la otra y donde proliferan muchos judíos ortodoxos. En la ciudad se les ve por todas partes, vestidos todos de negro, con sombrero, y los tirabuzones tan característicos. El barrio de la estación con rótulos de tiendas de diamantes resulta curioso. Es la capital mundial del comercio de diamantes, en unas cuantas callejas.

Y sin embargo el robo me hace recordar esa ciudad que tanto me gusta. No he vuelto a ir en seis años. Pero volveré. La Gran Plaza no resulta tan impresionante como la de Bruselas pero es una joya también, y la ciudad lo es más que todos los diamantes juntos, robados y no robados. La catedral es impresionante también, y al lado recuerdo un bar que me encantaba: "El 11 mandamiento", se llama en holandés y está lleno de santos y simbología religiosa: mártires, ángeles, y todo tipo de iconografía religiosa; un lugar ideal para tomarse una cerveza belga o dos, y comer alguna especialidad de la magnífica gastronomía belga.

Amberes es también la ciudad de Rubens. La casa museo está muy bien conservada y merece la pena visitar. En la misma acera un poco más adelante, está el Grand Café Horta, un café/restaurante espectacular hecho con elementos de la antigua "Casa del Pueblo", un edificio Art Nouveau, el estilo modernista en su corriente en Francia y Bélgica.

Pero Amberes es la ciudad de la moda. Los "seis de Amberes" se hicieron famosos a finales de los 80 y los 90, y pusieron a Amberes en el mapa mundial de la moda. Jamás me he comprado nada de ninguno de esos seis diseñadores, pues los precios son para justo eso, seis o siete..., pero Amberes es, como otras ciudades de Flandes, una delicia para ir de compras.

El símbolo de la ciudad de Amberes es la mano, que se ve de chocolate y como galletas por toda la ciudad, riquísimas todas. El por qué de la mano lo demuestra la estatua de la Gran Plaza. Un gigante demandaba grandes pagos de cada barco que pasaba por el río de la ciudad, el Schelde. Pero llegó un chico valiente, Silvius Brabo, luchó contra él, le cortó la mano, y la tiró al río.

Amberes es otra de esas ciudades en las que yo podría vivir. No sé decir por qué me gusta tanto. Pero hay cosas que no hay que explicar. Por eso les agradezco a los ladrones de diamantes que me hayan evocado tantos paseos en solitario que me di por Amberes. Sabría recorrer cada uno de mis pasos de nuevo, ir al aparcamiento donde dejaba siembre mi coche para recorrer el mismo camino andando en cada visita. En el barrio de diamantes estuve una vez. Y es que eso es lo de menos de Amberes.

lunes, 18 de febrero de 2013

A las tantas de la noche no hay niños en Alemania

Como cinéfila que soy, anoche me tragué la entrega de los premios Goya. Terminó a la una de la mañana y yo me sentí alemana cuando me sorprendió ver a niños entre el público, a los que además enfocaban las cámaras como diciendo "mirad qué monos". En Alemania los niños no son monos y menos a la una de la mañana. Está prohibido que los niños salgan en televisión después de las diez de la noche. Y si aquí las madres que por trabajar dejan a sus hijos al cuidado de otros son consideradas madres desnaturalizadas, si los dejan salir en televisión a esas horas es un ataque a la moral decimonónica, pensaba yo anoche. Pero los críos aguantaron hasta que se dio el último premio, más frescos que una lechuga.

De los premios no puedo opinar, pues salvo "El artista y la modelo" no he visto ninguna otra. "Blancanieves" no me atrajo cuando pude verla y la de "Lo imposible" tampoco, pues no me gustan las películas sobre catástrofes naturales. A pesar de los premios, me siguen sin atraer las dos, pero a lo mejor trato de olvidarme de mis reparos y veo al menos la primera, pero no estoy segura. Hace no tanto volví a ver la película "Titanic" otra vez, y se me hizo eterno todo el hundimiento. Ves esas pelis cuyo final ya conoces diciendo "venga, que se hunda el barco ya de una vez".

No quiero opinar sin haber visto a las más laureadas de la noche pero injustamente "El artista y la modelo" se fue de la gala sin premio. Pero si el cine es espectáculo, la gala de entrega de los premios más aún.

Pero el mundo entero es un show. Antes he visto en las noticias de la noche que los habitantes del pueblo de Rusia donde les cayó el meteorito literalmente sobre sus cabezas, están ya vendiendo en internet los trozos, algunos por 12.000 €. Si no me mata un pedrusco caído en el espacio, sacaré dinero de él. Un meteorito caído del cielo no es una película de ciencia ficción, y el cómo sacar dinero de todo tampoco. Sí que lo sería ver una retransmisión en directo con niños entre el público a la una de la mañana en Alemania.