Cerca de mi casa está el cementerio parque más grande del mundo. De él escribí en otro blog hace ya tiempo. Voy a él cuando cambian las estaciones, pues me gusta observar los cambios de la naturaleza, completamente visibles en este lugar de paz. Por contra de lo que pareciese, no es un lugar tétrico, si no todo lo contrario. Ya quisieran muchas ciudades contar con un parque así, tan espectacular en su naturaleza. El cementerio de Ohlsdorf es un lugar ideal para pasear, y mirar pasar la vida. Precisamente porque hay más muertos que vivos en él, que ya han pasado su vida y han terminado con sus huesos aquí, se puede reflexionar. Ayer pasé por él, pues a veces lo atravieso en coche de camino a casa, y paré, para hacer fotos y ver los colores otoñales que tanto me gustan. El otoño tiene su función. Para que la naturaleza descanse en invierno, antes de renovarse de nuevo en primavera, el otoño nos da un toque con esos colores tan espectaculares de los que se tiñen aquí los árboles entre los que vivimos a diario y que ya ni vemos. En verano nos acostumbramos a su presencia muda, pero en otoño nos vuelven a hablar una vez más, como cuando lo hicieron en primavera, que es cuando se desbordan cada año, pero ahora nos recuerdan que todo ciclo tiene su fin, y que hasta la hojarasca ayuda a los animales a protegerse del frío y a la tierra a renovarse. No creo que sea el caso de los ataúdes, y me empeño en pensar que no hace falta terminar con tus huesos de la tierra y volver a ocupar un espacio que en realidad le pertenece al mundo. Después de lo que hemos maltratado el mundo en vida, no hace falta utilizar el terreno estando muertos. Por eso agradezco que en el cementerio de Ohlsdorf, los muertos sean una mera anécdota.
Por cierto, en él también hay puentes.
miércoles, 31 de octubre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
Por unos caracolillos
Mirar aquí los titulares de prensa significa a menudo reírse. Miro los del día y me encuentro con la noticia cabecera del periódico local Hamburger Abendblatt de ahora mismo "Caracoles mini contra proyecto de construcción: primeros animales reubicados". La noticia explica que 60 ejemplares de esta especie están siendo trasladados a su nuevo hogar cerca de la zona donde estaban hasta ahora. Los biólogos y peritos observarán como se desarrollan los animales, y si su nuevo hábitat les es propicio. En la construcción de un parque tecnológico descubrieron en el verano de 2011 a estos caracolillos que miden 5 milímetros, y los expertos confirmaron que era la mayor población alemana de estas criaturitas. Se calcula que hay hasta 2500 en la zona. Si trasladan a todos, dependerá de esos 60 caracolillos de Indias, si se adaptan bien o no. Pero los resultados estarán listos en 2016, y mientras tanto esperará la obra del parque logístico. De momento se van preparando los terrenos de la obra donde no viven los caracoles, pero si tuviesen que seguir viviendo donde han estado hasta ahora, entonces habría que planificar otra entrada al complejo. De esta manera el proyecto planificado en 100 millones de euros y que debía estar listo en 2013 se retrasa 3 años y hay que sumarle los 120.000 que ha costado la inspección y dictamen sobre la zona y los 140.000 euros que cuesta el traslado de los 60 animalitos y su observación futura.
Noticias así me hacen mirar la fecha del día. ¿No estaremos en el día de los Santos Inocentes?, pienso siempre. Ahora me imagino cuántas obras se habrán parado en España por encontrar especies raras o protegidas. Eurovegas no lo paran ni aunque encuentren un mamut o una especie "alcorconensis" única, ni aunque haya que derribar parajes naturales, ni nada. Aquí es el otro extremo y por eso a mí me espantan tanto los extremos, de un lado y de otro. El sentido común parece faltar en cosas básicas. En fin, estoy en ascuas de si los caracoles serán felices en su nuevo paraje. No es fácil, de eso estoy segura. Pobrecillos.
Y hoy a las diez y media de la mañana me ha llamado mi hija para decirme que por no funcionar la calefacción en el instituto, que los mandaban a todos a casa. Tal cual; nada de 60 ejemplares, y el resto a aguantarse. Y aquí se ha presentado a los tres cuartos de hora. El resto del día en casa. Y digo yo si no podrían haberse puesto los abrigos y haber dado alguna hora de clase más. Pero aquí no se sacrifica nadie, y menos en los colegios, y enseguida se toman decisiones así. Para qué complicarse. Total, la madre no tiene otra cosa que hacer probablemente.
Si ya he mencionado aquí alguna vez que en mi próxima vida quiero ser un niño alemán, añado ahora que también me vale ser cualquier bichito o bacteria alemana. Me sentiré más protegida como especie que la que soy ahora.
Noticias así me hacen mirar la fecha del día. ¿No estaremos en el día de los Santos Inocentes?, pienso siempre. Ahora me imagino cuántas obras se habrán parado en España por encontrar especies raras o protegidas. Eurovegas no lo paran ni aunque encuentren un mamut o una especie "alcorconensis" única, ni aunque haya que derribar parajes naturales, ni nada. Aquí es el otro extremo y por eso a mí me espantan tanto los extremos, de un lado y de otro. El sentido común parece faltar en cosas básicas. En fin, estoy en ascuas de si los caracoles serán felices en su nuevo paraje. No es fácil, de eso estoy segura. Pobrecillos.
Y hoy a las diez y media de la mañana me ha llamado mi hija para decirme que por no funcionar la calefacción en el instituto, que los mandaban a todos a casa. Tal cual; nada de 60 ejemplares, y el resto a aguantarse. Y aquí se ha presentado a los tres cuartos de hora. El resto del día en casa. Y digo yo si no podrían haberse puesto los abrigos y haber dado alguna hora de clase más. Pero aquí no se sacrifica nadie, y menos en los colegios, y enseguida se toman decisiones así. Para qué complicarse. Total, la madre no tiene otra cosa que hacer probablemente.
Si ya he mencionado aquí alguna vez que en mi próxima vida quiero ser un niño alemán, añado ahora que también me vale ser cualquier bichito o bacteria alemana. Me sentiré más protegida como especie que la que soy ahora.
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domingo, 28 de octubre de 2012
No necesitamos Halloween
Se acerca Halloween, ese día cuya celebración me parece absurda aquí en Europa. Hoy me tocó consagrar la hora de más del día de hoy por el cambio de hora, a preparar los atuendos de mis hijas para las sendas invitaciones que tienen, y menos mal que dispuse de esa hora "de más", pues mi mala leche aumentaba por minuto consagrado a elucubrar. No me gusta quitarles la ilusión a mis hijas, pero hay cosas que me sublevan y ellas saben que no es mi fiesta. Un año más me escaqueo, ya que nunca he hecho, ni hago, ni haré jamás una fiestecilla así. Pero como gente receptiva no falta, siempre tienen dónde ir. Hace poco en Madrid me sorprendió la exportación de la fiesta de la cerveza de Múnich, el Oktoberfest, y me sorprendieron anuncios por todas partes animando ir a una u otra imitación. En nada celebraremos la llegada del nuevo año chino, o si no al tiempo, pues quién nos iba a decir a los de mi generación y otras posteriores que hoy día se iba a celebrar Halloween.
Por suerte el día con la hora regalada ha cundido algo más de la cuenta, diría. Es un día extraño este de 25 horas, y abogo porque todos los fines de semanas tengan 25 horas, sábado y domingo, para que se nos quite un poco la tensión causada por tareas superfluas. Por eso he leido el periódico del día en el día, algo que no logro muchos fines de semana, pues falta la hora mencionada, y me he topado con una noticia de terror, pues para eso no hace falta celebrar Halloween ni nada. En Hamburgo hay un sitio que no conozco, el Dungeon, a la manera del de Londres, que tampoco he visitado, pues no me gustan esos sitios, que muestra la historia de terror de la ciudad: la peste, el fuego y las horas negras de la ciudad, en un viaje de miedo, al que desde su apertura en el año 2000 han acudido más de tres millones de visitantes. El viernes los trabajadores hicieron huelga y no se abrió el espectáculo, y se echaron a la calle con pancartas que decían que lo más de terror del Dungeon es el salario. Vestidos como trabajan, machados de sangre, disfrazados de muerte, de torturadores, de víctimas de la peste, o más personajillos así, fueron unas 30 personas las que protestaron con pitos pidiendo salarios dignos. Con precios para ver el espectáculo de 23 € los adultos y 19 € los niños a partir de 10 años, me parece que salarios de 7,50 € la hora para los trabajadores de las oficinas, y 8,75 € para los actores, son una clara explotación. Además de una subida salarial exigen normas claras para vacaciones, pensiones y contratos. Para poder vivir, tienen que trabajar en más sitios, alegan. El ejemplo es claro para demostrar que la tendencia en Alemania va por el camino de otros países europeos: contratos basura, salarios irrisorios, y ninguna seguridad. Vaticino salarios cada vez más bajos en las próximas décadas en el motor de Europa. La época de las vacas gordas pasó ya hace mucho en Alemania. Aquí hay mucha gente explotada, trabajando por salarios de "terror", y que tienen que pagar alquileres altísimos, y de aquí a unas décadas la diferencia será abismal entre los que tienen y los que no, y si no al tiempo.
Y es que el futuro que se nos viene encima es de terror. A mí el otro día me dieron ganas de sacar el pañuelo y ponerme a llorar en la oficina de la seguridad social para la jubilación. Tuve que acudir a llevar papeles por los años en los que estoy cotizando por estar al cuidado de mis hijas. Algo positivo es que en Alemania cotizas por 10 años por cada niño que tengas, algo inexistente en otros países. Es una manera de compensarnos, pienso yo, por la inexistencia de colegios por la tarde, comedores, rutas, y la falta de infraestructura estatal desde los 0 hasta los 6 años. Fue otro de esos momentos en los que volví a ver que todo es una trampa, y que nos tienen cogidas por los ovarios, al igual que con los minijobs que tenemos muchas. En cuanto te pasas un poquito te toca pagar por todo, y entonces ya no te compensa ganar más de los 400 € al mes. La funcionaria de turno me recomendó a mí, que empiezo a rozar el límite, que deje algún curso, ya que voy a perder dinero. Me pareció surrealista. Por otra parte, la misma funcionaria me dijo que vaya pensando para a partir del año que viene, cuando mi hija cumpla 10 años, buscar una plena ocupación pues ya pierdo mis "privilegios". Salí medio asfixiada de allí. Con 10 años un crío no es independiente para estar en casa solo a partir de la una. ¿Y de qué privilegios me hablan? El desenganche laborar que produce en este país la educación de los hijos es de escándalo, y Alemania está a la cola europea en temas de igualdad laboral entre hombres y mujeres. La edición actual de la revista feminina Brigitte (23/2012) publica un artículo con la pregunta "¿Qué tipo de feministas somos en realidad?" de una periodista e historiadora, Miriam Gebhardt, que critica que mientras en otros países las mujeres luchan juntas, en Alemania nos descuartizamos unas a otras. Lo comparto. Culpa de la situación tan lamentable a las propias mujeres, que capitulan ante todo. Yo lo observo en mis clases. Hace poco salió el tema sobre los colegios, y comenté que mientras que aquí se sigue discutiendo sobre si es aceptable para un crío estar en el colegio a partir de la una, en otros países, como el mío, ya íbamos TODOS al colegio hasta las cinco siendo nuestras madres incluso amas de casa. Las primeras que se sintieron agredidas por mi comentario fueron las mujeres, que justificaron, como siempre, que ellas no han tenido hijos para entregárselos a los colegios tantas horas. Así que que me dejen de Halloween, que yo veo zombis y figuras de terror por todas partes.
Por suerte el día con la hora regalada ha cundido algo más de la cuenta, diría. Es un día extraño este de 25 horas, y abogo porque todos los fines de semanas tengan 25 horas, sábado y domingo, para que se nos quite un poco la tensión causada por tareas superfluas. Por eso he leido el periódico del día en el día, algo que no logro muchos fines de semana, pues falta la hora mencionada, y me he topado con una noticia de terror, pues para eso no hace falta celebrar Halloween ni nada. En Hamburgo hay un sitio que no conozco, el Dungeon, a la manera del de Londres, que tampoco he visitado, pues no me gustan esos sitios, que muestra la historia de terror de la ciudad: la peste, el fuego y las horas negras de la ciudad, en un viaje de miedo, al que desde su apertura en el año 2000 han acudido más de tres millones de visitantes. El viernes los trabajadores hicieron huelga y no se abrió el espectáculo, y se echaron a la calle con pancartas que decían que lo más de terror del Dungeon es el salario. Vestidos como trabajan, machados de sangre, disfrazados de muerte, de torturadores, de víctimas de la peste, o más personajillos así, fueron unas 30 personas las que protestaron con pitos pidiendo salarios dignos. Con precios para ver el espectáculo de 23 € los adultos y 19 € los niños a partir de 10 años, me parece que salarios de 7,50 € la hora para los trabajadores de las oficinas, y 8,75 € para los actores, son una clara explotación. Además de una subida salarial exigen normas claras para vacaciones, pensiones y contratos. Para poder vivir, tienen que trabajar en más sitios, alegan. El ejemplo es claro para demostrar que la tendencia en Alemania va por el camino de otros países europeos: contratos basura, salarios irrisorios, y ninguna seguridad. Vaticino salarios cada vez más bajos en las próximas décadas en el motor de Europa. La época de las vacas gordas pasó ya hace mucho en Alemania. Aquí hay mucha gente explotada, trabajando por salarios de "terror", y que tienen que pagar alquileres altísimos, y de aquí a unas décadas la diferencia será abismal entre los que tienen y los que no, y si no al tiempo.
Y es que el futuro que se nos viene encima es de terror. A mí el otro día me dieron ganas de sacar el pañuelo y ponerme a llorar en la oficina de la seguridad social para la jubilación. Tuve que acudir a llevar papeles por los años en los que estoy cotizando por estar al cuidado de mis hijas. Algo positivo es que en Alemania cotizas por 10 años por cada niño que tengas, algo inexistente en otros países. Es una manera de compensarnos, pienso yo, por la inexistencia de colegios por la tarde, comedores, rutas, y la falta de infraestructura estatal desde los 0 hasta los 6 años. Fue otro de esos momentos en los que volví a ver que todo es una trampa, y que nos tienen cogidas por los ovarios, al igual que con los minijobs que tenemos muchas. En cuanto te pasas un poquito te toca pagar por todo, y entonces ya no te compensa ganar más de los 400 € al mes. La funcionaria de turno me recomendó a mí, que empiezo a rozar el límite, que deje algún curso, ya que voy a perder dinero. Me pareció surrealista. Por otra parte, la misma funcionaria me dijo que vaya pensando para a partir del año que viene, cuando mi hija cumpla 10 años, buscar una plena ocupación pues ya pierdo mis "privilegios". Salí medio asfixiada de allí. Con 10 años un crío no es independiente para estar en casa solo a partir de la una. ¿Y de qué privilegios me hablan? El desenganche laborar que produce en este país la educación de los hijos es de escándalo, y Alemania está a la cola europea en temas de igualdad laboral entre hombres y mujeres. La edición actual de la revista feminina Brigitte (23/2012) publica un artículo con la pregunta "¿Qué tipo de feministas somos en realidad?" de una periodista e historiadora, Miriam Gebhardt, que critica que mientras en otros países las mujeres luchan juntas, en Alemania nos descuartizamos unas a otras. Lo comparto. Culpa de la situación tan lamentable a las propias mujeres, que capitulan ante todo. Yo lo observo en mis clases. Hace poco salió el tema sobre los colegios, y comenté que mientras que aquí se sigue discutiendo sobre si es aceptable para un crío estar en el colegio a partir de la una, en otros países, como el mío, ya íbamos TODOS al colegio hasta las cinco siendo nuestras madres incluso amas de casa. Las primeras que se sintieron agredidas por mi comentario fueron las mujeres, que justificaron, como siempre, que ellas no han tenido hijos para entregárselos a los colegios tantas horas. Así que que me dejen de Halloween, que yo veo zombis y figuras de terror por todas partes.
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viernes, 26 de octubre de 2012
Todos a currar
15.000 toneladas de hojas hay que retirar de las calles de Hamburgo estos días de otoño. Y para eso no hay suficiente con los 400 trabajadores del servicio de limpieza de la ciudad. Y el resto, ¿quién lo quita entonces? Los propios ciudadanos. Cada uno ha de quitar las hojas caídas de la puerta de su casa. Como hay muchas viviendas a pie de calle, a todos nos toca bastante. A mí casa le toca esto y mucho más.
Y lo malo es que las quites o no, al rato estará igual, pues siguen cayendo hojas o el viento te trae más. Yo espero que el viento haga lo mismo con las mías: que se las lleve a las casas vecinas, pues aquí no limpias lo de los árboles que te afectan, sino lo que está en la acera delante de tu casa, sin importar su procedencia. Eso quiere decir que si alguien barre las suyas hacia mí, me toca a mí recogerlas. Me empiezan a dar ideas ...
Y lo malo es que las quites o no, al rato estará igual, pues siguen cayendo hojas o el viento te trae más. Yo espero que el viento haga lo mismo con las mías: que se las lleve a las casas vecinas, pues aquí no limpias lo de los árboles que te afectan, sino lo que está en la acera delante de tu casa, sin importar su procedencia. Eso quiere decir que si alguien barre las suyas hacia mí, me toca a mí recogerlas. Me empiezan a dar ideas ...
jueves, 25 de octubre de 2012
Puntos de unión
Creo que las nacionalidades están sobrevaloradas, las madre patrias, los himnos y cosas así. La madre que nos pare, la tierra en la que nacemos, crecemos y vivimos, pueden tener nacionalidades diferentes. Yo conozco casos de gente con varias nacionalidades, por padre, madre y país de nacimiento e incluso de posterior residencia. Por eso matar o morir por tu país es lo más absurdo que te puede pasar. Mejor morir por otras causas ya puestos a que te toquen lo tuyo, pero la nacionalidad que tienes es una de esas casualidades de la vida, un tropiezo en una piedra y no en otra.
Todas estas cosas iba pensando yo hoy cuando he entregado todos los formularios y papeles para hacerme alemana. Hoy era el día de presentar todo y firmar unos cuantos papeles más garantizando que no estoy involucrada en organizaciones que puedan hacer daño a este país. Cumplo todos los requisitos y todo está en regla, por lo que ahora tramitarán mi caso y en unos cuantos meses seré alemana además de seguir siendo española, que era mi única condición para aceptar la puesta en bandeja de la nacionalidad alemana.
He ido nerviosa pero he salido contenta. La calle donde está la oficina de naturalización no podía ser más fea, pero he mirado a mi alrededor pensando en la chavala de 20 años que era cuando caí por aquí. Los primeros años no fueron fáciles y los últimos cinco tampoco. Probablemente sin estos últimos no hubiera dado este paso. Es una forma de reconciliarme conmigo misma, con mi pasado y con mi futuro. En un momento de cambios gordos en mi vida, nada mejor que aferrarme con cada milímetro de las plantas de mis pies al suelo que piso. No es que un papel sea garantía de una identidad, pero la patria es también ese lugar que pones a parir a menudo. Me hago alemana con conocimiento de causa, con ganas de votar y así poder elegir a mis gobernantes en el país en el que pago impuestos; también porque soy consciente de la antipatía que producen los alemanes en parte del extranjero, pero, como dice este blog, siempre existen los puentes, suspensivos, cual línea de puntos, con agujeros, pero que unen igualmente. En unos meses yo seré uno de esos puntos.
Todas estas cosas iba pensando yo hoy cuando he entregado todos los formularios y papeles para hacerme alemana. Hoy era el día de presentar todo y firmar unos cuantos papeles más garantizando que no estoy involucrada en organizaciones que puedan hacer daño a este país. Cumplo todos los requisitos y todo está en regla, por lo que ahora tramitarán mi caso y en unos cuantos meses seré alemana además de seguir siendo española, que era mi única condición para aceptar la puesta en bandeja de la nacionalidad alemana.
He ido nerviosa pero he salido contenta. La calle donde está la oficina de naturalización no podía ser más fea, pero he mirado a mi alrededor pensando en la chavala de 20 años que era cuando caí por aquí. Los primeros años no fueron fáciles y los últimos cinco tampoco. Probablemente sin estos últimos no hubiera dado este paso. Es una forma de reconciliarme conmigo misma, con mi pasado y con mi futuro. En un momento de cambios gordos en mi vida, nada mejor que aferrarme con cada milímetro de las plantas de mis pies al suelo que piso. No es que un papel sea garantía de una identidad, pero la patria es también ese lugar que pones a parir a menudo. Me hago alemana con conocimiento de causa, con ganas de votar y así poder elegir a mis gobernantes en el país en el que pago impuestos; también porque soy consciente de la antipatía que producen los alemanes en parte del extranjero, pero, como dice este blog, siempre existen los puentes, suspensivos, cual línea de puntos, con agujeros, pero que unen igualmente. En unos meses yo seré uno de esos puntos.
miércoles, 24 de octubre de 2012
A ver cómo se lo explico
Hoy ando metida entre sesos y vísceras. No me he vuelto carnicera, pero una palabra ha desatado toda mi meditación mañanera: criadillas. Inmediatamente pensé en aquella frase de "lo que se come se cría", de los que justifican que les guste. Todo ha surgido por una actividad culinaria que voy a realizar hoy en mi clase, y que por suerte no tiene nada que ver con la casquería, pero que al incluir esa palabra me ha hecho evocar las casquerías de mi infancia. No he visto jamás una en Alemania, aunque se comen algunos de esos "desechos" que para algunos son delicatessen. Muy conocida era la afición de Helmut Kohl a los Saumagen, la tripa del cerdo, que como prueba de cariño a mandatarios de otros países, les invitaba a su casa y se lo servía. A más de uno seguro que se les revolvieron las propias tripas.
Criadillas. Quién sería el primero que se le ocurrió comer tal delicadeza. En Alemania ya no se comen, acabo de leer, tan solo secas se las dan a los perros. Así que ya me imagino las caras de mis alumnos cuando les explique luego lo que esa inocente palabra significa. Ya una vez cuando les expliqué que los callos son una especialidad madrileña, me miraron con estupor. Por suerte, como no como nada de eso, me solidarizo con ellos y les expreso mi comprensión. Pero hoy recuerdo varias situaciones en mi vida en los que sin haber pasado por casa de Helmut Kohl, lo pasé mal. Una fue una vez cuando vivía en Bruselas, cuando por error pedí en un restaurante riñones de ternera, y cuando vi el plato maldije el no saber francés y que lo que yo traduje como el "nosequé" de ternera, fueran unos riñoncitos que deje el plato sin probrarlos. A partir de entonces me puse más en serio aún con el francés. En Bruselas también fui a un restaurante especializado en platos de casquería, sin saberlo yo. Y por suerte encontré un plato en la carta que era carne "normal" y pude salir del paso. Pero el restaurante era un templo gourmet a platos con visceras, sesos, etc. Y monísimo el lugar. Como una antigua carnicería.
Sin embargo el hígado está muy extendido en Alemania en untes de paté o en el Leberkäse bávaro que tanto me gusta, así que no es que no lo coman. De todas formas, tras todas las imágenes que he visto hoy, las que he recordado, y las que mi fantasía ha pintado en mi mente, hoy comeré una pasta con salsa de espinacas y queso gorgonzola. No es que me vaya a volver vegetariana, pero hoy, como que me apetece. Pero en clase me voy a reír un montón. De eso estoy segura.
Criadillas. Quién sería el primero que se le ocurrió comer tal delicadeza. En Alemania ya no se comen, acabo de leer, tan solo secas se las dan a los perros. Así que ya me imagino las caras de mis alumnos cuando les explique luego lo que esa inocente palabra significa. Ya una vez cuando les expliqué que los callos son una especialidad madrileña, me miraron con estupor. Por suerte, como no como nada de eso, me solidarizo con ellos y les expreso mi comprensión. Pero hoy recuerdo varias situaciones en mi vida en los que sin haber pasado por casa de Helmut Kohl, lo pasé mal. Una fue una vez cuando vivía en Bruselas, cuando por error pedí en un restaurante riñones de ternera, y cuando vi el plato maldije el no saber francés y que lo que yo traduje como el "nosequé" de ternera, fueran unos riñoncitos que deje el plato sin probrarlos. A partir de entonces me puse más en serio aún con el francés. En Bruselas también fui a un restaurante especializado en platos de casquería, sin saberlo yo. Y por suerte encontré un plato en la carta que era carne "normal" y pude salir del paso. Pero el restaurante era un templo gourmet a platos con visceras, sesos, etc. Y monísimo el lugar. Como una antigua carnicería.
Sin embargo el hígado está muy extendido en Alemania en untes de paté o en el Leberkäse bávaro que tanto me gusta, así que no es que no lo coman. De todas formas, tras todas las imágenes que he visto hoy, las que he recordado, y las que mi fantasía ha pintado en mi mente, hoy comeré una pasta con salsa de espinacas y queso gorgonzola. No es que me vaya a volver vegetariana, pero hoy, como que me apetece. Pero en clase me voy a reír un montón. De eso estoy segura.
lunes, 22 de octubre de 2012
Por fin dicen que no es fácil
Lo logré. No sé si debería estar orgullosa pero he conseguido que mucha gente opine que el español es una lengua muy difícil de aprender. Como además la valoración es cierta, no es nada de lo que asustarse, ni por lo que implica ni por que yo conciencie a la gente. Más bien el error era creer lo contrario, como es habitual en Alemania. El español es una lengua fácil, piensa la gente aquí, y no sé por qué, y menos aún porque lo suele decir gente que no la habla o lo hace apenas. No es fácil aprenderla, lo corroboro por lo que me toca como profesora. A los ejemplos me remito. Prueben con la conjugación. Jamás, hasta que di clases, me di cuenta del sistema tan complejo de tiempos verbales que tenemos, con todas sus formas irregulares, todos los hablantes en la cabeza: sigo, sigues, sigue, seguimos seguís, siguen; oigo, oyes, oye, oímos, oís, oyen; huelo, hueles, huele, olemos, oléis, huelen; me despierto, te despiertas, se despierta, nos despertamos, os despertáis, se despiertan. Y luego todos los tiempos del pasado, del subjuntivo, ser y estar, por y para, las perífrasis verbales tipo "acabo de escribir", "empiezo a cantar" "suelo comer paella",
"llevo 5 años aprendiendo ruso".
Total que hoy me ha llamado una alumna para disculparse por no poder continuar por motivos de trabajo, que lo sentía mucho, pero que como yo dije el primer día, ni el idioma es fácil ni le puede dedicar al aprendizaje el tiempo que le gustaría. No sé si es una buena o una mala noticia. Yo sufro con todos los que se quedan en el camino, y pongo toda mi carne en el asador para que entiendan lo inexplicable, como que digamos: "Es seguro que viene" pero "Es posible que venga". En alemán sería también un "viene", en indicativo, en el segundo caso. Pero por otra parte considero también un mérito concienciar a la gente de que es posible y más que eso aprender y muy bien una o varias lenguas, pero también de que ni es un regalo, salvo las que aprendemos de nuestros padres sin darnos cuenta, y ni que por hablar una concreta somos superiores o poseemos la sabiduría universal y toda la difícultad posible y por tanto a nosotros nos va a costar menos aprenderlas que a los extranjeros la nuestra. Esa es una falsa creencia de muchos alemanes: el alemán es muy difícil (lo corroboro) y los extranjeros no la dominan nunca, piensan, pero nosotros aprendemos todas las que queramos sin problemas. Puedo asegurar que la gente suda en mis clases igual que yo sudé al aprender alemán, francés u holandés. Ni más ni menos. Como profesora lamento perder alumnos, pero como cuando me dicen, como la de hoy, que se lo ha pasado tan bien en clase, que ha aprendido tanto, y que volverá, tras una pausa, cuando le pueda dedicar el tiempo que desea, considero que un éxito parcial haber conseguido adeptos para una causa seria.
"llevo 5 años aprendiendo ruso".
Total que hoy me ha llamado una alumna para disculparse por no poder continuar por motivos de trabajo, que lo sentía mucho, pero que como yo dije el primer día, ni el idioma es fácil ni le puede dedicar al aprendizaje el tiempo que le gustaría. No sé si es una buena o una mala noticia. Yo sufro con todos los que se quedan en el camino, y pongo toda mi carne en el asador para que entiendan lo inexplicable, como que digamos: "Es seguro que viene" pero "Es posible que venga". En alemán sería también un "viene", en indicativo, en el segundo caso. Pero por otra parte considero también un mérito concienciar a la gente de que es posible y más que eso aprender y muy bien una o varias lenguas, pero también de que ni es un regalo, salvo las que aprendemos de nuestros padres sin darnos cuenta, y ni que por hablar una concreta somos superiores o poseemos la sabiduría universal y toda la difícultad posible y por tanto a nosotros nos va a costar menos aprenderlas que a los extranjeros la nuestra. Esa es una falsa creencia de muchos alemanes: el alemán es muy difícil (lo corroboro) y los extranjeros no la dominan nunca, piensan, pero nosotros aprendemos todas las que queramos sin problemas. Puedo asegurar que la gente suda en mis clases igual que yo sudé al aprender alemán, francés u holandés. Ni más ni menos. Como profesora lamento perder alumnos, pero como cuando me dicen, como la de hoy, que se lo ha pasado tan bien en clase, que ha aprendido tanto, y que volverá, tras una pausa, cuando le pueda dedicar el tiempo que desea, considero que un éxito parcial haber conseguido adeptos para una causa seria.
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