viernes, 29 de abril de 2011

Imágenes de Salzburgo

Si Salzburgo es tan precioso, cómo será Viena, he pensado todo el día. No conozco ésta última, pero he tratado de imaginarme cómo será la hermana mayor de Salzburgo, esta tan coqueta ciudad que se recorre muy bien a pie, y con la sensación de que Mozart o los suyos estuvieron por todas partes o por las mismas por las que montones de turistas se mueven en busca de esa imagen típica de lo que esperaban encontrar, en esta ciudad tan alpina y monumental a la vez. Parece que hay música y arte en el aire.

La casa donde nació Mozart.

El palacio de Mirabell con los jardines del mismo nombre.

La casa donde vivió posteriormente Mozart.
El susodicho en la plaza del mismo nombre.

Jardines de Mirabelle con la fortaleza en lo alto.

En los jardines de Mirabell.
Los carteles de las tiendas son todos así de bonitos.

La catedral

Vista desde la fortaleza

Marionetas expuestas en el museo de la fortaleza.

En los mercados no faltan los productos típicos.

Todo Mozart: aquí la tumba de su viuda y de su padre.

jueves, 28 de abril de 2011

En Salzburgo sin dirndl pero con Mozart

Supongo que para venir a un país en el que nunca has estado, llegar a la ocho de la mañana no es la mejor opción. Pero si el único vuelo del día sale a las 6.45 de la mañana, te levantas a las cuatro y te plantas en una tierra que parece conocida pero que es otra, en la que se habla un idioma que conoces, pero que parece otro. Estoy en Salzburgo: esa parte tan bávara de Austria o esa parte tan austriaca de su propio país.

Es la ciudad de Mozart, hijo predilecto de la ciudad, venerado en dos casas museos, la escuela de música, una plaza y demás memorabilia en tiendas de souvenirs. En el museo de su casa de nacimiento cuentan que no murió tan pobre como se hace creer siempre, y que ganó bastante dinero en vida, pero que fue un derrochador. Murió muy joven dejando viuda y llena de deudas a Costanze a sus 29 años, y ésta, más inteligente que el genio de su marido, supo hacerse cargo del legado de Mozart, junto con su posterior marido, un danés con el que tras volver a viajar para propagar la obra de Mozart, se estableció hasta su muerte en Salzburgo, ciudad plenamente unida al apellido Mozart, ahora en forma de las bolitas de chocolate y mazapán que se venden por todas partes.

Ciudad musical, y de los trajes regionales de loden para los hombres, pantalones de cuero tiroleses para ellos y ellas, y vestidos dirndl para ellas. La oferta es apabullante, y un imposible no caer en la compra de algún abalorio, incluso para los que ya tenemos dirndl. Viniendo del norte de Alemania, resulta curioso ver a la gente con ellos puestos por la calle.

Encajonada en la montaña, a los que venimos de latitudes germanas planas, Salzburgo nos resulta como estar rodeados de paredes rocosas, como si la ciudad estuviese encajonada entre esos muros de piedra y árboles.

Hay mucho turista japonés, y español he oído en numerosas ocasiones. Y entre ellos, los turistas que hablamos la lengua, nos sentimos bien recibidos, pues podemos hablar con la gente, y sin embargo el acento es tan diferente, como lo son las expresiones tan distintas, que nos sentimos provinientes de otro sistema lingüístico. Aquí no se dice Tschüß, 'adiós' a la manera germana del norte, sino Servus. No se dice Guten Tag, sino Gruß Gott, el 'salude a Dios'  tan típico del sur. Y la carta de los restaurantes nos muestra platos muy diferentes, no solo en cuanto a la terminología para referirse a lo mismo.

Mozart bien vale una ciudad como Salzburgo, o al revés, Austria bien vale otro dialecto alemán, y su parafernalia tan diferente, la ciudad merece una visita y un buen madrugón, pero las fotos que iba a colgar en esta entrada, no merecen más minutos de mi sueño en un día que comenzó para mí a las cuatro y cuarto de la mañana. Mañana será otro día (en Salzburgo).

martes, 26 de abril de 2011

Operación Biquini

Así hemos titulado hoy el helado de despedida que nos hemos tomado mis hijas y yo con nuestro huésped de las últimas dos semanas. Los helados en Alemania son un placer maravilloso por 80 céntimos en la mayoría de los casos, o como mucho por un euro, que le hacen sentirse a uno como un rey por tan poco dinero. Las ciudades están llenas de heladerías, y hasta en el pueblo más remoto las hay. Los sabores son deliciosos y variados, aparte de los clásicos como vainilla, fresa o chocolate. Pero hasta de mojito me he tomado yo alguno en cierta ocasión, y nuestros favoritos son los de yogur de cereza, de mandarina, latte macchiato, melón, pistacho (que aquí no es verde fosforito, como en España).

Hoy hemos salido ya de casa con alevosía y premeditación: otras veces era el helado de "pasaba por aquí", pero hoy he cogido el coche aposta para ir a unos cuantos kilómetros de casa a una heladería concreta. Y había otros tantos que habían hecho lo mismo, a juzgar por el aparcamiento, montones de bicis incluidas. Hasta una señora paró su coche, se pidió un superhelado con nata incluida, y con él en la mano, empezó a conducir. Luego dicen que hablar por teléfono al conducir es peligroso. ¿Y los golosos come-helados?

La idea era ir a tomar el helado de despedida de mi visitante, que ha ido a uno diario prácticamente durante las dos semanas que ha estado aquí. Lo bueno de tener 24 años y estar delgadita es que se lo puede permitir, pero ella hablaba hoy justo de eso, de la "operación biquini", y que nosotras lo hacíamos al revés: íbamos a la heladería ya pensando en las dos bolas de helado que nos íbamos a tomar, y en la mejor época del año para hacerlo. A mí con una bola al final me dio, ... por la edad ... y por la idea del bikini, lo reconozco. Y sentadas las cuatro, tomándonos nuestros sendos helados, y viendo que otros los tenían más grandes aún, con nata encima, con virutas de chocolate, con capita de chocolate crujiente, y más delicias, hablábamos del placer que supone, y tan baratito. Ella dijo que se acordará de los precios.

Para que digan que la vida en Alemania es cara. Ella constató que los precios de entrada a los castillos o museos son caros. Es que hay que poner prioridades: un helado aquí en esta época del año y con el solazo que tenemos desde hace tres semanas y que sentimos como si nos hubiese tocado la lotería, es nuestro pan de cada día. Como lo es el hecho de que los críos vuelvan a tener esta semana libre, tras las cuatro semanas de clase que han tenido tan solo desde las últimas vacaciones. Ser niño en Alemania es crecer en el paraíso terrenal: vacaciones cada par de semanas, helados a tutiplén, y tu madre para llevarte a la mitad del día a tomarte uno. Pero hoy hablaba del biquini y los placeres, ¿no?

Cada vez que vea helado de avellana, su favorito, me acordaré de nuestra visitante, con la que hemos compartido muchos ratos buenísimos, y con la que me he vuelto a sentir como la jovencita que llegó a Alemania con 20 años sin saber el idioma y empezó a descubrir los placeres que ofrece esta tierra. El helado es uno de ellos, sin duda alguna, equiparable a los placeres gratuitos que nos da la vida, como la buena compañia, uno de los más sencillos y gratificantes.

domingo, 24 de abril de 2011

Ritos de Pascua

Esta semana lo he visto claro en mis clases al hablar sobre la Semana Santa: los españoles no la celebramos como una sucesión de ritos y los alemanes muchísimo. Les propuse a mis alumnos que me dijeran todo lo que les sugiere la Semana Santa en Alemania y lo mismo para España, esto ultimo con mi ayuda, se sobreentendía. Para Alemania se nos llenó la pizarra con las ideas que asociaban: huevos, comerlos, pintarlos, y buscarlos, huevos de chocolate, la liebre de Pascua, decorar las casas, fuegos de Pascua, desayunos o brunchs de Pascua, comidas en familia, regalos de Pascua, ir a la iglesia, manifestaciones de Pascua por la paz, días festivos (Viernes Santo y Lunes de Pascua). A su lado, para España solo se les ocurrieron las procesiones, y nada más, quedando ese lado de la pizarra casi vacío. Alguno conocía la imagen de los encapuchados tipo Ku Klux Klan, algo que les horroriza para las procesiones. Yo les expliqué que en España la Semana Santa tiene dos significados, uno religioso, y eso para los que la viven de esa manera, pero que quizá el más importante para la mayoría del país es el de vacaciones. Se trata de las primeras vacaciones del año, en un año escolar que va de septiembre a junio todo seguido, con interrupciones solo en Navidad y Semana Santa, y que es el momento de ir a la costa o al pueblo. No hay colegio en todo el país (aquí las vacaciones siempre son distintas según el estado federal). Les dije que sería un buen momento para ellos para visitar las grandes ciudades, que se quedan medio vacías. Pero se me quedaron todos mirando con cara rara como diciendo que cuantísimo nos perdemos, y que debemos ser algo raros.
Pascua es en Alemania una fiesta completamente pagana, llena de objetos y simbología con significado para la mayoría fuera de cualquier conexión religiosa. Y los que se benefician son los comercios con el despliegue de artículos de decoración, huevos de chocolate de todos los tamaños y rellenos. Y en los últimos años parece hasta que exista la obligación de regalar, y a los niños solo les falta escribirle la carta al Osterhase, la liebre de Pascua. Todo llegará. Pero semanas antes de Pascua, mis hijas me dijeron: “Para Pascua me pido…”, a lo que yo, irritada, les respondí que una cosa es que reciban alguna cosita pequeña, pero dada la coyuntura de ocasiones para regalar, que se ahorrasen todo tipo de deseos desmesurados.
Los huevos los pintaremos mañana (se cuecen huevos y se colorean de colores, o se les decoran con pegatinas; mi mentalidad práctica española me dice que es algo absurdo, pues los pintas para comértelos a continuación, pero quién ha dicho que los ritos sean algo práctico). Pero hoy hemos realizado otro rito: yo, liebre de Pascua oficial, he escondido en el jardín huevos de chocolate, que han buscado todo nerviosas, como si no lo hubiesen hecho nunca o siguiesen creyendo en la dichosa liebre. Mis hijas crecen. El año pasado cada una buscó por separado, en plan competición, terminando la pequeña por llorar porque la mayor había encontrado más huevos. Este año han salido provistas de una sola cesta, y el botín era común, indistintamente de quién lo encontrase. Crecen, digo, y maduran.
El domingo de Pascua es un día tranquilo, tras el día de ayer, encajonado entre tanta fiesta, el sábado, en el que los supermercados alemanes registran los mayores beneficios del año. Es el día en el que más ganan, sorprendentemente. Y es un día para irse de compras o a comprar todo lo que uno necesita para estos días de descanso primaverales, que tan bien saben: es el momento de equipar el jardín con hamacas, flores, y de preparar las bicis para las excursiones tan típicas de estos días. Todo eso se soluciona el sábado. Yo ayer, de camino al mercado a las 8.15 de la mañana, vi que el aparcamiento del supermercado, aunque no es enorme, estaba ya lleno. Y en el mercado, a esas horas me costó mucho aparcar y las colas eran de espanto.
Tras todos los preparativos, ahora toca celebrar el hecho en sí de que es Pascua, pues no se celebra otra cosa: se reúnen las familias en desayunos, brunchs, o cenas, y tras los fuegos de Pascua de anoche, continúan los ritos. Dos días seguidos.

viernes, 22 de abril de 2011

El mundo al revés

Mi impresión hoy ha sido que en Viernes Santo debe de andar media Alemania en la autopista. La otra media come carne: salchichas en cualquier parte, barbacoas en sus casas, o carne y más carne en el Block House, una cadena de restaurantes para los carnívoros y para todos los que no lo sean. Y ambas cosas, viajar o comer carne, se le han ocurrido a media Alemania y a parte de la otra media. Por mi maravillosa idea de hacer una excursión, me he chupado dos buenos atascos, a la ida y a la vuelta. Existen tan solo dos posibilidades de entrar o salir de Hamburgo desde el sur o hacia al sur: a través del túnel del Elba o por los puentes del Elba, es decir, una subterránea, o "sub-río" podría decirse, y otra suspendidos en el aire. Y para entrar en esos túneles, en los que por un fuego de no hace tanto, uno de los túneles sigue cerrado, ocurrió el efecto "embudo": la salida del túnel era una línea contínua de coches , y la entrada eran 5 carriles reducidos a dos en cuestión de unos cuantos kilómetros y que produjo el atasco, aparte de la mayor afluencia de vehículos.

En el parque de animales en el que hemos estado y que bien merece una entrada en este blog, montones de personas hacían cola para comerse su salchicha. En esos momentos pensé de nuevo que era Viernes Santo y me acordé de los potajes de mi niñez, que tanto odiaba. Ahora ya no tengo esa penitencia, sino además del atasco de la mañana, que fue ligerito en comparación, el de la tarde, pues he tardado una hora en un tramo de 4 kms, gracias a los túneles otra vez. Falta de fantasía por mi parte, pues al planear debí caer en la cuenta que era una malísima idea hacer la excursión hoy, comienzo de las vacaciones de Semana Santa, y con un tiempazo que ya quisieran los españoles esta Semana Santa. A la elección de día se le sumó que sin darme cuenta eligiese yo un restaurante de carne a la parrilla para el Viernes Santo. Al final dudé de si el mejor ayuno o contrición es pasarte unas cuantas horas de tu día libre en la autopista, la famosa deutsche Autobahn, sobre la que mi huésped de España me manifestó su escepticismo. Ella me comentaba que un amigo suyo siempre alaba las autopista alemanas, y que viendo la que se había montado, a ella se le rompía ese mito. "Es que hay 40 millones de vehículos, y 80 millones de habitantes", dije. Y algo habrá que hacer, por muy Viernes Santo que sea y que uno no deba hacer nada, añado ahora.

A paso de tortuga hemos continuado hasta el restaurante de carne, y eso en Viernes Santo, ambas hablando de la provocación que supone eso, habiéndonos criado con potaje los viernes. Pero como vimos, el restaurante nos mostró que no somos las únicas a las que el Viernes Santo no amedentra para no comer carne, pues estaba llenito, como las autopistas, en un día en el que uno no debiera moverse para nada. Incluso imaginamos, y nos reímos al hacerlo, que el restaurante abriese solamente en la cuaresma, una auténtica provocación, y cerrase el resto del año.

Es Viernes Santo, y llevamos más de una semana con sol y cielo azul. Los mercados y supermercados nos recuerdan que la temporada de las barbacoas ha comenzado y hoy, en Viernes Santo, se habrán hecho unas cuantas. Lo siento porque en España las vacaciones están siendo pasadas por agua, pero alguna vez nos tenía que tocar a nosotros el buen tiempo, y no solo los atascos, y podernos comer una buena carne en Viernes Santo, sentados fuera o donde sea, pensando que esto parece el mundo al revés: ni la autopista alemana es lo que uno se cree, ni el tiempo alemán lo que uno espera y el norte de Europa en Semana Santa es mejor que la Costa Azul o Matalascañas como dice un amigo mío. En un momento se desmontan todos los mitos. Y en Viernes Santo.

miércoles, 20 de abril de 2011

Cómo vender la moto

Cuando me enteré de que el latín es una lengua extranjera en Alemania, dudé de las facultades académicas del sistema escolar. Que lo equiparen al francés a la hora de elegir una segunda lengua extranjera en el instituto tiene su gracia, y más cuando yo la estudié en bachillerato y me quedó clarísimo que es una lengua muerta. Estos días mi hija ha tenido que elegir qué lengua extranjera empezará el curso que viene, si francés o latín, y la equiparación no deja de tener su gracia. Pero por qué no. Lo malo es que a los chavales les queda otra percepción del asunto, como si pudiesen utilizar el latín en cualquier viaje a Roma. Para leer inscripciones en piedras y museos desde luego, y sin dudar del valor del latin como base para el aprendizaje de otras lenguas, lo dejo en la mera casualidad el hecho de que las equiparen, pues hablamos de dos cosas bien diferentes.

Un par de semanas antes acudí al instituto a la tarde informativa para los padres, para que supiesen qué decisión tan importante estaban a punto de tomar sus hijos, o en muchos casos ellos mismos. Una profesora de francés y otra de latín defendieron lo suyo, y sinceramente, con lo que me gustó dar latín en el instituto y lo bien que lo vendieron, pensé que podría perfectamente recomendarle a mi hija que aprenda latín como lengua "extranjera". Primero nos expusieron los resultados de una entrevista a los implicados en el tema: los alumnos de sexto, a los que les preguntaron que porqué habían elegido una lengua u otra. Los motivos para aprender francés alegados por los alumnos eran desde el sonido tan bonito de la lengua, a las vacaciones que se pueden pasar en Francia, y su posterior uso en la vida profesional. Para el latín alegaron su papel de "lengua madre" originaria de muchas palabras incluso en alemán, aprender la historia de los romanos, aprender gramática, o poder estudiar medicina después. Esto último es una de esas falsas creencias que circulan por ahí, pues no creo que para medicina haga falta más que estudiar vocabulario, y eso se aprende.

Pero los alumnos se dan cuenta del nivel activo de una lengua y el subliminal de la otra con esas respuestas. El latín es la herramienta para diseccionar otras lenguas, para aprender gramática. Esto puedo corroborarlo yo. A través de ella te haces con los instrumentos necesarios para manejarte en otras. Y con la boca abierta me dejaron cuando contaron en la tarde de "venta" que en clase escriben hasta diálogos en latín, y que el libro de texto que utilizan va sobre un niño y su vida en Roma. Desde luego que no tiene nada que ver con el latín que yo aprendí, pues en clase traducíamos "La conjuración de Catilina" y textos por el estilo. Nos mostraron carteles en colores con los que trabajan, y nos hablaron del viaje a Xanten que realizarán los alumnos, un complejo de ruinas romanas bien conservado en Renania del Norte-Westfalia. Los que aprenden francés van de intercambio a París, igualito... Motivos para elegir francés, alegó la profesora, son que los chavales ganan confianza en sí mismos al hablar en una lengua tan diferente a la suya, que adquieren competencia intercultural o que lo hablan 150 millones de hablantes en 35 países. Pero la de latín volvió a atacar: en el latín están ancladas las raíces de nuestra cultura, se aprende a sistematizar los pasos para el estudio minucioso de cualquier materia, y a lo mejor hay chavales a los que simplemente no les va el amaneramiento del francés, y a los que simplemente les gusta el lenguaje desde su punto de vista "matemático" y no comunicativo.

En fin, que decidí, como suelo hacer con estas cosas, que mi hija sería la que eligiese su lengua "extranjera" y ella, tras la hora de prueba que les dieron en clase de cada idioma, me dijo lo mismo que yo saqué en conclusión: que sí, que coge francés, pues es una lengua moderna y que por eso le dará una salida más práctica, pero que se podía perfectamente coger latín. Y ella misma puso la crucecita en la hoja, y yo firmé. Y en octavo, la siguiente optativa será español o arte. Al final es siempre una lengua extranjera lo que se puede elegir cada vez, por mucho que se empeñen, en mezclar peras con manzanas. Pero me siguen pareciendo optativas muy apetecibles todas y prácticas para la vida misma, latín incluido. Y sin embargo, si mi hija tuviese que elegir entre física y latín, estoy segura que cogería latín, pues hace poco me dijo que "en física se estudian cosas que no le interesan a nadie". Y ahí no pude más que asentir de nuevo.

lunes, 18 de abril de 2011

De todo por 12 €

El sábado por la noche tuvo lugar en Hamburgo la "noche larga de los museos", el equivalente a la Noche Blanca que se celebra en Madrid. Los museos en Alemania suelen cerrar a las seis de la tarde, por lo que con la prolongación del horario hasta las dos de la mañana, es como si estuviesen abiertos hasta las cinco de la mañana. Unas 30.000 personas merodeaban de un lado para otro de la ciudad, a horas y en lugares donde en cualquier sábado no habría movimiento. El evento se celebra desde hace 11 años, y 47 museos han abierto sus puertas a la nocturnidad en esta ocasión. Once líneas de autobuses conectaban los museos, incluso uno de los barquitos del Alster era parte del sistema de transportes de la noche.

Hacía 11 años que no iba, pues fui en su primera edición, y el panorama museístico ha ampliado algo su oferta desde entonces. Hamburgo ofrece los clásicos, como el museo de pintura, la Kunsthalle y su edificio adjunto de arte moderno, la Gallerie der Gegenwart, o el Museo de Etnología, o el de Historia de Hamburgo. Pero a la oferta pintoresca se le unen un Museo Afgano, que descubrí en el listado el sábado, uno de pintores (de brocha gorda) y "esmaltadores", en una zona industrial de Hamburgo, o el Museo del Trabajo. Para tanto no dio la noche, pero sí para probar alguno nuevo.

Decepcionante y un buen timo es el más nuevo, Beatlemania, que en pleno Reeperbahn pretende ser testigo del comienzo de la carrera de los Beatles, que fue en Hamburgo, pero que no es más que un edificio de muchas escaleras, salas estrechas, y poco material expuesto, salvo recortes de prensa de la época, objetos de merchandising, y poco más. Fue el momento de la noche en el que me alegré de haber entrado con los 12 € de la entrada conjunta para toda la noche, y no por los 10 € que costaría solo ese museo. Tras el Museo de Kunst und Gewerbe, de Artes Decorativas, que tiene además de estupendas exposiciones una colección permanente impresionante de Art Nouveau, Art Deco, instrumentos musicales antiguos y objetos de todas las épocas, fuimos a las Deichtorhallen, un antiguo mercado de abastos convertido desde hace muchos años en una sala de exposiciones gigante. Nos quedamos sin ver los "Traummänner" por la cola que había, una exposición sobre hombres de ensueño cuyo reclamo en la fachada era una foto de un hombre bien puesto y ligerito de ropa, pero a pesar de la larga fila, muchos parecían llenos de paciencia para verla. Lo mismo nos ocurrió con el Museo de St. Pauli, recientemente inaugurado, y cuya exposición sobre la prostituta Doménica, una que fue muy famosa en Hamburgo, debió atraer a muchos, pero mis acompañantes y yo, al ver la cola, preferimos irnos a tomar la cervecita de sábado noche en la Reeperbahn antes de continuar culturizándonos.

Como colofón final elegimos dos barcos museo del puerto, incluidos en la oferta, el Rickmer Rickmers y el Cap San Diego. Estupenda manera de mostrar que el término museo da para mucho, y más en una ciudad portuaria y con tanto que ofrecer. Fue un estupendo comienzo de mi visitante de España para ver lo muchísimo que abarca esta ciudad, y desde diferentes perspectivas, y todo en una primera noche. Quien quiera puede repetir conmigo al año que viene.