Que el sexo vende, está clarísimo. Que el sexo hipnotiza también. La semana pasada supimos que una dentista en Baviera trabaja en dirndl, el traje típico de Baviera y de Austria que ensalza la figura femenina, sobre todo con un buen escote en muchos casos. Trabaja con esta técnica como terapia de hipnotización, no en el sentido de la palabra, pero si bajo el famoso "pueden más dos tetas que dos carretas..." En este caso se ahorran el dormir a los pacientes, y tienen menos dolor. Ya lo han comprobado. Lo que ya es seguro que que la avalancha de pacientes (masculinos, me imagino) no se ha hecho esperar. Sí que debe de haber algo, pues mi dentista, mujer, tiene en el techo un cuadro que asemeja a un pañuelo del cuello con dibujos asimétricos. Es rosita, y yo lo miro todo el rato concentrada en las líneas y florituras. Pero lo del escote es la sofisticación total, o mejor dicho el realismo absoluto. Desde luego que los pacientes, al tener el generoso escote tan cerca, abrirán la boca automáticamente, no me cabe duda.
Y cómo se explica si no que Andrea Agassi hace poco, en una subasta en la que vendía objetos personales para una buena causa, bajo el poco entusiasmo de los compradores, ofreció al que comprara por por lo menos 4000 $ el plato de porcelana que nadie quería, que le enseñaría una foto de su mujer Steffi Graf, desnuda, en la pantallita del móvil. Enseguida se encontró un comprador, al que Agassi le enseñó la foto al instante. El comprador de la imagen pareció satisfecho con lo que vio, cuentan. Lo que no sabemos es si a Steffi le haría gracia la espontaneidad de su esposo, pero todo sea por una buena causa.
Me pregunto si hubiese sido al revés, y Steffi Graf, que tampoco es Pamela Anderson, hubiese ofrecido una foto de su marido desnudo, si alguien hubiese pagado esa suma, al igual que me planteo si la misma consulta llevada por hombres vestidos en pantalones de cuero tiroleses tendría tanta aceptación y efecto hipnótico. Sí que la misma llevada por hombres en pantalones de cuero negro y abdominales a lo Cristiano Ronaldo, tendría sus efectos analgésicos sobre las féminas. Pero en nosotras no suele pensar nadie. Hemos de soportar el dolor a pelo, pero ya estamos acostumbradas.
lunes, 31 de enero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
Conducir es de vida o muerte
Conducir ebrio debería ser la mayor de las vergüenzas para el que lo realiza. Que pongan en peligro sus vidas no está de más si se ponen al volante en ese estado, pero que acaben con las de otros, es uno de esos desastres humanos que no tienen ni explicación ni sentido. Que le haya tocado a la hija de 18 años de Toni Cantó, da para un titular, porque si no esa muerte sería una de las anónimas debidas al alcohol. Que por ser la hija de un famoso dé para titulares, debería al menos concienciar algo más a la ciudadanía. Ojalá.
Mucho se ha logrado en España en los últimos años, de acuerdo, pero todavía falta mucha concienciación. Sigue sorprendiéndome la facilidad de tomarse unas cuantas copas o cervezas y conducir después. Está plenamente asumido tras fiestas o cumpleaños, bodas o bautizos. Incluso si dices que no puedes cogerlo por haber bebido, mucha gente se reirá de ti.
En Alemania por supuesto que hay accidentes por lo mismo, pero ni muchísimo menos tantos. También tenemos a nuestra obispa beoda, Margot Käßmann, que dimitió tras haberse visto pillada ebria al volante. Ahora se dedica a dar conferencias en EE.UU. entonando el mea culpa que tanto nos gusta oír a todos. Al menos como ex obispa debe. Todo sea por la fe.
Pero el beber y conducir después no te hace nada sexy en Alemania, sino todo lo contrario. Pierdes muchos puntos frente a tus amigos y familiares, que serían capaces de echarte la bronca o retirarte la palabra por eso. Si invitas a una pareja a tu casa y vienen en coche, se pondrán de acuerdo al servir el vinito con la cena sobre quién va a conducir después. Y en las fiestas de empresa, muchos no quieren renunciar al alcohol y es la noche estrella de los taxis.
Mi familia política perdió a un miembro de 8 años en el año 1988, por un conductor borracho que les embistió en Brasil. El niño murió en el acto, por toparse con aquel conductor ebrio en una carretera perdida camino de Salvador de Bahía. Cuántas muertes sin sentido. Y todo por no controlarse un poquito en lo que yo pienso que debería ser posible. Entiendo que la gente beba para pasárselo bien o porque les guste, pero conducir después es ... Ni palabras tengo para expresarlo.
Mucho se ha logrado en España en los últimos años, de acuerdo, pero todavía falta mucha concienciación. Sigue sorprendiéndome la facilidad de tomarse unas cuantas copas o cervezas y conducir después. Está plenamente asumido tras fiestas o cumpleaños, bodas o bautizos. Incluso si dices que no puedes cogerlo por haber bebido, mucha gente se reirá de ti.
En Alemania por supuesto que hay accidentes por lo mismo, pero ni muchísimo menos tantos. También tenemos a nuestra obispa beoda, Margot Käßmann, que dimitió tras haberse visto pillada ebria al volante. Ahora se dedica a dar conferencias en EE.UU. entonando el mea culpa que tanto nos gusta oír a todos. Al menos como ex obispa debe. Todo sea por la fe.
Pero el beber y conducir después no te hace nada sexy en Alemania, sino todo lo contrario. Pierdes muchos puntos frente a tus amigos y familiares, que serían capaces de echarte la bronca o retirarte la palabra por eso. Si invitas a una pareja a tu casa y vienen en coche, se pondrán de acuerdo al servir el vinito con la cena sobre quién va a conducir después. Y en las fiestas de empresa, muchos no quieren renunciar al alcohol y es la noche estrella de los taxis.
Mi familia política perdió a un miembro de 8 años en el año 1988, por un conductor borracho que les embistió en Brasil. El niño murió en el acto, por toparse con aquel conductor ebrio en una carretera perdida camino de Salvador de Bahía. Cuántas muertes sin sentido. Y todo por no controlarse un poquito en lo que yo pienso que debería ser posible. Entiendo que la gente beba para pasárselo bien o porque les guste, pero conducir después es ... Ni palabras tengo para expresarlo.
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sábado, 29 de enero de 2011
Los violines crecen
Uno se da cuenta de cómo crecen los hijos cuando los pantalones les quedan pesqueros otra vez, las mangas de las camisetas escasas, las camisetas muestran sus divinas barriguitas, o cuando los zapatos se les quedan pequeños. Pero yo tengo otra forma, que ocurre con menos frecuencia pero que es prueba inequívoca de que brazos y cuerpo se alargan, y es cuando toca cambiar el violín. Desde que empezó a tocar mi hija hace ya casi 6 años el tamaño del violín va agrandándose. Empezó con uno chiquitín, que parecía de juguete, y ahora ya se aproxima al del tamaño definitivo.
¿Sabían que los instrumentos se compran o se alquilan al "peso" o mejor dicho al tamaño proporcional con el violín de mayores? Empezó con 1/8 de violín, y ahora tiene tres cuartos. El octavo se lo compramos, de lo bonito que es, para que lo conserve como un juguetito para el resto de su vida, pero los otros los alquilamos, pues no merece la pena. Y esta semana he ido por tercera vez al taller de violines donde los alquilamos. Llevas el que se le ha quedado pequeño, y el crío se prueba uno nuevo como si fuesen unos pantalones, hasta el arco ha de cambiarse, el estuche de transporte también, y cuando sales tienes la sensación de llevarte un hijo mayor del que tenías. El violín es la prueba. El taller al que voy es un lugar mágico. En una zona de Ahrensburg, una ciudad dormitorio de Hamburgo situada en Schleswig-Holstein, conocida por su precioso castillo, en una parte de lo más sosa, tiene su taller un violinista profesional y lutier. Acabo de aprender este término, un galicismo (del francés luthier) que no es tan trasparente como la palabra alemana, Geigenbauer ('constructor de violines'), con la que se puede hacerse uno a la idea de lo que hacen. El lutier construye y repara instrumentos de cuerda, y el Geigenbauer construye violines. El mío alquila además violonchelos y otros instrumentos de cuerda, y además de alquilar ahora tres cuartos de violín, tenemos en casa un cuarto de violonchelo, monísimo si lo comparamos con los de tamaño normal, con los que aprendió un Pau Casals como se ve en las fotos de niño, cuando no había instrumentos por tamaño.
El taller es mágico porque entras en un jardín asalvajado que parece la jungla tropical. La menor de mis hijas sale siempre corriendo hacia el estanque, y me imagino un mundo de ranas y príncipes encantados ante la frondosidad tras la que no entra ni un rayo de luz. Probablemente se alimenten de la música que sale de las ventanas de la casa, del ruido del serrar, limar y pulir las piezas del violín. A quién se le ocurriría hacer uno la primera vez. Siempre pienso que hay invenciones mágicas: quién coge madera la primera vez y le da la forma del violín, y no otra forma, coge crines de caballo para el arco, y forma ese instrumento que es uno de los más difíciles de tocar y a la vez el principal de una orquesta. Ningún instrumento, pienso, suena peor si no se sabe tocar bien, y ninguno suena para mí más misterioso.
Sigo sin entender de música clásica, por mucho que por esta casa haya pasado tras el octavo de violín, el cuarto, el medio, y ahora los tres cuartos. Nos acercamos al kilo. No sé si pesará eso, pero cuando mi hija crezca lo que le falta para poder tocarlo, entrará en la edad adulta musical. En ese momento probablemente compremos el "violín entero", que es como se llama al que ya no necesitará crecer más, solo musicalmente hablando.
¿Sabían que los instrumentos se compran o se alquilan al "peso" o mejor dicho al tamaño proporcional con el violín de mayores? Empezó con 1/8 de violín, y ahora tiene tres cuartos. El octavo se lo compramos, de lo bonito que es, para que lo conserve como un juguetito para el resto de su vida, pero los otros los alquilamos, pues no merece la pena. Y esta semana he ido por tercera vez al taller de violines donde los alquilamos. Llevas el que se le ha quedado pequeño, y el crío se prueba uno nuevo como si fuesen unos pantalones, hasta el arco ha de cambiarse, el estuche de transporte también, y cuando sales tienes la sensación de llevarte un hijo mayor del que tenías. El violín es la prueba. El taller al que voy es un lugar mágico. En una zona de Ahrensburg, una ciudad dormitorio de Hamburgo situada en Schleswig-Holstein, conocida por su precioso castillo, en una parte de lo más sosa, tiene su taller un violinista profesional y lutier. Acabo de aprender este término, un galicismo (del francés luthier) que no es tan trasparente como la palabra alemana, Geigenbauer ('constructor de violines'), con la que se puede hacerse uno a la idea de lo que hacen. El lutier construye y repara instrumentos de cuerda, y el Geigenbauer construye violines. El mío alquila además violonchelos y otros instrumentos de cuerda, y además de alquilar ahora tres cuartos de violín, tenemos en casa un cuarto de violonchelo, monísimo si lo comparamos con los de tamaño normal, con los que aprendió un Pau Casals como se ve en las fotos de niño, cuando no había instrumentos por tamaño.
El taller es mágico porque entras en un jardín asalvajado que parece la jungla tropical. La menor de mis hijas sale siempre corriendo hacia el estanque, y me imagino un mundo de ranas y príncipes encantados ante la frondosidad tras la que no entra ni un rayo de luz. Probablemente se alimenten de la música que sale de las ventanas de la casa, del ruido del serrar, limar y pulir las piezas del violín. A quién se le ocurriría hacer uno la primera vez. Siempre pienso que hay invenciones mágicas: quién coge madera la primera vez y le da la forma del violín, y no otra forma, coge crines de caballo para el arco, y forma ese instrumento que es uno de los más difíciles de tocar y a la vez el principal de una orquesta. Ningún instrumento, pienso, suena peor si no se sabe tocar bien, y ninguno suena para mí más misterioso.
Sigo sin entender de música clásica, por mucho que por esta casa haya pasado tras el octavo de violín, el cuarto, el medio, y ahora los tres cuartos. Nos acercamos al kilo. No sé si pesará eso, pero cuando mi hija crezca lo que le falta para poder tocarlo, entrará en la edad adulta musical. En ese momento probablemente compremos el "violín entero", que es como se llama al que ya no necesitará crecer más, solo musicalmente hablando.
viernes, 28 de enero de 2011
Gente normal
La mayoría de los crímenes son cometidos por gente normal. Son tan normales que hasta el desenlace parece normal: violación y muerte de un niño de 10 años. Mirco desapareció en septiembre, en una parada de autobús. Y hasta ayer no se encontró su cadáver. El día anterior detuvieron a un sospechoso, por la pista del Volkswagen negro que buscaban. Durante meses la búsqueda se realizó con tal constancia y dispositivos policiales e incluso del ejército, que el caso Mirco ha estado muy presente en la sociedad alemana, que ha quedado conmocionada por el desenlace, dado que el autor confeso del crimen es un hombre de 45 años, padre de tres hijos, bien considerado por todos. Tuvo un mal día en el trabajo, se ha sabido hoy, se peleó con su jefe, empezó a divagar y cogió al chico en una parada de autobús a las diez de la noche, pero podría haber sido cualquier otro muchacho. Mirco subió al coche, y fue violado y asesinado en el bosque, y enterrado allí mismo. El asesino era una bomba de relojería, dice la policía, pero no había llamado la atención hasta ahora.
La pregunta de hoy en los medios de comunicación es cómo puede un padre matar a un niño, y causar ese daño a éste y a otros padres. Gente normal. Cuánta de ella hay por ahí, tan normales. Muchos abusos sexuales se cometen dentro de las familias sin que nadie sepa o sospeche nada. Y las víctimas son los que pierden la vida o a su ser querido porque gente normal deja de serlo en un momento determinado. El paso de la normalidad a la no-normalidad es un hilo frágil que se rompe para siempre. Y una vez roto, o se delatan o los encuentran, y si no seguirán siendo gente normal.
La pregunta de hoy en los medios de comunicación es cómo puede un padre matar a un niño, y causar ese daño a éste y a otros padres. Gente normal. Cuánta de ella hay por ahí, tan normales. Muchos abusos sexuales se cometen dentro de las familias sin que nadie sepa o sospeche nada. Y las víctimas son los que pierden la vida o a su ser querido porque gente normal deja de serlo en un momento determinado. El paso de la normalidad a la no-normalidad es un hilo frágil que se rompe para siempre. Y una vez roto, o se delatan o los encuentran, y si no seguirán siendo gente normal.
jueves, 27 de enero de 2011
Mala sombra
Sí, ciertamente deberíamos indagar la cuestión que me ha planteado mi hija pequeña hoy durante la comida: "¿Quién decide si hace buen o mal tiempo?". De momento me he reído, pero la pregunta no hay que despreciarla, y menos si viene de mi hija filósofa, capaz de cuestionar todo lo establecido e incuestionable. Porque esto me lo dijo mientras hablábamos de que por fin, tras meses sin verlo, ha lucido el sol toda la mañana, y ella me contaba que en clase entraba el sol entre las cortinas tan gordas que tienen. Eso, para un niño alemán, el estar en clase, y que entre el sol, es un milagro, y no me extraña que ella se plantee estas preguntas.
Porque efectivamente, una hora después de haberme planteado la cuestión el cielo estaba otra vez encapotado, como si los rayitos de sol de hoy hubiesen sido un espejismo. Probablemente lo hayan sido, pues no tienen ningún efecto en mí tras la que llevamos de oscuridad, y la que nos queda. Yo le he preguntado que qué piensa ella sobre quién decide y por qué, que si piensa que nosotros somos tan malos que nos toca toda la lluvia y oscuridad, y en España y otros países son buenísimos y por lo bien que se portan les toca el sol. Y me salta: "Bueno, en España hay más piscinas. Será por eso". "Y playas", añadí yo, y por eso hace falta el sol, para poder usarlas. Aquí no tenemos casi piscinas descubiertas, y las playas, están para pasear en ellas con forro polar.
Y sin embargo, el periódico local, Hamburger Abendblatt, tuvo la desfachatez de publicar hace poco una noticia con el titular "el Hawai del norte". Hablaban de la isla Juist, en pleno Mar del Norte, una isla alemana con cuyo ambiente y climatología "tiemblan" las Baleares y las Canarias. Y en la misma noticia el periódico publicó los 10 lugares más soleados de Alemania en el 2010, atención:
Normalmente por la percepción de parte meteorológico que tengo es Freiburg, en la Selva Negra, el lugar más soleado de Alemania, pero no, ahora tenemos Hawaii, y yo sin enterarme. Como se enteren todos de los que yo me río cuando me cuentan de sus "soleadas" vacaciones en la costa alemana, que yo nunca me creo, me van a freír. Pero atención, lo que no cuenta el artículo es que aquí en Alemania en verano amanece a las cuatro de la mañana y que esas 5 horitas de sol de media diaria podrían concluir a las 9 de la mañana, o podrían ser de siete hasta las diez y media de la noche, cuando es de día, tras haber tenido un día "veraniego" de tempestades y forro polar.
Así que el que haya decidido que con las horitas de sol de hoy ya hemos tenido bastante para las próximas semanas, tiene muy mala sombra.
Porque efectivamente, una hora después de haberme planteado la cuestión el cielo estaba otra vez encapotado, como si los rayitos de sol de hoy hubiesen sido un espejismo. Probablemente lo hayan sido, pues no tienen ningún efecto en mí tras la que llevamos de oscuridad, y la que nos queda. Yo le he preguntado que qué piensa ella sobre quién decide y por qué, que si piensa que nosotros somos tan malos que nos toca toda la lluvia y oscuridad, y en España y otros países son buenísimos y por lo bien que se portan les toca el sol. Y me salta: "Bueno, en España hay más piscinas. Será por eso". "Y playas", añadí yo, y por eso hace falta el sol, para poder usarlas. Aquí no tenemos casi piscinas descubiertas, y las playas, están para pasear en ellas con forro polar.
Y sin embargo, el periódico local, Hamburger Abendblatt, tuvo la desfachatez de publicar hace poco una noticia con el titular "el Hawai del norte". Hablaban de la isla Juist, en pleno Mar del Norte, una isla alemana con cuyo ambiente y climatología "tiemblan" las Baleares y las Canarias. Y en la misma noticia el periódico publicó los 10 lugares más soleados de Alemania en el 2010, atención:
- Juist, 1983 horas
- Borkum, 1956 horas
- Westerhever, 1956 horas
- Hidensee, 1936
- Neuharlingersiel, 1927
- Amrum, 1924 horas
- Harlesiel, 1923 horas
- Darsser Ort, 1919 horas
- Langeoog, 1916
- Norden-Norddeich, 1911 horas
Normalmente por la percepción de parte meteorológico que tengo es Freiburg, en la Selva Negra, el lugar más soleado de Alemania, pero no, ahora tenemos Hawaii, y yo sin enterarme. Como se enteren todos de los que yo me río cuando me cuentan de sus "soleadas" vacaciones en la costa alemana, que yo nunca me creo, me van a freír. Pero atención, lo que no cuenta el artículo es que aquí en Alemania en verano amanece a las cuatro de la mañana y que esas 5 horitas de sol de media diaria podrían concluir a las 9 de la mañana, o podrían ser de siete hasta las diez y media de la noche, cuando es de día, tras haber tenido un día "veraniego" de tempestades y forro polar.
Así que el que haya decidido que con las horitas de sol de hoy ya hemos tenido bastante para las próximas semanas, tiene muy mala sombra.
martes, 25 de enero de 2011
Traspasos
Ruud van Nistelrooy ha anunciado hoy que renuncia a prolongar su contrato con el HSV tras negarse el club hamburgués a dejarle volver al Real Madrid, cuando su traspaso fue gratuito. Hoffmann, el presidente del Hamburgo, se niega a permitir el traspaso porque necesitan a van Nistelrooy de cara a las competiciones europeas, rechazando incluso la jugosa oferta del Real Madrid de 2 millones de euros y de permitirle jugar un partido amistoso. Y al final ni hay dinero ni van Nistelrooy a partir del verano. El holandés está molesto y se va, sí o si, de lo dolido que está, según ha anunciado hoy su portavoz. Como parece que su idea era acabar su carrera profesional en Madrid e incluso quedarse a vivir allí, ofreció hasta pagar parte de la suma que le libera del HSV.
Estos días el semanario Der Spiegel se hace eco de la noticia de que Merkel ofrecerá trabajo a jóvenes españoles en paro de los sectores de ingeniería y telecomunicaciones. La noticia aquí no ha transcendido. Como los alemanes, por mucho que sigan siendo la burra que tira del carro de la economía europea, no son nada eufóricos a celebrar ningún éxito económico, asustados como están con tanto recorte, y por ser un país donde los impuestos que se pagan son récord mundial, la noticia no se ha dado a conocer. Yo la he seguido a través de los medios de comunicación españoles, para los que sí es noticia, dada la situación actual. Imposible no pensar en la oleada de inmigración española en los años 60 a Alemania. En ese momento se necesitaba de todo, mientras que hoy se necesitan puestos concretos y aquí no se dice muy alto por lo que no se dice: porque aquí también hay mucho paro, y también de trabajadores altamente cualificados. A mí misma me fastidia que esté país solo parezca necesitar ingenieros (claro, la ingeniería alemana). Y madres, por supuesto, que también somos una especie de ingenieras en este país...
Y sí, se vive muy bien en Alemania, y con esto empalmo con la entrada anterior a ésta. Pero al igual que en los años 50 y 60, no vienen máquinas sino personas, y hasta van Nistelrooy, con lo bien que le tratan, se quiere ir a Madrid. ¿Será el solecito?, ¿o que la Liga aquí es más sosa? , o, como me decía a mí hoy un médico, ¿que la vida nocturna de Madrid e incluso en Tarifa, hace palidecer mismo a la Reeperbahn hamburguesa? Me da también la sensación que en la oferta se buscan hombres, como en el fútbol, por mucho que Alemania celebre este año también el Mundial de Fútbol, pero de mujeres. A ver quién sabía de tal importante evento. Yo lo anuncio ya por si no se han enterado, y en fútbol femenino, ¿quiénes son las que ganan? Lo mismo que en la economía europea (masculina).
Porque al igual que Alemania tira de la economía de Europa, el Real Madrid, mal que nos pese, tira del fútbol europeo, y los ingenieros y técnicos en telecomunicaciones de dentro y los que vendrán (parece el cuento de La Lechera), tiran de todos los desempleados y gente mal colocada o que planifícó mal qué estudiar en este país.
Estos días el semanario Der Spiegel se hace eco de la noticia de que Merkel ofrecerá trabajo a jóvenes españoles en paro de los sectores de ingeniería y telecomunicaciones. La noticia aquí no ha transcendido. Como los alemanes, por mucho que sigan siendo la burra que tira del carro de la economía europea, no son nada eufóricos a celebrar ningún éxito económico, asustados como están con tanto recorte, y por ser un país donde los impuestos que se pagan son récord mundial, la noticia no se ha dado a conocer. Yo la he seguido a través de los medios de comunicación españoles, para los que sí es noticia, dada la situación actual. Imposible no pensar en la oleada de inmigración española en los años 60 a Alemania. En ese momento se necesitaba de todo, mientras que hoy se necesitan puestos concretos y aquí no se dice muy alto por lo que no se dice: porque aquí también hay mucho paro, y también de trabajadores altamente cualificados. A mí misma me fastidia que esté país solo parezca necesitar ingenieros (claro, la ingeniería alemana). Y madres, por supuesto, que también somos una especie de ingenieras en este país...
Y sí, se vive muy bien en Alemania, y con esto empalmo con la entrada anterior a ésta. Pero al igual que en los años 50 y 60, no vienen máquinas sino personas, y hasta van Nistelrooy, con lo bien que le tratan, se quiere ir a Madrid. ¿Será el solecito?, ¿o que la Liga aquí es más sosa? , o, como me decía a mí hoy un médico, ¿que la vida nocturna de Madrid e incluso en Tarifa, hace palidecer mismo a la Reeperbahn hamburguesa? Me da también la sensación que en la oferta se buscan hombres, como en el fútbol, por mucho que Alemania celebre este año también el Mundial de Fútbol, pero de mujeres. A ver quién sabía de tal importante evento. Yo lo anuncio ya por si no se han enterado, y en fútbol femenino, ¿quiénes son las que ganan? Lo mismo que en la economía europea (masculina).
Porque al igual que Alemania tira de la economía de Europa, el Real Madrid, mal que nos pese, tira del fútbol europeo, y los ingenieros y técnicos en telecomunicaciones de dentro y los que vendrán (parece el cuento de La Lechera), tiran de todos los desempleados y gente mal colocada o que planifícó mal qué estudiar en este país.
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lunes, 24 de enero de 2011
Me gusta Alemania
Llevo una semana esperando al momento propicio de escribir este post. Pero no llega. Cuando no es porque me ponen una multa, es porque el sol sigue sin salir, o porque diluvia, o porque me indigna una sociedad tan poco respetuosa con las que parimos el futuro. Sin embargo, antes de que se acabe mi primer mes de blog, tengo que hacerlo, pues me conozco y no quiero dar lugar a malentendidos.
A mí me gusta Alemania. No voy a decir que me encanta, porque mucha gente al ser preguntada sobre si está a gusto en su país o en el que viven, dirían que sí, pero mencionarían lo que no les gusta también, porque la gente habla normalmente de lo negativo y no de lo positivo, porque de lo que nos gusta, no necesitamos relatar a diario, para no pecar de pedantes. Además lo bueno es lo que ni siquiera nos damos cuenta de que está, porque lo tomamos por hecho, salvo si nos paramos a pensar o comparamos con otros países. Por tanto y a pesar de que el día propicio para alabar este país no llega, hoy lo hago, porque sí. Aquí va mi testimonio, para que luego no digan que soy tan negativa:
Me gusta Alemania porque se vive tranquilo (iba a decir demasiado pero hoy me callo, nada de críticas), porque vives tu vida sin que nadie se entrometa en la tuya, porque tu propiedad es más privada que en otros países, porque no necesitas poner rejas a tu casa, ni tener miedo de que te podrían robar en cualquier momento, porque puedes ponerte lo que te dé la gana sin que nadie te mire, porque puedes no seguir ninguna moda y no sentirte desfasado, puedes salir desaliñado a cualquier parte, y nadie te mirará raro por ello, porque el sistema médico, a pesar de lo que opina la gente, funciona de maravilla, porque no tienes la sensación de que te están engañando todo el rato, ni el taxista, ni el fontanero ni otros, porque no tienes que temer que tu vecino te robe, porque no tienes que hablar con la gente si no quieres, porque no se habla de política y si se hace nadie se pelea o insulta por tener ideas distintas, porque el bien común se cuida, porque hay respeto hacia los otros, porque no tienes que hablar a voces, porque no le debes nada a nadie, ni siquiera decirle hola si no te apetece, porque la palabra de la gente vale, porque puedes quedar con un amigo un mes antes a una hora concreta, y sin llamar a confirmar, estará ahí a la hora, porque la calidad de las cosas es buenísima, porque la gente que tiene dinero es en general muy sencilla y no hace alarde de nada, porque no hay tanto pijerío, porque no hay tanta envidia a los otros, o si se tiene no se nota, porque la peluquera te hace lo que tú le dices, y no lo que le da la gana, porque mismo en la peluquería ni en ninguna sala de espera no tienes que hablar con nadie, porque existe una variedad de yogures impresionante, porque los helados son exquisitos (y baratísimos), porque al embutido no se le pone colorines, porque se puede comer fuera de casa muy bien y por poco dinero, porque algunos productos de droguería no son un robo a mano armada (para eso tenemos la farmacia), porque la televisión no está puesta todo el día en la mayoría de los hogares, porque a la puerta de tu casa tienes parajes naturales increíbles, porque como ciudadano tienes vías de protestar, porque como todos los países, tiene lugares increíbles, y porque se habla una lengua tan fascinante como el alemán.
Por todo eso me gusta, y probablemente más motivos que no se me ocurren ahora. Así que ya está dicho. Hay que dejar las cosas claras cuanto antes. Para el resto está este blog.
Ah, y me olvidaba de las salchichas y las cervezas! Yo pago esta ronda.
A mí me gusta Alemania. No voy a decir que me encanta, porque mucha gente al ser preguntada sobre si está a gusto en su país o en el que viven, dirían que sí, pero mencionarían lo que no les gusta también, porque la gente habla normalmente de lo negativo y no de lo positivo, porque de lo que nos gusta, no necesitamos relatar a diario, para no pecar de pedantes. Además lo bueno es lo que ni siquiera nos damos cuenta de que está, porque lo tomamos por hecho, salvo si nos paramos a pensar o comparamos con otros países. Por tanto y a pesar de que el día propicio para alabar este país no llega, hoy lo hago, porque sí. Aquí va mi testimonio, para que luego no digan que soy tan negativa:
Me gusta Alemania porque se vive tranquilo (iba a decir demasiado pero hoy me callo, nada de críticas), porque vives tu vida sin que nadie se entrometa en la tuya, porque tu propiedad es más privada que en otros países, porque no necesitas poner rejas a tu casa, ni tener miedo de que te podrían robar en cualquier momento, porque puedes ponerte lo que te dé la gana sin que nadie te mire, porque puedes no seguir ninguna moda y no sentirte desfasado, puedes salir desaliñado a cualquier parte, y nadie te mirará raro por ello, porque el sistema médico, a pesar de lo que opina la gente, funciona de maravilla, porque no tienes la sensación de que te están engañando todo el rato, ni el taxista, ni el fontanero ni otros, porque no tienes que temer que tu vecino te robe, porque no tienes que hablar con la gente si no quieres, porque no se habla de política y si se hace nadie se pelea o insulta por tener ideas distintas, porque el bien común se cuida, porque hay respeto hacia los otros, porque no tienes que hablar a voces, porque no le debes nada a nadie, ni siquiera decirle hola si no te apetece, porque la palabra de la gente vale, porque puedes quedar con un amigo un mes antes a una hora concreta, y sin llamar a confirmar, estará ahí a la hora, porque la calidad de las cosas es buenísima, porque la gente que tiene dinero es en general muy sencilla y no hace alarde de nada, porque no hay tanto pijerío, porque no hay tanta envidia a los otros, o si se tiene no se nota, porque la peluquera te hace lo que tú le dices, y no lo que le da la gana, porque mismo en la peluquería ni en ninguna sala de espera no tienes que hablar con nadie, porque existe una variedad de yogures impresionante, porque los helados son exquisitos (y baratísimos), porque al embutido no se le pone colorines, porque se puede comer fuera de casa muy bien y por poco dinero, porque algunos productos de droguería no son un robo a mano armada (para eso tenemos la farmacia), porque la televisión no está puesta todo el día en la mayoría de los hogares, porque a la puerta de tu casa tienes parajes naturales increíbles, porque como ciudadano tienes vías de protestar, porque como todos los países, tiene lugares increíbles, y porque se habla una lengua tan fascinante como el alemán.
Por todo eso me gusta, y probablemente más motivos que no se me ocurren ahora. Así que ya está dicho. Hay que dejar las cosas claras cuanto antes. Para el resto está este blog.
Ah, y me olvidaba de las salchichas y las cervezas! Yo pago esta ronda.
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