sábado, 9 de enero de 2016

El año de las mujeres (otro)

No sé cómo habrán terminado el 2015 y empezado 2016, pero yo rodeada de papeles que si del banco, impuestos, facturas, seguro médico y más por todas partes. La vida es eso, un número fiscal, un número del seguro médico, el contador del agua, de la luz, la calefacción, el seguro del coche, las citas del médico de nuestros hijos, sus exámenes, sus preocupaciones, sus dolores, sus miedos y nuestra lucha por todo lo anterior. 

Este fin de semana he visto una película de esas que me hacen pensar.  "Joy" trata sobre una mujer divorciada con dos hijos que tras batallar contra todos, su familia incluida, consigue hacer fortuna vendiendo una mopa inventada por ella misma en uno de esos programas de venta de productos en televisión que tanto les gustan a los estadounidenses. Nadie cree en ella y por dos veces tira la toalla, pero siempre vuelve y al final lo consigue. Fue un caso real en EE.UU. Lo consigió porque no se desmoralizó, a pesar de que muchos la recordaron siempre que, como mujer, no lograría muchas cosas y que además su papel era ocuparse de su familia. Lo bueno es que las mujeres nos ocupamos de nuestra familia y además hacemos todo lo demás sin grandes aspavientos. Llevo tiempo pensando que si la crianza de los hijos dependiera sólo de los hombres se extinguiría la especie humana porque no les inculcan la capacidad de sacrificio como a nosotras ni ellos la quieren aprender. Que no se me enfade ningún padre amantísimo y entregadísimo a sus hijos, pero las excepciones no me anulan la regla.

Así que 2016 será mi año, como el de millones de otras mujeres más, porque tenemos el coraje de poder con lo que nos echen, en muchos casos sin la ayuda de nadie y porque somos capaces de que los asuntos de los nuestros nos sean más importantes que los nuestros propios y porque solamente tras habernos ocupado de las personas que están a nuestro cargo, es cuando nos dedicamos a nuestras cosas. Y porque aunque esto sea así no quiere decir que seamos bobas y no nos queramos a nosotras mismas.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Navidades imperfectas

La Nochebuena y la Navidad son las percepciones que tenemos del pasado unidas a las presentes. Hace poco les di en clase a mis alumnos una tarea para casa en la que tenían que escribir sobre sus últimas Navidades y sobre las de su infancia. Yo sólo veía gramática en esto: para las Navidades pasadas el indefinido (fui, hice, visité, celebré, comí) y para las de la infancia el pretérito imperfecto (iba, hacía, visitaba, celebraba, comía). La cosa se puso interesante cuando me leyeron sus textos sobre las Navidades de su infancia. Salieron algunos traumas de la niñez, como tener que comer carpas, algo que hacen muchas familias en Nochebuena, o de los poemas que tenían que recitar antes de recibir los regalos, o los que tenían que tocar el piano o algún otro instrumento, antes de recibir los mismos. Nos reímos un montón por todas estas cosas, y sacamos la conclusión que la Navidad es al fin y al cabo todas esas costumbres que nos marcan y de las que luego te puedes reír, y retirar de tu vida, o seguir incluyéndolas para siempre. 

Hay muchas formas de celebrar la Nochebuena, miles de menús posibles, con regalos como en Alemania, sin ellos como en España. Pero la Navidad al final somos nosotros, lo que llevamos dentro y que se suma Navidad a Navidad y lo que acumulamos el resto del año. Feliz Navidad a todos. Otra más, y nunca menos importante, porque todo queda para el recuerdo.

domingo, 20 de diciembre de 2015

A dormir tras las elecciones

He llegado a las vacaciones de Navidad con las energias al mínimo. Los profesores damos hasta la última gota de nuestro sudor hasta la última clase y todo a nuestro alrededor continúa hasta el final. Esta semana además, estuve pendiente de mis papeles de voto, que no me llegaron hasta el último momento. El lunes llamé a correos en Alemania con el número de envío que saqué de la página web del ministerio en España y me dijeron que la carta certificada había llegado a Alemania el domingo 13, cuando en internet vi que la habían enviado de España el día 30 de noviembre. La pregunta es cómo mis papeles para votar pudieron estar dos semanas en el nirvana electoral. Como hasta el martes no me los entregaron y además, por no estar en casa, hasta el miércoles no los tuve, eso me impidió votar por correo como he hecho siempre. Tuve que desplazarme al consulado a depositar mi voto en la urna allí instalada. Cuando le dije a la funcionaria que me habían llegado tarde los papeles, encima tuve que aguantar su comentario de que todo "iba en plazo". Pero si el plazo es que me llegaran demasiado tarde como para votar por correo, me siento estafada porque esos tres días que se podía votar en persona en el consulado podría no haberme sido posible llevarlo y de hecho fui sin tener tiempo.

Hasta ahora no me he creído ninguna de las teorias conspiratorias de que a los extranjeros se nos impide votar. Eso no es verdad ya que jamás me he quedado sin hacerlo. Muchos son tan torpes que no se registran en el consulado como resisdentes en el extranjero y luego llegan las elecciones y se preguntan por qué no pueden votar. Lo de esta vez, sin embargo, ha sido absolutamente innecesario, y me he preguntado estos días cuántos muchos otros habrán sufrido lo mismo y no habrán podido votar al quedarse los envíos de los papeles demasiado tiempo en correos en España. ¿Quiénes son los responsables de esto? ¿Nadie paga por estas cosas?

Con la mayoría de los votos escrutados sí que se puede decir que a pesar de que hayan ganado los mismos sí que ha habido un cambio que espero permitan que muchas de estas cosas no ocurran y otras mucho peores. Y de momento nos vamos los españoles a la cama sin saber quién va a gobernar. Yo pienso que ya es algo.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

A tomar por saco...

... las Olimpiadas. El domingo hubo en Hamburgo un referéndum para votar si los hamburgueses apoyaban una candidatura olímpica para el 2024. Yo voté por correo un par de semanas antes, con un "no" claro. No tuve que pensar mucho y marqué mi "no" con la alegría de que al menos aquí nos pregunten, y no como en Madrid, donde se tiraron millones en tres candidaduras olímpicas, y en la segunda además se hizo ese ridículo tan espantoso.

Y salió el no, por un 51,6 % de los votos, y un 48,4 % votó a favor. Yo sabía que iba a ganar el no. Aquí dio la cara el alcalde de Hamburgo semanas antes y presentó las cifras de los miles de millones que costaría el evento, los millones que cubriría el estado, y los muchísimos que quedarían por financiar, es decir, por mí y el resto de los contribuyentes. Los hamburgueses son comerciantes de toda la vida, y las cifras y las cuentas son algo muy importante. No sirven castillos en el aire de que si todas estas inversiones serían fructíferas para la ciudad, blabla. En Hamburgo la gente es realista, y tras conocerse la victoria del "no", me hicieron gracia las voces en las redes sociales que decían que qué maravilla que ahora tendríamos todos esos millones que "automáticamente" estarían destinados a las elecciones para otras cosas: escuelas, infraestructura para la ciudad, tapar agujeros en el asfalto, y muchas otras cosas más. Pero claro, ahora no se invertirá, claro, porque no es lo mismo.

Supe de los resultados recién regresé de Bruselas, con el espanto que me produjo ver coches militares por las calles, y soldados con metralletas por todos lados. Teniendo el mundo que nos hemos ganado a pulso, me temo que cada vez va a ser más difícil organizar eventos multitudinarios, por lo que supondrá tomar las medidas de seguridad pertinentes. Que se lleven las olimpiadas a otro lugar, que aquí no estamos tristes. Yo desde luego me sentí aliviada, y por suerte una mayoría también. Ya no se habla más del tema. Eso es algo que me gusta aquí, el pragmatismo de la gente. Algún que otro periódico que ha hecho campaña por el sí, nos quería meter mala conciendia el lunes, con el dedo levantado, como si Hamburgo fuese a perder tantas cosas. Yo no me lo creo. Esos millones no los emplearán para lo haría falta de verdad, pero al menos no nos engañan.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Luchando contra el miedo

Estoy en la sala de embarque preparada para volar a Bruselas. Muchas cosas han pasado desde los atentados en París hace dos semanas. Bruselas ha recobrado la normalidad tras haber estado paralizada cuatro días. Se me ha hecho difícil imaginarme la ciudad blindada, sin metros circulando, con todo cerrado. A ver qué me encuentro.

Estamos cada vez peor. Y lo malo es que en mi opinión no nos conmocionamos igual cuando los muertos no son los nuestros. Me gustaría que facebook o cualquier otra plaza de pueblo se llenase de banderas del Líbano cuando caen bombas del Estado Islámico o de cualquier otro lugar en el que se mata por fanatismo religioso o político.

Lo malo de todo esto es que estamos perdiendo la batalla. Nos han instalado el miedo en nuestros propios países y como me comentaba una alumna el otro día, ella se pilló desconfiando de unos musulmanes que iban en el metro con ella. Esto crea xenofobia y odios. Y lo que nos queda.

Pero yo me niego a dejar de hacer cosas por miedo. Entonces perderíamos del todo. 

Sale el avión... 

lunes, 16 de noviembre de 2015

Sentimientos

Dolor, rabia, estupor, miedo, impotencia, desesperación, tristeza, pena, vulnerabilidad, pánico, tragedia, temor, sufrimiento, enfado, indignación, horror, luto, llanto, repulsa, terror, homenaje, esperanza, solidaridad, paz, recuerdo. Acabo de escribir una lista de sentimientos y deseos tras los atentados del viernes por la noche en París. A lo mejor mis alumnos me ayudan los próximos días a completar la lista cuando hablemos de ello en clase. De momento se me han ocurrido todos esos de golpe, pero me saben a poco para expresar las sensaciones acumuladas desde el viernes por la noche. Es demasiado el dolor y demasiada la rabia y la repulsa por tanta sangre derramada. Cualquier persona que muere a causa del odio y fanatismo causa una mayor fractura en este mundo tan herido que tenemos. A los españoles además nos escuecen demasiado las heridas por el 11-M y todo lo que aquello supuso para nuestro país. Una vez pasada la conmoción, el dolor le queda a las familias, y el resto pasamos a nuestro día a día. Pero los hechos nos demuestran que seguimos siendo igual de vulnerables que entonces, y que el fanatismo campa a sus anchas en todo el mundo, y que en cualquier momento nos pueden asesinar mientras estamos en un cocierto, en un restaurante, o en un estadio de fútbol. Hoy leí ya no sé dónde que curiosamente los terroristas asesinan en momentos de ocio. O yendo al trabajo, añado yo, como fue el caso en España en aquellos trenes. Siento una tristeza infinita, como millones de personas, y sé que la mayoría de los musulmanes no apoya este fanatismo. No podemos dejar que gane el odio ni que el miedo se apodere de nosotros, porque si no, como se dice ahora tan a menudo, ganarían ellos, pero es que eso es cierto. Recordemos que para esos terroristas la vida de incluso los suyos no vale nada y que asesinan a niños y a quien sea sin sentir nada. Menuda valentía, entrar en una sala de conciertos, o en restaurantes y matar a gente indefensa. O poner bombas en trenes que llevan a gente a trabajar. Yo quiero un mundo mejor. No me gusta el nuestro.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Compartir mesa

Me encantan esas situaciones en las que si te plantaran de repente en otro lugar, sin saber dónde estás, adivinarías a la primera en qué país te encuentras. Hoy contaba en clase una anécdota que me pasó la semana pasada en Tenerife. Fuimos a un guachinche a comer, por cierto, gran invento estos locales sencillos de comida auténtica canaria con vinitos de la tierra. Había mucha gente esperando y dentro estaba lleno. Tomaron nota de mi nombre y esperamos una hora a que nos tocara mesa. Cuando se acercaba el momento y éramos los siguientes, vi que se estaba quedando libre una mesa muy grande. Una chica que iba detrás de mí, se empezó a emocionar partiendo de la base que se la darían a ella y a su numeroso grupo. La alemana que hay en mí empezó a inquietarse y estuve a punto de decir algo, a la chica y al camarero, pero decidí esperar al desenlace, bien segura de que si nos colaban al grupo, la montaría y buena.

El camarero nos llamó a nosotros, lo cual era lo justo, y le ofreció al grupo sentarse a nuestro lado, algo que en Alemania sería de lo más normal. Aquí la gente comparte mesas con desconocidos sin ningún problema. Y dijeron que no. Entonces se sentó una pareja al otro lado de la mesa, por lo que éramos solo cuatro, dos en cada punta, con un montón de sitios entremedias, por lo menos seis. Pues todavía les toco esperar una hora más. Nosotros comimos, pagamos y todavía seguían fuera. Reconozco que toda la situación me divirtió mucho.

¿Por qué los alemanes pueden compartir mesa con desconocidosy no les molesta y a los españoles sí, y prefieren esperar una hora más? Hoy he lanzado la pregunta en clase, y como nadie me daba respuesta les he explicado mi teoría. Les he dicho que ellos pueden sentarse al lado de desconocidos porque para ellos el resto de las personas puede ser como el aire, muebles o una pared. Por suerte se han reído y han asentido. Por otra parte, les he dicho, a los españoles nos incomoda estar tan cerca de gente sin hablar con ella y cercanía física significa tener que hablar de algo o escuchar o que os escuchen, y si vamos con nuestra gente, simplemente no queremos.

Todo esto vino porque en el libro había una audición en la que el dueño de un bar en el centro de Madrid decía que los extranjeros son graciosos porque piden compartir mesa. Todos somos graciosos si nos ponemos...