Acabo de hacer una búsqueda en Google y me ha sorprendido mucho no ver ninguna noticia actual en la prensa alemana sobre la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Ciudadana o llamada Ley Mordaza. Si estas leyes se implantasen en otros países de dudoso "estilo" democrático, nos echaríamos todos las manos a la cabeza, pero el gobierno español es experto en dejarnos con el culo al aire a todos en nuestro país y frente al mundo.
Yo me levanté muy apesadumbrada antes de ayer, y la sensación no se me ha pasado. Los que tenemos un blog y expresamos nuestra opinión publicamente y todo aquel que hasta ahora se ha expresado libremente, se encuentra de luto y hasta temeroso, diría yo. No se trata ni de ofender en muchos de los casos, pues de eso está la blogosfera llena, y hasta eso, es un sano ejercicio por demostrar al mundo lo retorcida que es mucha gente y lo mal que vamos los que nos gusta respirar libremente. ¡Qué país es ése en el que el gobierno pasa una ley sin ningún apoyo parlamentario más que el de su propio partido y que se tiene que blindar frente a sus propios ciudadanos! ¿Tanto miedo les tienen? Me produce pavor la facilidad con que se cambian leyes básicas en España retrocediendo al pasado e ignorando todo lo logrado durante años de cambios en la sociedad, borrándolos ahora con leyes absurdas.
Seguiré al tanto de si la prensa alemana se hace eco sobre la que nos ha caído este 1 de julio, pero yo he hablado de ello con muchos alemanes, y nadie sabía nada de esto. Hay publicaciones de hace 3 ó 6 meses anunciando la Ley Mordaza, pero nada actual. Aquí ahora estamos más ocupados con la tragedia griega y lo que pueda pasar el domingo con las elecciones, otro tema que me irrita en sobremanera. El gobierno griego actual ha heredado los problemas del anterior. No creo que lo estén haciendo peor que todos los anteriores, pero ahí está el resarcimiento colectivo a la espera que todo se desmorone, antes de esperar a ver qué decide el pueblo, que es al final el más apropiado para opinar en toda esta debacle en la que seamos sinceros, los gobernantes no deben ni saber qué hacer. Saquemos todos las porras y pongámonos a linchar al pueblo griego. Recordemos que los que están pagando la crisis no son los que robaron y engañaron, y que si se hizo esta unión económica tan desastrosa, se debería ir hasta el final con todas las consecuencias y ante todo haciendo pagar a los que expoliaron Grecia durante décadas. Esos seguro que tienen dinero para pagar una buena parte de la deuda pero no los ciudadanos que llevan años ahogados.
Menos mal que todavía nos queda el matrimonio homosexual en España, algo inexistente en Alemania, y que últimamente están reclamando algunos políticos hasta de la Unión Demócrata Cristiana de Merkel, con énfasis en lo de cristianos... Varios políticos de la CDU se han pronunciado esta semana a favor de que se dé vía libre al matrimonio homosexual. Eso no es tema de esta legislatura, dijeron para acallar las voces que reclamaban este derecho.
Como nos gusta a todos meter a la gente en etiquetas ("los griegos", "los manifestantes violentos", "los homosexuales"), reflexionemos sobre "los políticos" y digámosles que "los ciudadanos" no estamos dispuestos a que nos manden callar simplemente porque ellos tienen miedo de perder sus privilegios y se vean amenazados por gente ejerciendo su derecho democrático a manifestarse o a opinar libremente.
viernes, 3 de julio de 2015
lunes, 22 de junio de 2015
Qué triste
Hoy ha comenzado el verano y ahora mismo llueve. Ha sido el día más largo del año y ahora volvemos a las andadas, es decir al tiempo que es peor tiempo que el ya malo. En España han empezado las vacaciones escolares, han abierto las piscinas y muchos estarán ya en la playa o a punto de irse a lo largo de las próximas semanas. Aquí nos queda un mesecito de clase por lo que las vacaciones todavía nos caen algo lejos, aunque ya se acercan y proporcionalmente las ganas de largarme y dejar atrás el ausente verano de este año.
Hoy mi hija y el hijo de una amiga (española) se lo han pasado pipa poniéndole por whatsapp a sendos amigos que, debido al penterre que les había dado a sus respectivas madres (españolas) a causa del clima, nos habíamos largado hoy mismo al aeropuerto a buscar un vuelo de última hora y que ya estábamos en España, donde nos quedaríamos una semana. Los amigos se creyeron la trola, algo comprensible, porque sé que los españoles que vivimos aquí les damos pena a los alemanes. Es lo mismo que yo siento por los españoles de Canarias. Si algún español que soporta este mismo clima que yo me dice que es de Burgos, no es lo mismo que si me dice que es de Tenerife. Por este último siento una pena inmensa. Por el otro empatía y solidaridad.
Y la demanda del español sigue creciendo. Las cifras dicen que cada vez hay más estudiantes de castellano, una buena noticia para los que trabajamos en esto. Y no me extraña. Si yo fuera alemana, aprendería español, sin dudarlo. Ah, que soy también alemana. El caso es que estoy atrapada igual, en veranos de a 17° C de máxima y 8°C de mínima. Por eso odio tanto el solsticio de verano, porque mañana encima nos empiezan a robar la luz, que es lo único seguro que tenemos cada año por estas fechas. El resto son solo un calendario, y aviones que llevan a alemanes al sol, y de vuelta.
sábado, 6 de junio de 2015
El magnolio que se convirtió en cerezo
Hace 12 años estaba a punto de soltar a mi hija pequeña. Qué diferente es nuestra vida con el paso de los años. En aquel momento ya sabía lo que era ser madre, pero sólo de una. Ser madre de dos hace que te diversifiques en tu papel de madre, y cada uno de tus hijos encuentra el lugar que le toca en la familia. Mi hija pequeña es muy particular. Me sigue haciendo reír día a día con su lógica aplastante y su humor tan sutil pero no por menos desternillante. Su última ocurrencia es que está harta de estudiar de más, que en todos los exámenes le preguntan una mínima parte de todo lo que ha estudiado, y que todo lo que se estudió de más fue perder el tiempo. Otra de las suyas estos días ha sido decir que saber lo que es la fotosíntesis de las plantas no sirve para nada, o que algo tan simple como una flor, tenga tantas partes, y que de qué sirve aprenderse todo eso. Completamente inútil.
Encima, durante todo el curso escolar, ha tenido que hacer un diario de un árbol. Eligió lo que ella creía que era un magnolio, pero ahora en primavera ha resultado ser un cerezo. Menudo disgusto se llevó. Todo lo que llevaba hecho hasta entonces lo ha tenido que cambiar y adaptarlo a un cerezo. Menudo cabreo. Y ahora en su trabajo, el magnolio se ha convertido en cerezo, todos los textos y dibujos. Pero la vida es así. Las cosas no son lo que parecen, le digo yo siempre, y si trabajásemos o estudiásemos tan selectivamente, el resultado podría salir bien una vez, y de chiripa, pero la mayoría de las veces sería un desastre.
Últimamente me cuenta cosas de cuando era "pequeña", y ella misma se parte. Hoy me contaba que una vez en un San Nicolás, fiesta celebrada cada 6 de diciembre en Alemania, me puso un dibujo junto con su hermana en mi zapato, y que yo les di las gracias a las dos y que ella se preguntó que cómo podría yo estar tan segura de que eran ellas y no el San Nicolás. Debe ser increíble darte cuenta como "mayor" de esas cosas y reflexionar sobre ellas. Ella lo hace un montón y guasona como es, me toma el pelo por sus "traumas", de si hice esto o lo otro, o más bien no hice.
Pero la que reflexiona año a año soy yo. Crecen demasiado rápido. Por eso hay que celebrar mientras podamos.
miércoles, 3 de junio de 2015
¿Quién ha sido?
¿Quién nos han robado la primavera? Aquí no nos han robado el mes de abril, como canta Serrat, sino directamente toda la primavera, y al paso que vamos, el verano también. Lo de este año pasará a los anales, aunque mi memoria hamburguesa me recuerda que, eso de que antes las primaveras eran mejores, es todo un camelo. Pero siempre había algunos días buenos en mayo o en abril. Este año no hemos pasado de los 19 grados ni un sólo día y no más de un día suelto.
El aeropuerto de Hamburgo sigue ampliando la cifra anuales de viajeros, leí ayer. Y de seguir así pronostico que habrá muchos vuelos sólo de ida. Esto no hay quien lo aguante. Esto es denigrante. Como he visto hoy en una norticia sobre en una colección de definiciones hechas por niños, "denigrante" sería emigrante que viene de Denia. Pero es que los de Denia no se van a ninguna parte: "hamburgrante" podríamos decir.
Como cada vez me estoy volviendo más práctica con todo, pienso que visto lo visto deberían quitar todas las terrazas de verano, vacías este año. Piscinas al aire libre, ¿para qué? Aquí no ha metido todavía nadie ni un dedo del pie en el agua. Ropa de verano... inútil completamente. Sandalias..., juas juas juas, ¿qué es eso?
Por eso le recuerdo que si usted que me lee es un afortunado que esté sudando por el calor estos días, se acuerde de que en la mayor parte de Europa sudar es un lujo o que ir sin chaqueta a todas horas del día, es una utopía. Que sí, ya sé que el calor le dejá a uno sin energía, pero, sinceramente, ¿a que no lo cambiarían? Quien se haga el bravucón que se venga un tiempo al norte. Volverá a amar el calor y no se volverá a quejar jamás.
sábado, 16 de mayo de 2015
Esa ciudad inagotable
Esta semana he vuelto a Londres. Mis hijas me pidieron volver. Al principio pensé que en la semana de vacaciones que hemos tenido, podríamos haber ido a algún sitio nuevo, pero ahora pienso que no. La visita lo ha merecido, y Londres es cada vez una exper diferente, ya que la ciudad es inagotable. Cada vez que voy veo algo nuevo, y como yo gano en años, mi visión también es otra. Con la edad se fija uno en cosas diferentes.
Desde luego que me podría ir a vivir allí sin ningún problema. Mañana mismo. Es una ciudad muy a mi medida: interminable. Asustan los precios, eso sí, pero supongo que si vives ahí todo irá a la par. No todos los ingleses pueden mantener el nivel de vida londinense, eso es obvio. Los alquileres están por las nubes, el trasporte público parece un lujo, y todo tan absurdamente encarecido. Por otra parte me sorprende que los museos sean gratis. Si viviese ahí, me pasaría horas y horas en ellos, y me conocería cada sala. Estuvimos en el British, y me parece surrealista que entres a un museo así como si pasearas por la calle. Es increíble. Y te topas con la piedra Rosetta, con los frisios del Partenón, con infinidad de momias. Por cierto, los frisios. Tras haber estado hace un par de años en Atenas y ver el Partenón desprovisto de los mismo, me dolió en el alma verlos aquí. Entiendo que a los griegos no se les pase el cabreo. Si yo fuese griega boicotearía al museo y no entraría. Pero como para no hacerlo si no eres griega. Pero es como ver el Partenón en dos partes.
Londres es más que multicultural, y con esto no me refiero al colorido que todos nos imaginamos. Hay una multiculturalidad escondida. El que no es medio sueco, es medio francés, y media ciudad es de fuera: hemos descubierto que londinenses de pura cepa hay pocos. O esos no se mezclan.
Esta vez he entrado en la Torre de Londres. Hasta ahora me negué, por el precio tan desorbitado de la entrada. Pero la edad y estar curada de espanto de cosas carísimas, me hicieron pagar esta vez sin rechistar. Mis hijas querían entrar y vimos las joyas de la corona, los cuervos, los Beefeater, y toda la parafernalia, salvo la parte de las torturas: a ésa renunciamos. Que eran muy bestias, como toda la humanidad por los siglos de los siglos, ya me lo imagino, y no necesito verlo.
Pero el alma de Londres está en el metro. Esos millones de personas que circulan en el Londres subterráneo, apretados como sardinas a las horas punta, que se colocan ordenadamente a la derecha en las escaleras mecánicas tan largas que hay, bajo peligro de morir atropellado por los que caminan por la izquierda. Ahora caigo que deberían circular también al revés aquí, y colocarse a la izquierda, por llevar la contraria como lo hacen con todo. Mi impresión ha sido que todo lo educados que son en cualquier otro lugar de la ciudad, en el metro se les olvida, y atropellan al que sea en andenes o túneles. Y lo de cruzar la calle me sigue pareciendo una aventura, y como no sé adonde mirar, miro en todas direcciones. Más vale.
Como mis hijas tienen sus propios deseos, hemos descubierto también el Londres de los Beatles. Nos acercamos a Abbey Road, para comprobar que el famoso paso de cebra es uno cualquiera, y que los vecinos deben estar hasta los güitos de tanta gente cruzándolo porque sí, y no porque quieran cruzar la calle. Me sorprendió lo cuidadosos que éramos todos y lo poco que entorpecimos. Supongo que no será siempre así y habrá turistas que bloqueen todo el tráfico por la foto, sin importarles nada.
Regresé de Londres hace tres días y sigo molida. Las piernas han hecho esfuerzos titánicos para aprovechar el tiempo al máximo. No obstante se han quedado tantas cosas por ver, que volveremos. No me cabe duda. Siempre que me voy de Londres sé que no es la última vez.
Desde luego que me podría ir a vivir allí sin ningún problema. Mañana mismo. Es una ciudad muy a mi medida: interminable. Asustan los precios, eso sí, pero supongo que si vives ahí todo irá a la par. No todos los ingleses pueden mantener el nivel de vida londinense, eso es obvio. Los alquileres están por las nubes, el trasporte público parece un lujo, y todo tan absurdamente encarecido. Por otra parte me sorprende que los museos sean gratis. Si viviese ahí, me pasaría horas y horas en ellos, y me conocería cada sala. Estuvimos en el British, y me parece surrealista que entres a un museo así como si pasearas por la calle. Es increíble. Y te topas con la piedra Rosetta, con los frisios del Partenón, con infinidad de momias. Por cierto, los frisios. Tras haber estado hace un par de años en Atenas y ver el Partenón desprovisto de los mismo, me dolió en el alma verlos aquí. Entiendo que a los griegos no se les pase el cabreo. Si yo fuese griega boicotearía al museo y no entraría. Pero como para no hacerlo si no eres griega. Pero es como ver el Partenón en dos partes.
Londres es más que multicultural, y con esto no me refiero al colorido que todos nos imaginamos. Hay una multiculturalidad escondida. El que no es medio sueco, es medio francés, y media ciudad es de fuera: hemos descubierto que londinenses de pura cepa hay pocos. O esos no se mezclan.
Esta vez he entrado en la Torre de Londres. Hasta ahora me negué, por el precio tan desorbitado de la entrada. Pero la edad y estar curada de espanto de cosas carísimas, me hicieron pagar esta vez sin rechistar. Mis hijas querían entrar y vimos las joyas de la corona, los cuervos, los Beefeater, y toda la parafernalia, salvo la parte de las torturas: a ésa renunciamos. Que eran muy bestias, como toda la humanidad por los siglos de los siglos, ya me lo imagino, y no necesito verlo.
Pero el alma de Londres está en el metro. Esos millones de personas que circulan en el Londres subterráneo, apretados como sardinas a las horas punta, que se colocan ordenadamente a la derecha en las escaleras mecánicas tan largas que hay, bajo peligro de morir atropellado por los que caminan por la izquierda. Ahora caigo que deberían circular también al revés aquí, y colocarse a la izquierda, por llevar la contraria como lo hacen con todo. Mi impresión ha sido que todo lo educados que son en cualquier otro lugar de la ciudad, en el metro se les olvida, y atropellan al que sea en andenes o túneles. Y lo de cruzar la calle me sigue pareciendo una aventura, y como no sé adonde mirar, miro en todas direcciones. Más vale.
Como mis hijas tienen sus propios deseos, hemos descubierto también el Londres de los Beatles. Nos acercamos a Abbey Road, para comprobar que el famoso paso de cebra es uno cualquiera, y que los vecinos deben estar hasta los güitos de tanta gente cruzándolo porque sí, y no porque quieran cruzar la calle. Me sorprendió lo cuidadosos que éramos todos y lo poco que entorpecimos. Supongo que no será siempre así y habrá turistas que bloqueen todo el tráfico por la foto, sin importarles nada.
Regresé de Londres hace tres días y sigo molida. Las piernas han hecho esfuerzos titánicos para aprovechar el tiempo al máximo. No obstante se han quedado tantas cosas por ver, que volveremos. No me cabe duda. Siempre que me voy de Londres sé que no es la última vez.
Somos inmortales
Otro año he vuelto a pasar dos días de la madre en silencio, pero los de este año no me han dejado indiferente. Hablo en plural porque uno era el español y otro el alemán, y encima dos domingos seguidos. Siempre he pensado que estas cosas son tonterías, pero como me siento madre por partida doble, los dos últimos domingos han sido míos. Así se lo he hecho saber a mis hijas: que por mi doble nacionalidad y lo que rindo como madre, que me merecía los dos días. Por suerte mis hijas, que siempre me ponen en mi sitio, se ocuparon de dejar claras las cosas: pero si siempre he dicho que el día de la madre es una fiesta consumista y sin importancia, que no viniese con tonterías ahora.
Pero es que hay cosas que si no las dice una no las dice nadie. Pienso que todo lo que se diga de nosotras las madres es poco. Nos merecemos un monumento, y si no nos lo pone la sociedad, nos lo tendremos que poner nosotras mismas. Por supuesto que los hombres son padres, padrísimos y amantísimos de sus hijos también, pero creo que jamás llegarán a comprender ciertas cosas. Mucha culpa la tiene la sociedad y nosotras mismas, pues a nosotras nos socializan con la idea del sacrificio por los demás grabada en la frente, y a ellos no. Ellos piensan que para ellos todo es posible, porque así se les educa, y nosotras pensamos que no: que algo se queda en el camino, y si lo queremos todo, el sentimiento de culpa que llevamos dentro se encargará de recordarnos que todo no se puede. Y ahí nos ponemos nosotras nuestra propia trampa: para nosotras nuestros hijos son lo principal, y ahí perdemos en autonomía en beneficio de los hombres. Tal cual.
Sin embargo, no hay nada mejor que ser madre, y por eso, aunque llegue tarde, como siempre últimamente, me pongo a mí misma ese monumento del que hablaba antes, a mí y a todas las madres que luchamos día a día por poner a nuestros hijos en un buen lugar de salida para su futuro sin nosotras. Todas luchamos frente a unos problemas u otros, todas flaqueamos en momentos duros y dudamos de todo, pero por nuestros hijos somos capaces de todo.
Mis hijas me han dicho últimamente varias veces que yo soy inmortal. Admito que tal ocurrencia me resarce de muchas cosas. Las madres nos quedamos en el interior de nuestros hijos para siempre. Qué gran tributo.
Sin embargo, no hay nada mejor que ser madre, y por eso, aunque llegue tarde, como siempre últimamente, me pongo a mí misma ese monumento del que hablaba antes, a mí y a todas las madres que luchamos día a día por poner a nuestros hijos en un buen lugar de salida para su futuro sin nosotras. Todas luchamos frente a unos problemas u otros, todas flaqueamos en momentos duros y dudamos de todo, pero por nuestros hijos somos capaces de todo.
Mis hijas me han dicho últimamente varias veces que yo soy inmortal. Admito que tal ocurrencia me resarce de muchas cosas. Las madres nos quedamos en el interior de nuestros hijos para siempre. Qué gran tributo.
viernes, 8 de mayo de 2015
La mala suerte
El martes tuvimos un tornado devastador en Hamburgo. A mí me pilló en uno de estos momentos tontos de idas y venidas y solucionar cosas entremedias, y en los tres segundos que corrí en la calle a resguardarme me empapé. Pero luego oí una noticia muy trágica. A una pareja le cayó una cornisa encima. Él murió de inmediato, y ella quedó gravemente herida. Lo horrible del caso es que ella estaba embarazada y le tuvieron que sacar el bebé por cesárea después, y perdió a su novio y padre de su hijo y el niño se quedó huérfano antes de nacer, por un tornado que se nos presentó prácticamente de improvisto, y eso que decían que se aproximaba una buena.
A mí me dan mucho miedo estos golpes del destino que nadie puede prever, y arrancan a la gente de sus vidas y de las de los demás. Recientísima está también la tragedia de Nepal, con varios miles de víctimas, también por estar justo ahí en ese instante. Yo en todos esos momentos me doy cuenta de que la función llamada vida podría acabarse de sopetón, y que todo lo que me preocupa son chorradas en comparación. Pero ya saben aquello de la teoría y la práctica.
También hoy he leído lo que ayer escuché en la radio: el copiloto que estrelló el avión de Germanwings, ensayó el descenso brusco en el vuelo de ida a Barcelona ese mismo día. Cabe preguntarse por qué esperó a la vuelta para hacerlo, si era porque necesitaba "practicar" o porque en el último momento no fue capaz. Antes he leído, que comió poco antes de estrellar el avión. Me voy a suicidar en colectivo pero antes como algo. No sé hasta qué punto necesitamos saber todos estos detalles. A mí me ponen mala. Todavía hay gente que sigue hablando de sus depresiones. No dudo que las tuviera, pero ese hombre era un psicópata y un asesino. Y a las pobres víctimas les tocó como piloto de su avión.
De las más de trescientas niñas y mujeres liberadas en Nigeria del grupo terrorista Boko Haram, doscientas y pico están embarazadas. Estas niñas y mujeres, lo único "malo" que han hecho, es vivir en su país. Y luego dicen que la gente quiere llegar a Europa.
Perdónenme si estoy tan trágica últimamente, pero es que el mundo no da para otra cosa. Llevo una temporada muy a lo Mafalda y citándola libremente, y antes de irme a dormir, digo una de sus frases célebres: mañana por la mañana que echen un vistazo y si hay justicia, libertad y esas cosas, que me despierten.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


