Esta semana he vuelto a Londres. Mis hijas me pidieron volver. Al principio pensé que en la semana de vacaciones que hemos tenido, podríamos haber ido a algún sitio nuevo, pero ahora pienso que no. La visita lo ha merecido, y Londres es cada vez una exper diferente, ya que la ciudad es inagotable. Cada vez que voy veo algo nuevo, y como yo gano en años, mi visión también es otra. Con la edad se fija uno en cosas diferentes.
Desde luego que me podría ir a vivir allí sin ningún problema. Mañana mismo. Es una ciudad muy a mi medida: interminable. Asustan los precios, eso sí, pero supongo que si vives ahí todo irá a la par. No todos los ingleses pueden mantener el nivel de vida londinense, eso es obvio. Los alquileres están por las nubes, el trasporte público parece un lujo, y todo tan absurdamente encarecido. Por otra parte me sorprende que los museos sean gratis. Si viviese ahí, me pasaría horas y horas en ellos, y me conocería cada sala. Estuvimos en el British, y me parece surrealista que entres a un museo así como si pasearas por la calle. Es increíble. Y te topas con la piedra Rosetta, con los frisios del Partenón, con infinidad de momias. Por cierto, los frisios. Tras haber estado hace un par de años en Atenas y ver el Partenón desprovisto de los mismo, me dolió en el alma verlos aquí. Entiendo que a los griegos no se les pase el cabreo. Si yo fuese griega boicotearía al museo y no entraría. Pero como para no hacerlo si no eres griega. Pero es como ver el Partenón en dos partes.
Londres es más que multicultural, y con esto no me refiero al colorido que todos nos imaginamos. Hay una multiculturalidad escondida. El que no es medio sueco, es medio francés, y media ciudad es de fuera: hemos descubierto que londinenses de pura cepa hay pocos. O esos no se mezclan.
Esta vez he entrado en la Torre de Londres. Hasta ahora me negué, por el precio tan desorbitado de la entrada. Pero la edad y estar curada de espanto de cosas carísimas, me hicieron pagar esta vez sin rechistar. Mis hijas querían entrar y vimos las joyas de la corona, los cuervos, los Beefeater, y toda la parafernalia, salvo la parte de las torturas: a ésa renunciamos. Que eran muy bestias, como toda la humanidad por los siglos de los siglos, ya me lo imagino, y no necesito verlo.
Pero el alma de Londres está en el metro. Esos millones de personas que circulan en el Londres subterráneo, apretados como sardinas a las horas punta, que se colocan ordenadamente a la derecha en las escaleras mecánicas tan largas que hay, bajo peligro de morir atropellado por los que caminan por la izquierda. Ahora caigo que deberían circular también al revés aquí, y colocarse a la izquierda, por llevar la contraria como lo hacen con todo. Mi impresión ha sido que todo lo educados que son en cualquier otro lugar de la ciudad, en el metro se les olvida, y atropellan al que sea en andenes o túneles. Y lo de cruzar la calle me sigue pareciendo una aventura, y como no sé adonde mirar, miro en todas direcciones. Más vale.
Como mis hijas tienen sus propios deseos, hemos descubierto también el Londres de los Beatles. Nos acercamos a Abbey Road, para comprobar que el famoso paso de cebra es uno cualquiera, y que los vecinos deben estar hasta los güitos de tanta gente cruzándolo porque sí, y no porque quieran cruzar la calle. Me sorprendió lo cuidadosos que éramos todos y lo poco que entorpecimos. Supongo que no será siempre así y habrá turistas que bloqueen todo el tráfico por la foto, sin importarles nada.
Regresé de Londres hace tres días y sigo molida. Las piernas han hecho esfuerzos titánicos para aprovechar el tiempo al máximo. No obstante se han quedado tantas cosas por ver, que volveremos. No me cabe duda. Siempre que me voy de Londres sé que no es la última vez.
sábado, 16 de mayo de 2015
Somos inmortales
Otro año he vuelto a pasar dos días de la madre en silencio, pero los de este año no me han dejado indiferente. Hablo en plural porque uno era el español y otro el alemán, y encima dos domingos seguidos. Siempre he pensado que estas cosas son tonterías, pero como me siento madre por partida doble, los dos últimos domingos han sido míos. Así se lo he hecho saber a mis hijas: que por mi doble nacionalidad y lo que rindo como madre, que me merecía los dos días. Por suerte mis hijas, que siempre me ponen en mi sitio, se ocuparon de dejar claras las cosas: pero si siempre he dicho que el día de la madre es una fiesta consumista y sin importancia, que no viniese con tonterías ahora.
Pero es que hay cosas que si no las dice una no las dice nadie. Pienso que todo lo que se diga de nosotras las madres es poco. Nos merecemos un monumento, y si no nos lo pone la sociedad, nos lo tendremos que poner nosotras mismas. Por supuesto que los hombres son padres, padrísimos y amantísimos de sus hijos también, pero creo que jamás llegarán a comprender ciertas cosas. Mucha culpa la tiene la sociedad y nosotras mismas, pues a nosotras nos socializan con la idea del sacrificio por los demás grabada en la frente, y a ellos no. Ellos piensan que para ellos todo es posible, porque así se les educa, y nosotras pensamos que no: que algo se queda en el camino, y si lo queremos todo, el sentimiento de culpa que llevamos dentro se encargará de recordarnos que todo no se puede. Y ahí nos ponemos nosotras nuestra propia trampa: para nosotras nuestros hijos son lo principal, y ahí perdemos en autonomía en beneficio de los hombres. Tal cual.
Sin embargo, no hay nada mejor que ser madre, y por eso, aunque llegue tarde, como siempre últimamente, me pongo a mí misma ese monumento del que hablaba antes, a mí y a todas las madres que luchamos día a día por poner a nuestros hijos en un buen lugar de salida para su futuro sin nosotras. Todas luchamos frente a unos problemas u otros, todas flaqueamos en momentos duros y dudamos de todo, pero por nuestros hijos somos capaces de todo.
Mis hijas me han dicho últimamente varias veces que yo soy inmortal. Admito que tal ocurrencia me resarce de muchas cosas. Las madres nos quedamos en el interior de nuestros hijos para siempre. Qué gran tributo.
Sin embargo, no hay nada mejor que ser madre, y por eso, aunque llegue tarde, como siempre últimamente, me pongo a mí misma ese monumento del que hablaba antes, a mí y a todas las madres que luchamos día a día por poner a nuestros hijos en un buen lugar de salida para su futuro sin nosotras. Todas luchamos frente a unos problemas u otros, todas flaqueamos en momentos duros y dudamos de todo, pero por nuestros hijos somos capaces de todo.
Mis hijas me han dicho últimamente varias veces que yo soy inmortal. Admito que tal ocurrencia me resarce de muchas cosas. Las madres nos quedamos en el interior de nuestros hijos para siempre. Qué gran tributo.
viernes, 8 de mayo de 2015
La mala suerte
El martes tuvimos un tornado devastador en Hamburgo. A mí me pilló en uno de estos momentos tontos de idas y venidas y solucionar cosas entremedias, y en los tres segundos que corrí en la calle a resguardarme me empapé. Pero luego oí una noticia muy trágica. A una pareja le cayó una cornisa encima. Él murió de inmediato, y ella quedó gravemente herida. Lo horrible del caso es que ella estaba embarazada y le tuvieron que sacar el bebé por cesárea después, y perdió a su novio y padre de su hijo y el niño se quedó huérfano antes de nacer, por un tornado que se nos presentó prácticamente de improvisto, y eso que decían que se aproximaba una buena.
A mí me dan mucho miedo estos golpes del destino que nadie puede prever, y arrancan a la gente de sus vidas y de las de los demás. Recientísima está también la tragedia de Nepal, con varios miles de víctimas, también por estar justo ahí en ese instante. Yo en todos esos momentos me doy cuenta de que la función llamada vida podría acabarse de sopetón, y que todo lo que me preocupa son chorradas en comparación. Pero ya saben aquello de la teoría y la práctica.
También hoy he leído lo que ayer escuché en la radio: el copiloto que estrelló el avión de Germanwings, ensayó el descenso brusco en el vuelo de ida a Barcelona ese mismo día. Cabe preguntarse por qué esperó a la vuelta para hacerlo, si era porque necesitaba "practicar" o porque en el último momento no fue capaz. Antes he leído, que comió poco antes de estrellar el avión. Me voy a suicidar en colectivo pero antes como algo. No sé hasta qué punto necesitamos saber todos estos detalles. A mí me ponen mala. Todavía hay gente que sigue hablando de sus depresiones. No dudo que las tuviera, pero ese hombre era un psicópata y un asesino. Y a las pobres víctimas les tocó como piloto de su avión.
De las más de trescientas niñas y mujeres liberadas en Nigeria del grupo terrorista Boko Haram, doscientas y pico están embarazadas. Estas niñas y mujeres, lo único "malo" que han hecho, es vivir en su país. Y luego dicen que la gente quiere llegar a Europa.
Perdónenme si estoy tan trágica últimamente, pero es que el mundo no da para otra cosa. Llevo una temporada muy a lo Mafalda y citándola libremente, y antes de irme a dormir, digo una de sus frases célebres: mañana por la mañana que echen un vistazo y si hay justicia, libertad y esas cosas, que me despierten.
jueves, 30 de abril de 2015
No es la fama lo que cuesta
Ay, educar, qué difícil es. Y cuánta responsabilidad. La vida nos presta a nuestros hijos durante su infancia y adolescencia para que los acompañemos hasta que estén preparados para eso tan difícil que es defenderse en la vida. De nosotros, padres y madres, depende mucho de su preparación para afrontar la vida y de cómo hacerlo. Mis hijas cada vez vuelan más, y si bien me quedan unos años, soy muy consciente de lo maravilloso que es que todavía sean solo mías. En unos años se pertenecerán a sí mismas.
Esta semana de cuatro días una ha estado de viaje con la clase y hoy ha vuelto. A mí, con cada vivencia de mis hijas, me parece que crecen en todos los sentidos. Pero vuelven y hay que seguir trabajando en el futuro, sin dar tregua. Y hoy, cuando les he dado un par de "instrucciones" me han dicho socarronamente y con una gran sonrisa que yo tenía que haber leído la letra pequeña... y que fue mi idea que vinieran al mundo. Ante tales ocurrencias no puede una madre más que reírse.
La letra pequeña, cierto. Es tan pequeña que necesitamos lupa para leerla o incluso ni la vemos y tenemos que adivinarla. No hay más que oír las historias que me cuentan mis hijas de otros niños de su clase como para saber que cada uno hace lo que puede. Una niña de la clase de mi hija llegó hasta la final de la versión alemana de La Voz infantil, que fue hace una semana. Se quedó la segunda, pero ahí estaba el lunes con su maleta preparada para el viaje, como otro crío más, pero con la fama acuestas. Al final la rutina nos iguala a todos, el corre corre diario, las facturas, o salir adelante con nuestros hijos. Seamos conscientes de que todo es efímero y que hay que aprovechar cada momento con ellos.
jueves, 23 de abril de 2015
Nunca es pronto
No sé por dónde empezar. Cuando me tiro demasiados días sin escribir, la sensación de la página en blanco, que nunca he tenido, se apodera de mí, pero más por la sensación de no saber qué tema de los muchos coger. Sin embargo, montones de veces, mientras conduzco, escribo posts en la mente. Pero la vida diaria tiene mi mente tan ocupada que funciono todo el día sin apenas tener un momento de respiro, pero de eso no soy la única y además no me quejo. Jamás. No por trabajar y menos por hacer algo que me gusta, pero a veces me acuerdo de la frase de una amiga mía, muy sabia: "Ya verás el día que no tengas tiempo ni para depilarte las cejas". Gran verdad.
Y sin embargo el día si da para reflexiones continuas. Estamos en primavera y definitivamente me estoy haciendo vieja. Ya no me altero porque siga haciendo tanto frío y estemos a finales de abril. Yo no me he quitado ni el abrigo ni las botas, aunque muchos se empeñen en que ya tiene que ser primavera de verdad. El hamburgués medio abre el techo del descapotable si hace sol 9 grados, con sol y 14 grados se sienta en una terraza y con sol y 20 grados va en chanclas o pantalones cortos, aunque venga el aire polar que tenemos tan a menudo aquí. A mí me resulta cómico, pero es así, y yo tengo plenamente asumido que yo me pondré el abrigo indefinidamente, hasta en agosto si es necesario. Como para fiarse del sol aquí.
Hoy ha sido el día de "los chicos y las chicas" en las empresas, aquí llamado "Boys' and Girls' Day", en el que los niños de sexto y séptimo tienen que pasar el día en alguna empresa y ver lo que significa currar... El experimento ha surtido efecto en mi hija pequeña: ha vuelto tan agotada que ha estado las primeras dos horas tras la vuelta en silencio y ensimismada por lo cansada que estaba, decía. Como madre, ya saben, hay que sacar una moraleja de todo, y le dije que entonces no se vuelva a quejar jamás del colegio... Propongo que los manden a todos una vez a la semana a currar y así comprenderán muchas cosas que por desgracia solo se ven cuando uno es adulto.
Curioso el sistema escolar aquí. Por una parte tratan de mostrarles de inmediato que van al cole para irse pensando qué es lo que quieren hacer en el futuro y que vayan elucubrando cuanto antes, y por otro, cuando les hablan de temas crudos, siempre hay algún padre que protesta para que se les proteja. Hace unos días mi otra hija me contó que estaban viendo en clase la peli de "El Pianista". Yo la vi hace años y recuerdo que me mantuvo muy en vilo y en tensión todo el tiempo, con muy mal cuerpo. La película va sobre un pianista judío en la Polonia ocupada por los nazis y el horror del gueto de Varsovia. Yo le comenté cuando me lo contó que me había gustado mucho, pero que lo pasé fatal viéndola, pero jamás me planteé que no era adecuada para mi hija. Pues hoy les han suspendido la función, es decir, el que continúen viéndola porque varios padres se han quejado porque no es apropiada todavía ya que no han tratado en el cole el tema del nacionalsocialismo. Ni que hiciese falta, digo yo. Precisamente estos días ha comenzado el juicio a un nazi aún vivo, el llamado "contable de Ausschwitz". Tiene 93 años y nunca ha escondido su pasado pero como no se manchó las manos de sangre, no asume ninguna culpa. Pero trabajaba el la rampa y se "ocupaba" de las pertenencias de los judíos que llegaban al campo de concentración. Parece que pudo estar en la rampa en la que se decidía quién se salvaba y quién iba a la cámara de gas, y se le acusa de ayuda a asesinato en 300.000 casos. Como ha declarado una superviviente que se salvó junto con su hermana pero que perdió al resto de su familia: si ellos pudieron decidir sobre la vida y la muerte de esa manera, la sociedad no puede olvidar y de lo que se trata es de asumir la responsabilidad moral y decir que aquello fue un horror, algo a lo que este hombre no parece dispuesto, pues él era un mandado, claro.
Y sin embargo el día si da para reflexiones continuas. Estamos en primavera y definitivamente me estoy haciendo vieja. Ya no me altero porque siga haciendo tanto frío y estemos a finales de abril. Yo no me he quitado ni el abrigo ni las botas, aunque muchos se empeñen en que ya tiene que ser primavera de verdad. El hamburgués medio abre el techo del descapotable si hace sol 9 grados, con sol y 14 grados se sienta en una terraza y con sol y 20 grados va en chanclas o pantalones cortos, aunque venga el aire polar que tenemos tan a menudo aquí. A mí me resulta cómico, pero es así, y yo tengo plenamente asumido que yo me pondré el abrigo indefinidamente, hasta en agosto si es necesario. Como para fiarse del sol aquí.
Hoy ha sido el día de "los chicos y las chicas" en las empresas, aquí llamado "Boys' and Girls' Day", en el que los niños de sexto y séptimo tienen que pasar el día en alguna empresa y ver lo que significa currar... El experimento ha surtido efecto en mi hija pequeña: ha vuelto tan agotada que ha estado las primeras dos horas tras la vuelta en silencio y ensimismada por lo cansada que estaba, decía. Como madre, ya saben, hay que sacar una moraleja de todo, y le dije que entonces no se vuelva a quejar jamás del colegio... Propongo que los manden a todos una vez a la semana a currar y así comprenderán muchas cosas que por desgracia solo se ven cuando uno es adulto.
Curioso el sistema escolar aquí. Por una parte tratan de mostrarles de inmediato que van al cole para irse pensando qué es lo que quieren hacer en el futuro y que vayan elucubrando cuanto antes, y por otro, cuando les hablan de temas crudos, siempre hay algún padre que protesta para que se les proteja. Hace unos días mi otra hija me contó que estaban viendo en clase la peli de "El Pianista". Yo la vi hace años y recuerdo que me mantuvo muy en vilo y en tensión todo el tiempo, con muy mal cuerpo. La película va sobre un pianista judío en la Polonia ocupada por los nazis y el horror del gueto de Varsovia. Yo le comenté cuando me lo contó que me había gustado mucho, pero que lo pasé fatal viéndola, pero jamás me planteé que no era adecuada para mi hija. Pues hoy les han suspendido la función, es decir, el que continúen viéndola porque varios padres se han quejado porque no es apropiada todavía ya que no han tratado en el cole el tema del nacionalsocialismo. Ni que hiciese falta, digo yo. Precisamente estos días ha comenzado el juicio a un nazi aún vivo, el llamado "contable de Ausschwitz". Tiene 93 años y nunca ha escondido su pasado pero como no se manchó las manos de sangre, no asume ninguna culpa. Pero trabajaba el la rampa y se "ocupaba" de las pertenencias de los judíos que llegaban al campo de concentración. Parece que pudo estar en la rampa en la que se decidía quién se salvaba y quién iba a la cámara de gas, y se le acusa de ayuda a asesinato en 300.000 casos. Como ha declarado una superviviente que se salvó junto con su hermana pero que perdió al resto de su familia: si ellos pudieron decidir sobre la vida y la muerte de esa manera, la sociedad no puede olvidar y de lo que se trata es de asumir la responsabilidad moral y decir que aquello fue un horror, algo a lo que este hombre no parece dispuesto, pues él era un mandado, claro.
Pues de eso justo se trata: de que los jóvenes como mi hija vean que toda esa gente que participó en los horrores eran personas "normales" que cumplían su trabajo. Y con las enseñanzas y las moralejas, ya saben, nunca es pronto para empezar.
domingo, 12 de abril de 2015
El gran día
En Alemania es costumbre que los jóvenes vayan a la escuela de baile para aprender a bailar bailes de salón y "defenderse" en cualquier pista de baile. Cuando llegué a Alemania hace muchos años me sorprendió tal costumbre y que no bailen sueltos o improvisen. ¡Dónde íbamos a ir a parar en un baile con orquesta: si no se sabe la teoría no se baila y punto! Así pues cuando mi hija me anunció hace unos meses que iría a la escuela de baile con unas amigas, no me sorpendió nada. Es el curso normal de las cosas en este país: nacen, crecen y van a la escuela de baile.
Durante meses he seguido los avances y la preparación hacia el culmen, que fue el baile de antes de ayer. Hubo durante unas semanas dudas respecto a quién sería su pareja de baile, pero, cuando por fin se puso de acuerdo con un candidato, se disiparon. Luego el asunto de la ropa, peinado. Nada grave, tampoco, ni fuera de lo normal. Y el viernes llegó el gran día.
En primer lugar creo que deberían prohibir que las chicas de 14 ó 15 años bailen con chicos de la misma edad. Ellas parecen mujeres y ellos, niños, en la mayoría de los casos y había parejas curiosas, en las que ellas les sacaban una cabeza o más a ellos. Y en segundo lugar, no pueden dejar que la gente baile canciones modernas en versión orquesta y agarrados. Y luego, para rizar el rizo, hicieron que las chicas bailaran con sus padres y los chicos con sus madres. Mi hija bailó con su padre, pero cuando le tocó al muchacho con su madre, este nos dijo que sus padres no estaban. Entonces salió la madre española que hay en mí, y le ofrecí bailar yo con él. La verdad es que lo "normal" hubiese sido que el chico hubiese dicho que no, pero dijo que sí. Mi hija y sus amigas se partían de risa, y otra madre de dos hijas me dijo "has tenido suerte", porque como madres de chicas por la rigidez del protocolo no pintábamos nada entre los protagonistas. Mientras bailábamos el chico me contó que sus padres no habían venido por falta de coordinación. Eso traducido me lleva a lo pienso de las relaciones familiares aquí y de las prioridades de la gente.
Y el curso de baile terminó, y el baile estelar también. Ahora a esperar a la siguiente fase de la vida.
martes, 7 de abril de 2015
Lugares de inspiración
Ayer, cuando quise pagar una cosa con mi tarjeta de débito, no recordé el código de la tarjeta. Tecleé dos combinaciones que no eran y la vendedora me dijo que un error más y se me bloquearía la tarjeta. Fue en la farmacia del aeropuerto de Hamburgo, al regresar de tres días en Niza. Después estuve toda la tarde tratando de recordar el número que habré tecleado un millón de veces. Y hoy, en el supermercado, al ir a pagar, probé otra vez y a la primera acerté. Lo que es la rutina. Te conecta todas las neuronas y te las reestablece por completo. Si me vuelvo a olvidar del código, volveré al súper, pues allí, como he comprobado hoy, me ocurre el reseteo. Cada uno tiene sus lugares de inspiración.
Antes de eso hoy he dado clase, y puedo asegurar que los profes tenemos nuestros días buenos y nuestros días malos. Somos como los actores: un día nos comemos el escenario, y otro vamos a cámara lenta. Yo era hoy del segundo grupo. Por suerte mis alumnos estaban igual que yo, y nos hemos retroalimentado en nuestra lentitud. Hasta ayer fue Semana Santa aquí, que en realidad no es una semana sino cuatro días de fiesta, o mejor dicho el Viernes Santo y el Lunes de Pascua, y el resto fin de semana. Y hoy era el regreso a la rutina, por suerte para todos los códigos que almaceno. A mí a veces me saltan chispas entre los de las tarjetas, el de la página de mi trabajo, el de la del banco, más todas las contraseñas para las páginas que utilizo habitualmente.
Sí, he estado en Niza. No se me olvida. También en Antibes, Grasse y Cannes. Salvo por el festival de cine, olvídense de este último. No tiene nada, y menos cuando entre tanta tienda de Chanel y demás marcas de lujo, encima te diluvia, En Niza hizo sol. Qué bonita ciudad. No me extraña que aquí viniera tanto pintor a inspirarse, o mejor dicho escapando del clima del resto del norte de Europa. Lo de la pintura era mera excusa. Matisse estuvo aquí, Picasso en Antibes, Van Gogh no muy lejos. Por no olvidar a tanta aristocracia europea que hibernaba allí. Me gustó mucho Antibes, donde a Picasso le dejaron 2 meses un castillito en lo alto de la ciudad con vistas al mar, para inspirarse, y vaya si lo hizo. Pero es que en un lugar así se inspira cualquiera, y más cuando un pintor consagrado ya en aquel momento como lo era Picasso, con hacer cuatro rallajos creaba una obra para la posteridad. Las obras expuestas en el Museo de Picasso de Antibes no son de lo mejorcito que he visto de Picasso pero el lugar tiene su magia. Que Picasso pasase por aquí, pintase, y además les dejase las obras producidas en ese momento, fue un golpe de suerte para esta ciudad que es bastante tranquila, tanto, que se permite cerrar el museo de 12 a 14 h un domingo, dejando a los turistas tirados esas dos horas. "Como se quedan hasta que abren otra vez"... pensarán. Y razón tienen.
La Costa Azul. Ciertamente el color del mar en esta región es de un azul especialmente bonito. Qué listos eran los pintores. Y qué listo era Picasso.
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