miércoles, 7 de agosto de 2013

Cada 7 años

Seguimos de verano, pero verano de verdad. Eso en Hamburgo no es poca cosa pues ocurre poco. Desde mi vuelta no he utilizado una chaqueta ni un sol día y por fin hago uso continuado de la ropa de verano. No recordaba un verano así aquí, y he oído varios comentarios de que la última vez que hubo un verano con la sensación de ídem fue cuando el Mundial de fútbol en Alemania. Eso fue en 2006, y yo no lo recordaba pues entonces vivía en Bélgica, pero sí, debe ser ése. ¡Siete años!!! Tanto hay que esperar aquí para que el verano dure más que unos cuantos días sueltos y que la sensación del mismo sea plena. 

Ayer, las mujeres que me dijeron lo del Mundial me comentaban que los últimos años no se han gastado nada en ropa de verano y que este año han tenido que comprarse ropa. Me llama la atención la cantidad de gente que veo por la calle demasiado abrigada. Les aseguro que calor hace, pues el termómetro soy yo. Hay gente que dice que si yo me pongo manga corta es que hace calor, y no recordaba haberme puesto tanta ropa veraniega durante tantos días seguidos. Sorprendentemente  estos días he visto a gente con cazadoras, chaquetas de lana, botas. Por otra parte ésos son los mismos que cuando tenemos 18°C van en camiseta de tirantes, pantalones cortos y sandalias. 

De todas formas creo que la gente simplemente no posee un armario de verano. Observo también que muchos no sabe vestirse para el calor y creo que es por la falta de costumbre. Pienso que están acostumbrados a ir tapados con ropa y en realidad, como a la mayoría no le gusta el calor, esperan deseosos a que pase. Pero así, claro, se asfixian y se quejan de lo desagradable que es. Aquí es costumbre además, realizar muchas actividades en las horas centrales del día, que es cuando más calor hace, entre las 3 y las 6. Se sientan al sol, y obviamente así no te gusta el calor.

Yo vengo diciendo estos días que voy a iniciar una recogida de firmas para que tengamos calor hasta por lo menos noviembre. Aquí se organiza el referéndum que haga falta, así que yo propongo ése. 

En cualquier caso, para los jardincitos de marras y los sufridores del calor, acaba de empezar a llover. Ya me parecía a mí. Pero yo 7 años no espero de nuevo.


lunes, 5 de agosto de 2013

La lista (y yo la tonta)

Qué triste. Esta tarde iba en coche cuando de repente, como hago a menudo, me escribí una entrada para este blog en mente, y estaba segura de teclearla luego por la noche. Pues ahoraresulta que no consigo acordarme de lo que iba a escribir. Nada. Se evaporó el post sin haberlo escrito. 

Y es que ha empezado el curso, y hoy hemos acudido a la bienvenida de los nuevos alumnos de quinto en el instituto, entre los que se encuentra mi hija pequeña. A la emoción de un día así se le suma la organización de lo de antes, durante y después, todo más complicado aún si eres una familia desestructurada, o mejor llamémosla "moderna". Una vez superado el día, que no es poco, hemos repasado esta noche juntas la lista del material que necesita para el curso. Es todo un ejercicio mental comprender qué cuardernos necesita, que si con líneas, cuadriculados, con y sin margen, o margen en blanco aunque sea con líneas el cuaderno, y luego aquí los cuadernos se forran para que los profesores tengan los montoncitos colocados según colores. Y cada asignatura es de un color. Ciencias naturales es verde, como no podía ser de otra manera, pero lengua azul, matemáticas naranja, inglés es rojo... 

Pero lo mejor es lo de los lapiceros. Le piden tres durezas de mina diferentes: que si HB, 2B y qué sé yo; bueno, éste último es 4b, acabo de mirar. Hasta los "qué sé yo" tienen nombre. Sé que existen estas diferencias de minas de lápiz, pero hasta ahora no ha sido trascendental en mi vida entender las diferencias. Por eso, ante la mirada de incomprensión de mi hija mayor por no entender de lápices, le he dicho que cuando yo iba al cole, llevábamos un lápiz, un boli, uno rojo también (ahora recuerdo el "cuatrocolores", todo un lujo), un cuaderno y ya. 

Y leyendo la lista y marcando lo que tenemos que comprar y lo que no, se me han ido las ideas. No consigo recordar qué post iba a escribir, pero aseguro que la idea me parecía muy interesante. Eso ahora es fácil decirlo, lo sé, pero es que lo tenía escrito en mente y lo he visto tan claro que no pensé que se me fuera a escapar sin haberlo escrito. Y ahora, como no publique esto, el sueño me va a quitar lo que me queda de este post. Bienaventurados los que están en la playa o en su pueblo en agosto, y no en un país que parece surrealista por mandar a los niños el 1 de agosto al cole. Esos no van a soñar con una maraña de cuadernos lineados o cuadriculados, con o sin margen, forrados de tal color, o lapiceros HB, 2B, etc. Buenas noches. 

viernes, 2 de agosto de 2013

Los puentes de una tarde/noche de verano

Son las tantas de la noche, pero la noche veraniega que tenemos merece una reseña. No recuerdo cuándo fue la última vez que me senté fuera en Hamburgo por la noche sin chaqueta. La ciudad con buen tiempo se transforma y adquiere toques mediterráneos: las plazas y calles están repletas, y las terracitas de verano se han apoderado de las aceras. 

Hoy, que he ido por la tarde al centro, al ver a las multitudes ocupando todo, me ha parecido que llevo ya demasiados meses liada y que la que me estoy perdiendo es una buena. La ciudad está desbordante con esta luz de verano, el agua y el verde.

Y cené en zona de puentes, que lucían el palmito hoy como nunca. Es una zona de Hamburgo de puentes infinitos, como muestra la primera foto. Y me gustaría que el verano fuese infinito, como la cantidad de puentes que tiene esta ciudad.




miércoles, 31 de julio de 2013

No puede ser normal

En qué país en su sano juicio comienza el cole un 1 de agosto. Mientras en el telediario español sacaban a españoles de viaje tirando de maletas por estaciones o aeropuertos, o ya en la playa, mientras muchos que conozco cierran maletas para salir mañana de viaje, aquí tienen las carteras preparadas todos los niños y adolescentes de Hamburgo en edad escolar. Mañana, 1 de agosto (perdonen que repita tanto la fecha pero es que no me lo creo), comienza el cole. 

Llevo meses, ante la "inminencia" de la fecha pensando que un país que permita eso tiene que ser muy raro. Por suerte no se da todos los veranos, pues la fecha va cambiando, pero este año nos toca a nosotros la primera fecha posible, el 1 de agosto. Qué listos son los bávaros que se salieron hace años de ese plan de vacaciones "movidizas" y se van religiosamente a principios de agosto y vuelven bien entrado septiembre.  Los que rotamos somos los demás. 

Los críos no están preparados mentalmente para volver ahora, cuando por fin además hace verano de verdad y anuncian 30° C para los próximos días. Qué ocurrencias tienen aquí, de verdad. Hoy he estado estudiando los planes vacacionales hasta el 2017, que están todos en internet, y el año que viene mejora, y regresamos al cole para el 20 de agosto. Eso ya es otra cosa, y hasta el 2017 son fechas más civilizadas también.

Pero este año toca el 1 de agosto. De eso me acordaré toda mi vida. Estos días voy de mártir aquí y digo que para una española el 1 de agosto suena a vacaciones y no a colegio. No parecen impresionarse. En Alemania estas cosas están tan asumidas, como no llamar a casa de nadie a partir de las 8 de la tarde, o no hablar en alto en la escalera, o no poner la lavadora a partir de esa hora si vives en una comunidad de vecinos. 

En fin, acataremos el decreto y volveremos al cole, un 1 de agosto. Disfruten del mes vacacional por excelencia, aunque no pongan el "cerrado por vacaciones", pero al menos saben que pueden.

martes, 30 de julio de 2013

Recalculando

Ya hasta ni me doy cuenta de que he vuelto. Mi mundo es tan fusión que me da igual si estoy aquí o allí o viceversa, pues todo depende de la perspectiva. Regresé ayer en un vuelo raro, pues me adelantaron la vuelta sin yo esperármelo. Reservé en enero el vuelo de las cinco y media de la tarde y el día de antes, cuando me mandan el correo para hacer el embarque online, veo que me han puesto en el vuelo de las doce del mediodía. Pero también me doy cuenta de que me meten a clase "importante", pues volaba en una línea que ya no te da ni agua si no la pagas. Nos pusieron en ambos vuelos en las filas donde te dan de comer y beber y te tratan como alguien importante. Normalmente soy yo la que mira detrás de esa línea que dice "hasta aquí damos de comer", y esta vez nosotras cerrábamos esa fila. 

Eso no quitó que luego tuviésemos dos horas de retraso en la escala. El piloto nos explicó después que era debido a tormentas en Mánchester. Sigo sin entender por qué, si vuelo de Madrid a Hamburgo con escala en Bruselas, me afecta que caigan chuzos de punta en Mánchester. Pero en el mundo de hoy afecta. Seguro que ni el piloto sabía hasta ese mismo día u horas antes adónde iba a volar. Por eso digo que da igual estar aquí o allí. Mánchester, o la ciudad que sea, te la juega. O la línea aérea cambiándote el horario porque sí. O la lluvia cuando en tu primer día tras las vacaciones te vas a coger fresas al campo. El año pasado nos gustó tanto la experiencia que queríamos repetir y como la temporada de fresas está terminando o lo hacíamos ya o este año se nos pasaba. Lucía el sol, pero ha sido ir acercándonos al campo de fresas cuando han empezado a caer gotas. Como estamos curadas de lluvia, hemos cogido fresas tal cual, empapándonos, y hasta nos hemos reído de una familia toda tatuada que ha parado de recogerlas y se han puesto bajo unos árboles a la espera de que parase la intensa lluvia, mientras que nosotras no nos hemos dejado impresionar por un buen chaparrón. 

El chico que nos ha pesado los dos kilos y medio que hemos cogido, y eso que nos advirtió de que no quedaban ya apenas, nos preguntó que cómo se nos había ocurrido coger fresas con ese tiempo, pues en las últimas semanas había hecho bueno. Y le explicamos que volvimos ayer de España y que era vital para nosotras hacerlo hoy.

Como comernos la salchicha al curry correspondiente. Cuando regreso, para reubicarme, me como siempre una. Es como cuando llego a España que tengo que desayunar el primer día churros. Es una manera de poner orden en el caos espacial que siempre me organizo, una y otra vez, como si no aprendiese. Y un lápsus del túnel del tiempo fue que ayer me vendieron en Barajas el número de mi revista favorita alemana que no ha salido todavía aquí (o allí). Me di cuenta tras haberla leido, aunque si la compré allí fue para no perderme el número que me faltaba antes de que salga este miércoles el nuevo. La leo, y no es hasta el final cuando me doy cuenta que era la que todavía no se ha publicado en Alemania y que sale mañana. Así que los alemanes en España leen la revista antes de que sea real para Alemania. Por eso, al llegar al aeropuerto de Hamburgo me compré el número anterior, que en Alemania todavía está vigente, para reubicarme yo. Si se han perdido con todo esto les digo que yo no, que aquí estoy de vuelta y que como dije al principio me da igual que aquí sea aquí. 


viernes, 26 de julio de 2013

Queda paraíso







Afortunados son los que viven cerca de la playa. Cada vez me gusta más el mar. Durante años se me olvidó e incluso prescindí muchos de acercarme unos días a la playa, por unas circunstancias u otras. Pero ya no puedo prescindir, y me parece algo mágico el poder del mar, que atrae a millones de turistas año tras año. 

Confirmo que los turistas alemanes han descubierto las playas de Cádiz. O mejor dicho los paquetes turísticos de vuelo y hotel se las han descubierto. También en Cádiz capital había el otro día montones de extranjeros. Así que expanden su margen de acción. El domingo me produjo tristeza ver un hotel a pie de playa en el que la entrada rezaba "Willkommen", y todo estaba puesto en alemán. Hasta el chiringuito en la playa "correspondiente" al hotel era para "Vacaciones entre amigos", solo que lo ponía en alemán en la banderita. Así que la idea es ésa, que se queden entre ellos.

Ellos se lo pierden. Garantizo que me desgañito todo el año para que muchos alemanes no se metan en esos guetos turísticos y nos comprendan mejor. Muchos se esfuerzan y mucho, y el resto va a esos clubes vacacionales de "yo con los míos".

Así que que se prepare Cádiz. Se correrá la voz y vendrán más y más. Yo me voy ya, pero desde luego volveré. Me han encantado las playas que he visto. No están edificadas, como se conocen en la mayor parte del litoral español y la sensación de paraíso sigue existiendo. Conservemos entre todos esa sensación, eso si nuestros gobiernos no siguen permitiendo que nos destrocen lo poquito de costa decente que nos queda.

lunes, 22 de julio de 2013

De secreto nada

Mis recuerdos de Cádiz nunca han sido muy buenos. La ciudad no tiene la culpa pero sí un campamento al que fui con 8 años. Lloré y lloré tanto porque me quería ir a casa que tuvieron que venir a buscarme mi madre y mi tío en una odisea de viaje, tan largo para la época, en un Seat 124 del momento. Es el típico episodio negro de la infancia que todos tenemos ocultos en el pasado y del que durante años no queremos hablar, sea de la índole que sea. Así que las dos semanas en las colonias a las que fui con mi prima, se redujeron a 3 ó 4 días. Sí que siempre he recordado la imagen de la ciudad, con su catedral y aspecto tan particular y tan diferente. 

Volví años después y me fascinó. Me encantan esas ciudades decadentes, en las que se aprecia la pátina de siglos. Ésa vez recorrí la costa este de la provincia: Gibraltar, Tarifa, hasta Cádiz capital. Y ahora mismo escribo desde Chiclana. Esta vez se trata de vacaciones playeras, y tras solo dos días estoy fascinada por las playas tan bonitas que tiene la provincia, nada que ver con esas playas tan edificadas que cada vez me gustan menos. El acento de la gente es muy simpático. Mi sobrino dice que aquí hablan con el "idioma de Cádiz". A mí me suena tan encantadoramente distinto, con ese gracejo que produce el ceceo, que me gusta oírles hablar. No me extraña que los carnavales tan parlanchines que tienen les salgan tan bien.

Pensé que la zona estaba sobre todo en manos del turismo español, pero he visto demasiados turistas extranjeros e incluso varios hoteles solo para alemanes, que tengo que cambiar lo que pensaba. No sé si es bueno o es malo. Ahora mismo hacen más falta que nunca los ingresos por el turismo, pero por otra parte parece que se ha corrido la voz en Europa de que eso es un paraíso playero. 

Las playas son tan grandes, que cabemos todos, como en las casas de mis padres, así que volveremos, unos y otros.