martes, 17 de julio de 2012

Menudo puente suspensivo

Ayer pasé por este puente, y hoy de nuevo. Es el Luiz I, en Oporto, Portugal. Es una de las pocas posibilidades, todas puentes, de cruzar el Duero, y ya puestos, por qué no hacerlo por todo lo alto, en el sentido literal de la palabra, aunque el puente, como es un lujazo, tiene dos plantas, una para coches, la de abajo, y otra para el metro, la de arriba. Por ambas pueden caminar los peatones, y en la de arriba, la altura es de vértigo: más de 40 metros. Lo construyó un discípulo de Gustave Eiffel, y a mí me recordó de inmediato a la Torre Eiffel, como si la hubiesen tumbado. Aquí va un puente suspensivo donde los haya.
[A lo mejor un día se dirá que yo acuñé el término que me inventé, usando un juego de palabras, o si no al tiempo.]


No me la descoloquen

Llevo una racha de volver a ver sitios en los que no he vuelto a estar lo menos desde hace 15 ó 20 años, y hoy, en Salamanca, me ha pasado algo curioso: me daba la sensación de que habían descolocado la ciudad. Me explico: el puente romano lo habían corrido, la Casa de las Conchas también, la Catedral, todo. Suelo tener muy buena memoria y reubicarme muy bien en lugares en los que estuve. Pero no en Salamanca. Nada estaba en su sitio, vaya plan. Han debido llamar a los romanos para que muevan el puente, que sin embargo encontré y aquí queda constancia de ello. Pero qué ciudad Salamanca, aunque haya jugado hoy a confundirme. Prueba irrefutable de que a sitios tan bonitos hay que volver antes. Y a puentes tan bien colocados desde hace siglos.

sábado, 14 de julio de 2012

Casi todo sigue igual


Lo bueno del pueblo de Extremadura al que vengo cada año es que todo parece siempre igual. Lo malo es que este año no hay más que poner las noticias para que se te caiga el alma a los pies de cómo está España. Luego te mueves por aquí y todo parece igual, hasta los forasteros, que somos cada vez más conocidos. Ayer pasé delante de un grupito que yo no conocía, y dijeron a mi paso: "Ésta es la hija de la Eugenia". Qué control. Yo no sabía quiénes eran. Admito también que me gusta mucho mi ramalazo antipático alemán con el que trato de escaquearme de conversaciones, besos y achuchones de gente que en teoría debo conocer. El otro día alguien me dijo "ah, tú eres la que vive p'ahí p'alante". "Sí, más o menos", respondí. Pero es que es lógico: para mucha gente que no ha salido de este pueblito, todo lo que es "p'ahí p'alante" es el extranjero.

La piscina sigue siendo de lujo. Al que se le ocurrió plantar esta joya en este pueblo habría que darle el Premio Nobel, por lo menos. El de la Paz seguro, por haber logrado paz en este pueblo y que muchos se vean en bañador que antes, y desde generaciones, ni se dirigían la palabra. Y la piscina es al pueblo como el chiringuito a la piscina, otra joya. Hay muchos que no se meten en el agua, pero al chiringuito sí que bajan, sigue habiendo clases. Y la piscina trasmite paz, con las vistas que hay. El año pasado hice la prueba: subí una foto de la misma a facebook, sin comentarios, y varios me preguntaron que dónde es. Sigo omitiendo el lugar, para que no se llene de turismo mundial, pues solo con los extremeños del pueblo y alrededores se llena. Y ha logrado que hasta yo, urbanita impertinente, venga por aquí. Pero hay cambios: este año los críos no se pueden tirar de cabeza. El socorrista me vino ayer amablemente a decirme que por la mañana hacía la vista gorda porque estaba vacía, pero por las tardes, cuando se llena, que no se pueden tirar, y eso hubo que explicárselo a mis hijas y sobrinos. Y luego la "tragedia" que me anunció mi hija pequeña por teléfono, que se vino al pueblo un día antes que yo: "Mamá, algo muy triste: este año no hay fantasmikos". ¿Que qué es eso?: son unos politos que mi hija se come con deleite cada verano. No sé si es la crisis pero han puesto unos helados este año de marca tan desconocida que yo no me he atrevido a catarlos. Entiéndame: vivo en un país heladero por excelencia, pues en Alemania los helados son el pan nuestro de cada día, y no pueden usarse en ellos nada artificial, y yo no me fío nada. Así que sigo siendo de "p'ahí".

Algo que sigue sin cambiar. Internet sigue yendo fatal, y ya van tres veranos. El anterior mejoró respecto al de antes, pero éste no ha mejorado. Por eso me quedo sin subir un puente que se ve desde la piscina, pero lo haré en cuando tenga más velocidad y no se me quede colgado el portátil al tratar de subirla.

miércoles, 11 de julio de 2012

Entre viajes

Ay la vagancia, que se ha apoderado de mí. Me encuentro en una fase de reposo de ideas. Ahí siguen, no es eso, pero mi mente está de vacaciones. Lo de desconectar está siendo verdad esta vez, y algo muy positivo es que hacía tiempo que no me daba más igual no tener internet. Durante un tiempo, al leer sobre adicciones a internet y las nuevas tecnologías, me planteé si yo estaba demasiado enganchada, y claro que lo estoy, no lo niego, pero también digo que puedo estar días sin conectarme, así que no es nada grave mi caso. Esta vez quizá hasta lo he necesitado, y tampoco sé por qué. Pero como he oído de varios que echan de menos mis historias, en forma de correo o post, me siento halagada y hago una aparición breve en este verano tan pendón que estoy teniendo. Ahora mismo estoy entre viajes dentro de las vacaciones, en Madrid, antes de salir para Extremadura. Y tras haber vuelto de la playa y de Zaragoza.

Mis relatos veraniegos se quedaron en la provincia de Tarragona. A continuación fui a Zaragoza capital, que no conocía. A todo esto hay que decir que una de mis grandes amigas de Hamburgo es de allí, y llevábamos años queriendo cuadrar un encuentro así. Por fin salió, y es genial cuando alguien te enseña su ciudad, te explica y te lleva a los sitios y no necesitas ni mapa. De Zaragoza me quedo sobre todo con la impresión de lo llena que está la ciudad de gente. No es que me piense que haya gente solo en otras ciudades más grandes, pero verdaderamente me sorprendió lo llenísimas que estaban las calles. Vimos además cantidad de bodas que demuestra que la gente se sigue casando, por mucho que digan, y las comitivas parecían todas iguales, de gente emperifolladísima, que parecían todos clones, los unos de los otros.

Que Zaragoza además del Pilar tiene un palacio árabe lo sabía. Pero lo que desconocía plenamente es que por allí pasaron también los romanos. No hay nada mejor que viajar para llenar lagunas. Además de un estupendo puente romano (córcholis, se me olvidó fotografiarlo), tienen parte de la muralla, y un teatro impresionante. Así que además del ambientazo, la ciudad tiene mucha historia, y muchas piedras, que me encantan, como saben. Y como antes de llegar a Zaragoza vi en la autovía un cartel hacia Belchite, me vinieron a la mente imágenes que todos hemos visto en televisión alguna vez: la del pueblo zaragozano destruido en la Guerra Civil y que quedó así, como monumento. Así que antes de regresar a Madrid, hubo que visitarlo, y es tan sorprendente como lo imaginé. Si alguna vez pasan por allí, no se lo pierdan.

Y como una, a pesar de tener 43 años, en ciertos momentos no tiene autoridad ninguna, concluyo aquí por hoy, pues mi madre me ha regañado diciendo que no son horas de estar escribiendo, que me acueste, patatín y patatán. Eso también son parte de las vacaciones: que las cosas no cambien en muchos casos, pues otros, aunque no queramos nosotros lo hacen. Hasta otro ratito.

viernes, 6 de julio de 2012

Piedras, arrozales y mosquitos




No me quiero ir de la provincia de Tarragona sin plasmar unas imágenes.


Así me hubiese a mí gustado ver la ciudad de Tarragona, pero la maqueta de a Diputación de la ciudad, la muestra en su esplendor de entonces, de cuando se llamaba Tarraco. Aún así, y con los pecados urbanísticos de todas las ciudades españolas, sorprende por conservar bajo sus edificaciones actuales la época dorada del Imperio Romano, que se ve en ruinas y piedras por todas partes. Deben hacer un agujero y encontrar historia. Tras Mérida, es la ciudad española con más restos romanos.

Esto ya estaba cuando llegaron los romanos, aunque más salvaje aún, sin urbanizaciones a pie de playa, y sin tanta mano del hombre sobre la costa y el paisaje. Sin embargo, sigue habiendo playas bastante tranquilas en la zona sur de la provincia, sin edificaciones monstruosas, teniendo en cuenta lo que hay por ahí, mismamente en la provincia de Tarragona si pensamos en Salou o sitios así.

En la Rambla Nova encontramos esta torre humana.
 Estos Castellers se quedaron literalmente de piedra, y ahí siguen.

Lo más espectacular, el Anfiteatro. Mejor sitio no pudieron elegir, al lado del mar, y es que los romanos sabían lo que se hacían, al menos construyendo, y no al echar gente a los leones, o con las luchas de gladiadores o espectáculos así en este recinto.

El Circo Romano, donde se realizaban las carreras de caballos.
Ahora está en plena barriada, a la puerta de casa de cualquiera.
 Se descubrió hace una década, y siguen sacando piedras.
Debe haber unas cuantas más, a juzgar por las obras.

La desembocadura del Ebro. Impresionante paraje natural, lleno de aves de muchas especies. Triste oír en el recorrido en barco que el caudal del Ebro ha bajado considerablemente por obra y gracia del hombre, que se sirve de él a su paso.

El Delta del Ebro ofrece un paisaje plano, lleno de arrozales. Es la huerta de arroz de Cataluña. Me recordó a Holanda, eso sí: habría que quitar los arrozales, poner unas vacas y nubes de algodón de todas las tonalidades entre blanco y gris. Así que casi casi...

Finalmente una imagen del puerto de pescadores de L'Ametlla de Mar, al parecer uno de los principales del litoral catalán.

Me faltaría una foto del Centro de Salud de L'Ametlla, al que he acudido un par de veces estos días, y en el que me van a echar de menos. Esto es la prueba de que las vacaciones en realidad son como tu vida diaria, y los niños se te ponen malos igual que cuando estás en tu casa o van al cole, y tú misma igual. Y todavía he de hacer alguna foto del "mosquito tarraconensis", una especie asesina que me ha acribillado piernas y pies. Acecha por todas partes y a mí me han dejado un montón de señales y recuerdos de estas tierras. Pero esos se pasarán, y no mis impresiones. Y a mí no me espantan tan fácilmente unos mosquitos, aunque sean más que la población humana. Volveré, eso está claro, pero jamás a un cámping, por cierto.

jueves, 5 de julio de 2012

Tarragona existe

Nunca había estado de vacaciones en la provincia de Tarragona, en la Costa Dorada, y la verdad es que estoy encantada. Al comentar que venía para acá, muchos me decían que no habían estado nunca. Creo que la provincia de Tarragona no es de los destinos que antes se le ocurren a uno a la hora de elegir playa. Para los de Madrid nos quedan más cerca las playas de Levante, y éstas entran ya en el ámbito de viaje "largo". El caso es que no es para tanto, y una vez superada la pereza mental que me dan los viajes de coche más largos de cuatro horas, aquí nos plantamos el sábado pasado.

De paso quedaron a lo lejos Benicassim, Oropesa, y otros lugares con sus torres de apartamentos, que a mí me espantan bastante. Por eso, al llegar a L'Ametlla de Mar, me alegré de que este sitio sea tan desconocido (yo no había oído el nombre jamás) que por eso las masas se van a otra parte. Lo que le falta a la zona son playas gigantes y de ahí su encanto. Son calas y playas pequeñas, muy cuidadas, entre barrancos y pinos, pero con duchas, buena accesibilidad, aparcamientos. Vale, supongo que en agosto esto estará más lleno, pero tampoco tienen la infraestructura de interminables bloques de apartamentos, así que no será para tanto. Hay mucha gente del lugar, pues lo que más se oye es el catalán, y de los idiomas guiris se lleva la palma el francés. También hay belgas, holandeses, y algún que otro alemán, diría que los que menos.

La gente es muy amable. Me encanta oír catalán. Me hubiese gustado ser bilingüe desde que nací, pues que te regalen dos idiomas al nacer, en vez de uno, es todo un regalo para toda tu vida. Las cuatro veces que he estado en Cataluña me he encontrado la mar de a gusto. Pueden estar orgullosos de lo que tienen los catalanes, pienso. En estas vacaciones me están entrando ganas de aprender catalán, que sumaré a la lista de los múltiples idiomas que me gustaría aprender(les ahorro mi lista) . Tengo un gran amigo, mi compañero de pupitre en el instituto, que se sacó el título de catalán de la Escuela Oficial de Idiomas, y al que le dedico el post de hoy. Me gustaría saber cuántos castellanohablantes realizan esa proeza, puesa todos nos parece mucho más atrayente aprender inglés o alemán. Pero pienso que es un gesto sin igual de acercamiento y quizá se podría ofrecer como optativa en los colegios clases de las otras lenguas de nuestro país. Hoy más que nunca nos estamos dando cuenta de cómo el euro, que parecía hacernos europeos a todos, al venirse abajo está logrando un mayor distanciamiento entre los países europeos. Siento pavor cuando oigo hablar con odio hacia los alemanes, como si ellos fuesen los culpables de la situación actual española. De la misma manera se me ponen los pelos como escarpias cuando los alemanes se creen que ellos son los únicos que trabajan en toda Europa y el resto estuviese todo el día durmiendo la siesta o tomando tapas. 

Más que nunca debemos tener la mente abierta a todo lo desconocido, y no creernos que todos han de hablar nuestra lengua o sentir como nosotros. Mi hija me dijo al volver de la playa que había aprendido la palabra "culo" en catalán, culet, me dijo. Todo saber es importante. Así que me despido con un bona tarda para todos. En  L'Ametlla de Mar amenaza tormenta. Esta mañana caían gotitas pero eso no amedrenta a una española-hamburguesa, pues ya pilláramos este "mal tiempo" en Alemania en verano. Aún así pudimos ir a la playa, y el mar, que estaba embravecido al llegar, se fue calmando, según salió el sol y dio paso a un día normal de playa. Cómo me gusta el "mal" tiempo aquí. Pero ya me voy por otros derroteros, así que lo dicho, bona tarda d'estiu.

lunes, 2 de julio de 2012

Qué grandes

Anoche la selección española de fútbol se declaró tricampeona, y logró algo muy grande, no solo ya por los títulos acumulados, sino por su juego. El partido de anoche deleitó al mundo, mostrando que es posible ganar jugando bien, sin boicotear partidos a base de patadas o juego sucio, y que no solo se gana por suerte, o por aguantar los minutos reglamentarios tras un gol de suerte. Me hubiese gustado oír a los comentaristas alemanes, anoche sí y no las otras veces. Tras aguantar los comentarios de la televisión alemana sobre todos los equipos y partidos durante la Eurocopa, a comentaristas que parecían comentar el último modelo de un Mercedes o un BMW, analizando el engranaje de su propia maquinaria convencidos de que han dado con la clave perfecta para ganar, y cogiendo con pinzas los productos extranjeros, comentándolos con un "sí, tienen sus virtudes,... pero", "sí, ahí lo han hecho bien, pero no olvidemos...". Yo me puse malísima con la retransmisión de los partidos, pero sobre todo cuando jugaba España. Se notaban las ganas de revancha por la última Eurocopa en la selección alemana, y los medios alimentaron demasiado la creencia de que Alemania iba a ganar, dando la sensación de que los alemanes salen al campo a ganar, y los otros a pasar el rato o porque pasaban por allí por un toque de gracia de la fortuna. Y eso perdió a Alemania frente a Italia. Salieron al campo como ganadores antes de jugar el partido, y se olvidaron de que había que jugarlo, y de que Italia, aunque no sean un perfecto producto de ingenieria, juegan con su juego particular y en esta Eurocopa prometían desde el comienzo. Pero como vimos ayer, si se topan con el buen juego, pierden igual que los alemanes ante ellos. Así que la última semana oí con ganas los comentarios de los partidos en España, que hasta hacían gracia y que ante todo transmitían buen rollito, y no como los alemanes. Imagínense lo que comento arriba, más luego un análisis de un partido hecho por Oliver Kahn. Yo apagué la televisión en más de un caso.

Así que anoche me planté la camiseta de la selección para verlo, lo que jamás había hecho antes, y me lo pasé pipa viendo el partido, como pocas veces he hecho, pues otras veces ver fútbol para mí significa leer el periódico a la vez, o escribir en este blog. Pero ayer, al verlo además en España, y sin los comentaristas tan petardos alemanes, fue muy fácil concentrarse. Jugaron maravillosamente bien, y yo pensaba en lo que dirían los alemanes, que tendrían que reconocer por fin, que no están a la altura, por mucho que se lo crean. Que conste que yo, que no he logrado entender qué significa jugar como "un falso nueve" (y tampoco me interesa mucho, como lo del fuera de juego que aunque me lo han explicado varios hombres, sigo sin entenderlo), no soy la más adecuada para analizar el juego. Pero como para muchos otros que vimos el partido no se trata de entenderlo todo y analizarlo, sino de disfrutar, y en ese sentido los jugadores demostraron anoche lo grandes que son.

Lo que no entiendo es la fiesta interminable, pues para mí el partido terminó anoche, y con que dieran la llegada y algún evento especial, sería suficiente. He llegado a la conclusión de que a Pepe Reina se lo llevan a todos los campeonatos para la fiesta, pues yo no le he visto nunca entre los palos de la portería. Y de que por mucho que la gente pareciese en éxtasis en las calles, esta vez el efecto catatónico no será el mismo de las otras veces. Por mucho que digan, la alegría que han dado al país se da en un momento de amargura enorme, de parálisis, de estar estrellados contra una gran pared de ladrillo. Y por eso hasta creo que el baño de multitudes ha dejado más indiferente que las otras veces.

Cuando vuelva a Alemania tras las vacaciones volveré como triunfadora. No se pueden imaginar lo que una representa al vivir en el extranjero, para bien y para mal, y si bien en los últimos dos años me he imaginado lo duro que sería ser griego en Alemania, de la misma manera cada vez que pronunciaban la palabra rescate refiriéndose a Alemania yo me achicaba algo. Oiré comentarios sobre la victoria futbolística, y como otras veces, la gente me dirá que se merecieron ganar, por mucho que durante toda la Eurocopa los profesionales quisiesen convencer de lo contrario.