No me he ido a ninguna parte, y aquí sigo. Es que no he encontrado los momentos de paz necesarios para escribir. Es que no he parado. Es que había siempre algo más importante que hacer. Es que Shakira se interpuso entre el blog y yo (ya contaré esto esta semana). Es que la migraña mensual vuelve a jorobar. Es que se han ido los duendes de mi casa, no los de la inspiración, que esos, todo lo contrario, van a explotar un día, sino los duendes laboriosos. Es que hemos vuelto al cole, no sé ya por qué vez vamos este curso. Es que estamos en mayo, y sigue haciendo frío, y no entro en calor, y ya no puedo ver más las botas, y eso que son mi calzado favorito. Es que Sarkozy me ponía de los nervios, cada vez que ponía a España como ejemplo de a lo que llegará Francia de ganar Hollande. Es que el St. Pauli no ha subido a primera ni el Hamburgo ha bajado a segunda.
Excusas. Por eso me encanta el "Es que..." y así lo explico en las clases de español: que por supuesto que lo que justifiquemos con "Es ques" son todas muy buenas razones y excusas, pero que nos estamos justificando, y si la razón es buena del todo, no necesitamos un "es que". En ese caso dices que no lo has hecho por esto, por esto y por lo otro, y ya está. Pero el "es que" es como decir "ni yo me lo creo del todo como excusa". Es como cuando en alemán dices eigentlich, 'en realidad': Eigentlich ist er nett = 'En realidad es majo'. Si es majo de verdad no dices ese "en realidad", con el que tratas de autoconvencerte de lo contrario.
Es que aunque nunca se me olvida el post que tengo en mente, sí que a veces me puede todo lo demás, hasta yo misma. Es que a veces estoy tan espesa, que miedo me da lo que pueda salir por este teclado. Es que hay días en los que no necesitaría un blog, sino cuatro, para ventilar motores. Es que a veces me tienta ponerme demasiado seria. Es que los que escribimos por placer, tenemos nuestros momentos de desmotivación pues nos parece que lo que hacemos no sirve para nada. Es que a lo mejor nos cansamos de reírnos de todo, porque aunque lo sigamos haciendo, la risa se torna en amargura. Es que por mucho blog que sea, no deja de ser una actividad paralela a mil otras. Es que jamas se dejan de tener sueños. Es que... no hay "es ques", porque escribir, y cada vez me doy más cuenta, es lo que más me gusta hacer, aunque a veces no tenga el tiempo que necesito para ello. Es que hay que sacar el tiempo de donde sea. Jamás estuve tan cerca de tanta gente como desde que escribo, y eso si que no tiene ni "es ques" ni precio. Gracias por la paciencia de todos los que entran en mi blog una y otra vez cuando hay pausas, buscando algo nuevo. Me alientan en todo momento, y es cuando me doy cuenta de que, tal y como cuento en clase, los "es ques" son excusas muy pobres.
martes, 8 de mayo de 2012
viernes, 4 de mayo de 2012
Educando árboles
Aquí los árboles van a la escuela. Llevo observándolo durante años. Y hay escuelas de árboles en muchas partes, con su cartelito y todo, Baumschulen, esos viveros al natural donde los plantan y los hacen crecer hasta venderlos, pero que aquí tienen ese nombre tan instructivo y que me gusta tanto, con esa gracia que tiene a veces el alemán para formar compuestos: Baum = árbol, Schule = escuela, tal cual. Se ven muchísimas escuelas de arboles en los alrededores de Hamburgo, norte y sur.
No se da con frecuencia que yo pase por la más conocida de ellas, la Baumschule Lorenz von Ehren, en Mamstorf, pero cuando paso, tengo que parar, pues me encanta el lugar. Establecida en 1865, la fecha está colocada con orgullo en el logo de esta empresa familiar que vende desde arbustos hasta árboles de 15 metros a todo el mundo, desde este lugar al sur de Hamburgo, ya en el estado de Baja Sajonia. Clientes son hoteles famosos, el Reichtstag en Berlín, o Euro Disney en París. Ya en 1912 vendían arbolitos a casas reales europeas, y los enviaban a Inglaterra, Dinamarca o San Petersburgo, al mismo zar, algo fácil de hacer por el puerto de Hamburgo. Leí en una ocasión que la logística hace posible que hoy día de lo que venden, un 40% sea para exportar, ya que es posible transportar de manera no agresiva árboles que pesan unas cuantas toneladas.
Los árboles son algo muy serio y respetado en Alemania y en Hamburgo. Aquí queda el dato que anoté una vez: solo en Hamburgo hay unos 300.000. Yo jamás me había fijado, o aprendido a fijarme en ellos, hasta que llegué aquí. Habiendo crecido en Madrid, donde los árboles no tienen ningún protagonismo en la ciudad entre tanto coche, asfalto y ladrillo, ver los ejemplares gigantes que hay aquí en plena ciudad, asombra hasta al menos botánico, como yo. Y si ya los ves en la escuela, todos alineaditos, entonces ya le pones filosofía al asunto, pues impresiona mucho la imagen. La zona de Mamstorf es una escuela de árbol continua, y todos los campos presentan montones de ellos de todos tipos y tamaños, muchos de ellos gigantes, que lucirán luego en lugares públicos de las ciudades. Me pregunto qué aprenden los árboles en estas escuelas, si disciplina para no dejarse mover por el viento, o matemáticas. A mí éstas se me daban tan mal, que prefiero imaginar que aprenden literatura o arte, o geografía, para saber de los lugares en los que terminarán. De todo tienen que aprender, eso está claro, y para eso van a la escuela. Ni los árboles se libran, al menos en Alemania, aunque luego a lo mejor hagan lo que les da la gana, como los de la foto a continuación.
El otro día, en un paseo en una zona natural de Hamburgo, vi yo a estos dos ejemplares, y los fotografié a la vez que los bauticé como "árboles enamorados". Tanta escuela, para que luego la naturaleza presente rebeldes sin causa que se inclinarán hacia donde sea si encuentran al árbol con el que quieren estar, por mucho bosque que sea y por muchos árboles que haya. Caprichos de los ineducables.
No se da con frecuencia que yo pase por la más conocida de ellas, la Baumschule Lorenz von Ehren, en Mamstorf, pero cuando paso, tengo que parar, pues me encanta el lugar. Establecida en 1865, la fecha está colocada con orgullo en el logo de esta empresa familiar que vende desde arbustos hasta árboles de 15 metros a todo el mundo, desde este lugar al sur de Hamburgo, ya en el estado de Baja Sajonia. Clientes son hoteles famosos, el Reichtstag en Berlín, o Euro Disney en París. Ya en 1912 vendían arbolitos a casas reales europeas, y los enviaban a Inglaterra, Dinamarca o San Petersburgo, al mismo zar, algo fácil de hacer por el puerto de Hamburgo. Leí en una ocasión que la logística hace posible que hoy día de lo que venden, un 40% sea para exportar, ya que es posible transportar de manera no agresiva árboles que pesan unas cuantas toneladas.
Los árboles son algo muy serio y respetado en Alemania y en Hamburgo. Aquí queda el dato que anoté una vez: solo en Hamburgo hay unos 300.000. Yo jamás me había fijado, o aprendido a fijarme en ellos, hasta que llegué aquí. Habiendo crecido en Madrid, donde los árboles no tienen ningún protagonismo en la ciudad entre tanto coche, asfalto y ladrillo, ver los ejemplares gigantes que hay aquí en plena ciudad, asombra hasta al menos botánico, como yo. Y si ya los ves en la escuela, todos alineaditos, entonces ya le pones filosofía al asunto, pues impresiona mucho la imagen. La zona de Mamstorf es una escuela de árbol continua, y todos los campos presentan montones de ellos de todos tipos y tamaños, muchos de ellos gigantes, que lucirán luego en lugares públicos de las ciudades. Me pregunto qué aprenden los árboles en estas escuelas, si disciplina para no dejarse mover por el viento, o matemáticas. A mí éstas se me daban tan mal, que prefiero imaginar que aprenden literatura o arte, o geografía, para saber de los lugares en los que terminarán. De todo tienen que aprender, eso está claro, y para eso van a la escuela. Ni los árboles se libran, al menos en Alemania, aunque luego a lo mejor hagan lo que les da la gana, como los de la foto a continuación.
jueves, 3 de mayo de 2012
Una tarde muy original de vacaciones
Pero seguimos con el paseo, y pasamos por aquí:
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martes, 1 de mayo de 2012
Compartiendo experiencias de viajes
Los niños no se andan con etiquetas. Mi sobrino de casi 14 meses se ha echado a andar justo en los días en los que sus padres andan de viaje y le han dejado a cargo de un familiar. Así son las cosas: tú esperas que se eche a andar, y el chavalín decide que el momento de empezar a caminar lo elige él, pues no iba a esperar dos días hasta que vuelvan sus padres. Mi cuñada se fue toda apesadumbrada de viaje, por irse por primera vez sin su hijo, mientras que éste se lo está pasando pipa. Así de descastados son los críos pequeños. Se venden al mejor postor, al que les cuide, les dé de comer, les lleve de paseo, y les haga monerías. Así que de Venecia, yo que ellos aprovecharía y me iría a dar la vuelta al mundo, pues es el momento. El crío está contento y bien cuidado, y luego después, según siga creciendo, ya no lo podrán hacer hasta la jubilación lo menos.
El otro día contaba una alumna en clase, una señora mayor de 70 años con una energía increíble, que el viaje de su vida fue la vuelta al mundo cuando se jubiló. Contaba en clase que para cada viaje que realiza escribe un diario, y que de ése salió uno de más de doscientas páginas. Empezó con estos libritos en el año 72, y desde entonces tiene unos cuantos volúmenes. Verdaderamente uno no se acuerda al cabo de los años de lo que hizo durante un viaje con todo detalle. Sí que recuerdas si subiste a la Torre Eiffel, o te montaste en helicóptero sobre el Cañón del Colorado. O mi hermano y mi cuñada recordarán que el cabrito del niño se echó andar cuando ellos andaban por Venecia. Pero no de cada piedra que pisaron o lo que vivieron en cada momento. Yo he llegado a no recordar haber estado en algunos sitios, lugares de nombre que desconocía hasta ese momento, restaurantes que me encantaron y que ni siquiera recuerdo, alguna terracita de verano con buenas vistas. Nuestra mente selecciona lo gordo y eso lo graba y las sensaciones o vivencias menores se entremezclan y se desvanecen en una maraña de recuerdos. Y en ese sentido un diario así es algo muy interesante. Yo hice alguno hace muchos años alguna vez, pero me falló la constancia, o el que escribir a mano me resulta agotador, en comparación con lo rápido que tecleo. Hoy día es mucho más fácil tomar notas o grabar mensajes en cualquiero momento, provistos como vamos de aparatos multimedia muchos.
Y sin embargo yo llevo sin darme cuenta un par de años mandando muchos correos a gente que me pide consejos sobre ciertos lugares a los que van. Tengo correos sobre Bruselas y otras partes de Bélgica, sobre Berlín, sobre Madrid, en diferentes idiomas, que adapto según la persona que vaya. Ahí entran muchos de los lugares que me encantan de cada ciudad, dónde comer, tomarse un café con buenas vistas, y muchas cosas que no vienen en las guías y que son mis vivencias. Y muchas veces esas personas me escriben al regresar y me recomiendan lugares para que los incluya en mi lista, lo cual hago, como un bar de chupitos por dos euros en Gante, que me recomendó una prima, y al que tengo que ir. Porque viajar es mucho más que las visitas estándar a los lugares de los que todos han oído hablar. A mí me encantan que me den recomendaciones y perderme en lugares en los que no irías como turista. Y lo más divertido ha sido lo que hice la semana pasada. Un familiar holandés se encontraba con su familia en Madrid, y tras mandarle el correo correspondiente con mis consejos, como ella me iba mandando fotos y comentarios a través del WhatsApp, yo le seguí mandando más lugares donde ir, y me convertí en una guía de viajes en Madrid desde la distancia y de manera instantánea. A ella le encantaron los lugares a los que les fui mandando, y yo he tenido durante una semana mucho más trato con ella que a lo largo de todo el año.
Por eso, me encantaría que los que me siguen pusieran alguna recomendación curiosa de sus viajes, no los lugares obvios, sino algo especial. Ahora mismo pienso en las croquetas de morcilla que una amiga mía cuenta que se come siempre en Cotos, creo recordar, y que me tengo que comer alguna vez. Así que adelante: todos conocemos lugares secretos, que deberíamos compartir. Yo subiré algunos próximamente.
El otro día contaba una alumna en clase, una señora mayor de 70 años con una energía increíble, que el viaje de su vida fue la vuelta al mundo cuando se jubiló. Contaba en clase que para cada viaje que realiza escribe un diario, y que de ése salió uno de más de doscientas páginas. Empezó con estos libritos en el año 72, y desde entonces tiene unos cuantos volúmenes. Verdaderamente uno no se acuerda al cabo de los años de lo que hizo durante un viaje con todo detalle. Sí que recuerdas si subiste a la Torre Eiffel, o te montaste en helicóptero sobre el Cañón del Colorado. O mi hermano y mi cuñada recordarán que el cabrito del niño se echó andar cuando ellos andaban por Venecia. Pero no de cada piedra que pisaron o lo que vivieron en cada momento. Yo he llegado a no recordar haber estado en algunos sitios, lugares de nombre que desconocía hasta ese momento, restaurantes que me encantaron y que ni siquiera recuerdo, alguna terracita de verano con buenas vistas. Nuestra mente selecciona lo gordo y eso lo graba y las sensaciones o vivencias menores se entremezclan y se desvanecen en una maraña de recuerdos. Y en ese sentido un diario así es algo muy interesante. Yo hice alguno hace muchos años alguna vez, pero me falló la constancia, o el que escribir a mano me resulta agotador, en comparación con lo rápido que tecleo. Hoy día es mucho más fácil tomar notas o grabar mensajes en cualquiero momento, provistos como vamos de aparatos multimedia muchos.
Y sin embargo yo llevo sin darme cuenta un par de años mandando muchos correos a gente que me pide consejos sobre ciertos lugares a los que van. Tengo correos sobre Bruselas y otras partes de Bélgica, sobre Berlín, sobre Madrid, en diferentes idiomas, que adapto según la persona que vaya. Ahí entran muchos de los lugares que me encantan de cada ciudad, dónde comer, tomarse un café con buenas vistas, y muchas cosas que no vienen en las guías y que son mis vivencias. Y muchas veces esas personas me escriben al regresar y me recomiendan lugares para que los incluya en mi lista, lo cual hago, como un bar de chupitos por dos euros en Gante, que me recomendó una prima, y al que tengo que ir. Porque viajar es mucho más que las visitas estándar a los lugares de los que todos han oído hablar. A mí me encantan que me den recomendaciones y perderme en lugares en los que no irías como turista. Y lo más divertido ha sido lo que hice la semana pasada. Un familiar holandés se encontraba con su familia en Madrid, y tras mandarle el correo correspondiente con mis consejos, como ella me iba mandando fotos y comentarios a través del WhatsApp, yo le seguí mandando más lugares donde ir, y me convertí en una guía de viajes en Madrid desde la distancia y de manera instantánea. A ella le encantaron los lugares a los que les fui mandando, y yo he tenido durante una semana mucho más trato con ella que a lo largo de todo el año.
Por eso, me encantaría que los que me siguen pusieran alguna recomendación curiosa de sus viajes, no los lugares obvios, sino algo especial. Ahora mismo pienso en las croquetas de morcilla que una amiga mía cuenta que se come siempre en Cotos, creo recordar, y que me tengo que comer alguna vez. Así que adelante: todos conocemos lugares secretos, que deberíamos compartir. Yo subiré algunos próximamente.
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domingo, 29 de abril de 2012
Puente (todavía) "tranquilo"
Hoy es un día de subir un puente, tras un fin de semana del que prefiero no comentar, y del que esperaba que sería uno tranquilo. Pero la tranquilidad se termina con un tropiezo, y el puente tan bonito que acababas de ver en un momento todavía tranquilo, se queda grabado en tu móvil para luego ser recuperado, si acaso, al día siguiente, y te des cuenta de lo efímero que es todo, hasta las imágenes. Pero grabadas se quedaron, no solo en mi memoria, y las subo como las imágenes primaverales del día de ayer, esa luz preciosa con ese verde recién salido, en una ciudad que se transforma estas semanas de primavera, aunque este año las temperaturas no acaben de arrancar. Pero la vida sigue adelante, con sus sobresaltos, por mucha primavera que sea, y por mucho puente que tengamos, nunca mejor dicho, ante el festivo el martes y tener puente mañana tanta gente en Europa. Me gustaría poder descansar. A ver si es posible. Ahora lo hago, mirando estas imágenes, de un puente.
viernes, 27 de abril de 2012
El día de las chicas (y de los chicos?)
Ayer fue en Alemania lo que llaman Girls' Day, el día de las chicas. La idea es que las niñas de entre 11 años y 15 vayan a empresas o lugares de trabajo más bien típicos de hombres, profesiones menos tradicionales para ellas. La acción se inició en 2001, con un día en aquel momento solo para las chicas pero ahora se ha extendido a los chicos, y se dice que es es Boys' Day también. La cosa se puede ver de una manera u otra, como algo justo o injusto para chicos o chicas, según como se vea.
En primer lugar cabe preguntarse si en Alemania estamos tan mal en temas de igualdad para que sea necesaria una medida así y que el Ministerio de Educación considere necesario concienciar a las chicas de que su futuro está programado para ser peor que el de los chicos, si no se les conciencia de que lo llevan claro por el simple hecho de ser féminas. En segundo lugar si por "ocuparse" de las chicas los chicos se sienten discriminados y hay que ponerlos al mismo nivel, me pregunto si no se podría extender lo mismo a la vida real y profesional e igualarlas a ellas a la vida masculina. Y por último me pregunto si porque un día las chicas sean mecánicas, o mejor aún, CEO de una empresa, o altas ejecutivas, y ellos peluqueros, o educadores en guardería, o enfermeros, si los modelos van a cambiar, si a ellos les van a entusiasmar tanto esas profesiones tan reconocidas y "bien" pagadas.
Mi hija fue ayer a la empresa de su padre, y ya lo dijo clarito antes de irse. "Me encantaría ser la jefa de una empresa, y elegir yo al personal: ante la misma cualificación, cogería a una mujer". Yo le dije que entonces ellos dirían que eso es discriminación, a lo que ella me espetó: "¿No es eso lo que ellos practican desde siempre, coger a un hombre ante las mismas capacidades entre un hombre y una mujer?" Y ciertamente es así. A mí hija, a sus 11 años camino de 12, la medida le parece absurda: "Es como decirnos que por el hecho de ser mujer somos incapaces de encontrar un trabajo por nosotras mismas, cuando lo que hacen es que por ser mujer nos niegan oportunidades". Pero mejor aún ha sido cuando me ha contado que en su instituto solo se celebra el día de las chicas y no el de los chicos, y que ellos tuvieron que ir a clase, como un día normal, y que hoy les han contado a ellas que les pusieron una película, "Billy Elliot", la película inglesa del niño que quería bailar en una Inglaterra de conflictos por el cierre de las minas en los años 80, un mundo de hombres, en el que el ballet era cosa de niñas. La elección de la película me parece correcta para ellos para un día así, pero sigo pensando que de nada va a ayudar tanta reiteración de que "vosotros sois chicos y por eso esto", y "vosotras sois chicas y por eso lo otro". Estamos en el año 2012, y seguimos celebrando el "día de las chicas", como si encima tuviésemos que dar las gracias porque a nuestras hijas les vienen a decir que el mundo es de color de rosa, sobre todo si tienes 11 años y piensas que puedes hacer lo que quieras, pero aprovecha el momento, pues ya nos encargaremos nosotrOS de demostrarte lo contrario. Disfruta de tu día especial. Ya vendrán los normales el resto de tu vida, en los que tú seguirás siendo eso, una mujer, y no una profesional.
Mi hija fue ayer a la empresa de su padre, y ya lo dijo clarito antes de irse. "Me encantaría ser la jefa de una empresa, y elegir yo al personal: ante la misma cualificación, cogería a una mujer". Yo le dije que entonces ellos dirían que eso es discriminación, a lo que ella me espetó: "¿No es eso lo que ellos practican desde siempre, coger a un hombre ante las mismas capacidades entre un hombre y una mujer?" Y ciertamente es así. A mí hija, a sus 11 años camino de 12, la medida le parece absurda: "Es como decirnos que por el hecho de ser mujer somos incapaces de encontrar un trabajo por nosotras mismas, cuando lo que hacen es que por ser mujer nos niegan oportunidades". Pero mejor aún ha sido cuando me ha contado que en su instituto solo se celebra el día de las chicas y no el de los chicos, y que ellos tuvieron que ir a clase, como un día normal, y que hoy les han contado a ellas que les pusieron una película, "Billy Elliot", la película inglesa del niño que quería bailar en una Inglaterra de conflictos por el cierre de las minas en los años 80, un mundo de hombres, en el que el ballet era cosa de niñas. La elección de la película me parece correcta para ellos para un día así, pero sigo pensando que de nada va a ayudar tanta reiteración de que "vosotros sois chicos y por eso esto", y "vosotras sois chicas y por eso lo otro". Estamos en el año 2012, y seguimos celebrando el "día de las chicas", como si encima tuviésemos que dar las gracias porque a nuestras hijas les vienen a decir que el mundo es de color de rosa, sobre todo si tienes 11 años y piensas que puedes hacer lo que quieras, pero aprovecha el momento, pues ya nos encargaremos nosotrOS de demostrarte lo contrario. Disfruta de tu día especial. Ya vendrán los normales el resto de tu vida, en los que tú seguirás siendo eso, una mujer, y no una profesional.
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jueves, 26 de abril de 2012
Pasó
Por mucho que haya avanzado la medicina, hay muchas cosas mejorables, no me cabe duda. Los partos entran en esta categoría, y muchas pruebas también. Las colonoscopias, por ejemplo. Me quito el sombrero ante la capacidad de meter un tubito por el ano y mirate todo el intestino. Y sin embargo la prueba no deja de ser un trance muy desagradable, no por el momento en el que te la hacen, sino todo lo de alrededor. ¿De verdad que no hay ninguna alternativa a ese brebaje tan asqueroso? Y eso que yo me he tenido que beber "solo" 2 litros. Mis padres me recordaban todo el tiempo que en España son tres. Y luego la preparación los días de antes. En España son muchas más las prohibiciones de alimentos y bebidas que aquí, donde salvo ensaladas, verdura y fruta (plátano y manzana pelada sí), se puede comer de todo. Y luego encima no les dejan beber nada en las 8 horas antes de la prueba. Eso sí que me parece inhumano, pues yo, por mis visitas continuas al baño estaba deshidratada. Solo la hora de antes está prohibido beber en Alemania. Pero aún así, que lo mejoren, que ya no hay que conformarse con que la prueba sea posible en lo concerniente a la técnica, sino reclamo unas pastillitas o algo más cómodo de tomar. Si pienso que esto antes se hacía a pelo, yo, que me han puesto anestesia total, sigo pensando que lo mío ha sido un lujo. Y sin embargo me siento hoy como una piltrafilla. El día me ha dejado hecha polvo. En España la gente te da todo lujo de detalles de estas pruebas y aquí no. Pero volvamos a lo de siempre: de ciertas cosas aquí no se habla, cuando el que más y el que menos se ha hecho esta prueba tan desagradable. Lo mejor es que ya ha pasado y lo segundo es que he vuelto a comer, porque menuda hambre anoche; basta que no puedas comer para tener un hambre canina. Y lo tercero es que desde la anestesia, es como si hubiese entrado en estado marmota y que aunque no lo parezca, esta entrada la estoy escribiendo entre sueñecito y sueñecito. Así que concluyo un día del que me alegro enormemente que se haya pasado. Buenas noches.
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