lunes, 23 de enero de 2012

Los mil y un St. Paulis

Me encanta St. Pauli, y creo que eso está claro. Y cada vez me gusta más. Quizá sea porque cada vez que voy descubro algo nuevo en ese lugar de diversión y pecado, donde todo es posible. O porque me gusta llevar la contraria a los muchos que piensan en Hamburgo que ahí no se puede ni ir, que es un lugar muy peligroso, con gentes pecaminosas, y mundos sórdidos. Todo eso lo hay, pero los pecados los hay en todas partes, pero hay mucho más, y no ir, viviendo en Hamburgo, de vez en cuando a respirar el aire del barrio más canalla, es perderse la esencia de la ciudad que no es solo barquitos idílicos en el lago Alster y los barrios burgueses y señoriales de su alrededor.

Y el sábado noche retorné a la noche "saktpauliana", donde no había estado en muchos meses, y como necesito material nuevo para mis pesquisas, acompañada de un gran amigo mío con el que descubro St. Pauli desde hace años, le dije que quería ir a sitios nuevos, y donde jamás me adentraría sola, ya que St. Pauli es también el barrio al que se va a "pescar", por llamarlo de alguna manera, y yo no tengo necesidad de llamar la atención sola en la barra de un bar.

Por eso comenzamos con un lugar del que leí no hace tanto (yo y mis lecturas que tanta curiosidad me despiertan), y cuya entrada muestra las piernas abiertas de una mujer diciendo "entrad, adelante". Zur Ritze es un antiguo lugar de entrenamiento de boxeo, en el que entrenan boxeadores conocidos. El ring que está en el sótano, no se ve, aunque la próxima vez que vaya pienso preguntar, por mi curiosidad innata, pero sí que es un bar simpático de gente normal, muchos siguiendo un partido de balonmano a gritos, como si fuese un Barcelona-Madrid de fútbol. En las paredes imágenes del dueño del local, ya fallecido, con gente famosa del boxeo y otros (recordemos que en Hamburgo viven los hermanos Klitschko, los ucranios campeones del mundo).

Después continuamos a un sitio donde el glamour sería lo opuesto, Zum goldenen Handschuh. La imagen era algo triste al ver a algún borracho que sería habitual del lugar, y sobre todo a mucha gente sola, haciéndose compañía unos a otros. Cuando mi amigo me contó que ése fue el escenario donde un criminal elegía a prostitutas a las que luego descuartizaba, traté de verlo con naturalidad, pero me dio un buen escalofrío al pensarlo.

Despues quisimos ir a Indra, que fue el lugar donde los Beatles estuvieron tocando en Hamburgo justo antes de saltar a la fama. La entrada de 15 € solo por pisar el local lo impidió. Para los que son culo de mal asiento en una noche de copas, pagar esa cantidad para que luego no nos guste e irnos enseguida, es como para pensárselo. Otro día entraré, por curiosidad, pero con más tiempo. Seguimos luego por la calle Grosse Freiheit, la "gran libertad", que hace alusión a la libertad religiosa que imperaba en St. Pauli en épocas en las que no era lo normal, y la libertad hoy día no es religiosa sino que se palpa al pasar por los muchos clubs. Como soy buena persona, le dije a mi amigo que mirase arriba, al primer piso. En tres ventanas abiertas, había tres perfectos traseros bailando. Se alegró, pues no los había visto, dijo. Luego fuimos al lado opuesto de la calle Reeperbahn y allí fuimos a un bar de rockabilly, la música, la estética todo. Gente agradable, y buen ambiente. A continuación fuimos a lo más subversivo del barrio, la parte de los "okupas", algo más calmados hoy día, pero cuando yo llegué a Hamburgo en el año 90 la guerra en la calle en la que ocuparon edificios, la Hafenstraße, estaba en su peor apogeo y escalación, y el lugar queda como testigo de lo que fueron y siguen siendo esas calles en cuanto a su "religión". Era un antro oscurísimo, pintadísimo de rayajos, pósters y pegatinas subversivas, y público variopinto: punkies y tribus similares. Los precios eran los más civilizados de la noche: 2 € una cerveza. Justo en ese momento me salió el orgullo de tía, y saqué mi iphone para enseñarle a mi amigo fotos de mis sobrinos, y él me dijo que lo guardase, que no era el lugar... y efectivamente, no pude elegir peor lugar para sacarlo, donde podría ser considerado un aparato subversivo y capitalista.

Luego entramos en un lugar desconocido para ambos, y que por estar algo escondido prometía sensaciones nuevas. Resultó ser un lugar decorado estilo Hawaii, y donde lo más exótico eran las mujeres entradas en años que servían, toda tatuadas, pero por lo demás era de lo más normalito. Para más inri nos hicieron una foto, que han publicado hoy en la página web del local y en facebook. Uno gritó cuando le fueron a hacer la foto: "A mí no, que estoy de baja...". Como para hacer algo ilícito hoy día. Al día siguiente estás en facebook para toda la humanidad, como yo, pero yo estaba legalmente por ahí.

Y para terminar un sitio llamado Burlesque en el que se baila striptease en ese estilo de los años 20, con bailes picantes, con plumas y la estética burlesque que ha puesto de moda otra vez Dita von Teese . Los 5 € de la entrada nos permitieron ver un bailecito sin consumir nada, pues no nos entraba ya ni una gota ni de agua, y seguro que vuelvo a ese sitio, pues me hizo gracia.

Eso fue una noche de St. Pauli distinta a otras en las que siempre voy a los mismos lugares, pero la zona da para miles de visitas posibles. Los montones de masas humanas que la toman viernes y sábados no pueden equivocarse. Hay St. Pauli para todos los gustos.

domingo, 22 de enero de 2012

La norma climática de Hamburgo

Si yo no hablo del tiempo es porque todo va viento en popa. No quiere eso decir que haga buen tiempo, sino simplemente que se cumplen las expectativas. Del invierno aquí no espero nada, y una vez que me mentalizo en noviembre de que empieza lo malo, no me cambio el chip hasta abril, que es cuando espero que empiece la primavera y es ahí, de abril a octubre, cuando me afecta que siga lloviendo y no veamos el sol, o no haya verano, y es cuando me quejo. El resto está asumido.

Por eso, este mes está siendo como marcan los cánones hamburgueses. Alguien me comentó el otro día en una de mis clases, ya no recuerdo ni cuál fue, pues la semana ha sido toda igual y espantosa de lluvia, que solamente ese día estaba lloviendo en Hamburgo más que en cualquier parte de toda Europa. Yo dije que me lo creía, absolutamente, que llevo demasiada experiencia aquí sobre mis hombros, como para dudar del dato.

Y sin embargo hoy toca hablar del tiempo precisamente por eso: porque este año todo es de lo más normal, por mucho que los románticos soñadores de inviernos siberianos se piensen que lo de ahora es lo extraño, y que los dos inviernos pasados, que fueron terroríficos, fueron lo habitual. Justo hace poco lancé la pregunta en mis clases, que utilizo como barómetro sobre la opinión pública alemana, como con el tema de Wulff, el Presidente, que parece que se mantendrá, aunque la mayoría piense que debe dimitir. Les pregunté que cómo era el tiempo ese día y si se correspondía a esta época del año. Y me dijeron lo que yo esperaba: que noooooooooooooo, que eso (lluvia constante durante días) no es lo normal, y que las temperaturas eran relativamente suaves para la época. Pero había dos realistas en la clase, que opinaron que ése es el tiempo de Hamburgo en invierno, frío húmedo, pero no siberiano, nada de nieve, o poquísima, y lluvia, lluvia y lluvia. Bien, dije, es justo eso, no confundamos la realidad con lo que uno desea que ésta sea. Los dos inviernos pasados han hecho mucho mal para los que deberían vivir en los Alpes o en Suiza, y que se creen que ése es el tiempo que le corresponde a Hamburgo: nieve, sol, temperaturas a bajo cero, e idilio invernal, como para rodar Doctor Zhivago por lo menos. Los dos últimos inviernos, de los que yo escribí a menudo escandalizada, pues no era lo que yo conocía aquí de toda la vida (más de media ya) sino algo mucho peor, se acercaron algo a eso en cuanto a la cantidad de nieve, pero como siempre a la gente se le olvida que el sol brilló por su ausencia igualmente y que la nieve en ciudad no es más que un engorro que causa accidentes y que no sirve para nada. Hace dos inviernos, con las calles heladas, hielos por todas partes, hubo montones de fracturas de huesos y los hospitales estaban desbordados, hubo cantidad de accidentes, y aunque no se acuerden ahora, muchos estaban ya en marzo diciendo que ya estaba bien, que tanto no hacía falta, porque aquí lo que la gente quiere es que nieve a la carta, es decir en Nochebuena, y tengamos Navidades blancas, y que luego deje de nevar cuando se cansen de nieve. Como si a mí me hiciese caso el clima en cuanto a mi deseo de tener un verano decente siempre.

Y por eso yo, que sé que esto es lo que hay, es decir, lluvia lluvia y más lluvia, he pasado el fin de semana de diluvio universal que hemos tenido toda tranquila, pues lo tengo plenamente asumido. Incluso salí ayer, sin que la lluvia me impidiese nada, y por supuesto que digo que más asqueroso imposible, pero es lo que hay un mes de enero normal. Qué más podemos pedirle al tiempo en esta época del año, y sin embargo yo estoy feliz de que este invierno no haya caído más que agua nieve que no ha causado ningún estrago, y que todo siga su curso. Si el ciclo es de cada 20 años dos inviernos así, creo que seguiré pudiendo sobrevivir. Por eso no he hablado del tiempo en mucho tiempo, y volveré con la temática en abril, cuando mi cuerpo se prepare para la estación cálida y aquí el clima siga empeñado en seguir siendo Hamburgo, como ahora, pero en meses en los que a mí no me cabe en la cabeza. Ahora sí, porque estamos en la más absoluta normalidad.

jueves, 19 de enero de 2012

Del catálogo a internet

No me había enterado de la muerte de Werner Otto hasta hoy, cuando ha sido el entierro. Se murió en Navidad, cuando yo no estaba, pero como aquí no entierran de inmediato, hasta hoy no ha sido el sepelio. A Berlín han acudido la crema y la nata de la sociedad alemana, desde políticos a gente de la farándula, pasando por empresarios y mucha gente muy importante. En sus 102 años de vida tuvo tiempo para vivir de todo, desde perder a su madre nada más nacer, guerra, en la que fue herido, nuevos comienzos, tres mujeres, hijos con cada una de ellas; en fin, todo lo que se puede hacer en 102 años de vida y más. Después de la guerra llegó a Hamburgo con su primera mujer y sus hijos y sin nada, donde en 1949 estableció con cuatro empleados y un capital de 6.000 marcos una empresa de venta por catálogo de calzado, de la que surgió el imperio Otto-Versand, una empresa gigante con sede en Hamburgo en la que se puede comprar de todo, y que ha generado una de las mayores fortunas en Alemania. La empresa sigue siendo propiedad de la familia Otto, al igual que la empresa ECE. A mí no me decían nada ninguna, pero Otto-Versand es la empresa madre de muchas empresas similares en Europa, como el catálogo de Venca en España. Y la otra, ECE, otro imperio gigante que fundó Otto en 1965, es una empresa de administración de inmuebles grandes, como oficinas, estaciones, u otros, pero sobre todo centros comerciales por todo el mundo,  y que está situada a 10 minutos de mi casa.

Pero si escribo hoy de esto, es porque al leer la noticia he recordado lo que mucho me impresionó todo este mundo de la venta por catálogo, tan habitual en Alemania cuando yo llegué en 1990 y tan desconocido para mí. Por aquel entonces cualquier abuela alemana cogía el teléfono, llamaba por teléfono, y hacía su pedido, desde ropa a cosas de la casa, y el catálogo de Otto era más gordo que la guía telefónica. Llegué a hojearlos para aprender vocabulario en alemán, y porque me parecía curioso que fuese tan habitual aquí ese tipo de compra y en España nadie lo hiciese. Y es que en Alemania la venta por catálogo apareció en los años 50, gracias a personajes como Otto o como Beate Uhse, una mujer subversiva para la época que instaló en Flensburg una empresa de venta por catálogo de artículos eróticos o simplemente fue un importante punto de venta de preservativos en un momento en el que a las familias de bien les daba vergüenza comprarlos en una farmacia.

Hoy día comprar en internet se ha convertido en una práctica tan habitual que me pregunto si les habrán comido terreno a esas empresas. Beate Uhse vende menos que antes, leí hace tiempo, pero no Otto-Versand, donde ahora es más fácil aún a través de internet. En Alemania, las oficinas de correos siempre han tenido mucho que hacer. Cuando dejaron de escribirse tantas cartas a mano como se hacía antes de la época de internet, muchos predijeron que sobrarían, pero hoy día, solamente por los paquetes que distribuyen por todos los pedidos a través de internet, tienen bastante que hacer. Yo compro ya de todo con el clic del ratón, desde ropa a muebles, y me parece comodísimo poder elegir entre tanta variedad de cosas sin salir de casa y que me lo traigan aquí. Y lo mismo pensaba ya la gente en los años 50 que empezó a pedir zapatos en Otto-Versand, que hoy día tiene 55.000 empleados. Al oír estos días que una empresa como Kodak se va al garete por no haberse sabido adaptar a los tiempos modernos, dicen, es todo un mérito que sigan ahí, con una idea tan visionaria que predijo, sin saberlo, todo lo que vendría después.

miércoles, 18 de enero de 2012

Mujeres de película

No he mencionado ninguna de las tres películas que he visto en las últimas semanas, y lo hago ahora, sobre todo por la última que he visto, que todavía sigue en mi mente. El cine nos enseña mundos y vidas de lo más diversas, nos cuenta la historia, conocida más o menos, pero que siempre debemos recordar. Las tres películas que he visto no podrían ser más diferentes. Pero si tuviese que encontrar un denominador común, diría que en las tres hay mujeres pioneras en algo.

La primera es Sabina Spielrein, rusa de origen judío, psiquiatra y psicoanalista, que fue una de las primeras mujeres en el mundo del psicoanálisis. Sus trastornos mentales y depresivos hicieron que sus padres la enviasen a una clínica en Zúrich, donde fue paciente de Carl Gustav Jung, del que se hizo amante. Jung siguió un tiempo las teorías de Freud, pero ambos acabaron distanciados para siempre por diferencias de opiniones en la aplicabilidad las mismas. Sabina colaboró con uno y otro en el desarrollo de sus trabajos. Jung estaba casado, y ella siguió su camino especializándose en psiquiatría y siendo la primera mujer que formó parte de la Asociación Psicoanalítica de Viena. Se casó con un médico ruso, y fue asesinada en 1942 en Rusia junto a sus dos hijas durante la ocupación alemana. La película, Un método peligroso, es una manera de acercarse a esta mujer tan desconocida, una de las más que quedan a la sombra de hombres famosos con los que trabajan. En ese sentido merece la pena ver la película, si bien se pierde a veces en diálogos algo confusos y las escenas de los ataques de ella al comienzo de la película resultan algo grotescos, sin dudar de que así sean en la enfermedad.

La segunda es Margaret Thatcher. No es personaje de mi devoción, pero fue pionera por ser la primera mujer en muchas cosas. Fue la primera dama de hierro (¿allanándole el camino a Merkel quizá?), y parecía tener las ideas muy claras en un mundo de hombres. Encontró un papel todavía no destinado a la mujer, y lo desempeñó con todas las consecuencias. Se atrevió hasta con una guerra que le devolvió una cierta popularidad a pesar de que su gobierno realizase tantas medidas impopulares. Que Meryl Streep borda su papel, no cabe duda, pues esa actriz puede hacer lo que quiera, y siempre parecerá ese personaje, pero para mí la película La dama de hierro se queda corta y se pierde en la enfermedad actual de Margaret Thatcher, que vive aún. Dar tantos detalles de su día a día ahora en su demencia senil me parece un poco fuera de lugar, y a la película le falta más contenido de fondo del momento y quizá un análisis de lo que el thatcherismo ha supuesto para Inglaterra y para Europa.

Y la tercera es Icíar Bollaín, que no es ningún personaje de película en la actualidad, aunque sus comienzos fueron como actriz, sino un genio de directora y de lo mejor que dará el cine dirigido por mujeres jamás. No tuve oportunidad de ver También la lluvia cuando salió en España, pero el sábado pude verla en Hamburgo, en versión original, y salí muy impresionada por la manera tan inteligente de unir dos puntos en la historia, con más de 500 años entremedias, que demuestra que el ser humano no ha aprendido nada, y que se siguen realizando las mismas barbaries sin sentido y explotando a los mismos de siempre. La película contiene otra, es decir, el rodaje de una película sobre la época de Bartolomé de las Casas y Montesinos, que fueron unas de las primeras voces que se alzaron pidiendo un trato digno para los indios tras la llegada de los españoles. De la misma manera, el equipo que realiza la película explota lo que puede, contratando a montones de extras por dos dólares al día. Y mientras ruedan en Cochabamba, estalla la guerra del agua, al subir una multinacional americana el precio del agua en un 300%. La gente, indignada, y entre ellos muchos extras de la película, empieza a poner tuberías con las que poder usar el agua de la lluvia, hasta que la policía trata de impedírselo, lo que causa la revuelta, ya que les quitan hasta el agua, también la lluvia, como dice el título. Si no la han visto todavía, no dejen de hacerlo. Es impactante y ahoga en ciertos momentos por las barbaries cometidas en el Nuevo Mundo en la época de Colón y porque a veces se nos olvida que hay demasiados lugares en el mundo donde hay gente que lucha y muere por lo básico, como el agua. Los actores son todos buenísimos, pero en esta película les roba el protagonismo la directora, invisible pero presente en todo momento.

martes, 17 de enero de 2012

Hiperventilada

En realidad podría escribir todos los días del tema denuncia de mi blog, pues no dejo de ver un titular aquí, una noticia allá, o vivir algo en mi día a día, para que salte la chispa y me sienta hiperventilada y entonces tenga que sentarme y empezar a soltar aire del que voy acumulando en exceso. Para no aburrirme/les, muchas veces tomo nota y constancia de la noticia, en mi buenísima memoria para estos asuntos, pues si en otros me falla, en esto vivo concienciada hasta el último poro de mi piel. El desencadenante hoy ha sido la desesperación de mi hija (y la mía) haciendo los deberes. No comprendo ni comprenderé jamás el sistema educativo aquí, en primaria desde luego que no, y en el instituto voy teniendo mis experiencias ahora, y si bien me convence más, también voy teniendo mis pegas. Pero primaria se basa en dos principios: jueguen y jueguen, el colegio es ese mundo feliz donde se trabaja lo mínimo, porque el verdadero trabajo, si es necesario, lo realizan los padres rellenando lagunas y peor aún, enseñándoles a los niños métodos de trabajo, cómo se estudia, cómo se hacen trabajos, pues no les enseñan a estudiar, diría yo. El segundo principio es el acumulativo: los brillantes, aprovechándose de la lentitud del sistema acumulan saber en exceso pues se aburren en clase, y van adelantando con el sistema de planes de trabajo que tienen, con los ejercicios obligatorios y los que hacen de más y que solo logran hacer ellos. Mientras hay niños que con lo obligatorio y las tareas extra tienen tiempo para hacer más aún, hay otros que ni realizan lo obligatorio, pues el sistema los deja de la mano de Dios. Y como Dios no está en clase, son los padres los que han de tratar de reengancharles, no el profesor. A mí me dieron un toque en noviembre por mi hija pequeña, pues en tercero de primaria, aunque todavía pueden "disfrutar" de la vida, al acercarse cuarto, que es cuando aqui se hace la criba y les dicen a los niños si pueden ir al instituto o no, es cuando hay que apretar un poco.

Aquí se trabaja de la siguiente manera: cuando los críos empiezan a escribir, no se les corrige la ortografía, no hay que poner freno a su fantasía con "minucias", pues da igual. El problema es que siguen escribiendo así cuatro años, y aunque en tercero y cuarto les empiezan a marcar qué palabras están mal sigue dando igual, porque todavía tienen tiempo, en teoría. El caso es que dictados, como los de toda la vida, ya no se hacen tampoco, pues son una tortura psicológica y producen un alto grado de estrés. Hoy realizan lo que aquí llaman un "Schleichdiktat", 'un dictado a hurtadillas'. Funciona de la siguiente manera: los críos se levantan de su mesa, y van a la pared donde está pegado el texto que tienen que escribir. Leen una frase, y tratan de memorizarla, y van pensando en ella hasta la mesa, se vuelven a sentar, escriben lo que han retenido, se vuelven a levantar, y así hasta que escriben todo el texto. Cuando la profesora nos lo contó en la reunión de padres hace un año, pensé que me tomaban el pelo: es más, lo tuvimos que hacer los padres en uno de esos momentos de felicidad colectiva, para que nos regocijemos en lo modernos que somos. Y el resultado es que los niños escriben fatal y solo son capaces de escribir bien si les deletreas una a una las letras.

Así que al final, y ya desde noviembre, he cogido yo el toro por los cuernos, que para eso soy española, y me he puesto a controlarle los deberes a mi hija y a machacarla como hacen todas, para suplir las horas que los colegios no dan por haber clase solo a media jornada. Yo cojo sus cuadernos, y repaso con ella las palabras mal escritas, y yo le hago dictados cuyo contenido son de lo más didáctico y veraz: "Mi madre es una pesada, y me obliga a hacer dictados" (como Dios manda, me faltó decir; estando en la época de Rajoy en la que se gobierna como Dios manda hay que aprovechar la coyuntura de tanta fe).

Ah, la noticia que leí el otro día es que solo un dos por ciento de niños cuyos padres no tienen estudios universitarios los realizan. En Alemania, la posibilidad de estudiar va unida al nivel educativo de tus padres. Ok, mensaje comprendido. Se van a enterar.

domingo, 15 de enero de 2012

Idilios flotantes

El primer crucero del mundo tuvo lugar el 22 de enero de 1891, cuando salió de Cuxhaven, un puerto del Mar del Norte en Alemania, hacia el Mediterráneo un grupo de pasajaros viajando por viajar y que se pasaron dos meses comiendo ostras y bebiendo champán. Fueron los primeros en realizar un viaje en barco como viaje en sí. A bordo iba también el inventor de la idea, Alfred Ballin, un hamburgués al que se le ocurrió llenar sus barcos en el trayecto a América, que en invierno iban medio vacios. Así que de Hamburgo tenía que ser el inventor de la idea.

Más de un millón de alemanes realiza un crucero cada año, y las cifran suben. Atrae también a familias esta forma de viajar. Quién diría que Hamburgo, puerto fluvial, es uno de esos puertos a los que llegan barcos gigantes que hacen parada aquí, como si del Caribe se tratara, pero la flamante terminal de cruceros de la HafenCity lo permite. La oferta es tan variada hoy día, que podemos hasta pasar la Navidad en barco en los fiordos noruegos y visitar a Papá Noel si hace falta. Como horror de los horrores me imagino los cruceros de Disney, en barcos llenos de Mickey Mouse y consortes y todo divertimento infantil.

Pero recuerdo un artículo que leí no hace tanto que hablaba de pasajeros que desaparecen en alta mar, que se evaporan en el barco, y de casos que quedan sin aclarar. Un suicidio a bordo, si el que lo hace no deja alguna carta en la que quede constancia del hecho, es algo difícil de aclarar porque no queda cuerpo si salta por la borda. De asesinatos mejor no hablar, pero igual, ... es muy fácil deshacerse del cuerpo. Y el artículo hablaba de una asociacion en EE.UU. de padres o allegados de "desaparecidos" en cruceros y que a la hora de investigar se encontraban con silencio del capitán del barco y del resto del personal. Porque, ¿quién quiere dañar esa imagen de felicidad de esos viajes? Yo por supuesto, que tengo un puntito de aguafiestas, lo sé, pues jamás haría un viaje así.

Lo anterior lo escribí hace un mes, en una de mis múltiples ideas que plasmo a veces en borradores de posibles posts y en los que elaboro mis fobias más personales. Porque la idea de pasarme unos días en alta mar rodeada de gente feliz en un mundo de fantasía y ficción me horroriza. Jamás realizaría un crucero, y por eso, las imagenes del barco medio hundido en la costa de la Toscana me han parecido espantosas. La idea de que tanta gente guiada por un capitán tan inepto que encima salió huyendo uno de los primeritos, y pasajeros que dicen que vivieron escenas dignas del Titanic, me parece dantesca. Lo de las mujeres y niños primero queda para las películas, pero como decían antes en las noticias, el personal de los cruceros no está cualificado para actuar debidamente en esos casos. Supongo que es porque solo están para recrear el mundo feliz y no para ningún imprevisto, ya que con los precios que tienen los cruceros hoy día, al alcance de más público que antiguamente, esos serán gastos en los que ahorrarán. Se trata de divertirse y de ser feliz una o dos semanas a bordo. Quién habla de peligros reales. Confirmo que seguiré teniendo más riesgo de estrellarme en un avión que de hundirme en un crucero, porque como dice mi madre siempre, donde está el cuerpo está el peligro. Y lo malo es que en un barco, lo de sálvese el que pueda, sigue siendo bastante cruel.

viernes, 13 de enero de 2012

El falso ahorro del tiempo

Por fin hoy terminé de leer Momo, justo cuando el profe de mi hija le ha dicho hoy que me da un notable bajo, por  haber tardado tanto leerlo (recordarán a lo mejor el órdago que me eché de que leería las lecturas del instituto de mi hija para llenar mis lagunas habiendo estudiado filogía alemana y teniendo tantas y cómo ella se lo largó de inmediato). El tiempo, ay el tiempo, el tema central del libro, es el culpable. La novela, que he leído a ratos robados de otras cosas, me ha hecho reflexionar bastante y me ha sorprendido por su modernidad. Publicada en 1973 por Michael Ende en un momento en el que creo que los niños eran todavía niños y sabían "aburrirse" escalando árboles y jugando en la calle, porque se podía hacer además, refleja un mundo de fantasía en el que la proyección a la realidad y la vida que llevamos hoy día es auténtica. Momo es la niña que les devuelve a la gente el tiempo que les han robado los ladrones del tiempo, los hombres grises, en una lucha contra el tiempo para ganar tiempo otra vez. Todo un clásico alemán de la literatura juvenil, junto con otras obras de Ende como "La historia interminable",  apto para todas las edades y cuya lectura recomiendo, por sorprendente.

Al comienzo de la historia, Momo disfruta de días de ocio con sus amigos, Beppo el barrendero y Gigi el guía turístico, en las ruinas de un anfiteatro en las afueras de una ciudad. El mayor talento de Momo es que sabe escuchar, Beppo tiene una paciencia infinita, y parece lento, pero en realidad es un gran sabio, dada esa lentitud y pausa al hacer las cosas, y Gigi es el gran contador de historias, con una imaginación infinita. Los niños acuden en masa a jugar allí, y en esa zona se paran los coches, para que los niños jueguen, y todos disfrutan de las historias y el juego.

Pero los hombres grises empiezan a robarle el tiempo a los habitantes de la ciudad. Las personas que hablan con ellos no lo recuerdan después, pero empiezan a ahorrar tiempo en una inversión que creen de futuro, pero que en realidad es lo que hace que los hombres grises vivan. Ellos queman ese tiempo en unos cigarros que llevan siempre en la boca y que les mantienen vivos, por lo que al final no ahorran los humanos tiempo como creen. La gente cae en la trampa y ahorra y ahorra tiempo en una Caja de Ahorros de tiempo que les promete devolvérselo con intereses, pero el pago es una vida estéril en la que la gente solo trabaja, no disfruta de nada, y todo es material y sin alegría, vidas frías, como el frío que transmiten los hombres grises a los que hablan con ellos. Por eso Momo es una amenaza para ellos, pues consume el tiempo de los niños y de la gente, escuchándolos. Tras ofrecerle cosas materiales para quitársela de en medio, al final la única manera con la que consiguen dañarla es alejando a los niños de ella, y peor aún a sus amigos del alma, Beppo y Gigi. Al primero le dicen que si barre y barre sin pausa conseguirá rescatar a Momo y acaba agotado y mal, y al segundo le convierten en un escritor famoso que ya no siente alegría al contar sus historias, que repite una y otra vez, pues se le acabó la fantasía, y aunque es rico y famoso, acaba llevando una vida vacia. Tan solo Momo no se deja llevar por el miedo y con la ayuda de la tortuga Casiopea, consigue vencer a los hombres grises, y devolverles el tiempo a todos.

Historia de fantasía, pero que hace perfecta alusión a que nuestra vida está llena de hombres grises, que nos roban el tiempo y que nos hacen olvidar que esas cosas en las que creemos perder el tiempo son en realidad nuestro elixir de vida y lo que nos hace seguir sintiéndonos personas. Si solo trabajamos, y "ahorramos" tiempo ocioso cayendo en el círculo vicioso de más producción y más trabajo, más tiempo para el trabajo, menos para nosotros, y la creencia en la que todos caemos al final y que es la más peligrosa: todos hemos terminado por pensar que solo si hacemos algo productivo, habremos utilizado bien el tiempo, cuando no es el caso. A mí me sigue costando sentarme durante el día a leer, fines de semana incluidos, y por la noche también, y por eso he tardado tanto en leer el libro, porque todo parece más importante que eso, y quizá lo sea, pero de la misma manera me digo a menudo que en realidad no tengo tiempo para este blog, cuando no es cierto, pues he de tenerlo, por lo positivo que es para mí. Hace poco alguien me recriminó que yo solo tengo tiempo para lo que me interesa, y respondí que como todo el mundo. Todos sacamos tiempo para lo que nos es verdaderamente importante, y si no fuese así, estaríamos muertos, y los hombres grises nos habrían robado lo esencial.