Me desconciertan y a la vez me encantan los momentos en los que la realidad es muy distinta a las conclusiones que sacamos al presenciar una situación u observar a una persona en un determinado momento. Mientras mi hija pequeña tiene clase de violonchelo, me quedo los tres cuartos de hora dentro del coche esperando, pues no merece la pena ir y venir, por el tráfico y la distancia. Hoy he pensado que debería hacer el cálculo del tiempo que llevo esperando a la puerta, semana tras semana, ya por tercer año. A las madres no se nos paga con dinero, que lo digo yo, y hoy pensaba también que cuando ella sea mayor le podré decir: "me pasé 18 horas al año metida en el coche haciendo que leía [en realidad medio dormitando], para que aprendieses a tocar", y año tras año, digamos diez si no se cansa antes, serían 180! horas de mi vida. Y estaba yo con todos estos pensamientos, cuando llegó un señor mayor, con un violonchelo en la mano. Mi primer pensamiento fue que vendría a por un nieto, pero me di cuenta de que no tenía lógica, pues si el nieto estaba en clase, tendría el violonchelo consigo. "Lo trae porque el nieto vendrá de otro sitio, y no puede cargar con él", fue mi segundo pensamiento. Pero cuando entré al terminar la clase de mi hija, la profesora dijo "y ahora mi nuevo alumno, en su primera lección", y entró el abuelete con el violonchelo a cuestas.
Nunca es tarde para aprender a tocar un instrumento, eso está claro, pero me hizo gracia que no se me ocurrió esa posibilidad. En un país donde los jubilados se atreven con todo, no debería haberme sorprendido. En mis clases de español tengo a abuelos o abuelas que un día deciden aprender español y cuyo único problema es que no tienen tiempo de venir a clase por los múltiples viajes que realizan. Yo quiero ser como una abuela en una clase mía, jubilada, de casi 80 años, antigua traumatóloga, y que parece que tiene 65, y que nada más empezar el curso, desapareció durante tres semanas para irse a Namibia, luego hace poco volvió a faltar por estar en Suiza, y ahora en Navidad ha estado en Madeira. Por supuesto que el nivel ($$$$) de muchos jubilados alemanes no lo tienen muchos de otros países, pero en España, mucha gente mayor que tiene dinero no es tan marchosa ni con viajes, ni lanzándose a aventuras nuevas de aprendizaje en su tercera edad. En España los jubilados buscan el contacto con otros de su edad, y por eso hay tantos hogares del pensionista, y se trata más de no aislarse que de vivir experiencias nuevas y hacer todo lo que quisieron hacer siempre. Aquí no he visto ningún centro de esos, y los jubilados, o están solos (muy triste en muchos casos, pues muchos no tienen el apoyo familiar que hay en los países mediterráneos), o son hiperactivos en esos años en los que pueden hacer lo que les plazca. Por lo visto el tocar un instrumento en la edad (bien) adulta previene la demencia senil. Yo sigo sin saber solfeo, pero me consuela saber que tengo mucho tiempo todavía, o al menos eso espero. Y cuando tenga esas 18 horas anuales para mí (que conste que las doy encantada para el aprendizaje de mis hijas, no piensen las malaslenguas), más las que me paso conduciendo de un lado para otro, podría aprender hasta chino, ruso, japonés o árabe, algo que siempre he querido hacer, pues me sobrarán horas. Está bien tener planes de futuro, pero lo mejor es vivir ubicado en tu realidad, o de anciano o mediana edad, y tratando de sacarle el mayor partido posible al (escaso) tiempo que tenemos de ocio. Porque las posibilidades para aprender son infinitas.
jueves, 12 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
Muy bien dicho
Aprovecho el agotamiento tras un intenso día para cederle hoy el paso a un artículo que me gustó muchísimo el otro dia, y que no quería dejar de compartir. Es el artículo de opinión de Elvira Lindo publicado el domingo en El País. Siempre hay alguien que expresa mil veces mejor lo que a uno le gustaría decir, y por eso lean Los niños son monárquicos, que clava la situación actual, en la que todos opinan y pocos respetan, en la que la intolerancia acampa a sus anchas, y en la que se confunde justicia con espectáculo. Léanlo si no lo han hecho todavía, pinchando aquí.
martes, 10 de enero de 2012
Cuánta tontuna
Anoche en mi clase defendí el ir de compras como un hobby como otro cualquiera. La lección hablaba de aficiones, que si montar a caballo, esquiar, leer, escuchar música, y aparecía también el ir de compras, lo que muchos leyeron con escepticismo. Pues a mí me encanta ir de compras, les dije, y no me avergüenzo de ello, pero con ciertos matices. No me gusta principalmente ir a cadenas de tiendas o centros comerciales, sino que disfruto de ir de tiendas por la calle, las tiendas pequeñas, especiales, de las que cada vez quedan menos en el centro de las ciudades pero sí en ciertos barrios de todas y cada una de ellas. El centro ha dado paso a H&M, Zara, Massimo Dutti, C&A, etc., convirtiéndose todas las ciudades en las mismas zonas clónicas de tiendas. La diferencia la hacen esas calles con encanto con tiendas en las que es posible encontrar cosas únicas y no de masas.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
Pero la tontuna colectiva la he descubierto hace nada y es global, no cabe duda. Desde que mi hija me sumergió en el mundo Hollister, una tienda de ropa juvenil que arrasa en el instituto, y que empieza a ser un uniforme juvenil en un país en el que no hay uniformes de nada, andaba con la mosca tras la oreja ante el anunciado desembarco de la marca madre, Abercrombie & Fitch, en los países que me tocan, Alemania y España. Que un vendedor te salude al entrar en la tienda de Hamburgo diciéndote "Hi, what's up!" ronda la estupidez, si además va provisto de chanclas y pantalón corto en invierno peor aún, y si encima en la tienda apesta a perfume y cuando sales no te lo quitas en tres días ni del coche, por el olor de las bolsas, hay que plantearse si estamos todos cuerdos. La opción como madre es plantarte y decir "yo no compro eso", o hacer como hacen aquí muchas familias, cuyos hijos cuentan en el cole que no pueden llevar ropa de marca porque es malo, algo tan horrible como tomarte una coca cola o ver la televisión en muchos casos, o no llevar ropa bio o usada de los mercadillos. Tan respetables me parecen a mí una u otra forma de vida, y yo pienso que lo mejor es educar con una cierta libertad. Que quieres una sudadera de Hollister y te empeñas tanto, vale, te la compro, porque sé que acabarás pensando como mi hija mayor: "Mamá, ésa niña tiene mi misma falda y las sudaderas las llevan todos, ya cansa".
Y como Abercrombie ya está en España, para allá que me llevó mi hija. Situada en lo mejor del barrio de Salamanca de Madrid, en zona de palacetes y sin necesidad de tener comercios al lado ni rótulos luminosos, la cola en la entrada parecía la de una embajada. Yo no quise creer lo que veía, pero toda esa cola era para entrar en una tienda de lujo a gastar dinero. Jovenes con sus padres haciendo cola, en la mayoría de los casos, sobre una alfombra roja, viendo como salían unos afortunados de las tiendas con las bolsas del tipo del torso descubierto. Cuando nos tocó entrar, yo ya le había dicho a mi hija varias veces que hemos perdido el norte, y que no sé ni cómo consiguió llevarme allí. Supongo que por curiosidad en mi caso, y ella porque quería una blusa de cuadros que algunas amigas tienen.
El espectáculo empezó cuando nos tocó entrar: un tío con todos los músculos muy buen puestos con el torso descubierto bajo una trenca azul de las de toda la vida pero a precios Abercrombie, se hacía fotos con los clientes que quisieran, y ambas nos colocamos a su lado, al lado de sus divinos pectorales, y la foto instantánea fue lo que más me hizo reír de todo, lista para llevar además, como prueba de lo mal que estamos. Entramos al palacete, y rememoré el olor "Hollister" la oscuridad, pero con más ensañamiento, pues los precios son aún más elevados: sudaderas a 170 €, bufandas a 80 €, y precios por el estilo, por lo que no creo que sea el lugar más adecuado para vestir a chavales adolescentes, que se cansan de la ropa en nada y crecen, pero a juzgar por lo que la gente compraba y el estilo de la gente que iba a lo que iba, me dieron ganas de irme corriendo. Compramos la camisa, por suerte algo rebajada, y punto, y le expliqué a mi hija que me parecían una locura esos precios, además del show.
En nada desembarcará la tienda en Hamburgo, y acabará cansando, o si no al tiempo, como les dé a todos por vestirse de esos uniformes con letras grandes para que se vea bien la marca. Los que trabajan en estas tiendas son jóvenes guapísimos y guapísimas, modelos, y he leído que la marca paga por contrapublicidad, es decir, que ha llegado a pagar a famosos cuya imagen no quieren ver unida a la marca para que dejen de llevarla. Hasta 2015 habrá más de 30 tiendas de Hollister en Alemania, y de las otras a saber. Qué mal estamos todos, pero aseguro que a mí no me verán más por allí. Yo ya me hice la foto con el cachas, y ahí queda, para contar y reírme, pero para poco más.
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lunes, 9 de enero de 2012
Familias en el aire
Las familias que los últimos días han estado en el aire de un país a otro de Europa, o de un continente a otro, estarán ahora en tierra y en su sitio. Estar en tierra no significa estar en tu tierra, por lo de que esa tierra en la que estás no es de la que eres. El ser y estar, si ya lo digo yo en todas mis clases de español, el soy y el estoy, que no es lo mismo. Pues estaba yo en el aire el sábado por la tarde y el avión iba lleno de familias que estaban. Era obvio que todas regresábamos y el modelo era el mismo: parejas de dos países diferentes, y niños bilingües. Hasta haría otra generalización: madre española, padre de otro país, y niños mitad y mitad. Comentario de otra madre española a sus hijos antes de aterrizar, sabias como somos: "Mirad el sol, que ya no lo vais a ver en mucho tiempo" (gran verdad).
La Navidad es esa época del año que mezcla a las familias del mundo como si de una coctelera se tratase y tras mezclarlas, las esparce por el cielo que las lleva a sus lugares. Digamos que la Navidad reestablece el orden debido: todos los de fuera regresan, y las familias que normalmente no se ven, están juntos unos días. Los críos practican esa lengua materna que normalmente es solo eso, materna porque la hablan solo con la madre, y esos días en los que son, la hablan con sus abuelos, primos y tíos. Pero llega el final de las vacaciones, y los aviones se llenan de familias que vuelven a las tierras donde están habitualmente. Hoy he pensado en las montones de familias internacionales que vi desplazándose el sábado. Como el viaje fue con escala en París, había parejas de francés con española y niños francoespañoles; en ambos vuelos había una familia cuyo origen estaba claro por la lectura de uno de los niños, un libro titulado algo así como "Volveremos a primera", por el St. Pauli que bajó tras una temporada a segunda división. Y hoy estarán todos en su lugar, el debido, en sus colegios, trabajos, etc., pesando si es posible tener inviernos con luz y sol y a 13 grados o si no habrá sido todo un sueño.
Y aquí ha seguido todo su curso. Alemania sigue hablando de los escándalos del Bundespräsident, Wulff, que no se va ni con lejía y eso que está plenamente descalificado pues él solito lo ha hecho, al dejar un mensaje en el contestador del diaro sensacionalista Bild, amenazando para que no publiquen más noticias de él, y sigue abriendo más telediarios que cuando me fui, si es posible. Más interesante me parece el noticiero de mi hija pequeña sobre su clase: "Mamá, a Leonard le trajo Papá Noel como regalo la foto de una ecografía, con la hermana que va a tener" (a mi hija parecía entusiasmarle poco un regalo así, comparando con las muchas otras posibilidades que existen), "y es el cuarto hijo de esa familia" (sarna con gusto no pica, pensé yo); y "a Leon el día de Nochevieja a las cuatro de la mañana los ladrones les entraron a robar y se llevaron un iphone, dos mil euros, y un par de cosillas más". Yo le pregunté si ella ha contado de sus vacaciones en España, a lo que me dijo que tampoco había tanto que contar... Ahora caigo en que anoche me preguntó si podía contar que la abuela le había puesto vinagre en la cabeza y una bolsa de plástico, porque todavía descubrimos una liendre y mi madre sacó sus métodos matatodo. Pero como eso sería un método muy salvaje aquí, le dije que no, pero ahora entiendo que con esa noticia ella se hubiese lucido más en el intercambio de información tras dos semanas de vacaciones, porque al fin y al cabo decir "he estado dos semanas en Madrid, al solecito, he ido a Segovia, he montado en telesilla, he ido a un templo egipcio que hay en Madrid, he comido las uvas en Nochevieja, he ido a la Cabalgata, y me han traido cosas los Reyes", supongo que todo eso no le interesará a nadie y debe parecerle de lo más normal, al menos a ella.
La Navidad es esa época del año que mezcla a las familias del mundo como si de una coctelera se tratase y tras mezclarlas, las esparce por el cielo que las lleva a sus lugares. Digamos que la Navidad reestablece el orden debido: todos los de fuera regresan, y las familias que normalmente no se ven, están juntos unos días. Los críos practican esa lengua materna que normalmente es solo eso, materna porque la hablan solo con la madre, y esos días en los que son, la hablan con sus abuelos, primos y tíos. Pero llega el final de las vacaciones, y los aviones se llenan de familias que vuelven a las tierras donde están habitualmente. Hoy he pensado en las montones de familias internacionales que vi desplazándose el sábado. Como el viaje fue con escala en París, había parejas de francés con española y niños francoespañoles; en ambos vuelos había una familia cuyo origen estaba claro por la lectura de uno de los niños, un libro titulado algo así como "Volveremos a primera", por el St. Pauli que bajó tras una temporada a segunda división. Y hoy estarán todos en su lugar, el debido, en sus colegios, trabajos, etc., pesando si es posible tener inviernos con luz y sol y a 13 grados o si no habrá sido todo un sueño.
Y aquí ha seguido todo su curso. Alemania sigue hablando de los escándalos del Bundespräsident, Wulff, que no se va ni con lejía y eso que está plenamente descalificado pues él solito lo ha hecho, al dejar un mensaje en el contestador del diaro sensacionalista Bild, amenazando para que no publiquen más noticias de él, y sigue abriendo más telediarios que cuando me fui, si es posible. Más interesante me parece el noticiero de mi hija pequeña sobre su clase: "Mamá, a Leonard le trajo Papá Noel como regalo la foto de una ecografía, con la hermana que va a tener" (a mi hija parecía entusiasmarle poco un regalo así, comparando con las muchas otras posibilidades que existen), "y es el cuarto hijo de esa familia" (sarna con gusto no pica, pensé yo); y "a Leon el día de Nochevieja a las cuatro de la mañana los ladrones les entraron a robar y se llevaron un iphone, dos mil euros, y un par de cosillas más". Yo le pregunté si ella ha contado de sus vacaciones en España, a lo que me dijo que tampoco había tanto que contar... Ahora caigo en que anoche me preguntó si podía contar que la abuela le había puesto vinagre en la cabeza y una bolsa de plástico, porque todavía descubrimos una liendre y mi madre sacó sus métodos matatodo. Pero como eso sería un método muy salvaje aquí, le dije que no, pero ahora entiendo que con esa noticia ella se hubiese lucido más en el intercambio de información tras dos semanas de vacaciones, porque al fin y al cabo decir "he estado dos semanas en Madrid, al solecito, he ido a Segovia, he montado en telesilla, he ido a un templo egipcio que hay en Madrid, he comido las uvas en Nochevieja, he ido a la Cabalgata, y me han traido cosas los Reyes", supongo que todo eso no le interesará a nadie y debe parecerle de lo más normal, al menos a ella.
domingo, 8 de enero de 2012
El alijo
El alijo ha llegado bien. No sé lo que se pensaron los de las aduanas, pero debió parecer un cargamento muy peligroso. Yo no me había dado cuenta de ello hasta esta mañana, pero voy por partes. Anoche regresamos de unos días en Madrid, y por la noche nos dimos cuenta de que a una de las maletas les faltaba el candado. Al abrirla no eché en falta nada a primera vista, pero sí vi que habían revuelto todo. No me hizo gracia, pero no pude aclarar por qué hasta esta mañana, cuando he empezado a sacar las cosas. De repente veo el "alijo" a un lado de la maleta y no debajo de una caja con unas botas, donde lo puse. La caja me la han roto también, para sacar las sustancias de debajo a lo bestia. Supongo que iban con prisa, claro, pero así no se tratan las cosas de las maletas. Claro que si en vez de garbanzos, lentejas y judías pintas hubiese sido droga, supongo que daría igual cómo está la caja de las botas y el resto de la ropa. Estuve a punto de negarme esta vez a traerme la legumbre, pero cualquiera le niega nada a una madre que te dice que las de aquí no son tan "finas" como ésas, y me da las tres bolsas. Pero hoy le he dicho que es la última vez que traigo tal alijo en la maleta, pues si no me han roto la maleta es por poco, si me han robado algo, me daré cuenta próximamente, si echo a faltar algo. Y todo por unas lentejitas o garbanzos de los buenos.
Podría hacer un análisis de lo que han evolucionado las exportaciones a Alemania en las últimas dos décadas haciendo una relación de los artículos que he traído en mi maleta durante años. El producto estrella es el jamón, y ese sigue viniendo, pues aunque aquí lo hay ya, los buenos son demasiado caros aquí o inexistentes. Lomo ibérico también traigo, pues aquí no hay. Y chorizo y salchichón a veces, porque ésos ya se encuentran. El queso manchego lo desterré de la maleta hace tiempo, porque aquí lo hay ya, y en diversas variedades. Todavía me río ahora de la época en la que traía tomate frito Orlando o Solís, porque los tomates fritos aquí no me gustaban. Ahora encuentro éstos en la tienda española, por lo que me ahorro el peso. Durante años traje sardinas en conserva, y otras latas, hasta aceitunas. Dejé de traer conservas también hace mucho, porque aunque no sean las más "finas", las que venden en la tienda española cumplen su función, y ya no vienen de alijo en la maleta. Tampoco traigo ni Cola Cao, como hice alguna vez, ni gel Magno, pues ya lo tienen también. El surtido de la tienda española habrá ido creciendo a las sugerencia de los españoles hartos de traer en su maleta productos que les harían sonrojar de abrir los aduaneros la maleta delante de ellos.
Pero supongo que siempre habrá algo que traer. Legumbre ya no volveré a traer, pues he aprendido la lección. Pero a mi morcillita de Burgos, a las pipas (las de la tienda española son con sal), al lomo, y al jamón no renuncio ... En fin, la de alijos que volarán por el cielo estos y todos los días del año, de un país a otro. De aquí llevo salchichas, mazapán, chocolates, Curryketchup, un concentrado de tomate, y lo que le guste a mi gente en España. No se trata de alterar a los de las aduanas, que estaran curados de espanto, sino de darnos unos momentos de placer, aunque sea por unos minutos. Que el mundo sigue lleno de placeres banales e infinitos.
Podría hacer un análisis de lo que han evolucionado las exportaciones a Alemania en las últimas dos décadas haciendo una relación de los artículos que he traído en mi maleta durante años. El producto estrella es el jamón, y ese sigue viniendo, pues aunque aquí lo hay ya, los buenos son demasiado caros aquí o inexistentes. Lomo ibérico también traigo, pues aquí no hay. Y chorizo y salchichón a veces, porque ésos ya se encuentran. El queso manchego lo desterré de la maleta hace tiempo, porque aquí lo hay ya, y en diversas variedades. Todavía me río ahora de la época en la que traía tomate frito Orlando o Solís, porque los tomates fritos aquí no me gustaban. Ahora encuentro éstos en la tienda española, por lo que me ahorro el peso. Durante años traje sardinas en conserva, y otras latas, hasta aceitunas. Dejé de traer conservas también hace mucho, porque aunque no sean las más "finas", las que venden en la tienda española cumplen su función, y ya no vienen de alijo en la maleta. Tampoco traigo ni Cola Cao, como hice alguna vez, ni gel Magno, pues ya lo tienen también. El surtido de la tienda española habrá ido creciendo a las sugerencia de los españoles hartos de traer en su maleta productos que les harían sonrojar de abrir los aduaneros la maleta delante de ellos.
Pero supongo que siempre habrá algo que traer. Legumbre ya no volveré a traer, pues he aprendido la lección. Pero a mi morcillita de Burgos, a las pipas (las de la tienda española son con sal), al lomo, y al jamón no renuncio ... En fin, la de alijos que volarán por el cielo estos y todos los días del año, de un país a otro. De aquí llevo salchichas, mazapán, chocolates, Curryketchup, un concentrado de tomate, y lo que le guste a mi gente en España. No se trata de alterar a los de las aduanas, que estaran curados de espanto, sino de darnos unos momentos de placer, aunque sea por unos minutos. Que el mundo sigue lleno de placeres banales e infinitos.
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jueves, 5 de enero de 2012
La ilusión
Me encanta el 5 de enero, desde siempre. En Alemania es un día que pasa sin pena ni gloria, pero en España no. Se respira ilusión en el aire, y no solo en las tiendas y en las arcas de los comerciantes. Para los niños es el día de esperar algo que ansían, y los mayores participamos de esa alegría, dándosela a ellos, o entre nosotros, que también nos gusta dar y recibir, por mucho que digamos. Los magos de Oriente ya han recorrido las calles de las ciudades, y ahora los niños ponen sus zapatos, agua para los camellos, y alguna vianda, para que sigan su viaje repartiendo ilusión. Es la noche más mágica del año y recuerdo no haber pegado ojo en muchas de ellas. Qué ilusión. Me alegra que Papá Noel no haya desterrado a nuestros Reyes, que siguen siendo los reyes del regalo.
No solo es difícil afrontar la competencia de Santa Claus, pero también sobrevivir en épocas de crisis. En Madrid se han suprimido cabalgatas este año para ahorrar, y por eso ha sido un lujo ver una hoy en la junta de distrito de Vicálvaro, una señora cabalgata para ser de un barrio normal. El despliegue de carrozas ha sido muy bonito y trabajado, y hemos cumplido con la rutina del día 5 de enero, sin pasar por el suplicio de la cabalgata del centro de Madrid, que es la más impresionante, pero que se ve mejor en televisión.
Tras comer un trozo de roscón, que será el rey mañana en todos los desayunos, y la consabida discusión de si está más rico con o sin nata (para mí "sin", por supuesto, como la tortilla sin cebolla), los reyes repartirán ilusión esta noche. Falta nos hace, en un momento de desilusión y desencanto. No se nota en las tiendas del Barrio de Salamanca, pero sí en las conversaciones de la gente y en las malas noticias que leemos u oímos diariamente. No solo la crisis ha hecho mella, sino los muchísimos casos de corrupción le han robado la ilusión a la gente. La impresión es que aquí el que puede se enriquece robando, y encima sale impune en muchos casos. Yo le pido a los Reyes que se lleven la desilusión y que los chorizos y corruptos sean desenmascarados para siempre, y que nos creamos de una vez que se pueden hacer bien las cosas, pero no porque sea una ilusión sino porque los responsables así lo hagan.
No solo es difícil afrontar la competencia de Santa Claus, pero también sobrevivir en épocas de crisis. En Madrid se han suprimido cabalgatas este año para ahorrar, y por eso ha sido un lujo ver una hoy en la junta de distrito de Vicálvaro, una señora cabalgata para ser de un barrio normal. El despliegue de carrozas ha sido muy bonito y trabajado, y hemos cumplido con la rutina del día 5 de enero, sin pasar por el suplicio de la cabalgata del centro de Madrid, que es la más impresionante, pero que se ve mejor en televisión.
Tras comer un trozo de roscón, que será el rey mañana en todos los desayunos, y la consabida discusión de si está más rico con o sin nata (para mí "sin", por supuesto, como la tortilla sin cebolla), los reyes repartirán ilusión esta noche. Falta nos hace, en un momento de desilusión y desencanto. No se nota en las tiendas del Barrio de Salamanca, pero sí en las conversaciones de la gente y en las malas noticias que leemos u oímos diariamente. No solo la crisis ha hecho mella, sino los muchísimos casos de corrupción le han robado la ilusión a la gente. La impresión es que aquí el que puede se enriquece robando, y encima sale impune en muchos casos. Yo le pido a los Reyes que se lleven la desilusión y que los chorizos y corruptos sean desenmascarados para siempre, y que nos creamos de una vez que se pueden hacer bien las cosas, pero no porque sea una ilusión sino porque los responsables así lo hagan.
domingo, 1 de enero de 2012
Un año de puentes
Como quien no quiere la cosa hoy llevo un año de puentes. Este blog cumple un año hoy, y debo decir que ni me he enterado. Los que me siguen desde mis comienzos saben que tuve otro blog del que salieron más palabras que de éste, lo cual no es grave. Son diferentes etapas de nuestras vidas, y si me encantó aquél, me encanta éste también. Aquél era más revolucionado, que no revolucionario (eso espero que lo sean a ratos ambos :-) ), pues la que iba a mil revoluciones era yo. Los puentes llegaron tras un momento de poner punto final al otro e iniciar una fase más sosegada, con declaración de intenciones, y a los puntos suspensivos con los que cerré el otro, le siguieron los puentes suspensivos, título que se me ocurrió al día siguiente de cerrar el otro para el blog que abrí dos meses y medio después como alusión al otro, pero sin pensar en un primer momento lo que los puentes significaban y significarían. Y la idea me sigue gustando, tanto que sin haberlo saturado de puentes, pues esto no es un blog de arquitectura, me he plantado en un año de ellos, pues los posts de este blog son todos y cada uno de ellos un puente, como conexión entre las mil y una cosas que se me ocurren, los mundos que me rodean, mi gente, y los desconocidos que me leen y que llegan a estas páginas a través de google o como sea.
El mundo está lleno de puentes, algunos milenarios, otros modernos, y otros que vendrán. También los hay imaginarios o de fantasía. ¿Sabían ustedes que los puentes que salen en los billetes del euro no existen, que fueron diseñados por alguien explícitamente para los billetes? Parecerá obvio, pero yo no me había parado a pensar en ello hasta que lo leí, como al igual que en La Haya alguien pretende edificarlos a imagen y semejanza de los diseños de los billetes. Segurísimo que nadie se paró a pensar la miseria en la que estaría el euro una década después de su introducción y que al igual que aquellos puentes de fantasía quizá la moneda lo fue también, unos puentes en el aire, suspensivos, y nada estables. La naturaleza de un puente suspensivo no es la inestabilidad, que no se confunda nadie, pues pueden ser fuertes como los que unen los lados de dos barrancos durante infinidad años.
Agradezco a todos aquellos que me han dado apoyo con comentarios sobre mi blog, ya sean en persona o por e-mail, o a algunos, aunque los menos, los que se atreven a comentar aquí, algo que agradezco siempre. También agradezco a los que me mandan artículos sobre puentes o fotos sobre ellos, porque eso significa que al verlos se acuerdan de mi blog. Me siento honrada por tal recuerdo y envío de información. Lamento no incluirlo a veces por no poder, o por no saber en ese momento cómo utilizarlos. Ahora recuerdo el que me mandó un amigo en verano: el puente de la peli de Rambo, que lo iban a destruir, curiosa noticia. Y hace poco un familiar me mandó un documento lleno de imágenes de puentes, todas preciosas, que me hicieron ver que probablemente no fue casualidad que fuesen los puentes el hilo conductor de este blog. Brindo por el año nuevo con todos mis lectores, y también por un año de puentes, que espero que sean muchos más. Sigan dándome ideas, y si me leen, mejor, pues el escribir es un acto puente y los que lo hacemos queremos llegar a los demás con nuestras ideas y sentimientos. Pero como siempre me quedo con los que me dicen que se rieron con este o aquel artículo. Si consigo arrancarles alguna sonrisa, los puentes serán reales, y habrán cumplido su función verdadera.
El mundo está lleno de puentes, algunos milenarios, otros modernos, y otros que vendrán. También los hay imaginarios o de fantasía. ¿Sabían ustedes que los puentes que salen en los billetes del euro no existen, que fueron diseñados por alguien explícitamente para los billetes? Parecerá obvio, pero yo no me había parado a pensar en ello hasta que lo leí, como al igual que en La Haya alguien pretende edificarlos a imagen y semejanza de los diseños de los billetes. Segurísimo que nadie se paró a pensar la miseria en la que estaría el euro una década después de su introducción y que al igual que aquellos puentes de fantasía quizá la moneda lo fue también, unos puentes en el aire, suspensivos, y nada estables. La naturaleza de un puente suspensivo no es la inestabilidad, que no se confunda nadie, pues pueden ser fuertes como los que unen los lados de dos barrancos durante infinidad años.
Agradezco a todos aquellos que me han dado apoyo con comentarios sobre mi blog, ya sean en persona o por e-mail, o a algunos, aunque los menos, los que se atreven a comentar aquí, algo que agradezco siempre. También agradezco a los que me mandan artículos sobre puentes o fotos sobre ellos, porque eso significa que al verlos se acuerdan de mi blog. Me siento honrada por tal recuerdo y envío de información. Lamento no incluirlo a veces por no poder, o por no saber en ese momento cómo utilizarlos. Ahora recuerdo el que me mandó un amigo en verano: el puente de la peli de Rambo, que lo iban a destruir, curiosa noticia. Y hace poco un familiar me mandó un documento lleno de imágenes de puentes, todas preciosas, que me hicieron ver que probablemente no fue casualidad que fuesen los puentes el hilo conductor de este blog. Brindo por el año nuevo con todos mis lectores, y también por un año de puentes, que espero que sean muchos más. Sigan dándome ideas, y si me leen, mejor, pues el escribir es un acto puente y los que lo hacemos queremos llegar a los demás con nuestras ideas y sentimientos. Pero como siempre me quedo con los que me dicen que se rieron con este o aquel artículo. Si consigo arrancarles alguna sonrisa, los puentes serán reales, y habrán cumplido su función verdadera.
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