Érase una vez un león, que se quiere ligar a la leona de la jungla. Él no sabe leer y escribir, y ella es muy cultivada, pues lee la mayor parte del día. Ella está tumbada, a la sombra de un árbol, leyendo, y él no sabe como acercarse y camelársela. Entonces le pide ayuda a otros animales para que le escriban la carta. Los monos le escriben que están deseando subirse con ella por los árboles y comer plátanos, los escabarabajos que la invitan a meterse en toda la tierra sucia y rebozarse, los hipopótamos que retocen en el agua, los buitres que la invitan a una cena de carroña, riquísima, y el león, cada vez que le lee la carta pertinente con la propuesta, ruge enfadado: "Nooooo, yo no lo hubiese dicho así jamás". Al final, la fina leona se le acerca preguntándole que qué le pasa, y cuando él confiesa que no sabe leer ni escribir, ella le dice que es muy fácil, que vaya con él a la escuela a aprender. Y se van juntos de la mano. Happy end. (si todo se queda en la lectura, no se sabe...).
Así se resume la actuación que habrá tenido lugar hoy en montones de colegios, y estas semanas en cada uno de los Estados Federales alemanes. Es la obra típica para dar la bienvenida a los alumnos de primero de primaria, lo que en Alemania significa el comienzo de la vida escolar, con seis años, pues anteriormente, de los tres a los seis años están en la guardería. Hoy se veía por la calle la imagen típica de todos los años: el padre, la madre, el futuro escolar, todo arregladito, y los hermanos de éste, y los abuelos, como mucho. Parece que van de comunión o de boda, esos grupitos. El crío lleva la Schultüte, ese cucurucho lleno de regalos que define, junto con la cartera sin estrenar, la situación, y que es lo más importante de la jornada. A partir de mañana, dejarán de ser analfabetos, como el león, en un proceso lento, lentísimo, pues aquí se tarda en llegar a escribir de manera rudimentaria, y casi dos años en escribir con caligrafía (y en Hamburgo la han quitado la semana pasada), y en muchos casos, hasta finales de curso no se les oye leer una frase seguida.
Yo he visto hoy esta obra de teatro, por tercera vez, y ya me la sé de memoria, y hoy de nuevo con una hija mía en el escenario que hacía de buitre carroñero, pensaba al ver a los monísimos "animalitos" que hasta al león, por muy rey de la jungla que sea, le pueden manipular los mensajes si no sabe transmitirlos él. Y traté de entender el sistema escolar alemán, algo que por más que trato de comprenderlo, no consigo: en realidad no se trata de lo que aprendes ni de cuándo lo aprendes, si no de que lo aprendas, y que adquieras tú con tu propio trabajo tu entidad como persona (o animal) en el mundo, ya seas el león o el buitre, y que cada uno, dentro de su vida, sepa comunicar lo correcto en el momento adecuado. Porque si no no te ligas a nadie de tu especie. ¿Será eso el mensaje? A lo mejor la tengo que ver una cuarta vez, y ahora caigo que será el martes que viene, en una segunda actuación a la que tengo que llevar a mi hija. O en los tiempos que corren, aplicaría a todos los que "dejan hacer" y no saben ni lo que ocurre a su alrededor. El león lo soluciona y va a la escuela y se liga a la leona. ¿Pero, y los demás?
martes, 16 de agosto de 2011
lunes, 15 de agosto de 2011
50 años, 28 años, 22 años
En los últimos años se ha celebrado la caída del muro. Pero este año ha tocado conmemorar la inversa: su construcción. Que se cumplan 50 años es un buen motivo no para celebrar algo negativo, sino para recordar algo que tuvo repercusión en la vida de mucha gente, de una ciudad y de dos países que han vuelto a ser uno. Durante una semana nos han recordado todos los periódicos e informativos que el 13 de agosto de 1961 fue el día en el que se comenzó a erigir aquel muro que dividió no solo a Berlín en dos partes, dejando a los habitantes del oeste de Berlín más huérfanos aún, en medio de una isla de otro país llamado Alemania, sino a muchas familias, y muchas personas con su historia personal. Peor fue para los del este, que no pudieron salir de su parte de la ciudad salvo arriesgando la vida, como muchos que la perdieron en el intento.
Del muro no queda prácticamente nada, pero sí muchos testigos de la época, desde los que lo vieron construir, a los soldados encargados de su vigilancia, o a gente que vivía con él delante. Cabe recordar que hubo mucha gente que falleció sin saber que caería alguna vez, porque que cayese en 1989 no es que fuese casualidad, pero sí que apenas unos meses antes parecía que podría durar otros 28 años, como pensé yo cuando lo vi en julio de 1989, cuatro meses antes de su desaparición. Y desde 1989 han nacido varias generaciones para los que el muro aparece solo en los libros de historia, y en estos reportajes conmemorativos de estos días. Por eso, aunque la edificación del muro no sea ocasión de celebrar, si que su 50 aniversario conviene ser recordado, para los que todavía conservan muros en la cabeza, 22 años después. Un muro es lo contrario que un puente: los muros dividen y los puentes unen, incluso lo que no parecía poder unirse jamás.
Del muro no queda prácticamente nada, pero sí muchos testigos de la época, desde los que lo vieron construir, a los soldados encargados de su vigilancia, o a gente que vivía con él delante. Cabe recordar que hubo mucha gente que falleció sin saber que caería alguna vez, porque que cayese en 1989 no es que fuese casualidad, pero sí que apenas unos meses antes parecía que podría durar otros 28 años, como pensé yo cuando lo vi en julio de 1989, cuatro meses antes de su desaparición. Y desde 1989 han nacido varias generaciones para los que el muro aparece solo en los libros de historia, y en estos reportajes conmemorativos de estos días. Por eso, aunque la edificación del muro no sea ocasión de celebrar, si que su 50 aniversario conviene ser recordado, para los que todavía conservan muros en la cabeza, 22 años después. Un muro es lo contrario que un puente: los muros dividen y los puentes unen, incluso lo que no parecía poder unirse jamás.
viernes, 12 de agosto de 2011
El menú de cumpleaños o meriendas
No es que me haya roto la cabeza, pues tampoco hace falta. Qué le da una a 10 niñas de comer para celebrar un cumpleaños. Se trata de una celebración posterior, como se llaman aquí, Nachfeier, pero comer han de comer igual. Una de las invitadas es vegetariana, y ésa no comerá carne ni ningún animal, como dice siempre. Otras no comerán las ensaladas, por verdes, otras dirán que aunque les gusten, hoy no las comen. Otras dirán que les gustan más otro tipo de salchichas. A mi hija la he amenazado y le he dicho que si quiere les hago un cocido y listo, a lo que se ha tenido que reír. No lo comería ninguna, estoy segura, porque no lo conocen, simplemente.
La comida es, en el caso de los críos, algo tan cultural, como que los niños alemanes celebren sus cumpleaños con salchichas, y los españoles con choricito y jamón. El Kuchen, el pastel, no ha de faltar, y le he dicho a mi hija que si compro uno, a lo que me ha dicho escandalizada que no, que lo hace ella. Tienen que ser de fabricación casera, pues si no quedas mal, por muy exquisita o cara que sea la tarta que compres. Otra opción es escandalizarlas a todas las invitadas culturalmente y no con cocido. Bastaría servirles pan con chocolate, como lo comíamos nosotros para merendar. Aquí, para empezar, no existe el término merienda, y no se merienda jamás. La cena es más temprana, así que no hace falta, y como a veces se hacen comidas/cenas o cena/merienda, no existen. Los horarios de comer son de lo más anárquico en Alemania. Lo bueno de esto es la libertad: ¿comemos el Kuchen a las tres o las cuatro de la tarde, como se hace aquí, o primero comemos el menú y luego el pastel? Podría hacer bocadillos para todas, pero sí que me mirarían raro: unos bocadillos de chorizo de Pamplona, pan con chocolate, y otros de jamón. Me dirían "¿pero esto qué es?", y así podría introducir el término "merienda de cumpleaños", que aquí no existe, como las que se montan en España, incluso con todos de pie alrededor de la mesa. A todo esto ahora recuerdo que jamás celebré mi cumple de niña con amigas. Pero qué poco se complicaba la gente antes... y lo bien que hacían.
La comida es, en el caso de los críos, algo tan cultural, como que los niños alemanes celebren sus cumpleaños con salchichas, y los españoles con choricito y jamón. El Kuchen, el pastel, no ha de faltar, y le he dicho a mi hija que si compro uno, a lo que me ha dicho escandalizada que no, que lo hace ella. Tienen que ser de fabricación casera, pues si no quedas mal, por muy exquisita o cara que sea la tarta que compres. Otra opción es escandalizarlas a todas las invitadas culturalmente y no con cocido. Bastaría servirles pan con chocolate, como lo comíamos nosotros para merendar. Aquí, para empezar, no existe el término merienda, y no se merienda jamás. La cena es más temprana, así que no hace falta, y como a veces se hacen comidas/cenas o cena/merienda, no existen. Los horarios de comer son de lo más anárquico en Alemania. Lo bueno de esto es la libertad: ¿comemos el Kuchen a las tres o las cuatro de la tarde, como se hace aquí, o primero comemos el menú y luego el pastel? Podría hacer bocadillos para todas, pero sí que me mirarían raro: unos bocadillos de chorizo de Pamplona, pan con chocolate, y otros de jamón. Me dirían "¿pero esto qué es?", y así podría introducir el término "merienda de cumpleaños", que aquí no existe, como las que se montan en España, incluso con todos de pie alrededor de la mesa. A todo esto ahora recuerdo que jamás celebré mi cumple de niña con amigas. Pero qué poco se complicaba la gente antes... y lo bien que hacían.
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jueves, 11 de agosto de 2011
La vuelta al cole (de los buitres)
El tiempo acompaña para volver al cole tras el "verano" hamburgués. No lamento ni un solo día que me "perdí" de tan maravillosa climatología, pues hasta los convencidos veraneantes del Mar del Norte y del Báltico reconocen (y les cuesta) que este año el tiempo ha sido una KK. Así que hoy, con el diluvio universal, provistos de botas, chubasqueros, han vuelto los críos al colegio, como si fuese octubre o noviembre.
Volvemos a los madrugones, y a que me organicen la vida. A la una, al recoger a mi hija pequeña lo vi claro otra vez. Se sube al coche, y lo primero que me dice con cara de "te va a hacer muy poca gracia, mami", me dice: "Hoy tienes que hacer algo muy urgentemente para mañana y vas a decir 'oh'". Y me reí, por la forma de contármelo, y el "oh" no fue tal, si no un "me c... en to'". Hoy mismo había que "improvisar" un disfraz de buitre, para mañana, sin falta. Y como hay que valer para todo, le he apañado uno, pico hecho con cartulina incluido, y todo para que diga tan solo una frase en toda la obra: "Te va a gustar", ésa es la frase, y compartir cartel además con otro buitre. Mi hija se siente eclipsada por compartir papel con la buitre estelar, y ser ella la suplente. Así que me venía contando en el coche, tras anunciarme lo del disfraz, que desea que esa niña el día de la obra tenga un atasco que le impida llegar a la actuación, dejándole paso a ella... Y empezó a enumerar cosas que le podrían impedir a la otra actuar, para concluir diciendo, "o que tenga algún dolor o algo, nada grave, pues no está nada bien desearle enfermedades a nadie". Yo me reí y me reí, ante tanta elucubración, pero hasta los buitres no están equiparados. Hay jerarquías, pero, eso sí, traje han de llevar igual, y a mí me entretuvo la tarde. Otra más. Y el curso acaba de comenzar.
Volvemos a los madrugones, y a que me organicen la vida. A la una, al recoger a mi hija pequeña lo vi claro otra vez. Se sube al coche, y lo primero que me dice con cara de "te va a hacer muy poca gracia, mami", me dice: "Hoy tienes que hacer algo muy urgentemente para mañana y vas a decir 'oh'". Y me reí, por la forma de contármelo, y el "oh" no fue tal, si no un "me c... en to'". Hoy mismo había que "improvisar" un disfraz de buitre, para mañana, sin falta. Y como hay que valer para todo, le he apañado uno, pico hecho con cartulina incluido, y todo para que diga tan solo una frase en toda la obra: "Te va a gustar", ésa es la frase, y compartir cartel además con otro buitre. Mi hija se siente eclipsada por compartir papel con la buitre estelar, y ser ella la suplente. Así que me venía contando en el coche, tras anunciarme lo del disfraz, que desea que esa niña el día de la obra tenga un atasco que le impida llegar a la actuación, dejándole paso a ella... Y empezó a enumerar cosas que le podrían impedir a la otra actuar, para concluir diciendo, "o que tenga algún dolor o algo, nada grave, pues no está nada bien desearle enfermedades a nadie". Yo me reí y me reí, ante tanta elucubración, pero hasta los buitres no están equiparados. Hay jerarquías, pero, eso sí, traje han de llevar igual, y a mí me entretuvo la tarde. Otra más. Y el curso acaba de comenzar.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Un momento alemán
Existen momentos alemanes, como existen los españoles. Uno español es que te vociferen bajo tu ventana o en el patio de tu casa, que nunca es particular, por mucho que diga la canción. En España lo particular es a menudo no frenar en nada mi entidad como ser humano, y poner la música a todo meter a la hora que me plazca, o incluso en un pueblo "tranquilo", que unos jóvenes de la casa de al lado a las tres de la mañana estén gritando "hijo de puuuuta" y me despierten con tan agradables palabras a mitad de la noche. Un momento alemán es el que me pasó a mí ayer, en mi primer día tras las vacaciones. Cita en el médico. Toso como una descosida en la sala de espera, de acuerdo, pero tratando de hacerlo hacia mi lado izquierdo, donde no había nadie sentado por ser un rincón de la sala. El señor de mi derecha, habla con su mujer cada vez que toso, y yo prefiero no afinar el oído, pues sé perfectamente lo que le dice, y no me quiero hacer mala sangre, que para eso vengo toda relajada (incluso estando enferma) de las vacaciones. En una de las toses, se levanta, y se va lejos de mí, a una silla que quedó libre, algo muy normal aquí, pues no se cortan nada. A todo esto, yo, como soy española con mucha experiencia alemana, cuando entra una pareja que al ver que no hay dos sitios juntos, se quedan de pie, yo, que tengo mi sitio al lado libre, y al lado del señor que huyó de mí hay uno libre, me levanto y les digo que se sienten en mi sitio y el de al lado. Que yo me muevo sin problema al otro libre. El señor se quedó mudo al tenerme al lado otra vez, y al borde del infarto, pues su mujer no hacía más que decirle "Tranquilo, todo irá bien".
Además de la solemnidad y del silencio de la sala de espera, donde nadie habla con nadie, la lluvia constante fuera (y ya es el tercer día de lluvia seguida, en agosto), la situación era tan típica, que esta vez hasta me reí y lucí "mi experiencia" en este país. Antes esas cosas me amargaban, pero hoy día me ponen en "modo ataque". O como una vez, en la que hablando con una amiga que vino de España a visitarme, en la cola de un bar de zumos, antes de pedirnos uno, la señora delante de nosotros se tapó los oidos y nos miró con desprecio, por no poder soportar lo alto que hablábamos. Aseguro que no chillábamos. A la gente aquí habría que meternas en urnas de cristal y exponerlos como piezas perfectas de museo.
Momentos alemanes, en los que aunque no supieras dónde estás, yo lo sabría, como otras muchas situaciones aquí y allí. Como comer tortilla de patatas o jamoncito en España, o esto hoy aquí:
Una estupenda salchicha al curry con patatas, en el lugar de Hamburgo donde más me gusta comérmela: el mercado en el barrio de al lado del mío. Para allá que me fui hoy, con toda la prole, y ni la tos lo impidió. La mejor Currywurst es la que me como siempre a la vuelta de mis vacaciones, uno de mis ritos. Por mucho que tosa una, o por mucho que llueva en pleno agosto, es una deliciosa manera de reubicarse, y no con esos otros momentos...
Además de la solemnidad y del silencio de la sala de espera, donde nadie habla con nadie, la lluvia constante fuera (y ya es el tercer día de lluvia seguida, en agosto), la situación era tan típica, que esta vez hasta me reí y lucí "mi experiencia" en este país. Antes esas cosas me amargaban, pero hoy día me ponen en "modo ataque". O como una vez, en la que hablando con una amiga que vino de España a visitarme, en la cola de un bar de zumos, antes de pedirnos uno, la señora delante de nosotros se tapó los oidos y nos miró con desprecio, por no poder soportar lo alto que hablábamos. Aseguro que no chillábamos. A la gente aquí habría que meternas en urnas de cristal y exponerlos como piezas perfectas de museo.
Momentos alemanes, en los que aunque no supieras dónde estás, yo lo sabría, como otras muchas situaciones aquí y allí. Como comer tortilla de patatas o jamoncito en España, o esto hoy aquí:
Una estupenda salchicha al curry con patatas, en el lugar de Hamburgo donde más me gusta comérmela: el mercado en el barrio de al lado del mío. Para allá que me fui hoy, con toda la prole, y ni la tos lo impidió. La mejor Currywurst es la que me como siempre a la vuelta de mis vacaciones, uno de mis ritos. Por mucho que tosa una, o por mucho que llueva en pleno agosto, es una deliciosa manera de reubicarse, y no con esos otros momentos...
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lunes, 8 de agosto de 2011
Decidido
El sol que ha brillado al poco tiempo de llegar de vuelta a Hamburgo ha durado una hora, y la realidad era la siguiente: el suelo y todo estaba empapado como de haber parado de llover un par de minutos antes de aterrizar el avión, y efectivamente, el resto de la tarde y noche ha seguido diluviando. Y el verano, es decir, las casi cinco semanas que he estado fuera, ha sido fino aquí, dicen,. El calor o buen tiempo ha tenido lugar algún día suelto, nada de consideración. Y yo, sin ningún tipo de remordimiento, vuelvo morenita, con bronquitis (eso da igual, pues también me las cojo aquí), y con una maleta llena de vestidos, tops, chanclas, biquinis y sandalias, que guardaré ahora hasta el año que viene, a 8 de agosto. Triste pero cierto.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
Así que lo que venía mascullando en el avión desde que el piloto, dos horas antes de la llegada dijo: "Queridos pasajeros, el tiempo en Hamburgo no se puede comparar con lo que dejan atrás en Madrid, y pensaba no decirles nada, pero se lo digo, para que se vayan mentalizando, pues se lo van a encontrar igual: frío y lluvia". Y mi hija pequeña, lo resumió en una frase. Al salir de la terminal aquí en Hamburgo me dijo: "Mamá, ya no necesitas las gafas del sol", pues las llevaba sobre la cabeza, que es como las llevo cuando no puestas. A lo que iba: que he decidido lo que no me había planteado hasta ahora seriamente, que seré una jubilada alemana de ésas que se va a España a pasar lo que los alemanes llaman el Lebensabend, 'la noche de la vida', un bonito eufemismo para los últimos años de la vida, ésos en los que muchos alemanes deciden que ya está bien de que un 8 de agosto parezca otoño y diluvie. Yo quiero poder estar sentada en una terracita de verano, al menos cuando sea vieja, en vez de tapadita con una manta como estoy ahora mismo.
Que sí, que aquí se vive muy bien, que es todo muy verdecito, que no hay contaminación, ni tanta suciedad. Todo esto lo hablaba con una señora estupenda, de esas que me encuentro en muchos vuelos y que vienen a ver a sus hijas, que viven en Hamburgo. Me contó que le encanta Hamburgo, la calidad de vida, la tranquilidad, la naturaleza. Sí, sí, cierto todo. Pero el veranito... Se lo recordé, que se prepárese a semanas pasadas por agua, a la rebeca o gabardina.
En el vuelo pensaba en tanto español viviendo por el mundo. Eligieron mejor los que se fueron al Caribe, la verdad sea dicha. Y sin embargo el vuelo va lleno, ida y vuelta. Del avión que llegó a Hamburgo bajaron muchos y muchas con camisetas y banderas negras en las que ponía "Wacken 2011". Acabo de investigar de dónde venían. El primer fin de semana de agosto tiene lugar en Wacken (jamás había oído hablar de ese sitio), un pueblo en Schleswig-Holstein, el mayor festival de Heavy Metal del mundo, con 86.000 visitantes, nada menos, en la edición de este año. Españoles había entre tantos miles, y se bajaron en Madrid del avión al que yo me subí. Y al llegar a Hamburgo en el aeropuerto había montones de viajeros a punto de tomar aviones en otras direcciones con sus camisetas negras de Wacken. El mundo es un festival de rock. Aunque llueva, vas, como les ha pasado a los 86.000 que se han empapado estos días. Qué más da (esto lo digo con la boca pequeña), pues lo importante es disfrutar, donde quiera que estés, con camiseta de heavy metal, en biquini, o gabardina. En fin. Adiós verano. Vuelta al fresquito y a disfrutar de lo bueno de esta tierra, que no es el clima. Hoy pienso en mi jubilación. Por primera vez en mi vida.
miércoles, 3 de agosto de 2011
La exposición del verano
Sin duda la exposición del verano en España es la del Museo Thyssen de Madrid dedicada a Antonio López, con mis respetos a otras que haya a lo largo de la geografía española. Como muchos acudan a verla dos veces, como yo, podrían romperse los récords de visitantes, y a día de hoy, según el telediario, van ya 120.000. Las entradas están agotadas rápidamente para el mismo día. Y no es para menos. Acudan en tropel. Merece la pena contemplar esas maravillas de cuadros incluso entre las masas. A mí no me importa contemplar arte con tropecientas mil personas, si éstas van a lo que van. Sin embargo me desagradan las masas borreguiles si acuden a un museo por haber leído un libro, como me ocurrió en el Louvre, del que salí espantada por los montones de gente que querían participar de las visitas guiadas con tema Código da Vinci, y no por el museo en sí.
¿No se dice siempre que España no trata bien a sus genios? Cabe remarcar que esta retrospectiva se está realizando en vida del pintor. Yo no sabía exactamente qué me esperaba, ya que su obra me era desconocida, y curiosamente al ver algunos de sus cuadros, me resultaron muy familiares. La muestra empieza con los platos fuertes, los cuadros de las últimas décadas. Sorprendente el cuadro del mueble antiguo de los de guardar la vajilla de antes, con detalles como las gotas de los ojos y hasta el prospecto sacado de la caja y la botella de anís, y otras. Luego la nevera, tal cual, abierta, hasta con el plato de las sobras puesto sobre el cazo, como hacemos cualquiera en nuestras neveras. Y los cuadros de Madrid, de ese realismo tan espectacular que muestran qué feos son muchos barrios, con el conglomerados de bloques de ladrillo. Y la Gran Vía. El cuadro más conocido de su obra lo pintó en seis años, por realizarlo siempre a la misma hora del día, para tener la misma luz. Que el pintor vive y su pintura está viva, se experimenta en su serie de cuadros sobre la parte alta de la Gran Vía, con vistas a Callao o la Plaza de España, que está en plena elaboración. Son cuadros titulados Gran Vía, tal día y tal hora, con lo que los pinta siempre a esa misma hora de ese día durante años.
La escultura juega un papel importante en su obra, con esas cabezas de bebés que hizo cuando para realizar esculturas de sus hijas o nietos. Los grabados, de su primera fase, impresionan, hechos solo a lápiz, y parecen hasta tener luz artificial en esas cocinas desvencijadas, esa habitación y su tres puertas. La obra de sus primeros años son retratos de los suyos en Tomelloso, y podrían ser cuadros de la familia de cualquiera. Si tuviera que resumir en dos términos los trabajos expuestos serían realismo y cercanía. No se la pierdan.
¿No se dice siempre que España no trata bien a sus genios? Cabe remarcar que esta retrospectiva se está realizando en vida del pintor. Yo no sabía exactamente qué me esperaba, ya que su obra me era desconocida, y curiosamente al ver algunos de sus cuadros, me resultaron muy familiares. La muestra empieza con los platos fuertes, los cuadros de las últimas décadas. Sorprendente el cuadro del mueble antiguo de los de guardar la vajilla de antes, con detalles como las gotas de los ojos y hasta el prospecto sacado de la caja y la botella de anís, y otras. Luego la nevera, tal cual, abierta, hasta con el plato de las sobras puesto sobre el cazo, como hacemos cualquiera en nuestras neveras. Y los cuadros de Madrid, de ese realismo tan espectacular que muestran qué feos son muchos barrios, con el conglomerados de bloques de ladrillo. Y la Gran Vía. El cuadro más conocido de su obra lo pintó en seis años, por realizarlo siempre a la misma hora del día, para tener la misma luz. Que el pintor vive y su pintura está viva, se experimenta en su serie de cuadros sobre la parte alta de la Gran Vía, con vistas a Callao o la Plaza de España, que está en plena elaboración. Son cuadros titulados Gran Vía, tal día y tal hora, con lo que los pinta siempre a esa misma hora de ese día durante años.
La escultura juega un papel importante en su obra, con esas cabezas de bebés que hizo cuando para realizar esculturas de sus hijas o nietos. Los grabados, de su primera fase, impresionan, hechos solo a lápiz, y parecen hasta tener luz artificial en esas cocinas desvencijadas, esa habitación y su tres puertas. La obra de sus primeros años son retratos de los suyos en Tomelloso, y podrían ser cuadros de la familia de cualquiera. Si tuviera que resumir en dos términos los trabajos expuestos serían realismo y cercanía. No se la pierdan.
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