domingo, 8 de mayo de 2011

Sitios para siempre

Tengo épocas de nostalgia de ciertos lugares. De Madrid me entra mucha morriña en junio, por diversos motivos: por recordar el comienzo de los veranos largos de calor de mi infancia, y por la Feria del Libro de Madrid, por esa luz primaveral tan de España, y ese placer tan absurdo de pasearte entre masas de gente viendo libros. Pero lo es para mí.

Y entre abril y mayo me acuerdo mucho de Bruselas, durante las tres semanas en las que están abiertos los invernaderos reales, los Serres van Laeken. La primera vez que los visité, fui sin esperar nada, y me sorprendieron tanto, que volví los años siguientes, en ocasiones hasta dos y tres veces por temporada. Se pueden visitar durante el día, pero los fines de semana vuelven a abrir por la noche, para disfrutar de las mismas maravillas pero con la iluminación nocturna.

Este fin de semana cierran sus puertas a los visitantes, hasta el año que viene, para pasar a ser único disfrute del rey de Bélgica o probablemente aún más de los jardineros y expertos que trabajen en ellos. Si yo fuese jardinera, me encantaría trabajar ahí o en ningún sitio, y por eso en mi jardín no muevo ni una hoja, pues jamás llegaré a tal belleza.





sábado, 7 de mayo de 2011

Almanya

Hace poco vi una película que está siendo un éxito de taquilla en Alemania. Se titula "Almanya", Alemania en turco. Simplemente me encantó, y de echarse en España en esos cines tan maravillosos que existen en las grandes ciudades españolas donde las pasan en su versión original, recomiendo que vayan a verla, aunque tengan que leer subtítulos. Merece la pena. Es tierna, tiernísima, real, y muy respetuosa con ambas culturas, la turca y la alemana, sacando de ambas lo bueno, y lanzando una mirada irónica sobre lo negativo y haciendo palidecer a todo lo político-correcto y los manidos debates sobre ese palabro llamado integración.

Se trata de la historia del inmigrante 1.000.001 en Alemania. Una imagen conocida de este país es la de la llegada del inmigrate un millón en 1964, un portugués, y la película comienza con un gesto de amabilidad del turco Hüseyin frente a este portugués al dejarle pasar antes, por cortesía, y recibir el otro los agasajos de la prensa y una moto. Y Hüseyin comienza su vida en Alemania. Sin premios.

La película se mueve entre el presente y el pasado del protagonista, ahora abuelo y con un nieto medio turco medio alemán que cuestiona los cimientos familiares: "Soy turco o soy alemán". El mapa de clase se acaba en una parte de Turquía, y la de sus abuelos, Antalya, ni siquiera aparece. Justo en este momento a la abuela del crío no se le ocurre más que solicitar la nacionalidad alemana, y el hombre sufre de pesadillas la noche antes de ir a por los pasaportes y que su alemanidad se haga oficial: sueña con que el funcionario de turno le hace firmar un contrato que como alemán le obliga a comer codillo y buenos asados de cerdo, y comprometerse a ir de por vida cada dos veranos a Mallorca.

Para contrarrestar sus miedos, anuncia a su familia que ha comprado una casa en Turquía y que irán todos a verla, hijos y nietos. La nieta mayor, que se acaba de enterar que está embarazada de un inglés, teme por la incomprensión de su familia, pero a la vez, su cercanía con su abuelo, le hace lanzarse en esa aventura y ser la portavoz del pasado familiar, al narrarle a su primo pequeño, el exponente de la integración por tener una madre alemana y como padre al menos turco de los hijos, cómo llegó el abuelo y el portugués le quito el sitio en la foto del millón, cómo vino luego la abuela con sus tíos a Alemania, entonces niños, y como fueron esos años de descubrir el mundo en el que se quedarían a vivir.

Divertidísimas son las escenas en las que se habla un alemán que no es alemán sino una imitación de los sonidos, lo ininteligible que les parece y de una extremada fineza cuando perciben que sus hijos, maravillados por las luces de la Navidad alemana y todos sus ritos, empiezan a hablar así e incluso obligan a sus padres a celebrar la Navidad como los alemanes y miran con espanto ese árbol escuchimizado y los regalos sin envolver que los padres les ponen. Para los padres es el momento de volver a Turquía y enseñarles su patria, y frenar tanta alemanización. Y vuelven a su tierra, para percibir que ya no son de allí tampoco, que la gente de su aldea les mira con envidia, que el amigo de uno de sus hijos, que le pidió coca cola cuando regresara, se comporta ingratamente cuando le lleva una botella, pues el familiar de otro del pueblo le llevó un coche teledirigido: "pero si no lo tengo ni yo", cuenta el crío llorando a sus padres. El conflicto de muchos, que en Alemania vivían humildemente y en su lugar de origen se pensaba la gente que vivían como millonarios.

El viaje supone un reencuentro de los miembros de la familia con sus orígenes, al tener además las tres generaciones una apreciación distinta de sus vidas como turcos en Alemania. Los abuelos son y a pesar de su nuevo pasaporte alemán turcos cien por cien, los hijos se sienten desplazados pero no cuestionan, se adaptaron pero siguen buscando algo que no encuentran, y los nietos se sienten alemanes, pero les recuerdan, como al pequeñín en el colegio, que no son de aquí ni de allí, al no incluirle sus compañeros ni en el equipo de fútbol alemán ni en el turco a la hora de jugar al fútbol en el recreo. "¿Y yo que soy?", se cuestiona el crío.

La película no da las respuestas, pero muestra la posibilidad de vivir entre dos mundos, sin perder la propia identidad, como turco-alemán. Resulta refrescante ofrecer una visión fuera de lo que normalmente oímos de estos casos: inadaptación, incomunicación, crímenes de honor, y todo lo negativo que muchos asocian con estas subculturas en Alemania. Las directoras, dos hermanas turcas saben perfectamente de lo que hablan, y su película ha sido ya premiada en marzo con el premio de plata a la mejor producción alemana!, pues la película es alemanísima, como lo son esa tercera generación.

viernes, 6 de mayo de 2011

Lo que cuesta disfrutar

Los agricultores están muy preocupados por sus cosechas. Llevamos lo menos 5 semanas sin lluvia, y eso es algo que no suele darse aquí, por lo que todos claman al cielo: los agricultores, que temen por las pérdidas; los que se preocupan por el estado de los bosques, ante el peligro de incendios; los alérgicos, ya que coches y ventanas están cubiertos de una capita verde de polvo, el polen que en esta época de explosión vegetal hacen de Alemania una nube de polen, y que debe de ser una tortura para los alérgicos.

Cinco semanas de sol. Yo saboreo esta frase al escribirla, viendo un cielo raso a diario casi y me siento como si me hubiese tocado la lotería pues la primavera del año pasado fue malísima (yo tengo una muy buena memoria histórica para el tiempo). Entiendo las quejas, pero digamos que aquí todo está concebido de acuerdo a las cantidades inmensas de lluvia que caen, que si tenemos tantos bosques y verde, es porque llueve tanto, y no porque esta parte de la tierra sea tan generosa con nosotros. Los productos no son tampoco los más adecuados para tiempos de sequía. Digo yo que si en vez de plantar tantos espárragos (blancos), tantas fresas y manzanas o tantas coles, no podrían dedicarse a otros cultivos e introducir sandías, melocotones, o naranjas, porque así no nos van a dejar alegrarnos nunca de que por fin podemos estar sin paraguas, botas o gabardinas, que la ciudad tiene un aspecto de Costa Azul con el agua tan maravillosa que hay por todas partes y el reflejo del cielo azul tan limpio, que los cafés y las calles están llenos, que la gente pisa la calle y no se traslada con prisas de un lado para otro y que parece disfrutar.

Entendibles son las quejas de los agricultores al tratarse de su existencia, pero me alteran los agonías para los que su jardín es más importante que la vitamina D y la alegría "p'al cuerpo" que da el sol. Como he dicho en más de otra ocasión aquí y en otro lugar del ciberespacio, aquí tienen el tiempo que se merecen: agricultores, bosques y la gente. Yo lo que pido es que me dejen disfrutar sin recordarme todo el tiempo en periódicos y noticias en televisión que debería llover, que esto ya es demasiado, y que muestren continuamente mapitas mostrando el peligro de incendio forestal, con colores rojos fuego. Mucha gente aquí se queda tan ancha al decir que en su vida diaria prefieren el mal tiempo, porque para trabajar es mejor, pues el buen tiempo te quita las ganas (ahí noto siempre un tonillo como diciendo "por eso aquí trabajamos mejor"), pero eso sí, como vayan de vacaciones en febrero a Mallorca, y llueva, vuelven mosqueados y como si les hubiesen engañado, porque si pago para tener buen tiempo, así ha de ser.

Pero no se puede controlar todo, que no... ni aquí ni en Mallorca. Y por eso hagamos de otro fin de semana más una fiesta en nuestro interior. Cerremos los ojos, empapémonos de sol. Que esto no dura. Que no.

jueves, 5 de mayo de 2011

Ingeniería alemana

Uno de los eslóganes publicitarios que quiere vender el perfecto engranaje de la máquina industrial que es Alemania para el mundo es la frase lapidaria con la que terminan en España anuncios de coches o productos alemanes: "Ingeniería alemana". Pero podríamos añadirle el subtítulo de "En todas partes cuecen habas". Ayer una noticia hizo abochornarse a más de uno de la Oficina Federal de Transportes Ferroviarios. El puente más elevado de la red ferroviaria alemana, el que une Solingen con Remscheid ha sido sometido en los últimos meses a una reforma, durante los cuales ha estado cerrado al tránsito de trenes... y viajeros. Lo de los viajeros es un "pequeño" detalle, pues la "ingeniería alemana" se ha olvidado de ellos: en el cálculo de la estática del puente, al calcular el peso que pasará por encima de él, se han olvidado de los viajeros de los trenes, por lo que han tenido que volver a cerrar la línea, dejando otra vez a la zona incomunicada. Y lo que en tren, cruzando ese puente, es un trayecto corto, se convierte en una buena vuelta en autobús para montones de trabajadores que se desplazan a poblaciones cercanas, pues no existe si no conexión entre estas dos localidades, y el autobús ha de bajar por carreteras con curvas al valle del río Wupper y volver a subir a la población del otro lado.

El trayecto volvió a funcionar el lunes, tras cinco meses en obras, para cerrar un par de horas después. Ahora tardarán otros cuantos meses en poder circular con viajeros de nuevo, y ahora pasan los trenes vacíos de un lado al otro. Considerando que el puente Müngstener lleva 112 años en funcionamiento y que cuando lo inauguraron, en 1897, no había ordenadores ni muchas de las herramientas de hoy día, podemos concluir que el arreglo es estos meses es una buena obra de la chapucería alemana, que como en todos los países del mundo existe. Pero pensando y pensando, se me ocurre ahora si en otros países se darían cuenta del fallo técnico a las horas de empezar a circular... Y como esto es Alemania, ahora han prohíbido también la circulación de los trenes vacios o sin Fleischgewicht, sin "el peso de la carne", como en la jerga de la ingeniería ferroviaria se llama a los pasajeros. No parecerá considerable, pero a unos 3000 de media que pasan a diario por el puente, mejor que lo hayan cortado. Ahora vuelven las obras, y los que sellan los permisos oficiales cuando esté listo mirarán ahora con lupa todos los cálculos.

Por cierto, ése sí que es un puente suspensivo, con sus 107 metros de altura.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lo que no debe decirse

¿Hasta qué punto puede alegrarse una canciller de un país de la muerte de un buscado terrorista? Alegrarse puede, de eso no duda nadie, pero no debe decirlo abiertamente, como hizo ayer Angela Merkel al declarar que estaba muy contenta porque hubiesen matado a Osama bin Laden. Otro político de su partido remató la faena y vino a decir que toda Alemania estaba celebrando la noticia. En mi humilde opinión, una canciller o un presidente de un estado de derecho no pueden hacer declaraciones así. Puede alegrarse, puede hablar con quien quiera y decir que se alegra, pero no expresar a traves de sus palabras lo que ella cree que es la opinión de Alemania, pues de hecho le pagan por no decir lo que piensa. Muchas personas olvidan que parte de su trabajo es ése: no decir lo que piensa de verdad, y cumplir su papel. Que un Obama, como presidente de un país que predica el ojo por ojo, o que otros representantes de países de regímenes dictatoriales no midan sus palabras, puede ser aceptado como incongruencia entre las muchas que esos países creen poder permitirse de contínuo. Pero Merkel ha perdido los papeles, y hoy, ante la avalancha de críticas ha dicho a través de su portavoz que si esa frase suya se oye sacada de su contexto que entiende que pueda herir, pero que en el discurso completo lo que quiso decir fue que está contenta de que Obama ya no pueda ocasionar más atentados. Ella dijo lo que dijo, con contexto o sin él, y ya no va a arreglar nada. Lo que les cuesta a los políticos callarse a menudo..., y me imagino lo que supone tener que hacerlo. Yo misma, en mi labor de profesora de español estoy tentada a menudo de decirle a más de uno: "anda, deja el español, y apúntate a macramé", pues hay gente a la que le deberían prohibir aprender idiomas. Sé que éstas son declaraciones políticamente no correctas, y por eso no las hago, y cumplo mi labor: a mí me pagan por hacerle creer a la gente que el español lo pueden aprender todos, cuando no es así, pero me callo y hago creer que esa es mi misión. Ahora recuerdo un libro de Unamuno que leí en el instituto, y que me impresionó mucho: San Manuel Bueno Mártir. Va de un cura cuyo conflicto interno es que no cree en Dios, pero que por él y su labor mucha gente cree. Muchos políticos deberían aprender de eso: en ellos se debería reflejar la ética de los seres humanos que son y de los millones de otros que representan.

martes, 3 de mayo de 2011

Lugares llenos de personaje

El arzobispo Wolf Dietrich von Raitenau quiso tanto a su Salome como para construirle un castillo en pleno Salzburgo. Tratándose de un hombre casado con la iglesia, no es desestimable el dato de que tuvo 15 hijos con la bella Salome, para los que el castillito debió de ofrecer sitio suficiente. Durante mi estancia en Salzburgo la semana pasada he tenido ocasión de pasear en dos ocasiones por los jardines del Palacio de Mirabell. Cada vez entro menos a ver palacios y riquezas interiores, y me suele bastar el conjunto exterior, y de Mirabell me quedo con sus preciosos jardines y con las vistas hacia la fortaleza dominando la ciudad. Lo de Salome Alt lo supe después, al igual que lo de los 15 hijos, y fue en la visita a las minas de sal de Bad-Dürrnberg, cerca de Hallein, ciudad "conocida" al menos en Austria por ser el lugar donde nació "Stille Nacht", villancico mundialmente conocido ("Silent Night", "Noche de Paz"). Se trata de una zona minera de sal que proporcionó la riqueza de la región, tanta como para hacer de Salzburgo esa ciudad barroca y monumental que sigue apabullando, gracias a los monumentos que este controvertido personaje, arzobispo/amante/padre de 15 hijos, hizo construir con la riqueza que amasó por el arrendamiento de las minas que le dieron esplendor a la ciudad. La ciudad de Salzburgo lleva la palabra Salz, 'sal' como componente, y el río que la atraviesa, el Salzach, también, lleva el oro blanco, como se le llamaba en el pasado, como aderezo. Odiado y venerado, el arzobispo hizo construir además del Palacio de Mirabell, que anteriormente se llamó Altenau en honor a su dueña, otro más, la Residencia, otro palacio que vi por fuera, además de la catedral.

Las minas de Hallein, y su visita parecen más bien Disneylandia. Yo grité como en la peor de las montañas rusas cuando me tuve que tirar por dos toboganes muy empinados, los que utilizaban los mineros para bajar a las minas, y eso tras haber recorrido medio kilómetro en un trenecito sentados todos de uno en uno en fila, y recorrer otro trozo en barco. Todo esto vestidos con unos monos blancos que nos proporcionaron a los visitantes, por lo que parecíamos un equipo de fantasmas en pantalones. A mis hijas les hubiese gustado deslizarse por cinco toboganes más, y yo, tras esos dos y volver a ver la luz tras 70 minutos bajo tierra, pensé en lo bien que viviá Salome, mientras que los pobres mineros trabajaban con su pico y en condiciones que no quiero ni pensar, para hacer rico al arzobispo y a la ciudad de Salzburgo. El obispo acabó encarcelado, en la fortaleza que domina la ciudad, Hohensalzburg, tras ser apresado en las guerras contra los bávaros. Como detalle curioso las minas están repartidas bajo tierra entre Alemania y Austria, y en sus profundidades está marcado el "paso fronterizo". Fue sorprendente comprobar que las fronteras pueden estar hasta en los confines de la tierra.

Curioso mundo el del obispo, su amante, los 15 hijos y la sal, como también la de otro lugar cercano, una vez pasada la frontera alemana y adentrarse en Baviera, esta vez sobre la superficie. Los paisajes son los mismos que los de esa zona de Austria, pero la sensación es distinta, la de estar en otro país en cuanto se cruza la frontera. Las praderas de flores le hacen querer a uno revolcarse y rodar como Heidi con Pedro, y los siempre omnipresentes Alpes le hacen sentirse a cualquier hamburgués, por la planicie del norte de Alemania, como un inculto en paisajes. Pero en ese nuevo mundo están aquellos sitios que le suenan a uno: Bertechsgaden, por ejemplo. Me sonaba mucho. Obersalzberg también, otra montaña que lleva la palabra "sal" en su interior. Y empiezas a subir la montaña, en coche por suerte, hacia un sitio señalizado como "Dokumentation", 'documentación' así tal cual, y empecé a recordar imágenes vistas en muchos telediarios o programas históricos alemanes. Se trata de la residencia de vacaciones de Hitler en Baviera. Como era Hitler, él llegó, y como le gustó el sitio, expropió a gente del lugar, y se hizo construir allí su residencia de vacaciones con vistas a los Alpes, al valle de abajo, con Berchtesgaden de fondo, y un búnker que a mí me dio claustrofobia. Allí paso días felices con Eva Braun, y en la terracita de estupendas vistas recibió a sus adláteres y se tomaron decisiones "importantes".

Me sorprendió la sigilosidad del sitio, por el que pasarías de largo si no sabes que está ahí, y que si acudes a él es porque vas a ver lo que hay, pues por el nombre de "Dokumentation", tan aséptico, no te imaginas nada. Sin embargo el interior, como todos estos lugares que recuerdan la parte de la historia alemana más ignomisiosa que pudo haber, es de una claridad apabullante: no se oculta nada, no se ignora nada, y ahí está todo, para el que lo quiera ver porque no es casualidad el paso del visitante. Se va a lo que se va.

Personajes que crean lugares para la historia. En cualquier parte surgen nuevos.

domingo, 1 de mayo de 2011

La última opción

Debo decir que algunos días en los que no escribo no es por falta de ideas, sino por falta de tiempo, o en el peor de los casos, porque no me funciona la internet. La Telekom ha detectado un fallo en la línea, pero como es domingo, el empleado al que le tocó coger la llamada dijo que hoy no lo podían arreglar. Sí, aquí también existe el "vuelva usted mañana".

Sin embargo hoy estoy realizando un experimento y voy a publicar por primera vez desde mi iphone. Esto tiene una desventaja: si cuando haga clic para publicar funcionase, no tendré excusa para no escribir desde cualquier parte, estando como estoy online todo el día. Es como cuando tardé en contarle a mi madre que tenía tarifa plana de teléfono... Pero vuelvo a repetir lo ventajoso que me parece estar ahí siempre, por si las moscas, y así no me quedo sin comentar que por muchos milagros que algunos se crean que haya hecho un papa, no están los tiempos que corren como para canonizar "santos", que el Borussia Dortmund ha ganado merecidamente la liga, a dos jornadas del final, y que seguimos con sol, y ya va para cuatro semanas, creo (me encanta perder la cuenta). Y que mañana, tras una semana y algo sin cole y rutina, volvemos a la misma, con sensaciones austriacas, bávaras, o tirolesas, si pienso ahora en la pintada en una roca en la zona fronteriza Austria y Alemania que vi ayer: "Ein Tirol", 'un Tirol', reclamaba alguno con conocimiento de causa. Me encanta la gente que reclama los que otros jamás se plantearían. Yo revindico que la técnica no nos deje sin decir lo que queremos, y si no siempre nos quedará el bendito iphone.