lunes, 11 de abril de 2011
Mala suerte
Mi madre siempre dice que donde está el cuerpo está el peligro. Y razón tiene. Me he acordado varias veces de esa frase estos días, y de la gran verdad que es, como todo lo que dicen las madres. Nos preocupamos por montones de cosas a diario, tonterías en muchos casos, y no nos damos cuenta de que si nos toca estar en el sitio inadecuado en el momento en el que no deberíamos, podríamos despedirnos de todo sin darnos cuenta siquiera. Tampoco hay que ponerse trágicos, pero nos puede pasar algo en cualquier momento. Hoy en Hamburgo a una señora se le ha caído una farola encima de su coche, hiriéndola gravemente; un camión se llevó por delante a su paso la farola y varias señales y a ella le tocó ser aplastada por la farola y se encuentra en estado muy grave. El viernes en la autopista de Berlín a Rostock por el viento se levantó tal remolino de arena que cegó a algún conductor (tampoco se sabe claramente lo que ocurrió), pero como resultado se produjo un choque en cadena en el que fallecieron 8 personas aplastadas dentro de sus vehículos, además de los muchos heridos en los coches carbonizados. Y un accidente del que supe posteriormente y que ocurrió en Hamburgo en las dos semanas en las que estuve fuera en marzo, se saldó con cuatro muertos. En plena calle, a las tres de la tarde, un conductor que se saltó un semáforo en rojo, iba tan rápido que se le fue el control del vehículo, dio vueltas de campana en una calle muy concurrida de Hamburgo, y se llevó por delante a varias personas, curiosamente a gente importante de la ciudad, matando a un actor conocido y su mujer, un sociólogo e hiriendo a otros actores y gente normal y corriente también. Lo que hacía tanta personalidad reunida a las tres de la tarde para cruzar a la vez la calle debe ser una de estas casualidades tan raras como que te atropelle un tipo que iba drogado y se desencadene una tragedia así que le puede tocar a cualquiera. Es mi calle favorita de Hamburgo para ir de compras, y un sitio ideal para ir un sábado por la tarde, y fue ver la noticia y pensar en la de veces en las que yo he cruzado esa calle. Todo esto es muy trágico, lo sé, y cualquiera que lo lea pensará: "¿qué le pasa hoy a ésta?" Pues que estoy reventada, que tengo un cansancio que no me tengo, pero que si leo todas estas noticias truculentas pienso en lo bien que estoy y que mañana será otro día.
domingo, 10 de abril de 2011
La naturaleza despierta
En estos días de sol radiante, la naturaleza en Hamburgo nos está dando muchas alegrías. La explosión de verde que estamos a punto de presenciar se adivina por todas partes en forma de incipientes hojitas y capullitos. Como árboles y arbustos tenemos a mansalva, es imposible que pase desapercibido este resurgir de la vida que cada primavera nos la devuelve tras meses con ramas peladas, que hacen ver a través de ellas mismas aún más el gris reinante.
Por eso ayer, provista de mi cámara, quise documentar el estado actual de la naturaleza, que ya no será el mismo de hoy, y que en un par de días seguirá dándonos sorpresas. Cuando volvemos a presenciar este renacer, como cada año yo me vuelvo a preguntar cómo habremos sobrevivido una vez más, que qué tristes estaban los árboles sin sus hojas, que qué normales parecen los magnolios sin su flor tan bonita pero tan perecedera, que qué será de los narcisos durante tanto tiempo del año en el que están escondidos en la tierra y de la que vuelven a brotar todos a la vez. Solo con observar te haces un entendido en botánica, pues la tienes delante de tus ojos, y vas sacando tus conclusiones, incluso los que nunca crecimos entre tanto verde, como yo. Y te das cuenta de que no todos los rododendros florecen a la vez, así que ni qué decir de los tantísimos árboles diferentes, y a su vez las flores tienen su calendario también, primero unas, luego otras, ninguna se cuela. Pero vayamos por partes en este renacer.
Seguiré con mis pesquisas botánicas, que esto es el comienzo, por suerte. Se acaba de abrir la temporada.
Por eso ayer, provista de mi cámara, quise documentar el estado actual de la naturaleza, que ya no será el mismo de hoy, y que en un par de días seguirá dándonos sorpresas. Cuando volvemos a presenciar este renacer, como cada año yo me vuelvo a preguntar cómo habremos sobrevivido una vez más, que qué tristes estaban los árboles sin sus hojas, que qué normales parecen los magnolios sin su flor tan bonita pero tan perecedera, que qué será de los narcisos durante tanto tiempo del año en el que están escondidos en la tierra y de la que vuelven a brotar todos a la vez. Solo con observar te haces un entendido en botánica, pues la tienes delante de tus ojos, y vas sacando tus conclusiones, incluso los que nunca crecimos entre tanto verde, como yo. Y te das cuenta de que no todos los rododendros florecen a la vez, así que ni qué decir de los tantísimos árboles diferentes, y a su vez las flores tienen su calendario también, primero unas, luego otras, ninguna se cuela. Pero vayamos por partes en este renacer.
| Rododendros blancos; los fucsias y azules florecen después. |
| Las forsythias ya están en flor, les toca. |
| Los pensamientos los plantan durante todas estas semanas. |
| Los narcisos, la flor por excelencia de la primavera. |
| Magolio en flor, éste debe de ser del tipo más temprano en florecer. |
| A estos árboles todavía no les toca florecer, pero en nada no se podrá ver a través de ellos y Hamburgo se convertirá en túneles de árboles. |
| Magnolios que empiezan ahora a florecer. |
| ¿Cerezos? ¿Ciruelos? La ciudad se llena de árboles rositas estos días. |
sábado, 9 de abril de 2011
La violencia y la justicia mal entendida
Impresionante cómo una película puede tocar tantos temas y tan diferentes, mantener al espectador pendiente de diversos hilos entramados entre sí, y unirlos todos por un denominador tan duro como la violencia y elevar la tensión a través de la venganza o el tomarse la justicia por propia mano. Si además la acción tiene lugar en zonas tan diferentes como en África y Dinamarca, y a pesar de ser mundos con nada en común, al ser la violencia en ambos tan brutal, uno se da cuenta de que en lo peor de África y en lo mejor de Dinamarca el mundo se mueve por los mismos bajos instintos y que lo peor que le puede ocurrir al ser humano es perder todo el respeto hacia el dolor de los demás y entenderse solamente a uno mismo a través del uso de la violencia.
"In einer besseren Welt", "En un mundo mejor", como se llama en su versión alemana, debería llamarse "Venganza", como se llama en danés, en su versión original "Hævnen", o incluso mejor "justicia mal entendida". Porque el mundo mejor no existe, y ni siquiera queda como esperanza en ningún momento. La película empieza con violencia, con maltrato escolar en un colegio en una zona idílica de Dinamarca donde chavales "normales" maltratan a otros igual de normales pero que les parecen débiles. El padre de ese niño que cada mañana tiene que atravesar la barrera de los matones de la clase trabaja como médico para una ONG en África, en uno de esos países donde las milicias utilizan a unos locos que para salir de su propia miseria, asesinan y abren a las mujeres de arriba a abajo con cuchillos, para ver si están embarazadas o no. Al campamento de la estepa llegan mujeres rajadas y niños mutilados, y el doctor danés trata de combatir la violencia con no violencia.
De la misma manera en Dinamarca, al defender a su hijo de un altercado mientras jugaba con otro, el padre del otro crío le agrede, y él no devuelve el ataque, algo que el nuevo amigo de su hijo ve como un signo de flaqueza, de perder una batalla que no debería quedar así. Este chaval está destrozado por la reciente muerte de su madre, que perdió en la lucha contra el cáncer, y le culpa al padre de haber abandonado, de no haberle hecho frente a la enfermedad, como si hubiese deseado que la madre muriese. Y empieza a maquinar su propia justicia contra el matón que atacó al padre de su amigo, el doctor, pero las consecuencias de esa venganza son devastadoras.
Mientras, el médico en África tiene que tragarse su rabia y atender al jefe de las milicias que asesinan a capricho, al presentarse éste en el campamento con una pierna a punto de tener que ser amputada. Le atiende y salva la pierna pese a las protestas de los heridos del campamento y de los familiares de los mismos. Pero tras no haber podido salvar a una joven de sus heridas, el "paciente" le pide ese cuerpo muerto para disfrute de uno de sus secuaces, al que le gustan las que no se "mueven nada", y en ese momento el médico pierde el control que le caracterizaba y arrastra al que hasta ahora había tratado y tolerado y no hace nada para evitar su posterior linchamiento por parte de muchos del campamento.
Y el mundo mejor no acaba de llegar, porque la venganza no lleva a ninguna parte, como tampoco la violencia como medio para solucionar nada, ya que todos pierden ante todo su integridad humana. Durísima película que sin embargo recomiendo ver. Merecidísimo óscar a la mejor película extranjera de este año. El cine escandinavo no suele decepcionar en su mayor parte, pero esta película me será difícil de olvidar, porque tampoco deseo hacerlo.
"In einer besseren Welt", "En un mundo mejor", como se llama en su versión alemana, debería llamarse "Venganza", como se llama en danés, en su versión original "Hævnen", o incluso mejor "justicia mal entendida". Porque el mundo mejor no existe, y ni siquiera queda como esperanza en ningún momento. La película empieza con violencia, con maltrato escolar en un colegio en una zona idílica de Dinamarca donde chavales "normales" maltratan a otros igual de normales pero que les parecen débiles. El padre de ese niño que cada mañana tiene que atravesar la barrera de los matones de la clase trabaja como médico para una ONG en África, en uno de esos países donde las milicias utilizan a unos locos que para salir de su propia miseria, asesinan y abren a las mujeres de arriba a abajo con cuchillos, para ver si están embarazadas o no. Al campamento de la estepa llegan mujeres rajadas y niños mutilados, y el doctor danés trata de combatir la violencia con no violencia.
De la misma manera en Dinamarca, al defender a su hijo de un altercado mientras jugaba con otro, el padre del otro crío le agrede, y él no devuelve el ataque, algo que el nuevo amigo de su hijo ve como un signo de flaqueza, de perder una batalla que no debería quedar así. Este chaval está destrozado por la reciente muerte de su madre, que perdió en la lucha contra el cáncer, y le culpa al padre de haber abandonado, de no haberle hecho frente a la enfermedad, como si hubiese deseado que la madre muriese. Y empieza a maquinar su propia justicia contra el matón que atacó al padre de su amigo, el doctor, pero las consecuencias de esa venganza son devastadoras.
Mientras, el médico en África tiene que tragarse su rabia y atender al jefe de las milicias que asesinan a capricho, al presentarse éste en el campamento con una pierna a punto de tener que ser amputada. Le atiende y salva la pierna pese a las protestas de los heridos del campamento y de los familiares de los mismos. Pero tras no haber podido salvar a una joven de sus heridas, el "paciente" le pide ese cuerpo muerto para disfrute de uno de sus secuaces, al que le gustan las que no se "mueven nada", y en ese momento el médico pierde el control que le caracterizaba y arrastra al que hasta ahora había tratado y tolerado y no hace nada para evitar su posterior linchamiento por parte de muchos del campamento.
Y el mundo mejor no acaba de llegar, porque la venganza no lleva a ninguna parte, como tampoco la violencia como medio para solucionar nada, ya que todos pierden ante todo su integridad humana. Durísima película que sin embargo recomiendo ver. Merecidísimo óscar a la mejor película extranjera de este año. El cine escandinavo no suele decepcionar en su mayor parte, pero esta película me será difícil de olvidar, porque tampoco deseo hacerlo.
jueves, 7 de abril de 2011
La supervivencia
¿Cómo era aquello de Darwin? .... ¿que solo los más fuertes sobreviven? Aprender idiomas es lo mismo. Todos se creen capaces de hacerlo, pero no todos lo consiguen. Los que mejor se adaptan al medio son los que tiran para delante, hasta el final, si es que lo hay, pues el aprendizaje de un idioma no se acaba nunca. Pero lo que está claro es que si empiezas con 20 alumnos entusiasmadísimos por aprenderlo, acabarás con 10, es una regla no escrita.
Qué fácil es decir voy a aprender inglés, o francés, o español, y empezar con toda buena voluntad y tesón. Los adultos podemos decidir hoy hacer una cosa, y al poco tiempo dejarlo porque nos supone más esfuerzo de lo que esperábamos, y ambas cosas las hacemos convencidos. Quién no ha dicho mil veces que tiene que mejorar su inglés o francés, para luego dejarlo todo en un simple plan. O cuántas academias de idiomas están llenas en septiembre, y medio vacias a finales de curso.
No todos son aptos para esta carrera de fondo, y algunos se dan cuenta enseguida y tiran la toalla rápido. La clave consiste en empezar despacito, aceptando las limitaciones, e ir a un ritmo constante, y eso es lo que falla; por una parte la presión de querer tener éxito cuanto antes, y por otra, darse cuenta que hay que trabajar algo, son los obstáculos principales. Porque se puede coger fondo a base de poner un poquito por tu parte, y no tener la actitud consumista de algunos alumnos que te hacen sentir como su profesor como la naranja a exprimir. Ellos consumen, y tú les montas el show y por los poderes mágicos en los que ellos creen, deberían dominarlo en 6 meses máximo. Pero por desgracia se necesita mucho más que eso: fundamental es mucha iniciativa propia, y además no tener vergüenza, hablar bajo "peligro" de que no te entiendan, y no flaquear ante las adversidades, pues justo por eso va pereciendo la mayoría por el camino.
Si los cursos son voluntarios, los buenos propósitos como "voy a aprender español", "voy a aprenderme todos los verbos irregulares", o falacias de tipo "el español es una lengua fácil, mucho más que el francés" los chafa cualquier cosa: una agenda apretada, enfermedades, viajes en medio del curso, y al final de los 20 con los que empezaste en el nivel cero, acaban 10, de esos diez, continúan 7, de ésos, quedan luego cuatro, y al final te encuentras en un día como hoy, con dos... Lo de Darwin, claramente. Tras algo más de un año como profesora de español, he visto de todo, y hoy al comenzar el cuarto curso con el mismo grupo, he visto que solo dos del grupo originario continúan. A ellos se les sumaron otros a lo largo de los siguientes cursos de manera que el curso sigue con vida, con ocho ahora, pese a los que no le dieron un año de vida como mucho. Pero ahí seguimos, aunque renqueando.
Sin embargo, los que han llegado hasta aquí se dan cuenta de las satisfacciones que te produce haberlo logrado. El camino será largo, pero como les decía a los tres que vinieron hoy de los ocho apuntados en la lista, deben pensar dónde estaban hace un año y dónde se encuentran ahora. El curso siguiente veremos quién sobrevive a éste. Hoy se lo volví a repetir: "Chicos, pensad en Darwin, aquí seguís, tenedlo en cuenta, por algo es".
Qué fácil es decir voy a aprender inglés, o francés, o español, y empezar con toda buena voluntad y tesón. Los adultos podemos decidir hoy hacer una cosa, y al poco tiempo dejarlo porque nos supone más esfuerzo de lo que esperábamos, y ambas cosas las hacemos convencidos. Quién no ha dicho mil veces que tiene que mejorar su inglés o francés, para luego dejarlo todo en un simple plan. O cuántas academias de idiomas están llenas en septiembre, y medio vacias a finales de curso.
No todos son aptos para esta carrera de fondo, y algunos se dan cuenta enseguida y tiran la toalla rápido. La clave consiste en empezar despacito, aceptando las limitaciones, e ir a un ritmo constante, y eso es lo que falla; por una parte la presión de querer tener éxito cuanto antes, y por otra, darse cuenta que hay que trabajar algo, son los obstáculos principales. Porque se puede coger fondo a base de poner un poquito por tu parte, y no tener la actitud consumista de algunos alumnos que te hacen sentir como su profesor como la naranja a exprimir. Ellos consumen, y tú les montas el show y por los poderes mágicos en los que ellos creen, deberían dominarlo en 6 meses máximo. Pero por desgracia se necesita mucho más que eso: fundamental es mucha iniciativa propia, y además no tener vergüenza, hablar bajo "peligro" de que no te entiendan, y no flaquear ante las adversidades, pues justo por eso va pereciendo la mayoría por el camino.
Si los cursos son voluntarios, los buenos propósitos como "voy a aprender español", "voy a aprenderme todos los verbos irregulares", o falacias de tipo "el español es una lengua fácil, mucho más que el francés" los chafa cualquier cosa: una agenda apretada, enfermedades, viajes en medio del curso, y al final de los 20 con los que empezaste en el nivel cero, acaban 10, de esos diez, continúan 7, de ésos, quedan luego cuatro, y al final te encuentras en un día como hoy, con dos... Lo de Darwin, claramente. Tras algo más de un año como profesora de español, he visto de todo, y hoy al comenzar el cuarto curso con el mismo grupo, he visto que solo dos del grupo originario continúan. A ellos se les sumaron otros a lo largo de los siguientes cursos de manera que el curso sigue con vida, con ocho ahora, pese a los que no le dieron un año de vida como mucho. Pero ahí seguimos, aunque renqueando.
Sin embargo, los que han llegado hasta aquí se dan cuenta de las satisfacciones que te produce haberlo logrado. El camino será largo, pero como les decía a los tres que vinieron hoy de los ocho apuntados en la lista, deben pensar dónde estaban hace un año y dónde se encuentran ahora. El curso siguiente veremos quién sobrevive a éste. Hoy se lo volví a repetir: "Chicos, pensad en Darwin, aquí seguís, tenedlo en cuenta, por algo es".
lunes, 4 de abril de 2011
Vergüenza encubierta
Retomando la idea de la entrada anterior, existen más maneras de llamar la atención, tanto por ser minoría en la mayoría como por comportarte de manera distinta a los demás o por incluso aunque hagas lo que hacen ellos, sentirte rara y fuera de lugar. He tardado 21 años en ir a un sitio así, y en aceptar mi desnudez en público y la de los demás como algo normal. Pero hoy ha comenzado una nueva era, y aunque no me parezca normal, me voy a esforzar en que no se note.
Para recuperarme de una lesión y dolores que me tienen alejada de mi bosque desde hace meses (en este blog no se sabe que mi carrera como corredora duró exactamente dos años, y que desde entonces mi actividad deportiva ha vuelto a ser como toda mi vida anterior, es decir, nada), como tengo que hacer bici (y no sé montar), y ejercicios de fortalecimiento de piernas, me he apuntado a un gimnasio. El más apetecible es uno cercano con zona de wellness, bienestar, como se llama hoy día, es decir de spa, piscina, sauna, y todo tipo de espacios relajantes. Hasta ahí muy bien. He ido al gimnasio, he ejercitado las piernas, y luego me volví a cambiar y me puse mi bikini... Ahí estuvo el error. Volví a salir y esta vez me mezclé entre la gente de la zona de relax y no tardé ni un minuto en constatar que la única en bikini, o en bañador era yo. Incluso para meterse en las piscinas hidromasaje había un cartel bien clarito: "Prohibido meterse en traje de baño". En fin, el mundo al revés, pensé. Por lo que me quité el bikini so pena de seguir pareciendo el bicho más raro que ha aparecido en ese sitio jamás, o que me echen por escándalo público. Y he aprendido también, por la sed que pasé en el gimnasio, que a partir de hoy será peor olvidarme de una botella de agua que del bikini.
Lo sorprendente es la naturalidad con que los alemanes se manejan en estas situaciones, y no es cuestión de edad. Personas mayores van tan desnuditas como los jóvenes, y nada de llevar la toalla tapando nada. Se pasean con orgullo de cuerpo serrano, aunque no lo tengan... Así que yo, que al final me moví desnuda de un sitio a otro, tengo que practicar ahora otras modalidades para parecer una "miembra" cualquiera: llevar la toalla sobre el brazo, cual abrigo quitado, y nada de alrededor del cuerpo tapando mis partes, o sobre un hombro, cubriendo al menos un pecho... Se trata de la naturalidad de la que hablaba ayer, y de que nadie note que en realidad preferiría ir en bañador, y que solo con pensar en encontrarme con alguien que conozco estando desnuda y tener que entablar conversación, me parece espantoso. De hecho me encontré con dos que conozco (ahora ya sé dónde están otras madres del barrio en las horas de colegio), pero estando ya vestida, pero si pienso en encontrarme con algún hombre que conozca, y hablar de cualquier chorrada estando en bolas, me parece bochornoso. Pero tendré que irme mentalizando de que al ser el spa del barrio, podría encontrarme hasta con mi vecino de enfrente de allí. "Guten Tag, Herr ..., Usted en bolas, qué tal está, bla bla bla". Para entonces espero estar más adaptada al nuevo medio. Pero no sé si tardaré otros 21 años en perder la vergüenza que me queda. Y eso de que no la tengo, no es verdad.
Para recuperarme de una lesión y dolores que me tienen alejada de mi bosque desde hace meses (en este blog no se sabe que mi carrera como corredora duró exactamente dos años, y que desde entonces mi actividad deportiva ha vuelto a ser como toda mi vida anterior, es decir, nada), como tengo que hacer bici (y no sé montar), y ejercicios de fortalecimiento de piernas, me he apuntado a un gimnasio. El más apetecible es uno cercano con zona de wellness, bienestar, como se llama hoy día, es decir de spa, piscina, sauna, y todo tipo de espacios relajantes. Hasta ahí muy bien. He ido al gimnasio, he ejercitado las piernas, y luego me volví a cambiar y me puse mi bikini... Ahí estuvo el error. Volví a salir y esta vez me mezclé entre la gente de la zona de relax y no tardé ni un minuto en constatar que la única en bikini, o en bañador era yo. Incluso para meterse en las piscinas hidromasaje había un cartel bien clarito: "Prohibido meterse en traje de baño". En fin, el mundo al revés, pensé. Por lo que me quité el bikini so pena de seguir pareciendo el bicho más raro que ha aparecido en ese sitio jamás, o que me echen por escándalo público. Y he aprendido también, por la sed que pasé en el gimnasio, que a partir de hoy será peor olvidarme de una botella de agua que del bikini.
Lo sorprendente es la naturalidad con que los alemanes se manejan en estas situaciones, y no es cuestión de edad. Personas mayores van tan desnuditas como los jóvenes, y nada de llevar la toalla tapando nada. Se pasean con orgullo de cuerpo serrano, aunque no lo tengan... Así que yo, que al final me moví desnuda de un sitio a otro, tengo que practicar ahora otras modalidades para parecer una "miembra" cualquiera: llevar la toalla sobre el brazo, cual abrigo quitado, y nada de alrededor del cuerpo tapando mis partes, o sobre un hombro, cubriendo al menos un pecho... Se trata de la naturalidad de la que hablaba ayer, y de que nadie note que en realidad preferiría ir en bañador, y que solo con pensar en encontrarme con alguien que conozco estando desnuda y tener que entablar conversación, me parece espantoso. De hecho me encontré con dos que conozco (ahora ya sé dónde están otras madres del barrio en las horas de colegio), pero estando ya vestida, pero si pienso en encontrarme con algún hombre que conozca, y hablar de cualquier chorrada estando en bolas, me parece bochornoso. Pero tendré que irme mentalizando de que al ser el spa del barrio, podría encontrarme hasta con mi vecino de enfrente de allí. "Guten Tag, Herr ..., Usted en bolas, qué tal está, bla bla bla". Para entonces espero estar más adaptada al nuevo medio. Pero no sé si tardaré otros 21 años en perder la vergüenza que me queda. Y eso de que no la tengo, no es verdad.
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En Roma como los romanos,
Nuevas experiencias
domingo, 3 de abril de 2011
La constante de quedar mal
Lo malo de vivir entre varias culturas es la cantidad de veces que puedes meter la pata. No es que la metas siquiera, ni que sea tan grave meterla, pero te das cuenta de que los protocolos establecidos son otros que los que tú conoces. O puede ser que te acostumbres a los nuevos e ignores los tuyos de antaño, lo que podría convertirse en una ofensa mayor, y tú sin darte cuenta. Ayer tuve una reunión familiar, donde la anfitriona, una mujer joven de 25 años que vive en EE.UU., invitó a familiares y amigos en Alemania. El bufé estaba listo, y nadie se atrevía a ir, pues ella no había dicho nada. Alguien le hizo saber que mientras no lo diera ella por oficialmente abierto, nadie se levantaría a por la comida. Ella dijo que en EE.UU. el discurso se hace en la mitad de la comida, y que se empieza tal cual, pero salió del paso improvisando y haciendo como se hace aquí: dar la bienvenida diciendo que estaba encantada de la cantidad de gente que había acudido a su llamada, y que "me acaban de decir que aquí el discurso se hace ahora, y no en la mitad de comida; por lo que lo hago como se hace aquí y ¡listo!, así que a comer todos". Parecerá una tontería, pero son leyes no escritas que todos acatan en un país, únicas por no conocer otras (¿mejores?).
De la misma manera en Alemania no se abren los regalos según te los dan, salvo si es una situación íntima de tú a tú con el que te regala. En una fiesta a la que acuden varias personas, sobre todo en un grupo grande, se colocan en una mesa, y luego los abres en tu casa. Se trata de no poner en evidencia a nadie, ni al que te regala, por ver su regalo comparado con el de otros, ni al regalado, no sea que pongas cara de "huy, otro jarrón".
De lo peorcito que puedes hacer aquí es felicitar a alguien por adelantado por su cumpleaños, algo muy normal en España. O celebrar antes del día. Impensable aquí. Mejor tres meses después que un día antes. Muy mal quedas también si acudes a cualquier invitación con las manos vacías: hay que llevar algo, sea una botella de vino, unas flores, o unos bombones.
En España quedas fatal si no das el pésame por la muerte de alguien, o no vas al tanatorio cuando toca, o no visitas a alguien en el hospital, o no llamas a preguntar qué qué tal la operación. Yo, con el paso de los años en Alemania me he convertido en una "mal-queda" en España, pues no exisitiendo aquí ni tanatorios, ni la costumbre de dar el pésame a nadie, salvo en el entierro mismo, y eso si vas, simplemente se me pasan esas cosas. No es intención, lo aseguro, pero es lo mismo que las veces que he quedado mal aquí por hacer cosas fuera de lugar. Simplemente no se me ocurre. Tanto las rémoras del pasado, como la confrontación con tu nuevo medio, te hacen olvidar o ignorar, sin querer, lo aseguro, muchas cosas.
Lo importante es ser natural, pues por mucho que te esfuerces, si estás desplazado, al final metes la pata, y ya puestos, mejor hacerlo con naturalidad y de manera elegante. Es decir, que si a mí se me pasa dar el pésame, por mucho que me recuerden que debería haberlo hecho hace mucho, pues está muy mal no hacerlo, si se me ha pasado y no ha salido de mí, después me parece fuera de lugar aparecer como rezagada y entonar un "lo siento, se me ha olvidado". Es que ni siquiera me siento mal por no haberlo hecho. Son los peligros de la desnaturalización, de vivir a 2.000 km de distancia, y de vivir en otro mundo, algo que debería ser entendible, pero que no lo es para los que no han salido del suyo. De la misma manera, si aquí no llamo para dar las gracias porque me hayan invitado a cenar en casa de alguien, como es habitual en ciertas esferas, y decir que la velada fue inolvidable, tampoco me siento mal. O la invitación es de corazón, o que no me inviten si no.
Es duro esto de no acertar nunca. Lo bueno es que te acostumbras, como a todo.
De la misma manera en Alemania no se abren los regalos según te los dan, salvo si es una situación íntima de tú a tú con el que te regala. En una fiesta a la que acuden varias personas, sobre todo en un grupo grande, se colocan en una mesa, y luego los abres en tu casa. Se trata de no poner en evidencia a nadie, ni al que te regala, por ver su regalo comparado con el de otros, ni al regalado, no sea que pongas cara de "huy, otro jarrón".
De lo peorcito que puedes hacer aquí es felicitar a alguien por adelantado por su cumpleaños, algo muy normal en España. O celebrar antes del día. Impensable aquí. Mejor tres meses después que un día antes. Muy mal quedas también si acudes a cualquier invitación con las manos vacías: hay que llevar algo, sea una botella de vino, unas flores, o unos bombones.
En España quedas fatal si no das el pésame por la muerte de alguien, o no vas al tanatorio cuando toca, o no visitas a alguien en el hospital, o no llamas a preguntar qué qué tal la operación. Yo, con el paso de los años en Alemania me he convertido en una "mal-queda" en España, pues no exisitiendo aquí ni tanatorios, ni la costumbre de dar el pésame a nadie, salvo en el entierro mismo, y eso si vas, simplemente se me pasan esas cosas. No es intención, lo aseguro, pero es lo mismo que las veces que he quedado mal aquí por hacer cosas fuera de lugar. Simplemente no se me ocurre. Tanto las rémoras del pasado, como la confrontación con tu nuevo medio, te hacen olvidar o ignorar, sin querer, lo aseguro, muchas cosas.
Lo importante es ser natural, pues por mucho que te esfuerces, si estás desplazado, al final metes la pata, y ya puestos, mejor hacerlo con naturalidad y de manera elegante. Es decir, que si a mí se me pasa dar el pésame, por mucho que me recuerden que debería haberlo hecho hace mucho, pues está muy mal no hacerlo, si se me ha pasado y no ha salido de mí, después me parece fuera de lugar aparecer como rezagada y entonar un "lo siento, se me ha olvidado". Es que ni siquiera me siento mal por no haberlo hecho. Son los peligros de la desnaturalización, de vivir a 2.000 km de distancia, y de vivir en otro mundo, algo que debería ser entendible, pero que no lo es para los que no han salido del suyo. De la misma manera, si aquí no llamo para dar las gracias porque me hayan invitado a cenar en casa de alguien, como es habitual en ciertas esferas, y decir que la velada fue inolvidable, tampoco me siento mal. O la invitación es de corazón, o que no me inviten si no.
Es duro esto de no acertar nunca. Lo bueno es que te acostumbras, como a todo.
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viernes, 1 de abril de 2011
El vacío en la educación
El espacio entre la enseñanza primaria y la secundaria en Alemania es un vacío en el que caen todos los niños cuando pasan del placentero cuarto curso al disciplinado quinto. Lo percibí ayer de lleno, en la reunión de padres del instituto de mi hija. La clase se halla en ese vacío, un espacio que es una adaptación que para muchos no llega, con lo avanzado que ya va el curso, pero que es debido al muchísimo tiempo que se pierde aquí hasta cuarto y que no prepara a los críos para la vida seria futura que se les viene encima un curso después. Pasar al instituto con diez años me parece muy pronto, pero la incongruencia es otra: que de ser todos personitas que van al colegio para fomentar su personalidad, independencia, fantasía, se han de convertir de la noche al día en colegiales serios. Y a muchos se les va un curso en ello, si no más.
Ayer tuvimos que oír quejas y más quejas de los profesores: que vienen demasiado infantiloides, que han estado meses luchando contra costumbres de primaria, como ir a la mesa del profesor antes de empezar la clase, y preguntarle que qué tal y buscar la conversación por cualquier cosa, que no se han dado cuenta que al tocar la campana han de estar sentados en sus pupitre con el material listo para la clase. Todavía se creen muy graciosos, y les cuesta mucho estar en silencio, concentrarse.
Estuve a punto de armar mi revolución particular, pero en una de esas tengo todas las de perder, al ser la única que piensa así, pero me tuve que morder la lengua para no decir que me parece inaudito que el mismo sistema que fomenta en primaria la plena autonomía, y donde a paso de tortuga aprenden a escribir y leer, y luego mucho conocimiento del medio, todo estupendo, pero el "medio" no es aprender una constancia en el estudio, sino una laxitud en todos los aspectos, pues son niños, y ya tendrán tiempo de estudiar y enterarse de lo que vale un peine...
Pero eso es simplemente un año después. Yo estoy de acuerdo con que por fin se ponga seria la cosa, pero no con la dosificación de la seriedad. Porque luego ocurre lo que ocurre... A finales de febrero llegó un correo diciéndonos a los padres que la clase, por colgarse de la pizarra, se la había cargado, y que a la vuelta de las vacaciones de marzo se tomarían medidas. En eso están, tratando de averiguar quién ha sido, pero la clase, por muy inmadura que les parezca a los profesores, forman ahora una piña, y nadie ha soltado prenda de quiénes han sido. Antes de las vacaciones mi hija me dijo "Claro que sabemos quiénes han sido, los mismos de siempre, pero a ver si te crees tú que me voy a chivar". Ahí quedó la cosa, y ayer, más infantiles me parecieron los padres que discutieron una hora sobre la solución a tomar. De confesar uno, dijeron los profesores que el seguro de los padres podría pagar los desperfectos. De ser varios, repartirse. Pero no van a salir los nombres, y seguramente los padres de los que han causado los daños ni estuvieran allí, pues el tema "pizarra" estaba anunciado como un punto del día.
Y nada más levantarnos hoy, saqué el tema de la pizarra, y mi hija me dio la siguiente explicación: "Los mismos salvajes de siempre se han colgado durante un tiempo de la pizarra, la profesora, con lo 'inteligente' que es, arrancó uno de los lados porque estaba algo descolgado, con eso el peso ya no estaba equilibrado, y la profesora de inglés, otra inteligente, al bajar la pizarra hizo que ésta saliera volando al techo, así que en esto tienen todos algo que ver... menos yo, que no me he arrimado a la pizarra". Pues lo mismo digo yo, en esto tenemos todos la culpa: por fomentar que los críos no aprendan normas siendo pequeños, y que tanto decirles que se muevan, que experimenten con el mundo, puede acabar así, con chavales que se suben a cualquier cosa, que se creen muy graciosos y no hacen más que interrumpir en clase, o que, como oímos ayer, en medio de la clase se ponen a pintar, como les decían en primaria que hicieran en los momentos de aburrimiento (mi hija ha pintado blocs de dibujos enteros en clase, animada por la profesora, que no sabía que hacer con ella en clase de lengua, pues iba más avanzada que el resto).
Lo malo de esto, como al final no pude callarme en la reunión, es que hoy es la pizarra y otro día será otra cosa, y que efectivamente mi hija viene a casa diciendo que el ruido en clase es a veces atronador y que es imposible concentrarse, que muchas veces, cuando los profesores proponen algo interesante, enseguida tienen que abandonar en el intento, pues cualquier invitación a algo nuevo y diferente o sugerente, supone que se despendolen un tiempo, por lo que vuelven a lo mismo de siempre, y muchos siguen aburriéndose y no sabiendo como llamar la atención. Que empiecen a sugerir respeto y disciplina en primero y no en quinto. Creo que adelantaríamos más que en dos horas de reunión de padres.
Ayer tuvimos que oír quejas y más quejas de los profesores: que vienen demasiado infantiloides, que han estado meses luchando contra costumbres de primaria, como ir a la mesa del profesor antes de empezar la clase, y preguntarle que qué tal y buscar la conversación por cualquier cosa, que no se han dado cuenta que al tocar la campana han de estar sentados en sus pupitre con el material listo para la clase. Todavía se creen muy graciosos, y les cuesta mucho estar en silencio, concentrarse.
Estuve a punto de armar mi revolución particular, pero en una de esas tengo todas las de perder, al ser la única que piensa así, pero me tuve que morder la lengua para no decir que me parece inaudito que el mismo sistema que fomenta en primaria la plena autonomía, y donde a paso de tortuga aprenden a escribir y leer, y luego mucho conocimiento del medio, todo estupendo, pero el "medio" no es aprender una constancia en el estudio, sino una laxitud en todos los aspectos, pues son niños, y ya tendrán tiempo de estudiar y enterarse de lo que vale un peine...
Pero eso es simplemente un año después. Yo estoy de acuerdo con que por fin se ponga seria la cosa, pero no con la dosificación de la seriedad. Porque luego ocurre lo que ocurre... A finales de febrero llegó un correo diciéndonos a los padres que la clase, por colgarse de la pizarra, se la había cargado, y que a la vuelta de las vacaciones de marzo se tomarían medidas. En eso están, tratando de averiguar quién ha sido, pero la clase, por muy inmadura que les parezca a los profesores, forman ahora una piña, y nadie ha soltado prenda de quiénes han sido. Antes de las vacaciones mi hija me dijo "Claro que sabemos quiénes han sido, los mismos de siempre, pero a ver si te crees tú que me voy a chivar". Ahí quedó la cosa, y ayer, más infantiles me parecieron los padres que discutieron una hora sobre la solución a tomar. De confesar uno, dijeron los profesores que el seguro de los padres podría pagar los desperfectos. De ser varios, repartirse. Pero no van a salir los nombres, y seguramente los padres de los que han causado los daños ni estuvieran allí, pues el tema "pizarra" estaba anunciado como un punto del día.
Y nada más levantarnos hoy, saqué el tema de la pizarra, y mi hija me dio la siguiente explicación: "Los mismos salvajes de siempre se han colgado durante un tiempo de la pizarra, la profesora, con lo 'inteligente' que es, arrancó uno de los lados porque estaba algo descolgado, con eso el peso ya no estaba equilibrado, y la profesora de inglés, otra inteligente, al bajar la pizarra hizo que ésta saliera volando al techo, así que en esto tienen todos algo que ver... menos yo, que no me he arrimado a la pizarra". Pues lo mismo digo yo, en esto tenemos todos la culpa: por fomentar que los críos no aprendan normas siendo pequeños, y que tanto decirles que se muevan, que experimenten con el mundo, puede acabar así, con chavales que se suben a cualquier cosa, que se creen muy graciosos y no hacen más que interrumpir en clase, o que, como oímos ayer, en medio de la clase se ponen a pintar, como les decían en primaria que hicieran en los momentos de aburrimiento (mi hija ha pintado blocs de dibujos enteros en clase, animada por la profesora, que no sabía que hacer con ella en clase de lengua, pues iba más avanzada que el resto).
Lo malo de esto, como al final no pude callarme en la reunión, es que hoy es la pizarra y otro día será otra cosa, y que efectivamente mi hija viene a casa diciendo que el ruido en clase es a veces atronador y que es imposible concentrarse, que muchas veces, cuando los profesores proponen algo interesante, enseguida tienen que abandonar en el intento, pues cualquier invitación a algo nuevo y diferente o sugerente, supone que se despendolen un tiempo, por lo que vuelven a lo mismo de siempre, y muchos siguen aburriéndose y no sabiendo como llamar la atención. Que empiecen a sugerir respeto y disciplina en primero y no en quinto. Creo que adelantaríamos más que en dos horas de reunión de padres.
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